Capítulo 25 - El Profesor Lockhart
Al día siguiente, Harry apenas pudo sonreír, porque a escondidas había ensayado Oclumancia hasta las tres de la madrugada.
- Cada vez lo domino mejor. - admitió desde su mente, mientras soltaba un largo bostezo.
Bajo el techo encantado del Gran Comedor, se podía ver que aquel día estaba de un triste color gris. Las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y beicon. Harry y Ron se sentaron en la mesa de Gryffindor junto a Hermione, que tenía su ejemplar de "Viajes con los vampiros" abierto y apoyado contra una taza de leche.
Tan pronto como vio aquel libro, y a Hermione leyéndolo con gran interés, a Harry se le pasaron las ganas de probar bocado. Había comenzado a perder las esperanzas de expresarle a su mejor amiga lo que sentía hacia ella. No todo fue tan malo, ya que al menos se acordó de saludar.
Hasta la fecha, según recordaba Harry, Ron era el encargado de vaciar los platos de comida en la mesa de Gryffindor. Al menos, así fue hasta que conocieron a Chloe Malfoy.
Ella había sido seleccionada (para sorpresa de todo el colegio) para Gryffindor, cuando todo el mundo daba por hecho que acabaría en Slytherin. Según pudo saber Harry, la familia de Chloe (los Malfoy) habían pertenecido por siglos a la casa Slytherin. Aquella tradición pasó por generaciones, siendo Draco Malfoy (el archirrival de Harry) el ultimo miembro de esa familia en ser elegido para Slytherin.
Desde la primera vez que vio a los hermanos Malfoy, Harry pudo comprobar que no se llevaban del todo bien. Era muy probable que su relación no mejoraría, incluso si Chloe acababa en la misma casa que su hermano. Esa, desde luego, era solo una de las curiosidades que existía entre los dos.
La otra, era que Chloe no se parecía ni a su hermano ni a su padre. Cada vez que Harry hablaba con ella encontraba que la niña era amable, guapa y lejos de poner malas caras buscaba ser positiva y poner caras graciosas para reírse un poco. Era, en otras palabras, lo opuesto a Draco Malfoy.
- Pues menos mal. - pensó Harry, aliviado por no tener que lidiar con otro "Dragón" Malfoy.
¿Y que era de Ginny? La hermana pequeña de Ron estaba muy única a Chloe y a Luna Lovegood, a pesar de que la última no pertenecía a Gryffindor. Ginny y Chloe comían juntas antes de encontrarse con Luna para ir juntas a las clases de primero. Era cierto que no siempre coincidirían, ya que normalmente los alumnos de una casa hacían clase con otra, por tanto, los Gryffindors de primero no siempre coincidirían en clase con los Ravenclaws del mismo año.
¿Qué no le gustaba a Harry de aquellas tres niñas? Solo una cosa: Las tres admiraban e idolatraban a Gilderoy Lockhart, igual que Hermione. Aquello, siendo solo el primer día de clases, comenzaba a irritarle.
Negando con la cabeza, Harry decidió salir de sus pensamientos, justo cuando escuchó la voz de Neville, quien lo saludó a él, Ron y Hermione alegremente.
- El correo llegará en cualquier momento. - comentó. - Supongo que mi abuela me enviará las cosas que me he olvidado. -
Efectivamente. Harry acababa de empezar sus gachas de avena cuando un centenar de lechuzas penetraron con gran estrépito en la sala, volando sobre sus cabezas, dando vueltas por la estancia y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud. Un gran paquete de forma irregular rebotó en la cabeza de Neville.
- Lo sabía…- suspiró Neville, pero contento porque su abuela siempre se preocupaba por él.
La profesora McGonagall recorría la mesa de Gryffindor entregando los horarios. Harry cogió el suyo y vio que tenían en primer lugar dos horas de Herbología con los de la casa de Hufflepuff.
Harry y sus mejores amigos abandonaron juntos el castillo, cruzaron la huerta por el camino y se dirigieron a los invernaderos donde crecían las plantas mágicas.
Al dirigirse a los invernaderos, vieron al resto de la clase congregada en la puerta, esperando a la profesora Sprout. Harry, Ron y Hermione acababan de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la explanada. Al dirigirse a los invernaderos, vieron al resto de la clase congregada en la puerta, esperando a la profesora Sprout. Harry, Ron y Hermione acababan de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la explanada, acompañada por Gilderoy Lockhart. La profesora Sprout llevaba un montón de vendas en los brazos, y por lo que Harry pudo oír entre el cuchicheo de los alumnos, la profesora había tenido una dura batalla con el fin de podar el Sauce Boxeador.
El Sauce Boxeador era un valioso y peligroso árbol que atacaba a cualquier persona u objeto que se acercara demasiado al rango de sus ramas. Sus extremidades funcionaban como brazos y cualquier daño que estos recibieran lo devolverían en la misma manera, o aún peor.
- Desde que llegué a este castillo sigo preguntándome lo mismo. - pensó el azabache. - ¿Qué sentido tiene plantar un árbol así en Hogwarts? -
Por lo poco que sabía, aquel árbol estaba allí desde hacía unos veinte años aproximadamente. La única explicación que Harry encontraba a la presencia del Sauce Boxeador, era que su apariencia intimidaba y ahuyentaba a las criaturas del bosque. Una excusa algo contradictoria, pues no existían indicios de criaturas del bosque invadiendo los terrenos del colegio en años anteriores a su plantación.
- ¡Hola! ¿¡Qué hay!? - saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes. - Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que podar a un Sauce Boxeador. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica! Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies exóticas y...-
- ¡Hoy iremos al Invernadero 3, muchachos! - dijo la profesora Sprout, que parecía claramente disgustada, lo cual no concordaba en absoluto con el buen humor habitual en ella.
Se oyeron murmullos de interés. Hasta entonces, sólo habían trabajado en el Invernadero 1. En el Invernadero 3 había plantas mucho más interesantes y peligrosas. La profesora Sprout cogió una llave grande que llevaba en el cinto y abrió con ella la puerta. A Harry le llegó el olor de la tierra húmeda y el abono mezclados con el perfume intenso de unas flores gigantes, del tamaño de un paraguas, que colgaban del techo.
Sin perder ni un segundo, Harry se apresuró en entrar por delante de Ron y Hermione, para que Lockhart no lo viera. No tenía ganas ni de verle ni de hablar con él, aunque sabía que no lo podría evitar por siempre.
Los estudiantes de segundo rodearon una larga mesa. La profesora Sprout estaba en el centro del invernadero, detrás de una mesa montada sobre caballetes. Sobre la mesa había unas veinte orejeras. Cuando Harry ocupó su sitio entre Ron y Hermione, la profesora dijo:
- Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras. Veamos, ¿quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora? -
Harry iba a levantar la mano, pero Hermione le ganó la carrera.
- La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz. - explicó Hermione, a lo que Harry solo pudo sonreírle. Como siempre, ella había hecho los deberes. - Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada. -
- Excelente, diez puntos para Gryffindor. - dijo la profesora Sprout. - La mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo, también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué? -
Esta vez Harry quiso responder, por lo que antes de que la profesora Sprout terminara de formular la pregunta, él ya había alzado el brazo. - La mandrágora tiene un llanto que es fatal para quien la oye…- explicó, mientras que Hermione parecía entre molesta y divertida.
- Exacto señor Potter, otros diez puntos para Gryffindor. - dijo la profesora Sprout. - Bueno, las mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes. -
Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus hojas de color verde violáceo crecían en fila.
- Oh…menos mal que contamos con orejeras. - pensó Harry. A él no le apetecía mucho replantar mandrágoras, solo por lo escandalosas que eran. - Si no las tuviéramos los llantos nos dejarían sordos a todos…-
- Poneos unas orejeras cada uno. - indicó la profesora Sprout.
Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa.
- Cuando os diga que os las pongáis, aseguraos de que vuestros oídos quedan completamente tapados. - dijo la profesora Sprout. - Cuando os las podáis quitar levantaré el pulgar. De acuerdo, ahora, poneos las orejeras. -
Harry se las puso rápidamente, insonorizando completamente sus oídos. - Ah…dulce silencio…- pensó contento.
La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente una de las plantas y tiró de ella con fuerza.
En lugar de raíces, surgió de la tierra un niño recién nacido, pequeño, lleno de barro y extremadamente feo. Las hojas le salían directamente de la cabeza, tenía la piel de un color verde claro con manchas, y se veía que estaba llorando con toda la fuerza de sus pulmones. Todos ponían muecas raras al ver a la mandrágora.
La profesora Sprout cogió una maceta grande de debajo de la mesa, metió dentro la mandrágora y la cubrió con una tierra abonada, negra y húmeda, hasta que sólo quedaron visibles las hojas. La profesora Sprout se sacudió las manos, levantó el pulgar y se quitó ella también las orejeras.
- Como nuestras mandrágoras son sólo plantones pequeños, sus llantos todavía no son mortales. - dijo ella con toda tranquilidad, como si lo que acababa de hacer no fuera más impresionante que regar una begonia. - Sin embargo, os dejarían inconscientes durante varias horas, y como estoy segura de que ninguno de vosotros quiere perderse su primer día de clase, aseguraos de que os ponéis bien las orejeras para hacer el trabajo. Ya os avisaré cuando sea hora de recoger. -
- Mira, a Ron le vendría bien una excusa para saltarse el resto de las clases. - pensó Harry divertido. - Como si no le conociera…-
- Cuatro por bandeja, - prosiguió la profesora Sprout. - hay suficientes macetas aquí. La tierra abonada está en aquellos sacos, y tened mucho cuidado con las Tentacula Venenosa, porque les están saliendo los dientes. -
Mientras hablaba, dio un fuerte manotazo a una planta roja con espinas, haciéndole que retirara los largos tentáculos que se habían acercado a su hombro muy disimulada y lentamente.
- Vaya, - pensó Harry. - se ve que está muy acostumbrada a estar rodeada de plantas. Sobre todo si son peligrosas…-
Harry, Hermione y Ron compartieron su bandeja con un muchacho de Hufflepuff que Harry conocía de vista, pero con quien no había hablado nunca.
- Justin Finch-Fletchley - dijo alegremente, dándole la mano a Harry. - Claro que sé quién eres, el famoso Harry Potter. Y tú eres Hermione Granger, siempre la primera en todo. - Hermione sonrió al estrecharle la mano. - Y Ron Weasley. ¿El mejor jugador de ajedrez mágico? Aún no sé cómo lo haces…-
Ron se ruborizó un poco entre risas nerviosas, se sentía muy alagado. Mientras que Harry y Hermione rodaban los ojos.
- Ese Lockhart es famoso, ¿verdad? - dijo contento Justin, cuando empezaban a llenar sus macetas con estiércol de dragón. - ¡Qué tío más valiente! ¿Habéis leído sus libros? Yo me habría muerto de miedo si un hombre lobo me hubiera acorralado en una cabina de teléfonos, pero él se mantuvo sereno y ¡zas! Formidable. Me habían reservado plaza en Eton, pero estoy muy contento de haber venido aquí. Naturalmente, mi madre estaba algo disgustada, pero desde que le hice leer los libros de Lockhart, empezó a comprender lo útil que puede resultar tener en la familia a un mago bien instruido... -
- Buff…me pregunto, ¿cómo serán las clases con Lockhart? – se preguntaba Harry. - Ojalá que no sea un inútil como profesor, ya tuve bastante con Quirrell. Espero no tener que limitarme de nuevo a mis propios conocimientos…-
Después ya no tuvieron muchas posibilidades de charlar, se habían vuelto a poner las orejeras y tenían que concentrarse en las mandrágoras. Para la profesora Sprout había resultado muy fácil, pero en realidad no lo era. A las mandrágoras no les gustaba salir de la tierra, pero tampoco parecía que quisieran volver a ella. Se retorcían, pataleaban, sacudían sus pequeños puños y rechinaban los dientes.
Al final de la clase, Harry, al igual que los demás, estaba empapado en sudor, le dolían varias partes del cuerpo y estaba lleno de tierra. Volvieron al castillo para lavarse un poco, y los de Gryffindor marcharon corriendo a la clase de Transformaciones.
