Traducción autorizada por just-an-artist-pl.


Capítulo 13. El trato

Esta noche soñé con mi padre. Mi padre que me sonreía y estaba feliz por Kurt y por mí. Nunca supe lo que mi padre pensaba de dos hombres estando enamorados, pero sabía que quería mi felicidad. Kurt me hacía feliz, más feliz de lo que había sido en mi vida entera. Viviríamos junto a mi padre, cada noche cenaríamos y durante el día Kurt iría al teatro conmigo y haría su papel mientras yo tocaba la música de la obra. Justo después de eso volveríamos a casa, pararíamos en algún callejón sombrío sin salida e intercambiaríamos besos, nos enrollaríamos y cuando se volviera muy caliente, iríamos a casa y haríamos el amor. Era una vida tan simple y hermosa que deseaba poder dormir para siempre y finalmente estaría junto a la persona que más amaba.

Pero mi padre ya no estaba vivo y nosotros no éramos libres. Cuando abrí mis ojos todavía estaba en mi cuarto, Kurt junto a mí y sus ojos azules mirándome.

―Buen día ―murmuré y me acurruqué más cerca de él, presionando mis labios contra la piel de su cuello y oí su risa, sintiendo la vibración contra mis labios.

―Duerme un poco más. El sol ni siquiera está brillando completamente.

―¿Hm? ―tarareé, eché la cabeza hacia atrás para que pudiera mirarlo a los ojos, alrededor la aún oscura habitación y veía el cielo que ya no estaba oscuro pero era azul marino, morado y en el horizonte rojo. Debían ser alrededor de las cinco de la mañana y obviamente demasiado temprano como para levantarse.

Mi cabeza cayó contra la almohada y mis ojos en Kurt, mirándolo sonriendo pacíficamente, su cabello despeinado en la frente y haciéndolo lucir tan adorable y apuesto.

―¿Por qué no estabas durmiendo? ―Le pregunté todavía dormido mientras mis dedos corrían a través de su suave cabello.

Se sostuvo en sus codos, bajando la mirada a mí y su otra mano quitó la mía de su cabello, besando mis nudillos―: Te ves tan pacífico y hermoso... que quería mirarte por un rato.

―No soy... hermoso, comparado contigo.

No era como si no tuviera autoestima o que me odiara o pensara que era feo. Nada de eso, pero comparado con Kurt y su talento, y simplemente cuan hermoso era y lo hizo con una simple sonrisa, me pregunté, cómo tuve tanta suerte. Sabía que era talentoso y sabía que era bien parecido pero comparado con él, sentía que nunca podría hacerle justicia y nunca estaría a su altura. No es que lo necesitara porque sabía que me amaba por lo que era, por todo lo que era. Aunque, él era mejor que yo, para mí.

Me miró como si no me creyera, sonriendo y dijo―: Creo que algo pasó dentro de tu cabeza ayer como para que creas eso.

Se sostuvo, ambas manos a los lados de mi cabeza y me moví al medio de la cama para que él pudiera recostarse sobre mí.

―Eres hermoso. No pienses lo contrato.

Besó mi frente, mi nariz, mis labios y sonreí contra sus labios. Si yo era hermoso para él, era suficiente para mí. Kurt siguió besándome, ni siquiera tratamos de detenernos y por alguna razón ambos reímos de lado, sonreímos o reímos sofocadamente mientras nos besábamos. Me sentí alcoholizado, alcoholizado por los besos y la felicidad que sentía se avecina dentro de mí. Nuestros ojos estaban cerrados, mis manos en su espalda, las suyas en mis hombros y entre besos frotando la cara del otro, gentilmente, simplemente porque podíamos hacerlo.

―Desearía poder comenzar así cada mañana ―tarareé, sintiendo su sonrisa en mi mejilla.

―Tenemos tres semanas para disfrutar de esto cada mañana.

―Hm… tres semanas no son suficientes. Pero deberíamos sacar lo mejor de ellas ―puse una sonrisa y me moví para que él se sentara en mi regazo y sintiera a lo que me refería. Carraspeó cuando mi pene medio duro tocó el suyo a través de la tela de nuestros pantalones.

―Pensé que estabas ¿cansado? ―Rió y comenzó a desabotonar mi camisa.

