¡Holaaaaaa! Espero que estén bien, y que estén disfrutando el fin de semana claro. Ustedes saben que yo suelo actualizar estos días (viernes, sábado domingo), pero de vez en cuando me atraso. Bueno, hoy ya lo tenía listo y como vengo con atrasadas de antes no quise hacerlos esperar innecesariamente hasta el lunes o martes. ¡Así que acá está el cap!
Espero que lo disfruten. Muchas gracias por acompañarme, por hacerme publicidad en otras páginas (que las he visto, algunas en facebook por cierto, y me sorprendí bastante! xD) y por comentar los capítulos con su parecer. Incluso los anónimos, que no puedo contestarles (háganse una cuenta, vagos xD).
Por cierto, quería aprovechar el espacio para recomendar un fic: Se llama "La fragilidad de las Apariencias" de Nadesiko-san, una chica que honestamente no es una escritora super conocida o algo por el estilo, pero que gracias a Dios se animó a subir ese pedazo de fic (un poco la presioné, lo admito xD). Muy buena trama, muy palpable porque está cercana al manga: Sasuke es hokage (sustituto en realidad, porque Naruto está de viaje un tiempo como diplomático xD) y Sakura, tras largos años, se acercó mucho a él como antes y se convirtieron en buenos amigos de confianza. La cuestión es que un día llega una propuesta a Sakura de dejar la aldea para ser entrenadora en otra, y la oferta es muy generosa y tentadora. Ahí es cuando salen a flote los verdaderos sentimientos de Sasuke, y bueno, la indecisión en la que se encuentra Sakura, la impotencia, la indignación... ¡Es muy bueno! Esta chica supo captar muy bien la tensión sexual entre ambos xD Léanlo, ya casi lo termina.
Fuera de eso, los dejo leer el mío. Esperaré sus reviews con ansias :)
El desertor olvidado, parte II: Capitulo XII.
Sakura corría junto a Sasuke entre los árboles a una de las cuatro columnas con varios ninjas más. Tal y como dijo Shikamaru, todos se dividieron e iban a atacar simultáneamente. No tenían las habilidades mentales del clan Yamanaka de su lado, así que cada grupo debía intentar detener a los enemigos como pudiera o recabar la mayor cantidad de información posible sin poder comunicársela a los otros tres grupos. Sólo en caso de que fuere muy urgente se enviaría un shinobi veloz a avisar al grupo más cercano la noticia.
Toda la aldea había sido completamente evacuada con ayuda de Hinata, y todos estaban a salvo en las montañas encerrados en refugios, así que no hubo problema en que un quinto grupo de shinobis se dispersara entre la aldea y las casas de la gente por si encontraban algunos de los enemigos aislados del resto.
Los ninjas que conservaban sus habilidades fueron distribuidos entre todos los grupos para que tuvieran un punto de apoyo, ya que desgraciadamente determinados clanes sólo podrían valerse del taijutsu para sobrevivir. Sasuke comprobó que sólo poseía técnicas muy básicas, las primeras que había dominado en su niñez. Entre ellas estaba la bola de fuego y el chidori, también alguien le había prestado una katana que definitivamente no era de la calidad de la suya, pero era mejor que nada. Se sentía bastante inútil. ¿Cuánta ayuda iba a poder dar en ese estado? Su chakra se encontraba bloqueado, o al menos la parte más significativa de él… y no había nada que pudiera hacer, o al menos que él supiese.
Las kunoichis cortaron a la altura de las rodillas aquellos largos yukatas que les impedían moverse con facilidad. La Haruno tuvo que sacarse también las sandalias, no había tiempo de cambiarse. Iba a ir descalza, y prácticamente desnuda -en un vestido corto- a luchar. Sasuke la miró con reproche, pero no pudo decirle nada. ¿Qué podían hacer? No tenían opción. Él también se recortó un poco el yukata y se descalzó, pero la diferencia entre ambos era obvia. Mientras ella saltaba entre los árboles se podía divisar parte de sus muslos, y a pesar de lo critico de la situación, las miradas indiscretas no faltaban. Sólo bastó un ojeo oscuro, asesino y silencioso de Sasuke para que todos miraran al frente nada más, donde debían mirar, en vez del trasero de ella.