Las clases de la profesora McGonagall eran siempre muy estrictas, pero a la vez, entretenidas. Para su primera clase, tocaba convertir escarabajo en botones. Con gran maestría y habilidad, Harry ejecutaba el hechizo para convertir a un escarabajo en botón siguiendo un sencillo patrón: tratar de darle cada vez que saltaba. En poco tiempo, hizo un pequeño bulto de botones. Ron, por su parte, lo tenía bastante complicado, porque solo conseguía hacer cansar al escarabajo. Hermione, al igual que Harry, hizo su propio montón de botones. La profesora McGonagall parecía tan feliz como el día en que levantaron la Copa de Quidditch.
Después de la clase de Transformaciones, los tres bajaron al Gran Comedor para comer.
- ¿Que nos toca luego? - Preguntó Ron.
- Defensa contra las Artes Oscuras. - dijo Hermione en el acto.
- ¿Por qué has rodeado todas las clases de Lockhart con corazoncitos? - preguntó Ron, cogiéndole el horario.
Hermione le quitó de inmediato el horario, con la cara totalmente roja. En ese momento, los ánimos de Harry bajaron por los suelos, como si hubiera presenciado la muerte de alguien. Decidió mantenerse callado y no decir nada.
- A caso ella…no, no puede ser…- Harry creía seriamente que a Hermione le gustaba Lockhart. Sus deseos de acudir a sus clases eran incuestionables.
¿Cómo pudo aquel sinvergüenza conquistar el corazón de la chica que tanto le gustaba? ¿Cómo lo logró solo con meras publicaciones que parecían cuentos en vez de hechos? Claramente, a Hermione le gustaba leer libros. La respuesta parecía evidente: ¿Quién mejor que un escritor para conquistar el corazón de una lectora? Harry sintió deseos de salir corriendo y ahogarse en el Lago Negro.
Terminaron de comer y salieron al patio, estaba nublado. Hermione se sentó en un peldaño de piedra y volvió a hundir las narices en "Viajes con los vampiros". Harry y Ron se pusieron a hablar de Quidditch, y pasaron varios minutos antes de que Harry se diera cuenta de que alguien lo vigilaba estrechamente.
- Ese no será…-
Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño de pelo castaño que la noche anterior se había puesto el sombrero seleccionador. Lo miraba como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía una cámara de fotos muggle normal y corriente, y cuando Harry miró hacia él, se ruborizó en extremo.
- ¿Me dejas, Harry? - dijo, levantando la cámara, esperanzado. - Soy... soy Colin Creevey, estoy en Gryffindor también. ¿Podría..., me dejas... que te haga una foto? -
- ¿Hm? ¿Una foto? - preguntó Harry frunciendo el entrecejo, algo extrañado.
- ¡Con ella podré demostrar que te he visto! ¡Lo sé todo sobre ti! Todos me lo han contado, cómo sobreviviste cuando "quien tú sabes" intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en la frente la cicatriz en forma de rayo. Y me ha dicho un compañero del dormitorio que, si revelo el negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento...-
- Oh vaya…- pensó Harry, con una sonrisa nerviosa. - ahora tengo mi propio fanboy, genial…-
Colin exhaló un soplido de emoción y continuó. - Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni idea de que las cosas raras que hacía eran magia, hasta que recibí la carta de Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a tomar montones de fotos para enviárselas a casa. Y sería estupendo hacerte una. Tal vez tu amigo querría sacárnosla para que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego? –
Harry iba a responder, pero se detuvo cuando escuchó una voz melosa e irritante.
- ¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter? -
En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por sus inseparables guardaespaldas.
- ¡Todo el mundo a la cola! - gritó Malfoy a la multitud. - ¡Harry Potter firma fotos! -
Harry ya estaba de mal humor por lo poco que faltaba para la primera clase con el tipo que conquistó el corazón de Hermione. Gracias a Malfoy, no pudo concentrarse en mantener sus emociones a raya con la Oclumancia (¡Alabado sea Malfoy!).
- ¡Cállate imbécil! - estalló, saltando y encarándose con Malfoy. - ¡Yo no firmo fotos! -
- Lo que pasa es que le tienes envidia. - dijo Colin, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuello de Crabbe.
Harry no pudo evitar sonreír con orgullo y diversión. Colin demostró ser un auténtico Gryffindor.
- ¿Envidia? - dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba. - ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz? -
- En eso tienes razón. - repuso Harry, mirando a Malfoy con desprecio. - No soy más importante que los demás por esta estúpida cicatriz. El mérito corresponde a mis padres…Si…los que se jugaron la vida para que hoy todos vivamos en paz…-
- Ya. - replicó Malfoy, lanzándole una mirada despectiva. - Veremos cuanto tiempo dura esa paz…- añadió de un susurró.
- Yo me aseguraré de que dure. - masculló Harry, sin importarle que Crabbe y Goyle preparan los puños.
- ¡Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy! - dijo Ron con cara de malas pulgas y metiéndose en la conversación.
- A Weasley le gustaría que le firmaras una foto, Potter. - se burló Malfoy. - Pronto valdrá más que la casa entera de su familia. -
Ron se puso rojo de ira. Entonces Harry alzó el brazo para evitar que su mejor amigo se encarara con Malfoy, lanzándole una sonrisa orgullosa.
- Bien, tú lo has querido…- dijo arrogantemente. - ¿Ronald? Es hora de que le enseños modales al señor bocazas…- añadió, blandiendo su varita.
- ¡Si! - gruñó Ron, apuntando con su varita a Malfoy y compañía. - ¡Te vamos a patear el culo, Malfoy! -
Hermione, que hasta el momento permaneció sentada y centrada en su lectura, se puso en pie y se acercó a ellos. - No debéis ceder a sus provocaciones, dejadlo ya. - bufó enfadada.
Malfoy blandió su varita, al igual que sus gorilas.
- ¡Tu calla, hurraca! - dijo con sorna. - ¡Esto no te concierne! -
Ella se enfadó y también sacó su varita. - ¡Ya me tienes harta! - gritó.
- ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? - Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba por detrás. - ¡Me han dicho por ahí que alguien estaba firmando fotos! -
Harry tenía ganas de tirarse por el abismo más cercano, pero Lockhart interrumpió su "intento de suicidio" pasándole un brazo por los hombros.
- ¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Es evidente que solo podías ser tú, Harry! -
Sujeto por Lockhart y muerto de vergüenza, Harry vio como Malfoy se mezclaba sonriente con la multitud.
- Maldita sea…¡Maldita sea! - se quejó el azabache mentalmente. - ¡Este cretino me ha hecho quedar en ridículo! -
- Vamos, señor Creevey. - dijo Lockhart, sonriendo a Colin. - Una foto de los dos será mucho mejor, y te la firmaremos los dos. -
Colin buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.
- ¡Adentro todos, venga, por ahí! - gritó Lockhart a los alumnos, y se dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry, que hubiera deseado disponer de un buen conjuro para desaparecer.
- Quisiera darte otro consejito, Harry. - Le dijo Lockhart paternalmente al entrar en el edificio por una puerta lateral. - Te he ayudado a pasar desapercibido con el joven Creevey, porque si me fotografiaba también a mí, tus compañeros no pensarían que te querías dar tanta importancia. -
- ¡Yo no quería que me sacaran fotos! - gruñó Harry mentalmente. - ¡Idiota! -
- Déjame que te diga que repartir fotos firmadas en este estado de tu carrera puede que no sea muy sensato. - dijo Lockhart, riéndose como un tonto. - Para serte franco, Harry, parece un poco engreído. Bien puede llegar el día en que necesites llevar un montón de fotos a mano adondequiera que vayas, como me ocurre a mí, pero no creo que hayas llegado ya a ese punto. -
- ¡Suéltame y atragántate tú con tus estúpidas fotos! - bufó Harry desde su brillante mente.
Habían alcanzado el aula de Lockhart y éste dejó libre por fin a Harry, que se arregló la túnica y buscó un asiento al final del aula, donde se parapetó detrás de los siete libros de Lockhart, de forma que se evitaba la contemplación del Lockhart de carne y hueso.
El resto de la clase entró en el aula ruidosamente, Hermione y Ron se sentaron a ambos lados de Harry.
- Se podía freír un huevo en tu cara. - dijo Ron en tono divertido. - A este paso Creevey fundará "El club de fans de Harry Potter". -
- ¡Cállate! - rugió Harry, con la cara roja por el enfado y haciendo que Ron vacilara. - ¡No quiero oír nada sobre eso! - Lo único que le faltaba era que a oídos de Lockhart llegaran las palabras "Club de fans de Harry Potter".
Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio. Se acercó a Neville Longbottom, cogió el ejemplar de Recorridos con los trols y lo levantó para enseñar la portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo.
- Yo. - dijo, señalando la foto y guiñando el ojo él también. - Soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras…-
- Otra vez ese estúpido discurso. - pensó Harry con enfado, apoyando su cabeza en una mano y el codo en la mesa. - ¿Acaso no se cansa de repetir siempre lo mismo? -
- Veo que todos habéis comprado mis obras completas, bien hecho. He pensado que podíamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No os preocupéis, sólo es para comprobar si los habéis leído bien, cuánto habéis asimilado...-
Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la cabecera de la clase.
- Disponéis de treinta minutos, podéis comenzar... ¡ya! –
Harry miró el papel frunciendo el entrecejo. - ¿Eh? ¿Qué diablos es esto? –
1. ¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
2. ¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
3. ¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?
Así seguía y seguía, a lo largo de tres páginas, hasta…
54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?
- Esto no tiene ni pizca de artes oscuras…- pensó Harry, tratando de responder a las preguntas lo mejor posible. - Menudo imbécil. ¡Solo nos ha puesto preguntas sobre sí mismo! -
Media hora después, Lockhart recogió los folios y los hojeó delante de la clase.
- Vaya, vaya, muy pocos recordáis que mi color favorito es el lila, lo digo en "Un año con el Yeti". Y algunos tenéis que volver a leer con mayor detenimiento "Paseos con los hombres lobo". En el capítulo doce afirmo con claridad que mi regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no mágica. ¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido de Ogden! -
- ¡A mí no me interesan tus obras! - gruñó Harry mentalmente. - ¡Es más, ni debería haberme molestado en comprar sus libros! ¡Ha sido un derroche total! -
Volvió a guiñarles un ojo pícaramente, Ron miraba a Lockhart con una expresión de incredulidad en el rostro, Seamus Finnigan y Dean Thomas, que se sentaban delante, se convulsionaban en una risa silenciosa. Hermione, por el contrario, escuchaba a Lockhart con embelesada atención y dio un respingo cuando éste mencionó su nombre.
- Pero la señorita Hermione Granger sí conoce mi ambición secreta, que es librar al mundo del mal y comercializar mi propia gama de productos para el cuidado del cabello, ¡buena chica! De hecho, ¡está perfecto! ¿Dónde está la señorita Hermione Granger? –
Hermione alzó una mano temblorosa.
- ¡Excelente! ¡Excelente! ¡Diez puntos para Gryffindor! - dijo Lockhart con una sonrisa.
Harry tenía ganas de subir hasta lo más alto de la más alta torre y tirarse al vacío. Sintió otra punzada en su corazón. Le costaba digerir y resistir lo que sentía. Su corazón, haciéndose añicos.
De debajo de la mesa, Lockhart sacó una jaula grande, cubierta por una funda, y la puso encima de la mesa, para que todos la vieran.
- Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotaros de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico…Puede que en esta misma aula os tengáis que encarar a las cosas que más teméis. Pero sabed que no os ocurrirá nada malo mientras yo esté aquí. Todo lo que os pido es que conservéis la calma. -
En contra de lo que se había propuesto, Harry asomó la cabeza por detrás del montón de libros para ver mejor la jaula, Lockhart puso una mano sobre la funda.
- Oh…será posible…- pensó el azabache, un poco esperanzado y olvidando todo lo anterior. - ¿¡Habrá traído a un horrible monstruo y nos enseñará como hacerle frente!? -
Dean y Seamus habían dejado de reír, Neville se encogía en su asiento de la primera fila.
- Tengo que pediros que no gritéis… - dijo Lockhart en voz baja. - ¡Podrían enfurecerse! -
Cuando toda la clase estaba con el corazón en un puño, Lockhart levantó la funda.
- ¡Sí! - dijo con entonación teatral. - Duendecillos de Cornualles recién cogidos.
