¡EY! ¡Tanto tiempo! (supongo)

Terminados los exámenes, entregas y cuestiones varias que hacen que no tenga que pisar más la facultad hasta el año que viene (baila de la emoción), creo que voy a poder recuperar el ritmo de publicación de antes : ´D

Bueno, eso.

PD: Marula es profesoraaaaaaaa! :D


Disclaimer: Los personajes de One Piece no me pertenecen a mí sino a Eichiiro Oda. Yo soy dueña de mis OC.


CAPÍTULO XIII [Ao-]

Sayaka seguía mirando la molesta sonrisa de Haru, que amenazaba con instalarse en su nuevo refugio no declarado.

Haru había encendido las luces y ahora la miraba, con las manos detrás de su espalda, escondiendo algo. Se acercó mientras ella no hacía nada; lo miraba como si detrás de él, estuviese sosteniendo un revolver o un cuchillo de carnicero con el que planeaba asesinarla.

Si bien su paranoia no había llegado a tal punto, sí le molestaba que el enano vaya hacia donde estaba ella, haga y deshaga a su antojo y le sonriera como si fueran buenos amigos. Se sentía como un ermitaño al que le habían ultrajado su cueva.

Era un tanto exagerada.

De todas maneras, Haru se veía algo nervioso, pero no parecía el tipo de nervios que puede ocasionar el momento previo a un asesinato premeditado, en todo caso.

Además, ¿de dónde había sacado la fecha de su cumpleaños? Realmente, no creía que existiera más de una persona en este mundo que la supiera.

Dio vuelta su asiento para quedar enfrentada a Haru y terminar así con su rutina de masacre a la coherencia.

—Hoy no es mi cumpleaños, enano —le dijo con su tono más diplomático.

—Hubiese sido una coincidencia muy divertida si hubiese acertado, ¿no? —dijo, sonriendo—. Pero hace un tiempo que vienes viajando con nosotros y podría haber pasado ya tu cumpleaños. Si no pasó, no hay problema. Tómalo como un regalo de adelanto y…

—¿Y qué? —lo apuró—. ¿Por qué justo ahora? Esto tiene alguna trampa o algo, ¿no? Como que te deba algún favor o…

—¡Nada de eso, tsundere insensible! ¡No me dejas terminar de hablar!

—¡Como me vuelvas a llamar así, te abriré el estómago, te sacaré el intestino delgado y te haré una hamaca con él!

—¡El intestino no está en el estómago, bruta!

La visita de Haru ya había perdido su sentido. Casi nunca coincidían o se ponían de acuerdo en algo. Eran como esa especie de peces luchadores que, una vez que se encuentran, pelean entre sí hasta el final. Algo inevitable.

Pero, a diferencia de los peces luchadores, que se enfrentan a individuos de su propia especie, que mantienen patrones de conducta e intereses similares, Haru y Sayaka peleaban por ser tan distintos como el agua y el aceite.

—¡Deja de gritar como si fueses un gorila muerto de hambre y préstame atención! —gritó Haru, perdiendo la paciencia.

Sin darse cuenta, dejó caer lo que tenía detrás, poniéndose más nervioso que antes. Con una velocidad increíble, levantó lo que había caído al suelo y volvió a llevárselo detrás de su espalda, sosteniéndolo con ambas manos.

—¿Qué tienes ahí?

Haru no contestó nada. Parecía estar avergonzado como si fuese a pedirle matrimonio.

—¿Eso es para mí? —preguntó, torciendo la sonrisa.

Haru bajó la vista y extendió los brazos —junto con lo que sostenía— para ofrecerle lo que cargaba a Sayaka. Tomó aire e intentó explicar a lo que había venido.

—¡Toma! Tuve ayuda para hacerla. En realidad, casi no hice nada pero fue mi idea. Yo tiré tu camiseta y sé que tu cerebro de tsundere no está capacitado para entender ciertas ¡Auch! ¿Qué fue eso? —se quejó después de que Sayaka lo golpee en la cabeza.

—Venías bien, no lo arruines.

—Lo que quería decir, es que yo tiré tu camiseta sin permiso así que aquí te traigo otra. Es del mismo color de muerto que la otra, como puedes ver. Tan negra que si la llevas puesta en un pabellón psiquiátrico puedes provocar un suicidio en masa. Lo único que le cambiamos fue esa inscripción satánica —continuó, mientras le mostraba el reverso—; se la cambiamos por esta. A que está mucho mejor así, ¿no crees?

Sayaka se congeló por unos segundos. Prefería seguir usando una camisa con flores a eso. El problema no era la camiseta; era prácticamente una copia de la anterior, la versión nueva y sin remendar. No tenía ningún problema con los demás colores, pero no le caía mal el color negro. Le gustaban las camisetas sin mangas, porque creía que le daban más movilidad a sus brazos. Hasta ahí, iba bien.

