Capítulo XIII
Para cuando habían acabado las clases de su primer día en Hogwarts, Jake ya había decidido cuál era su asignatura favorita: Herbología. Lo único que había que hacer era recolectar raíces y trasplantar macetas. Eso lo podía hacer hasta el niño más muggle del mundo, así que era perfecto para él. Las clases del próximo día, además, prometían ser más de lo mismo, porque Albus le había dicho que en Pociones no hacía falta usar la varita y estaba claro que Historia de la Magia era de empollar.
Todos los Slytherins de primer curso habían vuelto a la sala común, todos menos Albus, que le había dicho a Jake que prefería quedarse con su hermano y sus primos un rato. En realidad, a Jake no le importó, porque llevaba todo el día llevándose miradas de odio por parte de Albus cada vez que hablaba con Scorpius y miradas de desaprobación por parte de Scorpius cada vez que hablaba con Albus y aquello realmente le estaba empezando a cansar.
- ¿Crees que se acabará cambiando a Gryffindor? -le preguntó Jake a Scorpius cuando hubieron subido a la habitación de los chicos.
-Nunca nadie ha podido cambiarse, aunque me gustaría que hiciesen una excepción, la verdad. -Le respondió Scorpius mientras se tumbaba en su cama. Ewan había subido con ellos porque lo había preferido a quedarse con los Collingwood en la sala común pero se había puesto a recoger sus cosas y a pretender que no les oía.
- No sé por qué os odiáis tanto, si sois tal para cual. - Dijo bromeando Jake. -Aunque si lo que buscas es un esbirro -dijo en voz mucho más alta -es mejor que te quedes con Nott, Potter me ha salido bastante rebelde.
-No sé si lo has notado, muggle, pero yo, a diferencia de otros, sí que puedo hacer magia -dijo Ewan apuntándole con su varita.
-Adelante, por favor. -dijo Jake poniendo la voz más arrogante que pudo y extendiendo los brazos- Enciende tu varita, lánzame un jodido Lumos, seguro que me haces un daño que lo flipas.
-Antes de que te des cuenta sabré hacer muchas más cosas. -dijo Ewan algo ruborizado.
-Puede ser, pero mientras tanto, te quedas calladito cuando hablan los mayores. -Scorpius le lanzó una mirada de reprobación, pero no fue más allá. Estaba claro que Jake no andaba muy desencaminado y que ese Nott "es realmente el puto esclavo de Scorpius, cómo se lo montan algunos".
Estuvieron un rato tranquilos hablando de todo lo que había pasado ese día, y después Scorpius se levantó de la cama y sacó el libro de encantamientos de primer curso.
-Qué coño haces -le exigió Jake.
-Hay que hacer una redacción sobre las diferentes tonalidades que adquiere el hechizo Lumos según el núcleo de la varita con la que se produzca, Jake. -dijo mientras sacaba la pluma y el tintero.
-Pues que te cunda -se levantó enfadado y salió de la habitación. Total, ya casi era la hora de su cita con la profesora McGonagall y seguramente se perdería tres veces por ese maldito castillo antes de encontrar su despacho, así que más valía ir con tiempo.
No se perdió, porque nada más salir de su sala común se encontró con una especie de fantasma de aspecto realmente terrible.
- ¿Os dirigís a algún lar? -le dijo el propio fantasma cuando vio que Jake dudaba acerca de qué dirección tomar. Tenía toda la ropa manchada de sangre color plata, tan vívida que parecía estar chorreando. Al moverse, producía un sonido de cadenas tintineantes. Jake se quedó casi sin habla y no pudo evitar mirarle de arriba abajo varias veces.
-Eh… yo… la verdad, no se… - "no sé qué cojones significa lar".
-Permitidme ayudaros, si os complace. -Dijo mientras producía una reverencia.
- ¿Complacerme? -dijo con voz más aguda de la que solía tener - ¿cómo, exactamente?
-Indicándoos el camino, por supuesto. ¿A dónde os dirigís, mi señor? -volvió a preguntar.
-Al… -tomó aire- al despacho de la profesora McGonagall -consiguió acabar.
-Es muy simple, mi señor, solo tenéis que ascender hasta el primero de los pisos y dirigiros a la torre del director, que es la que se encuentra más al norte. Es el mismo camino que hay que hacer para arribar al Gran Comedor. Luego podréis preguntar a alguno de los corteses retratos que pueblan las paredes de este ancestral castillo. A no ser que deseéis que os acompañe, por supuesto, yo estoy a vuestra total y absoluta merced. -E hizo una reverencia aún más grande que la anterior.
-¡No!, quiero decir, que no será necesario. Muchas gracias, señor…
-Sir Roderick de Diot, a su merced.