Harry frunció el entrecejo. - ¿Eso es todo? - bufó mentalmente, decepcionado. - ¿Tanto drama por un puñado de duendecillos? ¡Bah! Esos insectos no serían capaces de romper la jaula ni aunque estuvieran furiosos. -
Seamus Finnigan no pudo controlarse y soltó una carcajada que ni siquiera Lockhart pudo interpretar como un grito de terror.
- ¿Sí? - Lockhart sonrió a Seamus.
- Bueno, es que no son... muy peligrosos, ¿verdad? - se explicó Seamus con dificultad.
- ¡No estés tan seguro! - dijo Lockhart, apuntando a Seamus con un dedo acusador. - ¡Pueden ser unos seres endemoniadamente engañosos! -
Los duendecillos eran de color azul eléctrico y medían unos veinte centímetros de altura, con rostros afilados y voces tan agudas y estridentes que era como oír a un montón de periquitos discutiendo.
En el instante en que había levantado la funda, se habían puesto a parlotear y a moverse como locos, golpeando los barrotes para meter ruido y haciendo muecas a los que tenían más cerca.
- Está bien - dijo Lockhart en voz alta. - ¡Veamos qué hacéis con ellos! - Y abrió la jaula.
- ¿¡QUE!? - saltó Harry, blandiendo su varita instintivamente, preparado para una confrontación inesperada.
Se armó la gorda. Los duendecillos salieron disparados como cohetes en todas direcciones, dos cogieron a Neville por las orejas y lo alzaron en el aire. Algunos salieron volando y atravesaron las ventanas, llenando de cristales rotos a los de la fila de atrás.
El resto se dedicó a destruir la clase más rápidamente que un rinoceronte en estampida, cogían los tinteros y rociaban de tinta la clase, hacían trizas los libros y los folios, rasgaban los carteles de las paredes, le daban vuelta a la papelera y cogían bolsas y libros y los arrojaban por las ventanas rotas.
Al cabo de unos minutos, la mitad de la clase se había refugiado debajo de los pupitres y Neville se balanceaba colgando de la lámpara del techo.
- Vamos ya, rodeadlos, rodeadlos, sólo son duendecillos...- gritaba Lockhart. Se remangó, blandió su varita mágica y gritó: - ¡Peskipiski Pestenomi! - pero no sirvió de nada.
- ¡Tch! Inútil…- murmuró Harry enfadado, mientras de desfogaba a placer con los duendecillos, dándoles puñetazos y lanzándoles algunos hechizos ofensivos. - Mejor lárgate y deja a un profesional ocuparse de tu desastre. - pensó con arrogancia.
Uno de los duendecillos le arrebató la varita y la tiró por la ventana. Lockhart tragó saliva y se escondió debajo de su mesa, a tiempo de evitar ser aplastado por Neville, que cayó al suelo un segundo más tarde, al ceder la lámpara. Sonó la campana y todos corrieron hacia la salida. En la calma relativa que siguió, Lockhart se irguió, vio a Harry, Hermione y Ron.
- Bueno, vosotros tres meteréis en la jaula los que quedan. - Salió y cerró la puerta.
- ¿¡Habéis visto!? - bramó Ron, cuando uno de los duendecillos que quedaban le mordió en la oreja haciéndole daño.
Harry sintió una mezcla de ira y emoción. Empezó a repartir hechizos aturdidores hacia todas direcciones, a lo que se le añadió varios puñetazos contra los duendecillos.
- ¿¡Eso es todo, insectos!? - masculló arrogantemente. - ¡Me temo que ya habéis causado demasiados problemas! ¡INMOBILUS! - gritó, apuntando con la varita hacia el techo. La varita provocó un extraño estallido azul, y los duendecillos quedaron flotando y suspendidos en el aire. A continuación, agitó la varita, haciendo un remolino el cual congregó a los duendecillos hasta dirigirlos a la jaula, cerrándola rápidamente.
- Eso fue…alucinante…- murmuró Ron boquiabierto. Hermione también parecía sorprendida.
- ¿Estas bien, Neville? - le preguntó Harry a Neville, acudiendo en su ayuda. - ¿Puedes levantarte? -
- Creo que si…- gimió Neville, apoyándose en Harry para ponerse en pie. - ¡Ay! Me duele la espalda…me duele a horrores. -
- Bueno, te has pegado un porrazo de más de tres metros. - razonó el azabache. - ¿Quieres que te ayude a ir a la enfermería? -
- No, no…- farfulló Neville, cojeando hasta su mesa y cogiendo su mochila. - Ya iré yo solo, no te preocupes. - y se marchó cojeando hasta salir del aula.
Harry estaba que echaba humo. Se había contenido porque no quería montar un escándalo en clase. Negando con la cabeza, se acercó hasta su pupitre, apartó una silla de una puntapié y empezó a recoger sus libros.
- Esto…Harry. - dijo Ron, mirándolo con cautela. - ¿Estas bien? -
- ¿Yo? - preguntó Harry rápidamente. - De maravilla. -
- Pues no lo parece. - observó Hermione. - ¿Es por lo de Neville? -
- Esa, - dijo Harry, fulminándola con la mirada. - es solo una de las razones. - se puso la mochila y dijo con sarcasmo: - Fantástico, ¿no te parece? El "gran" Gilderoy Lockhart suelta una bandada de duendecillos y sale corriendo derechito a su despacho, dejando que los alumnos se ocupen del trabajo sucio…-
- El solo quería que adquiriéramos experiencia práctica. - atajó Hermione, a la defensiva.
- ¿Experiencia práctica? ¿¡Experiencia práctica!? - repitió Harry, como si acabara de escuchar una gran tontería. - Hermione, ¡él no tiene ni idea de lo que hace! -
- ¡Mentira! - exclamó Hermione, enfadada. - ¡Ya has leído sus libros! ¡Fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho! -
- Que él dice que ha hecho…- añadió Ron, gruñendo.
- Ese imbécil ha permitido que un grupo de duendecillos atacaran a sus alumnos sin avisar a tiempo. - replicó Harry con furia. - Tampoco se ha tomado la molestia de darnos instrucciones o explicar bien lo que iba a hacer. Francamente, dudo mucho que todos los presentes en esta sala estuvieran preparados para algo así. Puede que nosotros tengamos experiencia por la práctica y nuestras aventuras pasadas, pero obviamente, no todos nuestros compañeros cuentan con esa ventaja. - se acercó hacia la puerta y la abrió de una patada. - Si quieres defender a ese idiota, adelante. ¡Pero me temo que yo no voy a volver a esta maldita clase hasta que se largue! - apretando los dientes con rabia, y tras mirar una última vez a sus amigos, atravesó la puerta y la cerró de golpe.
Harry se marchó escalera abajo, despotricando en voz baja contra Lockhart. Sin darse cuenta, ya estaba fuera del castillo, cruzando el patio. Fue su primera clase con Lockhart y ya tenía ganas de matarlo, o de que lo maten.
- ¡Potter! - dijo una voz que Harry deseaba no tener que oír, demasiado pronto. - ¿A qué…tanta prisa? -
- Genial, solo faltaba Snivellus…- bufó Harry desde su mente. Al girar la cabeza hacia un lado, pudo ver a Severus Snape, su profesor de pociones. - Hola, profesor Snape…- saludó, lo más cordialmente que pudo.
- No pareces muy contento, Potter…- susurró Snape. con su tono habitual. - ¿Ha pasado algo interesante en Defensa contra las Artes Oscuras? -
Harry frunció el entrecejo. Lo normal hubiera sido que Snape soltara alguna de sus burlas, pero no fue así. Él le estaba preguntando como le había ido en la clase de Lockhart.
- Tranquilo, puede estar contento. - dijo Harry, incapaz de contenerse. - El imbe…- tosió, tratando de corregirse. - El profesor Lockhart trajo a clase una jaula con Duendecillos de Cornualles dentro, para luego liberarlos en el aula y esperar que los demás pudieran detenerlos. ¿A que no adivina lo que hizo luego? - Snape negó con la cabeza. - ¡Hizo el ridículo! ¡Uno de los duendecillos tiró su varita por una ventana! ¡El muy cobarde se escondió en su oficina y nos encargó a mí y a mis amigos encargarnos de los dichosos duendecillos cuando los demás ya se habían marchado! - estalló.
- Bueno…- susurró Snape, en tono despectivo. - Tampoco me esperaba otra cosa de semejante inútil…-
- ¿Profesor? -
Si no le hubiera visto susurrar, Harry no se lo hubiera creído. Era la primera vez que oía a Snape insultar directamente a otro profesor. Y lo que más le sorprendió no fue el comentario, sino el estar de acuerdo con aquel comentario.
- Potter. - dijo Snape, sacándolo de sus pensamientos. - ¿Cómo…te libraste de los duendecillos? -
- No fue muy difícil, aunque me gustaría decir lo mismo por los demás. - dijo el azabache. - Los paralicé con "Inmobilus" y los introduje de regreso en la jaula por medio de el encantamiento levitatorio. Es efectivo si el objetivo está inmóvil, más si se trata de criaturas como los duendecillos. -
- Hm…no está mal. - le felicitó a su manera. - ¿Estas…satisfecho? -
- Bueno, pues no. - dijo Harry con decepción. - Me esperaba que este año tuviéramos a un profesor decente en el puesto, pero es incluso peor que Quirrell. -
- Ya, eso mismo pensaba yo. - escupió Snape con desprecio. - No es más que un fanfarrón que se pasa el día fardando de su…fama…-
Harry esbozó una sonrisa, no podía evitarlo. Por una vez, tenía una plática normal con Snape, lo cual consideraba que era la mayor sorpresa recibida durante el día.
- ¿No había nadie más para el puesto? - aventuró Harry con curiosidad.
- Lamentablemente…no. -– respondió Snape, de brazos cruzados. - Lockhart fue el único que se ofreció para el puesto. Es muy difícil encontrar profesores que enseñen Defensa contra las Artes Oscuras, ya que no les hace mucha…gracia. – dijo, frunciendo el entrecejo, igual que Harry. – Durante los últimos años, ha circulado por Hogwarts el rumor de que el puesto está…maldito…lo cual no me extraña, pues quienes ocupan el puesto tienen tendencia a no durar más allá de un año. Fíjate como encontramos a Quirrell el año pasado. Honestamente…no me importaría ver a Lockhart convertido en polvo. - añadió entre sus habituales susurros y esbozando una sonrisa malévola.
Por increíble que pudiera parecer, Harry coincidía con Snape, también deseoso por no volver a verle más el pelo al fanfarrón presumido que era Lockhart.
- Le aconsejo que practique sus hechizos defensivos por su cuenta este año, señor Potter…- dijo Snape. - Me temo que con Lockhart aquí, será difícil aprender algo…útil…Le veré en clases. - añadió, antes de marcharse.
Harry estaba sorprendido. No hubo burlas, no hubo sarcasmo, desprecio, odio…Todo era tan surrealista que ya solo le faltaba ver al maestro de pociones bailando claqué. Mientras caminaba de vuelta a la Sala Común, se preguntaba a que se debía ese extraordinario cambio en Snape.
- ¿Tendrá que ver con la charla que le dio Dumbledore? - se preguntaba.
El azabache decidió hacer caso al consejo de Snape y se puso a practicar por su cuenta. Subió hasta el cuarto de los chicos en la Torre de Gryffindor. Se sentó sobre su cama, y empezó a practicar Oclumancia. Como ya se había aprendido el libro y los pasos de memoria, sabía perfectamente lo que debía hacer para perfeccionar su capacidad oclumántica. Se sentó sobre su cama, plegando las piernas y cruzando las manos. Luego cerró los ojos y comenzó a meditar.
…
Más tarde, Ron y Hermione habían regresado a la Sala común, todavía hablando sobre lo que pasó en la clase del profesor Lockhart. Al entrar, vieron que Ginny y Chloe ya estaban allí, haciendo los deberes sobre una mesa de la enorme sala.
- Hola chicas. - les saludó Hermione - ¿Habéis visto a Harry? – preguntó preocupada.
