13

El viaje había sido largo y duro. Los últimos días había comenzando a llover fuertemente provocando que los carros se quedasen atascados en barrizales y que el barro hiciera ir más lento a los caballos. Pero después de tanto trabajo aquí estábamos, en Desembarco del Rey.

La capital. El nido de ratas al que llaman capital, según Tywin. Según entramos a la cuidad Jaime se había ido, por fortuna él se conocía esto pero yo estoy tan perdida como una hormiga en una colmena. Todo me parecen callejuelas iguales. La gente te mira con desprecio o con odio, a diferencia de la gente del norte.

Cuando llegamos a la Fortaleza Roja varias personas nos recibieron. Al parecer era el consejo privado del rey y unos cuantos sirvientes me dijo una mujer mayor que me acompaña a mi cámara en la torre de la mano. Al entrar en la que sería mi habitación, en el corto período que estuviese en la capital, me quede boquiabierta al ver el lujo que rodeaba la estancia. Todo era luminoso y se notaba que era caro. Pero como bien dijo Lord Tywin a mi prometido, dentro de poco estaré forrada de dinero por lo que me tendré que acostumbrar a las riquezas y a las cosas bonitas.

Abro los ojos lentamente. No recuerdo haberme quedado dormida, pero no me quejo, necesitaba dormir. Me levanto con cuidado y salgo al balcón. Miro la ciudad desde arriba.

— Desde aquí arriba es más bonita que desde ahí abajo. -dice una voz a mi espalda.-

— Malle. -sonrío y me acerco para abrazarla.-

— Me encargare de su cuidado personal mientras esté aquí. -me sonríe abrazándome.- Lord Tywin la requiere en su cámara personal.

— No puedo ir así, huelo a oso. -reímos.-

— Pediré que la traigan agua caliente y así se podrá bañar. -me acaricia la mano y sale del cuarto.-

Sonrío leve. Cuando estuve mala en el campamento ella fue quien me cuidaba el día entero y cuando no lo estuve, también me cuidaba. Voy hacia el baúl donde tengo mis pertenencias y miro los diferentes vestidos. Todos son abrigados, especiales para aguantar las dificultades climatológicas del norte. Elijo el que parece más fresco. Lo coloco en la cama junto al corsé y una ropa pequeña limpia. Me acerco a la mesa donde está el espejo y acaricio la madera mirando el contenido de la mesa. Cojo el cepillo y acaricio las puas. Le dejo donde estaba y huelo los diferentes perfumes.

— Eso son sales de baño niña. -dice Malle detrás de mi.-

— Pensé que eran perfumes. -río leve. Cuando las muchachas han echado el agua en la bañera me desnudó con la ayuda de Malle. Me meto en la tina.- Hoy seré una Lannister y ni siquiera sé diferenciar las sales de baño de un perfume. -veo como echa uno de los botes en el agua.-

— No te frustres niña. Hace apenas tres meses estabas en una taberna limpiando los orinales de los viajeros.

— Por eso mismo lo digo -la miro.- hay cientos de mujeres más bellas y inteligentes y finas que yo pero Lord Tywin me eligió a mi para llevar su apellido.

— Simplemente estabas en el sitio correcto en el momento oportuno. -dice cepillándome el cabello.- Pero muchas mujeres han pasado por el campamento, se ofreció a darte clases y educarte como educo a sus hijos, él vio algo en ti niña. Es un halago que te quiera dar su apellido.

— No lo niego pero ¿y si no estoy a la altura?

— Lo estás. Eres inteligente, hermosa y te sabes cuidar tu sola.

Sonrío leve mirando el agua. Cuando acabo de bañarme salgo de la tina, me seco rápidamente y me cepillo el cabello. Malle me ayuda a ponerme el corsé y el vestido. Acaricio la tela, es de un tono rosado con bordados en los hombros de un tono verde oliva, las mangas son anchas con los extremos en los mismos colores que los bordados. Levanto levemente los brazos para que Malle pueda poner el cinturón que está formado por dos piezas de acero en forma de armadura. Acomodo mi pelo dejándole suelto y me echo algo de perfume.

Me despido de Malle y voy a los aposentos de Lord Tywin.

Llamo a la puerta.

— ¿Puedo pasar Lord...? -No acabo la frase cuando la puerta es abierta por una mujer de cabello rubio y ojos verdes. Una aura de prepotencia y altanería la rodea. Miro a Lord Tywin que se encuentra tras ella.-

— Aalis, esta es mi hija, Cersei Lannister. -la miro y sonrío levemente. Hago una leve reverencia.-

— Mi señora es un placer conocerla, Lord Tywin me ha hablado mucho de usted.

