Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fic "Aftershocks" escrito por aria710.


Capítulo 13

Revivir

El Planeta Vegeta solía ser un lugar hermoso. Había sido así incluso cuando los Tsufur lo gobernaban, y tal vez esa era la razón por la cual los Saiyajin habían luchado tan duro por conquistarlo. Aunque no era una belleza tradicional, con un cielo rojo sangre y desiertos duros, era un lugar misterioso. Había una atmósfera fuerte y obstinada allí, y eso hizo que los Saiyajin quisieran quedarse.

-Nuestra casa original había sido destruida –el Rey Vegeta revolvió los papeles en su escritorio, obviamente frustrado. Pero siguió mirando hacia abajo, sin mirar a su hijo frente a él-. Tuvimos que mudarnos aquí.

El joven príncipe gruñó.

-Eso no responde ninguna de mis preguntas.

-¿No tienes entrenamiento, Vegeta? –la frustración era evidente en su voz. El Rey Vegeta miró a los guardias a sus costados-. ¿Quieren llevar al Príncipe Vegeta de vuelta a los campos de entrenamiento? Él necesita…

-No, padre -el príncipe Vegeta se cruzó de brazos y se sentó en la silla frente al escritorio de su padre. Era raro encontrar a su padre aquí; el hombre odiaba el papeleo, algo tan increíblemente pasivo. Por lo general, le daba la bienvenida a las preguntas de Vegeta o a las solicitudes de batalla de nuevos guerreros o a cualquier distracción, pero algo lo estaba preocupando.

El rey tornó los ojos y se rascó la barba. Apoyándose en su lujosa silla, el Rey Vegeta apartó el papeleo con un largo barrido.

-¿Sabes por qué los Saiyajin tuvieron que mudarse, Vegeta? Porque el Súper Saiyajin original estaba fuera de control y arrasó con el planeta. Tu gran ancestro fue quien ayudó a los Saiyajin a emigrar al Planeta Vegeta, pero no permitiré que un incidente como ese vuelva a ocurrir. Necesitas entrenar.

Siempre fue un niño obstinado, y esta no sería la excepción. Le dio al guardia real, un Saiyajin de tercera clase, que se aproximaba una mirada amenazante y permaneció sentado.

-Estoy esperando mi respuesta, padre.

-Terco como siempre, Vegeta –el rey no pudo evitar sonreír-. Bien entonces. Como sabes, no éramos la única especie que ocupaba este planeta cuando llegamos.

-Los Tsufur –respondió el príncipe.

-Sí. Aunque patéticamente débiles, pensaron que podían mantenernos a raya. Nuestra naturaleza es ser agresivos, y nuestros antepasados no pudieron evitar que todos los Saiyajin exhibieran parte de su poder.

El Príncipe Vegeta parpadeó.

-Me hicieron creer que todos fuimos esclavizados.

-¿Esclavizados? Tal vez... sí, esa podría ser una buena palabra para describirlo. No todos nosotros, claro está. Solo los suficientemente estúpidos como para ser atrapados. Los Saiyajin que cruzaron los límites de nuestra tierra, generalmente para pelear o reclamar un terreno más fértil, fueron degradados. Pensaban que éramos idiotas, bufones violentos. Pero estaban interesados en nuestra constitución física. Esos bastardos científicos nos trataron como animales, en muchos aspectos.

-El orgullo de nuestro pueblo había sido herido demasiado tiempo. Como sabes, yo dirigí a las tropas que eventualmente los llevaron a su caída. Pero muchos de nuestros guerreros deseaban más acción. Pero para hacer eso, necesitábamos ayuda.

Vegeta se movió en su asiento.

-¿Es ahí cuando vino este tal Freezer?"

-Eventualmente, necesitábamos expandirnos, así que visitamos Acros y formamos una alianza temporal. A cambio de los rastreadores y otros medios tecnológicos, encontraríamos y aseguraríamos un planeta más adecuado para ellos.

-Parecemos piratas –Vegeta se movió de nuevo, su mente estaba dividida. Una parte de él se sintió incómodo con la idea, a pesar de que había sucedido no hace mucho tiempo. Se le había inculcado la idea de que los Saiyajin eran un pueblo orgulloso y eso era algo que nunca olvidaría. Pero la declaración de su padre casi desafiaba esa idea.