- Yo no. - dijo Ginny. - Nosotras también acabamos de llegar. -
- Si, tenemos que hacer una redacción de dos pergaminos para Transformaciones. - explicó Chloe con entusiasmo, antes de hablar sobre Harry. - Aunque…cuando salimos de clase escuché por ahí que Harry estaba muy enfadado. Le vieron salir de la clase del profesor Lockhart refunfuñando y sin ganas de hablar con nadie. -
- Acéptalo Hermione. - dijo Ron con seriedad, sorprendiendo a Ginny. - Después de esto dudo que Harry quiera volver a una clase con Lockhart, por mucho que Defensa contra las Artes Oscuras sea una asignatura obligatoria. -
- Hm…pero…es que…- Hermione no parecía saber que decir.
- ¿A pasado algo en Defensa contra las Artes Oscuras? - preguntó Ginny, alzando las cejas.
Ron les explicó brevemente todo lo sucedido: sobre el test de Lockhart, los duendecillos, y el enfado monumental de Harry, dejando a las chicas entre molestas y confusas.
- Pero…- empezó a decir Ginny.
- Es Gilderoy Lockhart…- terminó Chloe, suspirando.
- ¡Ya estamos otra vez! - bufó Ron molesto - ¡Acéptenlo, es un inútil! ¡Harry lo dijo y Harry tiene la razón, fin de la historia! - se volvió y se dirigió a las escaleras que daban con el dormitorio de los chicos. - Me voy a la cama. Hasta luego, fanáticas...-
Cuando Ron entró en el dormitorio de los chicos de segundo, pudo ver que Harry ya estaba allí. Le pareció raro verlo sentado en su cama, con los ojos cerrados y sus brazos cruzados. Parecía concentrado.
- Harry…- le susurró. - Eh Harry, di algo. -
Harry abrió los ojos lentamente, para ver a Ron.
- Hola Ron. - dijo con calma - ¿Cómo va todo? -
- ¿Estás bien? - preguntó Ron, sorprendido de ver a su mejor amigo tan tranquilo.
- Si…- suspiró Harry. - ¿Y Hermione? - preguntó.
- Está abajo. - respondió Ron. - Estaba preocupada por ti, aunque con lo orgullosa que es…bueno, ya te lo imaginas. Seguirá negándose a aceptar que Lockhart es un inútil. - bufó.
- Ya…supongo…- dijo el azabache, cabizbajo. - Bueno, será mejor que me ponga a hacer el trabajo de Herbología, - se puso en pie y abrió su mochila. - por hacer algo de utilidad. -
- ¿Te importa si me uno? - preguntó Ron, más animado
- No hay problema. - dijo Harry con una sonrisa.
Los dos mejores amigos se quedaron solos en la habitación, haciendo los deberes y charlando sobre la mala suerte que recaía sobre el puesto de Defensa contra las Artes Oscuras. Otro inútil (el segundo consecutivo) ocupaba aquel puesto.
….
Durante los días siguientes, Harry pasó bastante tiempo esquivando a Gilderoy Lockhart cada vez que lo veía acercarse por un corredor. Pero más difícil aún era evitar a Colin Creevey, que parecía saberse de memoria el horario de Harry. Nada le hacía tan feliz como preguntar "¿Va todo bien, Harry?" seis o siete veces al día, y oír "Hola, Colin" en respuesta, a pesar de que la voz de Harry en tales ocasiones sonaba irritada.
- Ah…esto es de locos, ¿no pueden dejarme en paz y ya? – bufó Harry mentalmente.
¿Había algo más difícil que esquivar a un fanfarrón y a un paparazzi? Por increíble que sonara, si lo había. Desde la ultima clase con Lockhart, Harry se pasó días esquivando e ignorando a Hermione. Si en algún momento se veían, era por un corto periodo de tiempo. Ella le saludaba con un "Buenos días" y Harry respondía fríamente con un "Hola" antes de desaparecer de su vista. No quería hablar con ella por dos motivos: porque le gustaba Lockhart, y porque lo defendía a capa y espada.
De nada servía que Ron intentara razonar con ella.
- ¿No te das cuenta de que lo único que habla ese idiota son historias sobre sus libros? - le preguntó a Hermione con irritación, cuando los dos estaban sentados en el alargado sofá escarlata de la Sala Común de Gryffindor.
- Bueno, por algo nos han encargado comprarlos. - replicó ella, sin apartar las narices del libro "Viajes con los Vampiros". - Se supone que en una clase siempre te tienen que hacer preguntas relacionadas con los libros de clase. Y eso, por si Harry y tú no lo habéis notado, ¡es lo obvio! -
- ¿¡Ah, sí!? - inquirió Ron, levantándose bruscamente. - ¡Pues por si tú no lo has notado, nada de lo que nos dice tiene que ver con Defensa contra las Artes Oscuras! ¡A mi no me va a engañar "El señor sonrisa perfecta"! ¡Si quieres seguirle el juego, pues adelante! - y se marchó de a Sala Común malhumorado y despotricando contra Lockhart.
Harry negó con la cabeza, mientras se deslizaba discretamente por la pared, y se marchaba por el agujero del retrato de la Dama Gorda. Era como si la amistad que compartían se hubiera enfriado de la noche a la mañana. No hacía mucho, los tres se sentaban juntos y compartían risas, actividades académicas y aventuras.
Capítulo 26 - Sangre Sucia
Lo que más le afectó a Harry fue que pasó de estar enamorado a estar dolido. No lograba digerir que Hermione se terminara encaprichando de un señor mucho mayor que ella. ¿Qué podía hacer? ¿Escribirle a los Granger para informarles de que su hija iba detrás de alguien mayor? No se sentía capaz. A Harry, aunque le fuese doloroso, le importaba mucho mas la felicidad de Hermione que la suya propia.
Harry pensó que lo mejor que podía hacer para olvidar a Hermione, y aquel sentimiento especial hacia ella, era distraerse. Ron tenía su propia manera de hacer eso: Gastar bromas a los Slytherins.
- ¿Listo para la invasión de remolachas con bigotes? - preguntó el pelirrojo, mientras sostenía con malicia una esfera morada. - Aquí vamos: 3…2…1…- y lanzó la esfera.
Está impactó en el suelo, liberando a un ejercito de remolachas gruñonas con bigotes. Harry soltó una carcajada porque se parecían mucho al tío Vernon, y porque las víctimas, no eran otros de Malfoy y sus guardaespaldas.
- ¿¡Que diablos es esto!? - preguntó bufando, cuando una remolacha se subió hasta su nariz, insultándole y explotando, liberando un olor fétido. - ¡Esto es asqueroso! - Ron y Harry chocaron los cinco. - ¿¡Quién ha sido!? - inquirió. - ¿¡Quien a sido el gracioso!? -
Pero no tuvo respuesta, porque Harry y Ron se habían marchado tranquilamente por el puente de madera que daba con el famoso Circulo de Piedra, dejando a Malfoy, Crabbe y Goyle quejándose del mal olor.
- ¿Has visto eso? - dijo Ron, sin dejar de reírse. - Vaya careto de pringaos que se les a quedado a esos bobos…-
- Si, si…- dijo Harry, sonriendo tristemente. A pesar del momento tan divertido que habían pasado, no podía dejar de pensar en Hermione.
- Oye, ¿estas bien? - le preguntó Ron, pero de inmediato dijo: - Es por Hermione, ¿verdad? -
Se produjo un silencio que duró hasta que ambos alcanzaron el Circulo de Piedra.
- Nunca pensé que Lockhart acabaría con nuestra amistad…- susurró Harry, apoyándose en una de las piedras.
- ¡No es verdad! - saltó Ron. - No vamos a dejar de ser amigos por culpa de ese idiota. -
- No, no eso Ronald…- repuso Harry, pero su tono era deprimente. - Lo que pasa es que…-
- Oh vaya, es ella. - bufó Ron en voz baja.
- ¿Hermione? - preguntó Harry, alzando la vista.
Pero no era Hermione. Sentada sobre una roca, estaba Chloe, sosteniendo una carta. Ella tampoco parecía muy contenta.
- Oh, hola chicos. - saludó ella, con una sonrisa leve y agitando la mano.
- Esto…- farfulló Ron, dándose la vuelta. - Acabo de recordar que me dejé las bengalas del doctor Filibuster en la habitación. Ahora vuelvo. -
- Ronald, pero que demo…- decía Harry, volviéndose, pero Ron ya se había marchado por el puente de madera.
- Vaya…- suspiró Chloe. - Han pasado varios días y sigue queriendo evitarme. - dijo. - Pensé que ya lo había superado. Definitivamente la reputación de mi familia entre los Weasley no es muy buena…-
- Honestamente, no. - repuso Harry, mirándola y acercándose a ella. - No es por meterme, pero siempre criticáis a los Weasley por relacionarse con muggles y por no tener tanto dinero. -
- ¡Yo no hago eso! - bufó Chloe. - ¿¡Que culpa tengo yo de que Draco y mis padres…!? - y tan pronto como los mencionó, se quedó en silencio. La carta que tenía en su mano estaba arrugada.
- ¿A pasado algo? - preguntó Harry.
- Mi padre no se ha tomado muy bien la noticia de que me hayan seleccionado para Gryffindor…- respondió ella con tristeza. - Por otra parte, mi madre me ha pedido que me mantenga alejada de los Weasley y de cualquier nacido de muggles…-
- ¿Y piensas hacerle caso? -
- No. - dijo Chloe tajantemente. - Lo siento, pero Ginny es quien más me ha apoyado desde que me eligieron para Gryffindor. De ninguna manera me alejaré de ella por ser de la familia Weasley. Y Hermione…es muy buena persona. Le hice algunas preguntas sobre pociones y ella me respondió amablemente. Es muy talentosa en prácticamente todas las materias y no le importa ayudar a quien lo necesite, ¿por qué iba a hablarle mal? -
Harry sonrió tristemente. - Me alegra oír eso. -
- ¿Alguna vez piensas hacer las paces con ella? - le preguntó ella de repente.
- ¿Con quién? -
- Con Hermione. -
Desde su llegada a Hogwarts, Harry había conocido a varias chicas, y ninguna de ellas había conectado con él tanto como lo había hecho Hermione, al menos, así fue hasta que Harry había comenzado hablar con Chloe. Le había tocado pasar por el mal trago de acabar en una casa que ni sus padres ni nadie en el colegio esperaban y lidiar con la mala fama de su hermano. Sus charlas se hicieron más frecuentes desde la pelea que Harry tuvo con Hermione por culpa de Lockhart.
El azabache se mantuvo inexpresivo durante una fracción de segundos, hasta que dijo: - No. No debería estar con ella…-
- ¿Es por Lockhart? - preguntó Chloe. - Bueno, es muy guapo, sí…- dijo, pero cuando vio la cara de Harry rápidamente añadió: - Pero tampoco es que nos haya enseñado gran cosa en sus clases. -
- ¿Qué os ha enseñado? - preguntó Harry con fastidio.
- Un completo sin sentido. - respondió Chloe, arqueando las cejas. - Nos puso un cuestionario con un montón de preguntas sobre sus libros. Por lo que he visto en ellos, hay más contenido sobre sí mismo que sobre hechizos útiles para el combate mágico. ¿Sabías que él perteneció a Ravenclaw? Cuando Luna se enteró, no se lo podía creer. Se ha pasado varios días buscando su foto en el álbum de promociones pasadas. -
- ¿Lockhart? ¿Un Ravenclaw? - repitió Harry. - Pues lo voy a lamentar mucho por la casa Ravenclaw. Que un idiota como él haya salido de allí…-
- Creo que tienes razón. - dijo Chloe rápidamente. - Bueno, en cualquier caso, Harry, deberías hablar con Hermione. No puedes pasarte todo el año evitándola. -
- No lo sé si debería buscarla…- dijo Harry, desviando la mirada. - Si continúa empeñada en defender a Lockhart…-
- No es justo que dejéis de ser amigos solo por él, Harry. - dijo Chloe seriamente. - Tu dijiste que sois amigos desde antes de entrar a Hogwarts. ¿De verdad quieres que tu relación con ella se enfríe tan pronto? -
Harry no sabía muy bien como responder a esa pregunta, y dio gracias a que pasaron unos minutos y que, para deshacer el hielo, Chloe optó por cambiar de tema.
- ¿Sabes? Últimamente Ginny se levanta con mucho sueño. - comentó Chloe, llevándose una mano a la barbilla. - Es como si se pasara la noche haciendo algo mientras duermo (a veces soy de sueño profundo). ¿A caso tendrá un diario secreto o algo por el estilo? -
- ¿Un diario? - repitió Harry.
