Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.
"Me estremezco al darme cuenta de lo fácil que es equivocarse con las personas, de lo sencillo que es quedarse con una parte insignificante de ellas y confundir esa parte con el todo, de lo poco que cuesta mezclar las causas con las consecuencias y al revés."
Lauren Oliver, Before I Fall
9 de Noviembre 2013
Sabía que era un mero capricho el no hablarle a Edward, pero no podía dejar de estar enojada con él. No todo lo que brilla es oro, y bueno, por lo menos Edward parecía no amarla. Isabella tenía que darle tiempo, de eso estaba consciente, obviamente también estaba el hecho de que ella le había dicho que lo amaba y esperaba una respuesta similar, no aquel desplante.
Había tantas cosas en la mente de la castaña. Talvez no era el momento de decir esas palabras, talvez debió esperar un poco más a que su relación se consolidase mejor, así no hubiera tenido una respuesta tan negativa por parte de Edward. Pero es que también no encontraba motivo para que él haya reaccionado de esa manera, tan solo un "No, Bella yo todavía no te amo" era suficiente.
Isabella a veces se preguntaba porque los hombres eran tan complicados, aunque la mayoría del tiempo ellos digan que las mujeres eran difíciles de entender. Ellos se ahogaban en un vaso de agua, claro que las mujeres podían buscar hasta el más mínimo detalle de cualquier situación, pero era el género masculino el que no sabía cómo solucionar o tratar si quiera de arreglar las cosas.
La castaña seguía garabateando sin sentido en un cuaderno que encontró al fondo de su armario. Era pequeño y estaba envuelto de un papel corrugado color rosa. Enseguida se había dado cuenta que era su diario cuando tenía tan solo 9 años y, como cualquier niña, había escrito todas las aventuras que algún día iba a cumplir, viajar por toda Europa, conocer más ciudades de su país, encontrarse con el místico príncipe azul y vivir felices para siempre.
Lástima que su príncipe se haya comportado como un perfecto canalla.
- ¿Estas bien? – Isabella rodó sus ojos.
- ¿Me veo bien?
- Un poquito – Jessica sonrió como una niña chiquita - ¿qué pasó? – Bella dio un gran suspiro, no tenía ningún sentido agrandar el problema.
- Nada – su hermana le dio una penetrante mirada que la hizo estremecer – enserio, no pasa nada – esta vez levantó una de sus cejas, la castaña solo pudo rodar los ojos - ¿te decoloraste el cabello?
- Si, quería un cambio y bueno, ahora soy rubia con puntas moradas. Pero no me cambies de tema, ¿por qué no quieres contarme lo que pasó? ¿Ya no confías en mí? - Isabella por un segundo había pensado que logró despistar a su hermana.
- Confío en ti, pero no creo que lo que me pasa tenga que saber todo el mundo. Además, no es algo de qué preocuparse.
- ¡Ouch! Eso dolió. No creí que me consideraras dentro del todo el mundo – Jessica dio un suspiro dramático mientras se llevaba una mano al pecho – creí que era especial. – la castaña le dio un almohadazo.
- Eres especial, boba. Eres parte de mí y ¡te quiero mucho! – ambas rieron. Momentos después solamente hubo silencio – le dije a Edward que lo amo – Jessica abrió desmesuradamente sus ojos.
- ¿Lo haces? – Isabella asintió con la cabeza - ¿él también te lo dijo?
- Si decir mierda después de mi declaración es que también me ama, pues sí, también me lo dijo
- Talvez dijo eso porque no sabía cómo controlar la situación, pero él te ama. Aunque piense que no, lo hace. Solo que es muy cobarde para decirlo. Dale su tiempo, ya verás como todo se aclara.
oOo
Edward estaba siendo irracional. Sabía que Isabella estaba dolida. Todo había sucedido demasiado rápido, jamás se imaginó que ella pudiese escuchar aquella palabra que él dijo. Estaba claro que tenía muchísimo miedo, ya había amado alguna vez y Tanya lo había defraudado, le había mostrado facetas de ella que nunca pensó que tenía. Ahora, llegaba Bella a invadir todo de él, a llenar cada parte de su destrozado corazón y con parsimonia a empezarlo a reparar. Él todavía no la amaba, de eso estaba cien por ciento seguro, pero si la quería, demasiado que hasta dolía, pero no, eso solo llegaba a querer mas no a amar y tenía la certeza que la castaña se desilusionaría si le comentaba algo de eso.