El Rey Vegeta ignoró el comentario.

-Los Acrosianos son miembros de la Organización Interplanetaria de Comercio, dirigida por Freezer. El Señor Freezer había oído hablar de la fuerza de nuestro pueblo y su habilidad para la conquista y me hizo una oferta para aliarse con nosotros. Pero yo no deseaba ni deseo que nuestra gente sea gobernada por un extranjero. Así que rechacé su oferta en ese momento.

-¿Qué te hizo cambiar de opinión? –aunque el Príncipe Vegeta ya tenía una idea de cuál era la razón. Los levantamientos estaban empeorando, la gente estaba intranquila. La guerra con los Tsufur había terminado hacía tiempo y también la alianza con los Acrosianos. Estaban inquietos, como suelen estar todos los Saiyajin, en tiempos de paz, y necesitaban un Saiyajin poderoso para guiarlos. Al parecer, habían considerado razones por las que su padre no era una figura de poder y liderazgo adecuada. Su hermano era una de ellas.

El Saiyajin más viejo confirmó sus pensamientos.

-El Señor Freezer es una figura respetada en el universo. Su nombre exige obediencia y lealtad, que es exactamente lo que nuestro pueblo necesita antes de que se vuelva autodestructivo. No perderé el imperio que construí debido a una caprichosa necesidad de rebeldía.

El príncipe Vegeta gruñó.

-Entregar el poder es de cobardes, padre.

La cara del viejo Saiyajin se oscureció, líneas de preocupación en su frente y ojos se marcaron por las oscuras sombras de la habitación. Tomó otro pedazo de papel, uno que lucía como algún tipo de contrato, y agarró un bolígrafo.

-A veces un enemigo común es lo que se necesita para unificar a un pueblo. Tengo fe en nuestra gente y en ti –su nombre se extendió en las líneas del sedoso papel-. Entrena, Vegeta.


Ya no podía mirar sus manos. No había excusa para la cantidad de violencia que acababa de mostrar. Goku estaba convencido de la bondad oculta en el interior de Vegeta, y ¿quién podría decir que Dodoria no tuviera algo de eso también? Ambos estaban al servicio de Freezer, ambos probablemente habían sufrido destinos similares.

-Él se habría vuelto contra ti –Raditz pareció leer sus pensamientos con exactitud. Su hermano mayor continuó-. Por un minuto allí, pensé que tendría que hacerlo yo.

-Es muy fácil para ti arrebatar vidas, ¿cierto? –Goku no se giró al acercarse a su hermano. La adrenalina del combate se había ido, y Goku ya no se sentía tan cercano a su herencia Saiyajin. Al menos, eso asumía él que era esto. Él siempre había amado pelear, pero a Krillin también le gustaba especialmente cuando se habían entrenado con el Maestro Roshi hace tantos años. Pero esto era algo diferente. Algo más primitivo, más brutal e impío.

Raditz se encogió de hombros.

-¿Todavía estás enojado conmigo por lo de Gohan?

-Tú secuestraste a mi hijo.

-Me llevé a mi sobrino para entrenarlo –Raditz apareció de repente frente a Goku, haciendo que Krillin retrocediera un poco ante la sorpresa. El Saiyajin de pelo largo esbozó una sonrisa, pero se relajó rápidamente, rascándose la cabeza incluso bajo la mirada poco amable que le lanzó Goku-. Pero no quiero pelear. Especialmente contigo… ¿desde cuándo te hiciste más fuerte que yo?

Goku ignoró la pregunta de su hermano.

-Krillin, deberíamos volver con los demás –con el ejército de Freezer en el planeta, necesitaba asegurarse de que todos estuvieran bien. Estaban jugando un juego arriesgado al permanecer separados, y a Goku no le gustaba dejar a su hijo o a sus amigos solos por mucho tiempo.

-Santo cielo –la cara de Krillin empalideció mientras sus ojos oscuros miraban hacia el horizonte-. Eso es… es increíble.

-¿Eh? –Goku giró en esa dirección e inmediatamente sintió el Ki. Su respiración se detuvo cuando detectó los Kis de Yamcha y Bulma-. ¿Están con Freezer? Krillin, tenemos que…

-Espera, hermano.

