[Katara]

El banquete no tendría lugar hasta la tarde.

Sokka había planeado toda una ceremonia de redención siguiendo las tradiciones de los Nómadas Aire. Aang se quedaría en la parte sur del Templo hasta entrada la tarde y no se le permitirá reunirse con mujeres.

—Eso es estupido, Sokka—había protestado Katara, cuando su hermano toco a su puerta a las cinco de la mañana para llevarse a un Aang semi despierto—. Soy su novia, tengo que pasar este día con él.

—Yo no dictó las reglas, hermanita—se justificó Sokka, altamente ofendido, tirando de Aang para llevárselo.

—¡Si, tú lo haces!—se quejó Katara. Alcanzó a tomar a Aang del brazo y le plantó un beso en la mejilla—. Feliz cumpleaños. Te veo más tarde, amorcito.

—¿Mmm?—Aang asintió de forma ausente, restregando sus adormilados ojos grises.

Katara lo dejó irse y volvió a recostarse para esperar el amanecer. Horas más tarde, que para Katara se sintieron como minutos, despertó por el llamado a la puerta.

—Buen día, chicas—al otro lado de la puerta, Suki, Toph, Ty Lee, Mai, Kiyi, Xing Ying, Yee-Li, el resto de las Guerreras Kyoshi, Smellerbee y Koemi la esperaban. Todas tenían pinta de haber sido sacadas de la cama—. ¿Que tal va todo?

—Tendremos "un día de chicas"—gruñó Toph, disgustada ante la idea—. El estupido de Sokka no nos quiere en el templo, así que nos sugirió amablemente que nos fuéramos a la playa.

—Un fiesta de playa—Kiyi parecía estar bien despierta y muy emocionada. Mai la tenía tomada de la mano, cuidando de su pequeña nueva hermana política.

Así que de esa forma Katara inició su día. Ella y el resto de las mujeres en la isla fueron a la playa para pasar la mañana. Llevaron bocadillos, bebidas y sombrillas. Alzaron un campamento con tiendas para cubrirse del sol y una mesa para refrigerios.

Pasaron la mañana entera charlando y haciendo juegos de playa. Crearon un gran fogata y se reunieron en torno a ella. Todas tuvieron algo sobre lo que hablar. Smellerbee habló sobre cuánto los Luchadores Libertadores extrañaban a Jet. El chico había muerto antes de que la guerra terminara, cuando enfrentó a los Dai Lee. Katara aún se sentía triste al pensar en él. Durante un tiempo, la Maestra de ojos azules había sentido algo por el chico.

—Me gustaría que él pudiera ver cómo han cambiado las cosas ahora—Smellerbee limpió las lágrimas de sus ojos, mientras Ty Lee la consolaba con cariño.

Luego habló Suki, quien estaba feliz por su matrimonio y le alegraba llevarse tan bien con Sokka ahora.

Katara le alegraba que estuviera ahí con ellas. Siempre le había agradado mucho.

—Supongo que es parte de madurar—comentó la chica de ojos violáceos—. Sokka antes era inmaduro, testarudo y no tomaba nada en serio. Los años lo han convertido en un hombre mejor, más responsable y centrado. Estoy feliz por él.

—Todas lo estamos—concordó Toph, abrazando sus propias rodillas. Su vista estaba posada sobre las llamas, aunque no podía verlas—. Recuerdo el día del Comenta de Sozin—suspiró con pesar—. Mientras Aang derrotaba a Ozai, Sokka y yo teníamos que detener las naves. Fue muy difícil, claro. En cierto punto, los Maestros Fuego nos tenían rodeados. Yo estaba en el aire, sin poder ver nada. Lo único que sentía era el fuego a cientos de kilómetros debajo de mi, como la boca de una bestia que deseaba devorarme y del otro lado sentía a Sokka, aferrándose a mis dedos, pidiéndome que resistiera. Durante un breve momento, ya casi al final, realmente creí que ese era el fin, creí que iba a perder esa pelea y yo...—suspiró profundamente, como si le doliera lo que estaba apunto de decir—, yo me rompí. Ahora todo parece una pesadilla, pero sigo agradeciéndole a Sokka por estar allí en ese momento y resistir y ser fuerte para seguir alentándome incluso cuando yo ya había perdido la esperanza.