Sakura ignoraba todo aquello, sólo pensaba en lo que les esperaba. Todavía podía curar y usar su fuerza sobrehumana sin ningún problema. Ino también podía curar, pero las separaron porque no era lógico que las dos mejores ninjas médicos de la aldea estuvieran en el mismo grupo. Naruto y Kakashi también estaban separados. Los únicos que estaban juntos eran Sasuke y Sakura, con miembros de diversos clanes.
Ella tenía mil y una cosas que le pasaban por la mente, entre ellas estaba su hijo. Si llegaba a sucederle algo no sabía qué iba a hacer… sólo pensarlo le helaba la sangre, le quemaba la piel. Luego la aldea, su hogar, de nuevo tras tantos años siendo invadido… parecía un círculo vicioso de nunca acabar. ¿Cuándo podrían ser finalmente libres y felices, sin pensar en el pasado? Se sentía hastiada, pero la imagen de su hijo sonriéndole en su cabeza le decía que lo valía, que debía hacer el intento una última vez por él. Una última, última vez…
Unos dedos cálidos se entrelazaron con los de ella, electrificándole la piel, calentándole el corazón. Ella lo miró, él corría a su par aunque podía hacerlo mucho más rápido. La miró por un instante muy leve, muy pequeño, pero suficiente para que entendiera que él estaba con ella. Que esa vez era juntos o nada.
A medida que se acercaban en medio del bosque de manera sigilosa cada vez más al punto, podía divisarse una enorme torre de color negro, entreverándose entre la oscura noche. No tenía nada, ni ventanas ni puertas, sólo era una especie de tubo cilíndrico enorme. Sakura no había imaginado que fuese tan alta, porque sólo estando a metros de distancia podía distinguirse con la claridad suficiente como para dar cuenta de su altura: Aproximadamente diez metros de largo, y unos quince de ancho.
Pararon en las altas copas de unos árboles, escabulléndose entre las hojas veranéales y la oscuridad.
—¿Cómo trajeron esas cosas? ¿De qué están hechas? —preguntó en susurros Sakura. Una chica desconocida del clan Hyuga se acercó a ella.
—No las trajeron, las levantaron de la nada. Son invocaciones, mira —le señaló el suelo, la base de la torre. Se veían los bordes de los enormes pergaminos de donde habían surgido las majestuosas torres—. Hay un clan casi extinto en una aldea pequeña que se especializa en sellos bloqueadores de chakra. Mis ancestros recurrieron a ellos cuando mi clan aún se dividía en rama principal y secundaria, para desarrollar un sello único que limitara las habilidades de la segunda rama. Es evidente que necesitaron algo mucho más grande y elaborado que un simple sello para poder bloquear las habilidades del Hokage-sama y de los demás clanes. Han debido tardar años en desarrollar algo como esto…
—No recuerdo haberle hecho nada a ese clan —respondió el Uchiha, mirándola fijo y serio.
La muchacha le sonrió con mofa.
—Ellos venden sus servicios a quienes paguen buen dinero. ¿Crees que desarrollaron gratis ese sello para nosotros? Mi clan solía tratar seguido con ellos, pero desde que Neji-sama se adhirió a la rama principal, todo eso se acabó. El clan vive en una aldea muy pequeña con recursos limitados, y luego de la guerra perdieron grandes negocios con diversas aldeas. Además es un clan pequeño que ya casi no tiene integrantes… lo que ocurre aquí es evidente. Se vendieron por ti —le contestó sin parar de mirarlo.
—Se vendieron por necesidad o por alguna motivación especial, quién sabe —dijo repentinamente Shikamaru, acercándose a los tres. Sasuke dirigió sus ojos a él inmediatamente—. No sé qué tantos crímenes hayas cometido mientras nadie te observaba, Sasuke. Pero es evidente que todo esto va mucho más allá de una simple venganza…
—¿A qué te refieres? —preguntó Sakura. Shikamaru la miró, y entreabrió sus labios para contestarle, pero alguien lo interrumpió.
—¡Shikamaru, hemos contado quince hasta el momento, todos están dispersos alrededor de la torre! —le gritó alguien en un susurro desde más arriba. Shikamaru frunció el ceño, pensando.
—¿Qué están haciendo? —le preguntó. Aquel ninja tenía un panorama amplio de la situación, más que él.
—No hacen nada, sólo están parados, ni siquiera están en guardia —le contestó.
Todos se miraron confundidos entre sí. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? ¿Por qué tan tranquilos? Shikamaru no sabía qué pensar.
