A la mañana siguiente, Germania se mueve un poco en el catre, abriendo los ojos y encontrando una mata de pelo oscura frente a su nariz. Se paraliza. Roma duerme plácidamente y ronca. Este SI ronca, seguramente por que debe tener el tabique desviado por alguna batalla o quizás simplemente por que algunos hombre roncan, lo siento.
Abre los ojos como platos, recordando inmediatamente la noche anterior... TODA la noche anterior, que fue laaaarga mientras el romano sigue dormido abrazándole.
Germania se sonroja y le empuja, Roma protesta un poco y deja de roncar por unos instantes cambiando la respiración, pero sin despertarse así que el rubio intenta quitarle de encima de él.
De repente, la puerta del cuarto se entreabre.
El germano mira a la puerta con los ojos abiertos como platos, empujando un poco más a Roma, tratando de averiguar quien coño es... y notando que el maldito culo del romano está completamente desnudo y al aire... ejem... y no hablemos de sus propias regiones vitales. Se cubre con la mano que no tiene atrapada.
La puerta, al notar que hay movimiento se abre y una bola de pelo blanco entra corriendo y subiéndose al catre, empezando a saltar gritando que hay que ir a entrenar y que ya es muy tarde.
El moreno entreabre los ojos con los gritos y los saltos antes de volver a hundir la cara en el cuello del germano y pedirle que mate a su primogénito, en un susurro.
Germania en este momento está excesivamente preocupado en... paralizarse y no tener escalofríos con Roma... y a la vez no matar a Prusia... y... Van a matarle de un infarto, mein gott in himmel.
—Preussen... Preussen... Preusseen! —medio grita Germania queriendo morirse, e intentando cubrir a Roma lo mejor que puede con la poca ropa que queda en el catre... es decir, termina por medio ponerle una mano en el culo.
—Vati! ¡ya es tardeee! ¡hace un montón que ha cantado el gallo y los niños de Rom no quieren despertarse y tenemos que entrenar! —sigue saltando Prusia encima de los dos.
Roma sonríe pasándosele un poco el mal humor por despertarle demasiado pronto cuando siente la mano de Germania en su culo, así que le da un lametazo en el cuello.
—Bueno quizás no hace falta que lo mates, pero córtale las piernas y la lengua —pide el moreno.
—Por Thor contigo, Preussen! Hoy no vamos a entrenar, hoy iremos al río —informa, intentando callarle—. Ve a alistarte, venga.
—¿Al río? —se queda sentado sobre la pierna de Germania, dejando de saltar.
Germania mira a Roma de reojo cayendo en la cuenta (a penas) sobre el lametazo. Sus regiones vitales se alegran un poco, a diferencia de él.
—Ja. Rio. Sal.
—Pero es que los otros dos niños no quieren despertarse —protesta hinchando las mejillas—. Y tu no me dejas entrar al cuarto de Österreich...
Roma se despereza un poco y se da la vuelta para ver a Prusia, sin cubrirse en lo absoluto, frotándose los ojos.
—Ahh! Rom! —protesta Germania impidiéndole darse la vuelta, abrazándole contra él para cubrirle. Roma se incorpora un poco mirando a Germania con los ojos entrecerrados cuando hace eso.
—EstáPreussenaquí —sisea mirándole de reojo y sonrojándose—. Preussen... ve a tu cuarto a despertar a los dos niños de Rom.
Roma se echa sobre Germania para besarle y Prusia parpadea sin moverse. El rubio cede unos instantes al beso antes de recordar el asunto de que Prusia sigue ahí, girando la cara para salirse del beso, sonrojándose más.
Roma se incorpora ahora sintiéndose ya de buen humor del todo. Toma a Prusia de las axilas.
—¿Sabes? despertarte tan pronto provoca la ira de los dioses... y si no lo hace, debería —le sonríe.
Germania se lleva una mano a la cara y se pellizca el puente de la nariz, avergonzado de que Prusia entre aquí y Roma circule con su desnudez como si fuera lo más normal del mundo.
