Capítulo 13.- Formas de vivir parte II: Resolución.

"Li Hien"

La primera vez que la vi pensé que era una simple niña consentida de la cual sería igual de fácil que un bebé para poder tomar parte de mi venganza contra su padre. Jamás llegue a imaginar que tendría la misma forma de su padre de engatusar a cuantas personas tuviera bajo su poder.

Lo hizo con mi mujer, ahora su hija lo hace con quien toda mi vida vi como mi progenitor.

Veo las fotografías de Ieran con Shaoran, Fanren y las gemelas.

Algo que pudo ser una buena familia… se transformó.

La ame con toda mi alma. Hasta que deje de hacerlo.

— ¡Qué está haciendo!

— ¡Suéltame te exijo que me sueltes!

— ¡No puede pasar ahí!

— ¡Déjame en paz maldita hija de perra!

Grita Sakura Kinomoto mientras entra de golpe a mi oficina. Empapada de la lluvia, empujando a Kaho con todas las fuerzas que le da. Un poco desaliñada la ha dejado pero no creo que eso le importe mucho, a ninguna de las dos.

Algo que tiene Kaho es que se trata de la persona a quien más confianza le tengo, cubriendo incluso uno que otro delito, siendo más que mi mano derecha. Visitando a Ieran para entregarle fotografías de las niñas. De Shaoran.

Siendo ese puente de un supuesto perdón que ninguno de los dos pedía.

Inmediatamente me levanto de la silla ejecutiva, levanto la mano en orden para calmar a ambas quienes me miran fijamente, una de ellas llorando, con los ojos rojos llenos de rabia y la otra con mirada simplemente asustada por la situación.

Sakura que tenía el cabello apelmazado por la lluvia, los ojos negros por el maquillaje corrido, vestida con un traje negro, seguro había firmado su fideicomiso testamentario como dictaba la ley Japonesa.

— ¡Quiero que usted me diga la verdad!

Grita señalándome con su dedo acusador.

Lo sabe.

Miro instantáneamente a Kaho y asiento levemente. Después de tantos años trabajando para mí comprendía todos y cada uno de mis gestos. Los de Fanren, los de Shaoran. Trabajando a un ritmo inigualable.

Tomo asiento nuevamente y Kaho mueve su cabeza afirmativamente en señal de lo comprendido.

—Siéntate— digo señalando aquella mullida silla vacía que mis hijos odian tanto.

—Quiero-que-me-diga-la-verdad.

Dice entre dientes no acercándose a la silla, azotando sus manos en el respaldo golpeando el suelo al mismo tiempo.

—Siéntate, dije— ordeno ahora señalando la silla pero ella se niega a sentarse, únicamente me mira tercamente, esperando una señal de mi parte para hablarle de las cosas de mi pasado y del de sus padres, incluso del de Shaoran.

Respiro profundamente y continúo con la vista fija.

Tal vez por eso le gusta tanto a Shaoran, tal vez por eso se enamoró tan rápido de ella. Debí haberlo planeado, qué hacer cuando esto pasara. Sabía que algo así sucedería.

— ¿Qué quieres saber?

—La verdad — pide dejando que caigan lágrimas de su rostro.

—Es cierto — digo sin más.

Sé cuál es la verdad que ella pide, lo que no podía pensar era que ella se hubiera enamorado de él.

Cierra sus ojos con fuerza, apretando con sus manos el respaldo de la silla, mordiendo su labio inferior tratando de acallar un grito, un llanto.

— ¿Él lo, él lo…?

—No— digo firme levantándome, caminando hasta la gran ventana, viendo como las gotas de lluvia golpean con fuerza el vidrio.

Gente que corre para protegerse.

Autos a punto de sufrir un accidente.

— ¿Hay algo que ver con mi dinero?

Pregunta esperanzada a que yo le diga que no, que su dinero nunca lo buscamos, que fue mera casualidad que se enamoraran tan repentinamente.

Pero las casualidades no existen, sólo lo inevitable.

—Mucho — me sincero —. Fuiste una carta para salvar la empresa: sí — digo sin titubear girándome rápidamente para mirarla fijamente, merecía la verdad, algo que yo jamás tuve.

Una mentira que me condenó, que me hundió y que me hizo perderme.

Cuando se actúa como se hace, siempre hay una razón, ya sea para bien o para mal.

—Pero se enamoró de ti — digo en señal de consuelo aunque seguramente eso ya no le va a llenar más.

Suspiro.

—Él y yo no podemos…

Respiro profundamente para mirarla fijamente, ver esos ojos verdes característicos de su madre. Profundos, sinceros.

Algo que no pudo heredar de Fujitaka.

—Pero lo son — digo simplemente como quien te arroja un balde de agua helada en estado frio.

Suspiro.

—No es tan enfermo si lo vemos del lado en que jamás se vieron como tal — digo tomando uno de los puros que conservo de hace años —, pero sigue estando mal.

—Ustedes actuaron mal primero, yo no hubiera sufrido de esta manera de no ser por ustedes.

—Y él no estaría sufriendo de no ser porque yo se lo ordene, y yo no hubiera sido herido de no ser por tu padre… ¿ves?— digo en el instante en que voy moviendo mi mano a manera de explicarle de manera más simple —. Esto es una cadena de desgracias, tú lastimaste, él a ti…

— ¿Ieran está viva entonces?

—Esa parte no te incumbe — digo tajante exhalando el humo del puro cubano que tengo en mis manos.

—No van a tener nada de mí — me advierte devolviéndome esa mirada fría, característica de su familia.

Rio sólo de verla.

Ya me lo suponía. El plan tenía su pro y su contra, más contras que pros pero era una carta digna de jugar. Y como todo juego, las reglas cambian.

Shaoran como todo hombre estúpido y enamorado se ha dejado consentir por la primera que lo hace disfrutar en la cama.

Una niña de diecisiete años.

