¿Qué pensabas?
La plaza de Storybrooke bullía de vida a pesar de que aún no daban las 2 de la madrugada. Media hora de reloj había pasado desde que las cosas se habían trastocado inesperadamente. Al aletargado tiempo después del regreso de los héroes del pueblo, más la nueva villana, le había seguido un sorpresivo viaje involuntario a ese terrorífico sitio y un regreso a casa sin respuestas mayores. Los más allegados a la comitiva que se quedo con Hades y el perro enorme fueron interrogados sin demasiado éxito. Pero algo tenía claro Storybrooke y era que tenía que ver con Emma Swan, es decir que no sería algo bueno.
-Te lo digo – dijo Blashful mientras bostezaba – la hija de Snow está cada día más fuera de control, la mitad de nosotros decoramos el jardín de su nueva residencia, solo por decir algo…
Grumpy o Leroy, a esta altura al hombre le costaba describirse como el viejo Gruñón simplemente, lo interrumpió para hacer notar lo evidente – es igual quien fuera culpable, lo que realmente es grave es que no sabemos por qué Hades tiene la vista fija en nosotros, o más bien en ellos, ni cuanto tardaran en regresar.
La abuela observaba como el pequeño en sus brazos, para su tranquilidad, seguía profundamente dormido a pesar de no estar en su cuna, lo arropó con dedicación – podría haberme esperado una visita inesperada de alguien como la madre de la reina malv… - se detuvo al notar lo que estaba por decir y rectificó – de Regina pero ¿un dios griego de la muerte? – sacudió la cabeza – eso no es para nada buena señal.
-Como si lo fuera acabar en el cráter de un volcán a mitad de la noche – remarcó Leroy – tú – dijo de repente al ver acercarse a una figura hasta donde estaban – tú eres la hermana de la alcaldesa, tú debes saber algo…
Zelena le obsequió una mirada de desdén – me llamó Zelena – le informó pero parecía más una advertencia – y ser la hermana de Regina no me adiciona ninguna ventaja, te recuerdo que soy solo su prisionera – se defendió.
-Eso es porque has sustituido a la m… - la abuela se silenció cuando notó que tomado de la mano de la bruja estaba el pequeño de Robín Hood - ¿qué hace el niño contigo?
Zelena refunfuñó suavemente – como si pudiera saberlo – expresó con un encogimiento de hombros – estaba en la acogedora celda en la que mi hermana me ha recluido tan amablemente cuando el niño se materializó en mitad de mi "sala de estar" y bastante dormido, la puerta abierta fue el siguiente descubrimiento.
La abuela se acercó al pequeño – Roland… hijo… ¿quién te llevo con la señora Zelena? – la respuesta fue una mueca de desconocimiento y finalmente el niño se interesó mas por la mariposa nocturna que danzaba entre ellos.
-No gastes saliva – le advirtió Zelena a la mujer mayor – no tiene idea de cómo llego hasta allí, de hecho estaba casi dormido cuando lo vi la primera vez – se giró localizando al otro hijo de Robín y exclamó – Roland… vuelve aquí… no puedes alejarte en medio de la noche sin estar conmigo – el niño regresó mientras explicaba a su protectora casual que había una bonita mariposa pero acabo por tomar la mano de la mujer nuevamente – eso… de la mano como hablábamos antes ¿si? – le recordó Zelena para ganarse un asentimiento como respuesta.
A la abuela le hubiera gustado preguntarse de donde saldría tanta amabilidad pero lo cierto es que la experiencia de conocer al dios de la muerte y a su perro monstruoso en la boca del inframundo no le daba chance a agregarse interrogantes no relacionados – de todas maneras – le comentó a Zelena – hemos sido arrastrados hasta las puertas del inframundo por el mismo Hades – le informó – nosotros regresamos pero un grupo se quedo allí.
-¿Hades? – comentó la otra mujer - ¿el mismo dios griego de la muerte? – inquirió desconcertada ante la confirmación del resto del grupo – esto es grave lo mínimo – y luego añadió mientras reflexionaba – y tendrá algo que ver con Emma Swan y Camelot, las cosas han estado extrañas desde que regresamos sin memorias.
-¡Es lo que nosotros decíamos! – expresó uno de los enanos al cual Leroy silenció de inmediato.