-Sir Roderick. Gracias… tengo un poco de prisa, así que...- no sabía muy bien cómo despedirse.
-A más ver -dijo él inclinando la cabeza ligeramente.
-A más ver, eso. A más ver. -Repitió intentando parecer solemne. Y se alejó a paso ligero procurando no mirar atrás. Cuando se hubo calmado, no pudo evitar pensar que su miedo no había tenido ninguna razón de ser y que ese fantasma, en realidad, había resultado ser muy majo. Quizás la próxima vez le dejase acompañarle.
Y, además, el consejo que le dio le fue de mucha ayuda, porque parecía que no todos los retratos eran tan desagradables como el de Cygnus Black, lo cual era de agradecer. Una niña que había sido retratada jugando a tomar el té con sus amigas, incluso le invitó a quedarse con ellas un rato después de haberle indicado el camino.
Pero cuando finalmente llegó al pasillo donde se encontraba el despacho de la directora, todos sus pensamientos sobre fantasmas y retratos de niñas se disiparon al momento. La profesora McGonagall, tan seria como siempre, le esperaba en el mismo pasillo.
-Pellejo de sapo -dijo ella cuando Jake la hubo alcanzado, y la gárgola que tenían delante empezó a toser y acto seguido a moverse hacia un lado. Ambos entraron en lo que parecía ser unas escaleritas de caracol que conducían al despacho. A diferencia del del señor Malfoy, el despacho de la profesora McGonagall estaba ordenadísimo y constaba de varias estancias circulares conectadas entre sí. Un millón de retratos le observaron cuando entró y empezaron a comentar cosas entre ellos, posiblemente animados por tener algo nuevo que ver.
-Haremos lo siguiente, señor Green. Probaremos varios hechizos, cada uno de una disciplina diferente, para encontrar aquella que le es más afín. Saque su varita y comencemos. Empezaremos con el hechizo que ha estudiado hoy en clase. -Jake se preparó para lanzar Lumos e intentó recordar exactamente el movimiento que el profesor Flitwick les había enseñado. Notó como la profesora McGonagall intentaba guiarle con la mano para mejorar el movimiento. Por supuesto, cuando lanzó el hechizo, no sucedió nada.
- ¿Qué es lo que hago mal? -preguntó al cabo de cinco minutos intentándolo.
-Señor Green, si todo el mundo se rindiese tan pronto como usted, posiblemente los trolls poblarían este castillo. Probemos con otro hechizo, este es de la rama de transformaciones. A mí, al menos, me resultan más simples.
Así que pasaron los siguientes veinte minutos intentando cambiar de color una hoja de papel y la restante media hora intentando realizar un Confundus. Nada funcionó. Cuando se hubieron cansado, la profesora McGonagall se sentó en su butaca, ahora sí, completamente derrotada.
-Seguiremos mañana, Jake.
Jake guardó la varita en el bolsillo del uniforme y se dirigió a la puerta del despacho. No quería permanecer allí ni un segundo más. Sentía demasiada vergüenza. Pero cuando fue a abrir la puerta, alguien la abrió con delicadeza junto a él. Se trataba del señor Potter. "Pues claro, ha venido a suplicar que cambien de casa a su hijo".
-Harry, pasa. Esperaba que vinieses -dijo la profesora McGonagall haciendo un esfuerzo por volver a levantarse. El señor Potter se fijó en Jake y le saludó con una sonrisa.
-No querría molestar, puedo volver luego- dijo más como cortesía que otra cosa.
-El joven Green ya se iba -anunció McGonagall y Jake aprovechó para salir del despacho aceleradamente.
…
Cuando Jake se levantó a la mañana siguiente, le dio la sensación de que sus compañeros de habitación llevaban varias horas despiertos. Todos se habían duchado y vestido y estaban a punto de salir a desayunar. Scorpius seguía haciendo los deberes sentado en su cama.
-Menudos frikis, ¿qué horas es? -todos se giraron hacia él. Albus estaba algo aliviado de que su amigo se hubiese levantado.
-Las ocho. Ve a ducharte, que si no no te va a dar tiempo -respondió Albus.
-Paso. Voy a jugar a alguna consola. -y empezó a rebuscar en una de sus maletas aquella que estaba buscando. Luego sacó el cargador y solo entonces cayó en la cuenta.
- ¿Dónde están los enchufes? -preguntó con pánico.
- ¿Eso es algún invento tuyo muggle? -preguntó Albus.
-Albus, ahora no me sirves. ¡Scooooorpius! ¿Dónde están los enchufes? -Scorpius le miró divertido.
-Jake, aquí no hay enchufes. No vas a poder cargarlo. -Parecía que el asunto le divertía mucho.