-No hay tiempo para esperar –Goku frunció el ceño, algo que no hacía a menudo. Aunque de igual manera, nunca había tenido mucha paciencia.

Raditz frunció el ceño, colocando sus manos en el hombro de Goku.

-Kakarotto, enfrentar a Freezer como estás ahora es una sentencia de muerte. No podrás salvarte a ti mismo, y mucho menos a tus amigos.

Sintió ese destello de furia acalorada otra vez, pero Goku forzó su poder a tranquilizarse. No sabía lo que estaba sucediendo, y necesitaba mantener sus emociones bajo control. Simplemente parecía tener esta repentina necesidad de poder, como si su cuerpo respondiera a la peligrosa situación en la que él y sus amigos se habían metido. Pero no podía perder la cordura. Eso parecía una sentencia de muerte.

-No puedo dejarlos solos.

-El Príncipe Vegeta está allí. Debe tener un plan.

Krillin levantó una ceja.

-No te ofendas, y realmente no quiero que tomes esto de la manera equivocada, pero tu fe en ese tipo es un poco inquietante.

El Saiyajin suspiró.

-¿En qué más puedo creer? –dijo Raditz en un tono algo melancólico y Goku finalmente pudo relajar por completo su cuerpo, tratando de olvidar que acababa de matar brutalmente a un oponente, y que necesitaba toda la ferocidad que pudiera reunir si él y sus amigos iban a salir vivos de este planeta. Raditz ignoró el aire de incomodidad que se había formado y se volteó, con los brazos cruzados, mirando al otro extremo del planeta-. Vegeta va a revivir una era de leyendas.

-¿Leyendas? –Goku caminó hacia él, pero aún mantuvo su atención en lo que pasaba a la distancia. No había fluctuaciones de poder, y no pudo evitar sentirse increíblemente aliviado-. ¿Es eso lo que Vegeta quiere conseguir con las Esferas del Dragón?

Su hermano asintió con la cabeza, pero de repente apareció frente a él, con una mirada casi cálida en su rostro. Era aterrador.

-Pero tal vez ni siquiera las necesitemos.

Goku ignoró el acertijo detrás de esas palabras, sin sentir necesidad de descubrirlo y sin saber cómo resolverlo.

-Bien. Entonces podremos usarlas nosotros.

Raditz no respondió directamente.

-Te llevaré hacia ellas –hizo una pausa antes de colocar una mano en el hombro de Kakarotto-. Relájate, Kakarotto. Tus amigos estarán bien... por ahora. Es importante que evitemos que Freezer obtenga el resto de las esferas.

Todos estuvieron de acuerdo con esa idea y siguieron a Raditz cuando alzó el vuelo, escondiendo sus Kis y manteniendo una parte de sus mentes enfocadas en el extraordinario poder a kilómetros de distancia.


El aire a su alrededor se heló de inmediato, gruesas láminas de hielo que parecían presionarse contra su piel, curvando los dedos de sus pies y haciendo que su cabello azul se erizara por completo. Sus ojos rojos y sin vida la miraron rápidamente, probablemente solo por un segundo, pero fue suficiente para que ella lo supiera. Fue suficiente para que Freezer la reconozca y suficiente como para que él dijera:

-Al final todo se soluciona, ¿verdad, Vegeta?

Pudo sentir la mirada confundida de Yamcha detrás de ella, pero él no se atrevió a hablar ni a moverse. "Recuerda el plan, Bulma. Tenemos un plan. No te atrevas a perder la compostura. No te atrevas a dejar que gane".

Vegeta siguió a Freezer con sus ojos, frunciendo el ceño abiertamente cuando el aparato de levitación se movió un poco hacia adelante. El Príncipe Saiyajin apretó los puños. La tela blanca de sus guantes parecía desgarrarse por la fuerza. Hubo un silencio extraño a su alrededor, nada más que chirridos de aves alienígenas y respiraciones pesadas reverberaban por todo el pueblo silencioso. El malvado tirano solo sonrió ante su reacción, sus labios purpúreos luciendo agrietados y sangrientos.

