Advertencia: T por psicología y malas palabras en el futuro(?)
Un cielo opaco
...
Yamamoto estaba incrédulo al ver el rostro lloroso de Tsuna. Era como si acabara de presenciar un accidente u otra cosa peor. Tenía a Futa aferrándose a su hombro, cargaba a Lambo e I-pin, quienes ocultaban su cara en el pecho del beisbolista y temblaban un poco. Entendía que ese tipo de clima asustaba a los menores, pero no para que Tsuna se pusiera así. Ya habían estado juntos en otros días como ese y el castaño siempre estaba normal, hasta eso, hace rato también estaba perfecto. Entonces ¿Por qué ahora?
―...No... ―se escuchó el leve susurró de Tsuna perfectamente. ―No...
―¿Tsuna, estás bien? ―se aventuró a preguntar lo que no era evidente.
―No te olvides de mí... ―continúo, miró a Yamamoto con unos ojos sumamente tristes y pareciera como si esas palabras fueran dirigidas hacia él.
Entonces Tsuna se levanto de golpe asustándolos, se dejó caer de rodillas hasta donde el Guardián de la lluvia estaba sentado, lo tomó por el cuello de la playera, haciendo que los dos infantes se cayeran y que Futa retrocediera.
―¡No me olvides! ―dijo desesperado, el castaño estaba comenzando a temblar y pareciera que esas lágrimas no tenían fin. ―Por favor... no me dejes en el olvido
Yamamoto no sabía que hacer en ese momento, parecía que su amigo estaba como en una especie de trance. Antes de que pudiera siquiera comentar algo, otro rayo cayó y el sonido alteró más al castaño.
―¡No te acerques... monstruo!
Tsunayoshi lo soltó de la playera y gritó horrorizado. Entonces Nana entró de inmediato, Yamamoto tomó a los niños y le pidió a Futa que saliera junto con ellos. Nana tomó a Tsuna por los hombros para que la mirara y le dijera que le pasaba, pero el chico no hacía ninguna reacción
―No soy un monstruo... no soy un monstruo ―repetía en voz baja.
Ella no entendía esas palabras, así que no le prestó atención y llevo a su hijo hasta la cama. No paraba de temblar y de mascullar eso. Miró a la ventana y para ver que la lluvia ya era más ligera, además de que la luz también había regresado.
―¡No te acerques... monstruo!
Se quedó pasmado al oír lo que la voz temblorosa de Tsuna acababa de pronunciar. Miró incrédulo al niño y sentía que en cualquier momento iba a estallar también en llanto.
―¿M-monstruo?
La lluvia solamente estaba ayudándolo a deprimirlo más, odiaba que el cielo se mostrara así de... opaco. ¿Qué había pasado? No hace mucho tiempo estaba alegremente jugando con el castaño y ahora resultaba que le tenía miedo. Bajó su mirada hacia el otro niño en el suelo, quien ya comenzaba a llamar a su mamá... ¡Era la culpa de ese infante, no suya! ¡Fue él quien comenzó a buscarle pleito a Tsuna! No iba a quedarse de brazos cruzados y dejar que dijera lo que quisiese.
―¡Tsu-kun no quiere saber nada te 'ti'!
Regresó su anaranjada vista al otro, ya no se lograban distinguir las lágrimas que caían por sus mejillas gracias a la lluvia, pero las podía sentir
―Tsu-kun...
―¡Quiero que desaparezcas! ¡Quiero olvidar todo de 'ti'!
―¿Cómo está, mamma? ―preguntó Bianchi, quien había llegado momentos antes de que la luz se fuera.
―Parece más calmado ahora que la lluvia se detuvo―dijo Nana evidentemente preocupada pero aún así mostrando una sonrisa.
Ella sabía que su amado hijo no estaba bien, no era ciega ni tampoco podía hacerla tonta, pero le seguía el juego a Tsuna. Y lo hacía simplemente por eso, porque era su madre y lo conocía mejor que todos los presentes. Ella sabía que una de las cosas de Tsuna era que no le gustaba molestar a los demás, ya sea por sus problemas escolares y ni se diga de los personales. Es por eso que se mantenía callada cada vez que su hijo regresaba a casa con una herida nueva o con una seriedad y ese miedo que a veces se reflejaban en sus ojos caramelo, ella siempre le sonreía e intentaba aparentar que nada malo ocurría. Porque sabía que si le decía algo al respecto, iba a sentirse todavía más deprimido o le negaría todo, como cuando era niño.