Habían pasado demasiados días y ella todavía no le dirigía la palabra, ni si quiera un mensaje de texto. Él quería hablarle, quería decirle cuanto la extrañaba, que le diera tiempo para digerir todos sus sentimientos. Tenía la certeza que con el tiempo la llegaría a amar, talvez incluso más de lo que alguna vez pudiese alguien imaginar.
- ¿Qué piensas? – Victoria tomó asiento junto a él dando un pequeño salto que hizo que ambos dieran un pequeño rebote en el colchón.
- En que quiero que me devuelvas mi móvil
- No lo voy a hacer hasta que ella se trague ese maldito orgullo que tiene y te escriba de una condenada vez. Tú no tuviste la culpa de nada.
- Tiene que nacerle del corazón si quiere escribirme, no la voy a obligar a hacer algo que no quiere.
- A mí tampoco me nace darte tu móvil, así que todos estamos felices.
- ¡Vicky! – Edward agarró fuertemente el antebrazo de su media hermana antes de que se fuera. Victoria clavó sus ojos azules en él, esperando – Te doy cincuenta dólares si me lo devuelves.
- Cincuenta dólares y tienes que hacer lo que yo quiera durante un mes.
- Hecho – el cobrizo sonrió como un niño.
- ¡Nah! Solo bromeaba, no me puedes comprar con nada. Sé paciente y espera algo de ella. Si de verdad "te ama"– la pelirroja remarcó las comillas con sus dedos – hará lo imposible para que estén bien.
Edward cambió su semblante. Sabía que Victoria no se lo iba a dejar tan fácil, pero la esperanza es lo último que muere ¿verdad?
Encendió su televisor, se hizo un ovillo en la cama y empezó a hacer zapping. Había películas de todo tipo, desde magos y brujas en un colegio de Escocia hasta vampiros y hombres lobo luchando por la aceptación en su mundo de una niña pequeña. Estaba a punto de apagar el televisor cuando, en un canal, su película favorita estaba siendo transmitida y por lo que vió en la programación, iba a dar un maratón completo de El Hombre Araña. No tuvo que pensarlo dos veces para bajar a la cocina y prepararse un gran tazón de palomitas con mucha mantequilla, tomar algunos dulces de la estantería y un vaso repleto de gaseosa. Volvió a subir las escaleras mientras maniobraba con todas las cosas que tenía entre sus brazos. Afortunadamente dejó la comida en el buró, que se encontraba a un lado de la cama, justo en el momento que su perro llegaba corriendo, haciendo que cayera de golpe al suelo.
- ¡Steve! – el perro dio media vuelta y observó a su amo en el piso. Corrió a darle lametazos en la mejilla. Cualquier rastro de ira que se hallaba en el cuerpo de Edward desapareció con las lamidas de su perro - ¿Quieres ver una película conmigo? – como si el canino lo entendiese movió la cola rápidamente – De acuerdo, sube a mi cama. - Ambos, amo y can se pusieron cómodos en la cama mientras compartían palomitas.
Edward estaba tan enfrascado en la película que se sobresaltó de sobremanera cuando su hermana lanzó su móvil a su pecho. El cobrizo la miró interrogante y ella le respondió rodando sus ojos. El pequeño círculo de luz verde, que se localizaba a un lado de la cámara frontal, titilaba avisando la llegada de un nuevo mensaje.
No quiero perderte, tampoco quiero estar
más tiempo peleada contigo. Disculpa mi actitud.
Te quiero mucho.
B.S
Sonrió de inmediato, esa era su chica.
19 de Noviembre 2013
- Estoy aburrida – Isabella se sentó de improvisto en una de las sillas de la mesa del comedor apoyando su mentón en una mano.
- ¿Y? ¿Quieres que me ponga de manos para que la señorita se divierta? – dijo Jessica con una sonrisa. Tenía en sus manos un biberón tratando de meterlo en la boca del pequeño Nathan.
- Algo así – sonrió Bella con malicia. – No, enserio. Hagamos algo divertido.
- ¿Cómo qué? – su hermana, ahora rubia, dejó a un lado el biberón. Resignándose a que su hermano no quería comer.
Isabella guardó silencio, sopesando las ideas que tenía en la cabeza.
- Vamos a algún karaoke ¿sí? – la castaña puso sus mejores ojitos.
