(Más tarde…)
H: Vale… ¿Qué
quieres para cenar?
M: Uhm… Es bastante tarde como para ponerse
a cocinar. –Le miré a los ojos-. ¿Pizza?
H: Me parece bien.
¿La voy pidiendo mientras te duchas?
M: Gracias.
Caminé hacia la ducha y para cuando había salido, Harm había colocado la mesa. Le sonreí y antes de poder ir a la cocina, me agarró por la cintura y me atrajo hacia él.
H: Tenemos que
hablar.
M: ¿Sobre qué? –Le susurré-.
H: Nosotros. –Me
contestó, en el mismo tono-.
M: ¿Antes o después de cenar?
H:
Después.
M: Vale. ¿Es algo que deba preocuparme? –Pareció
meditar la respuesta y después, me besó en el cuello-.
H: No,
pero es importante.
Me soltó y al girarme a él, me sonrió. Eso bastó para quitarme un poco la tensión y continué con mi camino hasta el zumo de melocotón que había en el frigorífico.
La cena pasó prácticamente en silencio, salvo por el sonido del zumo al caer dentro del vaso. Rezaba en mi interior para que no quisiera echarme o pedirme que dejáramos de tener tanta "intimidad". Cuando acabamos, recogimos lo poco que habíamos manchado y nos sentamos en el sofá, mirando cada uno a un lado. Harm tosió para llamar mi atención y cuando le estuve observando, comenzó a hablar.
H: Verás… este
mediodía, cuando hemos comido con mis padres, yo… me ha gustado
que ellos te aceptaran y que te caigan bien. –Suspiró-. Sé que mi
madre se pone bastante difícil en cuanto se trata de una mujer y…
sé que piensa que tú serías la mujer perfecta para mí. Seguro que
te dijo algo esta mañana.
M: Si, algo me comentó. –Le
sonreí-.
H: Sé que tengo mucho que contarte. –Susurró y
agachó la cabeza-. Mi padre murió cuando yo tenía seis años y,
desde entonces, me encerré en una especie de burbuja y evité hablar
de mis sentimientos con los demás. Pero, creo que ahora, estoy
listo. –Me miró a los ojos-. Eres muy importante para mí, Mac. Yo
no… no había sentido esto que siento por nadie, y me da miedo. No
quiero hacerte daño, o crearme falsas esperanzas.
M: Harm.
¿Puedo hacerte una pregunta? –Él asintió-. Si sabes que tengo a
mi tío Matt, ¿por qué crees que estoy aquí, contigo?
H: No lo
sé. –Le sonreí. Podía ser tan inocente a veces… Pero eso me
encantaba-.
M: Yo… -"ahora o nunca"- … estoy aquí contigo
porque… estoy enamorada de ti. –Acabé las frases susurrando-.
H:
¿De verdad? –Me preguntó, sorprendido-.
M: Si.
De pronto, los dos nos quedamos en silencio. Verdaderamente no me arrepentía de haberle dicho lo que sentía hacia él, y por sus palabras de antes, no parecía que fuera a rechazarme. Intenté mirar a todos los puntos del salón, a excepción de Harm. Aunque le conocía desde hacía solo dos meses, eso era suficiente para saber que tenía que dejarle un tiempo para asimilar lo que acababa de confesarle.
Después de varios minutos sin decir nada, se aclaró la garganta y me cogió la mano. Me miró a los ojos y vi en sus ojos que lo que iba a decirme era muy importante.
H: Yo también.
M:
¿Qué? –Articulé, al final-.
H: También estoy enamorado de
ti, Mac. –Otra vez el silencio. Pasaron unos minutos hasta que Harm
volvió a hablar-. ¿Dónde nos deja esto ahora?
M: No lo sé.
Supongo… que seríamos como… una pareja.
H: No sé como
decírtelo. –Me sonrió-. Supongo que sería un '¿quieres salir
conmigo?' ó '¿quieres ser mi novia?'. Pero suena un poco…
M:
…adolescente. –Acabé por él. Asintió-. Bueno, de todas formas,
la respuesta es sí.
H: ¿En serio?
M: Muy en serio.
H:
Entonces… con tu permiso. –Me cogió en brazos-. Voy a estrenar a
mi querida novia.
M: Permiso concedido, teniente.
(Varios meses más tarde…)
Estaba en la cocina preparando la cena, cuando escuché como se abría y se cerraba la puerta, precedido por el saludo diario de Harm al llegar al apartamento.
H: ¡Ya estoy en
casa! –Se acercó a mí por detrás y me abrazó-. Tengo buenas
noticias.
M: Cuéntame. –Le sonreí-.
H: Me han ascendido
esta tarde a teniente comandante. –Me giré a él y le besé-.
M:
¡Felicidades, cariño!
H: Gracias. –Me devolvió el beso-.
Pero… no todo es bueno.
M: Tienes que marcharte, ¿no?
H: Si,
pero por poco tiempo. Tengo que hacer mis pruebas anuales de vuelo.
Solo serán tres días.
M: ¿En dónde? –Le pregunté,
temiéndome la respuesta-.
H: A bordo del Patrick Henry.
M: En
el mar. –Suspiré-.
H: No me pasará nada, Mac. Volveré de una
sola pieza. –Me cogió la cabeza entre sus manos-. Te quiero, y
ningún avión podrá cambiar eso.
M: Yo también te quiero, y por
eso te apoyo. –Le besé-. ¿Cuándo tienes que irte?
H: El
lunes. El almirante me ha dejado libre mañana. He pensado en irnos a
visitar a mi abuela, y a la vuelta, iremos ese fin de semana a
visitar a tu tío.
M: ¿Es una promesa?
H: Si. –Me sonrió-.
Y tengo por costumbre cumplir mis promesas.
M: ¿Y qué es lo que
me prometes, exactamente?
H: Bueno… Llevarte este fin de semana
a casa de mi abuela, volver de mis pruebas de una pieza y después,
llevarte a ver a tu tío.
M: Acepto. Termino con la cena y
mientras, tú haces las maletas. –Le sonrió-.
H: Vale,
saldremos después de cenar.
Dicho y hecho. El se fue a la habitación para ducharse, cambiarse de ropa y hacer el equipaje, mientras yo terminaba de hacer el salmón que me había estado enseñando durante todo un mes.
La cena la pasamos totalmente en silencio, mirándonos intensamente y sonriéndonos cada vez que pillábamos al otro observándonos. Recogimos los platos y después, nos aseguramos de dejar todo bien cerrado antes de marcharnos. Me moría de ganas de conocer a la abuela de Harm y preguntarle sobre él.