—¿Logras ver de qué aldea son? —le preguntó nuevamente el Nara. El ninja calló un momento, y luego volvió a hablar.
—¡Tienen bandas rojas con una cruz en el protector de metal! —exclamó.
—¿Una cruz…? —preguntó Sakura totalmente confundida. Nadie comprendía qué estaba pasando exactamente. De pronto Shikamaru abrió sus ojos más de la cuenta, sorprendiendo a todos a su alrededor.
Parecía conectar algo en su mente, pero nadie sabía qué. Hasta que, repentinamente, lanzó una piedra a uno de los hombres que estaba rodeando la torre. Sasuke se sorprendió al principio, pero inmediatamente ató los mismos cabos que Shikamaru y tragó saliva, esperando que la piedra cayera.
…Y la piedra atravesó al hombre como si se tratara de un holograma.
—¡Córranse de aquí, es una trampa! ¡Esos no son los enemigos, son clones! —les gritó a todos totalmente desesperado, saltando lejos de allí.
Sasuke aún sin sus habilidades comunes seguía siendo extremadamente rápido, así que tomó a Sakura de un brazo y se impulsó con ella, quien también concentró chakra en los pies dando a ambos aún más velocidad.
Dos o tres segundos después de hacer eso explotó todo el lugar donde se encontraban. Muchos de ellos quedaron atrás o no consiguieron salir a tiempo, y murieron. Entre ellos estaba la muchacha que previamente había explicado lo del clan que desarrollaba esos sellos.
Sakura cerró sus ojos angustiada y una fina lágrima de rencor e impotencia se deslizó por su mejilla, pero la secó inmediatamente. Cuando levantó la mirada unos veinte o treinta ninjas con las bandas rojas y las cruces cayeron de la nada. Estaban escondidos en otro lugar, esperando para atacar luego de que las bombas que habían impregnado dentro de los arboles estallaran.
Uno de ellos lucía distinto a los demás porque era más viejo, alto, corpulento y su cabello largo, y lacio recogido con una pequeña banda blanca tenía algunos mechones canosos en el medio. Usaba una armadura bordo oscura que muy pocos tenían, y en sus manos tenía una larga katana.
—Un samurái —informó con lógica Sakura.
—Excelente, al parecer esas torres bloqueadoras funcionan a la perfección —dijo con su ronca voz y una sonrisa prepotente aquel hombre, mirando a su alrededor—, ni siquiera han sido capaces de distinguir esos patéticos clones de los reales. Estábamos justo debajo de ustedes.
Sasuke frunció el ceño, absolutamente encabronado.
—¿Tú eres el líder de los idiotas que me buscan desde hace años? —le preguntó. El hombre quitó su sonrisa de inmediato y lo miró con odio.
—¿Acaso no me reconoces? —le preguntó— ¿Acaso no recuerdas a mis hijos… los que asesinaste antes de la guerra?
Sakura se mordió el labio inferior y tragó saliva. Observó levemente a su alrededor, ya todos los demás ninjas habían comenzado a luchar entre sí. Algunos eran samuráis, otros no. Pero todos llevaban aquellas bandas rojas con cruces en la cabeza, en el brazo, en el cuello.
Ella volvió a mirar al hombre, quien tenía clavados los ojos en ella como si fuera a devorarla en cualquier momento. Ni siquiera parpadeaba.
—A ti te hemos estado observando desde hace unos días, chiquilla… Por cierto, ¿dónde está tu hijo?
Ella dio un paso adelante en cuanto escuchó aquello, mirándolo con furia sin desviarle los ojos firmes y seguros. Si siquiera pensaba en hacerle algo a Itachi…
Sasuke le puso una mano delante, parándola sin mirarla aunque ella sí lo hizo, un poco confundida. Pero él era mucho más frío y calculador que ella, y sabía que no era la manera de atacar. Él sólo intentaba provocarla.
—Si lo que quieres es vengarte… adelante. Mírame. No tengo nada, no puedo usar más que lo básico en mí. No te preocupes, esta vez no correré, no los desviaré como siempre lo hago —lo desafió Sasuke, mirándolo fijamente. El hombre no contestaba, lo miraba con la misma seriedad.
—Sasuke… —quiso comenzar Sakura, pero él volvió a hablarle al samurái sin dejarla continuar.