- ¡Claro! De seguro nos dejan entrar con Nathe. ¡Es una excelente idea, Bells!
- Cierto, pero no tenías que ser tan sarcástica – Isabella rodó sus ojos - ¿Qué tal un picnic?
- Esa si es una buena idea. Invita a Edward y así nos turnamos para cuidar a Nathe. Mientras – Jess se levantó de su silla acomodando mejor a su hermano – Iré a cambiarle el pañal a este pequeñín, está muy apestoso.
- Oki dokie
Bella rápidamente sacó, de la sudadera que llevaba puesto, su móvil y tecleó un mensaje para Edward.
¿Vamos a un picnic?
B.S
Inmediatamente tuvo una respuesta por parte del cobrizo.
¿Ahora? Está bien.
Victoria va conmigo ¿no hay problema?
E.C
Isabella rodó sus ojos. Ya estaba hastiada de lidiar con lo mismo. Edward siempre tenía que estar junto a su hermana haciendo cualquier cosa. Ella mejor que nadie entendía que el vínculo entre hermanos era único e irremplazable, pero Edward siempre complacía cualquier capricho de su hermana, la llevaba y recogía en su auto donde ella indicaba, no importaba si era media noche o si él tenía algo más importante que hacer, le hacía una que otra tarea o le compraba cualquier cosa que ella pedía y todo eso sin chistar. De igual manera eran los padres de Edward con ella, la mimaban demasiado, y no es que Bella estuviera celosa ni menos se quejase de eso. Ella era de esas personas con la idea de que si uno mismo puede hacer las cosas ¿por qué dejar que otros lo hagan? No le parecía correcto que la chica parezca una mantenida en su casa, haciendo y deshaciendo a su gusto todo lo que se le antojase.
No, Edward. No hay problema.
Nos encontramos a las 3pm en el parque central.
Lleva jugos.
B.S
Rodeo sus brazos en su cabeza y la dejó caer con de golpe en la mesa. Tenía que aguantar a la antipática de su cuñada. Bueno, tampoco es que fuera un ogro o de esas chicas egocéntricas a las cuales nadie las soporta. Victoria era una buena muchacha, respetuosa y divertida, pero muy, demasiado para el gusto de Isabella, mimada.
Chocó sus manos contra la mesa y se levantó de un salto. Debía que preparar los emparedados, así que necesitaba verificar si tenía tomate, lechuga, pernil y mayonesa. Pero antes de todo, puso un poco de música en su móvil. La letra de Photograph de Ed Sheeran inundó la habitación. La suave melodía apaciguó el mal trago autoimpuesto por Isabella.
Sin prisa, fue poniendo dos tajas de tomate, una lechuga muy bien lavada y mucho pernil en cada emparedado. Quiso agregar un poco de queso, pero no sabía si a los demás les iba a gustar así que lo dejó a un lado. Que cada uno lo pusiera a su gusto.
oOo
Isabella, Jessica y Nathan llegaron cinco para las tres al parque. Jessica se apresuró a poner una manta en el césped para que sus hermanos se pudiesen sentar sin problemas. Las hojas de los árboles poco a poco iban cayendo, anunciando el próximo cambio de estación.
Isabella llevaba cargado una pañalera en su hombro mientras Nathan dormía en sus brazos. Habían traído pequeñas almohadas para recostarlo y que no se acostumbrase a estar siempre cargado. Suavemente, Bella lo dejó en las almohadas, el bebé se removió inquieto, anhelando el calor humano. Ambas hermanas aguantaron la respiración, no querían que su hermano despertara, habían hecho hasta lo imposible para que por fin se duerma. El bebé se calmó rápidamente y siguió soñando.
- ¡Buenas Tardes! – saludó un muy efusivo Edward, detrás de él venía una chica con una cabellera roja.
Nathan empezó a hacer pucheros, volvió a removerse en su lugar y explotó en un llanto.
- Gracias, Edward – Jessica rodó sus ojos y fue a calmar a su hermanito. El cobrizo bajó la cabeza apenado por aquel incidente.
- Trajimos jugo de todos los sabores – Victoria se apresuró a hablar mientras sacaba de una pequeña cartera jugos en cartón – Mora, durazno, manzana y pera – terminó con una sonrisa tímida en su rostro.
- Nosotras trajimos monopoly. – Jessica habló a una corta distancia. Arrullaba a su hermano tratando de que vuelva a dormir.
- ¿Si sabes que eso ha destruido más familias que cualquier otro juego? – bromeó Edward.