-¿No estás de acuerdo, Zarbon? ¿Hace cuánto tiempo fue eso? No hace mucho, supongo, pero estoy seguro de que debes haber extrañado a tu pequeña mascota, ¿verdad, Vegeta? Y aquí estaba yo, todo este tiempo pensando que la habías matado.

Los ojos dorados de Zarbon se agrandaron en reconocimiento.

-Esa... ¡perra!

"Mierda".

-No te atrevas a tocarla.

Ella se sorprendió al ver que era la mano de Vegeta levantada protectoramente, no la de Yamcha. Era la voz oscura de Vegeta que se escuchó con fuerza, deteniendo a Zarbon de cualquier ataque que planeaba y manteniendo al alienígena azul plantado en el suelo, sus ojos conectados con los del Saiyajin y ya no con los de ella. Bulma sabía lo que le había hecho a Zarbon: lo rechazó, lo traicionó, y ciertamente no estaba feliz de volver a verla. "O tal vez estaría feliz de tener oportunidad para vengarse". Ella tragó saliva ante la idea, y tiró del brazo de Yamcha, necesitando la protección de cualquier persona en este momento.

-Yo no haría eso si fuera tú, Vegeta –Zarbon esbozó una sonrisa-. Eres un mono territorial, ¿no? No era completamente tuya, lo sabes. ¿De quién era la habitación que visitaba todas las noches? ¿De quién era la compañía que buscaba? –la voz de Zarbon era fluida, serena, y tenía una suave sonrisa en su rostro. Estaba tratando de poner furioso a Vegeta, una estrategia tonta, pensó Bulma. Claro, tal vez algunos oponentes perdían la cordura cuando estaban iracundos, pero Vegeta no era tonto. Rara vez sacrificaba su estrategia por un ataque ira.

Se quedaron uno frente al otro, ninguno de ellos en posición de combate, pero ambos mirándose a los ojos. La tensión se sentía entre ellos, y Bulma tuvo que luchar continuamente para mantener su boca cerrada. Qué idiota había sido. ¿Cómo podía haber pensado que Zarbon era algo más que un bastardo irritante? Le había llevado demasiado tiempo darse cuenta de la verdadera persona detrás del deseo. E incluso ahora, especialmente ahora, pensaba que si no hubiera sido tan ciega, ellos hubieran tenido una mejor oportunidad para estar juntos. Una oportunidad sin planes de escape o desapariciones repentinas y sin la interferencia de otros novios o de malvados tiranos. Solo ellos luchando ante sus propias diferencias y aprendiendo el uno del otro.

Kami, ella añoraba eso más que nada.

-Hmm, eres más idiota de lo que imaginaba –Vegeta sonrió, sus ojos negros brillando con el destello de los soles de Namekusei-. La envié allí para descubrir cómo matarte a ti y a tu patético señor.

-Calma, pequeño Vegeta –la fría voz de Freezer llamó su atención. El alienígena salió de su cápsula flotante, sus pies extraños golpeando ligeramente el suelo. Era bajo, con un casco morado y una armadura que lo hacían ver extrañamente infantil. Pero su aura era lo que lo hacía tan espeluznante. Se quedó sin aliento al ver a Freezer aparecer de repente frente a ella, sus dedos blancos y pegajosos acariciando la piel de su mejilla-. Tu ambición es... encantadora. Muy idiota, sin embargo. Aunque debo decir que tu patético motín me llevó hasta estas Esferas del Dragón. Pero, aún necesitas recibir tu castigo. Zarbo…

-¡Freezer! –Nail apareció junto a ella de repente, con los brazos a los lados, su rostro tenso y serio. Su voz resonó incluso a través del campo abierto, y los Namekuseijin detrás de Freezer sonrieron con repentina alegría ante la valentía de su guerrero-. Yo soy tu oponente. No robarás las Esferas del Dragón ni torturarás a mi gente por más tiempo".

-¿Por más tiempo? –su risa era como un amargo veneno-. Acabo de llegar. ¡Y si crees que tú, una planta miserable, eres rival para el señor supremo más poderoso del universo, que así sea! –su rostro de repente tomó una expresión sádica-. Me encantaría un calentamiento, si al menos puedes servirme de eso.