-¿Mi hermana esta allí? – interrogó Zelena.
-Junto al padre del niño – fue la respuesta de la abuela.
-Naturalmente – dijo Zelena entonces – Emma y los Charming – miró alrededor de con cierta preocupación - ¿el hijo de mi hermana donde se encuentra?
-Con ella – le respondió uno de los enanos.
-Pobre niño – suspiró Zelena – lo de la tener una vida normal de adolescente preocupado por el acné parece una utopía – dio otro vistazo entre la gente que estaba presente en la plaza – veo que Hook tampoco está aquí.
-Ni… - la abuela iba agregar dos nombres más a la lista pero una explosión de luz en un lateral de la plaza llamó completamente su atención y despertó al niño en sus brazos, por ella los primeros en emerger fueron Rumple y Belle así que los señaló – ni ellos – y entonces hamacó al bebé de Snow que lloriqueaba.
-Han regresado – dijo Leroy aliviado y sus ojos se abrieron al ver que allí estaba Emma Swan, pero la Emma de siempre, quien caminaba sonriendo y tomando a Regina del brazo como si no volviera de una experiencia de muerte ni nada – ella ya no es el oscuro – mencionó aunque parecía evidente.
Del vórtice surgió una última figura que caminó suavemente entre la población, donde muchos la miraban azorados. Todos menos el niño que se soltó de la mano de Zelena y corrió a su encuentro mientras gritaba alegremente "¡MAMÁ!".
-Roland… hijo mío… -Marian lo apresó en sus brazos y lo apretó contra ella, Zelena vio como las lagrimas se agolparon en los ojos de la mujer que incluso pareció confusa al verlas correr por sus mejillas. La bruja observó entre los recién llegados y notó una ausencia. Por alguna razón, sintió una sensación de hormigueo en su tripa de mujer con 4 meses de embarazo. Regina llegó a su altura y ambas se miraron.
-¿Dónde está… - Zelena se tomó unos segundos para decidir cómo llamarlo – el padre del niño? – señaló con la cabeza a Roland.
Su hermana suspiró – él no lo logró, se quedo atrás para protegernos – anunció sin dar detalles para no alertar demasiado al hijo de Robín que hoy a pesar de su felicidad por ver a su madre tendría que aprender a perder a su padre.
Marian tomó de la mano a su hijo – ven pequeño Roland – le dijo tirando de él hacia la cafetería – mami tiene que contarte algo importante.
-¿Podemos tomar chocolate? – le preguntó el niño al ver hacia donde se dirigían.
-Si la amable señora que regenta el sitio nos lo permite, por supuesto – le respondió ella y al pasar a un lado de Zelena y Regina agregó con suavidad – debemos encontrar un sitio correcto para que mi hijo, la mujer que dará a luz y yo podamos estar permanecer por algún tiempo – e inclinando la cabeza informó – en unos días pasaré por su oficina para discutir tal situación, señora alcaldesa.
-Por supuesto – le contestó Regina con corrección.
-Toma a tu pequeño – la abuela le pasaba a Neal con muchísimo cuidado a su madre – acaba de despertarse – le explicó – no sé preocupen que inmediato Hades nos regresó a Storybrooke me dejó frente a tu portal abierto.
-Lo sé, es un buen tío al final de cuentas – le dijo Snow – Muchas gracias abuela.
-No fue nada, debo marcharme a la cafetería pero en algún momento quiero los detalles– dijo viendo como Marian y el niño la esperaban en la puerta – hay chocolate que preparar.
-Un momento – dijo Zelena por primera vez consciente de que el comentario "la mujer que dará a luz" de Marian realmente se refería a ella - ¿qué vamos a permanecer quienes…?
Pero Marian no le respondió nada de lo que deseaba y cerró la conversación dirigiéndose a la mujer – Zelena, acompáñanos por favor… debo hablar contigo también.
Regina notó como su hermana rezongó y pensó que debía obligarla a ir pero finalmente vio como Zelena se encaminó hacia la cafetería excusándose de necesitar un café por propia voluntad– eso puede tornarse divertido – susurró pensando que nadie la oía, algo erróneo.
-Eres mala Regina Mills – le susurró al oído Emma mientras la abrazaba por detrás generando un coro de exclamaciones diferentes en la audiencia - ¡ah! Dime que no íbamos a discutir sobre ser discretas – habló en tono bajo.