―Puedo dormir después ―dije y me incliné hacia adelante, colocando mis manos en su espalda para evitar que se cayera y cuando estuve seguro que no lo haría, comencé a desvestirlo. Me miró a los ojos, dándome una última sonrisa y luego besándome otra vez. No amablemente, no desanimado sino con pasión y amor, profundo amor. Su lengua salió, mordiendo mis labios y quién era yo para no dejarlo entrar. Nuestras camisas cayeron al piso y pusimos las manos sobre la piel del otro. Sólo tocando, simplemente corriendo sobre la cálida piel para sentirla, para saber que era real porque tras nuestra primera vez, nunca tuvimos la oportunidad de hacer algo tan siquiera cercano a esto de nuevo. Adoraba como pasaba sus delgados dedos por mi pelo o solamente tomaba mi rostro y me besaba lentamente en mis labios, frente, nariz, todas partes. O cuando tan sólo miraba en lo profundo de mis ojos, sonriendo tan cálido y feliz. Eran todas estas pequeñas cosas que adoraba verlo hacer porque entonces sabía que las cosas estaban bien. Y ahora, poder hacer incluso más que no fuera solamente un acto para tener placer o alivio. Me prometí que, cuando fuera que pudiéramos tener sexo, quería asegurarme que sintiera mi amor por él incluso más.

Besé su pecho, justo sobre el corazón y abrí sus pantalones y se movió en mi toque, sus dedos corriendo entre mi cabello. Kurt estaba tarareando felizmente, su corazón latiendo tan fuerte y rápido contra mis labios y luego lentamente se puso de pie y se quitó los pantalones. Hice lo mismo, sentándome desnudo en la cama y empujando la manta blanca lejos mientras él volvía con la loción que ambos manteníamos en nuestros dormitorios. De vuelta en mi regazo, completamente desnudo se arqueó, besándome, mordiendo mi labio inferior amablemente hasta que nuestras lenguas estuvieron bailando nuevamente. Tras nuestra primera vez tenía más confianza de hacer esto y hacerlo bien. Mientras nos besamos, mientras jadeábamos y gemíamos dentro de la boca del otro me serví un poco de la loción en los dedos y deslicé mi mano entre las piernas de Kurt, pasé sus testículos y di golpes sobre su entrada. Él se bajó, moviendo sus caderas con mis dedos y sosteniendo mi rostro, presionando sus labios contra los míos y respirando por la nariz. Probé con la punta de mi dedo, poco a poco deslizándome dentro, sintiendo la estrechez, el calor y fui más lejos, lentamente.

―Blaine... ―gimió.

―Recuéstate ―susurré y lo besé cuando vi su mirada confusa. Eventualmente sólo sonrió, confiando en mí y recostándose, sosteniéndose con sus manos y sus rodillas a mis costados y su pene erecto justo frente a mí. El sol todavía era una pequeña luz en el horizonte, haciendo sólo una tenue luz en mi habitación, pero todavía podía ver sus costillas, su pecho subiendo y bajando, sus duros pezones y lentamente me agaché, lamí la cabeza de su pene antes de engullirlo y meter mi dedo más en su culo, sintiendo cómo se apretó alrededor de él. Kurt gimió, lujurioso, en el fondo y movió sus caderas, no estaba seguro si quería más de mi dedo dentro de él o más de mi lengua que estaba haciendo círculos alrededor de su pene. Con mi otra mano jugué con sus testículos, dándole más placer y juzgando por los sonidos que hacía, lo estaba haciendo simplemente bien. Pensando que él sabía tan bien, en cuánto disfrutaba chuparlo, dándole todo este placer, hace meses no sabía que esto era posible pero ahora me sentaba ahí y no quería parar.