-Aquí no –Vegeta miró a Zarbon, pero su voz se dirigía a Nail y Freezer-. La pelea podría dañar las esferas. Intenta matarnos si te atreves, pero no aquí –Bulma vio la mirada que el Saiyajin le envió a Nail, y este asintió.

-Son artefactos frágiles. Prácticamente de vidrio. Algo tan poderoso necesita ser tratado con mucho cuidado.

Bulma se mordió el labio, permaneció en silencio, esperando que acepten la mentira. Ella podía ver el plan desplegándose. Sacar a Freezer y Zarbon del pueblo mientras ella y los demás tomaban la Esfera del Dragón. Era un plan simple, uno que Freezer probablemente podría adivinar.

Freezer gruñó.

-No me tomes por un mono idiota como tú. No dejaré la Esfera del Dragón para que tus hombres simplemente la tomen.

-Mis hombres, Freezer, son serpientes traicioneras. Y los dos humanos que ves aquí son tontos inútiles. La mujer tiene un solo uso para mí, como ya sabes, y el hombre… –Vegeta rio burlonamente-. Calcula su poder de pelea si lo deseas. Él ni siquiera podría acertarte un golpe.

Freezer presionó su rastreador, sonrió y asintió. Era un emperador perverso, y Bulma pensó que a él le entretenía la idea de tener que cazar a ella y a Yamcha luego en lugar de matarlos en ese momento.

-Bien –sus ojos rojos miraron desde Yamcha a Bulma y finalmente a Nail-. Esto no tomará más de dos minutos. Asegúrense de mantener mi esfera a salvo, gusanos.

Y ante los ojos de Bulma, los cuatro desaparecieron, el aire levantando el polvo de su despegue.

-¡Vegeta! –ella no pudo evitar gritar. La comprensión de que Zarbon era más poderoso que el Saiyajin no se había presentado en sus pensamientos hasta ahora. "¿Qué está haciendo? ¡El idiota va a hacer que lo maten!"-. Vegeta, regresa... ¡oye!

Yamcha repentinamente la tomó de la mano y la arrastró hacia donde se dirigía Dende.

-No saben que tenemos todas las demás. Debemos darnos prisa.

-¡Va a morir! Está loco. No era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a Zarbon en ese entonces. ¿Cómo sabe que ya es lo suficientemente fuerte ahora? ¿Cómo...?

-Bulma –la seriedad del tono de Yamcha la detuvo. Su agarre en su mano era gentil, pero ella podía ver la frustración en su rostro. Estaba ansioso y molesto con ella, algo que Yamcha rara vez mostraba tan fácilmente. Bulma sintió que su pecho se comprimía cuando Yamcha suspiró-. Tenemos que hablar.

Su corazón saltó ante sus palabras. Eran mortalmente enfáticas, signos claros de finales y cambios y otras cosas que la ponían increíblemente inquieta. Pero ella sabía que tenía que hacerse. Ambos lo sabían.

-Yamcha…

-No ahora, después –Yamcha la levantó del suelo suavemente cuando la luz de la Esfera del Dragón brilló en las pequeñas manos de Dende-. Mantendré mi Ki bajo mientras avanzamos. Terminemos con esto primero.


Los ojos de Vegeta nunca dejaron al alienígena frente a él. Su respiración estaba extrañamente desigual, su sangre hervía y su mente estaba nublada ante la estampida de acontecimientos. La Esfera del Dragón era de ellos. Freezer era aún más tonto que petulante. ¿Cómo no se le ocurriría que ellos ya tenían otras esferas es su poder? "Qué tonto".

-Tu rastreador. ¿Has logrado romperlo? –preguntó Zarbon riendo silenciosamente. Su capa blanca ondeaba detrás de él, y el alienígena azul soltó una sonrisa de satisfacción-. Estás haciendo esto demasiado fácil Vegeta, de verdad. Ni siquiera sé cómo lograste encontrar este pueblo-. Zarbon se encogió de hombros-. Pero supongo que después de buscar un rato a ciegas, es probable que encuentres algo. ¿Prefieres que sea una muerte rápida o lenta?

-Rápida -Vegeta preparó su postura-. Tengo un deseo que pedir.