- ¿Por qué crees que mi papá golpeaba a mi mamá? – dijo muy seria Isabella. Todos guardaron silencio ante tal confesión mas al ver la expresión de todos en su rostro empezó a reírse a garganta abierta. Inmediatamente todos la siguieron. Nadie se imaginaba la veracidad que contenía cada una de esas palabras.
Cada uno se dispuso a acomodar el juego, escoger sus fichas, Edward tenía el auto, Jessica tenía el sombrero y además era la banquera, Victoria escogió al perro e Isabella la miró feo porque esa era su ficha favorita, aunque se terminó conformando con el barco; y a repartir el dinero.
- Bien, esto va a ser nuevo pero cada vez que alguno vaya a la cárcel, tiene que rodar por esta colina hasta abajo ¿aceptan? – La voz de Jessica sonó autoritaria con un deje bromista. Todos asintieron con sus cabezas y comenzaron el juego.
Sus risas se escuchaban por toda el área y pequeños gorgoteos de felicidad salían de la boca de Nathan cada vez que en sus manitos Jessica dejaba una sonaja. Edward había comprado toda la zona azul y verde, Isabella la amarilla, Jessica la naranja y Victoria tan solo la morada.
- ¡CÁRCEL! – gritó Jessica al ver que su hermana trataba de dar la vuelta a uno de los dados. La castaña resopló y la miró feo – Rodaras, rodaras, rodaras – canturreaba saltando en su lugar.
- No quiero hacerlo, hay mucha gente y va a ser muy vergonzoso
- ¡Vamos, Bells! Todos aceptamos cumplir el reto – Victoria sonrió inocentemente.
La castaña no se movió ni un poco de su lugar y siguió con las piernas cruzadas como indio. Inesperadamente, Jessica la empujó, no tan fuerte según ella, e Isabella perdió el equilibrio. Empezó a rodar colina abajo. El grito que profirió se escuchó inclusive donde los demás se encontraban. Edward, para que su novia no se sienta mal, la siguió. Tardaron algunos segundos en parar de rodar y cuando lo hicieron, Edward quedó encima de Bella, apoyado sobre sus brazos a cada lado de la cabeza de la castaña.
Ambos respiraban agitadamente y en su rostro estaba plasmada la sonrisa de su anterior regocijo. Se miraron a los ojos, cada uno brillante de expectación, guardando ese momento en su memoria. Despacio, sin apresurarse, Edward se fue acercando a sus labios hasta sentirlos contra los de él, amoldándose perfectamente, sintiendo el calor que emanaba del otro. Isabella cerró sus ojos y quiso responder al beso pero alguien los separó abruptamente.
Era Victoria, quien también había rodado colina abajo y chocó con Edward, enviándolo unos metros más allá de su posición.
- Eres una corta notas, Vicky.
30 de Noviembre 2013
Se habían acabado los rábanos, los tomates y los pepinos, y ya que Renée no tenía tiempo para ir hacer la compra completa en vez de solo algunas cosas, quiso que alguien fuese a hacerlo. Esta vez fue el turno de Isabella para ir a comprar los dichosos vegetales y toda la lista que su madre le había dado al supermercado, y ¡oh! sus cerezas, sus maravillosas y adictivas cerezas. Vaya que no soportaba que sus deliciosas frutas redondas se acabasen. Era su paraíso personal, una de sus frutas favoritas y no podía vivir sin su dosis diaria de estas.
Tenía los audífonos puestos y se movía al ritmo de Paradise City de la famosa banda de rock ochentera Guns N΄Roses. Según Isabella, la forma en la que Slash tocaba los acordes de la guitarra era descrita en una sola palabra: sublime, y es que se necesitaba ser un maldito genio para parecer que hacía el amor con la guitarra.
- Take me down to the paradise city, where there are some cherries which are very tasty – talvez haya cambiado solo un poco la letra de la canción. No había ingerido su cantidad mínima en los últimos dos días y eso la hacía no dejar de pensar en cerezas.
Se dirigió hacia la sección de verduras moviendo sus caderas suavemente y, mientras empujaba el carrito de compras, cantaba estrofas de la canción.
- Just a red thing growing in the high of a tree, It's yummi and isn't hard to eat.
Las personas la observaban de una manera extraña cuando la escuchaban cantar. Poco le importaba. No vivía del que dirán de la gente. Otros solamente reían de su propia creación, habían escuchado la versión original y felicitaban la imaginación de la castaña.
