Los que fuimos nosotros
Capítulo 13
El aeropuerto estaba repleto. Gente iba a para un lado y para otro. Había un murmullo permanente que se mezclaba con el ruido que hacían las valijas que tenían rueditas y con los pasos de las personas. Un grupo de cuatro jóvenes esperaban a alguien.
- ¿No estás feliz InuYasha? Hoy vuelve Kikyo – exclamó Miroku sonriendo mientras le tomaba la mano a su novia –. Yo creo que no aguantaría ni dos días separados de Sango.
- Siempre tan tierno – dijo ella pellizcándole suave y tiernamente una mejilla. Luego sintió un roce por su trasero y a continuación de aquello se escuchó un golpe - ¡Te dije que enfrente de otra gente no!
- Ay Miroku, nunca vas a cambiar – habló InuYasha con los brazos cruzados y muy nerviosos.
- Oye, amigo, ¿te pasa algo? Estás raro. Deberías estar feliz porque vuelve tu novia – dijo el castaño acercándose al otro.
- Sí, sí. Estoy bien – mintió mientras miraba de reojo a Kagome que parecía estar en otro planeta.
- ¿Cómo voy a poder ver a mi hermana a la cara? ¡Cómo? Después de lo que hice. Espero poder destapar nuestra relación y que ella lo entienda. Pero me siento tan mal. A espaldas de ella me besé e hice el amor con InuYasha. ¡Me siento horrible! – Pensaba la negriazulina mientras sus ojos observaban atentamente a todas las mujeres de cabellos lacios y oscuros temiendo que pudiese llegar a ser Kikyo.
- Tranquila – murmuró Sango apareciendo al lado de ella. Apoyó una mano sobre su hombro -. Vas a ver que todo va a salir bien.
- Eso espero.
- ¡Ahí está Kikyo! ¡Kikyo! – exclamaba Miroku moviendo su mano de un costado para el otro.
- Kikyo – murmuró InuYasha al ver la delgada silueta de su novia mientras se acercaba a él. Sin duda era muy linda, pero su corazón le pertenecía a Kagome -. Kikyo – volvió a decir cuando ella se encontraba a tan sólo centímetros de distancia.
- InuYasha – sonrió gentilmente y lo abrazó – Te extrañé mucho.
- Yo también – dijo él abrazándola. No estaba mintiendo. La había extrañado, pero como un amigo extraña a una amiga. Nada más. Cuando ella se fue, él le dijo que la iba a extrañar, la iba a extrañar porque a los amigos cuando se van se los extraña.
- ¡Chicos, a ustedes también los extrañe! – exclamó sonriente, mostrando los dientes y los fue a abrazar.
- Estás muy linda – comentó Sango.
- Demasiado – agregó Miroku recibiendo otro golpe.
- Su relación no cambió en el tiempo que me fui – se río Kikyo tapándose elegantemente la boca. Luego, cuando ellos dos se hicieron a un lado vio a su querida hermana menor.
- Kikyo… - murmuró Kagome mientras observaba a su hermosa hermana frente a ella. Luego se abalanzó a abrazarla.
- ¡Cómo te extrañé! – dijo la mayor envolviendo a la chica en sus brazos -. Estás muy linda.
- No más que tu – respondió la otra mientras se secaba las lágrimas que mezclaban el haber estado separada tantos meses de su hermana y el haber estado con su novio a sus espaldas.
- Bueno chicos, que tal si vamos a algún lugar a tomar algo – propuso Kikyo mientras se acomodaba sutilmente su larga cabellera negra que brillaba con las luces que había en el aeropuerto.
- ¡Sí! – exclamaron Miroku, Sango Y Kagome.
- ¿Tú qué opinas, InuYasha ?– se acercó a su novio tomándolo del brazo.
- Por supuesto – sonrió con esfuerzo InuYasha. Él sabía que en algún momento iba a tener que hacer lo que le había prometido a Kagome. Terminar su relación con Kikyo.
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Lin estaba sentada en su sofá viendo la televisión. Dos minutos antes, había estado hablado con Kagome que le había comentado sobre la llegada de Kikyo hacía cuatro días. Lin se moría de intriga por conocer a la hermosa y gentil Kikyo, así era como la había descrito Kagome.
Aburrida de pasar canales y más canales, se levantó de donde estaba y tomó algunas monedas y se marchó de su casa para ir a caminar por la ciudad. Ese verano iba a ser el primero que pasaría lejos de su madre.