De nada le sirvió la experiencia en años que le lleva. Lo hace actuar como un colegial, me avergüenza un poco ese hecho.

—No lo espero mi niña — le digo en tono burlón —. Vete lejos de nosotros, de tu familia, busca algo mejor para ti. No tienes nada aquí.

Ella me mira con los ojos abiertos, dejándome ver esos verde esmeralda que posee. Que idiotizan a mi hijo.

—Yo lo quiero — me dice entre su llanto.

Suspiro.

—Va a ser así siempre — le advierto, claro que lo sabía, Shaoran se parece a su madre, una forma de atrapar a las personas como un animal a su presa.

No olvidas tan fácilmente eso que te hacen sentir. Son fuertes y débiles al mismo tiempo.

—Lastímalo — ordeno tomando la misma pose que me caracteriza —. Hiérelo, sólo vas a poder hacerlo tú, nadie más.

— ¿Y la empresa?

Suspiro recargándome aún más en el respaldo. Siempre tengo formas de salir de los apuros.

No le va a quedar de otra a Ieran más que hacer acto de presencia para recuperar la herencia de sus hijos, perdiéndose el fideicomiso por mentirle al gobierno, incluso quedar más quebrados que antes. O seguir haciendo esa mentira, la que no ha sustentado hasta ahora.

Mentira de la que mi hermana menor también ha sido víctima.

Por mí, sí, pero victima al fin.

Así somos en este mundo, el dinero mata, hechiza, transforma.

Y aun así somos criaturas del bajo mundo, no nos podemos dar el lujo de amar, por emociones así es que pasan situaciones como está.

—Algo que ya no te incumbe niña. Toma tu parte si es lo que quieres pelear, la verdad no me interesa.

Ella agacha la mirada, dudo mucho que lo haga.

Mucho menos por amor.

— ¿De qué forma tengo que lastimarlo?

Pregunta agachando aún más la mirada, la cabeza a causa de la impotencia.

Me yergo aún más.

—Ingéniatelas — digo mirando en dirección a la puerta —, ahí viene.

Y entonces como era lógico, la mirada de él se encuentra con la de ella, viéndola llorar, destrozada, viéndome como el malo como debe ser.

Pálido más que nunca.

Ahora él también será lastimado igual que yo.

"Shaoran"

Entro a la oficina de mi padre para ver a nada más y nada menos que Sakura, vuelta todo un llanto y mi padre ahí sentado, tan frio como siempre.

Le había dicho la verdad, el asunto del fideicomiso, del plan para poder poseer todas sus acciones una vez que se liberaran. De que yo no iba hacer nada más que conquistarla para casarme con ella, embarazarla y obligarla a que su parte me perteneciera para salvar la compañía de mi familia.

— ¿Qué paso?

Pregunto estúpidamente a lo que Sakura niega rápidamente secándose las lágrimas con el dorso de su mano.

Mi padre sólo la mira.

— ¿Qué le dijiste?— demando —, ¿Qué te dijo?

Pregunto a ella acercándome lo más que puedo, sosteniendo sus manos pero ella inmediatamente me separa lo más que puede.

—Sakura — imploro mirándola y luego a mi padre quien no parece nada extrañado por la situación —, Sakura por favor, dime qué es lo que te pasa por favor.

Ella niega suspirando y luego respirando profundamente. Sacudiendo su cabeza rápidamente tratando de tal vez acomodar sus ideas.

Levanta la cabeza y me mira fijamente, haciéndome sentir pesado, helado, desamparado incluso.

Sintiendo el escalofrío en mi espalda como cuando sabes que vas a recibir las peores noticias.

Entonces ella me mira nuevamente sosteniendo mi rostro con sus manos frías y húmedas.

—Shaoran… yo te ame más que nada… te lo juro… pero las cosas se han complicado.

— ¿¡Qué!?— inquiero tomando sus manos de mi rostro para alejarme de ella.

—No, Shaoran, por favor déjame ir…

— ¡No!

Grito poniéndome en la entrada, sin importarme hacer una escena frente a mi padre.

— ¡Por favor déjame ir antes de que sea demasiado tarde!

— ¡Tarde para qué, qué te dijo mi padre!

— ¡Nada él no me ha dicho nada!

Grita alejándose, dando media vuelta secando otra vez sus ojos.

—Shaoran, déjala que se vaya— dice ahora mi padre…

— ¡No te metas en mi vida!

Grito señalándolo acusadoramente. Mirando otra vez a Sakura para exigirle una explicación.

—Cállate — me dice en una orden obligándome a mirarlo como cuando niño, como lo ha hecho toda mi vida —, tú no puedes seguir con esta niña.

— ¡Dije que no te metieras!

Frunzo el ceño al verlo y luego al ver a Sakura que le dirige la mirada cómplice.

—No, señor, no es necesario, él y yo hemos terminado, no hay nada más que decir.

—Sakura, por favor, por favor no le hagas caso…

— ¡Entiende que no quiero nada contigo, no te quiero volver a ver, eres demasiado grande para mí, no te quiero volver a ver!

—Sakura, Sakura por favor, no sabes lo que estás diciendo…

—Sé perfectamente lo que digo Li — me dice fríamente alejándome para dirigirse a la puerta impidiéndome casi con un campo de fuerza el acercarme lo suficiente para impedirle que me abandone.

— ¡¿Qué le dijiste, tú le dijiste algo?!

Grito golpeando el escritorio, tirando papeles, lapiceros… todo a mi paso, viendo únicamente su espalda.

— ¡No lo puedes entender, eres mayor para mí… me causa asco!— grita abriendo la puerta.

Saliendo tan rápido como la encontré, caminando igual de fuerte como cuando la vi entrar en la oficina por primera vez.

No… no… no Sakura por favor… no me dejes, por favor… todos me abandonan tu no por favor…

— ¡Sakura, Sakura, Sakura!