—¿No querías matarme por lo que te hice pasar antes? Adelante. Ven. Estoy libre de trampas —le dijo, haciendo una pequeña pausa—. Lo único que quiero es que dejes que ella se vaya de aquí —finalizó con una voz tan inflexible que Sakura no lo podía creer.
¿Acaso planeaba dejarla fuera de ello? ¿La creía una inútil incapaz de luchar? Más bien era él quien debía tener cuidado. Ya no podía valerse del Susanoo, de sus invocaciones, del sharingan, de nada. ¿Qué pretendía? ¿Morir? ¿Intentarlo solo?
Ella sintió un calor de furia golpearle el pecho, y estuvo a punto de gritarle cuando aquel viejo samurái comenzó a reír a carcajadas estruendosas.
—¡Eres tan egocéntrico! —exclamó de repente, provocando la mirada de varios de los que estaban luchando en los alrededores, Shikamaru incluido— De verdad lo crees… ¿cierto? —le preguntó, ya bajando su risa.
Sasuke frunció el entrecejo confundido, a lo que el hombre respondió sacudiendo la cabeza.
—Eres bastante idiota para ser un genio, Sasuke Uchiha… ¡Crees que todo esto se trata sólo de ti!
—¿Acaso no es así? La única manera de derrotarme en uno a uno hubiese sido intentando bloquear mis habilidades de esta manera —le respondió el Uchiha.
—Tienes razón en eso. Al principio todo era por ti, sólo unos pocos nos reunimos luego de la guerra para salir en tu búsqueda, e incluso pusimos mucho dinero por quien tomara tu cabeza. Pero a medida que íbamos de pueblo en pueblo siguiéndote el rastro, nos íbamos encontrando con gente… gente desdichada, inconforme con la nueva política del gran héroe que todo lo perdona… ¡Oh, alabado Naruto-sama, quién le da miles de oportunidades a cualquiera sin dudarlo! ¡Gran mesías unificador de naciones! —Sakura y Sasuke intercambiaron miradas confundidos entre sí. Aquel hombre sonaba como un enfermo.
¿De qué iba todo eso?
—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó Sakura.
Él le clavó una mirada asesina y perturbadora.
—Con los años nos hemos ido organizando cada vez más y más… El reconocido Naruto tiene sus ideales… ¡Pues nosotros también tenemos los nuestros! Así que nos unimos con objetivos en común, ayudándonos entre nosotros. Todo ese parloteo barato de un niño que todo lo perdona… ¡¿Por qué demonios debemos seguir sus ideales?! ¡¿Por qué debemos perdonar a quien nos hizo tanto daño innecesario?! ¡¿Por qué todos debemos ser amigos, a pesar de que algunas aldeas han tenido profundas enemistades entre sí por siglos?! ¡Estamos hartos de vivir en la utopía de un niño estúpido! ¡Queremos sangre, venganza, poder dirigir al mundo según los ideales de los más fuertes!
—Son una jodida organización rebelde de golpistas —lo interrumpió Sakura con odio. Él la miró de inmediato con una furia incontenible.
—¿Golp…? ¡¿Golpistas!? —le gritó, enfurecido. Sasuke presionó sus dedos sobre el mango de la katana, preparándose para cualquier movimiento inesperado. Era evidente que ese hombre iba a estallar en cualquier momento— ¡Maldita perra! ¡Lo único que has hecho es follar con este imbécil y engendrar un asqueroso hijo suyo! —Sakura lo observaba con una ira impasible.
Sasuke cerró sus puños con fuerzas mientras lo oía gritar todas esas asquerosidades. Quería ahorcarlo con sus propias manos, luego pisar su cabeza y destrozársela con sus propios pies, y por último desintegrar su cuerpo con el fuego del amaterasu hasta que no fuera ni siquiera cenizas.
En el momento menos esperado, el tipo se abalanzó a ellos sacando la katana. Sakura ya estaba empezando a concentrar chakra en sus puños para destrozarlo con Sasuke, pero inesperadamente alguien desde debajo de la tierra la tomó y la empujó lejos para atacarla.
El Uchiha quiso correr a ayudarla de inmediato, pero la espada del samurái rozándole centímetros la cara le impidió hacer otra cosa que contra-atacarlo. Mientras, Sakura cayó de espaldas contra el tronco de un árbol. Una mujer igual de alta que ella con el rostro tapado con un pañuelo hasta los ojos y el cabello largo y castaño corría a ella para golpearla con los puños. Sakura se deslizó a un lado del árbol de inmediato, y la chica clavó su puño contra el tronco destrozándolo.