- Pues claro, Harry. - dijo Chloe. - De hecho, yo tengo uno. - añadió, enrojeciendo. - Pero…no me pidas que te lo enseñe. Es mío y es altamente secreto. -
- Yo no te he pedido que me lo enseñes. - dijo Harry, frunciendo el entrecejo.
- Mi hermano lleva años tratando de adueñarse de él. - bufó Chloe, inflando los cachetes como si fueran un par de globos. - Es un idiota, y ahora es más idiota porque no le gusta verme en Gryffindor. -
- ¿Y eso te importa? -
Chloe se puso en pie. - En absoluto. - dijo, sonriendo. - En fin, menudo día. ¿Sabes una cosa? Creo que dejaré de tomarme en serio las clases de Lockhart. No nos ha enseñado nada útil hasta ahora. Y yo que quería probar hechizos defensivos en su clase… -
- Recuerdo que mencionaste haber leído algunos hechizos durante nuestro encuentro en el sótano del Caldero Chorreante. - dijo Harry.
- Y es verdad. - dijo Chloe. - Los leí, pero aún me falta práctica. -
- ¿Comprobamos que puedes hacer? - preguntó Harry, con una chispa de entusiasmo y blandiendo su varita. - Un duelo de práctica. Quiero comprobar tu habilidad como duelista. -
- ¡Wow! ¿En serio? - Chloe parecía tan entusiasmada como él, porque rebuscó en su túnica y sacó su varita, guardándose la carta arrugada. - ¡Vale! ¡Aquí voy! -
- Las señoritas primero. - dijo Harry con amabilidad, alzando la varita, haciendo una reverencia y poniéndose en guardia.
- ¡Flipendo! - exclamó Chloe, agitando su varita y lanzando una esfera azulada y potente hacia Harry.
- Empezamos bien. - pensó el azabache, entusiasmado. Sujetó con las dos manos su varita y como si fuera un bate de beisbol rechazó el conjuro tras pronunciar "Protego". - ¡Enhorabuena! ¡Sabes mucho mas que Lockhart! -
- ¡Eh, acabo de empezar! - se quejó Chloe, inflando los cachetes. - ¡Expelliarmus! - bramó.
No ocurrió el efecto que Harry esperaba. Expelliarmus era conocido como el encantamiento desarmador, el cual se utilizaba para desarmar al oponente o devolver su hechizo contra él. Otro efecto que también tenía era que si se usaba con gran potencia podía ser usado como hechizo de rechazo, ya que tenía un efecto parecido al del maleficio rechazo, es decir, que podía derribar al oponente. Sin embargo, no ocurrieron ninguna de las tres cosas. El encantamiento desarmador de Chloe se convirtió en una especie de churro y se desvió hacia el suelo, provocando unas chisas y un pequeño fuego.
- Chloe, - dijo Harry, mientras pisoteaba la hierva para evitar un incendio. - lo has hecho mal. No has ejecutado correctamente el movimiento de varita. Tienes que trazar una diagonal y finalizar con un movimiento giratorio. -
- De acuerdo. - farfulló Chloe, riéndose nerviosamente.
Harry y Chloe estuvieron diez minutos enfrascados en el duelo de práctica. Harry pudo comprobar que Chloe conocía bien la teoría de los hechizos básicos para el duelo, y que solo necesitaba practicar para ejecutarlos con mayor eficacia.
- Si quieres puedo ayudarte a practicar cuando tengamos tiempo libre. - dijo Harry, cuando ambos dieron el duelo de practica por acabado. Pensó que tal vez una actividad de practica podría ayudarle a olvidar a Hermione. - El año pasado también tuvimos a un profesor inútil y aprendí Defensa contra las Artes Oscuras con mis amigos. ¿Qué te parece? -
- Eso sería estupendo. - dijo Chloe. - ¿Puedo traer a Ginny y a Luna conmigo? -
- Bueno, si queréis aprender algo útil…- decía Harry, pero entonces Chloe dio un saltito y se marchó corriendo a través del puente de madera.
No tuvo tiempo de preguntarse a donde se había marchado, porque cuando miró el reloj de la escuela se dio cuenta de que faltaba muy poco para la clase de encantamientos. Fue corriendo hasta el tercer piso, donde quedaba el aula de dicha clase. Llegó allí solo para vivir un nuevo episodio de ignorancia hacia Hermione.
Harry se sentó con Neville, mientras que Hermione se sentaba con Ron. No hubo ningún dialogo entre ellos porque el profesor Flitwick estaba detrás de los alumnos de Ravenclaw, cerrando la puerta una vez todos entraron.
El profesor Flitwick le pidió a la clase hacer un repaso sobre el encantamiento Wingardium Leviosa antes de pasar a los temas de segundo curso. Mientras que Harry ejecutaba con éxito el encantamiento sobre el sapo de Neville, Hermione parecía intentar captar su atención, pero Hary seguía ignorándola.
- ¿Cuándo aceptará que Lockhart es un idiota incompetente? - pensó, observando de reojo y sin poder evitarlo a Hermione. Cada vez le era más difícil ignorarla.
Al acabar la clase, Ron le dijo a Harry que iría con Lee Jordan, Fred y George a jugarle una nueva broma a los de Slytherin. Harry tuvo la impresión de que su mejor amigo tampoco tenía ganas de acercarse a Hermione. Todo apuntaba a que el motivo de su distanciamiento era la silenciosa tensión que había entre ellos por el caso Lockhart.
Tratando de convencerse a sí mismo de que no tenía que entrometerse en las relaciones de Hermione, Harry subió por las escaleras, pasando por el corredor del séptimo piso y el retrato de la Dama Gorda. Entró por el agujero que daba con la sala común y pasó al aula de estudios de la Torre de Gryffindor, para hacer los deberes, solo.
Lo que Harry no se esperaba, tal vez por lo distraído que se encontraba con sus deberes (Sus profesores dejaron varias actividades para refrescar conocimientos), era que Hermione entrara en el aula después de media hora de soledad.
- Hola, Harry...- saludó Hermione, fríamente, mientras cerraba la puerta.
- Hola. - dijo el azabache sin mirarla, mientras seguía escribiendo sobre su pergamino. Ni siquiera la Oclumancia estaba siendo de ayuda. Tal vez no servía ante sentimientos tan poderosos como el amor. ¿Dumbledore estaba en lo cierto con respecto a tal poder?
- Qu-quería hablar contigo…- tartamudeó ella, tras dejar sus libros sobre la mesa y sentarse a su lado.
Demasiado cerca…estaba demasiado cerca como para ignorarla. Resignado, Harry dijo: - Muy bien, ¿de qué quieres hablar? - con aparente tranquilidad y sin dejar de escribir.
- ¿Qué es lo que pasa contigo últimamente? - inquirió Hermione. Parecía nerviosa y enfadada.
- ¿A qué te refieres? - preguntó Harry, continuando su redacción.
- Honestamente, esperaba que tu me respondieras a esa pregunta. - replicó ella. - Dímelo ya Harry. ¿Qué es lo que te he hecho? ¿Por qué no quieres hablar mas conmigo? - preguntó, a medida que su voz que quebraba. No había duda, estaba a punto de llorar.
Harry suspiró. Dejó su pluma sobre el pote de tinta y se dirigió a ella.
- Mira, tu no me has hecho nada malo. - aclaró, todo lo calmado que podía. - ¿De acuerdo? -
- Y entonces porque…-
- Porque no abres los ojos…-
- ¿Eh? -
- Si, me fastidia que estés tan obsesionada por Lockhart. - dijo el azabache. - Me molesta que lo defiendas con uñas y dientes y que no te des cuenta de lo que realmente está sucediendo…-
- ¿De que estas hablando? - preguntó Hermione, en voz baja.
- De sus clases. - respondió Harry. - Hermione, él no nos enseñará nada útil. Todo cuanto veremos no serán más que chorradas sobre sus logros, en vez de enseñarnos a defendernos de criaturas oscuras y peligrosas. Ni un hechizo que funcione, ni una charla sobre criaturas mágicas que puedan resultar peligrosas y como defendernos de ellas…Tampoco nos hace preguntas relacionadas con la materia (La de verdad, no sus dichosos libros de fantasía). Dime, ¿eso es lo que debe hacer un profesor? ¿No se supone que debe dedicarse a enseñar cosas útiles a sus alumnos? -
- Pe-pero…- Hermione trataba de protestar, pero no podía.
- Está bien, eso es todo lo que puedo decirte. - dijo Harry tristemente. - Si tanto te gusta Lockhart lo mejor será que le confieses lo que sientes por él, cuanto antes…- terminó con un susurro.
- Espera…acaso tú piensas que él…- dijo ella con voz entrecortada.
Harry carraspeó un poco con nervios antes de volver a hablar. - Bueno, si te refieres a que cada vez que te cruzas con él, te le quedas mirando embobada…por no hablar de los corazoncitos en el horario o…Mira, da igual, si yo…yo lo entiendo. No pasa nada…Todo cuanto deseo es que tu seas fe…- se detuvo, porque Hermione lo miraba boquiabierta.
- ¡Harry…no es lo que piensas! - repuso ella, con la cara roja. - Yo…al igual que muchas chicas nos quedamos fascinadas con Lockhart, pero…- cerró los ojos, se cruzó de brazos y desvió la mirada. - No…no estoy enamorada de él. - dijo finalmente. - Ni siquiera lo conozco a nivel personal…sería algo completamente absurdo…-
- Entonces…¿porque te empeñas en defenderlo a capa y espada? - preguntó Harry, empezando a enfadarse. - Mira, yo ya ni quiero volver a sus clases. Un año más debo aprender Defensa contra las Artes Oscuras por mi cuenta…-
- Hm…tal vez yo también deba hacer lo mismo…- murmuró Hermione, cabizbaja.
- ¿Eh? -
- Quizás…puede que tengas razón, y él realmente no nos enseñe nada de utilidad en sus clases. - dijo Hermione. Le faltaba poco para romper a llorar. - Eres increíble, Harry. ¿Sabes? Cualquiera en tu lugar se conformaría con asistir a las clases, sin importar lo que se hable en ellas, pero tú…tu si quieres aprender…-
- Vale, como mínimo eres consciente, eso es bueno…- Harry sintió como si su corazón hubiera resucitado. Bombeaba como nunca antes lo había hecho. No se había dando cuenta, tampoco, de que Hermione estaba cada vez más cerca de él. - Perdóname…- susurró. - Siento haberte hecho sentir mal, y me duele que así haya sido. Lo siento…-
- No, yo…yo debería disculparme. - lloró Hermione, con las manos en la cara. - Tienes razón, no quería ver las cosas tal y como son. Me negaba a aceptarlo, porque no me gusta equivocarme…tienes todo el derecho de enfadarte conmigo…- dijo, mientras que por sus mejillas resbalaban unas lágrimas.
- No estoy enfadado contigo, sino con él. - repuso Harry, cogiéndola de las manos. - Se pasa todo el día fardando de su fama, y buscándome para fardar de ella aún más…-
Hermione soltó una pequeña risa. - Si, tengo que admitir que es muy espeso, - dijo. - y a veces se comporta de manera extraña. Parece un bufón alegre…-
- ¿Bufón alegre? - repitió Harry, aguantándose las ganas de reír.
Al final los dos se rieron con ganas. Harry volvía a estar feliz, porque los últimos días se le habían hecho eternos. Fue entonces cuando algo esperado, y a la vez inesperado, sucedió. Se produjo un silencio de lo más confortable, los dos estaban en el aula de estudios, solos, sin nadie más, mirándose el uno al otro.
El corazón de Harry bombeaba cada vez más rápido, la oportunidad estaba ahí. Podía contarle a Hermione lo que sentía, lo mucho que la quería…Ella estaba roja y empezaba a ponerse nerviosa (se le notaba), pero entonces algo interrumpió su intento por confesarle sus sentimientos.
La puerta de la sala de estudios se abrió. Alguien había entrado e interrumpido el que prometía ser el mejor momento de su vida.
- Oh, aquí estas. - era Ron, quien los saludó cuando los dos se habían distanciado bruscamente, desviando sus miradas. - Te estaba buscando por todas partes Harry. -
- Era demasiado bonito para que pasara…- pensó Harry, suspirando con decepción.