Grito mientras salgo corriendo de la oficina golpeándome incluso con algunos muebles, acercándome hasta el elevador donde Sakura se encuentra de pie esperando a que se abran las puertas.

Tomándola con fuerza de los hombros, obligándola a mirarme. Pero ella simplemente se niega.

—Shaoran, tu sabes más de esas cosas que yo… por favor, déjame en paz.

Me dice ahora mirándome.

—Ningún tipo de experiencia que he tenido me ha servido de nada… deja de mentir por favor, dime la verdad. Grítame, humíllame pero por favor… entiende que te…

—La edad que tienes y la edad que tengo yo…

— ¡Jamás ha sido una barrera, ni cuando estamos juntos ni cuando te hago el amor… cuando te vi me enamore y lo sabes!

Ella niega cerrando sus ojos apretándolos, llorando más y más. Dejando caer mis lágrimas de igual manera.

—No sé lo que te haya hecho pero si hice algo mal te pido perdón, de rodillas si así lo quieres…

—No, no… por favor no hagas eso — me dice impidiendo que me ponga de rodillas, casi haciéndolo conmigo también, sin importarle que Kaho nos vea. Sin importarme que a mí me vea de esa manera.

—Entonces dime ¿por qué?, es por lo de la quiebra, sí, eras una carta para poder salvar la empresa pero…

Ella niega otra vez poniendo su mano en mis labios.

—No es por eso — dice mirándome fijamente, poniéndose de rodillas al igual que yo.

—Entonces dime por favor qué piensas, qué sientes.

—No lo sé — dice ella tomando mi rostro nuevamente con sus manos aún más frías que momentos atrás —, no puedo, simplemente no puedo… ya nada está bien… mira quiero que entiendas que ya no te amo.

—No me digas eso por favor… no sabes lo que dices.

—Es verdad, no siento nada cuando estoy contigo…

—Sakura… me estas lastimando.

—Mira, quiero que lo que vivimos se quede como el mejor recuerdo, sólo eso.

—Y… y si nada más te veo de vez en cuando… si quieres, ya no te molesto, no te mando mensajes…

Y entonces el click…

El estúpido click de la puerta del elevador que abre de par en par indicándonos que es el momento que alguien aborde.

Entonces la veo levantase, dejar de sentir sus manos en mi rostro, ver como las ultimas lágrimas caen de esos ojos verdes.

—Por favor, bórrame de tu corazón y de tus pensamientos.*

Dice ahora depositando un beso en mi frente, sintiendo sus lágrimas en mi rostro.

—Sakura por favor, tu eres todo para mí…

—Ya no me interesa eso… — dice ahora entrando al elevador, mirando los malditos números para oprimir y bajar, bajar y no regresar.

Verla una última vez. Un nuevo campo de fuerza protegiéndola para impedir que yo pasara e impidiera que se fuera.

— ¡No!— grito levantándome tan rápido como puedo pero apenas veo las puertas cerrarse y por mucho que trato de impedirlo, las puertas se cierran —, ¡Sakura!

"Eriol Hiiragizawa"

¿Es esto la vida real?, ¿es esto simplemente una fantasía?

Atrapado en un derrumbamiento, no hay escape de la realidad.

Abre tus ojos, mira al cielo y observa: Sólo soy un pobre chico que necesita compasión, porque soy un va y viene, un poco arriba, un poco abajo. Siempre que el viento sople, realmente no tiene importancia para mí, para mí.

Como buen inglés, bebiendo un vaso de cerveza y escuchando a Queen, siento que la verdadera rapsodia bohemia ha tocado mi corazón más que nunca en la vida.

En muy raras, casi contadas ocasiones Li Hien me ha llamado para pedirme alguna supuesta ayuda, que más bien si somos totalmente honestos no es una ayuda, nunca le han gustado los berrinches, los lloriqueos y mucho menos las demostraciones de algún drama o afecto amoroso.

La primera vez fue cuando encontró a Shaoran llorando escondido debajo de su cama a los quince años abrazando el pijama de su madre.

"Llévate el drama a Europa, no lo necesito aquí"

Había dicho dándonos un permiso extra ordinario para irnos a París.

La segunda llamada fue el día que le encontró coca en uno de los sacos del colegio.

"Nada de porquerías dentro de la oficina, llévate tu vicio a otro lado y quédate con él, si lo que quieren es morirse que sea juntos y no cerca de mí".

Y esta vez… con un tono menos lastimero ni pretencioso, con un tono lejos de dolor me supo más a recuerdos del pasado más tristes que felices.

"Llévatelo, por favor".

Fue todo lo que me dijo en cuanto iba cruzando para entrar a la compañía Hiiragizawa, arreglando los pendientes de un hotel nuevo que tendríamos en Kioto, hotel que se pospone cada vez más veces por esto de los Li junto a los Kinomoto.

Y como es normal ya en mí, dejo todo para estar con él. Mi amigo y mi enemigo al mismo tiempo pero siempre le tendré ley, nadie comparte a su madre como él lo hizo conmigo.

Y entonces la canción cambia a Too much love will kill you haciendo que su llanto sea aún más sonoro que antes.

Apenas entre a su oficina cuando lo primero que veo es a Shaoran tirando todos y cada uno de los documentos al suelo, por la ventana, en el baño… en el cesto de la basura, la corbata desanudada, la camisa desfajada, varios botones perdidos y su cabello hecho un desastre a causa de haber pasado sus manos en varias ocasiones, los ojos rojos de llanto, de rabia… lastimado incluso.

Fanren esperando afuera junto a Kaho. Hien en su oficina totalmente encerrado.

Nada de dramas, como a él le gusta.

Veo a Fanren asustada, sosteniéndose con las manos de Kaho, ambas llorando o a punto de dé, no lo recuerdo bien, todo fue en ipso facto.

Entonces lo supe.

— ¿De qué se enteró?

