Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, le pertenecen a Masami Kurumada.
CAPITULO 13: LAGRIMAS
"¡Tienes que levantarte y luchar!"…" ¡NO TE RINDAS!"…
Esas palabras resonaban en su cabeza. Eran como un eco, no dejaba de escucharlas por más golpes que recibiera. Su rival no dejaba de atormentarlo por un segundo y el no hacia algo por evitarlo. Pero lo tenia que salvar y proteger; devolviéndole un poco de lo que había hecho por el a lo largo de toda su vida…
Alondra lo miraba con una sonrisa triunfante, convencida de que lo había derrotado. Estaba dispuesta a darle el golpe de gracia, pero un poderoso cosmos se lo impidió.
Shun se levanto un poco tambaleante por las hemorragias. Estaba débil, pero su propósito era aun mas fuerte que el. Su mirada decidida se poso sobre su rival, su cosmos se incendiaba con un poder inimaginable. Alondra lo miraba incrédula. De inmediato se lanzo sobre el para contraatacar, logrando propinarle una patada en el abdomen que lo hizo caer unos metros atrás. Shun cayó boca abajo, y un gesto de dolor se hizo notorio en su rostro. Recupero las fuerzas necesarias para levantarse y comenzó a incendiar su cosmos de nuevo. Alondra intento lanzarle otro golpe al rostro, pero Shun logro esquivarlo con facilidad.
— ¡CADENA DE ANDROMEDA!—un solo ataque fue suficiente.
Su respiración era agitada y entrecortada. En sus labios podía sentir el sabor a sangre, sus heridas se robaban minutos de vital existencia, el dolor que sentía era inimaginable; pero su cosmos demostraba lo contrario.
Inmediatamente otra guerrera se lanzo sobre el, atacándolo con toda su fuerza. Con sus hábiles cadenas logro defenderse y contraatacar, pero su cuerpo recibía un daño terrible. La guerrera era demasiado ágil, apenas y podía esquivar alguno de sus ataques. Le lanzaba golpes en todas direcciones, y cuando Shun intentaba atacarla, retrocedía con una velocidad increíble.
De repente, la guerrera logro asentarle un fuerte golpe en las costillas, haciendo que Shun perdiera el aliento. La guerrera aprovecho para lanzarle otro golpe, pero Shun logro esquivarlo, retrocediendo un par de metros.
Le costaba mucho trabajo permanecer de pie, sus heridas hacían que se debilitara cada segundo, el dolor lo ahogaba, haciendo parecer que ya no resistiría mucho tiempo. Se sentía débil, incapaz de lograr su objetivo. Una suave brisa helada corrió por el coliseo, acariciando sus cabellos y levantando un poco de polvo.
Desvió la mirada de su adversaria hacia su hermano. Ahí estaba, inerte en la arena fría. Se veía que permanecía inconsciente, su armadura estaba hecha pedazos, y estaba muy débil. La gruesa cadena que apresaba sus brazos parecía lastimarlo cada vez más. La tristeza se hizo presente en su corazón. Sentía tristeza por ser tan débil y no poder rescatar a su hermano y evitarle tanto dolor…
Una lagrima rodo por su mejilla. No pudo evitarlo. Tenia que salvarlo, no podía rendirse, no así.
—No me digas que ahora harás de mártir—las palabras de su adversaria hicieron que regresara la vista hacia ella—Y yo que empezaba a divertirme, pero ya veo que eres un llorón.
No se molesto en limpiar sus lágrimas. Le dedico a la guerrera una mirada de furia. Era inútil tratar de convencerla de no luchar.
— ¡ONDA DEL TRUENO!
La brillante cadena atravesó el aire, golpeándola en el estomago, haciendo que ella perdiera el equilibrio y cayera de espaldas. Un hilo de sangre escapo de su boca. La guerrera solo soltó una carcajada siniestra, a pesar de que estaba en el suelo.
—Eres fuerte—dijo mientras se levantaba de nuevo—aunque no lo parezcas. Pero, ¿Que crees?... Yo voy a derrotarte, niño bonito.
La guerrera se lanzo de nuevo encima de el, dándole una lluvia de golpes. Su rostro desencajado lo aterraba, parecía que disfrutaba hacerle daño a los demás.
Shun logro detener uno de sus puños, y le propino una patada en las costillas, lanzándola muy lejos, haciendo que chocara contra un muro.
—Impresionante, pero me pregunto… ¿Cuánto tiempo lograras resistir aun?