Su madre, cuanto la extrañaba. Dentro de dos días seguramente le llegaría una carta de ella. La madre de la joven mandaba cartas porque en su casa no había la suficiente dinero para tener una computadora. Pero Lin juró que cuando ella tuviese un excelente trabajo como antropóloga la ayudaría a su amada a madre con el dinero y es más, la haría mudarse a Tokyo con ella.
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Totosai nuevamente había dejado el negocio en manos de Sesshomaru. A pesar de que para los estudiantes de Preparatoria las vacaciones habían comenzado, para él recién lo hacían la semana próxima.
A pesar de que las colegialas no se encontraran cerca de sus colegios, aún iban para verlo y comprar alguna que otra flor. A parte se le quedaban hablando y tratando de convencer para que saliera con ellas. Él se negaba diciendo que no tenía ganas de estar con nadie.
- Pero yo no quiero nada serio – decía Yura, una de sus más frecuentes clientas -. Vamos, una vez sola sal conmigo. Vas a ver que la vamos a pasar bien – Le hablaba seductoramente mientras se agachaba un poco para que Sesshomaru le pudiese ver el escote.
- No, no quiero.
- Vamos, te digo que yo no quiero nada en serio. ¿No te gustaría divertirte un rato?
- Tan chiquita y regalándote – habló el plateado en un tono frío mientras le cobraba una planta con flores de azucena. Sin duda, Yura no sabía nada de plantas. La azucena representaba la pureza, algo que él dudaba que ella tuviese.
- Ay, no digas eso – exclamó en un tono agudo la chica y se retiró del lugar.
Sesshomaru se la quedó observando, con su rostro inexpresivo, mientras se retiraba del negocio. Luego fue a recorrer los estantes donde estaban las plantas y paró frente a una planta de azucenas, como la que se había llevado Yura. Esa planta, las flores de ella la hacían recordar a una persona. A Lin.
- Qué idiota que fui. La perdí. La perdí – se repetía para adentro mientras tocaba el pétalo blanco de la azucena – Lin.
Luego de quedarse mirando la flor de azucena por un buen rato, decidió cerrar la florería e ir a dar una vuelta por la ciudad. Así es que se quitó el delantal, cerró el local y se dirigió a algún lugar. No tenía pensado ninguno en particular, pero estaba seguro de que terminaría en un parque, porque él amaba los parques.
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El viento soplaba en el parque Tensaiga. Lin no entendía por qué había ido allí. A donde había ido varias semanas atrás con Sesshomaru durante Tanabata.
- Soy una idiota. ¿Por qué vengo a un lugar que me trae nostalgia? – Se preguntó dando un suspiro.
Ella siguió caminando entre un sendero donde había hojas verdes caídas de los árboles y algún pedazo de la luz del sol que traspasaba por el medio de las hojas que aún colgaban de éstos. El olor a naturaleza invadía a Lin, y eso a la muchacha le gustaba, sentía tanta paz.
Vio un banquito pintado de un color verde militar algo gastado y decidió sentarse allí. En cierto momento giró apenas la cabeza y se encontró con él.
- ¿Qué hace aquí? – Pensaba ella con los ojos abiertos de par en par. Se quiso levantar para retirarse del lugar, pero él habló.
- No. Por favor, no te vayas. Si quieres yo me voy – y Sesshomaru dio la vuelta para buscar algún otro parque para poder sentarse.
- No… está bien… siéntate si quieres. Los parques son públicos. Yo no te puedo privar de estar sentado aquí – Habló Lin con la mirada baja.
El joven se sentó algo distanciado de ella y no abrió la boca por varios minutos. La chica tampoco se molestó en hablar. Lo único que se escuchaba era el ruido de los autos que pasaban por una avenida y las voces de las personas, aunque particularmente se destacaban los gritos felices de los niños.
- Perdón – murmuró Sesshomaru mientras veía de reojo a Lin? Ella no contestó -. Entiendo que me odies con todo tu corazón. Te prometo que voy a tratar de no volver a cruzarme contigo. – hablaba con su típico tono frío.
- Me va a ser muy difícil perdonarte. Tal vez y nunca lo haga. Que se yo – dijo la pelinegra mirando al suelo con ojos tristes.
- Entiendo perfectamente si nuca me perdonas. Lo que hice no tiene perdón en realidad.