Todas se quedaron en silencio un momento. Katara rodeó a su amiga con los brazos y alcanzó a distinguir una lágrima solitaria que se deslizaba por su mejilla.

—No le digas a tu hermano que dije eso, por favor—le susurró Toph, para que solo ella pudiera escuchar. Katara asintió.

—Tengo miedo—declaró Ty Lee, con el rostro dibujado por las llamas de la fogata. Su largo cabello le caía por un hombro en una complicada trenza tejida—. Cada noche, cada día, sigo teniendo miedo. Sin importar cuánto cuidado tenga, siempre la siento a mi alrededor. Cada sombra oscura a mis espaldas se convierte en ella...

Katara sabía de quién estaba hablando.

Azula había escapado de la carcel hace años, cuando Zuko la liberó para que lo ayudará a buscar a su madre. Después de los secuestros de los niños en la Nación del Fuego, nadie la había vuelto a ver.

—Volverá—continuo Ty Lee—. Azula no es de las personas que perdona; ella está planeando algo para vengase. Siento pena por ella. Le tenía miedo y me causaba escalofríos pero era de mis mejores amigas. La admiraba, la idolatraba—se limpió las lágrimas del rostro—. Creí que todo sería mejor para ella ahora que la guerra terminó. Podría encontrar una vida tranquila y ser feliz—busco la mirada de las chicas a su alrededor, casi con necesidad—. ¿Ustedes creen que ella pueda ser feliz con alguien allí afuera? ¿Creen que ella está bien?

—Azula está loca, pero nunca a sido alguien débil—Mai estrechó a Kiyi en sus brazos con fuerza. Katara sabía que Azula había secuestrado a Kiyi junto con otros niños en un intento fallido de destituir a Zuko del trono—. Ella no se dejaría caer. Ella está peleando y lo seguirá haciendo hasta recuperar su dignidad.

—Azula...—Koemi se atrevió a hablar para romper el silencio que se prolongó. Todas las miradas se volvieron hacia la Maestra Tierra. Katara al principio se había sentido incomoda con su presencia, pero decidió seguir el consejo de Sokka y tratarla más—. Ella era la princesa de la Nación del Fuego—volvió la vista hacia Katara. Un escalofrío surco la columna de la chica de piel oscura—. Fuiste tú quien la derrotó ¿no es así?

—Si—se removió en su asiento ante el recuerdo que surgía a flote en su memoria—. No creí que lo fuera a lograr. Aún ahora no sé cómo lo hice. Tuve que actuar en segundos...—suspiró, recordando aquel amargo momento tan difícil para Zuko y ella. Había estado tan preocupada, tal alterada. A veces creía que solo había tenido suerte. Si hubiera bajado la guardia solo un segundo, tal vez no hubiera sido ella quien ganara ese encuentro—. Tenía miedo por Zuko. Tenía que ayudarlo, como él había hecho conmigo, pero no podía hacerlo sin derrotar primero a Azula y pero sobre todo, tenía miedo por Aang. Llevaba días sin verlo ¿Saldría con bien de su pelea? ¿Que importaba si vencía a Azula, si al final del día él...?—Katara se detuvo cuando sintió un nudo en la garganta—. Pensé en él, en mi deseo de volverlo a ver, pensé en mis amigos, pensé en mi hermano, en mi padre y en mi madre—tocó el collar en su cuello—. Toda mi vida, todo mi dolor se veía reducido a ese momento...

—Fuiste muy valiente—Koemi tenía sus ojos fijamente en ella—. No puedo imaginar cuan grandes son tus habilidades de Agua Control para poder derrotar a una princesa de la Nación del Fuego, con todo el increíble poder que le otorgó el Comenta de Sozin...

—¿Que hay de ti, Koemi?—preguntó Xing Ying, sentada junto a Yee-Li. Las chicas eran tan unidas como hermanas. Siempre una junto a la otra—. ¿Cuál es tu historia?

—Oh—murmuró ella, bajando la mirada. Katara de pronto se sintió interesada. Quería conocer la historia de la muchacha. Hasta ahora, lo único que sabía de ella es que Aang la había ayudado de salir de una mala vida. Al parecer, había perdido a sus padres de pequeña y había vivido en la calle durante muchos años—. Es una historia muy larga...

—Tenemos mucho tiempo—Toph puso sus pies en la arena. Katara no pasó aquello por alto. La Maestra ciega intentaría averiguar si mentía.

