XIII LUNA CRECIENTE
La fase plena de la luna casi había llegado y Remus notaba sus efectos. En aquellos primeros días de marzo el cielo era una clara superficie sin una nube y la luz de una luna casi esférica le provocaba sudores y mareos. Incluso durante el día no acababa de encontrarse bien y le parecía que las clases se estiraban como un Superhinchable de Honeydukes, tenía mal color y siempre parecía estar a punto de salir corriendo a vomitar en el retrete más próximo. En ocasiones como aquella le costaba mucho conciliar el sueño. A veces desistía de dormir y procuraba entretener la noche leyendo o simplemente pensando en sus cosas. Aquella era una de esas noches y su cerebro daba vueltas y más vueltas. Últimamente no habían avanzado mucho en las investigaciones sobre las actividades de Avery y su pandilla. Ahora que Snape estaba sobre aviso Remus dudaba que volvieran a ser capaces de sorprenderles o espiarles con provecho. La zona de las mazmorras seguía bajo el encantamiento de impenetrabilidad que descubrieran después de la ultima visita a Hogsmeade y Remus hubiera apostado los galeones que no tenía a que nada interesante se decía o hacía fuera de los muros de la casa Slytherin. Sirius había sido un necio de principio a fin con todo aquel asunto del Veritaserum. ¡Vaya idiota!
- ¿Todavía despierto?- musitó la voz de James desde la cama de al lado.
-¿No has visto el cielo? Totalmente despejado... y mañana hay luna llena. No puedo dormir.
- Yo tampoco.
-James.. Te he dicho mil veces que hables con ella
- ¡Eh! ¿Crees que pierdo el sueño por una chica?
- Tu mismo. Si prefieres seguir los consejos de Sirius...
James no le contestó y al cabo de un rato Remus dio por sentado que su amigo se había quedado dormido. Todavía durante un rato se dedicó a observar como oscilaba la llama de la vela sobre la mesilla. Al fin se decidió a soplar para apagarla, no dormiría pero al menos descansaría los ojos. Recortada sobre la claridad exterior de la ventana apareció una silueta aleteante. La lechuza se posó sobre el alfeizar y comenzó a pasear arriba y abajo sobre breve repecho de piedra, como buscando la manera de burlar el cristal que la separaba del interior. Que raro. Pensó. Era evidente que aquella lechuza intentaba entregar una carta. Con cierto recelo Remus se levantó de la cama, abrió la ventana y desató el pergamino de la pata que el animal le presentó. Desenrollo la tarjeta. Decía simplemente:
Remus LupinAlarmado abrió el pergamino doblado:
Ya casi ha llegado la luna llena.Te estoy esperando en la playa de piedra junto al lago.Ven solo. Un amigo
Conocía aquella caligrafía. El corazón empezó a latirle deprisa.
En las semanas transcurridas no había querido pensar mucho en la carta que recibió el día de San Valentín. Una dolorosa aprensión le había impedido enseñársela a nadie. Le parecía que aquella misiva insinuaba un chantaje o una amenaza. Ahora estaba seguro. Lo que tanto había temido desde que había sido admitido en Hogwarts estaba sucediendo al fin; alguien le había descubierto. Sintió el escozor de las lágrimas pero con un esfuerzo alejó los pensamientos derrotistas, aún tenía una oportunidad de convencer a quien quiera que fuese. No podía evitar pensar en Snape. ¿Y si era él? O alguno de los otros... ¿qué mas daba? Estaría perdido igualmente, extenderían la noticia por el colegio y tendría que irse. Contuvo un sollozo. No podía permitir que sus compañeros se despertaran. Si James o Sirius se enteraban de aquello... harían alguna locura y Remus perdería la pequeña opción que aún tenía.
Se escurrió hasta el armario, se vistió procurando no hacer ruido, cogió su capa de abrigo y salió de la habitación circular. Mientras atravesaba los corredores vacíos y más tarde la extensión de césped al pie del castillo su ánimo se iba ensombreciendo más y más. La noche era muy clara y muy fría, su aliento se convertía en vaho y el lago exudaba una niebla ligera que empezó a enredársele en los pies nada más abordar el camino en desnivel que lo llevaría a la playa, en el límite de los terrenos de Hogwarts.