Cuando al fin pudo ver la cara de su mejor amiga, se dio cuenta de que ella, posiblemente, pensaba lo mismo. Estuvo cerca, pero en eso se había quedado.
- Eh, ¿estáis bien? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo. - Parecéis muy…raros. ¿Qué le has hecho a Harry, Hermione? -
- Hermione no me ha hecho nada, Ronald. - repuso Harry.
- Y entonces porque…-
- Me he disculpado con él. - dijo Hermione rápidamente. - Ya está, eso es todo. ¿Por qué pensabas que le iba a hacer algo a Harry? -
- No sé…tal vez por lo obsesionada que estas con Lockhart. - dijo Ron, fulminándola con la mirada.
- Pues ya podemos estar tranquilos, Ronald. - sonrió Harry. - La Hermione que conocemos ha vuelto. -
- ¿Sí? ¿Ya no le fascina tanto el señor risitas? - inquirió Ron. - Bueno, si tú lo dices, supongo que está bien. -
- ¡Ronald! - se quejó Hermione, enrojeciendo, pero de enfado.
- Vale…- dijo Ron, encogiéndose de hombros. - La verdad es que parecéis un poco raros. ¿Seguro que no os pasa nada? -
- No te preocupes, ahora todo está bien. - insistió Harry.
Ron parecía más contento. - Está bien, solo te buscaba para contarte como fue la broma. -
- ¿Que broma? - preguntó Hermione, frunciendo el entrecejo y ya sin el sonrojo.
- Ah, una nueva a Crabbe y Goyle. - se burló Ron. - Estaba con Fred, George y Lee, para probar los nuevos pasteles mínimamente explosivos. -
- ¿Qué es eso? - preguntó el azabache.
- Un nuevo experimento de Fred y George. - dijo Ron. - Son unos pasteles que, al morderlos, explota una gran cantidad de nata. Si lo hubierais visto…parecía que tenían barba, como Dumbledore…- añadió, soltando una sonora carcajada.
Harry y Hermione se unieron a las risas. Al fin todo volvía a estar como tenía que estar, con los tres juntos y siendo amigos de nuevo. Sim embargo, Harry no podía evitar sentirse frustrado ante la oportunidad perdida de decirle a Hermione lo mucho que la quería. Se pasó el resto del día haciéndose pensando en ello, al mismo tiempo que esperaba poder contar con una nueva oportunidad para expresarle sus sentimientos.
Llegó el fin de semana. Harry y sus amigos habían planeado hacer una visita a Hagrid el sábado por la mañana. Pero el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, Oliver Wood, despertó al joven mago con un zarandeo varias horas antes de lo que él habría deseado.
- Oliver, ¿qué pasa? - preguntó Harry, todavía un poco aturdido.
- ¡Entrenamiento de Quidditch! - respondió Wood. - ¡Vamos! -
- ¡Excelente! - dijo Harry, levantándose de un salto. - Un momento, todavía está amaneciendo, ¿Y eso? - preguntó, frunciendo el entrecejo.
- Forma parte de nuestro nuevo programa de entrenamiento. - dijo Wood con decisión. - Venga, coge tu escoba y andando. Ningún equipo ha empezado a entrenar todavía. Este año vamos a ser los primeros en empezar...-
- Genial, me cambiaré de inmediato. - dijo Harry entusiasmado.
- ¡Así me gusta! - dijo Wood con el pulgar arriba. - Nos veremos en el campo dentro de quince minutos. -
Tras ponerse la túnica roja del equipo de Gryffindor, Harry le escribió una nota a Ron, para avisarle de que se iba a entrenar temprano y bajó a la sala común por la escalera de caracol, con la Nimbus 2.000 sobre el hombro.
Al llegar al retrato por el que se salía, oyó tras él unos pasos y vio que Colin Creevey bajaba las escaleras corriendo, con la cámara colgada del cuello, que se balanceaba como loca, llevaba algo en la mano.
- No puede ser…- pensó Harry, parpadeando los ojos.
- ¡Oí que alguien pronunciaba tu nombre en las escaleras, Harry! - dijo Colin, muy contento. - ¡Mira lo que tengo aquí! La he revelado y te la quería enseñar...-
- ¿Hm? -
Harry miró la fotografía que Colin sostenía delante de su nariz. Un Lockhart móvil en blanco y negro tiraba de un brazo que Harry reconoció como suyo, le complació ver que en la fotografía él aparecía ofreciendo resistencia y rehusando entrar en la foto. Al mirarlo Harry, Lockhart soltó el brazo, jadeando, y se desplomó contra el margen blanco de la fotografía con gesto teatral.
- Vaya, - observó Harry con una sonrisa. - está muy bien, debo admitir. -
- ¿Me la firmas? - le pidió Colin con fervor. - Por favor…-
- Lo siento mucho Colin, pero yo no me dedico a firmar fotos a nadie. - dijo Harry con rotundidad. - Tal vez cuando pasen unos años y la gente me conozca por algo más aparte de ser el "niño que vivió". Entonces me lo pensaré, ahora si me disculpas…-
- ¡Oh, espera Harry! - dijo de repente el pequeño Colin.
- ¡Tch! ¿Y ahora qué? - bufó Harry.
- Escuche que ahora tienes entrenamiento de Quidditch, - dijo Colin, muy nervioso. - me preguntaba, si podía ir a veros, es que, nunca eh visto antes jugar al Quidditch a nadie…-
- Está bien Colin, - dijo el azabache, esta vez con una sonrisa. - ven conmigo, pero démonos prisa. -
Mientras caminaban de camino al campo de Quidditch, Harry le fue explicando a Colin los conceptos básicos del Quidditch, dejando sorprendido, una y otra vez al pequeño miembro de la casa Gryffindor.
El azabache por fin, pudo librarse de él al entrar en los vestuarios.
- ¡Voy a pillar un buen sitio, Harry! - Le gritó Colin en voz alta, y se fue corriendo a las gradas.
- A este paso bien podría estudiar para ser fotógrafo y fichar por "El Profeta", fíjate, ganarían a un auténtico cazador de celebridades…- Pensó Harry con una sonrisa nerviosa.
El resto del equipo de Gryffindor ya estaba en los vestuarios, el único que parecía realmente despierto era Wood. Fred y George estaban sentados, con los ojos hinchados y el pelo sin peinar, junto a Alicia Spinnet, de cuarto curso, que parecía que se estaba quedando dormida apoyada en la pared. Sus compañeras cazadoras, Katie Bell y Angelina Johnson, sentadas una junto a otra, bostezaban enfrente de ellos.
- Por fin, Harry. - dijo Wood. - ¿Por qué te has entretenido? - preguntó enérgicamente.
- Tuve un pequeño contratiempo por el camino. - dijo Harry, tan despierto como Wood. - Perdón por la tardanza, capitán. -
- Vale, toma asiento. - le indicó Wood a Harry. Este asintió y se sentó con los demás. - Veamos. Quiero deciros unas palabras antes de que saltemos al campo, porque me he pasado el verano diseñando un programa de entrenamiento completamente nuevo, que estoy seguro de que nos hará mejorar aún más. -
Wood sostenía un plano de un campo de Quidditch, lleno de líneas, flechas y cruces en diferentes colores. Sacó la varita mágica, dio con ella un golpe en la tabla y las flechas comenzaron a moverse como orugas. En el momento en que Wood se lanzó a soltar el discurso sobre sus nuevas tácticas, a Fred se le cayó la cabeza sobre el hombro de Alicia Spinnet y empezó a roncar.
Le llevó casi veinte minutos a Wood explicar los esquemas de la primera tabla, pero a continuación hubo otra, y después una tercera. Harry era el único que prestaba atención, mientras que los demás babeaban del sueño que aún tenían.
- Bueno ¿Ha quedado claro? ¿Alguna pregunta? - Preguntó Wood, tras concluir su explicación.
- Yo tengo una pregunta, Oliver…- dijo George, que acababa de despertar dando un respingo. - ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos? –
A Wood no le hizo gracia, y a Harry menos. Siempre era lo mismo con Fred y George.
- Escuchadme bien todos, como vigentes campeones tenemos en nuestras manos la responsabilidad de volver a demostrar que somos el mejor equipo de este colegio. – declaró Wood. - De modo que, este año entrenaremos más que nunca...¡Venga, salid y poned en práctica las nuevas teorías! – exclamó.
- ¡Si, capitán! - exclamó Harry, con los ojos brillosos y el puño al aire. Wood parecía muy contento.
- Vale…- se quejó el resto del equipo, tratando de despertarse aún. Eso sí molestó a Wood.
Con las piernas entumecidas y bostezando, el equipo siguió al capitán y al buscador. Habían permanecido tanto tiempo en los vestuarios, que el sol ya estaba bastante alto, aunque sobre el estadio quedaban restos de niebla.
Cuando Harry saltó al terreno de juego, vio a Hermione y a Ron en las gradas.
- ¿Aún no habéis terminado? - preguntó Ron, perplejo.
- Recién vamos a comenzar. – dijo Harry. - El capitán nos ha estado enseñando tácticas nuevas. Quiere que este año estemos a la altura de las expectativas. Sí señor, ¡Vamos a revalidar el título! - añadió emocionado.
Hermione se rio. – Nada enturbia tu entusiasmo cuando se trata del Quidditch, ¿cierto Harry? –
- Si, es algo de lo que personalmente me siento orgulloso. – dijo Harry arrogantemente. - Nos vemos después, chicos. – añadió, antes de ponerse en marcha.
Montó en la escoba y, dando una patada en el suelo, se elevó en el aire, era maravilloso regresar al campo de Quidditch. Dio una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y George.
- ¿Qué es ese ruido? - preguntó Fred, cuando doblaban la esquina a toda velocidad.
Harry miró a las gradas, Colin estaba sentado en uno de los asientos superiores, con la cámara levantada, sacando una foto tras otra, y el sonido de la cámara se ampliaba extraordinariamente en el estadio vacío.
- ¡Mira hacia aquí, Harry! - chilló Colin. - ¡Aquí! -
- ¿Quién es ése? - preguntó de nuevo Fred.
- Pues…- Harry iba a responder, pero Wood le interrumpió.
- ¿Qué pasa? - dijo Wood frunciendo el entrecejo y volando hacia ellos. - ¿¡Por qué saca fotos aquél!? No me gusta. Podría ser un espía de Slytherin que intentara averiguar en qué consiste nuestro programa de entrenamiento. -
- No te preocupes Wood, él es de Gryffindor. - señaló Harry, tratando de calmar a su capitán.
- Y los de Slytherin no necesitan espías, Oliver…- observó George.
- ¿¡Por qué dices eso!? - preguntó Wood, ya irritado.
- Porque están aquí en persona…- dijo George, señalando hacia un grupo de personas vestidas con túnicas verdes que se dirigían al campo, con las escobas en la mano.
- ¿¡Cómo!? - saltó Harry, enfadándose. - ¿¡Por qué están aquí esos idiotas de verde!? -
- ¡No puedo creerlo! - estalló Wood. - ¡Serán caraduras! ¡He reservado el campo para hoy! ¡Veremos qué pasa! -
Wood se dirigió velozmente hacia el suelo, debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que habría querido y al desmontar se tambaleó un poco. Harry, Fred y George lo siguieron.
- ¡Flint! - gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin. - ¡Es nuestro turno de entrenamiento! ¡Nos hemos levantado muy temprano a propósito! ¡Así que ya podéis largaros de aquí! - Harry asintió enérgicamente.
- Hay bastante sitio para todos, Wood… - dijo Flint, con voz de aburrido.
- Genial, ya empezamos…- bufó Harry mentalmente. - Estúpidas serpientes, no pueden estar un día sin fastidiar. -
Angelina, Alicia y Katie también se habían acercado. No había chicas entre los del equipo de Slytherin, que formaban una piña frente a los de Gryffindor y miraban burlonamente a Wood.