Pregunte más bien a Kaho y no a Fanren pero en efecto, como es de esperarse, su hermana es quien responde.

No iba a cagarla diciendo otras cosas como lo de su madre, por ejemplo. Bastante tiempo me calle como para que lo suelte así nada más.

—Sakura…

Dice Fanren y se le corta la voz.

Asiento.

—Entiendo — digo sin más comprendiendo la situación por completo. Su fideicomiso había sido liberado.

Tomoyo me dio todos los detalles, incluso los detalles de la carta pero de saber el contenido de la carta Fanren estaría igual.

También fue una sorpresa para mí. Necesitábamos la carta para saber la verdad, fue destinada a Sakura todo este tiempo.

— ¿Está bebiendo?

Pregunto antes de pasar, cerrar la puerta y bajarlo con la ayuda de Kurogane, quien como buen hombre trabajador sacado de un barrio bajo de drogadicción, permanece inerte hasta que se le requiera.

—Siempre ha tenido botellas en la oficina — me vuelve a responder Fanren.

Asentí mirando ahora a Kurogane para darle la pauta a entrar primero. Cerrar la puerta para que ellas no fueran testigos de lo que estaría a punto de pasar. Si algo no puede soportar Fanren es que se toque o se lastime a Shaoran.

No lo demuestra con él pero lo he visto en muchas ocasiones.

Asiento volviendo a mirar a Fanren. Recuerdo el tiempo que estuvimos enamorados. Educada por Shaoran al final de cuenta, dejándole mucho de él, sentimientos incluso.

Buena persona.

Entonces entramos Kurogane y yo para poder calmar a la bestia sin veneno ni dardos para dormir. Calmando a la bestia hostil y ágilmente, golpeándolo para noquearlo y cargarlo, oprimiendo los botones del elevador gerencial y llevarlo a mi limo.

Entonces henos aquí.

Un par de horas después, escuchando a Queen de mi parte, fumando cigarro tras cigarro, cerveza tras cerveza sin sentir su efecto tan rápido. Viéndolo a él llorando, hecho polvo realmente, casi en una posición fetal, teniendo una botella de vodka en la mano, dando trago tras trago, pasando una mano por su cabello, húmedo por el sudor de tanto llorar, de tanto agitarse, de oponerse al secuestro de Kurogane y mío.

Suspiro al verlo, no sé si hablarle. Es la primera vez que lo veo así. Es la primera vez que lo veo herido. Es la primera vez que no sé qué decir.

Más que un amigo para mí ha sido mi hermano. Y como dicta nuestro linaje, hay traición de por medio.

Lo veo callarse y levantar la cabeza. Mirando ahora la ventana, viendo que ya casi oscurece.

Dar otro trago al vodka.

Se levanta torpemente, arrojando la botella a mi consola sin fijarse, poniéndose el saco distraídamente, mirándome con los ojos completamente idos, una mirada perdida que he visto cuando era más joven no ahora.

Me levanto para estar a su igual, viendo que ha decidido ir a buscarla.

¿Y quién soy yo para impedirlo?

—Lléva… llévame con ella…

Dice difícilmente tambaleándose un poco.

Niego apretando los labios.

—Se va a ir — digo la verdad mirando nuevamente a la ventana, el cielo más gris, la lluvia regresando cada vez más fuerte.

Cierra sus ojos con fuerza mostrándome incluso un poco los dientes.

Dejando que las lágrimas caigan de su rostro. Jamás lo había visto así.

Nunca.

Me duele sí, pero también es parte del espectáculo, una preparación, un primer acto para lo que vendría. No podía flaquear y sentir lastima por él ahora.

Por mucho que lo sintiera por supuesto.

Lágrimas y lluvia, era todo lo que veía en él. Encontrando consuelo en el dolor como cuando niño, quien mejor que yo para entenderlo y aun así no me atrevería a juzgarlo.

Así era la vida de los dos: cuando tratábamos de arreglar algo nada tenía éxito, cuando teníamos todo lo que queríamos pero no lo que necesitábamos.

— ¿Dónde?

Consigue decir después de mucho, mirándome con esos ojos perdidos.

—No lo sé — miento sacando las llaves de mi auto —, pero puede que llegues a despedirte de ella.

Él camina a mi lado saliendo de la habitación, de mi suite porque eso era lo que yo tenía, nunca aspire a un hogar como tal.

Sintiendo la lluvia en mi rostro. Sintiendo la noche. Sintiendo lo cobarde que puedo ser de no luchar, de no aprender a conseguir lo que quiero desde hace mucho.

— ¡Sakura, Sakura, Sakura!

Grita Shaoran como loco en cuanto entramos a la mansión Kinomoto, burlando o más bien pagando a los guardias una buena suma de dinero para que nos dejasen pasar.

Viendo que habitaban todavía.

Viendo que las luces seguían encendidas.

Que perfectamente él sabía dónde estaba su recamara.

Y como todo buen final feliz era una tragedia la que llegaba.

— ¡No entiendes que todo lo que he hecho lo he hecho por ti!

Grita más fuerte en cuanto vemos la silueta de Sakura asomarse por la venta, detrás de ella Tomoyo, su madre… mi hermanastra Nakuru.

— ¡Que no me importa la edad que tengas… ni la mía… que te quiero conmigo… que no me importa quedarme pobre si eso es lo que tú quieres!

Y entonces sin importarnos, a que su madre, a que todos nos vieran veo como los guardias se acercan a nosotros dispuestos a calmar la situación como digno de su trabajo.

Viendo a Shaoran quedarse de rodillas.

Viendo a Tomoyo acercarse a nosotros completamente empapada, al lado de Li Meiling, lo que no me esperaba y algo que me duele también.

Porque sabía de antemano el por qué se había acostado con Fujitaka, con Touya… por qué lastimaba a Sakura cuando en realidad era otra cosa lo que sentía.

Meiling corriendo hasta Shaoran para poder levantarlo sin conseguirlo del todo.