No había necesidad alguna de utilizar la luz de la varita, la luna casi llena lo iluminaba todo. En aquella fase de su ciclo los sentidos se agudizaban; a cambio, la sensación de nausea era continua. No fue consciente del frío que sentía hasta que por fin alcanzó la explanada de piedra bañada por el lago. Bajo aquella luz el lago era un brillante espejo negro. Metió las manos entumecidas en los bolsillos de la capa. Sintió una punzada al recordar la última vez que había estado allí a finales del curso anterior, celebrando el final de los TIMOS al sol de junio.
-Remus Lupin, supongo.
Una voz áspera que no reconoció... Una figura se movió haciéndose visible, una figura que había estado ahí desde el primer momento, pero tan inmóvil que Remus no la había distinguido del entorno entre la bruma. Asombrado se dio cuenta de que no se trataba de ningún compañero del colegio, era un hombre adulto. El desconocido era alto aunque no corpulento, tenía el pelo bastante largo y descuidado. Sus rasgos quedaban ocultos en la sombras.
- ¿Quién es usted?- El cerebro de Remus procesaba a toda velocidad pero no conseguía computar una sola hipótesis acerca de la identidad de aquel hombre.
- No te alarmes. Vengo a hacerte la oferta de tu vida.
El desconcierto de Remus aumentó. De pronto fue consciente de que ni siquiera tenía la varita a mano, si llegaba la ocasión tendría que buscar bajo la capa para alcanzar el bolsillo de la túnica. El desconocido dio un paso hacía él. Remus pudo verle los ojos, oscuros y brillantes en una cara enmarcada por unas patillas pobladas.
-Vaya... No te habría reconocido, has cambiado mucho.
-¿Le conozco, Señor? Preguntó Remus cada vez más confundido.
-Nos vimos...una vez. Hace mucho tiempo.
Aunque la actitud del hombre que lo había citado no era amenazadora, irradiaba de él una sensación de peligro casi física. Ahora que lo tenía más cerca podía apreciar que su fragil delgadez era solo apariencia, porque bajo la tela de la túnica se distinguía un cuerpo tenso y fibroso. Al final de unos brazos largos, las manos, grandes y de largas uñas, parecían capaces de quebrarle en cuello en un solo movimiento.
-Te digo que no debes temerme. Soy... un amigo.
-¿Por qué me ha hecho venir aquí?- Preguntó Remus intentando controlar en temblor en su voz.
-Muchacho, un hombre-lobo no necesita sentir miedo. Un hombre-lobo debe inspirar terror.- La sonrisa en la cara de aquel hombre heló la sangre de sus venas, unos dientes amarillos y afilados brillaron por un momento a la luz nocturna..
-¿Quién es usted?- Repitió Remus, visiblemente alterado al tiempo que deslizaba la mano bajo la capa tratando de encontrar su varita.
- He venido a ofrecerte la libertad. Dime, ¿Qué ha sentido cuando has recibido mis mensajes?
Remus no contestó.
-Te has asustado ¿verdad? Has pensado que te habían descubierto. El hombre miró hacia el castillo.
-Me pregunto como es que Dumbledore te ha dejado estudiar aquí. Muy loable por su parte- el tono de aquella voz desmentía sus mismas palabras.- Pero inútil... Serás un excluido toda tu vida.
-¿Qué.. que quiere decir?
-¿De verdad no entiendes lo que quiero decir?- Susurró casi en su oído.- Déjame enseñarte que la licantropía no es una maldición sino un don.
Remus se apartó aterrado.
-¿QUIÉN ES USTED?- Casi gritó.
-Fui tu padre... y seré tu maestro. ¿No me recuerdas?
-¡NO!- Chilló Remus. En el lago una bandada se somormujos se echó a volar. El hombre continuó hablando.
-Bajo la tutela de Albus Dumbledore vives un sueño de seguridad. Pero los magos te perseguirán como a una bestia, Dumbledore no podrá protegerte fuera de este lugar. Yo te ofrezco la libertad y el orgullo.- El hombre sonrió una vez más- Pronto llegará el momento. Al fin ha surgido el líder que nuestra especie necesitaba.
-¿Que quiere de mi?- Balbuceó Remus.
El desconocido endureció su voz.
-La cuestión es... ¿qué quieres tu? ¿Prefieres ser un marginado o participar del poder en el nuevo orden?
