Capítulo 13: Deseo

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No fui capaz de conciliar el sueño en toda la noche, sólo logré dormir dos horas antes despertarme para ir a la escuela. La razón de mi insomnio se debía a las pendejadas que Sasuke me había dicho antes de irse, él tipo prácticamente huyo sin darme tiempo a reaccionar o preguntar de qué iba tanta mierda. En serio, ¿qué diablos le pasaba últimamente? Primero me ignora y luego se despide con un extraño monologo. Pensé que las mujeres eran complicadas cuando estaban enamoradas, pero Sasuke no se está quedando atrás. Lo curioso del caso es que terminé por levantarme más temprano de lo normal para encontrármelo en la escuela, pero para mi sorpresa no llegó al salón a tiempo. En el primer descanso lo fui a buscar, pero cuando le pregunté a alguien por él, me dijo que había salido tan pronto tocaron la campana.

Ese día no pude concentrarme en las clases, sólo me quedé mirando la pizarra, cuando el profesor explicaba y el cuaderno, cuando teníamos que hacer alguna actividad. Midori me preguntaba cada tanto qué era lo que sucedía, pero yo sólo sacudía la cabeza sin llegar a contestar nada. Tuve la tentación de contarle lo que el bastardo del Uchiha me dijo la noche pasada, pero no fui capaz. Digo, era demasiado perceptible y siento que terminaría por desembuchar cosas que ni yo quería admitir. Era suficiente con que Sai supiera que había algo entre el Uchiha y yo, pero creo que no toleraría que alguien más se enterara.

¿Qué pasaba conmigo? ¿Por qué diablos estaba tan inquieto por las palabras de ese idiota? ¿Qué era lo que realmente me preocupaba? Con todas esas preguntas en la cabeza, salí como flecha del salón, tan pronto como tocaron la campana, sin escuchar al profesor ni pensar en lo que estaba haciendo. Tan pronto como llegué, abrí la puerta del salón del Uchiha, encontrándome con que éste estaba rodeado por los jugadores de su equipo. El ambiente se sentía tenso y hasta hostil. Me quedé parado en el marco de la puerta, manteniéndome al margen, pero lo suficientemente cerca como para intervenir en cualquier momento.

- ¡No puedes hacer esto! ¡En primer lugar, cómo tienes cara para renunciar al equipo después de no presentarte al partido! ¡Deberías de sentir un poco de responsabilidad al menos!

- Tranquilo, Muramaki, déjalo hablar.

- No tengo nada más que decir. En serio, lamento que hayan perdido el partido, pero les repito, tuve una emergencia…- habló el Uchiha, mirando a su compañero desde donde estaba sentado.

- ¡Era sábado! Si no tenías ningún familiar enfermo, ni nadie murió ni estabas lesionado, qué es eso tan importante que no te dejó asistir al partido o al menos avisar para que nosotros estuviéramos al corriente.

- Muramaki- le calló el capitán del equipo.

- Vale, digamos que entendemos eso- espetó, el mismo tipo- pero, ¿por qué quieres dejar el equipo? Diablos, estamos a punto de entrar a la liga de invierno y tú eres nuestro segundo pitcher, y estoy seguro que serás el titular para el año que viene- golpeó su mano contra el pupitre de Sasuke.

- Lo siento, pero ya he tomado mi decisión.

Muramaki en un arranque de ira lo tomó del cuello de la camisa con agresividad y le dijo algo que yo no pude escuchar, sin embargo eso fue lo de menos. No supe en qué momento comencé a caminar ni tampoco cómo llegué al lado del Uchiha, cuando me di cuenta estaba tomando el brazo del idiota ese y separándolo de Sasuke. No medí mi fuerza ni mucho menos la brusquedad de mis movimientos, así que en el instante en que soltó a Sasuke lo empujé haciéndolo tropezar con los pupitres y caer pesadamente de espaldas. Al levantarse, con ayuda de sus compañeros, me miró con una expresión osca, no me inmuté, en su lugar, lo observé fijamente, tan fijamente que pude darme cuenta que estaba nervioso.

- Naruto- intervino Sasuke tomándome del brazo.

- Fue mi culpa.- respondí- La razón por la que el Uchiha no fue al partido fue por mi culpa, lo siento.

- Naruto- insistió el Uchiha tirando de mi brazo.

Abrí la boca para decir algo más, pero Sasuke no me lo permitió, me giró con un poco de brusquedad y negó suavemente con la cabeza. Suspiré resignado, soltándome de su agarré y saliendo del salón, fastidiado. El Uchiha me acompañó y en cuanto salimos del aula me pidió silenciosamente que lo siguiera, así lo hice. Obviamente tenía ganas de hablar con él, necesitaba que me explicara todo lo que estaba pasando, incluso el acontecimiento del salón. Subimos hasta el último piso, dirigiéndonos al área del edificio que ya no se utilizaba y que las pocas aulas que quedaban eran utilizadas como almacén. El Uchiha me hizo entrar a un salón, cerró la puerta detrás de él y la trabó.

- ¿Me puedes explicar qué diablos está pasando?- pregunté, cabreado.

- Pues ya lo escuchaste, me salí del equipo de baseball.

- No me refiero a eso.- espeté- ¿Qué pasa contigo, Sasuke? Un día te preocupas por mí, al otro me ignoras, luego me dices cosas extrañas y ahora que intento defenderte, me detienes.

- Las cosas no se resuelven con violencia, Naruto. No había necesidad de empujar a Muramaki.

- Bien, lo que sea- dije, intentando ser paciente- ¿Dime qué pasa?

Me miró a los ojos, respiró profundamente y dijo:

- Quiero que dejemos de vernos. Olvida todo lo que te he dicho y lo que ha pasado. Lamento haberte causado problemas y arrastrarte a mi mundo hasta este punto.

- ¿Disculpa?

- Lo siento.

Al principio no entendí de qué iba su estúpida palabrería, pero cuando caí en la cuenta de qué estaba diciendo, mis odios comenzaron a pitar y mi sangre ardió. ¿Se estaba burlando de mí? Di tres pasos hasta él, lo tomé de los hombros y lo azoté contra la pared. Su cabeza rebotó dolorosamente, pero él no se apartó ni se quejó ni dijo nada; sólo me miró fijamente y yo tuve ganas de golpearlo hasta hacerlo admitir que todo era una estúpida broma sin gracia. Obviamente no lo golpeé, en su lugar terminé apartándome, sintiéndome impotente y maldiciendo una y otra vez.

- Lo siento- murmuró de nuevo.

- ¡Joder!- apreté los labios- Te dije que iba a pensarme tu propuesta, que iba a meditar sobre todo este mundo gay en el que vives, pero no pasa ni dos días y vienes y me dices está mierda. Creo comprender de cierta forma que estés celoso de mi hermano, pero ¿vas a mandar todo a la mierda por eso?