―¡Oh Dios, Blaine! ―Chilló cuando usé dos dedos, luego tres y se estaba moviendo, más rápido, más fuerte y aún no estaba seguro de que era lo que quería más. Eventualmente Kurt dejó de moverse, casi cayendo porque sus brazos estaban temblando y di una última succión antes de que me apartara sobre mi regazo, justo en mis brazos. No hice caso de mi palpitante pene, ignorando cuánto quería estar por fin dentro de él. Pacientemente froté suaves círculos sobre su espalda mientras Kurt temblaba en mis brazos y me abrazaba como si fuera su salvavidas, bajando a pesar de que ni siquiera se corrió. Después de un tiempo cuando ya estaba respirando a la par de mi mejilla izquierda y sus brillantes ojos, miraban en los míos. Había amor, había excitación, todo estaba en sus ojos y sonrisa. Su cabello se pegó en su frente, sus dedos amasaron mi cuello suavemente y besé la comisura de sus labios, frotándome contra su cuello y simplemente respirando todo. Olvidada estaba mi necesidad de estar dentro de él o cuánto dolía estar así de duro. Lo que más importaba era solamente esto, este vulnerable y honesto momento entre nosotros. Él se abrió al igual que yo tomando el riesgo de que pudiera romperme y a todo mi ser, ya que él podía dejar de amarme un día. Aquí sentado, abrazándolo, sintiendo sus dedos, sus labios en mi frente y escuchando su respiración, sus latidos y sabiendo que nunca podría estar sin él. Mi vida nunca sería tan maravillosa sin Kurt. Cerrando mis ojos presioné mi mejilla contra su pecho y lo escuché tarareando―: También te amo.

Sonreí y me besó otra vez, esta vez dulce, amable y poniendo cada palabra que nunca podría decir en él. Se sentó a horcajadas tomó mi pene en su mano resbaladiza - nunca me di cuenta cuando usó la loción - y lo lubricó con una generosa cantidad. Nos seguimos besando, acariciaba nuestros penes juntos por un tiempo hasta que besó mi mejilla, mi frente y levantó sus caderas lentamente y se hundió, la cabeza de mi pene empujando su entrada y luego, lentamente, hundiéndose dentro del estrecho y aún apretado anillo de músculos. Kurt me estaba besando de nuevo, mi mano izquierda me alzó pues necesitaba inclinarme hacia atrás para que tuviera más espacio para hundirme, profundo y más profundo hasta que sus nalgas estaban al ras contra mí regazo. Era tan caliente, tan apretado, tan perfecto estar dentro de él, siendo uno con él que no podía detener el largo gemido. Kurt comenzó a circular sus caderas, su erecto pene tallándose contra mi pancita, su mano en mi hombro y me moví con él, besando su pecho, chupando sus duros pezones y escuchando los lindos sonidos que hacia cada vez que empujaba de nuevo dentro de él y golpeando el lugar que casi lo hacía enloquecer. La cama estaba crujiendo, las sábanas desplazándose y no tomó mucho cuando sentí su caliente corrida en mi piel. Se corrió sin tocarse, sin ruido y yo también cuando su interior se puso más apretado a mí alrededor.

Sacudiéndose tomó mis hombros mientras me presionaba contra su cuerpo, tratando de recuperar el aliento, intentando pensar cuerdamente y se sintieron como horas cuando besó mi frente y me trajo de vuelta a mis sentidos.

―Somos un desastre ―se rió en voz baja.

―Hm, podemos bañarnos juntos. Sería una pena que tu piel no estuviera limpio para que el mundo la viera.

―Quieres decir, para que tú la veas.

―Uh huh, eso suena mejor.

Nos bañamos juntos y regresamos a mi cuarto sin pensar en ponernos ropa. Todavía era verano, hacía calor y estábamos solos aquí así es que no molestaría a nadie. Con risitas y besos caímos en mi cama y sólo eso hicimos, compartiendo nuestro amor con toques, con besos y disfrutando el poco de libertad que teníamos para las próximas semanas. Por fin era día, el sol estaba brillando y oímos a las primeras personas caminando por las calles mientras que simplemente estábamos recostados en mi cama, piernas enredadas y los dedos corriendo por el cabello del otro o sobre la piel. Era tan fácil ver en sus ojos, sonreírle sin sentir pena alguna, sin sentir ninguna molestia. Sólo amor.

―¿Tocarías para mí? Quiero decir que la ciudad ya está despierta así que no molestaríamos a nadie siga dormido.

―Lo que quieras ―dije y besé su nariz.

―Hm, ¿incluso desnudo? ―pregunto y trató de no sonreír satisfecho.