-Tu amigo Namekuseijin no es rival para el Señor Freezer. Fue un tonto al desafiarlo.

-Eso no me concierne. Yo soy el que va a derrotar a Freezer, no un Namekuseijin –Vegeta gruñó, mostrando sus dientes ligeramente ante la molestia. "Atácame Zarbon". Sus botas se deslizaron por el suelo, anclándose en la tierra. "Solo dame una excusa para matarte de una vez por todas".

-Arrogante como siempre. Déjame arrancar esa sonrisa de tu cara.

El golpe de Zarbon fue patéticamente lento. Vegeta atrapó su puño con facilidad, aplastando los nudillos del extraterrestre entre sus dedos y dejando que una expresión oscura llenara su rostro. Había esperado este momento por mucho tiempo. Tal vez podría haberlo hecho antes, deshacerse de esta sanguijuela después de una de sus muchas experiencias cercanas a la muerte. Pero la venganza no hubiera sido tan dulce. Su sonrisa se volvió malvada cuando escuchó los huesos de Zarbon romperse.

-Aunque, por otro lado... –Vegeta soltó la mano de Zarbon cuando este dejó de gritar. Se desvaneció detrás de él, y pudo oír a Zarbon quedarse sin aliento aterrorizado-. Una muerte lenta sería más satisfactoria. ¿No lo crees? –envió un golpe rápido a la espalda de Zarbon, y el lagarto se estrelló contra un árbol, golpeando despiadadamente su corteza. Su armadura ya estaba agrietada, el pelo verde caía despeinado de su trenza siempre perfecta. Vegeta solo podía sonreír divertido. Esperó a que Zarbon se levantara, lo cual demoró un momento, y tendió sus manos-. Veamos qué tan bien puedes esquivar.

Las ráfagas de luces amarillas cayeron en cascada por el cielo. Volaron por los alrededores y enormes nubes de polvo y hierba muerta volaron desde las explosiones de Ki de Vegeta. Los estallidos asaltaban el campo, levantando tierra y con suerte el cuerpo de Zarbon, con energía destructiva. Cuando el polvo se asentó, Vegeta sonrió a medias al ver el cuerpo maltratado de Zarbon y su capa hecha pedazos. Todavía respiraba, una pena, pero el Príncipe Saiyajin se consoló con el hecho de que tendría más tiempo de diversión.

-Vegeta… –la voz de Zarbon era baja, enfurecida. Lucía adolorido, probablemente más molesto porque su cara estaba hecha un desastre que por el hecho de que estaba a punto de morir en pocos minutos. Vegeta no podía creer lo fácil que iba esto-. No estás preparado para esto. No me dejas otra opción que aplastarte –refunfuñó Zarbon, limpiándose la sangre de la boca.

Vegeta no pudo evitar reír.

-¡Debes estar bromeando! Ni siquiera puedes darme un golpe. Vamos, inténtalo.

Zarbon sonrió secamente.

-Debo advertirte. Esta forma tiene mucha menos belleza de la que crees posible para mí.

-¿A qué te refieres con forma? –las cejas de Vegeta se curvearon.

En cuestión de segundos, el cuerpo de Zarbon se triplicó en tamaño. Sus brazos se ensancharon y se llenaron de protuberancias, con verrugas llenas de pus. Su piel gruesa y fría se expandió y se extendió sobre sus músculos pulsantes. Sus piernas se convirtieron en troncos firmes como los de un árbol, de tonos azules, y en cuestión de milisegundos, posiblemente menos, Zarbon estaba detrás de Vegeta, su cola agarrada entre sus manos.

-¡Qué mierda! ¡Suéltame! –Vegeta se agitó violentamente, pero Zarbon esquivó fácilmente sus torpes golpes.

-Este solía ser un punto sensible, ¿verdad, Vegeta? –el agarre de Zarbon en su cola se apretó, bloqueando su circulación sanguínea, pero Vegeta no sintió dolor. Había pasado demasiadas horas entrenando esa área, que de otra forma sería muy débil, para sentir el dolor de un ataque tan simple-. Me pregunto si esto te dolerá.

-No te atrevas... ¡AH! ¡MIERDA! ¡SUÉLTAME!