- Ya tomé mi decisión.

- ¡Estoy siendo serio!- dije desesperadamente- ¿Qué quieres que haga para que me creas? ¿Qué me hinque frete a ti y te diga que me gustas? ¿Qué se lo diga a mis padres? ¿Qué lo ponga en el diario de la escuela?

- Dios, no, claro que no. ¿Por qué querría que hicieras algo tan loco?

- Bueno, entonces ¿qué es lo que quieres?

- Nada, no quiero nada. Sólo creo que no deberíamos seguir con esto, eso es todo.

- ¿Por qué?- pregunté fulminándolo con la mirada- ¡Te pregunté por qué, maldita sea!- golpeé la pared- ¿Ya no te gusto? ¿Te has fijado en alguien más? ¡Dame una razón, hombre!

- Sí, algo así…

Me quedé en blanco, simplemente me quedé en blanco y cuando me di cuenta literalmente le estaba arrancando la ropa a Sasuke. Golpeé su estómago, le abrí la camisa y, tomándolo desprevenido, lo sometí con uno de mis agarres, dejándolo tendido boca abajo y conmigo en su espalda. Até sus manos con su cinturón y bajé su camisa junto con su saco, para hacerle otro nudo y evitar que se zafara. Era cierto que Sasuke era mucho más alto y fuerte que yo, pero como no tenía experiencia ni maña peleando, tardaba mucho en reaccionar cuando lo tomaban por sorpresa.

- Estas mintiendo, ¿verdad?- sonreí, nervioso- Dime de una jodida vez que es mentira eso que dijiste.

No contestó ni me miró ni si quiera se molestó en resistirse mientras le estaba quitando los uwabakis*, calcetines, el pantalón, hasta dejarlo sólo en boxers. Con algo de dificultad, lo ayudé a sentarse, pero en ningún momento alzó el rostro. El hecho que tomara esa actitud conmigo me desquició más de lo que ya estaba, en serio, estaba temblando del puro coraje y sentía que no era capaz de controlarme.

- ¡Te estoy hablando!- lo tomé de la barbilla y lo obligué a que me mirara- ¿O acaso te has enamorado de ese estúpido que me presentaste en las albercas? ¿Ese pendejo que tenía las greñas largas?

Sus largas pestañas se alzaron y sus ojos oscuros se fijaron en los míos. Me di cuenta enseguida que frente a mí se encontraba el mismo Sasuke que conocí cuando recién me mudé a Japón, vi la intención detrás de esa mirada vacía y provista de sentimientos. Él deseaba que yo le tuviera miedo y saliera corriendo, pero las cosas no fueron por ese rumbo. En su lugar, un fuerte escalofrió me recorrió de pies a cabeza, trayéndome de esa puerta roja y gastada, una imagen borrosa. El recuerdo fue tan rápido y tan cargado de emociones que me causó un horrible dolor de cabeza, pero eso no fue lo peor, sino escuchar a Sasuke diciendo:

- Si fuera así, ¿qué?

No debió haberme dicho eso. En serio, no debió haberme dicho eso. Sentí que algo dentro de mí cambió para mal. El miedo, la ira, el nerviosismo e incluso mis prejuicios desaparecieron en ese momento. Me acerqué a él hincado, pasé mis brazos alrededor de su cuello y aproximándome a su oído, susurré:

- Eres una puta- apreté los labios- Ve y revuélcate con quien quieras, para lo que me importa lo que una puta como tú haga.

- Entonces suéltame y déjame ir.

- Lo siento, no obedezco órdenes de nadie y menos una puta- besé delicadamente su hombro, para después morderlo hasta hacerlo sangrar.

- ¡Me lastimas!- gritó intentando apartarse.

- Nunca he sido fanático del sadomasoquismo, pero tal vez podría empezar a gustarme- sonreí, lambiendo la sangre que se había quedado adherida a mi boca.

- Naruto, basta de esta broma de mal gusto y suéltame- dijo enojado.

- ¿Naruto? ¿Quién es Naruto?- me hice el desentendido, asustándolo- Vamos a jugar, Sasuke- lambí las gotitas de sangre que salían de la herida- te voy a devorar de pies a cabezas.- sonreí de oreja a oreja- Hasta que recuerdes que sólo estás enamorado de mí.

Metí mi dedo entre el nudo de la corbata y mi camisa, desanudándola lentamente. Sasuke observó como me desabotonaba los primeros botones de la camisa, me quitaba los uwabakis y el saco. Dejé todo aún lado, acercándome al Uchiha. Tomé su rostro entre mis manos, le sonreí fríamente y lo besé. El beso fue suave y sin presiones, de tal forma en que él no tuviera excusa para intentar resistirse.

- Naruto…

- Tranquilo, no pienso lastimarte- murmuré, apartando el flequillo de sus ojos- tengo experiencia con el sexo anal.

Si antes parecía "sereno", para este momento pude ver el miedo en sus pupilas. Besé su mejilla con suavidad y le dije que no se preocupara, que iba a hacerle el amor como nadie más se le había hecho. Él se quedó mudo de la impresión y antes de que pudiera responderme nada, lo besé, pero él apretó los labios con fuerza. Me causó gracia lo infantil que se vio, pero no me importó en lo más mínimo, en su lugar, lambí sus labios y mordí suavemente su quijada. Los bellos de la nuca se le erizaron y no pudo evitar suspirar lentamente.

- ¿Por qué no quieres besarme, Sasuke? ¿Tan mala es mi técnica?- mis manos se recargaron en sus muslos desnudos y masajearon sus tensos músculos.

- Naruto por favor detén esto. Es una locura- susurró, apretando los labios.

- Claro que es una locura, estoy loco o ¿ya lo olvidaste?- contesté contra su oído, deslizando mis dedos por debajo de su bóxer.

Masajeé con mis pulgares el interior de sus muslos, sintiendo como su piel se relajaba y tensaba con forme me acercaba a su erección. Besé su cuello, deslizando mis dientes hasta llegar a su pecho, repartiendo chupetones y mordisqueando sus pezones. Era un poco agresivo de vez en cuando, pero nunca llegué a lastimarlo de verdad. Por alguna extraña razón, disfrutaba verlo de esa forma tan patética: estaba excitado, pero era renuente a aceptar mi avance.

¿En qué momento los papeles se habían cambiado?

- ¿Pensé que no te gustaba, pero ya estás duro?- me burlé, acariciando sobre la tela la cabeza de su pene, sobándola y sintiendo húmedo el bóxer- No te preocupes, no dejaré que sufras.