Los ojos de Sakura se expandieron al ver que tenía la misma capacidad de fuerza sobrehumana que ella.
—Sakura Haruno, médica de elite del cuerpo médico de Konoha, ninja del nivel luchador de un anbu de alto rango, sucesora y discípula de uno de los tres sannin y anterior hokage de Konoha: Tsunade-sama —le decía la chica mirándola con esos ojos oscuros que tenía y esa escalofriante voz femenina. Comenzó a correr de nuevo a ella, era increíblemente rápida.
Sakura volvió a esquivarla, y esta vez la chica le dio a un árbol incluso más grande.
—Madre de Itachi Haruno, amiga confidencial de la familia del actual hokage de Konoha, antigua compañera de equipo del ninja copia de la aldea y del desertor Sasuke Uchiha —volvía a decirle, volviendo a correr a ella. Sakura hizo una extraordinaria voltereta esta vez, pasándola por arriba y corriéndose varios metros de precaución.
—Veo que has hecho tu tarea, ¿acaso intentas ser como yo? —le preguntó con cierto sarcasmo la pelirrosa.
—No seré como tú —le respondió la mujer—. ¡Seré mejor que tú en el Nuevo Mundo! —gritó, intentando golpearla. Sakura la esquivaba con centímetros de diferencia. Quería contra-atacarla pero era demasiado rápida.
—¡¿Nuevo Mundo?! —le preguntó Sakura mientras saltaba sobre ella.
—¡Uno en el que nosotros gobernaremos todas las Naciones! —le respondió la otra.
Sakura cerró indignada sus ojos por un momento, continuando evadiéndola. Por un momento la chica fue más rápida y consiguió darle en el brazo izquierdo. Casi se lo fractura por completo.
La Haruno dejó escapar un pequeño grito de dolor, tomándoselo pero sin tener el tiempo de curar el golpe. Probablemente estaba fisurado.
Sasuke volteó a verla un momento cuando la oyó gemir, pero aquel hombre no le daba siquiera un respiro.
—¡Aquí está tu enemigo! ¡Esa zorra no durará mucho allí, así que deja de mirarla! —le gritó.
Ambos estaban espada contra espada. No había mucho más que Sasuke pudiera hacer. Aquel samurái realmente sabía lo que hacía. Era veloz, perspicaz, con una técnica impecable… y se notaba que había aguardado muchos años por ese momento. No le daba el tiempo necesario para electrificarlo o quemarlo, y con la armadura que llevaba puesta tampoco estaba seguro si iba a poder hacerlo.
Mientras tanto Sakura continuaba esquivando cada puñetazo y patada que aquella mujer intentaba darle, retrocediendo con el brazo totalmente adolorido. Sakura sabía que estaba dirigiéndose al punto exacto de la torre, pero la otra estaba tan concentrada en matarla que no miraba a donde iban. Cuando finalmente su espalda chocó contra la torre, se quedó unos segundos allí parada mirando a los oscuros ojos de su contrincante. La mujer se detuvo, a centímetros de distancia, posicionada amenazante.
—¿Te crees que eres la única con la capacidad de concentrar chakra perfecto? ¿Qué por haberte entrenado un sannin eres mejor que yo? Mirate… eres patética. Ni siquiera has podido contrarrestarme, aunque conservas todas tus habilidades sin bloquearse —le decía en una tonalidad invicta y desagradable. Sakura suspiraba mientras la escuchaba. La mujer se hartó, y finalmente concentró chakra en su puño derecho para estampárselo en la cabeza… o al menos eso intentó.
Sakura se corrió enseguida, y el puño de esa mujer se clavó directo en la torre de chakra. Un grito retumbó en toda la zona cuando se le destrozó toda la mano, cada hueso en ella. Se arrodilló en el suelo tomándosela y temblando. Sakura se acercó triunfante a ella.
—Quien sea que te haya entrenado olvidó decirte que la clave para ganar es no fanfarronear tanto tiempo innecesario frente a alguien que matarás de todas formas —le comunicó, agachándose a ella. Le puso la mano derecho en la nuca, presionándosela y obligándola a ponerse de pie—. Ni siquiera intentes hacer algo estúpido, romperé tu cuello en menos de un segundo —le advirtió, mirándola fijo mientras la mujer dejaba de resistirse.