Shun respiraba con más dificultad cada momento. La guerrera se aproximaba a el con una mirada sádica en sus ojos. Logro defenderse a tiempo, antes de recibir un poderoso ataque.
— ¡DEFENSA RODANTE!
La guerrera retrocedió, repelida por la defensa perfecta de Shun. Su mirada denotaba locura, y sed de sangre.
—Esa cadena comienza a fastidiarme… ¿Qué te parece si hago pedazos tu armadura? —una sonrisa retorcida se formo en sus labios. — ¡Si! ¡Que excelente idea!
Al instante, la guerrera se abalanzo con todas sus fuerzas sobre el, logrando asentarle un golpe en el hombro derecho, haciendo pedazos la hombrera y de pazo provocándole otra herida. Shun intento detener la fuerte hemorragia con sus manos.
— ¡Que divertido! No pierdas esa expresión, en verdad me diviertes, niño.
Se abalanzo de nuevo sobre el, ahora destrozando la cadena de circulo, dejándolo indefenso.
—Ahora no tienes con que defenderte… ¡Te matare ahora mismo!
La guerrera se acerco a Shun, tomándolo por el cuello y levantándolo del suelo, estrangulándolo. Los esfuerzos de el para impedirlo fueron inútiles. La presión en su cuello le impedía respirar, y sentía que su cuello se rompería en cualquier momento. Un hilo de sangre salió por su boca, divirtiendo aun más a la guerrera. Una carcajada sádica resonó por todo el lugar. Usando toda su fuerza comenzó a azotar en el suelo el mal herido cuerpo de Shun.
Perséfone miraba divertida el espectáculo. Sentía que Shun merecía cada uno de esos golpes por rechazarla de tal manera. ¿Quién diría que Ébano, su guerrera más sádica lo castigaría de tal manera?
Ébano reía, y su risa estremecía a Shun. Dejo de atormentarlo por fin, dejándolo caer en el suelo.
—No es divertido si no luchas—dijo mientras lo pisaba en la cabeza— ¡Levántate cobarde!
Shun no se movió.
— ¿Ya te moriste?... ¿Tan rápido?...
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Ikki despertó. Al instante, sintió el dolor punzante en su cuerpo. Sintió que algo había cambiado. Levanto la vista y observo la horrorosa escena frente a sus ojos
— ¡Shun!
Ahí estaba su hermano, tendido en el suelo, inmóvil, herido, mientras Ébano lo golpeaba sin piedad. Ikki intento levantarse para ayudarlo, pero las cadenas en sus brazos se lo impidieron.
— ¡Shun, hermano!
— ¿Que? —se pregunto Ébano mientas miraba a Ikki con la cabeza ligeramente hacia el lado izquierdo— ¿Este niño es tu hermano?
— ¡Suéltalo desgraciada!
—Eso no se va a poder—Ébano levanto a Shun del suelo— Vas a ver morir a tu hermano en mis manos, y no podrá hacer nada— su rostro estaba desencajado, su mirada se volvió mas sádica y su sonrisa mas retorcida.
Ikki apretó los dientes, y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Se sentía inútil y débil, impotente por no poder salvar a su hermano, siendo testigo del profundo castigo que recibía.
— ¡Conserva esa expresión por favor! —Le grito Ébano a Ikki— ¡No sabes cuanto me diviertes! —los golpes sacudían violentamente el frágil cuerpo de Shun.
Ikki no podía soportarlo. No podía ver a Shun morir y no hacer nada. La tristeza lo ahogaba, y la impotencia le arrancaba todas la esperanzas que aun guardaba.
— ¡HERMANOOOOOOOOO!
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El grito de Ikki hizo reaccionar el cuerpo inerte de Shun. Reunió todas las fuerzas que le quedaban y abrió sus ojos. Su hermano lo miraba con lágrimas en los ojos, desesperado por encontrar la manera de ayudarlo.
—Ikki…hermano—susurro.
El dolor provocado por sus heridas evitaba que pensara con claridad. Estaba tendido en el suelo boca abajo. Ébano reía mientras observaba la agonía de ambos. Shun apretó uno de sus puños. Con las pocas fuerzas que le quedaban incendio de nuevo su cosmos, y con mucho esfuerzo y dolor se levanto del suelo.
— ¿Aun no mueres?... Perfecto, así podre divertirme más con ustedes dos.
Shun la miro con rabia. No podía soportar ver como lastimaba a su hermano.
—Voy a derrótate—dijo con un hilo de voz.
La sonrisa de Ébano se ensancho más.