Ella le había dado su «toque personal» estampándole la palabra Monster. No le parecía satánico en lo absoluto. Sayaka no participaba de ninguna secta religiosa ni tenía planes de hacerlo. Esa era una palabra que tenía un significado que quería tener presente. Eso iba a quedar atrás porque esa inscripción, en la versión nueva de su camiseta, ya no estaba.

Haru la miró con la espera de una respuesta, así que lo que haga o no con ese pedazo de tela impersonal, tendría que esperar.

—Gracias, supongo.

La sonrisa del enano se engrandeció y se volteó para irse. Ya le había dado su intento de regalo y se sentía satisfecho.

Sayaka lo detuvo antes de que suba las escaleras.

—Ni se te ocurra volver a hacerme un regalo. No quiero nada más, estoy bien así. Si piensas que soy el tipo de persona que puedes comprar obsequiándole una baratija, te has equivocado. Tampoco esperes que te haga ningún regalo. No creo que el aprecio que le tienes a alguien pueda medirse de un pedazo de tela, comida o cualquier cosa. Vete.

—A pesar de tener ese cerebro de tsundere, tú tampoco me caes tan mal —dijo, sonriéndole mientras salía corriendo. Sabía que seguramente lo iba a asesinar si seguía con eso. La zapatilla de Sayaka chocó contra la puerta y cayó al suelo.

Sayaka volvió a sentarse en su lugar y miró el regalo de Haru. «Esto fue idea de ese cocinero, ¡lo voy a estrangular a él y a sus sospechas sin sentido!», se quejaba, entre dientes. Sin duda, con esto podía poner en cuestionamiento su fidelidad a esa tripulación.

Lo que ahora tenía estampado en el reverso de su nueva prenda, era nada menos que la Jolly Roger de la tripulación. Ahora sí se sentía acorralada; si no aceptaba usar su regalo, lo único que podía pasar era que las sospechas de Natsu se conviertan en certezas: todo pirata sabe que la bandera de un barco no sólo los distingue y diferencia del resto; es parte de su identidad, representa ideales, ambiciones, y cientos de cosas intransferibles en palabras. Es sabido que en el mar hay piratas que aún siguen retando a otros a luchar en el Davy Back Fight; el torneo en el que, mientras ambos capitanes estén de acuerdo, se ponen en juego miembros de las tripulaciones enfrentadas o se expropia la Jolly Roger del perdedor.

No se trataba de un simple dibujo. Estaba jodida.

De vuelta en la enfermería, Law escuchaba atentamente a Haru y su teoría sobre los hechos. A veces, necesitaba de la mirada del enano, sobre todo desde que la frágil vida de Nise hacía que trabaje a contrarreloj.

—Es por eso que me parece improbable. No sigue ese patrón —expuso Haru—. Tampoco puedo decir que esté seguro al cien por cien, pero es mi opinión.

—Aun así, creo que tiene razón. Pero, mientras exista probabilidad alguna de refutar su argumento, aunque sea del uno por ciento, quiero que piense en ella como si estuviese convencido de que es eso lo que va a pasar; aunque sea improbable. De esa forma, va a tomar en cuenta todas las posibilidades y hacer prevención. No va a ocurrir nada que esté fuera de nuestro alcance. ¿Entendido?

—Entendido —contestó, sin pensarlo demasiado.

—¿Qué puede decirme sobre esto? —siguió Law haciéndole entrega de la carpeta en la que había estado trabajando días enteros y se sentó en espera de una respuesta.

Haru fue directamente al último folio. Conocía bastante bien el contenido de casi todas las carpetas que guardaba su capitán —al menos, en las que le pedía ayuda o él mismo se animaba a pedírselas para leer— y sabía que lo interesante estaría en el final, a menos que se le indique lo contrario. Se tomó su tiempo, aunque leyó el contenido de pie. Unos diez minutos más tarde, cerró la carpeta y se puso a mirar el suelo, aún sosteniéndola, pensativo. Levantó la vista y con un tono resolutorio, lanzó su primera opinión.

—Creo que está infectada de vampirismo o licantropía. En ese orden.

Respuestas como esas eran las que hacían que Law se arrepienta de haber metido a un enano adicto a las novelas de Drácula en su submarino. Las coleccionaba como el más exagerado de los fanáticos, en unos baúles de madera pero ordenadas por temática y fecha de publicación. Ya tenía un total de ocho novelas protagonizadas por el vampiro, entre las que se incluía un Crossover de lo más extraño en el que Drácula se unía a Sherlock Holmes para resolver un caso. No tenía más criterio que el saber que se mencionaba un ser sobrenatural en el relato; con esto, ya captaba su interés.