- ¡Pero yo he reservado el campo! - se quejó Wood, escupiendo la rabia. - ¡Lo he reservado! -
- Y si el capitán lo ha reservado primero, entonces vosotros debéis daros el piro. - añadió Harry, gruñendo. - ¡Así que venga, largo! -
- No tan rápido, Potter. - dijo Flint, sacando del bolsillo de su túnica una hoja, mientras sonreía con satisfacción. - Traemos una hoja firmada por el profesor Snape. - la desplegó y empezó a leerla. - "Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de Quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo buscador." -
- ¿Tenéis un buscador nuevo? - preguntó Wood, preocupado. - ¿Quién es? -
Detrás de seis corpulentos jugadores, apareció un séptimo, más pequeño, que sonreía con su cara pálida y afilada. Era Draco Malfoy.
- ¿Malfoy? - se burló Harry. - Vaya, vaya, esto sin duda va a ser interesante... - añadió, sonriendo con arrogancia. - Ahora podré darle una paliza en Quidditch…-
Los dos archirrivales se miraron con desprecio, fulminándose mutuamente y provocando unas chispas imaginarias que, por obvias razones, nadie más a parte de ellos podía ver.
- ¿No eres tú el hijo de Lucius Malfoy? - preguntó Fred, mirando a Malfoy con desagrado.
- Es curioso que menciones al padre de Draco…- dijo Flint, mientras el conjunto de Slytherin sonreía aún más. - Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin…-
Los siete presentaron sus escobas, siete mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de oro que decían "Nimbus 2001" brillaron ante las narices de los de Gryffindor al temprano sol de la mañana.
- Ultimísimo modelo, salió el mes pasado. - dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota de polvo del extremo de la suya. - Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000. En cuanto a las viejas Barredoras - sonrió mirando desdeñosamente a Fred y George, que sujetaban sendas Barredora 5. - Mejor que las utilicéis para borrar la pizarra…-
Harry agarró con fuerza su Nimbus 2000. Era su escoba, un regalo de la profesora McGonagall. Con ella ganaron todos los partidos de la temporada pasada, alzándose con el título al final. De ninguna manera se iba a deshacer de ella, le tenía mucho cariño.
- Además, yo no he comprado al equipo entero para jugar en él. - pensó Harry, mirando con indiferencia a Malfoy. - Vergüenza debería darle…-
Malfoy sonreía con tantas ganas que tenía los ojos casi cerrados.
- Mirad, invaden el campo. - señaló Flint.
Ron y Hermione cruzaban el césped para enterarse de qué pasaba.
- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Ron a Harry. - ¿Por qué no jugáis? ¿Y qué está haciendo ése aquí? - añadió. Mirando a Malfoy vestido con su túnica del equipo de Quidditch de Slytherin.
- Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley…- dijo Malfoy, con petulancia. - Estamos admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo…-
Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenía delante.
- Son buenas, ¿eh? - dijo Malfoy con sorna. - Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora 5, cualquier museo pujaría por ellas. -
El equipo de Slytherin estalló de risa.
- Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso. - observó Hermione agudamente. - Todos entraron por su valía. -
Harry esbozó orgulloso una gran sonrisa. Hermione tenía razón, todos los miembros del equipo de Gryffindor estaban donde estaban por su valor y su talento.
- Nadie ha pedido tu opinión…- espetó Malfoy. - Asquerosa sangre sucia… -
A Hermione se le agrandaron los ojos. Luego agachó la cabeza y se quedó cabizbaja, muy herida por aquellas palabras.
Sin embargo, en Harry aquellas palabras provocaron una reacción en cadena. Su Oclumancia perdió toda fuerza y su irá se desencadenó. - ¡TE MATO! - rugió con rabia.
Dejó caer su Nimbus 2000 y se abalanzó a por Malfoy, quien también dejó caer su escoba. Ni siquiera Flint, que se puso en frente de él, fue suficiente para detener a Harry. Flint no tenía tiempo para preocuparse por Malfoy y Harry, ya que Wood empezó a discutir ferozmente con él. Fred y George se abalanzaron contra los golpeadores de Slytherin e intercambiaron golpes con ellos, a pesar de que eran mas grandes y corpulentos.
Se había montado una autentica tangana. Angelina, Alicia y Katie intentaron separarlos, pero era inútil, porque los cazadores de Slytherin en vez de ayudar a calmar las cosas, comenzaron a insultarlas, haciendo que se enfadaran.
- ¡Eres un grandísimo estúpido! - gritó Harry, pegándole a Malfoy en la nariz.
- ¡Y tu un zopenco arrogante, Potter! - escupió Malfoy, imponiéndose y pegándole a Harry en un ojo. - Te gustan las sangre sucias, ¿eh? Ahora entiendo porque eres tan imbécil de andar con una. -
Aquello enfureció más a Harry. Su archirrival, lejos de disculparse con Hermione, siguió insultándola, utilizando las palabras "prohibidas". Harry cogió a Malfoy de la camisa con fuerza y empezó a darle puñetazos en la cara. - ¡ME LAS VAS A PAGAR, MALFOY! - rugió.
- ¡Harry! ¡Deténganse por favor! - gimoteó Hermione con desesperación y la voz ronca. Ron tuvo que sujetarla para que no intentara detenerle.
Las cosas empeoraron poco después. Colin Creevey bajó hasta el césped, y con mucha emoción, empezó a tomar fotos como un loco. Hermione se enfadó con él y le pidió que no lo hiciera. Ron fue mas directo y le dijo que si no dejaba de tomar fotos acabaría tirando su cámara al fondo del Lago Negro.
Después de discutir con Flint (llegando por poco a los puños), Wood consideró que ya era suficiente. Le hizo una señal a Fred y George (ambos con algunos moratones en la cara) para que alejaran a Harry de Malfoy.
Con mucha dificultad, los gemelos cogieron a Harry y lo alejaron de Malfoy, quien lo miraba con rabia.
- ¡Soltadme! ¡Soltadme ahora mismo! - gritó Harry, mirando a Malfoy con odio. Tenía un ojo morado y el labio partido. - ¡Esto no ha terminado, Malfoy! ¡Si te vuelvo a ver te haré trizas! ¿¡Me oíste!? ¡ESTO NO TE LO PERDONARÉ! -
- ¡Se acabó el entrenamiento, vámonos! - indicó Wood en tono severo, y el equipo de Gryffindor se dirigió al castillo, entre bufidos de furia e indignación.
Después de salir del estadio, dejando dentro al equipo de Slytherin, Fred y George soltaron al azabache, cogieron sus escobas y se unieron al resto del equipo. No sin antes felicitar a Harry por darle su merecido a Malfoy.
Harry pensó que jamás había estado tan furioso. Le dolía el ojo y el labio, pero se negó a dolerse por ello. En su vida, jamás había llorado por una paliza, pues solo lo hacía cuando sufría algún ataque emocional. Tratando de calmarse, se puso en pie, cogió su escoba (Wood se la dejó al lado de la entrada antes de irse) y se marchó pisando fuerte en dirección al castillo.
Mientras caminaba por los terrenos, después de varios minutos, Ron y Hermione lo alcanzaron.
- ¿Estas bien, Harry? - preguntó Hermione, jadeando.
El azabache se detuvo. Aún seguía muy enfadado, pero al ser Hermione, no podía mostrar tal enfado con ella. - Si…- susurró, tratando de calmarse. - ¿Y tú? -
Hermione desvió la mirada. Se la veía triste y ofendida. - No te preocupes…es-estoy bien, de verdad…- farfulló, parecía a punto de llorar. Sacó un pañuelo de su túnica y empezó a limpiar la sangre que tenía Harry en el labio. - Tal vez deberías ir a ver a la señora Pomfrey…-
- N-no, no te preocupes, - farfulló Harry, sonrojándose. - estoy…bien. -
Se produjo un silencio incomodo, uno el cual hacía helar a Ron. Este decidió poner fin a tanta tensión.
- Oigan, ¿y si vamos a ver a Hagrid? - sugirió él. - Como en principio íbamos a hacer. -
- Si…será lo mejor. - dijo Harry, un poco más calmado. - De todos modos, el entrenamiento a concluido…-
Los tres caminaron hasta la cabaña de Hagrid. En el momento que llegaron, Harry se tensó al ver que allí estaba Gilderoy Lockhart.
- Maldición, es Lockhart. - saltó Harry. - Rápido, aquí detrás…- indicó entre susurros, ocultándose en unos arbustos junto con Hermione y Ron. – Y ahora, ¿porque vino a ver a Hagrid ese idiota? - pensó fastidiado.
- ¡Es muy sencillo si sabes hacerlo! - decía Lockhart a Hagrid en voz alta. - ¡Si necesitas ayuda, ya sabes dónde estoy! Te dejaré un ejemplar de mi libro. Pero me sorprende que no tengas ya uno, te firmaré un ejemplar esta noche y te lo enviaré. ¡Bueno, adiós! - Y se fue hacia el castillo a grandes zancadas.
Harry esperó a que Lockhart se perdiera de vista y luego fue junto con sus amigos a la puerta principal de la cabaña de Hagrid, llamando a la puerta.
Hagrid apareció inmediatamente, con aspecto de estar de mal humor, pero se le iluminó la cara cuando vio de quién se trataba. - Me estaba preguntando cuándo vendríais a verme. - pero su rostro se puso serio cuando vio la cara de Harry. - ¡Vaya cara! ¿Qué te a pasado, Harry? -
- Ahora te lo cuento. - dijo Harry rápidamente.
- Bien, entrad, justo ahora iba a comenzar a hacer té. – dijo Hagrid, dejándoles pasar. - Por un momento pensé que sería el profesor Lockhart, que volvía...-
Los tres avanzaron hasta la mesa, se sentaron en la mesa y Hagrid, se puso a revisar cómo iba el té, no sin antes entregarle un trozo de carne cruda a Harry para que enfriara su ojo morado.
- ¿Qué quería Lockhart, Hagrid? - preguntó Harry, rascándole las orejas a Fang, quien se acercó a él, probablemente con ganas de adueñarse del trozo de carne.
- Enseñarme cómo me puedo librar de los gnomos del pozo. - gruñó Hagrid, quitando de la mesa limpia un gallo a medio pelar y poniendo en su lugar la tetera. - ¡Ha! ¡Como si no lo supiera! Y también hablaba sobre una Banshee a la que venció. Te lo digo en serio Harry, si en todo eso hay una palabra de cierto, me como la tetera. -
Harry no pudo evitar reírse, al igual que Ron y Hermione. Hagrid consiguió animarles el día. Aunque, por otra parte, era muy raro que Hagrid criticara a un profesor de Hogwarts, lo cual sorprendió mucho a Harry.
- Aún me cuesta creer que el profesor Dumbledore creyera que Lockhart era el mejor para el puesto. - dijo Hermione, quien ya no tenía tanta simpatía hacia Lockhart como antes. - Si hasta ahora él…-
- ¿El mejor? Que va, era el único para el puesto. - repuso Hagrid, ofreciéndoles un plato de caramelos de café con leche. - Y la verdad, no me extraña. Es muy difícil encontrar profesores que den Artes Oscuras, porque a nadie le hace mucha gracia. Da la impresión de que la asignatura está maldita, ningún profesor ha durado mucho. -
- Si…lo mismo me dijo el profesor Snape. - comentó Harry. - ¿Porque será? -
- ¿Snape? - preguntaron Hermione y Ron al mismo tiempo.
- Pues claro, de hecho, eso explicaría porque él no ha aceptado el cargo. - razonó Harry.
- Así es. - corroboró Hagrid. - Por cierto, acabo de ver pasar a los del equipo de Quidditch de Slytherin. Ese muchacho tan desagradable, Draco Malfoy, tenía sangre en la nariz y la mejilla derecha morada. ¿Ha pasado algo? - miró a Harry y su cara lastimada. - ¿Tiene que ver contigo, Harry? -
Harry desvió la mirada con enfado, mientras que Hermione le cogió de la mano, y entonces, Ron le explicó a Hagrid lo sucedido.
- ¡No! - bramó el semigigante volviéndose a Hermione.
- Así es, me llamó sangre sucia. - repuso Hermione con desanimo. - Estaba asustada al ver la reacción de Harry y del equipo, pero...-
- Es una bobada. - dijo Hagrid con enfado. - Hay muchos magos de sangre limpia que tienen dificultades con los hechizos. ¿No te das cuenta Hermione? Aún no han inventado un conjuro que tu no puedas realizar…- añadió en tono afable, haciendo que Hermione se pusiese colorada.