Remus se obligó a respirar una...dos veces. Sentía la cabeza dándole vueltas y vueltas pero estaba algo más calmado. Preguntó por tercera vez:
-¿Quién es usted?
-Es cierto, no me he presentado- El hombre se inclino con afectación en una burla de reverencia- Fenrir Greyback, a tu servicio.
A Remus aquel nombre no le decía nada. Se pasó la mano por la frente húmeda de sudor, cada vez se encontraba peor. Nunca salía a la luz de una luna como aquella. si podía evitarlo. Volvió a mirar al desconocido ante él.
-¿Cómo es que me conoce?- Preguntó.
-¿Todavía no lo sabes?- Rió el hombre. Su voz descendió casi una octava convirtiéndose en un gruñido- Cuando eras un niño yo te regalé ese don que tanto detestas.
Una nausea brutal obligó a Remus a cerrar los ojos. Se dobló y de rodillas delante de Greyback, vomitó. La humillación y el asco mantenían el miedo agazapado en un rincón de su consciencia.
-Aún eres muy joven. Hay tiempo para que comprendas el alcance de la oferta que Lord Voldemort y yo te hacemos.
Remus sintió una mano en su hombro y se sobresaltó. Oyó reír a Greyback mientras éste lo ayudaba a incorporarse.
-Tranquilo, cachorro. No tengo intención de hacerte daño. Eres uno de los nuestros.
Incapaz de contestar Remus negó con la cabeza. Ésto, una vez más, provocó la risa de Greyback.
-No hay prisa, solo queremos que sepas que estaremos ahí. Vuelve al colegio y muy pronto llegará tu oportunidad.
A lo lejos, en el castillo, la luz en la ventana de una de las torres se intensificó con un brillo dorado. Greyback seguía sonriéndole con aquella expresión depredadora .
-Y ahora, cachorro, antes de dejarte ir renovaremos la filiación de sangre que nos une.
De un zarpazo, tan rápido que Remus sintió su piel rasgarse antes de ver realmente a Greyback alargar la mano, el licántropo le hizo un rasguño en el cuello. En la uña larga y amarillenta la sangre de Remus parecía negra a la luz de la luna. Remus se llevó la mano a la herida. Greyback se la apartó.
Pero en aquel momento sucedió algo que Remus no entendió. Los ojos de Greyback se abrieron de pronto inundados de sorpresa y alarma. Como si una fuerza desconocida lo dominara Greyback empezó a contorsionarse. Como una marioneta cuya cruceta alguien maneja con descuido y brusquedad el mortífago licántropo retrocedía sobre la superficie de piedra en dirección al bosque agitando los brazos .
-PERO... ¿QUÉ...?
En convulsos pasos de cangrejo Greyback se alejaba en contra de su voluntad. En un momento dado clavó los pies sobre la tierra húmeda, ya fuera de los límites de la playa. Algo tiraba de él hacia atrás, algo que no se daba por vencido.
-AAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGH!
Y al fin, succionado por aquella energía ignota el licántropó fue arrastrado por un impulso potentísimo que levantó sus pies del suelo y lo arrastró fuera de la vista de Remus en una fracción de segundo. Y allí quedó el muchacho, alucinado, parado a la orilla del lago, sin saber que hacer ni que pensar. Noto escozor en el cuello donde Greyback lo había arañado. En un intento por ganar tiempo antes de pararse a analizar lo que acababa de pasarle sacó la varita e intento un hechizo curativo. No consiguió ningún resultado. Remus se sentía a la vez asqueado y aliviado. Las piernas aún le temblaban un poco pero emprendió el camino de vuelta al castillo. No temía encontrarse otra vez con Greyback aquella noche, pero estaba seguro de que no sería la última vez que le viera.
Por la mañana Remus tuvo verdaderas dificultades parta ocultar aquella herida a sus amigos. James fue el primero en notar que estaba sangrando.
-Espera, déjame ver.- Dijo en cuanto ocuparon su lugar en la mesa. Le agarró del cuello de la túnica.- Joder Remus, te tengo dicho que te cortes las uñas.
-Jaja.- Contestó éste dándole un manotazo y colocándose la túnica en su sitio.