Podía sentir cómo los nervios se desgarraban, los vasos sanguíneos estallaban, mientras Zarbon ponía al Saiyajin de rodillas. Su cola estaba siendo arrancada de su propio cuerpo, y él sintió fuego recorrer su espina dorsal y nublar su mente. Era insoportable, una agonía indescriptible que hacía que sus huesos se sintieran suaves y quebradizos. La sangre caliente se derramaba y deslizaba por su espalda. Fluía a través del músculo crudo, el tejido conectivo y las venas abiertas, salpicando la tierra en grandes charcos de color carmesí. Luego, en un enfermo sonido de desgarre, ya no podía sentir el apéndice. Su cuerpo fue mutilado, y Vegeta colapsó de costado sobre la tierra, su rostro empapado en su propia sangre.


Las siete Esferas del Dragón estaban en su posesión. Lo que en un principio parecía una búsqueda en vano, realmente funcionó, lo cual era increíble. Bulma respiró con alivio cuando aterrizaron frente a Gohan.

-¿Dónde están los otros? –el niño inmediatamente se tensó, buscando sus Kis probablemente, pero se volvió hacia la esfera que sostenía Dende-. Genial, ahora podemos cumplir el deseo del tío Vegeta.

-El Gran Patriarca desea que las Esferas del Dragón de la Tierra sean restauradas primero –respondió Dende suavemente pero con voz firme.

-Está bien, entonces reviviremos a Piccolo –Bulma se encogió de hombros, sin importarle nada en ese momento excepto darse prisa. Necesitaban un Namekuseijin para invocar al Dragón de todos modos. Su mente volvió a pensar en Vegeta. "Obstinado Saiyajin. Más le vale que no haga que lo maten". Bulma sintió su corazón contraerse ante la idea, pero ella lo ignoró, optando por concentrarse en ayudar a Vegeta. Todavía no sabía exactamente qué planeaba desear. ¿Solo conocimiento sobre el Super Saiyajin? ¿O convertirse en uno? Agarró el radar del Dragón y miró a Gohan. Podría pensar sobre todo eso después de invocar al Dragón-. ¿Dónde están las otras Esferas del Dragón? Deberían estar por aquí... ¡ah!

El radar emitió un pitido mientras se movía hacia las cápsulas espaciales, y Bulma no dudó al deslizarse dentro de la nave metálica.

Sintió una cálida ola recorriendo su pecho cuando se sentó en uno de los asientos, recuerdos de noches estrelladas y cuerpos demasiado juntos inundando su mente. Bulma sintió el calor de él sobre ella, imaginario tal vez, pero aun así estaba allí. Los ecos resonantes del radar fueron lo único que la mantuvo en movimiento y en el presente. Nunca pensó que se aferraría a una memoria claustrofóbica. "¿Dónde están?" Unas Esferas del Dragón de ese tamaño serían fáciles de ver, pero Bulma no podía encontrarlas en el pequeño espacio. Sus manos recorrieron los asientos y el piso hasta que sus dedos entraron en contacto con una caja de metal, su caja de metal.

-¿Qué? –no lo creía, pero abrir la caja solo confirmó que sí lo era. Dentro había cápsulas y una lista de modelos en la parte posterior de la tapa, modelos que tenían más de una década de antigüedad-. ¿Lo conservó todo este tiempo? –su corazón se contrajo casi dolorosamente. Vegeta había guardado sus cápsulas para recordarla. Tal vez era para recordar el dolor que ella le había causado o los recuerdos que tenían, pero por alguna razón, él había querido recordarla. Ella no pudo evitar sonreír-. Están aquí.

Prosiguieron a desencapsular todas las esferas y a colocarlas juntas en el suelo.

-Dende, ¿sabes cómo invocar al dragón? –preguntó Gohan emocionado.

El muchacho estaba a punto de presenciar algo alucinante. Nunca antes había visto la invocación, y Shen Long siempre había sido un espectáculo increíble. Bulma estaba segura de que el dragón de Namekusei no sería la excepción.

Las esferas anaranjadas irradiaban entre sí, brillando con magia y poder. Dende aclaró su garganta, levantó las manos, y estaba a punto de comenzar la invocación cuando tres figuras aterrizaron ante ellos.