Sale de la habitación ignorándome. Miro a Tywin confundida pensando que tal vez he hecho algo mal.

— Pasa, el desayuno ya está listo.

Desayunamos hablando de lo que ocurrirá esta tarde. Me dice que Cersei está de acuerdo con el plan pero que nunca me aceptará como una Lannister. Y sinceramente no pretendo que lo haga. Lord Tywin me explica el procedimiento que tenemos que realizar y me habla de la carta que le ha llegado de mi prometido, que se encuentra profundamente satisfecho con el trato. Termino de comer la fruta mirando la mesa.

— ¿Nerviosa?

— No lo sabe bien. -río leve y le miro.- Hace apenas tres meses era una camarera que se aburría de la vida en la taberna y ahora me voy a convertir en una Lannister y me casaré con un señor importante.

— La vida da muchas vueltas.

— Sabes... -le miro.- mis padres odiaban a los Lannister, bueno, nos odiaban. Decían que eran unos seres sin corazón a los que solo les interesaba el dinero y el poder. -Sonrío triste.- Me he convertido en lo que odiaban.

— No negare lo que decían tus padres. -Se levanta y va hacia la mesa donde tiene sus documentos.- ¿Qué les ocurrió?

— Tenía ocho años y vivía con mis padres en Último Hogar. -Me levantó y caminó por la habitación recordando.- Una mañana fui al río a limpiar un juguete que se me había manchado de barro y cuando volví unos hombres y mujeres habían llegado a la aldea.

— ¿Salvajes?

— Salvajes. -Me giró para mirarle.- Mataron a todo el mundo, mi padre intentó correr hacia el río para ponerme a salvo pero uno de ellos le cogió y le cortó el cuello. -Tragó saliva.- Me vio según se desangraba, murió mirándome. Mi madre intentó esconderse detrás de carro pero la vieron y la apuñalaron cuarenta y cinco veces.

— ¿Contaste las veces? -Asiento mirando a la nada.-

— Cuando estaba muerta violaron su cadáver. Yo salí corriendo al bosque y me pasé un mes comiendo frutos y algún ratón que podía encontrar y matar. -Me siento en la silla frente a su escritorio y le miro.- Luego llegué a la taberna y me enseñaron a trabajar y otras cosas.

— ¿Otras cosas?

— Si, ella me enseño a complacer a un hombre sexualmente. Pero me negué a aceptar ese tipo de trabajos.

— Harás muy feliz a Roose. -dice apoyándose en el respaldo de la silla y juntando sus manos.- Eres fuerte, valiente, sabes cuidarte tu sola, le darás el apoyo de pueblo norteño, le darás hijos y encima sabes como complacerlo en la cama. -Suelta una carcajada.- Será el señor más feliz de los jodidos siete reinos. -Río junto a él.- Es tarde niña, ve a tu cámara y prepárate para luego.

— Gracias por el desayuno mi señor. -Me levantó y voy hacia la puerta.-

— Denada...hija. -Le sonrío leve y voy hacia mi cámara.-

Al llegar no hay nadie. Entro y cierro la puerta con cuidado de no hacer ruido. Sobre la cama hay un vestido rojo. Me acerco y le cojo con cuidado, es muy delicado y suave, la tela es de un tono rojo sangre, tiene detalles dorados en la zona de las manos y en los brazos tiene bordados unos leones de ese mismo color, y en el pecho tiene como una pequeña armadura integrada. Al parecer las mujeres no están a salvo ni en el sur. Le coloco en la cama dejándolo estirado. Me deshago del vestido que tengo puesto quitándome también el corsé. Cojo uno de mis vestidos antiguos y me lo pongo, no es nada lujoso y me parece perfecto para la ocasión. Recojo todo mi pelo y pongo una cinta azul.

Me aseguro de que no haya nadie por los pasillos y corro hacia la salida de la fortaleza. Al llegar hablo con uno de los guardias de la puerta para que luego a la vuelta me permita entrar. Camino por las calles de Desembarco del Rey. Todo tiene un aspecto lúgubre y triste, la ciudad huele mal y estando aquí abajo, me recuerda al nido de ratas del que me hablo Tywin. No tiene nada en atractivo, pensé que tal vez fuera más bonito o agradable pero no es así.