—¡Pero es que hay que entrenar! ¡Mi vater y yo entrenamos todos los días y por eso yo seré el más fuerte! —exclama el albino y de repente nota algo—. ¿Por qué estáis desnudos?
—Noestamosdesnudos —responde Germania histérico. Roma mira al germano de reojo y luego se vuelve a Prusia sonriendo.
—Hoy tu paterm va a entrenar conmigo, ¿te acuerdas que ayer en la noche os hable de la lucha romana? Pues vamos a practicar un poco —explica acercándose al borde del catre y dejando a Prusia en el suelo.
—Por todos los dioses —murmura Germania mirando a Prusia y sentándose, cubriéndose con una mano lo más dignamente que puede—. Preussen, ahora que terminemos... de... —carraspea —, ahora voy contigo, quieres?
—¿Y no puedo entrenar con vosotros yo también? ¡Yo no sé hacer lucha romana!
—Nein —respuesta automática
y da un par de palmadas que habitualmente significan regaño—. Preussen... fuera.
—Non, non. Ve a despertar a Hispaniae y a Franciae y diles que te enseñen. Y si no se quieren despertar les dices que yo he dicho que hoy no vendrán al río y se quedarán con los bebés, anda —pide Roma. Prusia mira al uno y al otro yéndose a la puerta... y finalmente sale dando saltitos.
—Rooooom! —protesta el rubio y se acuesta en la cama con las manos en la cara. Roma sonríe mirándole de arriba abajo.
—¡Buenos dias! —se le echa un poco encima y empieza a hacerle cosquillitas en el abdomen acariciándole con un dedo.
—Bu.. Nein...! —dobla un poquito la pierna y le mira... Y se sonroja —, deja de... Roooom!
—¿Qué pasa? Si no estamos desnudos... —se burla un poco y se acerca para besarle otra vez.
—Si que... Nein, Nein... —le "detiene" de los hombros devolviéndole el beso.
El romano le pasa una pierna por encima sin dejar de besarle quedando del todo sobre él.
—Rom —protesta en el beso.
—Si querías lucha, debo informarte que has perdido —se separa un poco sonriendo antes de volver a besarle de manera bastante dulce
Germania levanta una mano y le acaricia la mejilla, cerrando los ojos mientras el romano sigue en ello, aun con más suavidad y dulzura, acariciándole el pelo. Y claro que le contestan con la misma dulzura, apretando los ojos un poco, así que se recrea, separándose de tanto en tanto para acariciarle la cara con su barbita y el cuello y el pecho con las manos.
Y ahí le tiene completamente para si, completamente en sus manos y con el cerebro completamente ido, abrazándole un poco y permitiéndole todo lo que quiere... No vamos a decir que queriéndole.
Roma lo sabe, porque puede notar estas cosas y aun así ni se separa ni se burla, porque no es acción y violencia lo que le apetece ahora, si no que le quieran y por supuesto que eso es lo que consigue.
Germania termina por sonreír sinceramente en los besos, acariciándole el pelo y hay que decirlo, sintiéndose también querido... no me extraña que se lo sienta con lo que le está haciendo.
Y ya es bastante, la verdad, conseguir que Germania haga mimitos... pero es que este es bloody Roma y el maldito cabrón es perfectamente querible y adorable. Le pasa una mano por toda la espalda y con el corazón acelerado le empuja un poquito intentando que se dé la vuelta para quedar encima. Esta vez el moreno sí se deja, aunque un poco reticente
Cerrando los ojos azules, porque le da vergüenza, le besa el cuello y el pecho, y luego se arrepiente de haberle dado la vuelta sin saber qué hacer con el cuándo el asunto es calmado y tranquilo.
Roma le acaricia los muslos levantando la barbilla para dejarle el cuello, así que eso es lo que le sigue besando, bastante torpemente, hemos de decir y de forma bastante más impaciente que el romano. Finalmente se separa un poco, sin mirarle. El latino sí que le mira y sonríe
—P-Puedo... ? —pregunta... cosita de mi vida, pregunta tan mono el, poniéndole una mano en el muslo y ODIANDOSE a si mismo por DESEAR que diga que si.