Apenas había dormido después del encuentro con Greyback. Conocer al hombre-lobo que lo había mordido de pequeño había sido una experiencia intensa. No se explicaba como Greyback recordaba a una de sus víctimas ni como le había localizado en Hogwarts tantos años después. El hecho era que no se había mostrado hostil... ni siquiera cuando le hirió. Podía haberle arrancado la cabeza de los hombros y sin embargo se limitó a arañarle superficialmente. Su oferta lo inquietaba, no podía dejar de darse cuenta de la bendición que sería encontrar un lugar donde su transformación no fuera considerada algo aborrecible, donde pudiera ser útil. Lamentablemente, hasta donde Remus alcanzaba a pensar, la licantropía solo tenía utilidad posible para el mal.
-¡Eh, lunático!- Dijo Sirius-deja de soñar despierto, tío. Esta noche nos divertiremos un poco los cuatro. Ya lo echaba de menos.
Hubiera sido capaz de abofetear a Sirius en aquel momento. Siempre tan empático... Para él el problema de Remus era solo otra forma más de ejercitar su afán por las travesuras y la desobediencia a las normas del colegio.Bueno, se dijo Remus inmediatamente arrepentido de aquel pensamiento, eso tampoco es del todo justo. De una forma inconcreta había decidido no contar absolutamente a nadie su encuentro con Fenrir Greyback . Era algo personal... y no quería que nadie supiera que fuerzas oscuras del mundo mágico lo trataban con tal condescendencia y tenían tanto interés por él. Sentía curiosidad malsana por conocer detalles de su propia conversión a la licantropía. Había mil razones incoherentes por las que sentía el impulso de callar.
Durante el desayuno Dumbledore los sorprendió dirigiendo unas palabras desde su puesto en la presidencia del gran comedor. Se le veía fatigado, su expresión era grave así como la de McGonagall. Slughorn estaba inquieto, sus mejillas de manzana hoy estaban pálidas y sus dedos rechonchos no encontraban reposo, continuamente tableteaban sobre la mesa o hacían girar la cucharilla de te.
Dumbledore, de pie, esperó a que se hiciera absoluto silencio. Cuando casi lo había conseguido Slughorn dejo caer al suelo la cucharilla. McGonagall tosió. Al fin el director empezó a hablar.
- Queridos alumnos. Debido a los últimos acontecimientos el claustro y yo mismo, como director y responsable de todos vosotros hemos decidido incrementar las medidas de seguridad en Hogwarts.
Un murmullo intentó extenderse por las mesas de las casas. Pero un significativo carraspeo de la profesora McGonagall consiguió acallarlo en el mismo momento de nacer. Dumbledore continuó.
- Los alumnos tienen prohibido traspasar los límites de la escuela sin permiso- Dumbledore produjo un conato de sonrisa...- y supongo que en general se atienen a estas normas, pero para evitar situaciones incómodas y potencialmente peligrosas desde la pasada noche se ha provisto al perímetro del colegio de encantamientos de blindaje. De ahora en adelante ni siquiera los alumnos poco escrupulosos serán capaces de infringirlas. Remus miró de reojo a Sirius. Se habían acabado sus excursiones nocturnas. Peter se inclinó junto a su oído y susurró.
- Ya. Pero no dice que en realidad lo que se trata de evitar es que nadie entre.
En efecto. ¡Claro! Por eso Fenrir Greyback había salido despedido hacia fuera, Justo entonces debieron de activarse los hechizos. Era tranquilizador pensar que ningún extraño podría burlar la seguridad del colegio. Y así, aunque la culpa lo aguijoneaba al pensar que tal vez alguien con autoridad debería saber que Voldemort estaba reclutando hombres-lobo, Remus se dijo que hablaría con Dumbledore en algún momento del futuro... cuando supiera algo más. De momento no existía peligro ¿verdad?.
Terminado el desayuno los cuatro amigos salieron juntos hacia la clase de Encantamientos. Al llegar cerca de la puerta Remus distinguió la mirada venenosa de Snape en la nuca de James, antes de que pudiera desviar la vista Snape lo miró a él directamente a los ojos, y para su vergüenza, aunque por una fracción de segundo se quedó clavado en el umbral, se sintió incapaz de mantener esa mirada negra. Cuando apretó el paso para alcanzar a los demás escuchó la risa de Regulus.
