CAPÍTULO 13
… dejándolo con los ojos como platos y el corazón a mil.
Kate se deja caer sonriendo sobre el sofá. Rick sigue mirándola, degustando el momento con sus azules ojos brillantes.
Castle no sabía muy bien cómo actuar en ese momento. Si fuera cualquiera ya estarían destrozando la cama de ese bonito hotel, pero no, no era cualquiera, era Kate. Tampoco se atrevía a hacer ningún comentario demasiado fuerte, la chica sólo tiene veinte años, piensa. Eso era lo que más le frenaba, a parte del respeto que sentía hacia esa joven, la edad, esos 20 añitos eran un punto jodidamente negativo, no se veía capaz de hacerle esto. Pero la miraba y ella estaba allí, sonriéndole, con cara de diosa sobrenatural y era imposible resistirse.
Rick se levanta con la intención de poner música, busca entre esos discos que hay en la habitación y finalmente se decide. Beckett lo mira curiosa mientras el hombre, ese hombre, ese escritor, su escritor lucha con el aparato que parece no querer encenderse. Unos segundos más tarde empieza a sonar una suave música francesa y la chica cierra los ojos sonriendo maravillada.
Él se gira y la ve allí, con las rodillas dobladas sobre ese sofá de piel con su expresión de tranquilidad, de pureza, de felicidad, ¡Qué preciosa! –Piensa mientras se acerca. Ella parece notar su presencia y abre esos ojos cristalinos enfocándolos únicamente en los dos cielos que la miran y la desnudan sin piedad.
Richard le ofrece su mano y ella sin dudar se levanta a su lado, ambos fundiéndose en un abrazo al ritmo de la música. Sin separarse dan vueltas, lenta y sensualmente, entregados, sintiendo el roce del otro, notando cada sensación que les produce ese contacto.
Castle le retira el pelo a Kate, echándoselo a un lado y deja caer su nariz sobre el hueco de su cuello.
-Cerezas. – Susurra erizando cada centímetro de la piel de la chica, su chica.
-¿Te gusta? –Pregunta Kate sobre el lóbulo de su oreja, mientras desliza una mano por el pelo, despeinándole, jugando.
-Demasiado. –Responde mientras se separa, y mirándola con unos ojos negros, puros de deseo, la abraza, rodeándole con una mano su fina espalda y con la otra situada en la base de su culo, levantándola, excitándola.
Puede sentir como Katie deja escapar un sensual suspiro. Eso ya no tiene marcha atrás.
Es corto, pero si tiene muchas reviews subiré muy pronto el próximo.