- Es un insulto muy desagradable de oír. - dijo Ron, mientras comía unos caramelos. - Es como decir "sangre podrida" o "sangre vulgar". Son idiotas, además, la mayor parte de los magos de hoy en día son de sangre mestiza. Si no nos hubiéramos casado con muggles, nos habríamos extinguido. -
- Un argumento muy inteligente, Ron. - dijo Harry con una sonrisa. - Estoy convencido de que Dumbledore se sentiría orgulloso de oírte. - añadió, haciendo que Ron se pusiera colorado.
- La verdad, no me extraña que nuestro Harry haya tenido esa reacción. - dijo Hagrid, guiñándole un ojo a Harry. - Por supuesto, nadie insulta a Hermione de esa manera en su delante, no sin que él tenga algo que decir al respecto, ¿no es así amigo? -
Harry asintió enérgicamente. Nadie insultaba a Hermione en frente de él, porque si eso pasaba…Mientras lo pensaba, Hagrid se acercó a él y le entregó un pañuelo viejo y húmedo para el ojo morado.
- Oh, por cierto, Harry… - dijo Hagrid de repente, como acometido por un pensamiento repentino. - Tengo que ajustar cuentas contigo, me han dicho que has estado repartiendo fotos firmadas. ¿Por qué no me has dado una? -
Hermione abrió los ojos como platos, mientras que a Ron se le atragantó el caramelo.
Harry estalló. - ¡YO NO REPARTO FOTOS A NADIE! - rugió enfadado. - ¡Si Lockhart va por ahí diciendo eso lo voy a…! -
Pero entonces vio que Hagrid se reía. - Sólo bromeaba - explicó, dándole a Harry unas palmadas amistosas en la espalda. - Sé que no es verdad, le dije a Lockhart que no te hacía falta, que sin proponértelo eras más famoso que él. -
Entonces el azabache se calmó y sonrío. - Apuesto a que no le hizo ninguna gracia. -
- Supongo que no. - admitió Hagrid, parpadeando. - Luego le dije que no había leído nunca ninguno de sus libros, y se marchó. -
- Eso le habrá echo enfadar aún más. - dijo Ron riéndose.
- Venid a ver lo que he estado cultivando. - dijo Hagrid cuando el trío apuró su té.
En la pequeña huerta situada detrás de la casa de Hagrid había una docena de las calabazas más grandes que Harry hubiera visto nunca, más bien parecían grandes rocas.
- Van bien, ¿verdad? - dijo Hagrid, contento. - Son para la fiesta de Halloween, deberán haber crecido lo bastante para ese día. -
- ¿Qué les has echado? - preguntó Harry.
Hagrid miró hacia atrás para comprobar que estaban solos. - Bueno, les he echado... ya sabes... un poco de ayuda. -
Harry vio el paraguas rosa estampado de Hagrid apoyado contra la pared trasera de la cabaña y entonces entendió que su gran amigo había usado un hechizo fertilizante. Ya antes, Harry había sospechado que aquel paraguas no era lo que parecía…De hecho, tenía la impresión de que la vieja varita mágica del colegio estaba oculta dentro.
Según las normas, Hagrid no podía hacer magia, porque lo habían expulsado de Hogwarts en el tercer curso, pero Harry no sabía por qué. Cualquier mención del asunto bastaba para que Hagrid carraspeara sonoramente y sufriera de pronto una misteriosa sordera que le duraba hasta que se cambiaba de tema.
- ¿Un hechizo fertilizante, tal vez? - preguntó Hermione, entre la desaprobación y el regocijo. - Bueno, has hecho un buen trabajo. -
- Eso es lo que dijo tu hermana pequeña. - observó Hagrid, dirigiéndose a Ron. - Ayer la encontré junto con la hermana de Malfoy y otra niña muy rara. Dijeron que estaban contemplando el campo, pero, yo creo que la pequeña Chloe esperaba encontrar a alguien más. - dijo, guiñándole el ojo a Ron.
- ¿Y para que me buscaba Mal…quiero decir, Chloe? - inquirió Ron, pero no obtuvo respuesta.
Después de hablar con Hagrid, Hermione le insistió a Harry que fuera a ver a la señora Pomfrey en la enfermería, para curarse el ojo hinchado y el labio partido. El azabache, con cara de derrotado, se dirigió allí, y solo para llevarse un nuevo disgusto.
Malfoy estaba en la enfermería, y nada le desagradaba más a Harry que verlo después de su reciente pelea. Sin embargo, ni uno ni el otro podían hacer nada, porque la señora Pomfrey estaba presente, y ambos sabían como reaccionaría ella si se llegaban a pelear en sus narices.
- No tiene idea de la suerte que tiene. - pensó el azabache con amargura, mientras miraba despreciablemente a Malfoy. - Como la señora Pomfrey salga de aquí, me aseguraré de que no salgas de la enfermería durante el resto del curso maldito gusano…-
Harry aguantando como podía sus ganas de estrangular a Malfoy. Le pidió a la señora Pomfrey que lo curara lo antes posible. En parte, fue un alivio que Malfoy abandonara la enfermería antes que él, porque de lo contrario no habría dudado en pelearse con él de nuevo, probablemente, entre los pasillos y la gran escalinata.
Cuando la señora Pomfrey terminó de curar a Harry, este se marchó hacia la Torre de Gryffindor. Allí se encerró en su habitación, decidido a aprovechar el sábado para seguir practicando Oclumancia. Sin darse cuenta, se había saltado la hora de comer.
Bajó hasta el Gran Comedor, pero solo encontró a los del equipo de Slytherin, reunidos en la gran mesa de su casa y hablando de su particular entrenamiento y la pelea que tuvieron con el equipo de Gryffindor. No había rastro de Malfoy, por tanto, no había razón para pelearse con ellos en el Gran Comedor.
- Adelante, dadme una excusa. - pensó Harry, desafiante. - Una excusa es todo lo que necesito para ir a por vosotros…-
Mientras se dirigía hacia la biblioteca, con la mochila a sus espaldas, Harry se dio cuenta de que ningún profesor se le había acercado para regañarle por la pelea en el estadio de Quidditch. ¿Los de Slytherin le habrían comentado algo al jefe de su casa? Después de todo, Snape siempre buscaba una escusa para perjudicar a Gryffindor, en especial, a Harry.
Sin embargo, no hubo nada. Llegó tranquilamente a la biblioteca, y se sintió muy afortunado al ver a Hermione allí.
Parecía de mucho mejor humor. - ¿Dónde estabas? - le preguntó a Harry. - No te vi a la hora de comer. -
- Estaba en la habitación. - respondió Harry. - Necesitaba…despejar la mente. ¿Estas adelantando la redacción para encantamientos? -
Hermione sonrió. - Ya me conoces. - dijo.
- Desde luego. - asintió Harry.
Los dos se quedaron haciendo los deberes allí. El ambiente de la biblioteca, al menos durante el día y la tarde, solía ser pacifico y tranquilo. Muy a diferencia de la noche: La biblioteca solía ser protegida de visitantes nocturnos por libros encantados y las armaduras, que según varias anotaciones en "Hogwarts: Una historia", cobraban vida en la noche.
Después de una tarde agradable con Hermione, Harry recogió sus cosas y se adelantó a marcharse de regreso a la Sala Común. A pesar de compartir una tarde con ella, no comentaron nada sobre lo ocurrido en la Sala de Estudios de la Torre de Gryffindor, cuando los dos estuvieron a punto de besarse. ¿Dónde había quedado ese momento?
Mientras subía por la gran escalinata, y seguía preguntándose lo mismo, Harry escuchó una voz: una voz capaz de helar la sangre en las venas, una voz ponzoñosa que dejaba sin aliento, fría como el hielo.
- Ven...ven a mí... deja que te desgarre...deja que te despedace...déjame matarte...-
- ¿¡Quien dijo eso!? - saltó Harry alterado, volviéndose sobre sí mismo e intentando ver quien era o de donde venía aquella gélida voz.
- ¿Quien ha dicho que, Harry? - dijo una voz a sus espaldas.
- ¿Eh? -
Ya estaba en el pasillo del séptimo piso. La voz gélida pareció llegar de algún rincón lejano. No la voz alegre e infantil que escuchó a sus espaldas, y cuando Harry se dio la vuelta, pudo ver que Chloe lo miraba con cara de extrañada.
- ¡Ah! Hola Chloe. - dijo el azabache, soltando un suspiro.
- ¿Estas bien? - preguntó Chloe. - Parecías nervioso. -
- Escuché una voz siniestra mientras subía, pero…- susurró Harry, mirando a su alrededor. ¿Quién había sido? - Ignoro de que o quien sea…-
- Hm…tal vez sea un fantasma. - dijo Chloe, pensando. - O quizás es Peeves con un nuevo método para asustar a la gente. ¿No crees? -
Entonces el azabache se quedó boquiabierto. - Si, debe de ser él. - bufó. - ¿¡Cómo he podido ser tan estúpido de caer en una de sus jugarretas!? Maldito Poltergeist…-
- Esto…Harry. - farfulló Chloe. - Ya que estas aquí, quería hablar contigo sobre Draco…-
De repente, Harry perdió toda la tranquilidad que había recuperado durante el transcurso del día. - ¿Qué quieres hablar conmigo sobre…ese? - preguntó, con un tono despectivo.
- No te enfades, sé muy bien lo que pasó. - dijo Chloe rápidamente. - Llevo tiempo advirtiéndole que no se pasara de la raya, que al final lo iba a pasar fatal. Cuando vi cómo le había quedado la cara, bueno…No me gusta que lastimen a los miembros de mi familia, pero entiendo que se lo tenía bien merecido. - razonó.
- ¿Entonces, no te molesta que le haya dado una paliza? - preguntó Harry, más calmado.
- En absoluto. - repuso Chloe. - Si quiere ser un idiota, es su problema. Solo quiero que la próxima vez, me avises. Mi hermano es un engreído. De no ser porque todo el equipo de Gryffindor le escuchó insultando a Hermione, de seguro que ya se lo habría contado a mi padre, y él…al ser miembro del consejo escolar podría perjudicarte de algún modo. -
- No le tengo miedo a tu padre. - masculló Harry, desafiante. - Si tiene algo que decirme, que me lo diga a la cara. ¡Con gusto le responderé! -
- No lo dudo. - dijo Chloe, sonriendo. - Tienes mucho más valor que cualquiera que haya conocido antes. -
- Y Ron sigue insistiendo en que lo tuyo es un acto…- se le escapó a Harry. Cuando se dio cuenta ya era muy tarde.
- ¿Eso piensa de mí? - inquirió Chloe, ofendiéndose. - ¿Piensa que lo mío es un acto? ¡Oh, por las barbas de Merlín, esto es el colmo! -
- Verás, Ron es un poco…-
Pero no pudo terminar de hablar. Chloe se marchó a zancadas hacia el retrato de la Dama Gorda, chillándole "¡Somormujo!" y perdiéndose de vista tras pasar por el agujero.
- Creo que la he fastidiado. - pensó Harry, rascándose la nuca. - Mentira, en realidad, creo que acabo de fastidiar a Ron. Aunque, de todos modos, los dos no es que se lleven muy bien que digamos…-
- Oh, estas aquí Harry. - dijo una dulce voz a sus espaldas.
Harry se volvió para ver que era Hermione quien le hablaba. Llevaba hasta doce libros entre sus brazos, lo cual sorprendió mucho a Harry.
- Hermione, no es bueno que vayas tan cargada. - dijo, acercándose a ella y cargando los libros. - Permíteme…-
- Gra-gracias, eres muy amable…- farfulló Hermione, sonrojándose.
- Siempre es un placer ayudarte, Hermione. – dijo Harry con orgullo. - Venga, vámonos. Es muy tarde y no tengo muchas ganas de que Percy nos meta uno de sus sermones. -
- Es verdad, pero él lo hace para concienciar a los alumnos de que tenemos que cumplir con las normas. - dijo la castaña en tono severo. - Lo que demuestra que es un muchacho responsable. -
- Si, y nosotros somos un mal ejemplo para las personas responsables. - añadió el azabache, riéndose.
- ¡Harry! – exclamó Hermione, entre molesta y divertida.
Y tras atravesar el retrato de la Dama Gorda, Harry ayudó a subir los libros hasta la puerta del dormitorio de las chicas y después de fue a su dormitorio, donde Ron y los demás ya estaban dormidos.