Sabía que Haru era una máquina de devorar libros. Libros de lo que sea. Quizás a esta altura su cerebro se encontraba sobrecargado de información y no lo dejaba tener un razonamiento del todo coherente; pero hay diferencias entre confundir conceptos y tener ideas que cuadran dentro de la esquizofrenia.

La peor parte de toda esta situación, era que Haru parecía creer que había dado una respuesta válida, ya que su rostro no demostraba una pizca de burla. Estaba serio.

—¿Usted está diciendo que lo más probable es que Sayaka sea un vampiro o un hombre lobo? —preguntó, cruzando los brazos. Su respuesta podía valerle el convertirse en su próximo conejillo de indias.

—¡Claro que no! —contestó, intentando contener la risa y agarrándose el estómago con su mano libre—. Me pidió que piense en los improbables, así que descarté algunas cosas imposibles, como que fuese un zombie, por ejemplo. La posibilidad de que sea una chupa sangre no llega al uno por ciento, pero tampoco es del cero absoluto. Por otra parte, la posibilidad de que sea…

—Entendí la idea —dijo, molesto.

Haru era un buen asistente: hacía todo lo que se le pedía sin protestar, opinaba sólo cuando se lo pedía, y si desconocía algo, lo aprendía con una rapidez impresionante. Pero ese metro y medio de sumisión se volvía insoportable a veces. Más allá de esa incapacidad para permanecer quieto más de quince minutos, el hecho de que sea tan extremista en torno a la obediencia, lo hacía ver más como un robot que como una persona. Cosas como esas hacían que reste muchísimos puntos a la hora de pensar si encargarle algo o no.

—De momento, quiero que se concentre en lo más probable —pidió.

—¡Hubiera empezado por ahí! —contestó sonriente, como si fuese obvio— Habría que esperar a tener todos los resultados, pero mira esto —dijo, abriendo la carpeta para llegar a la parte de los recortes—; creo que es esa la causa.

Law le hizo un gesto con la mano para que se vaya y le dirigió una mirada que decía algo como «si fuese tan fácil no me hubiera molestado en llamarte.» Su asistente le devolvió la carpeta, que fue dejada en el escritorio.

Mientras tanto, en el tercer nivel del submarino, Sayaka seguía pensando en qué hacer con el regalo de Haru. Si se decidía a usar la camiseta en cuestión, era como asumirse como una más de los Piratas Heart. No había un solo miembro de esa banda que no tenga estampada en algún lugar de su ropa esa Jolly Roger. Incluso Bepo la usaba. Los más extremistas, la tenían tatuada en alguna parte del cuerpo; entre ellos, Natsu, que la llevaba en la espalda.

Había sido una jugada muy inteligente de su parte el usar al enano para probar su fidelidad.

Estuvo un buen rato en su asiento, con los codos apoyados en el tablero y las manos sosteniendo su cara. Le estaba dando muchas vueltas a ese asunto. Demasiadas.

Aún sentada, dio una patada a la consola y maldijo a la nada. «¡¿Qué narices estaba pensando?! ¡No es nada!», gruñó. Pasar tanto tiempo con esta gente le había hecho perder su practicidad. Se auto recordó su objetivo, que todavía era el mismo, y recordó algunas cuestiones básicas. Estos tipos no eran sus amigos, esto era temporal y, lo más importante, la traición es algo de lo más normal en el mar. Esto no sería nada nuevo.

Es verdad que a veces los piratas no las toleran. Recordó el caso de Marshal D Teach, ahora conocido como Barbanegra, pero su momento miembro de los piratas de Barbablanca. Teach mató a un compañero de su tripulación y Portgas D Ace lo persiguió casi por todo el mar para vengarse. Cuando Ace lo encontró y perdió el enfrentamiento, fue entregado por Barbanegra a la Marina para poder convertirse en Shichibukai, como si el ya haber matado a un compañero no hubiese sido suficiente y tuviese que doblar la apuesta entregando a otro. De la noche a la mañana, se armó una guerra entre la tripulación de Barbablanca y los mejores marines del mundo. Del lado pirata, se quería recuperar a Portgas, mientras que del lado marine, se lo quería ejecutar. Murieron miles de personas. Todo porque Barbanegra era un egoísta que sólo pensaba en él. Una porquería de persona, concluyó Sayaka.

Enseguida se dio cuenta en donde iba a terminar ese razonamiento y volvió a la realidad: a menos que alguien le haga algo, no tenía pensado matar a nadie, y no estaba junto a la tripulación de un Yonkou, sino la de un supernova. De hecho, no podía creer que estuviese comparándose con ese viejo desagradable.