Roma le mira y le parece taaaaan mono todo sonrojadito que le derrite el corazón y accede.
Germania se muerde el labio, ansioso, haciendo un sobreesfuerzo porque no se note, y por no mirarle, levantándole las piernas y besándole otra vez haciendo lo que tiene que hacer de manera mucho más consciente que la noche anterior. Seguramente no es ni la mejor vez, ni en la que dura más.
Roma aguanta todo lo que puede, porque quiere del otro lado, echando atrás la cabeza y apretando los dientes y para completar el paquete "odioestoloodio", Germania termina desde luego antes que el romano, como debe haberlo planeado.
Cuando el germano acaba, el latino está respirando como después de correr una maratón, pero ha conseguido aguantar por que igual el rubio no le toca demasiado, así que se incorpora para besarle.
Germania está aún bastante tenso, en la ola de satisfacción de lo que acaba de pasar.
En el beso, hace que le abrace rodeándole el cuello y luego le coloca las piernas a ambos lados de sus caderas, sentándole adecuadamente encima de él acabando en aproximadamente diez segundos.
Germania es un conjunto de babas medio temblorino y bastante agotado. Roma le abraza de la cintura aun con la respiración agitada, le besa el pecho, acariciándole otra vez con la barbita.
—Ni siquiera me caes bien... —es lo primero que murmura Germania con voz demasiado grave, apretando los ojos.
—Ego, Roma... te amo —le abraza más fuerte
Germania suspira, sin tener nada que decir... agobiado. Agobiado de lo que siente, lo que piensa, lo que acaba de pasar, lo que no quiere pensar y lo asquerosamente emborrachado que está de Roma. Le empuja un poco para soltarle pero se muestra un poco reticente a ello.
Germania le mira, por primera vez en mucho mucho rato, con intensidad. Roma le mira a los ojos también, desde abajo, aun abrazado a su cintura.
El rubio le sostiene la mirada, frunciendo un poco el ceño y tocándole la espalda. El moreno aprieta los ojos hundiéndole la cara en el pecho y finalmente le suelta, suspirando.
Germania se queda unos segundos inmóvil, antes de girarse y bajar los pies al suelo. No lo dirá nunca, pero las rodillas aun le tiemblan cuando intenta pararse y ni siquiera hace esfuerzo alguno para cubrirse mientras busca en el suelo algo que ponerse.
Roma sonríe de lado burlándose internamente de si mismo, tumbándose en la cama con una mano sobre los ojos. Germania se pone los calzones largos que traía debajo de la túnica azul, y mira a la cama de reojo.
—Venga, Roma —se dice a si mismo dándose unos golpecitos en el mejilla, sonriendo y vuelve a incorporarse. El germano inclina la cabeza, sin entender el gesto, frunciendo más el ceño.
—¡Me muero de hambre! —se ríe poniéndose en pie, buscando su túnica.
—Si vas al comedor alguien te dará algo de comida —murmura el germano, abriendo la puerta.
—¿Es que no vas a desayunar conmigo? —le mira, vistiéndose.
—Rom... —murmura y él le mira, poniéndose las botas.
Repentinamente el germano da un paso hacia él, luego se detiene, vacilando, el latino parpadea e inclina la cabeza. Germania bufa, pasándose una mano por el pelo.
—Voy a vestirme, te alcanzaré en un momento.
Roma le sonríe, Germania se da la media vuelta y sale corriendo del cuarto. El moreno se vuelve tranquilamente a atarse las sandalias.
El germano sale de ahí y va corriendo, medio tropezándose con Suiza en el camino, yendo hasta el baño y metiendo la cabeza en la pileta de agua.
El romano se pasa una mano por el pelo y se va a ver qué hacen los niños, no sea que Prusia les haya matado, o peor, Francia e España hayan desvirgado al chico de Germania.
En cuanto sale del cuarto debe encontrar en la puerta al chiquillo rubio, despeinado, de ojos verdes y ceño fruncido que le mira sin ningún dejo de sonrisa y debe ser el único en la casa capaz de hacerlo.
Y sigue la casa de cabeza...