- Jars of syrup or so they say, you gotta keep liking from the top to the tail.
Poco a poco fue llenando el carrito de lechuga, tomates, cebollas, coles y demás verduras. Sacó la lista que tenía en su bolsillo trasero y con un esfero tachó las cosas que ya tenía. Sin darse cuenta había movido el carrito y este chocó contra las piernas de una persona. Al darse cuenta de este incidente, Isabella pausó la canción y corrió a disculparse.
- ¡Oh Dios! Perdón, no fue mi intención hacerlo – sentía sus mejillas arder de la vergüenza.
- Tranquila – el chico se dio media vuelta y le ofreció una sonrisa sincera. Bella lo miró por un largo momento. Aquel muchacho era alto, demasiado alto, de cabello negro azabache y tez morena. Sus ojos eran dos pozos de aguas negras y sus labios se ensanchaban mostrando unos dientes perfectamente blancos. En una de sus manos llevaba una canasta roja con cosas dentro – Todo está bien.
- Esta bien – Isabella lo miró dudosa y sujetó de nuevo su carrito, llevándoselo lejos de aquel chico. Cuando estuvo a una distancia prudente, volvió a poner la música pero esta vez en bajo volumen y se dirigió a la sección de bebés.
Renée le había dicho que comprase cuatro grandes paquetes de pañales, todos de talla pequeña. Ni Jessica ni Bella refutaron palabra, su pequeño hermanito no era un bebé normal, parecía una máquina de popo ambulante, cada dos por tres tenían que cambiarlo porque ya se había ensuciado y apenas tenía un mes y medio de nacido.
Cuando llegó a aquella sección, no recordaba la marca de pañales que tenía que comprar. Había tantos, de tantas tallas y de diferente forma. Permaneció un gran rato observando los pros y los contras de cada uno de ellos.
- Te recomendaría los que tienes en tu mano derecha si lo que buscas es mantener la piel del bebé suave y tersa sin que se irrite – una voz masculina la hizo salir de su concentración. La castaña dirigió su mirada por encima de su hombro y el chico al que había atropellado estaba ahí, sonriendo.
- ¿Y tú qué sabes? – talvez fue hosca pero no le gustaba que la interrumpieran cuando estaba concentrada, y menos alguien que no conocía.
- Tengo un hermano pequeño y mi mamá siempre compra esos, además son súper absorbentes – Isabella lo miró arqueando una ceja – lo siento, he visto muchos comerciales sobre ellos. – el muchacho volvió a sonreír mostrando sus dientes.
- Hmmm, supongo que gracias – el chico se encogió de hombros.
- No hay de que
De nuevo, volvió a tachar algo en su lista - Bien, solo me quedan las frutas, cereales y mis cerezas – pensó la castaña.
Se encaminó al pasillo de golosinas a por los cereales y puso su caja de froot loops junto al chococrispis de su hermana. Justo en ese momento la voz de P!nk sonó por sus auriculares.
- Sometimes I hate every single stupid word you say, sometimes I wanna slap you in your whole face – Isabella rió mientras cantaba junto a la artista. Pudo divisar el pasillo lleno de frutas y su rostro se iluminó, ya faltaba poco para acabar. Entre tantas frutas escogió unos dulces duraznos, peras, manzanas y uvas. También quería llevar una sandía pero sabía que no iba a poder cargarla. Era muy pesada y no tenía un auto para facilitarle el trabajo.
- At the same time, I wanna hug you I wanna wrap my hands around your neck – P!nk tenía una forma extraña de demostrar su amor, pero Isabella no iba a negar que a veces le pasaba lo mismo con Edward, se comportaba de una manera tan idiota que lo único que quería hacerle era poner sus manos alrededor de su cuello.
Una vez que tuvo toda la lista tachada fue directo a la sección de enlatados a por sus cerezas. Había muchas cosas que Isabella quería comprar como duraznos en almíbar o ensaladas de frutas en almíbar o higos en almíbar. Todo en almíbar era delicioso. Ignoró completamente a todas aquellas tentaciones y se dirigió donde sabía se encontraban sus cerezas. Empezó a ponerlas rápidamente en el carrito. Ya llevaba dos tarros, pero quería alcanzar uno más que quedaba en lo alto de un estante.