Camino de nuevo a la Fortaleza Roja pero a mitad de camino ya no me acuerdo por donde había que ir. Camino entre la gente sintiendo de vez en cuando algún empujón o pisotón. No sabía por donde iba pero podía jurar que me adentraba más y más en la capital. Busco alguna señal o algo que me indique por donde debo ir, de repente siento el pie húmedo y rezo a los dioses antiguos y nuevos para que no haya sido tan tonta de haber metido un pie en el agua, pero al parecer hoy los dioses no estaban a mi favor. El bajo del vestido se me había mojado junto con los zapatos. Necesito salir de aquí. Veo una escalinata al final de la calle así que decido subir por ella, la escalinata va a dar a una pequeña plaza. Miro a todos los lados pero apenas hay gente, alguna mujer y algún hombre que se manosean en plena calle. Frunzo el ceño y subo con cuidado a un banco de piedra que hay en uno de los extremos, he tenido suerte de que este lugar esté como elevado y así puedo ver la ciudad correctamente. ¡La Fortaleza Roja está casi a la otra punta de la ciudad! ¿Cómo he llegado hasta aquí? No creo haber caminado tanto y encima es muy tarde, no creo que llegue a tiempo a mi nombramiento. Soy un desastre de persona. Ni siquiera sé cómo llegar hasta allí.

— Se la ve frustrada mi señora.

Bajo la mirada encontrándome con un hombre mirándome atentamente. Es menudo y ciertamente atractivo, sus ojos verdosos me observan esperando una respuesta.

— ¿Le conozco?

— Usted a mi no pero yo a usted si. -Me tiende una mano. La acepto y bajo del banco con cuidado.- Soy Lord Petyr Baelish, consejero de la moneda, y usted es la futura Lannister.

— Estuvo en nuestra llegada. -susurro más para mi que para los dos.- Es un placer Lord.

— El placer es mío, no se suelen ver muchachas tan hermosas por esta zona. -Me sonrojó levemente y le agradezco.- Ahora mismo iba hacia la corte a su nombramiento pero no imaginaba encontrarme a la nueva Lannister nada más salir de mi burdel.

— Decidí salir a dar un paseo por la ciudad a escondidas de todos pero me he acabado perdiendo.

— Déjeme que la acompañe

— Claro. -sonrío leve y caminamos hacia la puerta de su burdel donde dos caballos esperan.- ¿Dos? ¿Sabía que iría con usted?

— Pedí que prepararán dos cuando la vi, no habría aceptado un no de su parte. -Me dirige una sonrisa que hace que un escalofrío recorra mi columna vertebral.- Permíteme que la ayude.

— Puedo sola. -Digo esquivando su toque.- He cabalgado mucho tiempo y muchos kilómetros. -Subo al caballo y me coloco bien.

Él encabeza el viaje. Recuerdo que Tywin me habló de él durante el viaje. Nació en Los Dedos pero fue pupilo de los Tully. Un hombre ambicioso y deseoso de poder. Un hombre del que no te debes fiar demasiado.

Intento pensar en más cosas que me dijo Lord Tywin sobre él cuando noto su mirada sobre mí. Le miro y alzo una ceja levemente.

— ¿Qué ocurre Lord Baelish? -Digo con un tono duro.-

— Estaba pensando en usted, mi señora. -Dice lentamente.-

— ¿En mí?

— Así es, una pequeña niña del norte que se convierte en Lannister y se casa con el futuro guardián del norte. Te has sabido hacer camino en la vida.

— ¿Insinúa algo Lord Baelish?

— Por supuesto que no. -Se queda callado mientras seguimos nuestro camino.- ¿Qué te prometió Lord Tywin?

— No le tengo que dar información de nada, no respondo por usted ni por nadie.

— Casarse con el futuro traidor del reino y volver al norte, es como un suicidio pero aún así lo harás. ¿Por qué? Solo recibes un apellido que no usarás y solo te traerá más problemas allí arriba. Si no es por apellido, ¿tal vez por dinero? -Habla provocando que apriete las riendas. Bajo del caballo cuando llegamos.-

— Amo a mi futuro marido y amo a mi pueblo. Pero sé que Robb Stark llevará a ese pueblo a la muerte si no se hace lo correcto antes. -Digo mirándole. Me quito los guantes.- Que tenga una buena noche.

Entro en la Fortaleza Roja sintiendo su mirada clavada en mi espalda. Voy hacia mi habitación apresuradamente. Es demasiado tarde y aún no estoy preparada. Cuando llego Malle está dando vueltas por la habitación como una loca, al verme me coge de los hombros y me empieza a gritar diciéndome que es tarde y preguntándome dónde estaba. Me desnudo rápidamente con su ayuda, me pone el corsé y el vestido que estaba sobre mi cama con los dibujos de los leones. Me siento en la banqueta y Malle me hace un peinado mientras le digo donde he estado. Me hace una diadema con una trenza dejando el resto del pelo en rizos, comienza a colocar flores pero la paro.