—Veremos si eres capaz…
Los dos se atacaron al mismo tiempo. Ni Shun ni Ébano cedían, deseosos de obtener la victoria a como diera lugar, aunque sus propósitos fueran muy diferentes. En un choque de cosmos, los dos retrocedieron. Respiraban con fuerza, agotados.
—Ya me canse de juegos… ¡OLA DE SANGRE! — un poderoso ataque se dirigía hacia el. Era como una marea roja y nauseabunda.
Shun no sabía como defenderse. Al no poseer la cadena de circulo, estaba totalmente indefenso, y Ébano no le mostraría piedad; ella trataría de acabar con su vida en cualquier momento.
Dio un salto y rodo por el suelo, para evitar el ataque de Ébano, poniéndose de pie de inmediato.
—No intentes escapar, es inútil… tu vida esta en mis manos, Caballero de Athena— la mirada sádica de Ébano se poso sobre Shun
— ¡OLA DE MUERTE!
— ¡CADENA DE ANDROMEDA!
Los ataques se estrellaron con una velocidad increíble. Un grito de dolor se escucho en la distancia y un cuerpo cayo al suelo con estruendo, formando un camino sobre la arena del coliseo.
Ébano yacía en el suelo, completamente herida. Shun no pudo evitar sentirse culpable. Reparaba con dificultad, y mas heridas aparecieron en su cuerpo. Se acerco con timidez y esfuerzo hasta ella; tratando, de algún modo, salvarla.
—Me…has…derrotado…Quien lo diría—un hilo de sangre corrió por sus labios—Excelente, Andrómeda…— una lagrima rodo de sus ojos antes de que los cerrara por completo y para siempre.
Shun sintió un nudo en su garganta.
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Ikki miraba la escena entre orgulloso y triste. No era agradable asesinar inocentes, pero su pequeño hermano había comprendido que algunas veces era necesario. Se movió un poco para intentar liberarse, pero el profundo dolor se lo impidió. Alzo la mirada hasta el palco en donde Perséfone estaba, y una sonrisa burlona se formo en sus labios.
Perséfone apretó sus puños de rabia.
— ¡No es posible! —decía la diosa colerizada.
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Al instante, miles de insultos cayeron sobre Shun y varias guerreras intentaron golpearlo, pero se detuvieron atónitas, al momento de la llegada de una persona importante; su líder.
Maeve de Arpía caminaba hacia Shun. Las guerreras a su alrededor se apartaban, entre asustadas y alegres del terrible destino que le aguardaba a su rival. Perséfone sonrió, al fin podría cobrar venganza a aquel niño idiota.
Los paso de Maeve eran lentos y el metal negro de su armadura resonaba con cada movimiento. Su miraba era seria, carente de emoción o sentimiento alguno. Sus subordinas la animaban a matar a ese muchachito. Shun no se dejo intimidar. Pero había algo en ella que era… diferente.
Maeve se detuvo unos metros antes de llegar hacia el. Los gritos de guerra resonaban en el lugar.
Ikki no podía creerlo. ¿Cómo Maeve podía ser tan hipócrita? Se movió furioso para liberarse, pero le resulto inútil. Una mirada de odio se poso en Maeve.
Pasaban los minutos y Maeve no se movía un centímetro. El viento revolvía los cabellos de ambos, y parecía llevarse la tensión al mismo tiempo. Shun la observaba tratando de normalizar su respiración y preparándose para el combate. La mirad esmeralda y pura del chico se poso sobre la de Maeve. Unos profundos ojos azules lo miraban, de una manera reconfortante y llena de esperanza. De alguna manera podía sentir como ella lo comprendía y sentía el mismo dolor en el alma. En los rosados labios de la chica se formo una diminuta sonrisa de complicidad.
Maeve retomo su camino hasta llegar al lado del hombro derecho de Shun, se detuvo y dio una media vuelta.
—Muy bien malditas… ¿Qué esperan para atacar?
Continuara…
Notas de la autora: ¡Hola! :D Una disculpa por la mega tardanza y muchas gracias a todos los lectores que continúan leyendo esta historia.
Creo que me pase un poquito con la golpiza que le dieron a Shun, pero el como es muy valiente y poderoso se recuperara, ya lo verán. Espero que esta capitulo les haya agradado y que sea lo que esperaban de los combates. Como nota, agrego que Ébano es el nombre de un árbol, pero también significa "Belleza Obscura" de ahí el nombre de este personaje.
Tratare de continuar la historia lo mas pronto posible. Saludos. :)