—Se va — me dice Tomoyo suspirando —, es mejor que sepa la verdad.

La miro fríamente y luego lo miro a él.

¿Es que no se daba cuenta la manera en la que lo estaba trayendo a ella?

¿Qué todo lo bueno, lo malo y lo especial que tenía era por ella?

—Qué más da ¿no?— suelto cruzando mis brazos —, si ya está a punto de morir es mejor matarlo rápido a que luche por ello.

Tomoyo rueda los ojos. Sabe a lo que me refiero. Era algo que sabíamos que tarde o temprano pasaría, algo que la misma Ieran nos había dicho que tenía planeado, ya fuera para bien de él o no. Pero con el destino no se juega.

—Así las cosas deben ser — me dice cristalizándose sus ojos.

No sé por qué hacia esas cosas si también le dolían.

Ho sí, qué estúpido. Por linaje.

— ¿Te embarazó verdad?

Demando sintiendo que me partían el corazón, que me hacían añicos. Sintiendo como me mataban lentamente con una daga paciente, con una daga que se toma su tiempo para herir profundamente.

Pero yo lo sabía con Tomoyo. Sabía que no me lastimaría, sabía que ella me mataría. Encerrándome como un ave en una jaula viendo el exterior, anhelándolo pero no pasando ni siquiera a sus manos. Bajando mis defensas, haciéndome un hombre frágil y decidido a eso. Dejándome sin respiración, cambiando mi rumbo al de ella. Sintiéndome un cruel títere y gustoso por ello conociendo el final siempre.

Soltando ahora mi mano para que vuelva a mi libertad, dándome el derecho de salvarme, de salvarlo si lo quería hacer.

Sintiéndome morir otra vez.

—Era algo que tenía que pasar — dice sin más, tomando aire, tomando su mismo porte de siempre —. Sakura sabe toda la verdad, no la mía por supuesto… pero lo sabe, no quiere a Shaoran aquí.

Suspira, se limpia sus lágrimas y sacude un poco su cabeza a fin de quitarse los sentimientos como si así se pudiera hacer.

—Fujitaka se ha ido a ver a Ieran, tampoco quiere ver a Shaoran, mucho menos después de que Nadeshiko se enterara de que ella era su amante. Yo lo voy a liberar, no debes dejar tu nombre como socio.

Cierto. Jamás invertí mi dinero, ni mi fideicomiso para eso. Siempre estuve bajo el nombre de Daidouji. Sonomi había prometido a Ieran que su hija se casaría con el primogénito de ella. La salvaría de la ruina y la de sus hijos.

No creí enamorarme de una niña pero como Shaoran, caí cual colegial.

Ahora como él, mi corazón también está destrozado.

— ¿Y que hace Meiling aquí?

Demando mirando como Meiling se pone de rodillas para ayudar a Shaoran a levantarse pero él simplemente se niega, sigue llorando y balbucea un par de cosas.

La habitación de Sakura se apaga y no veo otra vez a mi hermana.

Lo suponía.

De todos aquí, ella consiguió lo que ninguno: enamorarse y mantenerlo.

Me alegro pero le tengo envidia.

—Tú sabes que hace Meiling aquí — dice como si fuera lo más obvio pero apenas volteo un poco la cabeza haciendo un gesto burlón.

—Van a terminar en un psiquiátrico junto a Ieran, con el cabello rubio, cambiándose el nombre y nada más una canción para recordar.

Digo como último girándome lo suficiente como para con la misma fuerza con la que me di la vuelta tomo a Shaoran para levantarlo del brazo y hacer que Kurogane nuevamente interviniera.

Viendo a lo lejos mi auto, viendo a lo lejos a Meiling correr hasta nosotros.

Viendo a lo lejos a quien pude considerar, el amor de mi vida.

Pero qué podía hacer, ¿Arrebatarle a Shaoran algo que él no quería?, ¿hacer que sientan todos el dolor que cual daño colateral han causado en mí?

Por lo menos las mentiras se habían terminado. No me daba un consuelo a decir verdad. Había dejado de reconocer familia, había amado como a ninguna, ahora no concibo sin ella la vida.

"Sakura"

La noche que creí que todos mis sueños se podrían realizar, como una buena novela dramática, al final fue una tragedia de mi propia mano.

Pude haber triunfado, cortar todos y cada uno de mis amarres. Sólo me estaba reinventando, de manera cruel pero lo estaba haciendo y entonces, de la peor de las maneras, como a nadie le gustaría que le pasara en la vida… estaba siendo liberada.

Todos y cada uno de los secretos desgarradores que habitaban en mí ser comenzaban a florecer, pequeños botones de cerezo que cuando llega la primavera… todo parecía cambiar.

Un Midori no hi.

Y sentía que sacaba un suspiro tan compensador que sentí no haber tenido nunca en mi vida.

Decir que las cosas iban a mejorar como los buenos cuentos sería una mentira y entonces como cualquier acto cruel del destino, lo inevitable estaba a punto de suceder, porque sin ello, no habría historia.

Podrías poner tu mano en mi pecho y no sentir nada, mi corazón estaba roto.

Mi padre seguía igual, la misma cruel persona que yo pensaba no existía. Mi madre ahora era más callada que antes, tal vez más libre de cierta manera. No sufría por el engaño con su sobrina sino quien había sido su mejor amiga años atrás.

Tomoyo era la misma persona, más fría por supuesto, destinada a vivir fuera de casa por órdenes de mi padre por supuesto.

Jamás sabré sus motivos o como esto que ha sucedido, las cosas flotan poco a poco sin buscarlas. Sé que debe haber algo para que se acostara con mi padre, con mi hermano… podría apostar que incluso lo hizo con Shaoran pero no es algo que me quiera enterar.

Mi hermano se iría lejos.