—Supongo...—Koemi suspiro resignada. Sus ojos se perdieron en las llamas un largo rato—. Mi infancia fue buena, creo, mientras duro—frunció levemente el ceño mientras lo decía—. Las cosas fueron cambiando poco a poco. De pronto estaba sola y no comprendía por qué. Era solo una niña que necesitaba a sus padres, pero ya no los tenía—estrecho sus piernas con fuerza. Katara vio a Toph de reojo. La chica ciega parecía muy concentrada—. Me metí en problemas en algún momento. Pase de tener un hogar a una carcel. Las personas me miraba diferente, como si hubiera algo mal conmigo. Yo no las necesitaba, ellos no me importaban... Unicamente extrañaba ver el rostro de mi madre y mi padre. Me atormentaba el hecho de nunca volver a estar con ellos. Sufrí mucho. Comiendo sobras, pasando las noches en el suelo duro, sin la compañía de nadie para darme calor, intentando timar a las personas para mejorar mi situación... No me siento orgullosa, pero hice lo necesario.

—¿Cuánto tiempo estuviste así?—quiso saber Suki, con los ojos llenos de compasión.

—Era muy pequeña—algo parecido a las lágrimas se asombraron por sus ojos verdes. Katara no supo por qué, pero tenía la sensación de que estaba diciendo la verdad. Era como ver a la chica por primera vez, con ojos diferentes. Estaba viendo su dolor. Quizás es lo que todos veían en Koemi—. Empezó todo cuando tenía seis años y no termino hasta hace poco. Logré escapar de mis captores... Fue entonces que conocí a Aang—una sonrisa apareció en sus labios—. Fue tan amable conmigo, por primera vez en años, cuando nadie más lo había sido. Me rescato, me protegió y me dio una segunda oportunidad. Fue muy amable; no tenía por qué hacer nada de eso por mí.

—Aang tiene un corazón bondadoso—admitió Katara. La Maestra de ojos verdes apartó la mirada del fuego para verla. Por primera vez, su sonrisa parecía ser sincera.

—Si, lo tiene—reconoció la chica. La primera lágrima cayó en silencio por su mejilla de mármol, pero pronto las otras fueron acompañadas por sollozos suaves. Cubrió sus ojos con las manos, intentando en vano disimular lo que ocurría. Ty Lee la rodeo con los brazos para consolarla.

—Ya, ya—le dio palmadas en la espalda con manos amables—. Todo está bien ahora, Koemi.

Koemi apartó las manos de su rostro y se limpió los últimos rastros de las lágrimas. Le dedicó una sonrisa llena de vergüenza al grupo y se rodeó a si misma con los brazos.

El silencio que amenazaba con prolongarse fue roto por el llamado de las campanas del Templo. La mañana había abierto paso a la tarde antes de que las chicas se dieran cuenta.

—Es hora de regresar—Xing Ying se puso de pie, estirando las manos para quitar la pereza.

Kiyi se apartó de los brazos de Mai y con un movimiento experto de Fuego Control extinguió la fogata. El resto de las chicas se puso de pie y comenzó a caminar de regreso al Templo.

Katara aguardo un momento y encaró a Toph. La Maestra ciega se había quedado en silencio.

—¿Mentía?—preguntó en un susurro inaudible.

Para su sorpresa, Toph Beifong negó de un lado al otro, cruzándose de brazos.

—No, Koemi era completamente sincera—se acaricio las sienes, frustrada—. Quizás logró evadir mis poderes. No sería la primera. Azula lo hizo y...

—No, yo también creo que decía la verdad—fue difícil para ella reconocerlo, pero sabía que tenía razón. Por mucho que le molestara parecía ser cierto que Koemi había sufrido por la guerra, llevado una vida peor que cualquiera de ellos y finalmente había escapado—. Vamos, es hora de regresar al Templo.

La fiesta se daría en el salón principal, una réplica exacta de los grandes salones en los templos originales. Se habían colocado mesas largas para los invitados y un estrado principal para Aang y sus amigos más cercanos. La decoración tenía temática de Maestros Aire; habían campanillas de viento colgadas de los techos, pétalos de flores anaranjadas en las mesas, inciensos ardiendo y llenando el aire de humo perfumado.