-Creo que ya es tarde Señorita Swan – Regina se encogió de hombros y recibió con buen ánimo la caricia que le daban la mejilla de Emma sobre la suya.
-Creo que nosotros aprovecharemos para ir a casa – anunció Snow – creo que si le doy leche tibia a este pequeñajo volverá a dormir lo suficiente como para que podamos sacarnos el inframundo del cuerpo con unas horas de sueño – tomó la mano de Charming - ¿vamos?
-Si – dijo éste – vámonos, buenas noches a todos. Mañana les explicaremos que ha sucedido – agregó hablando para todos los reunidos – pero no hay peligro de ningún tipo sobre nosotros así que les recomiendo ir a descansar todos.
La gente se fue descongregando, algunos más o menos seguros de la certeza del Sheriff en funciones pero todos se marcharon a sus casas.
Rumple caminó también hacia su casa con Belle de su mano pero después de 2 metros se detuvo - ¿por qué nos sigue capitán? – le cuestionó a Killian que caminaba casi a su lado.
-Oh… ahora que soy tu ¿dueño?, ¿amo?, no sé como se dice – sonrió con expresiva prepotencia – he pensando que por una cuestión de seguridad debemos ser compañeros de piso, ¿sabes?
-Oh, no, no, eso si que no – Rumple se quejó abiertamente de la idea – es absurdo.
-Tenemos una habitación enorme y bien iluminada que es perfecta para ti, Killian – Belle sin embargo parecía completamente encantada con la idea.
-Estupendo Darling, vamos a casa – dijo colocándose del lado contrario a Rumple y tomándola del brazo – la mejor parte de vivir contigo cocodrilo es lo buena conversadora que es tu mujer – le aseguró y aunque el oscuro no dijo nada era evidente que estaba completamente derrotado.
-Eso también podría volverse divertido – concluyó Emma.
-¿Y ahora quién es la malvada? – le cuestionó Regina consiguiendo un beso en los labios como respuestas.
-¡Abuelo! – exclamó de repente Henry - ¿está bien si por hoy voy a dormir a tu casa?
-¿Henry? – Regina soltó a Emma y se acercó a su hijo – cariño ¿sucede algo? – le preguntó con temor.
El joven se sonrió – no mamá, pero creo que ustedes necesitan estar solas y… hablar…
Emma quería decir que ella no pensaba hablar en absoluto con Regina, al menos no esa noche pero pensó que con sus padres y su hijo mirando "hablar" era un verbo perfecto para describir lo que iba a suceder ni bien Regina y ella estuvieran solas. Era algo que podía palpitar en el aire desde que dejaron a Hades atrás.
-Henry… no hace falta que te vayas con los abuelos – le insistió – podemos ir a tomar chocolate si eso te apetece – lo cierto es que esperaba que el joven no cayera en su falsa propuesta.
El chico negó – estoy cansado y prefiero dormir, iré con los abuelos y mañana pasaré por la casa para almorzar con las dos… y entonces hablaremos los tres – le dio un beso a cada una de sus madres y el grupo se dividió en dos con un gesto con la mano.
-Bueno, estamos solas – dijo finalmente Emma girándose a Regina.
-¿De verdad íbamos a ir a tomar chocolate? – inquirió esta con un gesto divertido.
-Oh no… por dios, estaba deseando que no dijera que si – Emma se le acercó y jugó con la cinturilla del pantalón que llevaba Regina – lo único que me apetece es quedarme a solas contigo.
Regina levantó su mano y una nube morada las llevó de regreso a su habitación, donde la cama seguía como la habían dejado - ¿de qué deseaba hablar Señorita Swan? – bromeó con picardía.
-De cierto asunto que dejamos a medias durante demasiado tiempo – le dijo acercándola a ella.
-Querrá decir que usted dejo a medias durante demasiado tiempo – la corrigió la morena pasando sus brazos por el cuello de Emma.
-No te vi quejarte por ello – la rubia la apretó a ella tomándole la cintura mientras se mordía el labio inferior al sentir el calor que ambas desprendían. La temperatura estaba subiendo y aquellas paredes habían sido testigos silenciosas de muchas sesiones calurosas pero ninguna con tanta expectativa como esta. Esta era la definitiva, ellas lo sabían perfectamente.