-¡Papá! –Gohan inmediatamente se apartó de Dende y corrió hacia su padre, abrazándolo antes que a Raditz-. ¡Tío Raditz, tú también estás bien! ¡Esto es genial!

Ambos Saiyajin mayores le dieron a Gohan sonrisas débiles, demasiado consumidos ante las siete Esferas del Dragón que yacían frente a ellos para ofrecerle la atención adecuada. Goku esbozó una amplia sonrisa.

-¡Muy bien! ¡Genial! ¡Pidamos esos deseos!

-El legendario Super Saiyajin… –Raditz negó con la cabeza-. Increíble. Freezer no tendrá ninguna posibilidad.

-Piccolo primero –recordó Dende de nuevo-. Porunga puede cumplir tres deseos.

-Pidamos que sea transportado aquí, entonces.

Todos los ojos se volvieron hacia Goku quien todavía estaba sonriendo brillantemente. Bulma no sabía exactamente qué pasaba por la cabeza de su mejor amigo. Revivir a Piccolo estaba bien; iban a necesitar las Esferas del Dragón de la Tierra de nuevo, de todos modos. ¿Pero desear que sea transportado hasta allí?

- Um… ¿por qué Goku? –inquirió ella.

-Necesitamos toda la ayuda que podamos obtener, ¿no crees? –Goku dijo en un tono obvio. Se acercó a los orbes brillantes y colocó sus manos en sus caderas-. Quería proteger la Tierra. De seguro va a querer proteger su planeta natal.

-Kakarotto, estás desperdiciando deseos –Raditz frunció el ceño-. Deberíamos conservar los deseos en caso de que algo más…

-¿Y correr el riesgo de que Freezer lo tome? –Yamcha negó con la cabeza-. Estoy con Goku. Me desagrada Piccolo tanto como a todos, pero no deberíamos dejar las esferas utilizables por ahí. Usemos los tres deseos.

-Vamos a dejar de perder el tiempo y hagámoslo ya –Bulma estaba inquieta. Ella no podía sentir el Ki como los demás. No tenía idea de cómo le estaba yendo a Vegeta, si es que siquiera estaba vivo. El sudor frío comenzó a acumularse en su espalda, y Bulma tuvo que estabilizar su respiración para intentar hablar correctamente. Raditz no parecía estar preocupado, sin embargo, y ella asumió, esperaba, que era porque sabía que Vegeta estaba bien.

Dende asintió y levantó sus manos otra vez.

-¡Takkaraputo Popporunga Pupirittobar!

Hubo una ráfaga de nubes oscuras que de repente consumieron el cielo. Las Esferas del Dragón brillaron todas simultáneamente antes de desprender un brillo de luz anaranjada. Truenos y relámpagos crepitaron en el cielo, y la boca de Gohan se abrió de par en par cuando un dragón verde de hombros anchos apareció cientos de metros sobre sus cabezas. Bulma también tenía los ojos abiertos. El dragón de Namekusei era enorme, mucho más musculoso y menos parecido a los dragones a los que estaba acostumbrada cuando era niña.

Dende no quería perder el tiempo e ignoró las miradas impresionadas y las bocanadas de aire.

-Desearé revivir a Piccolo primero –avisó el niño Namekuseijin.

Pronunció palabras en la lengua extraña de Namekusei, y el dragón Porunga asintió con la cabeza antes de repetir alguna otra frase. Dende sonrió y repitió el siguiente deseo, el deseo que traería aquí al Piccolo tal vez no tan malvado. El dragón asintió de nuevo, y pronto otro cuerpo se materializó, y había un nuevo Namekuseijin frente a ellos.

Piccolo estaba vestido con su ropa pesada. El Namekuseijin miró brevemente su entorno, su hogar original a pesar del hecho de que había nacido en la Tierra. Para sorpresa de Bulma, no parecía confundido ni sorprendido en absoluto. Piccolo sonreía, no con maldad, sino más con una mirada satisfecha. Goku saludó alegremente.

-¡Oye, Piccolo! Encantado de verte de regreso.

El Namekuseijin no respondió directamente.

-Hmm. Creo que estaba equivocado después de todo. Ese Kaiosama no estaba mintiendo.