Habían tambores, flautas y cuernos. Mesas repletas de bocadillos, dulces y pasteles. Se había preparado comida vegetariana para Aang y sus discípulos y comida común para el resto de las personas.

Después de que todas estuvieron envueltas en su ropa de gala, bajaron al salón. Katara llevaba una ropa abrigada y simple para el fresco de la tarde, todo lo contrario a su vestido en la boda de Zuko y Mai.

Al llegar miro las mesas llenarse con sus amigos y conocidos. Su lugar estaba junto a Aang, en el estrado, compartido también por Hakoda, Sokka, Toph, Zuko, Mai, Suki junto a su esposo y Koemi.

Aang llevaba puesta una túnica amarilla, con su collar de cuencas entorno al cuello, pero también llevaba una marca en la frente y su piel desprendía un olor dulce. Cuando Katara se sentó a su lado, Aang le dedicó una sonrisa.

—¿Como estuvo tu día, cariño?—le preguntó la Maestra. El chico tomo sus manos, emocionado.

—¡No podrás creer todo lo que hizo Sokka! ¿Miras está ropa? Es una verdadera túnica de monje, él la consiguió para llevar a cabo un ritual antiguo de mi gente y me hizo bañarme en aguas aromáticas—señaló la marca en su frente—. Sokka dijo que esto significaba algo para la Tribu del Agua ¿Que se supone que significa?

—No lo sé—reconoció Katara, humedeciendo su dedo con saliva. Comenzó a quitar la marca de la frente de Aang con la yema de su dedo—, pero conociendo a Sokka creo que lo mejor es que te la quites...

Los tambores comenzaron a sonar entonces y Sokka se puso de pie. Se había auto nombrado maestro de ceremonias.

—Gracias a todos por venir, muchas gracias—Sokka era fan de los discursos pomposos—. Estamos aquí, amigos y ex enemigos, para celebrar el nacimiento de un chico que sinceramente es demasiado viejo para salir con mi hermana, pero supongo que cuando eres el Avatar, puedes hacer lo que quieras—algunas risas forzadas se elevaron en la sala, para morir de inmediato—. Un día como hoy, pero hace ciento diecinueve años, tras la muerte del Avatar Roku, el mundo recibí al pequeño Avatar Aang, un chico talentoso, amable y divertido. El destino hizo posible que todos nosotros pudiéramos conocer a Aang hoy en día. Algunos como amigos y otros como enemigos, pero hoy estamos todos aquí como una familia—Sokka tomo un copa de plata que había en la mesa y la elevó en alto. Todos imitaron su acción para unirse al brindis—. ¡Por Aang, el mejor Avatar de toda la historia y el mejor amigo que podemos tener!

—¡Por Aang!—dijo la sala entera entre gritos y aclamaciones—. ¡Por Aang! ¡Por Aang!

La música comenzó a sonar y Sokka invitó a Toph a bailar. La chica se negó al principio, pero no tardar en tomar la mano que el chico le ofrecía e ir a la pista de baile. Otros también decidieron levantarse y bailar. Suki bailó con su esposo, Mai con Zuko, Xing Ying con Jingbo, El Duque bailó con Kiyi y las Guerreras Kyoshi con los Luchadores Libertadores.

Aang invitó a Katara y ambos disfrutaron de la primera canción juntos. Rieron, mientras sus cuerpos se movían con la música, hasta que los pies le dolieron. Al terminar la primera canción, Suki se acercó a ellos.

—¿Puedo bailar con el festejado?—le preguntó a Katara. La chica asintió, y Suki tiro de Aang para comenzar la nueva canción. Antes de que Katara abandonara la pista, ya tenía otra pareja.

—¿Quieres bailar?—preguntó Hakoda, extendiéndole una mano. Su hija acepto.

La noche había comenzado siendo buena. Katara miro como las invitadas se debatían por su turno para bailar con Aang. A Suki la siguió Ty Lee, tan alegre y entusiasmada, luego Toph que se había liberado de Sokka durante un momento.

Katara también pasó de unos brazos a otros. Zuko parecía muy animado y alegre cuando bailaron.

—¿Como van las cosas con tu madre?—le preguntó Katara. Zuko se permitió sonreír brevemente.

—Todo está saliendo muy bien para nosotros—parecía que había algo más que quería decir. Katara se dio cuenta cuando miro esos profundos ojos dorados como el oro fundido—. Me alegra mucho que todo esté bien entre Aang y tú Katara, se lo merecen de verdad.