Me acerqué todo lo que pude a él, colocando mis rodillas en el hueco entre sus piernas, pues una estaba estirada y otra doblada. Tomé el elástico del bóxer y descubrí el pene duro de Sasuke. No era enorme, pero estaba acorde al tamaño de su cuerpo y se podría decir que era un poco más grueso de lo normal. Pensé que iba a darme asco o que iba a perder todo el interés al momento de tocarlo, pero no pasó ni una ni otra cosa. Masajeé su miembro suavemente observando curioso las reacciones y expresiones de Sasuke: cerraba los ojos, jadeaba, se mordía el labio y me miraba de una forma suplicándote. Tenía el cabello despeinado, las mejillas coloradas y su rostro mostraba abiertamente cuanto disfrutaba que yo lo tocara.

- Sasuke- le llamé sin detener el suave masaje que le estaba dando- ¿Es mejor de lo que habías imaginado en tus fantasías?- pregunté, más por curiosidad que por molestarlo.

Él no contestó, sólo se sonrojo aún más y desvió la mirada. Me acerqué, irguiéndome un poco para poder alcanzar su barbilla, besarla y de la misma forma, poder aumentar el ritmo en mi mano. Esta vez no tuve que rogar por un beso, él se aproximó y con desesperación buscó mis labios, besándolos rudamente. Metió su lengua en mi boca, acariciando la mía y proporcionándome uno de los mejores besos que me habían dado. Cada vez que abría la boca para morder mi labio inferior y mordisquearlo; respiraba entrecortadamente, sólo para atacar mi lengua de nuevo. En algún punto, mientras lo masturbaba y besaba, me excité, así que cuando el beso se terminó, mordisqué su cuello sintiendo una desesperación que hacía años no sentía por querer poseer a alguien.

Luego de unas sacudidas más se vino en mi mano y yo sin darle tiempo a respirar; lo acosté de costado, le quité el bóxer y con el semen que se encontraba en mi mano, metí un dedo en su ano. Mi mente se quedó en blanco, no me importó escuchar las protestas de Sasuke al querer que parara o me interesó que estuviera a punto de follar a un hombre. Lo único que sabía era que lo deseaba y no entendía cómo ese pensamiento o sentimiento o instinto animal se había apoderado de mí.

Después de percatarme que estaba bien preparado, abrí mi pantalón con las manos temblorosas y saqué mi pene que estaba duro como una roca. Lo lubriqué con saliva, giré a Sasuke para que estuviera boca abajo y así tuviera una posición más cómoda, aunque eso fuera casi imposible en este lugar y con sus manos atadas a su espalda. Froté mi pene entre sus redondas y blancas nalgas, disfrutando de la fricción y pensando que el bastardo del Uchiha se veía sexy desde mi posición.

- Naruto… por favor… no hagas esto- murmuró, con la mejilla pegada al piso y con su cabello cubriendo su rostro.

No conteste, en su lugar, lo penetré lenta pero profundamente. Su entrada se abrió, dejándome sentir la suavidad y lo caliente de su interior. Sasuke se tensó y yo, en un acto de buena fe, acaricié su coxis, su duro trasero y masajeé su pene, para que se relajara. No tardé en sentir como poco a poco su miembro comenzaba a endurecerse de nuevo y fue en ese momento en donde comencé a embestirlo. Realmente me costó mucho tener que contenerme al principio, pero en cuanto comencé moverme, no pude detenerme. Arremetí contra él como nunca lo hice con una mujer: duro, rápido y profundo. Tuve la oportunidad de descargarme de cada uno de los problemas que me habían surgido estos días y sentirme libre de embestir con fuerza, sin preocuparme de lastimarlo.

Él gimió bajo, muy bajo, que apenas pude oírlo, pero como su pene se encontraba chorreando de pre semen y él también estaba cooperando al mover sus caderas, supe que también lo estaba disfrutando. No sé cuánto tiempo lo estuve penetrando, pero cuando sentí que estaba a punto de venirme, comencé a masturbar a Sasuke con un poco más de fuerza. Me vine dentro de él con un jadeo ahogado y él después de mí. El orgasmo me dejó sin fuerzas y totalmente satisfecho, pero también me hizo recuperar la cordura, regresándome a la realidad.

Me quedé unos segundos con la mente en blanco, con mis manos a cada lado de su trasero y con mí frente al lado de sus brazos. Respiré agitadamente y salí lentamente de él, sintiéndome desorientado. Saqué mi pañuelo del pantalón y me limpié. Me acomodé el pantalón, me subí la bragueta y comencé a vestirme. Luego de ponerme la ropa, desaté a Sasuke, quien ni siquiera volteó a verme ni dijo nada, sólo se dedicó a sobar sus muñecas, mientras miraba el suelo. Me dirigí a la puerta, la abrí y antes de salir, giré un poco el rostro, sin llegar a voltear por completo.

- Ahora sí tienes motivos para odiarme y no acercarte a mí- dije, cerrando la puerta a mis espaldas y dirigiéndome al baño de ese piso, el cual pocos se atrevían entrar, pues hace años un alumno se había suicidado en uno de los cubículos.

Me limpié correctamente, fui al baño, acomodé mi uniforme y me lavé la cara. No sentía nada: ni culpa ni cólera ni vergüenza ni arrepentimiento. Mi mente se encontraba en las mismas condiciones, estaba en blanco y no me esforcé en cambiar esa sensación de vacío. Salí del baño cuando creí que me veía presentable, bajé las escaleras y me dirigí a mi salón. Interrumpí al profesor en medio de la clase, éste me reprendió preguntándome por qué llegaba hasta esta hora y yo le respondí que tenía diarrea y por eso me había quedado atorado en el baño. Él pareció escandalizado por la sinceridad de mi respuesta, así que al final me dejó pasar. Midori, al igual que todo el salón, estaba riéndose de mí, pero ni caso les hice. Sólo me senté en mi pupitre y todos los sonidos se extinguieron.

Cuando las clases se acabaron, Midori me dio mi almuerzo y me dijo que nos fuéramos juntos, pero yo decliné su petición diciendo que tenía algunas cosas que hacer. No me cuestionó sobre qué era ese algo, así que cuando se fue yo regresé al último piso, fui hasta el salón en donde Sasuke y yo habíamos estado, abrí la puerta, encontrando el aula vacía (obviamente), cerré la puerta a mis espaldas y ahí me quedé. No tenía ganas de regresar a mi casa ni de ver a nadie ni saber nada de nada, deseaba estar solo.

Agarré una vieja mesa, la puse en la esquina donde estaba la ventana, coloqué mis cosas sobre ella y me senté. Abrí la ventanilla un poco, saqué mis cigarros y empecé a fumar. A partir de ahí el tiempo se me escapó de las manos. Cuando me di cuenta la oscuridad ya le había ganado terreno a la luz, la luna había salido y las estrellas centellaban hermosamente. En ese instante, mi estómago comenzó a protestar, pidiéndome comida. Saqué mi almuerzo y lo devoré en un dos por tres, tomé un poco de agua de la botella que tenía en mi mochila y me recargué de nuevo en la pared, comenzando a fumar de nuevo.