Pero había momentos en que Nana no podía soportar más intentar aparentar ignorancia y le preguntaba que le ocurría, como cuando despertó vomitando o cuando se cortó al romper el espejo del baño. Aún así no obtenía respuestas concretas, solo una miraba rogándole que no siguiera preguntándole e intentando fingir que todo estaba bien y que no era la gran cosa.
―Nunca pensé que se volvería a poner así en días de lluvia―masculló para sí misma pero el resto de los inquilinos la escucharon.
―¿Ocurrió algo antes, mamma? ―volvió a preguntar Bianchi.
―Hace tiempo Tsu-kun tuvo un problema con un niño en un día como este... Cada vez que llovía, gritaba y se escondía debajo de la cama, como si alguien fuera a aparecer en cualquier momento...
―Creo que... será mejor que me valla―dijo Yamamoto después de un breve silencio con voz preocupada.
De nada servía quedarse en ese momento, además, Bianchi ya había llegado por lo que Nana no iba a quedarse sola y ella era de mucho más ayuda que él. Nana le sonrió tristemente y lo acompañó hasta la puerta. La lluvia había cesado por el momento, pero se podían apreciar truenos en el cielo, señal de que tal vez iba a regresar pronto, por lo cual la madre de Tsuna le pidió que se llevara el paraguas.
La cabeza le estaba matando. Una parte de él estaba en la inconsciencia mientras que la otra lo mantenía alerta. No entendía la razón de ese estado, si hace unos momentos estaba perfectamente normal, estaba seguro que el jugar baseball no tenía nada que ver.
―A... agua...
Sentía la garganta seca y el cuerpo pesado, como si estuviera cargando algo sumamente fuera de su alcance. Como pudo se puso de pie y se vio en el reflejo de la ventana, estaba en su forma normal, por así llamarlo. Intentó concentrarse para regresar aquella mirada caramelo, pero no pudo. Abrió sus anaranjados ojos con temor y sorpresa. Una vez más lo intento y fue el mismo resultado. ¿Por qué no podía ocultarlos?
―Tsu-kun... ―Nana tocó la puerta y la perilla giró levemente.
―¡No entres! ―le gritó tacleando la puerta con su cuerpo al momento en que se abrió un poco.
No le gustó haberle tenido que gritar, pero no había otra opción. Estaba asustado, tenía miedo de que ella lo viera así ¿Cuál sería su reacción? Estaba consciente de que Nana era realmente dulce y que dejaba pasar casi cualquier cosa, pero eso sería ya la gota que derramara el vaso.
―¿No me dirás que te ocurre, verdad? ―preguntó su mamá tristemente.
―...Por favor, no entres...
La Sra. Sawada se quedó totalmente en silencio y bajó un poco su cabeza. Tsunayoshi solo pudo escuchar sus pasos alejándose de la habitación.
―Lo lamento... ―susurró resbalando por la puerta hasta sentarse en el suelo y cubrió sus ojos con sus manos.
Unas pequeñas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Y no era por el dolor que sentía, sino porque se acababa de dar cuenta que, aunque estaba libre, seguía bajo la sombra de Tsuna. Porque solo podía mostrar su apariencia cuando se trataba de una pelea y eso le entristecía mucho. No era justo. Él también podía sentir, tener emociones, vivir... Y aún así no ser parte de ese mundo el cual cada día le gustaba más.
―¡Quiero que desaparezcas! ¡Quiero olvidar todo de 'ti'!
Le gritó y volvió a agarrar el llanto, agachó su cabeza y cubrió sus oídos. En eso dejó de escuchar el sonido de la lluvia, el de los truenos, el de los columpios al mecerse por el viento, el del otro niño pidiendo por su madre... Lo único que podía oír era el llanto de Tsuna, y eso lo hizo sentirse mal.
Descubrió sus ojos y mostrando su cara sorprendida. De nuevo estaba viendo cosas que no entendía. ¿Eran esos recuerdos de Tsuna? Pero era imposible, estaba viendo a Tsuna desde una tercera persona y no podían ser suyos. Mierda, parecía que se estaba volviendo loco.