Su baile duro unos minutos, antes de que el Rey de la Tierra Kuei la tomara para la siguiente canción.

Sokka también tuvo su turno.

—¿Que significaba la marca en la frente de Aang?—preguntó Katara. Su hermano le dedicó una sonrisa malévola.

—Oh, nada en particular—declaró.

Cuando Sokka se lanzó en busca de Suki, Katara tuvo que enfrentar a su siguiente pareja de baile.

—Estás hermosa esta noche—Haru le extendió una mano, con una sonrisa radiante. Katara retrocedió. No deseaba bailar con él. Lo único que quería era mantenerse lo más lejos posible del Maestro esa noche.

—No hagas esto...—comenzó Katara, buscando a Aang con la mirada. Cuando lo encontró no disfruto de lo que veía.

Koemi y él bailan entre risas, demasiado cerca el uno del otro. Katara frunció levemente el ceño.

—Solo quiero bailar—declaró Haru. Katara suspiró con cansancio y tomo su mano, dejando que Haru la llevara a un lado de la pista, donde los ojos se encontrarán lejos de ellos.

Bailaron en silencio, dejando que la incomodidad reinará entre ellos. Katara mantenía la vista baja, con los labios fruncidos. Sus manos, sobre los hombros de Haru, estaban sudando.

—Es una bonita noche—comenzó Haru, usando las mismas palabras que había usado en el barco—. Extrañaba disfrutar de buenos tiempos. Extrañaba verte...

—No puedo decir lo mismo—Katara tuvo el valor para levantar la mirada. Los ojos de Haru seguían siendo tan cautivadores como esa noche, como hace siete años—. Haru, te dije que no quería que hicieras esto, no está noche...

—Yo no estoy haciendo nada—el Maestro Tierra la estrechó con fuerza por la cintura. Katara puso una mano contra su pecho, estableciendo un límite—. Ayer no llegamos a ninguna respuesta... nuestra conversación... y hoy casi no te he podido ver...

—Haru, no hay ninguna respuesta—Katara ya estaba cansada de repetirlo. Quería simplemente estar en paz, disfrutar de la fiesta de su novio y estar con amigos—. ¿Por qué no intentas, simplemente, olvidar todo?

—¿Olvidar que?—dijo Aang.

Katara sintió que su corazón se detenía. Se liberó de los brazos de Haru con más brusquedad de la pretendía. De pie a su lado, Aang les dedicaba una sonrisa amigable. Haru bajo la mirada, con la mandíbula tensa y durante un breve segundo, Katara creyó que lo diría todo.

—Nada importante—dijo el Maestro Tierra, con voz amarga. Dio media vuelta y se retiró del lugar. Katara lo vio alejarse en silencio. Lo dejó ir y giró para enfrentar a su novio.

Aang no parecía muy seguro con aquella respuesta, se dio cuenta la Maestra. Katara lo conocía demasiado bien como para pasar por alto la desconfianza que había en sus ojos ¿Acaso era posible que sospechara algo? Pronto se creo una atmósfera de tensión. Finalmente el Avatar le ofreció una mano a Katara. Su novia la tomo sin dudarlo. Aang tiro de ella hasta tenerla contra su pecho.

—Ey—le susurro, acariciando su rostro con la yema de los dedos. Había preocupación en su mirada. Katara odiaba verlo así. El chico ya cargaba con demasiados problemas para su joven edad. Ella temía que toda esa responsabilidad lo volviera más evasivo y cerrado, cuando siempre había sido un chico de risa fácil que encontraba diversión en casi cualquier cosa—. ¿Está todo bien?

—¿Ha que te refieres con eso?—Katara sintió miedo durante un segundo. Toda aquella tensión y mentiras la estaban volviendo loca. No podía soportar la idea de que Aang descubiera todo.

—Entre Haru y tú—dijo Aang, bajando la mirada. Katara tenso el cuerpo—. Ustedes dos siempre han sido muy buenos amigos y ahora parecen distanciados. Es algo que me preocupa ¿Está todo bien entre ustedes? ¿Hay algo que yo pueda hacer?

Katara sintió una punzada dolorosa en el pecho. Aang era demasiado bueno para ella, se dio cuenta. Era un chico dulce y atento, siempre preocupado por los demás antes que por él. En ese momento quiso a Aang con todo su corazón.