En medio de la noche y estando ahí solo, recordé cuando me encontraba en el psiquiátrico, de tal forma como si estuviera viendo el amplio cuarto en donde dormía, el blanco inmaculado de las paredes, la pequeña ventana y hasta pude escuchar el llanto de los niños que no podían dormir. El sentimiento de soledad de apoderó de cada poro de mi cuerpo y la nostalgia, sólo hizo que mi mente se abriera a más recuerdos que no deseaba rememorar, pero que cayeron con peso en mí. Mientras me fumaba mi segunda cajetilla de cigarrillos, mi mente me jugó malas pasadas, arrastrándome hasta donde ella quería y logrando que poco a poco la oscuridad me devorara, sin embargo, el ruido de la puerta al abrirse y la voz de Sasuke, me sacaron de mi pesadilla.

- Gracias a Dios estás aquí- dijo, cerrando su celular y acercándose a mí- ¿Qué diablos haces aquí? ¿Sabes lo preocupados que estábamos todos? ¿Por qué no respondiste ninguna llamada? ¡Diablos, al menos se un poco más consiente de tus acciones!- cuando estuvo a dos pasos de mí, pude ver con mayor claridad su expresión de molestia- Apestas a cigarro- miró todas las colillas que estaban al lado de mí- ¿Has estado fumando todo este tiempo?

- Sí- murmuré con simpleza, prendiendo el cigarro que tenía en la boca.

- ¿Por qué no has ido a tu casa? ¿Por qué te quedaste aquí?

- No quería ver, ni hablar, ni estar, ni escuchar a nadie.

Cuando terminé de hablar, me observó preocupado, pero no le hice mucho caso y seguí fumando. Giré mi rostro hasta la ventana abierta, mirando el cielo que comenzaba a nublarse y terminé por encoger mis piernas. Sasuke se acercó, tomó el cigarro de entre mis dedos y lo apagó en donde había puesto los demás. Lo volteé a ver, pero no dije nada.

- Vamos, tenemos que regresar a tu casa. Tu familia está muy preocupada por ti.

- ¿Y?- saqué otro cigarro, pero antes de que pudiera prenderlo, Sasuke lo tomó y rompió.

- ¿Cómo que, "y"?- frunció el ceño- nos vamos a tu casa en este instante- dijo autoritariamente.

- ¿A ti qué te importa lo que yo haga, Uchiha? ¿No fuiste el primero en decir que no querías saber nada más de mí y que ya tenías a alguien más? Entonces, ¿qué haces aquí? ¿Qué quieres?- le miré fijamente e incliné la cabeza- ¿Acaso has venido por una segunda ronda? ¿Quieres que te vuelva a coger como lo hice?

Alzó la mano y me dio una fuerte bofetada, doblándome el rostro. Me quedé unos segundos en esa posición, sin inmutarme ni cambiar mi expresión de indiferencia; en su lugar, tomé otro de mis cigarrillos y lo puse en mis labios. Sasuke tuvo toda la intención de arrebatármelo y romperlo de nuevo, pero no se lo permití, alcancé su muñeca, la apreté con fuerzas y la hice a un lado. Prendí el cigarrillo, le di una calada y solté el humo en el rostro del Uchiha.

- Si no tienes nada más que ladrar, porque no te largas y me dejas en paz.

- ¿Por qué te quieres quedar en este lugar?- preguntó, relajando su rostro.

- Necesito pensar.

- ¿Qué necesitas que pensar en medio de la oscuridad?

Coloqué el cigarro en mis labios, le di una fuerte calada y solté el aire en la ventana. Las estrellas, para este entonces, quedaron cubiertas y la oscuridad afuera era completa. Un rayo surcó las nubes y un fuerte sonido tronó junto con un destello de luz, dejando un eco dentro de la habitación que se expandió por unos segundos. El vacío en mi alma se agradó. Cuando giré el rostro para ver a Sasuke, éste me miraba visiblemente preocupado y terminé por fastidiarme de ser observado.

- Uchiha, ¿por qué no te vas y me dejas en paz?

- Lo de Deidara era mentira- espetó, abruptamente.

- Oh, qué bien- murmuré dándole una calada a mi cigarro.

- Naruto, acabando el semestre voy a irme a Estados Unidos.- bajó el rostro- Creí que lo más sensato es que dejáramos de vernos, para que la separación no fuera tan dura.

El cigarro se me resbaló de los dedos, rodó por la mesa hasta caerse al piso y lentamente solté el aire de mis pulmones. El peso en mis hombros, desapareció y sentí que podía respirar con mayor libertad. Me deslicé hasta quedar al borde de la mesa, bajé los pies y los dejé colgando. Sasuke se encontraba frente a mí, tomé su mano, dándome cuenta por primera vez, que era muy diferente a la mía: la palma de su mano era suave, sus dedos eran largos y sus uñas estaban bien cuidadas, sin embargo las mías estaban rugosas, callosas y eran pequeñas. Él contestó mi apretón de manos, entrelazando nuestros dedos.

- Eres un idiota- dije, cuando alzó el rostro- pero yo lo soy más- apreté los labios- perdón, lamento haberte lastimado.

- Naruto, yo… yo…- apretó nuestro agarre- te amo…- susurró, sonrojado.

- Lo sé- sonreí, alcé mi mano y atrapé su nariz entre mis dedos- todo está bien, no te preocupes.

Me abrazó, sin soltar mi mano y yo lo imité. La verdad es que aún no estaba seguro si quería una relación con él, mejor dicho, no estaba seguro de nada. Pero después de lo que sucedió hoy, me di cuenta que necesitaba a Sasuke, él, de alguna forma, lograba bloquear mis pensamientos sobre mi pasado, me hacía sentir mejor y en paz, sin embargo cuando no estaba, sentía que hundirme en la oscuridad no era tan malo y que recordar podría ser una opción. No entiendo como sucedió todo esto, pero no me importa meditarlo ni encontrar una razón. Sólo lo quiero para mí y no pienso entregárselo a nadie más. Sí, era consiente que estaba siendo egoísta, pero eso era lo de menos. Deseaba un poco de cordura, algo que me sostuviera, que no me dejara caer y Sasuke era ese algo que estaba buscando.

- Será mejor que regresemos- me dijo Sasuke, besando me mejilla.

- No quiero regresar a mi casa- dejé caer mi cabeza en su pecho- ¿me puedo quedar contigo?

- ¿Estás seguro?

- Sí.

- Podría hacerte cosas inapropiadas.

- No me importa.

- Está bien, pero tienes que hablarle a tus papás.

- Ok.

