Mi espalda choca contra la pared. El golpe duele un poco pero no me importa. La boca de Marco besando la mía, mordiendo mis labios, me tiene más ocupado. Mis pantalones han caído a la altura de mis tobillos, y Marco me los quita con prisa.

—¡Cuidado. Recuerda, son de alquiler! —le advierto mientras arrojo mi pantalón al piso del diminuto cuarto. Aún conservo mi camisa blanca y mi saco esmoquin puesto. Marco está usando uno similar, y sus ojos se ven más azules que nunca.

—No te preocupes por eso ahora —me di antes de morder mis labios, su lengua roza la mía y yo estremezco. Su polla está dura, asomando fuera de su cremallera. Yo soy la que chupado hace unos minutos así que esta húmeda con mi saliva. Abrazo la cintura de Marco con una pierna y con la otra me mantengo de pie. El me penetra con un solo movimiento brutal. Un gemido de dolor y placer escapa de mi boca.

—Sshhh, nos van a oír —Marco sonríe, y embiste más duro. Me es muy difícil no gritar ante tanto placer. Así que muerdo su cuello y me aferro a sus hombros con todas mis fuerzas. Él empuja y empuja, hasta volverme loco. Mis sensores internos vibran rítmicamente ante cada estocada multiplicando nuestro placer.

El miembro de Marco entró y vendió mi máquina cada vez más rápido, golpeando lugares en mi interior que me hizo estremecer de lugar. Marco envuelve mi polla con su mano y comienza una masturbación a la vez que me folla. No puedo tolerarlo mucho tiempo. Me muerdo los labios con todas mis fuerzas para no gritar cuando me corro. Mi cuerpo aún está limitado por mi orgasmo y elevo mi otra pierna; Abrazo la cintura de Marco con dos piernas y él me sostiene en sus brazos mientras que yo folla bien duro contra la pared. Cada estocada es más brutal que la anterior, hasta que su semen caliente está llenando mi interior.

Cuando mis pies vuelvan a apoyarse en el piso, mis piernas aún están temblando. Mi aliento todavía está agitado cuando me pongo mis pantalones nuevamente. Luego de arreglarse el esmoquin, Marco me abraza y me besa.

—Debemos volver… se quedaron quietos preguntando estamos —susurra contra mis labios.

—No creo que noten nuestra ausencia —respondo. Aún así, abandonamos con discreción el cuartito vacío, y volvemos a la sala principal del registro civil. En efecto, son pocos los invitados que nos miran con los ojos sospechosos, la mayoría está concentrada en Izo y Thatch frente al juez.

Yo observo como el firmar el acta de matrimonio, después de otro, vestidos con sus labios blancos y con esa sonrisa en sus rostros. La misma sonrisa que tengo últimamente. Los veo dar el sí y en serio. Los destellos de cámaras fotográficas se multiplican, así como los aplausos.

Entre aplausos, Marco me susurra:

—No es mala idea ¿sabes?

—¿Acaso te me estas proponiendo? —lo miró atónito —¡Sólo hace tres meses que estamos saliendo…!

—No, pero… Podrías mudarte conmigo. —Marco me responde alzando una ceja.

Thatch e Izo se besan y cruzan el pasillo del registro civil entre aplausos. Cuando pasan por mi lado, yo tampoco como el rostro de mi amigo resplandece de felicidad. Incluso algunas lágrimas amenazan con asomar de sus ojos. Pensar que una vez, no hace mucho tiempo, yo envidié su felicidad. Ahora no tengo nada que envidiarle. La feliz pareja sube el auto rumbo al salón que es la recepción. Cuando Marco y yo subimos al taxi para seguirlos, yo solo tengo una palabra para él.

—Sí.

Marco no me dice nada. El taxista nos mira extrañado por el espejo retrovisor, supongo que las parejas no son hijo de su agrado. Poco me importa, nunca fue tan feliz de mi vida. Pero yo sé que Marco todavía tiene problemas con las demostraciones públicas. Sólo entrelaza sus dedos con los músculos fuertemente, y mi corazón se estremece una vez más.

FIN.