Y yo había recibido en cuanto llegue a casa, la invitación para una audición en el conservatorio de Tokio. Una semana para la audición pero al final lo estaba consiguiendo, por lo menos de todas las cosas una de esas resultó ser… la otra, vino de imprevisto.

Sintiendo que los días iban más y más lentos desde el día en que él llegó a mi casa en la noche para gritarme que me amaba.

Por supuesto que lo sabía pero era algo que no debía ser. Por eso Ilinea… Ieran me había mandado aquella carta diciéndome que cuidara lo que ambas amábamos, cómo supo lo mío con Shaoran no es algo que me importe en realidad, comenzaba a entender tantas cosas, el por qué ella cantaba esa tierna canción de un cerezo en chino, esos ojos idénticos a los de Shaoran, el por qué se había puesto ese ridículo nombre, claro si ahí nos llamaban por un nombre otorgado y no por el propio.

Ilinea… Li Ieran. Su cabello rubio cambiado cuando debía ser negro. El por qué la visitaba tanto una mujer para entregarle cartas y fotografías extrañas.

El por qué lloraba con la misma canción de On melancholy hill conmigo, si a su hijo mayor le gustaba también.

El por qué mi madre lloraba con la ñoña canción de Everytime, hablando de un amor alejado…

Mi hermano encubriendo a mi padre y a mi madre al mismo tiempo, sabiendo de antemano que mi dinero estaba de por medio, por eso era su coraje conmigo, mi padre quien inútilmente decidió que todo debía quedarse bajo mi nombre porque no le daría nada a Li.

Porque sabrían que estaría tan lastimada que lo único que haría sería huir.

Porque quedarme dolía, porque mi corazón estaba partido, porque estaba tan sola como en un principio. Porque entonces no tenía ni amigas, porque todo estaba escrito desde antes de nacer. Porque el recuerdo nítido que tengo de él se va desvaneciendo.

Porque entonces recordaba que el hombre con el que había perdido mi virginidad había sido Eriol Hiiragizawa… porque todo había sido una trampa de mi padre, de mi bisabuelo, de mi hermano, de Eriol, de su padre, de sus dos esposas y Shaoran y yo éramos unos hermanos alejados destinados a estar juntos y ser separados por acto cruel de toda una mafia concentrada en humillar, en herir, en lastimar.

Porque entonces la tía de Shaoran tenía un papel más importante con mi dinero que con el de su sobrino. Porque de no tener su firma entonces lo mío sería de ellos.

Porque entonces ella me había liberado. Sin conocerla.

Y simplemente me dedique a escribir. Tomando lo que sentía, lo que él me había dicho la vez que habíamos hecho el amor en mí recamara.

Porque de él sólo sus palabras podre tener.

"Si quieres podríamos jugar un juego: finjamos que somos iguales pero vas a tener que mirar mucho más cerca de lo que lo haces, mucho más cerca"…

"Y estoy demasiado cansado para quedarme aquí más tiempo y de todas formas no me importa lo que piensas porque creo que estabas equivocada sobre mí… y si"…

"Sé que ya lo descifraste, dime todo lo que soy y quizás aprenda una o dos cosas, cientas acerca de ti, tal vez cerca de ti"…

Simplemente dejándome llevar.

"Shaoran"

Escuchaba a todos cuchichear mientras yo seguía en la habitación pero nadie dispuesto a entrar. Como cuando tenía quince años, me tenían miedo.

Tal vez ahora más que nunca porque estoy herido. Suspirando una y mil veces mirando el tocador donde aquella carta con caligrafía China me esperaba desde hacía ya semanas.

Dos hojas. Y entonces sentí que se me partía el corazón.

Era la letra de mi madre. No dispuesto a leerla para ser más honesto así que lo único que hice fue hacerla bolita con el puño tan fuerte que pude romperla pero no lo hice.

Ni siquiera me interesaba el motivo de la carta ni por qué la había encontrado en la casa de Masaki Amamiya. Porque ya nada de eso me importaba sino tenía a Sakura a mi lado. Porque entonces dejaba de importarme la quiebra, la vergüenza… todo.

Veo a Meiling entrar a la habitación, portando aquel diminuto vestido negro tal vez en símbolo de luto… tal vez.

Inhalo y exhalo el humo del cigarro que tengo en mi mano derecha pero ni siquiera puedo disfrutarlo, sólo fumo distraídamente, sentado, mirándome al espejo entre momentos sin quererlo.

Viendo que la persona que está ahí no puedo ser yo: pálido, ojeroso, con los ojos rojos de llanto. Este no es Li Shaoran, era alguien más.

Mi tía se agacha para tomar la carta en sus manos pero no parece tomarse nada fuera de lo ordinario, tal vez porque los secretos eran para ellos y no para mí.

"Quisiera como último decirte que no soy más que una mujer que ha sido destrozada, que de no poder volver a ver a mis hijos me volveré loca. Que aquí tienes la prueba más tangible de que Shaoran es hijo de Fujitaka"

Entonces se me abren los ojos como platos, arrojando el cigarro, empujando a Meiling a tirarla más allá de mí, levantándome con fuerza arrebatando esa maldita carta que ha sido escrita por mi madre, que parece escrita no a más de unos tres años, que dice que ha sido encerrada en un psiquiátrico.

Que fue encerrada con Sakura bajo un nombre distinto.

Que ella es mi hermana.

Que mi padre la había encerrado junto al viejo ese de Amamiya.

Que mi padre no era mi padre. Que mis hermanas no eran mis hermanas sino Sakura.

Que todo lo que conocía no era. Que por eso había tanta diferencia entre nosotros.

Que por eso mi Hien me trataba tan indiferente.

Que la mujer que más había amado en la vida que era mi madre no era más que una vulgar mentirosa y una cualquiera, una zorra mal nacida.

Porque leía y leía la carta más de mil veces hasta quedarme grabada, hasta tal vez poder encontrar algo que no era cierto pero todo estaba ahí.