Sin moverme de donde estaba ni quitar mi frente del pecho de Sasuke, saqué mi celular, vi todas las llamadas perdidas y mensajes que tenía, y las ignoré. Busqué el número de mi mamá y marqué, me llevé el teléfono al oído y me respondieron al instante. La voz histérica de mi mamá no se hizo esperar, haciendo una y mil preguntas, cuando por fin me dejó hablar, sólo dije:

- No voy a llegar hoy a dormir. Estoy en la casa de un amigo. Lamento no haberme comunicado antes- colgué, sin dar oportunidad de debatir mi decisión- ya lo hice, ¿podemos irnos?

- ¿No crees que fue un poco grosero y egoísta hacer eso?

- Sí, pero es mi problema.

- Ok.

Cerré la ventana, dándome cuenta que estaba empezando a llover. Tomé los paquetes de comida y ahí coloqué todas las colillas de cigarro; agarré mis cosas y cerramos la puerta. Caminamos por los pasillos en medio de la oscuridad, escuchando como la lluvia aumentaba su fuerza y los truenos hacían eco en las paredes. Fuimos a los casilleros donde tenía mis zapatos, los saqué y dejé los uwabakis en su lugar. Luego seguí a Sasuke, que había entrado por una ventana que tenía roto el seguro, fue fácil salir del edifico, pero no de las instalaciones. Escalamos, con un poco de dificultad por la lluvia, un árbol que estaba cerca de la barda. Sasuke se colgó del concreto y se dejó caer suavemente, hice lo mismo, pero en lugar de soltarme, él me tomó de la cintura y me puso en el piso.

- Gracias.

Me tomó de la mano y comenzamos a caminar hasta el final de la cuadra, en donde estaba su auto estacionado. Empapado de pies a cabeza, me metí al carro, cerró la puerta y corrió a subirse del lado del conductor. Tan pronto como nos alejamos de la escuela, ninguno de los dos dijo nada, me quedé mirando la tormenta a través de la ventana y observando las oscuras calles. Al estar viajando en mi suave y esponjosa nube de indiferencia, me adormilé. Cerré los ojos y un par de imágenes vinieron a mi cabeza o mejor dicho unos recuerdos del orfanato acapararon mi mente. Escuché la risa de los niños, vi lo colorido del salón de juegos, la pequeña figura de Sai tomándome la mano y pidiéndome que lo siguiera, que no hiciera caso de las burlas.

- El bebé se orino en la cama, el bebé se orino en la cama- canturreaban todos, mientras las risas se hacían cada vez más fuertes.

Un niño me jaló y a pesar de que estar tomado de la mano de Sai, me caí. Mi hermano se enojó tanto que empezó a pelear con el niño, sin embargo… ¿qué pasó después?…Oh… ya recordé. Tomé un jarrón y se lo estrellé al niño en la cabeza. Las encargadas se enojaron tanto conmigo que me separaron de los demás niños y cuando el director me mandó a llamar, me preguntó por qué había lastimado a mi compañero. Recuerdo que le respondí:

- Ese niño estaba lastimando a mi hermano, así que tuve que defenderlo.

- Pudiste haberlo matado con ese golpe, ¿qué crees que hubiera pasado si el niño hubiera muerto?

- ¿Por qué a los adultos les preocupa tanto la muerte? ¿Por qué le tienen miedo?

Él me miró de forma extraña, pero no me respondió.

- La persona que muere dejará de sufrir y por fin tendrá paz, ¿qué hay de malo con eso?

- ¿Entonces estaría bien si Sai muriera?

- No, dolería mucho, pero no es algo que yo pueda impedir de todas formas- incliné el rostro y fruncí el ceño- todos vamos a morir en su momento.

Luego de esa pequeña conversación me mandaron al psicólogo y tuve que aguantar a un adulto estúpido que no hacía otra cosa que preguntarme cosas que yo no sabía. ¿Recuerdas tu nombre o a tus padres o tu pasado? ¿Por qué le tienes miedo a la oscuridad? ¿Por qué dices que Sai es tu hermano? ¿Qué hacían en ese lugar?…

¿Lugar?

¿Qué lugar?

- Naruto, Naruto.

- ¿Qué pasó?- pregunté, abriendo los ojos y regresando a la realidad.

- Ya llegamos.

Miré por la ventana y me di cuenta que no estábamos en su garaje, sino en el hotel que me había traído la otra vez. Me bajé del auto, caminé hasta la entrada, mientras Sasuke le daba las llaves a un botones*. Nos entregaron unas toallas para que nos secáramos y entramos juntos a la recepción. Esta vez, las secretarias no se acercaron a nosotros, sino un hombre alto, delgado, de tez blanca, el pelo largo, negro y lacio; amarrado en una coleta. Iba en fundado en un caro traje negro y zapatos del mismo color.

- ¡Sasuke!- dijo, luego de que se volteara y nos viera.

- ¡Tío Itachi!- saludo también, caminando para encontrarse con él. Ambos comenzaron a hablar animadamente, antes de voltearse y caminar hasta donde estaba yo.

- ¿Así que tú eres Uzumaki Naruto?- habló, sonriéndome y por un segundo pensé que era Sasuke en una versión adulta- Mucho gusto, mi nombre es Uchiha Itachi.

- El gusto es mío- murmuré, sin muchos ánimos.

- Es más lindo de lo que me dijiste Sasuke.

- Tío, por favor.

- Sí, sí… lo siento- suspiró, sin perder su galante sonrisa- ¿Van a quedarse hoy?

- Sí, mañana no tenemos clases, porque estamos organizando lo del festival de Halloween, pero como hoy le avanzamos mucho, tengo que ir por la tarde para terminar los últimos arreglos.

- Ok, no los molesto más- le entregó la llave a Sasuke y le acarició la cabeza; ese pequeño gesto de cariño me hizo enfurecer, pero como fue rápido, no me dio tiempo de hacer o decir nada- descansa y cuando tengas oportunidad ven a verme, quiero hablar unas cosas que tu mamá me dijo.

- Está bien- murmuró, serio.

Se despidió y nosotros comenzamos a caminar hasta el elevador. Al llegar al último piso, Sasuke corrió hasta el loft, pues su celular comenzó a sonar de repente. Miré su espalda, caminando lentamente detrás de él, pero deteniéndome en medio camino. Estando ahí, bajo la fuerte lluvia, un recuerdo se apoderó de mí. De pronto, me encontraba en las regaderas del hospital psiquiátrico, la cara me dolía y ardía como nunca. Sí, para ese entonces ya tenía los cortes en las mejillas, como las heridas fueron profundas tuvieron que cocerme, pero en ese momento uno de los puntos se había abierto y estaba sangrando.

- ¿Estás bien, Naru?- me preguntó uno de los enfermeros, luego de ver que no me movía y sólo estaba debajo del agua sin moverme.