Nana había regresado a la cocina para subir dos tazas de té. Si pensaba su hijo que iba a volverse a salirse con la suya y no dejarla pasar para contarle lo que le pasaba, pues estaba muy equivocado. Esta vez ella no iba a ceder. Por lo que ahora solo entró sin avisar.
Bianchi, quien estaba sentada en el comedor, oyó el sonido de la bandeja caer junto con unas tazas quebrarse y de inmediato se puso de pie y corrió hacia las escaleras.
―¡Mamma! ¿Qué pasa? ―la italiana se encontró frente a habitación de Tsuna a Nana con un rostro asustado.
―Tsu-kun... Tsu-kun no esta...
Entonces se fijó que la ventana estaba abierta.
Yamamoto no podía dejar de pensar en Tsuna, esa forma de mirarlo era algo que no podía sacarse de la cabeza.
―Ah... es el idiota del baseball.
Gokudera estaba saliendo de una tienda con su típico rostro de amargura. Encendió un cigarrillo y se puso frente a Yamamoto
―Ah, hola―saludó sin mucho ánimo.
El peli-plata alzó una ceja. Para que Yamamoto no le saludara con esa fastidiosa sonrisa como siempre era porque algo de verdad si andaba mal
―¿Qué te sucede?
Entonces el beisbolista le comentó lo ocurrido en la casa de Tsuna. Gokudera tuvo que auto-controlarse para no golpear ahí mismo a ese imbécil. Una parte de él le decía que no tenía la culpa de nada realmente, pero aún así quería golpearlo.
―Fue realmente extraño ¿sabes? En un momento todo estaba perfecto y al siguiente...
Gokudera volvió a prender otro cigarro.
―Dime algo... durante el momento que conviviste con Juudaime ¿no lo notaste diferente?
―¿Ah? ―le miró Yamamoto con duda. ―Bueno... para serte sincero no esperaba que jugara tan bien, pero creo que de ahí en más no había nada fuera de lo normal.
Antes de que ahora si Gokudera se le fuera encina, su celular sonó y se fijó que era un mensaje de su hermana. Iba a borrarlo sin leerlo pero se equivocó de botón por lo que el mensaje se abrió. Simplemente decía "no me cuelgues". No logró captarlo hasta que volvió a sonar con melodía diferente. Otra vez suspiro y contestó.
―¿Qué quieres? ―Yamamoto se fijó que el rostro de su amigo se puso tenso―¡¿Qué Juudaime qué?!
Entonces él también se tensó.
Caminaba apoyándose en las paredes, no tenía ni la mínima idea de a dónde iba, pero algo le decía que no podía quedarse en ese cuarto el resto del día. Cuando iba a dar la vuelta en la esquina, se quedó inmóvil, porque en la calle paralela iban pasando los chicos con los que había hecho equipo para jugar baseball. No quería que lo vieran en ese estado, además de que tal vez le iban a preguntar algo por sus ojos y la llama de su cabeza. Una vez que los jóvenes se alejaron, siguió su camino. A cada paso que daba, más dificultad era para caminar o respirar.
―¿O-olvidarme...? ¿Tsu-kun... quiere olvidarme?
El castaño no le dijo nada y continuó llorando. Trago saliva y sin importarle lo que le dijo, dio un paso lento y después otro, hasta quedar frente a Tsuna. Se agachó y dirigió su manita hacia la cabeza del otro, pero no lo tocó.
―Tsu-kun...
―¡Aléjate!
Lo empujó haciendo que también se cayera en un charco.
Tsunayoshi llegó hasta un parque que lucía parecido al de todas esas imágenes que rondaban en su mente. Miró todo con detenimiento: los columpios, el tobogán, el sube y baja, las bancas, los árboles... Caminó tranquilamente hasta el empapado columpio y lo tocó.
―¡Vamos a jugar! ―le propuso con una sonrisa radiante en su rostro.
Lo tomó de la mano y se encaminó hasta el columpio. El niño limpió un poco el juego y después le dio unas palmaditas, indicándole que se sentara. Así lo hizo, pero estaba nervioso, nunca se había subido a un columpio. Le indicó que se agarrara de las cadenas y no las soltara para nada o si no iba a caerse y le dolería. Eso lo asustó todavía más.