Por más que saltara, su metro sesenta y cinco de altura no le permitía atrapar el último tarrito de cerezas. Refunfuñando alguna mala palabra se dio por vencida y lo dejó ahí. Pero una morena mano pasó por encima de su cabeza agarrando el tarrito. Isabella quería asesinar ese mismo momento a aquella persona, ¡no se llevaría sus cerezas! Mas pensó mal, el muchacho con una sonrisa burlona en su rostro puso el tarrito en las manos de la castaña. Bella no podía morir más por la vergüenza.
- Observé que tenías unos pequeños problemas de estatura y vine a ayudarte.
- Mmm…bueno….no todos somos – una jirafa en cuerpo de humano – como tú – la castaña prefirió no decir lo que tenía pensado. Era descortés por más que él se haya burlado de su estatura.
- Me doy cuenta – el muchacho guardó despreocupadamente sus manos en los bolsillos de su pantalón.
- Gracias…de nuevo.
- Nos hemos encontrado varias veces este día, ¿me podrías decir tu nombre? – Isabella dudó un momento.
- ¿Para qué?
- No sé – el moreno se encogió de hombros - ¿para ser amigos? – Bella rodó sus ojos, puso el tarrito en su carrito y se dirigió hacia las cajas para poder pagar todo, dejando al chico atrás.
- Isabella, pero me dicen Bella – él, al escuchar su nombre, empezó a caminar a su lado.
- Bonito nombre, ¿es italiano?
- No, es hebreo.
- Yo me llamo Sebastian.
- ¿Sebastían? – Isabella creyó haber escuchado mal.
- No, solo Sebastian, sin acento.
Llegaron a la caja y la castaña colocó de una en una sus cosas dentro de una fundita después de haberlas pagado. Sebastian hizo lo mismo.
- ¿Tienes auto? – Isabella lo miró sospechosamente
- ¿Para qué quieres saber?
- Pues veo todas esas fundas que tienes y me preguntaba como las vas a llevar.
- Hmmm – era cierto, no sabía cómo podía llevar todas esas cosas. Se encogió de hombros - ¿taxi?
- ¿Quieres que te ayude? Yo traje auto, te puedo llevar. No hay ningún problema.
- No lo sé
- ¿Vas a despreciar la oferta de este caballero?
- Algo así – la castaña no podía decir más de dos palabras. Analizaba la situación muy concienzudamente.
- Vamos, Bella. Solo quiero ayudar – Isabella guardó silencio, considerando los pros y contras de la situación.
- De acuerdo. Llévame a Bellevue, en la décimo sexta calle, pasando por la avenida 108
- ¿Frente al parque Bovee? – Isabella asintió suavemente con su cabeza - ¡Vaya! Parece que somos vecinos.
¡He vuelto! y más recargada que nunca :)
Me divertí mucho escribiendo este capítulo. ¿Les gustó mi canción? :3 morí de la risa cuando la cambiaba hahahah :D y bueno, quise poner algo de mí en esta historia, y esa es una de mis adicciones, la cereza.
Chicas, quiero decirles dos cositas, *suspira con una sonrisa* . Primero que nada muchas, muchísimas gracias por su comprensión, sus oraciones y sus lindas palabras de aliento. Me ayudaron de una manera en la que no les puedo explicar. Gracias por ser así :)
Gracias a Dios, los exámenes que mi mami se hizo fueron positivos y la bolita que tiene no es nada malo y puede ser extraída sin ninguna complicación. ¡Estoy muy feliz por eso!
Segundo punto que quiero que tomen muy en cuenta. Sé, estoy muy consciente que mi historia no le va a agradar a todo el mundo. Si ven que esta historia no les llama la atención o ven que se alarga mucho para que suceda lo que está en el summary tan solo déjenla de leer RESPETUOSAMENTE SIN DEJAR COMENTARIOS HIRIENTES. Desde un principio les dije que esta historia se tiene que desarrollar bien para que vean los sucesos que desencadenan aquella pelea.
Bien, no quiero alargarme más. Muchas gracias a todas por sus reviews y sí, me tome la molestia de buscar que significa Isabella y aquí está la respuesta: ¿Qué significa Isabella? Es una variación de Isabel, sí mismo es una variación de Elizabeth, significa "devota a Dios" en Hebreo. En Inglaterra, Francia, Portugal y Hungría todos tienen en su corte real a Isabellas. Apodos: Bella, Izzy, Izzie.
Fuente: w w w . baby center . c o m