- Sí- respondí, sin voltear a verle- me duele mucho- murmuré, señalando mi mejilla.

- Se te han abierto los puntos, ¿qué pasó?- se puso de cuclillas y me revisó.

- No sé.

- ¿Te estuviste rascando?

- No- mentí.

- Si sigues abriéndote los puntos te van a quedar unas marcas horribles…

- Mejor.

- No debes de decir eso Naru.

- Lo odio… odio mi rostro- iba a rasguñarme la cara, pero el enfermero me detuvo.

- Naru, no sé por qué lo odias, pero lastimarte a ti mismo no va a hacer que te sientas mejor ni va a ayudarte a salir del hospital.- murmuró sonriéndome. Apagó la regadera y me cubrió con una toalla- En la vida habrá muchas cosas que odiaras, no te gustaran y te causaran mucho dolor, pero tienes que afrontar todos los obstáculos. ¿Sabes por qué?- negué con la cabeza- Porque habrá cosas magnificas que te estarán esperando y al final, todo estará bien.

El enfermero me cargó y me llevó a mi habitación, en donde me ayudó a cambiarme. Me curó el rostro, me arropó y se quedó conmigo hasta que me dormí. Es cierto, al principio no entendí muy bien sus palabras, pero hice caso a dejar de lastimarme yo mismo y unos meses después salí del psiquiátrico. Creo esa es la razón por la que empecé a controlarme, pero ahora que lo pienso…

- ¡Naruto!- dijo Sasuke, tomándome de los brazos y haciéndome salir de mis recuerdos.

Tardé unos segundos en recordar en dónde me encontraba, pero salir de mi ensoñación fue un poco más complicado. Sacudí el rostro un par de veces, antes de darme cuenta que estaba debajo de la lluvia y mis dientes estaban castañeando por el frio. El Uchiha me tomó de la mano, obligándome a caminar hasta el loft, cerró la puerta a nuestras espaldas y me ayudó a quitarme los zapatos. Empapados de pies a cabeza, nos dirigimos al baño, dejamos la puerta abierta, pero Sasuke no se detuvo a prender la luz. Al estar dentro de la regadera, el Uchiha dejó salir el agua caliente primero y luego reguló la temperatura con la fría. Me colocó debajo del chorro de agua, mientras frotaba mis brazos, intentando hacerme entrar en calor.

- Termina de bañarte, voy a preparar la tina- dijo, pero yo le detuve.

- Así estoy bien.

- Ok, entonces te dejo para que te bañes.

- Podemos bañarnos los dos, no hay necesidad de que te vayas.

- ¿Estás seguro?

- Sí.

- ¿Y si me salgo de control?

- No importa.

Me dio un coscorrón y automáticamente me llevé las manos a la cabeza, sorprendido por su repentino ataque. Alcé el rostro para preguntarle por qué me había golpeado, pero no alcancé a decir nada, pues Sasuke parecía enojado. Respiró profundamente, me acarició la cabeza y relajó su tensa expresión. Se acercó a mí, pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me abrazó apretándome suavemente contra él. Ahí, en medio de las penumbras del baño, con el agua calentando nuestros fríos cuerpos y escuchando su corazón latir con fuerza, lloré. Lloré por lo que le había hecho, por el tormento que me causaban mis recuerdos, por sentirme solo y miserable.

Cuando pude tranquilizarme, me quedé varios minutos abrazándolo y sintiéndome a salvo, tan seguro que tenía la certeza de que todo estaría bien. Tal vez el aferrarme de esa forma al Uchiha era guardar una falsa esperanza o conseguir un alivio momentáneo, pero no me importó. Necesitaba a Sasuke, sólo a Sasuke, a nadie más que a él, si él estaba cerca entonces no tendría por qué temer a mi pasado. Era consiente que él no se quedaría conmigo para siempre, pero eso era lo de menos; lo único que necesitaba era que permaneciera un poco más de tiempo a mi lado, sólo un poco más.

Comencé a quitarme la ropa, después de sentir que me pesaba y empezaba a ser incómodo llevarla puesta. Sasuke me ayudó a sacarme el saco y la camisa; mientras yo me quitaba los pantalones y calcetines. Me quedé en bóxer, porque me pareció un poco incómodo estar completamente desnudo, Sasuke hizo lo mismo. Fue un acuerdo silencioso que ambos aceptamos.

- ¿Te duele?- le pregunte al ver la marca de mis dientes en su hombro.

- Un poco, pero estoy bien.

- Te va a quedar la cicatriz- apreté los labios- lo siento. Siento todo.

- Está bien, no te preocupes por eso ahora.

- Eres demasiado blando conmigo, Uchiha.- dije, suspirando- No permitas que yo te haga daño ni te denigre.- apreté los labios- Nunca me idealices, porque no soy una buena persona y siempre hago las cosas a mi conveniencia.- lo miré a los ojos- Está bien si me amas, no tengo nada en contra, pero ten cuidado.

Después de esa pequeña conversación nos comenzamos a bañar. Me tallé el cabello, mientras Sasuke se enjabonaba el cuerpo, después intercambiamos y por último nos enjuagábamos. No pasó nada entre nosotros ni siquiera hubo tensión sexual, el Uchiha parecía pensativo y yo me quedé en blanco, como mi mente se encontraba desde la mañana. No sentía nada y no sabía si eso era bueno o malo. Al salir del baño, ambos llevábamos una toalla en la cintura, ahora sí, ya sin ropa interior debajo.

Sasuke me prestó un bóxer, una playera y un short, aunque con la playera era más que suficiente, ya que me quedaba como bata para dormir. El Uchiha se puso una pijama y me preguntó si quería algo de cenar, le dije que sí, sentándome en el sillón y prendiendo la televisión. Sasuke habló por teléfono a la recepción, al terminar la llamada se sentó a mi lado en el mueble y comenzamos a ver una película americana. No hablamos, ni se acercó a mí ni nada. No me pareció extraña su actitud, él siempre ha marcado una línea entre nosotros, que yo casualmente termino cruzando. Creo que esa es la razón por la que ha sucedido lo que ha sucedido.

- ¿Qué pasa, Sasuke?- pregunté, al darme cuenta que no me quitaba la vista de encima.

- Nada.

- Si quieres acercarte puedes hacerlo.

Sí, ahí estaba yo permitiendo cosas que no debería y dándole una confianza que por sí mismo no hubiera tenido.

Tardó unos segundos en decidirse, pero al final se levantó y sentó a mi lado, colocando su brazo en el respaldo del mueble. Abracé la almohada que estaba sobre mis piernas y recargué la cabeza en el mueble, tocando ligeramente el brazo de Sasuke. Fue chistoso verlo tan tenso y nervioso, cuando él, por lo regular, bajo cualquier circunstancia, se mantenía tranquilo. La escena del medio día se me vino a la cabeza como un flashazo, recordándome que hoy había visto más de él que en todo el tiempo que lo conocía, incluso pude admirar su enojo.