―Incluso desnudo ―respondí y rodé sobre nosotros. Rió cuando lo presioné, mis labios sobre los suyos y luego salté fuera de la cama y tomé mi violín. watch?v=IprPq6eGxAU

Mientras comencé a tocar y observar a Kurt, recostado sobre su estómago, completamente desnudo y sólo las sábanas blancas cubriendo su culo, le sonreí de lado y comenzó a sonreír mientras oía la melodía.

―Blaine... oh Dios mío.

Sus manos cubrieron sus ojos juguetonamente mientras puse un gesto serio y bailé por el cuarto, sabiendo cuán ridículo debía parecer. Desnudo, mi pene balanceándose o brincando de arriba a abajo mientras seguía tocando. Honestamente, no me importaba. Estaba demasiado feliz como para preocuparme por algo tan lejano en el futuro. Todo lo que importaba éramos nosotros Kurt riendo y disfrutando el tiempo que pasábamos juntos.

―Blaine, por favor... ―rió y rodó, todavía observándome. Negué con la cabeza y me senté, junto a su cabeza y no dejé de tocar incluso aunque él me miraba, intentando convencerme de parar. Aun así Kurt se rindió y se sentó atrás de mí, asegurándose de no golpear mi arco ni mi violín y besó mi hombro, envolviendo los brazos alrededor de su cuerpo. La vida era buena. La vida era hermosa.


―¿Cuándo quieres hacerlo? ―Me preguntó cuándo bajamos las escaleras - completamente vestidos - al primer piso por algo para desayunar.

―¿A qué te refieres?

―Estoy hablando de las cartas. Bueno en realidad, de cuando quieres decirle quién eres.

―Estoy... esperando el momento perfecto. No sé mucho sobre ella y... en realidad no es un libro abierto.

Claro que no sabía cómo luciría este «momento perfecto» o cuando sucedería. Aunque justo ahora no se sentía correcto.

―Blaine, espera ―tomó mi mano antes de abrir la puerta de la cocina y giré, mirándolo con cejas arqueadas.

―Déjame ayudarte.

―De ninguna manera. No dejaré que eso pase.

―¿Por qué no?

Había preocupación en sus ojos y algo más que realmente no podía decir que era. Tal vez se sentía... ¿impotente? Algo así.

―Kurt. No quiero que te lastimen o, peor, te asesinen. Y ella puede hacerlo, sabes que sí. ¿Y si le digo la verdad y estás conmigo? ¿Qué si no cambia y decide matar a uno de nosotros? No podría decir si elegiría a su hijo o a ti. ―No, no podía decir eso porque no podía imaginarlo que diría y como se sentiría sobre mí. Yo eres su hijo, siempre sería su hijo y en algún lugar debería estar mi madre, ¿cierto? Sé que ella es cruel, sé que no le importábamos una mierda pero aun así... aun así tenía, tenía esta esperanza y significaba que tal vez había la oportunidad de salir. Y si ella no estaba lista para cambiar estas reglas, pero tener misericordia de mí significaba que Kurt podría estar en peligro, demonios ya estábamos en peligro. Pero al actuar como si no estuviéramos juntos, al no mencionarlo o tenerlo conmigo, ella podría no saber de nosotros y Kurt estaría seguro.

―Tengo que hacer esto solo. Si soy capaz de llegar a ella, entonces nada va a pasar a mí. Quizás, incluso pueda cambiarla. Pero... perderte me mataría y no puedo arriesgarme. No puedo vivir sin ti.

―¿Y si te envía lejos? ¿Qué si nos perdemos de todos modos? Blaine, yo tampoco puedo vivir sin ti.

Lo atraje a un estrecho abrazo, abrazándolo y besando su mejilla.

―Te lo dije, compraré tu libertad. Haré cualquier cosa para sacarte de aquí, lo que sea para ayudarte y a los otros.

―Por favor, permíteme ayudarte. La conozco, puedo ayudarte.

Me apretó más cerca, me pedía que lo dejara ayudarme. Pensar en Kurt herido era tanto para mí como para él perderme y por un lado tenía razón. En realidad no importaba lo que quería hacer o cómo. Ambos nos lastimaríamos, ambos podíamos perder algo y tal vez era mejor perderlo juntos.

―Lo pensaré, ¿de acuerdo?

Pero él no estaba convencido y eso no lo detendría de ayudarme.