—¿Qué quieres? —le preguntó finalmente, intentando articular palabras apenas.
—¿Cómo demonios funciona esa torre?
La mujer corrió la cara, dispuesta a morir para callar… o quizás no. Sakura hizo una presión tan fuerte en su cuello que estuvo a punto de rompérselo, por no decir arrancarlo.
—¡Está bien! —pidió, demostrando ser menos ruda de lo que parecía. Sakura aflojó el agarre, dejándola hablar— Si intentas golpearla, aún con tu fuerza, no la romperás. Mira, yo la rajé, pero me rompí la mano —Sakura observó y tenía razón, había conseguido hacerle una rajadura muy amplia pero casi inutil—. Sólo sé que es un metal especial, que absorbe determinados chakras. Es decir, los pergaminos tenían una lista de los chakras que la torre debía absorber y bloquear. Pero tienen un limite, así que técnicas como las tuyas no llegaron a almacenarse y por eso no están bloqueadas. Sólo se limitaron a los chakras más poderosos y amenazantes —le respondió la chica, y Sakura frunció el ceño enojada.
—¿Entonces cómo demonios hago que pare?
—No puedes, una vez levantadas sólo destruirlas es la manera de detenerlas, no pueden volver al pergamino —informó—. Y son tan duras que hacerlo es casi imposible, o al menos una sola persona —finalizó.
Sakura se quedó mirando un rato la torre, pensando con la chica tomada del cuello. Mientras lo hacía notó que el pañuelo se le deslizaba de la cara, y volteó a verla. Se sorprendió enormemente cuando vio que a pesar de tener ojos oscuros y tenebrosos, una voz adulta y un cuerpo como el de ella, no era más que una niña.
—¿Cuántos años tienes? —le preguntó, todavía en el asombro.
—Catorce —respondió ella. Sakura se quedó atontada, sumida en sus pensamientos. Una niña tan pequeña, en esa organización tan fría…
En la distracción la chica quiso volver a atacarla, pero Sakura la detuvo de una patada en las costillas que la envió metros lejos. Estampó su espalda contra un árbol, y cayó muerta. Era fuerte en el exterior… pero su cuerpo no parecía acostumbrado a soportar golpes de ese tamaño.
Sakura cerró los ojos indignada, pensando en lo manipulable que era la juventud, y en lo perversa que podía llegar a ser la gente adulta que se provechaba de los poco formados y vacilantes pensamientos de los niños o jóvenes. Naruto no había conseguido cambiar el mundo tanto como él quería hacerlo… algo en la superficie era distinto, pero la esencia siempre era la misma.
Luego observó a su alrededor, miró la torre y supo que con su fuerza no podría romperla… o al menos con su fuerza actual no podría hacerlo. Quizás había algo que podía funcionar, pero que no estaba segura de poder hacer. Se preguntaba cómo iban los demás grupos de lucha en los otros puntos de Konoha. ¿Acaso destruir una sola de las cuatro torres haría diferencia, o había que destruirlas todas? Estaba confundida, comenzaba a sudar… pero los ruidos de la batalla la volvieron a tierra.
Notando la lucha que todavía desprendía Sasuke, supo que tenía que ir a ayudarlo, y eso hizo. Corrió, llegando justo cuando el samurái iba a darle con la espada en el brazo. Ella lo detuvo con un kunai, provocando una mirada de sorpresa del Uchiha y una de furia del enemigo. Se había dado cuenta que aquella niña no había conseguido matarla como el creyó que lo haría. La había subestimado demasiado.
Sasuke aprovechó la distracción momentánea para intentar electrificar con el chidori al enemigo, sin conseguir ningún efecto sobre él.
—¡Eso no funcionará sobre mi armadura, niño idiota! —le gritó, riendo a carcajadas— ¡Qué bueno que has llegado, niña! Me ahorras el trabajo de ir a buscarte luego de matar a tu novio —le dijo a ella, mirándola fijo. Ella no respondió, pero se puso en posición adecuada para luchar a la par de Sasuke.
Ambos corrieron. Él con la katana en la mano, ella con un par de kunais y su fuerza sobrehumana. El samurái simplemente sacó otra espada de su espalda y comenzó una lucha contra ambos simultáneamente.
Mientras tanto, la sangre se desataba en todo el campo de batalla… tanto de compañeros como de enemigos.