Espera un segundo, ahora que me pongo a pensarlo, él es aún menor de edad… ¡diablos! Abusé de un mocoso.

- ¿Qué pasa?- me preguntó, cuando un horrible escalofrío pasó por mi columna vertebral, haciéndome temblar de pies a cabeza.

- Nada- me acomodé de nuevo en mi lugar- sólo un escalofrío.

- ¿Tienes frio?

- No, estoy bien.

- En seri…

Tocaron la puerta, Sasuke se levantó para ir por la canasta con la ropa mojada, abrió la puerta, entregó la ropa y le dieron un paquete de comida. Dejó los paquetes en la mesa, iba a levantarme para ir a la sala, pero me dijo que me quedara en donde estaba. Fue por algo a la habitación y cuando regreso traía consigo una manta, que puso en mis piernas. Me sorprendió el gesto, pero no dije nada, en su lugar observé como traía una pequeña mesa y la colocaba enfrente del mueble con la comida encima.

- Está haciendo frio y después de habernos mojado es mejor mantenernos calientes- me miró unos segundos antes de ponerse rojo- digo, para no pescar un resfriado.

Su expresión y su forma de decir las cosas me hicieron reír suavemente al principio y luego soltar una carcajada. Me reí por un buen rato y eso terminó por animarme. Me sentí tan desorientado después de violar a Sasuke que, sin poder evitarlo, mi pasado me engulló de pies a cabeza y mi presente no hizo más que agravar las cosas. Todo era demasiado extraño, cruel, triste, deprimente y, sobre todo, oscuro. Por eso, ver a Sasuke actuar de esa forma tan estúpida y decir algo aún más tonto, me hizo sentir extrañamente tranquilo y feliz.

- Gracias- dije, sin perder mi sonrisa- vamos a cenar, tengo mucha hambre.

Él me miró fijamente, pero no comentó nada. Fue a la cocina por vasos, un jugo, platos y dos pares de palillos. En los empaques de unicel, había diferente tipos de sushi, verduras, bolas de arroz y un poco de sopa de miso. Comí todo lo que se me puso en mi camino, hasta que no pude comer más o, mejor dicho, hasta que se acabó la comida. Para cuando terminamos de cenar eran las doce de la noche. Nos acurrucamos uno al lado del otro, tapados con la sabana y nos quedamos viendo una mataron que estaban pasando de Dragon ball. Cerca de las dos de la madrugada, decidimos que era hora de ir a dormir.

Nos lavamos la boca, mientras hablábamos acerca de anime: nuestros animes favoritos, los que no nos gustaban y cuáles nos llamaban la atención, pero que no habíamos visto. Entre los nombres de los animes que hablamos salió el de Doremon, Dragon ball, Caballeros del zodiaco, Capítan tsubasa, Zenki, Dragon Quest, etc. La verdad no sabía demasiado del mundo del anime y manga, pero lo mucho o poco que pude aportar a la conversación sirvió para que no nos quedáramos en silencio. Además, lo que realmente era interesante, era escuchar hablar a Sasuke con nostalgia acerca de los animes que había visto en su infancia. Lamentablemente cuando apagamos las luces, nos quedamos callados, la tormenta y los truenos eran lo único que podía escucharse en la oscuridad de la habitación.

- Sasuke, ¿estás despierto?- susurré, sin obtener una respuesta inmediata.

- Sí, ¿qué pasa?

Me quedé unos segundos callado, me giré dándole la espalda y observé atentamente la pared que estaba frente a mí. Pensé acerca de lo que le iba a decir y después de poner en orden mis pensamientos, solté lentamente el aire por mi nariz.

- ¿Siempre que te gusta alguien eres así de amable?

Hubo una pequeña pausa dramática y luego soltó un simple:

- No.

- ¿Entonces por qué llegas a estos extremos por mí?- me moví incómodo en la cama- Desde que nos conocimos, no he hecho más que traerte malas experiencias.

- ¿En serio lo crees? Porque yo no lo veo de esa forma.- dijo, suspirando suavemente- Es cierto que las cosas entre nosotros han sido un poco complicadas de llevar, pero a pesar de todo, siempre he disfrutado de tu compañía.

- ¿Has sentido lastima de mí?

Se levantó con brusquedad y me volteó de la misma forma; quedando a horcajadas de mí, con su mano en mi hombro y mirándome fijamente.

- El hecho que me preocupe por ti, no significa en ninguna medida que sienta lastima- espetó, serio.

Unos segundos después pareció recobrar la compostura, se quitó de encima y se disculpó; antes de volverse a acostar y girarse. No entendí que diablos había pasado. Digo, su expresión realmente me había sorprendido y asustado; creo que era la primera vez que me hablaba de esa forma. Me quedé un segundo mirando su espalda, hasta que decidí acercarme. Recargué mi brazo en su costado, sintiendo lo cálido que se encontraba su cuerpo y la tensión en sus hombros.

- Fue una estúpida pregunta de mi parte, discúlpame.

- No estoy enojado.- giró, quedando boca arriba- Sólo que recordé algunas cosas.

Fruncí el ceño.

- ¿Qué tipo de cosas?

- No quiero hablar de eso.

Coloqué mi codo en la almohada, me alcé para poder ver a Sasuke, pero al instante me arrepentí, su rostro mostraba un semblante afligido que me desarmó por completo. Pocas veces algo me conmueve, (claro está) exceptuando a mi familia, pero la expresión de perro abandonado del bastardo del Uchiha, me hizo sentir terriblemente culpable de haber abierto mi bocota.

- No pongas esa cara.- murmuré, dejando caer suavemente mi cabeza en su pecho- Juro no preguntar ni decir ni pensar cosas estúpidas por los próximos… mmm… 3 segundos- conté con los dedos- bien, es suficiente, mi cerebro no puede aguantar tanto raciocinio.

Ante mis ocurrencias Sasuke se rio, alzó su mano acariciándome el cabello con sus dedos, mientras me dedicaba a escuchar su corazón acelerarse. Sus músculos terminaron por relajarse y agradecí que todo hubiera vuelto a la normalidad. No entendí qué había sucedido, ni tampoco me animé a preguntar, pero sí tomé nota mental del incidente, para después abordar el tema. Luego de estar unos segundos en esa posición, comencé a sentirme verdaderamente incómodo, me levanté lentamente e iba a acostarme en mi lado de la cama, pero Sasuke colocó su mano en mi nuca y me atrajo hasta él. Nuestros rostros quedaron uno sobre el otro, pero con mis manos puse resistencia antes de que nuestros labios se tocaran.

- ¿Entonces no puedo besarte?- preguntó, haciendo un pequeño puchero, que para mí desgracia, me causo ternura.