-¡Joder! ¡Me cago en ti, Scorpius! -Scorpius le puso una cara burlona y volvió a enfrascarse en el libro que estaba leyendo- Y en ti, y en ti -dijo dirigiéndose a Albus y a Ewan. -Pero sobre todo -dijo mirando fijamente a Darragh - sobre todo me cago en ti, pedazo de sangre limpia. -Darragh no le hizo el menor caso, en realidad, no había abierto la boca desde que se pegaron en el lago, pero Jake sabía por experiencia que algún día le tocaría la fibra sensible, solo había que ser paciente.
El aula de Pociones se encontraba en las mismas mazmorras, aunque un piso más abajo que la sala común de Slytherin, por lo que el olor a humedad era aún más intenso. El profesor era un anciano gordo y amable que les invitó a todos a entrar a su aula como si se tratase del salón de su casa. Cuando vio a Albus el rostro se le iluminó.
-Querido, tú debes de ser Albus Potter, ¿verdad? Pues claro que sí. Conocí a tu padre cuando era un poco mayor que tú, y desde entonces he de decir, siempre hemos sido íntimos amigos. -Albus le miró confundido -Siéntate donde más te guste, siéntate. -Y Albus y Jake tomaron asiento enfrente de dos grandes calderos llenos de agua.
Luego posó sus ojos en Scorpius, que se había parado en la entrada tras comprobar que volvían a compartir clase con los Gryffindor.
-Oh y tú eres Scorpius Malfoy. Sin duda, también estás destinado a hacer grandes cosas. No fui amigo de tu padre, la verdad, apenas le recuerdo como alumno… pero esas cosas siempre pueden cambiar. Siéntate cerca, por aquí, sí. -Se giró al ver que entraban nuevos alumnos. -¡Robert McMillan! -dijo abrazándole- Dale recuerdos a tus padres de mi parte, y dile especialmente a tu madre que iré a vela a su próximo partido, así es, me han regalado entradas en el palco presidencial…
- ¿Qué le pasa a este tío?-le preguntó a Albus.
-Vive de las celebridades, a mi padre no le dejó en paz y ahora tampoco deja en paz ni a mis primos ni a mi hermano. Dijo fijándose en Rose, que se acercaba a hablar con ellos.
- ¿Tuviste noticias de tu padre, Albus? -le preguntó procurando no mirar a Jake.
-No, ¿por qué?
-Por nada -se fue corriendo a su sitio porque la clase acababa de empezar.
Horace Slughorn, pues así se llamaba el profesor de Pociones, que además era jefe de la casa de Slytherin, les dio la bienvenida y comenzó a dar algunas nociones principales sobre la asignatura. Se trataba principalmente de leer atentamente el libro y seguir a rajatabla las indicaciones, y Jake descubrió que se le daba especialmente bien. Bueno, una vez que se hubo familiarizado con los nombres de los ingredientes.
La poción a realizar ese día se llamaba Filtro del Verano y producía un mayor aguante al calor en quien la bebía. Claro que, si se realizaba mal, podía tener efectos desastrosos en la piel e incluso tener efectos tóxicos permanentes.
Slughorn pasaba a menudo entre las mesas y alababa las pociones de todos aquellos a los que había saludado al entrar, dando especialmente la enhorabuena a Scorpius, a quien le había quedado una poción tan intensamente roja que Slughorn aseguró, si te la tomases, no tendrías calor en todo un día. Curiosamente, aunque no se había fijado antes en Jake, también alabó bastante sorprendido la suya y le aconsejó cortar los cuernos de babosa veinte minutos antes de echarlos ya que así se adaptaban mejor a la temperatura ambiente. Luego dedicó algunos segundos a observarle descaradamente. Quien no dio ni una y acabó con el caldero prácticamente deshecho por un líquido verde al que le habían salido una especie de pelos en la superficie fue Ada Crabbe, quien curiosamente no parecía haberse dado cuenta de lo desastrosamente mal que lo estaba haciendo.
-Querida mía, ¡qué desastre es este! - exclamó Slughorn cuando lo vio- No se lo daría ni a mi peor enemigo… Haz el favor de lavar el caldero, para ti por hoy es suficiente.
Cuando hubieron acabado, todos se llevaron algunos puntos para sus respectivas casas y Jake decidió mientras guardaba el libro de pociones de primer curso que aquella era una asignatura muy fácil.
-Oh, querido, espera un momento -dijo Slughorn intentando alcanzar a Albus mientras salían de clase -voy a hacer una reunión de bienvenida este viernes para algunos alumnos…selectos, sería un placer que asistieses. Y venga usted también, señor Malfoy, venga usted también si le parece. -Luego se dirigió algo incómodo al resto de Slytherins de primero -Pasen buena tarde, muchachos. -Y cerró la puerta del aula.