Durante nuestra primera semana sin mi madre o Henry, no hicimos nada más que estar juntos. Íbamos al jardín, y su recámara o la mía. Leyendo juntos, durmiendo juntos, hablando sobre esto o el otro, o a veces soñábamos con nuestro futuro. Afortunadamente Kurt nunca me preguntó de nuevo si estaba de acuerdo con que me ayudará y estaba agradecido que no lo preguntara. Cada noche nos encontrábamos con los otros en el club y cenábamos juntos dentro del teatro. Reíamos, bailábamos, hablábamos y disfrutábamos este poco de libertad que teníamos. Era liberador no ver la luz roja encendida y saber que Kurt tenía clientes. Liberador no ver a Henry o a mi madre. Liberador ya no fingir y actuar como si Kurt y yo fuéramos nada más que amigos.

Un día fuimos a la alcoba de Kurt y contamos el dinero que hizo durante los meses pasados y estaba sorprendido por cuánto hizo. Tenía exactamente 100.000 francos y me dijo que Henry dejó 25.000 en la oficina de Roxanne - un adelanto porque quería apoyar a Kurt. Yo tenía algo así como 10.000 más los 20.000 que mi padre me dejó. Nunca le pregunté cuánto tenía que pagar para finiquitar sus deudas pero, el día que me lo dijo, que con su dinero y el mío sería más que suficiente.

―¿Cuánto quiere por tu libertad? ―Le pregunté cuando escondí mi dinero dentro nuevamente bajo la cama, seguro en mi maleta cubierto por varias camisas y pantalones.

―No estoy muy seguro pero... pero debe ser algo alrededor de los cincuenta mil. Para comprar tu libertad probablemente quiera unos cinco mil.

Oh, vaya, esa era una muy enorme diferencia, pero claramente mostraba lo que pensaba de mí y de él. Cuan preciado e importante era él y cuán simple era yo.

―Así que, si no funciona, podemos comprar la libertad del otro el próximo año ―suspiré y arrastré sobre la cama, descansando mi cabeza en su regazo y observándolo mientras no decía nada. Sólo miraba hacia abajo, corriendo los dedos entre mi cabello y suspiré. Bueno, sabía que lo diría de todas maneras, así que, por qué esperar.

―Muy bien... te dejaré ayudarme.

―¿En serio?

―En serio ―Dios, se veía tan adorable cuando se emocionaba―: Pero no harás nada por tu cuenta ni yo tampoco. Estamos en esto juntos, como tú dijiste.

―Lo estamos ―sonrió y besó mis labios. Era estúpido pensar que pudiera rechazar cualquier cosa que él quisiera de mí y - nunca lo admitiría - se sentía bien que quisiera ir junto a mi sin importar lo que pasara.

La primera semana decidimos no abrir el teatro para nuestra obra, lo que significaba que el domingo era día de ensayo. Había terminado la canción que Maurice me pidió escribir e incluso tenía letra para ella. Francis me ayudó demasiado y de alguna manera se volvió una canción que sacaba toda la frustración que sentíamos desde hace tanto. Con algo de suerte mi madre nunca oiría esta canción ya que su nombre estaba en ella y además algunos pensamientos que llevaba conmigo, cuando vi a Henry y Kurt juntos. Esta canción los sacaba todos, todo lo que teníamos que esconder para estar seguro de que no nos asesinaría. Maurice estaba más que feliz por la canción y no podía esperar para ver la reacción de las personas durante el intermedio de nuestra obra. Cerca del mediodía habíamos terminado con nuestro ensayo y los actores salían juntos, charlando, riendo y usando los vestuarios.

―¡Tienes treinta minutos antes de que empecemos! ―Maurice gritó.

Poniendo mi violín en mi silla fui a la mesa con agua y comida, y tomé un sorbo de mi agua, dando la vuelta y buscando a Kurt. Él no estaba entre los otros actores y Santana tampoco. Con el dorso de mi mano me quité el sudor y seguí buscándolos porque era inusual que ambos se retrasaran. Ellos estaban en ninguna parte y no estaba seguro de cómo sentirme acerca de eso. No estaban entre los otros actores, o junto a Francis o Julia. No estaban en el primer piso ni en el escenario y me ponía nervioso, casi asustado. ¿Dónde demonios estaba? Dejé el salón, caminando por el corredor - que se dirigía a la puerta principal del teatro - y vi que la puerta estaba abierta. Thomas no estaba ahí ni ningún otro guardia, lo que también era raro y me puso incluso más nervioso. Lentamente caminé a la puerta principal y miré fuera sólo para ver algo - a alguien - dudaba de mis propios ojos. Thomas y otro guardia tomaban las maletas de Henry y regresaban al teatro con el caminando por delante.