Respiré profundamente, sólo por esta vez, me dije acortando la distancia entre nosotros y besándolo. En un principio el beso fue superficial y apenas un roce de labios que me agradó más de la cuenta, no fue hasta que mordí suavemente su labio inferior y lo saboreé con mi lengua, que las cosas comenzaron a subir de tono. Sasuke me abrazó, acariciando mi espalda por encima de la tela de la playera y rosando mi lengua con la suya. La excitación se me subió a la cabeza y sin dejar de besarnos, Sasuke nos sentó, dejándome a mí sentado en sus piernas y a él recargado en el marco de la cama.

Sinceramente no entendía qué putas me estaba sucediendo al permitir que un hombre me estuviera tocando y besando de esa forma, y lo peor, que le estuviera respondiendo con gusto. Ahí estaba yo, haciendo lo impensable: acariciaba su rostro, cabello e incluso llegando a masajear sus hombros. Era consiente que lo que había pasado en la escuela era una cosa, pero que esto, esto… era aceptar algo que aborrecía. A pesar de que sabía que estaba mal, que no debería estar haciendo esto y que todo mi sentido común gritaba que papara, no lo hice.

Mi camisa salió volando, al igual que la suya y fue extraño sentir su toque sobre mi piel desnuda, pero no fue desagradable como yo creí, me gustaba y estaba excitando más de la cuenta. ¿Acaso, de alguna forma retorcida, deseaba esto? No tenía ni idea, pero en cuanto la pregunta saltó a mi cabeza cuestionándome sobre lo bueno y lo malo, lo que quería o no, desapareció en el fondo de mi mente. En lo único que pude concentrarme y que tuvo mi total atención, fue la mano de Sasuke sobre mi erección y lo delicioso que se sentía. Con una confianza que no sé de dónde surgió, metí mi mano entre su pijama y bóxer, tomando su dura erección y acariciando lo mejor que podía.

- Espera, ayúdame abajarte un poco el pantalón… no puedo mover bien la mano- murmuré contra su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja.

Con algo de dificultad se bajó el bóxer y el pantalón hasta quitárselo. Me tumbó boca arriba colocándose encima de mí, despojándome con agilidad de mi bóxer y short, dejándome también desnudo. La expresión de Sasuke se veía extraña, entre seria y exaltada, obviamente se debía a que estaba excitado, pero observarlo en esas condiciones me encendió y me hizo sentir en peligro. Me miró atento, esperando mi aprobación de continuar, pero yo no me moví, ni siquiera pestañé. No estaba asustado, sólo a la expectativa, obviamente no iba a dejar que las cosas fueran más allá de lo que podía tolerar, pero tampoco deseaba que se quedaran de esta forma tan inconclusa.

- Ven- me dijo, ayudando a levantarme y sentándome de nuevo en sus muslos, mientras mis piernas se encontraban a sus costados, fue algo incómodo, pero lo toleré lo mejor que pude- eres tan pequeño, que es difícil poder tocarnos y besarnos al mismo tiempo.

- ¿A quién le dices pequeño, gigantón?- me hice el enojado, mientras le jalaba las mejillas.

- Lo siento, lo siento. Mi error- me quitó las manos de encima, riendo de buena gana- no te enojes- mordió mi mejilla.

Me atrajo un poco más hasta él y me besó, esta vez con un hambre que me sacó un escalofrió que me recorrió la espalda. Pasé mis brazos alrededor de su cuello, para mantener el equilibrio y no caerme hacia atrás, sin embargo cuando Sasuke juntó nuestros penes y comenzó a masajearlos, estuve a punto de soltarme de la sorpresa. Cerré los ojos deleitándome con la sensación de la palma fría de sasuke y de su erección dura, caliente y pegajosa. Coloqué mi frente en su hombro, jadeando, observando el movimiento de su mano y escuchando sus suaves gemidos contra mi oído.

Dos sacudidas después, Sasuke eyaculó entre ambos. Respiró agitadamente un momento y antes de que yo pudiera reaccionar, me tumbó en la cama dejándome boca arriba. Se abalanzó contra mi hinchado pene y lo engulló, no sé si fue por la sorpresa o el placer, pero lancé un fuerte gemido, que hasta a él sorprendió. Lo único que pude hacer mientras él me ordeñaba, era jadear y pensar que me estaban ando la mejor mamada de mi vida. En serio, me retorcía y sentía como si fuera a venirme en cualquier momento, pero cuando creía que estaba a punto de tener el mejor orgasmo de mi corta existencia, el hijo de puta bajaba la velocidad.

- Sasuke…- jadeé, cuando volvió a retomar el ritmo- por favor… déjame… venir…

Él no respondió nada, pero sin que yo pudiera protestar, metió uno de sus dedos en mi trasero, mientras mamaba mi pene como si fuera la cosa más maravillosa del mundo y como si fuera para lo que había nacido. No pude ni decirle nada acerca de cómo ese dedo se sentía extraño, ni mucho menos de ordenarle que lo sacara. Para ese momento no podía pensar con claridad ni era capaz de decir una palabra. Cuando me vine no pude ni advertirle, pues antes de darme cuenta ya había eyaculado en su boca y él me ordeñó hasta la última gota.

Respiré con pesadez, sintiendo mi cuerpo pesado y exhausto, pero completamente satisfecho. Sasuke se colocó sobre mí y me besó, iba a detenerlo, pero estaba tan cansado que no tuve ánimos de pelear en ese momento. Acepté su beso, sintiendo el sabor de mi semen inundar mi paladar, pero sin causarme asco alguno. Sabía raro, sí, pero había probado cosas más desagradables, así que simplemente lo dejé pasar. Sasuke me ayudó a limpiarme el semen que había quedado en mi abdomen con la playera que me había prestado, me acomodé en la cama y cerré los ojos. El Uchiha se puso detrás de mí, me abrazó y nos tapó.

Ese día fue muy extraño, tan extraño que pensé que sólo iba a ser la excepción de mi vida, que lo que había sucedido no iba a volver a pasar y que todo quedaría dentro de mi carpeta de oscuro y sucios secretos. Eso pensé, pero creo que ambos acontecimientos sólo fueron el inicio de algo mucho, mucho más grande. ¿Si me arrepiento de haber conocido a Uchiha Sasuke? No, claro que no, porque para bien o mal él cambió mi vida. Sasuke fue él que me hizo recobrar la cordura y sin él, las cosas no hubieran sido posible.

Sección de dudas:

1.- Uwabakis: Son los zapatos que utilizan los japoneses dentro de la escuela, mejor conocido como zapatos de interior.

2.- Botones: Bueno, en mi rancho le dicen así a las personas que están encargadas de llevar las maletas, atender a los clientes del hotel, entre otras cosas.

3.- Tiempo transcurrido: del 28 al 29 de octubre.