Incluso la maldita prueba de ADN.

Entonces rompo esas malditas hojas arrojando todo nuevamente, las botellas vacías, los vasos, mi ropa, todo a mi paso.

Volviéndome más loco. Desesperado. Sintiendo como el escalofrío recorría mi columna vertebral. Porque todo en mi vida había sido sufrimiento, mentiras tras mentiras por veintitrés años.

Porque me había enamorado, porque había sufrido por ello. Porque algo que ya consideraba normal era aceptar y vivir con el dolor.

Porque había sufrido la muerte de mi madre y no había sido cierto.

Porque creí que tenía un padre y una madre y al final no tenía nada.

— ¡LARGUENSE TODOS, NO LOS QUIERO AQUÍ VAYANSE DE AQUÍ!

Apenas conseguí gritar eso para que todos salieran de mi departamento o por lo menos eso creía.

Vaciando el mini bar. Fumando cigarro tras cigarro. Inhalando aquella vieja cocaína para sentirme alivianado. Porque era un acto inmaduro pero justificable al menos para mí.

Porque creí haber hecho todo pero no había hecho nada y por el contrario lo perdí más rápido de lo que llego.

Entonces nuevamente ya estaba acostado en la cama. Viendo de reojo todo el desastre que ya había dejado en el suelo, en el espejo roto, en la pantalla del celular quebrada, en la carta que ya había sido destruida igual que yo.

Estiro mi mano para alcanzar la botella de sake que he logrado salvar de entre todo lo que ya había estado a manos mías momentos atrás y siendo destruidas, para darle un buen trago como costumbre, sintiendo como si de mi nariz saliera sangre pero no sucedía. Tal vez por la falta de práctica en meterme algo desde la nariz.

Pero volvería hacerlo.

Un juego de niños creyéndose adultos.

Escucho como la puerta se abre tranquilamente, oliendo ese perfume fuerte tan digno de él.

—Shaoran... tu hermana ha dado la orden de que no se te dé más alcohol.

Me dice Eriol entrando a mi habitación, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba en el departamento.

Apenas me levanto de la cama sin dejar de abrazar la almohada y gracias al espejo que está frente a mí puedo verme: más pálido, más delgado, más ojeroso. Entre partes por supuesto, quebrado y todo.

— ¿Tú qué quieres aquí?

Inquiero, demando... NO ES BIENVENIDO.

—Sé que estas molesto por todo lo que paso, y no estoy pidiendo tu perdón... los dos nos equivocamos.

—No me salgas con tus desplantes de Británico por favor...

Digo mientras me aprieto de la cabeza.

-— ¡Terminantemente qué quieres aquí, tú quién eres para decir lo que hago y dejo de hacer... en esta casa mando yo!

Grito tan fuerte que lo veo hacerse para atrás.

¿Tan loco me había vuelto ya?

—Te... traeré todas las botellas que quieras pero por favor escúchame.

Dice ahora tomando la posición que después de que "muriera" mi madre volvió a tomar.

Estúpido.

— ¡No quiero escuchar a nadie!

—Ella... ella está muy mal, las dos de hecho.

A mí de qué carajo me servía hablar de Daidouji, ya bastante daño me estaba haciendo, bastante daño le había causado yo a ella.

— ¡Es mi hermana qué no lo entiendes!

Grito colérico empujándolo y luego tomándolo del cuello de su camisa, empujándolo a la pared haciéndome sentir más enojado que nunca.

—Si... si me dejaras explicarte...

— ¡Y que tú no te das cuenta que estoy lastimado, que estoy herido, que mi orgullo me lo han quitado y que fue nada más y nada menos que mi propio padre...!

—Shaoran yo...

— ¡No digas nada! — grito colérico —, la mujer a la que amo, a la que le entregue todo... a la que le di mi vida... ¡es mi hermana!...

— ¿Quién te dijo eso?

— ¿Quién va a ser?- respondo con la misma pregunta estúpida que él me ha hecho —, mi propia madre, que no está muerta y que todos lo saben… que le escribió a Masaki Amamiya…

— ¿Entonces sabes que tu madre está con vida?

Asiento soltándolo de momento para darme la vuelta y volver a tomar aquella botella vacía que apenas si pudo sacar un par de gotas.

—Creí que después de todo lo que había pasado en la hacienda de Hong Kong tu padre no te escondería algo como esto.

Niego, ni siquiera puedo preguntarle cómo sabe lo de mi madre.

—Y... tu madre te lo confirmo ¿lo de Sakura?

Vuelvo a negar.

— ¿Sakura lo confirmó?

Asiento. No porque ella me lo haya dicho sino porque de ahí debe ser el por qué me ha dejado. No la culpo, yo hubiera hecho lo mismo.

—Estaba... tan extraña...

—Ya estaba enterado de este asunto.

Dice él suspirando.

—Salió a la luz en la firma del fideicomiso testamentario.

Asiento irónico, enojado y colérico, incluso hago la estupidez de reírme en cuanto recuerdo lo que ha pasado.

—Llevas aquí cinco días— dice pasando una mano por su cabello, ni cuenta me había dado del tiempo.

Que por supuesto estaba hecho un asco. Ebrio, incluso drogado.

—El plazo de la empresa…

—No es mi empresa — digo en un tono digno de un borracho, dejándome caer en el filo de la cama —, es del hijo de…

—Sigues siendo hijo de Ieran aunque no lo seas de Li… así que ven, la deuda fue pagada.

Rio.

Sí, claro. Tantos millones de yenes no los podría pagar cualquiera a menos que renuncie a lo suyo.

Sakura no lo dejaría para salvarme.

Y hace bien. Hace bien al irse.

— ¿Por quién?

Pregunto en tono burlón levantando la mirada para ver que él se ha alistado para ir al desfile de obreros y negreados por mi padre, por él mismo y lo que conlleva.

Un desfile de raros.