—Está todo bien—susurró con miedo, intentando creer que esas palabras eran reales.

Tomo el rostro del menor entre sus manos y beso sus labios. Aang primero se mostró sorprendido, con el cuerpo rígido, pero no tardó en seguir los movimientos de la muchacha, hasta que el sonido de los tambores los obligó a separarse.

—Parece que es hora de regresar.

Ambos volvieron a la mesa. Se empezaron a servir los platillos y bocadillos mientras los invitados disfrutaban de actos de malabares y demostraciones de Agua, Fuego, Tierra y Metal Control. Cuando llegó el turno de los contorsionistas, Ty Lee desafío al mejor de ellos, una chica llamada Emiko.

Ambas chicas hicieron sus mejores actos, intentando la una superar a la otra, impresionando a los espectadores con la flexibilidad de sus cuerpos.

—Esto es impresionante—dijo Hakoda, quien nunca había presenciado algo como eso.

—Y algo escalofriante—puntualizó Zuko, antes de que Mei le diera un golpe en las costillas—. ¡Oye! Sé que ella es tu amiga, pero es la verdad...

Al finalizar sus presentaciones, pidieron al anfitrión que escogiera quién había sido la mejor. Aang pidió el consejo de Katara para decidir quién era quién debía ser nombrada ganadora.

—Emiko, tu desempeño demuestra tu gran talento y dedicación—el chico se puso de pie, muy inseguro. No era su fuerte hablar ante multitudes—, pero hasta hoy, no conozco a una persona capaz de superar a Ty Lee en lo que hace. Tengo que darle mi voto a ella.

Ambas chicas se felicitaron por sus participaciones y regresaron a sus lugares, Ty Lee asiendo algunas piruetas de triunfo.

La velada continuó, hasta que llegó la hora de los obsequios. Todos tuvieron su turno para mostrar su regalo. Las cajas y objetos se fueron acumulando frente a Aang rápidamente, más cosas de las que él quería o iba a necesitar en una vida. El chico amablemente daba las gracias a quienes se los entregaban.

Hubo un poco de todo, desde flautas de Nómadas Aire, ropa típica de las Cuatro Naciones, sombreros, juguetes con complicados mecanismos, pinturas que mostraban un enfrentamiento épico entre Aang y un Ozai muy derrotado, reliquias de los Templos Aire, planeadores, figurillas, animales de felpa de Appa, entre otras cosas.

Cuando fue el turno de Koemi, la chica le entregó un paquete envuelto en vaporosa tela amarilla, con un fino listón anaranjado. Aang lo abrió con cuidado, descubriendo debajo un manto largo, color amarillo, de basto algodón y lino.

—Esto es...—parecía que Aang no tenía palabras. Miro a Koemi, boquiabierto y luego de vuelta al traje. Sus ojos grises estaba cristalizados—. ¿Cómo es que tú...?

—Es lo menos que podía hacer por ti, Aang—la chica se adelantó hasta el estrado y beso la mejilla del chico con amabilidad. Katara se obligó a conservar la compostura. Las risas parecieron morir en todo el salón. La Maestra Agua sintió algunas miradas sobre ella, pero decidió no darle importancia.

Finalmente Koemi se apartó, con una sonrisa. Le dedicó una mirada fugaz a Katara y regreso a su lugar, al final del estrado.

—¿Cuál fue su regalo?—ella sentía curiosidad sobre por qué Aang se había mostrado tan sentimental. No se dio cuenta del tono cortante en su voz.

Él le enseño la prenda.

—Es igual a la túnica que usaba el monje Gyatso—admitió el chico, con la voz un poco rota. Una sonrisa triste se extendió por su rostro. Ha pesar de los años, aún era difícil para él hablar sobre eso. Extrañaba mucho al monje Gyatso. Katara sabía que el hombre había sido como un padre para Aang—. No sé cómo Koemi la consiguió... ¡Mira estos bordados! ¡Es casi como la original!

—Es hermosa—Katara puso una mano sobre su hombro, intentando hacerlo sentir mejor. Aang asintió levemente y regreso su atención al siguiente invitado que le presentaba su obsequio.

Katara también tenía un regalo para él, pero no era algo que podía darle ahí. Debía esperar el momento indicado...