Desde los días que habían precedido a la celebración de San Valentin Remus había empezado a sentir que Hogwarts no era tan agradable como solía. A la preocupación por las actividades de la pandilla de Avery y Snape se unía el talante taciturno y ofendido de Sirius y el mal humor continuo de James. El trimestre, que tanta diversión prometía cuando se despidieron en Navidad, se estropeaba por momentos. Para colmo Lily tampoco parecía tener muchas ganas de confraternizar con nadie, y menos con alguien cercano a James Potter. Las noticias de El Profeta no exhibían nada abiertamente preocupante, pero era ese silencio lo que más asustaba a Remus. ¿Por qué no se hablaba de la investigación del asesinato de Highcliff? Un manto de silencio cubría el panorama político en el mundo mágico. Aquella tarde en la sala común, Remus esperaba el momento de salir hacia Hogsmeade a través del pasadizo leyendo atentamente el diario. Nada. Solo una reseña acerca de un acto a favor de la propuesta Lynch que se celebraría próximamente en Londres. Se mencionaba a Lucius Malfoy a Rodophus Lestrange, que hasta el momento había sido el más influyente valedor de la causa de Lynch. Al parecer los representantes, acompañados del mismo Lynch serían recibidos seguidamente por el ministro. Esta noticia estaba intercalada en las páginas interiores, entre noticias económicas y cotilleos de sociedad. Ciertamente no se escondía la noticia, había una foto de casi media página donde un sonriente legislador Lynch daba la mano a Malfoy, rodeados ambos de una multitud de elegantes magos y brujas simpatizantes de la causa de la exclusión muggle entre los que distinguió varias personalidades conocidas. Al fondo el rostro aristocrático de Lestrange sonreía. El tono del artículo era tan jovial que Remus sintió nauseas mientras lo leía. Era como si en vez de hablar de desentenderse del mal que la magia podía causar a los muggles y de dejarlos desprotegidos ante los accidentes y los abusos se tratara de una causa benéfica o de alguna otra frivolidad. No se mencionaba a Lord Voldemort, a menos que se leyera muy entre líneas: "grandes personalidades, acaudaladas familias y poderos hechiceros". Y para colmo el ministro accedía a recibirles. Asqueado tiró el periódico al fuego donde ardió con una gran llamarada naranja.
Peter se afanaba en sus deberes pero James y Sirius jugaban al ajedrez mágico sin apenas dirigirse la palabra. Remus les hizo la seña convenida y salió de la sala común. Tenía todavía mucho tiempo para llegar al pasaje bajo el sauce, pero no quería arriesgarse a que le sucediera algo parecido a lo del mes pasado.
Tenía razón, Severus Snape lo esperaba en el Hall, al pie de la escalera .
-¿Dónde vas con tanta prisa Lupin?
Remus no se lo podía creer, maldita fuera su suerte.
- Déjame en paz.- Dijo con poca convicción. Esto envalentonó más a Snape al que se veía disfrutar con la situación. Es como un perro rabioso. Pensó Remus. Esta mañana ha olido mi miedo y..
- Si me dices a donde vas a lo mejor no te hago tanto daño, por ésta vez.
Remus sintió otra vez aquellas molestas nauseas que en realidad no tenían que ver con nada más que con la proximidad inminente de su transformación, pero Snape interpretó mal su palidez.
- ¿Tienes miedo? –dijo, casi amablemente, pero después endureció su voz.- Haces muy bien, no eres tan tonto como Potter. Cuando llegue su hora no lo habrá visto venir...
Claro, Lloricus. Pensó Remus. Por eso vas tras de mi, porque me consideras el más débil. Si sientes ganas de machacar a alguien ¿por qué no te metes con Sirius o con James? El cobarde eres tu. Pero nada de esto salió de su boca. En lugar de perder el tiempo en charlas vanas procuró ponerse en guardia, echó mano al bolsillo. Esta vez Snape tendría que esforzarse...
Una voz llegó de lo alto de la escalera.¡La señora Pomfrey!
- Señor Snape, vuelva inmediatamente a su sala común. Casi es la hora límite.
Snape desconcertado soltó la varita que agarraba dentro del bolsillo de la túnica.
- Señor Lupin. Venga conmigo.
Snape se había quedado clavado en el sitio.
- ¿No me ha oído? el señor Filch ya debe estar patrullando.¡Vamos! ¡Vamos!
Al slytherin no le quedó más remedio que desaparecer de mala gana. Remus respiró aliviado. La señora Pomfrey lo condujo hasta el sauce boxeador y le deseó buena suerte. Remus la hubiera besado.