— No quiero flores, no quiero que me vean como una niña, soy una mujer fuerte.

Me deshace el peinado y la miro confundida, solo he dicho que no quería flores. Me riza todo el pelo y me hace una pequeña trenza en la parte interna. Desde el centro hace dos trenzas y las une en la parte de atrás. Sonrío cuando pone en las trenzas piezas de lo que parece plata.

— Gracias, ha quedado genial.

Me echo perfume antes de dirigirnos hacia el salón del trono en compañía de Malle, no quiero perderme otra vez. Las manos me sudan y mis piernas tiemblan, siento como si no fuera a ser suficiente, como si no fuese a ser buena Lannister a pesar de que el propio Lord Tywin me ha dicho que soy la indicada. Las campanas comienzan a sonar por todo el castillo cuando llegamos a las puertas del salón. Lord Tywin está esperando allí fuera, cuando me ve parece que suelta un suspiro aliviado. Extiende su mano hacia mi, entrelazo los brazos y le miro. Acaricia mi mejilla con un cierto toque ¿cariñoso? Y besa mi frente mientras cierro los ojos. Siento ganas de llorar y de huir lejos de aquí para esconderme debajo de la cama, hacia mucho tiempo que no sentía esa conexión padre-hija de la que todo el mundo habla, crecí sin familia y he vivido condenada toda mi vida después de aquello.

Me tendría que sentir protegida pero todo lo contrario, me siento más expuesta que nunca, ahora todo el mundo sabrá quien soy, cuando entre en esa sala me convertiré en una Lannister y medio reino querrá mi cabeza en una pica.

Abro los ojos y respiro hondo relajándome. Las puertas son abiertas dejándonos ver a la corte a los dos lados de la estancia dejando un pasillo por donde pasamos Lord Tywin y yo, en el trono el Rey Joffrey Baratheon nos mira atento analizando la escena, en las primeras filas están los hombres que nos recibieron a nuestra llegada y a los dos lados del trono se encuentra Cersei, Jaime y Tyrion Lannister.

— ¿Dónde has estado? -Me susurra Tywin según caminamos hacia el trono.-

— Salí a la ciudad y me perdí. -Le miro de reojo.- Lord Baelish me encontró y me trajo. No me fío de ese hombre.

— Nadie lo hace, ya te advertí sobre él.

Llegamos a las escaleras y Lord Tywin va hacia uno de los lados del trono. La sala se queda en completo silencio, solo se escucha el fuego. Trago saliva mirando a las 5 personas que tengo frente a mi. Comienzo a escuchar ropajes y unas cadenas acercarse poco a poco, miro al frente sintiendo una gota de dudar rodar por mi nuca. Un hombre de una elevada edad se coloca en uno de los extremos del trono y mira a la sala para después posar su mirada sobre mi.

Comienza a hablar sobre la familia pero yo apenas le escucho, estoy perdida en un universo paralelo. Apenas puedo ocultar el nerviosismo que ha invadido mi sistema, siento una gran presión sobre los hombros.

El hombre mayor y Tywin se acercan hacia mí con una daga, abro los ojos de golpe. Doy un paso hacia atrás pero Lord Tywin me coge de la muñeca y me acerca a él. El anciano coloca una copa con agua bajo mi mano y Tywin pasa la daga por la palma de mi mano. Suelto un leve quejido viendo como mi sangre cae en la copa. Los dos vuelven a sus lugares anteriores dejándome con la mano sangrando, siento como arde y la sangre no deja de brotar manchando mis dedos y mi muñeca.

— Bebed de su sangre, como ella beberá de la vuestra. -Tywin bebe de la copa y se la pasa a Tyrion.- Unidos ahora por sangre y no solo por apellido. -Veo como acaba de beber Cersei, Tywin se corta la mano y se acerca a mi.-

— Bebe de mi sangre. -Le miro en silencio, no me comentó nada de esto. Cojo su mano y coloco mis labios en su mano, siento un sabor a hierro en mi boca. Me separo.

— Arrodíllate. -dice el Rey Joffrey y se acerca hasta colocarse delante de mi. Me coge la muñeca con fuerza y coloca su pulgar en la herida. Jadeo leve. Repite la misma acción con la mano de Tywin.- Te has agachado como una campesina pero te levantarás como una Lannister. -Me hace la estrella de siete puntas y me levanto del suelo.

Ya no viviré una vida entre leones porque ahora, yo soy una de ellos.