No… no, no, no. ¿Por qué estaba de regreso? ¿Por qué demonios regresó y sin mi madre?

Me dí la vuelta y corrí, corrí de vuelta al salón para advertirles antes de que Henry entrara. Primero no me creyeron, me miraron como si bromeara pero no era así. Nunca bromearía con algo así. Francis les gritó, sacándolos de su rigidez y toda la calma, toda la maravillosa atmósfera se convirtió en la tensión que siempre sentíamos cuando no podíamos ser quién éramos o hacer lo que queríamos.

―¿Dónde está Kurt? ¿Han visto a Kurt? ―pregunté a Francis, tirando de su brazo.

―Está en el sótano, arreglando su vestuario.

Sótano, Julia, está debajo del salón. Brinqué del escenario, caminé tras las cortinas y abrí la puerta del sótano. Casi cayendo y de alguna manera quedándome de pie y lo vi sentado por los espejos y cosiendo los pantalones café que usaba cuando interpretaba a Benjamin.

―Oye ―su rostro se iluminó cuando me vio y dolió incluso más―: Estaré arriba en... ¿Blaine?

Lentamente bajó los pantalones, se puso de pie y caminó hacia mí, enmarcando mi rostro con sus manos.

―¿Cariño? Háblame.

―Está de vuelta, Kurt. Está de vuelta.

―¿De vuelta? ¿Quién está de vuelta?

―Henry.

Kurt contuvo el aliento y sentí la descarga de conmoción que corrió a través de mi cuerpo. Mientras podía moverme otra vez y pensar, puse mis manos en su cintura, abrazándolo demasiado fuerte.

―¿Por qué está de vuelta? Debería regresar en dos semanas.

Claro que Kurt no respondió a esto.

―Yo... necesito ir con él.

―¡No! No puedes ―negué con la cabeza y no lo dejé irse.

―Blaine, tengo que hacerlo. Me buscará de todas maneras y podemos meternos en problemas.

No podía, no lo quería y él lo veía en mis ojos y en mi rostro, cuánto quería que esto no pasara. Dos semanas, se supone que tenemos dos semanas más de libertad, de nuestra burbujita y ser felices.

―Nos veremos más tarde. Prometí que estaría contigo está noche.

Y se fue.


Ya era casi medianoche y todavía estábamos sentados en la cocina y no de la manera en que solíamos cuando mi madre se iba. Usualmente estábamos riendo, tomando, cantando, todas esas cosas buenas. Pero esta vez era diferente y cada uno de nosotros estaba molesto. Thomas y Maurice estaban peleando con Claire sobre lo que deberían hacer y lo que no. Los dos hombres querían obviamente que Henry se fuera mientras Claire les dijo lo estúpido que sería porque Roxanne estaría furiosa si lo hacían. Todo el club pagaría por ello y todos podíamos beber un vaso con veneno porque nos mataría de todas maneras. Philip intentó calmarlos pero sólo lo miraban o le espetaban así que se rindió tras un rato. Francis estaba observando la puerta y sin decir nada mientras Julia corrió círculos suaves sobre mi espalda, porque yo era un desastre. Mi cabeza estaba dando vueltas, mi corazón dolía y mis ojos ardían. Sentía las lágrimas de furia y desesperación tratando de salir, tratando de mostrarles justamente cuan roto me sentía a pesar de que no tenía idea de lo que pasaba o la razón de su regreso. No, me sentía así por el tiempo en que Kurt y yo fuimos felices por su ida. Simplemente se había ido, de repente sin ninguna advertencia. Teníamos dos semanas más, dos malditas semanas más para estar juntos, para amarnos, ser simplemente libres y nadie podría hacer nada contra ello. Y ahora este imbécil estaba de regreso y arruinó todo. Y... por primera vez de verdad quería matar a alguien. Matarlo y me aterraba que estuviera preparado para tal cosa.