-Eso… – Regina estaba a centímetros de los labios de Emma y comenzaba a sentir el aliento cálido de la rubia rozarle los labios y encontrarse con el suyo – porqué nunca se quedo a ver qué sucedía.
Emma recorrió los últimos milímetros que las separaban – eso tiene que cambiar hoy mismo.
El roce de sus labios terminó con las palabras. Nació como un encuentro tierno entre dos almas que por fin tiene la certeza de que pueden amarse sin complicaciones, sin desesperanza. Pero Regina decidió impulsar el roce y volverlo un beso profundo, hambriento cuando invadió la boca de Emma con su húmeda lengua haciendo que soltará con gemido. Entonces muchas cosas se volvieron confusas en sus respectivas mentes porque solo podían someterse a los incontrolables deseos que su piel les marcaba como prioritarios. Solo la habitación sabía cuando era que habían vuelto a adoptar aquella conocida postura, con Regina a ahorcajadas sobre Emma. Ellas solo contaban los botones que iban cediendo a sus dedos y la incapacidad que tenían para dirigirse una sola palabra sin que se estrellaran los labios con más intensidad.
-¿Qué pensabas? – pudo decir finalmente Regina mientras Emma dejaba caer por sus hombros la camisa que había abierto por completo descubriendo el torso de la morena y aquel trozo de satén negro que le parecía tan sexy y tan innecesario al mismo tiempo.
-¿Sobre qué? – su boca dibujo un sendero que tenía inicio en el escote de la morena y bordeaba su mandíbula inferior, caminando húmedamente hasta es cuello terso.
-Esas noches – la voz de Regina era un hilo porque la mayor parte estaba dedicada a los sensuales quejidos que daba casi constantemente – cuando estábamos así… ¿qué pensabas?
Emma se separó un segundo y Regina extrañó todo el contacto que tenían un segundo antes, sintiendo helado el resto del aire – debes saber – dijo acercándose nuevamente – que esa no era yo por completo – se excusó – las cosas que pensaba estaban algo influenciadas.
Regina la besó suavemente y el labio inferior de la rubia - ¿qué pensabas? – insistió.
Emma tragó saliva – en romperte la ropa y hacerte el amor – dijo gravemente y añadió luego con cortedad – aunque no quisieras.
Regina soltó el aire que estaba en sus pulmones extrañamente excitada. Aunque ella quería y por tanto no era lo que la oscuridad de Emma planificaba, la idea de una Emma rompiendo su ropa y tomándola le pareció considerablemente morbosa. Suspiró audiblemente y se lamió los labios.
-Hazme el amor Emma – fue todo lo que dijo – por favor – suplicó notando que la necesidad que tenía de que esa mujer a la que no podía que negar que amaba la poseyera era tan profunda que no le cabía en el cuerpo.
Emma dio un respingo incapaz de pronunciar una frase completa – no me dig…
No terminó de decirlo porque se encontró con la lengua ávida de su compañera cerrando su boca y dándole a entender que hablaba en serio. Batalló con ella con fuerza y ancló sus dientes en su cuello dejándole una huella que podría estar visible por días enteros - ¡Oh dios! – se quejó de lo que Regina hacía consumiéndole el cuerpo a fuerza de deseo. Apretó los dientes. Regina sintió el chasquido del cierre de su sujetador siendo reventado de un tirón agresivo y no pudo sino gemir. Pero todo lo que podía salir de su boca se quedo mudo de placer cuando Emma la sostuvo y le mordió con intensidad los pezones desnudos. La humedad que sentía entre sus piernas creció al igual que todos los espasmos corporales que sufrió mientras Emma se deleitaba lamiendo un pezón y luego el otro, apretándolos entre sus dientes. Una vez que la espalda de Regina tocó la cama las manos de Emma se dedicaron a pellizcarle con fuerza los sensibles pechos dejándola al borde del un orgasmo. Así de sencillo, así de lujurioso.
