SEGUNDA PARTE


Aclaro que la historia no es mía, sola la adapto a los personajes de Crepúsculo.


3.

BELLA

El brunch parece el tipo de cosa que sólo los chicos ricos harían. Quiero decir, nunca nos fuimos de brunch en mi vieja escuela. De hecho, nadie hacia planes antes del mediodía. Y ahora aquí estamos, las diez de la mañana del sábado, y yo estoy de pie fuera en mi porche, esperando a que Emmett me recoja.

Llevo un par de vaqueros ajustados, un jersey de cuello volcado negro (comprado ayer por la noche en un caso de emergencia necesito-algo para-llevar-al- brunch-en-el-centro-comercial), y planas botas negras. Me duche esta mañana, pero no me lave el pelo, por lo que parece un poco despeinado.

No quería parecer como si me estuviera esforzando. Casi, casi pensé en aparecer en un par de mis pantalones de chándal rosa y una sudadera con capucha, pero después busqué el restaurante al que iríamos en internet — Cowboy Charlie's—y me di cuenta de que definitivamente no iba a funcionar. Cowboy Charlie's es un bar, pero es un poco de lujo, con manteles de tela y todo tipo de cosas que suenan a exóticas en el menú, como tortillas tostadas de queso de cabra y batidos de arándanos y agave.

Bienvenida a Santa Anna, pensé, cuando salgo a mi entrada para los coches, justo a tiempo.

—Te ves muy bien —él dice mientras subo en su furgoneta.

—Gracias —digo, —tú también.

Él estaba llevando un par de pantalones vaqueros y un jersey de color verde oscuro, y su pelo todavía está húmedo de la ducha.

—Así que Rose y Edward van a encontrarse con nosotros allí, —dice, mientras sale de mi camino de entrada. —Espero que eso esté bien.

—Por mí está bien, —digo, preguntándome si debería mencionar el hecho de que Edward me llamó ayer y así es como se hicieron estos planes. Pero entonces Emmett probablemente querrá saber por qué me llamó, y entonces voy a tener que inventarme algo, así que decido seguir adelante y hacerle creer que fue su idea. Estoy suponiendo que Edward debe haber llamado a Emmett anoche y mencionó el brunch, fingiendo que él y yo nunca hablamos de ello de antemano.

Me temo Emmett va a sacar el tema de nuestro beso de nuevo, y me asusté, pero en su lugar, charlamos sobre los deportes y la música hasta que nos detenemos enfrente del bar unos minutos más tarde. Emmett rodea la manzana un par de veces hasta estacionar su camioneta en un lugar vacío.

Cuando entramos en el restaurante, la camarera nos muestra una mesa en la parte trasera, el olor del pan tostado francés y tocino siguiéndonos mientras tomamos nuestros asientos.

Edward y Rosalie todavía no están allí, por lo que pedimos unos batidos (vainilla y arándano para mí, plátano y fresa para él), y una tortita de patata para compartir mientras esperamos. El bar es cálido y acogedor, con dianas recubriendo la pared, y una gramola digital en la esquina. Hay algunas personas alrededor, pero de hecho no está tan lleno para ser un sábado por la mañana.

Cinco minutos más tarde, Edward y Rosalie llegan alegremente.

—Lo siento tantooo —dice Rosalie —Edward llegó tarde y luego no pudimos encontrar sitio para aparcar —Se inclina y besa a Emmett en ambas mejillas, luego se inclina y hace lo mismo conmigo. Huele como a cerezas y una especie de perfume floral.

—Edward llegó tarde, sí —dice Edward —. Pero entonces Rose me hizo esperar en la entrada de su casa durante quince minutos mientras ella terminaba de prepararse —Frunce el ceño y se sienta en una silla enfrente de mí. No nos saluda a mi o a Emmett.

—Vaya —digo, en un esfuerzo para aligerar los ánimos —Alguien no es una persona madrugadora.

—Nop, —dice él. Entonces se acerca y toma un sorbo de mi batido, dejando de lado mi pajita y bebiendo directamente de la copa. Algo sobre el gesto es íntimo, como si fuéramos tan cercanos que pudiéramos compartir nuestras bebidas, y a la vez siento que mi cara se calienta, ya que pone la suya a mi lado. Como si él pudiera sentirlo, Emmett se acerca y agarra mi mano.

— ¿Qué están tomando? —pregunta Rosalie mientras mira el menú. Si le molesta el hecho de que Edward estaba compartiendo mi bebida, no lo demuestra.

—Creo que voy a probar la tortilla de queso de cabra, —le dije, pensando que si ella está haciendo un esfuerzo para ser agradable, yo también debería hacerlo.

—Las tortillas son increíbles aquí, —dice ella. Pero cuando la camarera se acerca a dejar nuestras tortitas de patata y tomar nuestro pedido, Rosalie se pone una pila de panqueques con trocitos de chocolate extra y un poco de tocino.

—Estoy hambrienta, —dice, trinchando un trozo de panqueque de patata y explotándolo en su boca.

— ¿Qué pasa, Edward, hijo mío? —pregunta Emmett, sonriéndole a través de la mesa. — ¿Estas colgando ahí dentro?

—Estoy bien, —dice Edward. —Sólo cansado.