―¿Listo? ―Le preguntó alegre, ahora estaba detrás de él y se sentía raro al no verlo
Solo asintió. Entonces le dio un empujoncito que lo elevó un poco. Se sobresaltó cerrando sus ojos y se aferró más a las cadenas. Otro empujón, uno más, dos, tres... El sentir el viento en su cabello era agradable y cuando bajaba sentía un curioso vacío en su estómago. Poco a poco fue abriendo sus ojos naranja. Y se quedó asombrado de ver como subía y regresaba. Sentía que podía tocar el cielo, las nubes o el bonito sol que hacía en ese momento. Sonrió y soltó una risita, lo cual alegró al pequeño que lo empujaba y le pidió entonces que moviera sus pies: hacia enfrente cuando se elevaba y hacia atrás cuando regresaba. Eso lo impulsó más.
―¡Más alto, Tsu-kun!
Regresó a la realidad, se alejó del columpio y dio pasos hacia atrás. Se sentó en una baca y no le importó mojarse.
―Ya entiendo...
Mostró una cínica sonrisa y rió sin felicidad.
―¿No lo has visto? ―preguntó Yamamoto a Gokudera. Se acababan de encontrar en una esquina y el chico negó con la cabeza―Yo tampoco tuve suerte...
―Bianchi le habló al cabeza de césped para que nos ayude...
―Supongo que no sabrás el número de Hibari o de Chrome...
―No sé si esa niña tenga celular en primer lugar―replicó molesto. ―Cómo sea, tenemos que seguir buscándolo.
Yamamoto asintió y se volvieron a separar. Recorrían por el momento la colonia y si era necesario después todo Namimori. No era posible que Tsuna haya desaparecido así nada más. Gokudera pasó por un parque, donde vio a una castaña cabellera a lo lejos y de inmediato se detuvo.
―¡Juudaime! ―gritó
De inmediato el chico se sobresalto y salió corriendo de ahí, lo cual dejó confundido al Guardián de la Tormenta. No esperó más y lo siguió.
―¡Espere!
―¡Déjame solo!
Cruzo la calle y justo en eso iba pasando un camión.
―¡Juudaime! ―Gokudera se mostró horrorizado.
Estaba comenzando a recuperar la movilidad de su cuerpo y también el dolor estaba desapareciendo. Uni se había desvanecido dejándolo solo nuevamente en ese lugar, bien le había dicho que no iba a durar mucho tiempo. Algo tenía que estar pasando, porque ya no se sentía sofocado como los primeros días y francamente no sabía si alegrarse por eso o preocuparse.
―Décimo.
Se puso de pie al oír la voz de Primo nuevamente. Giraba su cabeza hacia todas las direcciones, esperando encontrar una mínima luz. Y así fue, una llama parecida a la de la última voluntad comenzaba a crecer en ese oscuro lugar. Tsuna sonrió levemente al ver como la llama comenzaba a tener forma como la primera vez que lo ayudó con 'él'.
―¡Primo! ―exclamó con alegría. Y si no fuera porque se contuvo un poco, se hubiera ido contra él para darle un abrazo. ―Pensé que tú... bueno...
―Recuerde que yo ya estoy muerto, Décimo―comentó Giotto sonriendo también, pero después se puso serio―He aprovechado este momento de debilidad para estar con usted.
―¿Debilidad? ¿Está pasando algo?
―Décimo, es importante que usted me escuche. De eso depende de que pueda salir de aquí y enfrentarse a 'él'
―¿Enfrentarme? ¿Quieres decir que... tendré que pelear con 'él?
Tsuna se mostró nervioso ante la mirada penetrante de Vongola Primo, como él estaba en modo hyper esos ojos le recordaba un poco a 'él'.
―Todo depende de usted.
Comentarios sin sentido: Hola nuevamente! Un poco revuelto el capítulo (como siempre C:) pero realmente espero que sea de su agrado, en realidad, este capítulo empezó toda esta historia, lo escribí estando aburrida en el colegia en la clase de DSI y bueno para cuando me di cuenta ya andaba dejando volar la imaginación. En fin~ Gracias nuevamente a ZANGO-01, Himeno Sakura Hamasaki, Go men 123, Neko uke chan, Franbel, maquel y pinkus-pion por tomarse la molestia de leer y sobretodo por dejar reviews C: Igual gracias por los Mp, alertas y favoritos! :'D! Bien, creo que es todo. ¡Hasta el próximo!
Saludos~!