Emma bajo las manos y en unos segundos no quedaba ropa que arrancar o romper, las bragas húmedas reposaban rotas en una esquina de la habitación y Regina tuvo que esforzarse enormentemente para poder quitarle la ropa a su amante. Emma parecía un animal desbocado y hambriento, solo el aliento de su reina en el oído la detenía y le daba a la morena la chance de tenerla sobre ella igual de desnuda. Notó la humedad de Emma rozándole el muslo algo que le pareció electrizante y narcótico. Giró sobre si misma y fue ella la que quedo al mando de esa danza, inclinando la espalda y encajando su humedad entre las piernas de Emma quien no dudo en pasar un dedo por ella y rozar su clítoris. Como si fuera una escena a cámara lenta pudo ver como ese dedo viajó desde sus pliegues hasta la boca de Emma y como esa rubia lo chupó deleitándose con el sabor expresivamente. Se movió sobre la humedad de Emma y ambas dieron un respingo de excitación y placer.
Emma levantó su cuerpo para acercarlas más y comenzó un movimiento que a Regina le causaba escalofríos. Gimoteó audiblemente sosteniéndose sobre el toque del cuerpo de la rubia.
-Si mi amor – le dijo Emma – si, déjame sentirte así.
"Mi amor", Emma la llamaba su amor y no dudaba en profundizar su placer, acariciándole el clítoris con los dedos o apretando sus pechos. La humedad se hacía más y más abundante, como los gemidos de Regina que no podía detener. Adoraba a esa mujer que estaba bajo ella completamente ocupada en hacerla sentir placer y disfrutar del propio. La morena entonces se dejó caer con fuerza contra el sexo húmedo de Emma y aceleró el ritmo mostrando que no le faltaba mucho. Aprovechó la cercanía para marcar los pechos de Emma con sus dientes mientras la oía gemir.
-Me voy a correr Regina – fue lo único que salió de la boca de Emma cuando el roce se intensifico.
-Conmigo Emma – le tomó las manos y en unos últimos movimientos desencajados y violentos ambas llegaron a tener un orgasmo que se prolongó unos minutos más debido a la vibración de sus cuerpos encajados. Regina estaba saliendo prácticamente de un momento de pérdida del sentido debido al placer pero todos sus poros se despertaron en un solo grito espasmódico cuando los dedos de Emma entraron en su interior y se sacudieron dentro.
-¡EMMA! – dio un gritó de impresión notando como la rubia iba entrando y saliendo de ella con suavidad – oh dios, Emma… - su gemido estaba cargado de las sensaciones de un cuerpo que no terminaba de procesar un orgasmo y ya iba rumbo al siguiente.
-Regina por favor – le suplicó Emma mientras le mordía el lóbulo de su oreja derecha – por favor, vuelve a correrte, quiero que te corras mientras te embisto, mientras me tienes dentro, por favor quiero sentirte.
Invariablemente Regina sabía que Emma recibiría lo que deseaba porque su cuerpo era un nudo de extensiones nerviosas inflamables y Emma era la chispa para hacerlas estallar una por una y a todas a la vez. A su antojo. El roce de su piel, su voz, la manera en la que la estaba haciendo suya mientras la besaba o se detenía a marcar su cuello o a lamer sus pezones. ¿Cómo demonios no iba a correrse? Si es mujer a la que amaba se desvivía por matarla de placer.
-Oh Dios – soltó cuando Emma introdujo un nuevo dedo y su boca abierta fue una invitación a invadirla con la lengua que Regina no iba a rechazar. Se besaron armónicamente siguiendo el ritmo de los dedos de Emma y cuando este aumento el beso se volvió salvaje y líquido. Regina cerró los ojos a punto de gritar y venirse, cuando Emma la embistió profundamente y le susurró "eres mía".
El orgasmo la atravesó por completo y sintió que todas las fuerzas de su cuerpo la abandonaron a la vez. "Esto es lo que llaman morir de placer", fue su último pensamiento. Se sentía como cuando Emma la trataba de hechizar para que se olvide de su presencia, de los besos que se daba. Pero esta vez hubo una diferencia, al poder abrir los ojos no estaba sola como tantas otras veces. Emma estaba con ella, sosteniéndola. Susurrándole cosas preciosas al oído.
-Te amo – murmuró cuando le garganta decidió cumplir su función.
-Y yo te amo a ti Regina – Emma la cobijó y la abrazó diciéndole que tenían que descansar, que esta noche era la primera de muchas que estaba dispuesta a vivir a su lado.