Terminó por convencerse de que lo único que podía hacer para garantizar su supervivencia, era usarla y no hacer alboroto sobre el tema; de hecho, si podía, debía esquivarlo. Se cambió y volvió a sentarse.

Como si estuviera por hablarle a alguien más, levantó los brazos y gritó «¡En tu cara!», seguido de una carcajada extraña.

—Ok. Voy a fingir que no acabo de ver esto y tú vas a dejarme relevarte como una persona semi normal —dijo Aki, calmado, quien acababa de bajar.

Sayaka se paró, sobresaltada, y se cayó al suelo del susto.

—¡Auch! —se quejó, frotándose la cabeza—. Sólo para que lo sepas… ¡Estaba practicando qué decir después de ganar una pelea!

No sonaba muy convencida de lo que acababa de decir, pero fue lo primero que se le ocurrió. Aki no contestó nada; la dejó irse y cuando se aseguró de estar solo, soltó la risa que había estado conteniendo.

Sayaka subió las escaleras e intentó esquivar la cocina; la mayor parte de la población del submarino se encontraba ahí. Se escuchaban los gritos de algunos, por lo que seguramente había un grupo jugando cartas y, si Sachi y su poder de ocultar cuatro mazos de cartas debajo de la ropa sin que lo noten estaban involucrados, seguramente los gritos eran de los perdedores. También escuchaba ruidos de botellas y algún que otro vidrio rompiéndose. Por un momento agradeció a la suerte de que esta semana no le toque limpiar; aunque, de todas formas podía tirarles las cartas, el alcohol y cualquier otra cosa que los convierta en una fábrica de mugre.

Se acercó un poco a la puerta. Se escuchaban un par de voces más, cantando algo, pero con tanto barullo no podía escuchar bien qué era aunque le sonaba familiar. No logró descifrarla.

Si la puerta hubiese estado entreabierta, quizás hubiera podido escuchar un poco más. Miró a ambos lados del pasillo para asegurarse de que estaba sola, y se acercó más a la puerta, apoyando la espalda en la pared como si así pudiese disimular estar haciendo otra cosa. Entonces pudo escuchar bien.

—¿El Sake de Binks? —se preguntó, en voz alta.

Esa había sido una de las primeras canciones que había aprendido, aunque hacía ya muchos años que siquiera la tarareaba. Sonrió. Por suerte, esa canción le traía recuerdos agradables, aunque lejanos.

—Si va a espiar a alguien, intente no ser tan fácil de detectar o… tan evidente. Regla básica del asesinato.

—¡Ah! ¡¿Cómo haces para aparecerte siempre así?! —gritó, alejándose unos pasos.

A esta altura, empezaba a creer que Law tenía alguna especie de habilidad de teletransportación o invisibilidad. Hacía dos segundos no había nadie en el pasillo.

—¡De todas formas, no estaba espiando ni nada parecido! Estaba buscando algo que se me cayó al suelo y me aburrí de buscarlo. Por eso empecé a…

—No me preocupan esas cuestiones. Es libre de hacer lo que quiera, simplemente fue una sugerencia.

—¡Perfecto! —dijo sonriendo de manera bastante antinatural, nerviosa—. Me voy yendo para… hacer… esas cosas. Ya sabes… no puedo dejarlas… sin hacer —concluyó como pudo y se giró para irse.

Se sintió frenarse luego de que la mano de Law agarrara su hombro izquierdo. Esto le dio un mal presentimiento. No solía detenerla para que se le una a cantar canciones piratas y tomar vino hasta que se le salga por la nariz.

—Necesito que venga conmigo. Tengo algunas cosas que comentarle.

Sayaka asintió. No parecía tan grave como de costumbre. Ya se estaba convenciendo de que realmente era paranoica. Law se adelantó algunos pasos para que lo siguiera

—También espero que usted me aclare algunas dudas —siguió, sin mirar atrás ni dejar de caminar—. Pero puede estar tranquila; no voy a preguntarle nada que no sepa o no pueda contestar. Es información útil para todos.

Ya sabía que no podía ser tan fácil. Puso su cerebro traicionero en estado de guardia. Si se venía otro interrogatorio, quería prepararse un bozal mental para no terminar hablando de más, como siempre. Si prevenir ir regalando información que puede ser usada en su contra era ser paranoica, no le molestaba demasiado la idea de serlo.


¡Y eso fue todo por ahora!

¡Hasta la próxima!

Pueden dejar un review o esperar a Slenderman a que se aparezca en sus habitaciones por la noche y haga mermelada con sus tripas :D

-La gemela malvada de Nami-Swann