Lin mantenía su vista en el suelo. Luego bajo la cabeza y puso sus manos contra su cara y comenzó a temblar. Estaba llorando, se veían las lágrimas caer por donde terminaban sus manos, y éstas caían en el piso. Sesshomaru no sabía qué hacer.
- No llores – habló ásperamente.
- ¡¿Cómo quieres que no llore? ¡No puedo evitarlo! – exclamó aún con las manos en su rostro.
- No llores – volvió a repetir sin emoción.
- ¡¿Por qué? ¿Acaso me vas a volver a lastimar porque no hago lo me pides? – lo enfrentó ella bajando sus manos y mirando a sus ojos dorados. Él no respondió y ella volvió a taparse la cara y seguir llorando.
- ¿Estás llorando porque te acuerdas todo lo que te hice ese día? – Preguntó el plateado mirándola mientras ella seguía derramando lágrimas.
- No.
- ¿Por qué entonces?
-…
- ¿Por qué?
-…
- ¡Te estoy preguntando por qué! –exclamó el muchacho y vio como ella se trató de hacer pequeña encorvándose más, como si tuviese miedo de que él le hiciera algo.
Lin que estaba aterrorizada de lo que Sesshomaru pudiese hacer temblaba y seguía cayendo agua salada de sus ojos. Pero al sentir un cálido brazo sobre su espalda bajo nuevamente las manos de su rostro y lentamente se fue incorporando hasta estar frente a frente con su ex novio.
Las frías orbitas de él la miraban intensamente y en ellas se notaban cariño, preocupación hasta amor. Todas esas emociones que la jovencita leyó en los ojos hicieron que volviese a emocionarse, pero cuando quisieron bajar lágrimas Sesshomaru pasó un dedo para retenerlas y que cayeran sobre él.
- ¿Por qué? – Preguntó ella - ¿Por qué todavía siento esto? – Y puso la mano que estaba sobre la mejilla de ella sobre su pecho, sobre su corazón - ¡¿Por qué a pesar de loque me hiciste todavía te amo? ¡¿Por qué?
Lo que había dicho Lin lo tomó por total sorpresa y debido a ello su rostro mostró una emoción de sorpresa. Sus ojos estaban muy abiertos y parpadeaba una y otra vez. Luego cuando trató de tranquilizarse abrazó a la muchacha a la cual amaba con locura.
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Kagome estaba enojada. Era la cuarta vez que le llamaba en el celular a InuYasha . Ya había pasado una semana desde que su hermana llegó y él todavía no hablaba. Ella no iba a ser la segunda, claro que no.
Alguien tocó el timbre en su casa. Debido a que sus padres se encontraban en el extranjero trabajando, Kagome se encontraba tan sólo con dos mucamas, una de las cuales fue a abrir. Kikyo en ese momento no se encontraba ya que había salido junto con Miroku y Sango y otros ex compañeros de Preparatoria.
- Kagome-san, aquí esta InuYasha -san – Habló una mucama y luego se retiró del violáceo cuarto de la joven.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó ella sentada en la cama. Su tono era indiferente.
- Vine a verte. Me enteré que Kikyo no está aquí, así que vine.
- Claro, como tu novia no está, aprovechas a estar con tu amante, con la segunda – hablaba Kagome burlonamente y con desagrado.
- ¡Kagome, tu sabes que yo te amo! – se acercó InuYasha a la cama y se sentó al lado de ella.
La chica se corrió un poco.
- Ni se te ocurra tocarme – murmuró con el ceño fruncido - ¡Me prometiste que ibas a cortar con Kikyo e ibas a decirle que me amabas! ¿Sabes cuánto sufro?
- Kagome, yo te prometo que lo voy a hacer, pero tienes que entender que no es fácil – y la abrazó. Se sorprendió al ver que ella se acurrucó sobre su pecho.
- Ya sé que no es fácil. Por eso este fin de semana cuando le digas yo voy a estar contigo– susurró contra el torso del chico.
- ¿Qué? ¿Mañana?
- Así es.
- Esta bien - sonrió InuYasha al saber que Kagome iba a estar a su lado cuando le dijera a Kikyo la verdad acerca de sus sentimientos.
El plateado, con su mano apoyada en el mentón de Kagome, hizo que ella lo mirase a él para así poder darle un beso.
- No va a ver besos hasta que mañana le digamos a mi hermana lo que pasa entre nosotros.
Continuará...