Lo miro, cuestionando, preguntándome si está bien, si el estar cansado tiene algo que ver con cómo se derrumbó ayer.

—Sé lo que te despertará —dice Emmett. Señala con la cabeza hacia el tablero de dardos—. El perdedor compra el desayuno.

—Inténtalo. —Los chicos se levantan y se dirigen a los dardos, dejándome sola con Rosalie.

Tomo un nervioso sorbo de mi batido.

Ella se inclina cerca de mí.

—Me alegro de que se fueran — dice.

— ¿Lo estás?

—Sí. —Se inclina aún más cerca. — ¿Tu jersey es nuevo? — Dice.

Pienso en la mentir, pero entonces digo, —Sí.

Sonríe y después se agacha y tira de la etiqueta que está pegada a un lado, la pegatina con una gran M de la talla. La pega sobre la mesa.

— ¡Oh dios mío! —Digo. —Qué vergüenza. — Siento que mi cara se pone roja.

—No pasa nada —dice agitando la mano como si no fuera gran cosa y sirviéndose más tortitas de patata. —Nadie lo vio. La única razón por la que me di cuenta es porque estoy sentada a tu lado.

—Gracias, —digo preguntándome si Edward le dijo que debería ser más amable conmigo. Y si es así, ¿qué más le ha dicho? ¿Que no soy ninguna amenaza? ¿Que sólo me invitó a su casa ayer para ser educado?

—Entonces, ¿Qué pasa contigo y Emmett? —Pregunta, mirando como los chicos empiezan su partida de dardos. Emmett camina detrás de la línea blanca que está pintada en el suelo del bar, apunta y lanza su dardo al tablero. Los músculos de su hombro se flexionan debajo de su suéter.

—Um, no estoy segura—digo.

—Está muy bueno. —Me mira. —Estoy, como, enamorada de Edward, pero todavía puedo decir que Emmett está bueno, ¿no? Quiero decir, realmente no es una cuestión de opinión.

—Es cierto —digo. —Él está muy bueno.

Pienso en él besándome ayer, cómo sus labios se sentían en los míos. Tuerzo mi servilleta nerviosamente en mi regazo.

Como si estuviera leyendo mi mente, Rose dice:

— ¿Te ha besado?

—Yo no beso y lo cuento—digo tomando un sorbo de mi zumo de naranja e intentando parecer que estoy siendo tímida. Ella podría estar actuando bien, pero no estamos tan preparadas para comenzar a intercambiar historias de besos y actuar como si fuéramos APS (Amigas para siempre).

Entonces Rosalie se inclina hacia mí, sus profundos ojos azules mirando directamente a los míos. Entonces muy lentamente y con cuidado dice,

—Está bien, Isabella. Me lo puedes decir. ¿Se han besado Emmett y tú? ¿Qué sientes por él? —Su voz es suave y lenta y es algo que realmente me eriza la piel.

—No sé —digo encogiéndome de hombros y mirando a otro lado —, quiero decir, acabo de conocerlo.

Una mirada de sorpresa y casi de terror pasa por su cara. Pero eso no puede ser posible. ¿Por qué iba a tener miedo de mí? ¿Está nerviosa de que todavía me guste Edward? Estoy a punto de decir algo más, pero antes de que pueda, voces fuertes vienen de donde los chicos están jugando a los dardos.

—Lo sacaste y ni siquiera estaba en el centro de la diana, —dice Edward.

—Hombre, te estás aprovechando —dice Emmett, negando con la cabeza y entregándole los dardos—. Estaba dentro.

—Entonces, ¿por qué demonios lo has sacado tan rápido?

Emmett da un paso más cerca de él.

—No sabía que necesitaba a alguien para comprobar mis dardos.

—Bueno, no, a menos que te estás haciendo trampas.

— ¿Cuál es tu jodido problema? No estaba haciendo trampa. —Emmett da un paso más cerca de Edward, y sus voces se están poniendo cada vez más fuertes. Unas pocas personas en las mesas de nuestro alrededor se dan la vuelta para mirar, y Rosalie empuja su silla hacia atrás, como si estuviera a punto de ir allí. Pero antes de que pueda, Edward empuja a Emmett.

—Aléjate de mi cara.

—No estaba en tu cara —dice Emmett. —Y no me pongas tus manos encima.

Edward lo empuja de nuevo. Y antes de que sepa lo que está pasando, los dos están luchando. Un tipo en una de las mesas cercanas se pone de pie y los separa, y Rosalie y yo nos precipitamos.

— ¿Qué demonios, hombre? —pregunta Edward, enderezando su camisa mientras él y Emmett se separan.

Estoy sobre Emmett, mis manos sobre su pecho, tratando de calmarlo. Puedo sentir su corazón latir con fuerza a través de su camisa.

—Cálmate —Rosalie le dice a Edward. Está hablando en la misma voz que estaba usando conmigo sólo hace unos minutos. Y entonces, de repente, se vuelve hacia el hombre que los separó.

—Gracias —dice.

—No hay problema —dice. —Pero ustedes chicos pueden querer pensar en pagar la cuenta y salir de aquí antes de que ellos decidan echarlos.

Un dedo de helado de miedo corre arriba y abajo por mi espina dorsal.

Esa voz. La reconocería en cualquier parte. Me obligo a dar la vuelta.

—Hola Bella —dice.