—Por mí— dice la voz detrás de Eriol, quien me muestra dócilmente su perfil derecho.

Siendo Tomoyo Daidouji quien se acerca lo suficiente.

Atrás Meiling y detrás de ellas.

Ocho años más tarde. Más arrugas por supuesto. Las suficientes, hermosa como siempre. Ahora con el cabello rubio. Vestida de blanco como si siguiera encerrada y aunque la quiero odiar y sé que puedo hacerlo por lo menos no ahora.

Dejándome helado. Con la boca abierta sin saber qué decir, con la mente despejada totalmente sin saber qué pensar.

Que la odiaba y la amaba al mismo tiempo.

Que de no ser por ella esto no estaría pasando y probablemente yo no me hubiera enamorado de quien fuera mi hermana, mi media hermana como vulgarmente se dice.

Estaba más delgada. Más demacrada y más pálida.

A su lado su hermana Yuuko quien nunca fue bienvenida por parte de Hien pero que generalmente nos daba buenos malos consejos a Fanren y a mí.

¿Mis hermanas ya lo sabrán?

Ni siquiera puedo articular palabra alguna.

La sigo mirando de arriba abajo, estirando mi mano y luego retrocediéndola porque puede ser un sueño, una pesadilla. Porque después de tantas mentiras podría no ser mi madre sino una mujer parecida tendiéndome una trampa a favor de algún bien material.

—Perdóname… por favor…

Me dice acercándose pero lo único que hago es levantarme tan rápido como ella se ha acercado que lo único que hago es retroceder unos cuatro pasos.

Ella sigue estirando su mano, esperanzada a que yo la tome pero lo único que siento es mi corazón palpitar a mil por hora.

Mucho dolor con un poco de placer.

Sigo estático, anonadado. Porque simplemente verla me duele.

No es real, no puede serlo.

Aunque todo tiene sentido. Las peleas. Las mentiras, obligada a decirlas.

Y puedo perdonarla, sé que lo haré pero no puedo ahora, porque ella ha sido participe de mi dolor.

Siendo la mirada de Eriol, de Meiling, de Yuuko y de Daidouji. Pero no me importan.

Relamo mis labios secos, seguro que los efectos del alcohol ya se han ido al igual que el viaje de la coca.

Siento sudar frio y temblar al mismo tiempo pero también sé que no es efecto de la droga.

Niego al mismo tiempo que llegan esos recuerdos y apenas doy dos pasos a ella para tomar su mano y llevarla a mi pecho.

— ¿Sientes esto?— pregunto mirándola a los ojos, ella llora pero no dice nada —, es mi corazón— le digo dejando que se me escapen las lágrimas, y entonces sólo estábamos ella y yo —. Esta roto.

—Yo lo cause.

Dice asintiendo.

—He sido lastimado… por ti— digo mirándola fijamente sin quitar su mano de mi pecho —, por tu amante, por quien dice ser mi padre y por una mujer que he amado y que no puede ser.

—Sabía que te amaría sin condición.

Dice ella cerrando los ojos quitando su mano de mi pecho para acariciar mi rostro, mi frente, mis mejillas con el dorso de su mano, tratando apenas de tocarme, tal vez teniendo miedo a que yo me alejara.

Puedo hacerlo pero su poco tacto me hace mantenerme.

Es hasta donde yo lo permita.

Como Sakura. Tal vez por eso lo hace.

—Ella también era mi cerezo.

Entonces siento como mi labio hace eso que los niños pequeños cuando quieren retener el llanto.

Pero al no poder aguantarlo más.

Me dejo vencer y siento sus manos cerrarse entorno a mi cabeza, llevándome a su pecho como cuando niño y hacia algún berrinche.

Sintiendo esa aura de tranquilidad por un momento.

Sé que la odiare después de esto pero la necesitaba. Necesitaba que me mintiera.

Porque sé que después de esto, las cosas serán diferentes, porque como acto cruel del destino debe ser así sino, no habría historia.

The melancholy drama Queen.

Hey vida y bellezas melancólicas digan HOLA

Ok no lo dirán jajajaja, esta vez he actualizado más rápido a lo que estoy acostumbrada y la razón es simple.

Hemos llegado al final de la primera temporada por así decirlo.

Por fin lo puedo decir, esta primera parte es drama más juvenil porque el siguiente será más maduro, más lleno de sexo, más mentiras, más verdades. Porque los secretos siguen, todavía no han dicho el plan de Touya ni las razones de Tomoyo.

Sakura ya ha recordado que fue Eriol quien le quito la virginidad pero ha sido tan seco que sí, hay más detalles de eso.

Ya ha llegado Ieran y viene para quedarse.

Nota: vieron otra vez esto (*) bueno, pues dice más o menos así: Bórrame de tu corazón y de tus pensamientos.

¿Alguien recuerda La carta sellada?, ¿La escena del príncipe y la princesa?... bueno… debo serle fiel a eso después de todo. Incluso tendremos recuerdos de la Sakura Card Captor. Del Shaoran Card Captor y de Meiling.

Estoy tan emocionada porque les diré que este es el capítulo que más sentimiento me ha dado, hay tantas emociones encontradas y tantas confusiones que creo fueron de la mejor manera en la que ha quedado.

Porque no todo está enlazada. Ya les había dicho que aquí nada es por que sí.

Pero vayamos por partes. Esta es la segunda… ¿Quieren la tercera?... será para dentro de un rato.

Los sigo invitando a El arte de ser tres. A que se den un paseo por el Youtube, yo no peleo likes ni nada de esas cosas, mi invitación es para que escuchen la música que es característica del fic. Cosas de las cuales me inspiro.

No hay tanto drama sino más bien algo de humor con romance pero obvio la melancolía que me caracteriza, por algo soy la reina del drama como me llaman en mi trabajo, en mi casa… mi marido… uf, si mi perro hablara.

Nos vemos en la siguiente chicas.