Seguimos esperando y esperando, pero incluso tras una hora todavía no estaban aquí. Sólo era yo, Julia y Francis los que quedábamos mientras los demás se fueron ya sea a dormir o de regreso al teatro para asegurarse que las cosas estuvieran bien. Todo lo que podía hacer era sentarme a la mesa y sostener mi cabeza. ¿Por qué no regresaba? ¿Qué pasó que no regresa? Kurt me prometió estar conmigo esta noche. Dijo que regresaría, regresaría a mí y me daría un beso de buenas noches. El pensamiento de que esto probablemente no sucedería me rompía y las lágrimas comenzaron a caer. No estaba sollozando ni gimiendo, estaba en silencio y dejé a mis lágrimas caer mientras Julia intentaba calmarme.

Francis le dijo algo que no escuché y salió de la cocina.

―Blaine, deberías ir arriba y esperarlo en tu cama. Estoy segura que estará ahí pronto.

No confiando en mi voz, sólo negué con la cabeza y la escuché suspirando. Todo en lo que podía pensar era él, sólo él y desear que tan sólo regresara. Desear que estuviera junto a mí y no con tipos que tenían permitido besar su mano en público, coquetearle, actuar como si Kurt les perteneciera. Porque no era así. Ni un poco de Kurt les pertenecía. Él se pertenecía a sí mismo y decidía quién podía tenerlo. Ese era yo, solamente yo y nunca lo compartiría. Nunca querría compartirlo con un tipo como Henry. Ese rico que no tenía idea de la vida, quien quería tener a Kurt porque tenía talento y hermosura. ¿Apoyarlo? Mi trasero, probablemente era como cualquier otro tipo, loco por él, queriéndolo y no consiguiendo estar lejos de Kurt por tres semanas.

En algún punto Julia se puso de pie y me dejó solo en la cocina, con una sola vela encendida. La puerta se cerró y entonces hubo una mano diferente en mi espalda, la mano que anhelaba sentir. Mi cabeza giró tan fuerte que mi cuello dolió pero no me pudo importar menos.

―Oh, Blaine ―susurró y secó mis lágrimas―: Lo siento. Intenté estar aquí antes.

Era Kurt, sus ojos, su rostro, su pálida piel y envolví mis brazos a su alrededor, abrazándolo tanto que el oscuro y frío sentimiento dentro de mi pudo irse. Era cálido, era mi luz y me estaba volviendo loco tan sólo porque se había ido... tan de repente. Se sentía extraño no estar con él a pesar de que debíamos y podíamos estarlo. Tal vez era debido a este vínculo que ambos compartimos desde hace un tiempo, que, cualquier momento en que estaba lejos de mí, sin saber lo que pasaría, era lo que me hacía sentir así. Perdido, solo y con un hueco en el corazón.

―Estás aquí ahora. Te quedaras… ¿cierto?

―Te dije que me quedaría.

Bien, esto estaba bien. Se quedaría, dormiría junto a mí y me abrazaría.

―¿Qu… qué pasó? ¿Por qué está de vuelta? ―Aunque me sentía muy cansado para esto, necesitaba que me dijera todo. Necesitaba saberlo ahora y no mañana. Porque justo ahora estaba demasiado exhausto y demasiado feliz para realmente entender nada más que Kurt restaba aquí.

Sus labios me besaron, amablemente y su nariz corrió por mi mejilla, sus labios cerca de mi oído y no pude resistir besar su mejilla antes de que la presionara con la mía.

―Prométeme que no estarás celoso.

―Kurt, yo...

―Por favor... dime que no estarás celoso.

Ambos sabíamos lo imposible de eso. O alguien estaba celoso o no. La única manera de lidiar con ello era si la persona podía controlarlo o no, y, nunca me sentí tan celoso y nunca tuve una razón para estarlo y nunca la tendría. Al menos... me decía esto una y otra vez.

―Lo prometo ―y supe que con mi promesa tenía que aceptar lo que sea. Cualquier cosa que él tuviera que hacer. Respiró profundo, tomó mis manos en las suyas y las apretó, intentando calmarme, darme consuelo. Mostrándome que estaba aquí, que era tan difícil para él como lo era para mí el lidiar con todo esto.

―No lo estaré, Kurt. Lo prometo.

―Tengo que dormir con él.


Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.