El manga/anime "Inuyasha" y todos sus personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi. Yo sólo los tomo prestados para participar en el Concurso de Navidad "Operación R.E.G.A.L.O." del foro "¡Siéntate!", en respuesta al deseo de Skyler Streat en la categoría de parejas crack.


Epílogo:
Familia
852 palabras

Inuyasha, como cualquier niño de tres años, disfrutaba jugar, retozar y gritar a todo pulmón, aunque tendía a ser desconfiado con aquellos que no conocía. Tampoco era muy apegado a Irasue, pues tendía a sentirse intimidado con su presencia sería y empoderada. Por esa razón debió costarle mucho el pedir su mano para poder balancearse a gusto con ayuda de las dos mujeres.

—Dame —le dijo y ella comprendió hasta que le vio agitando la mano de su madre, la que ya sostenía.

En medio de su camino de regreso de la escuela, el niño avanzó siendo columpiado por ambas, al mismo tiempo que soltaba sus carcajadas escandalosas.

Sesomaru tonto —él canturreó después de que el otro niño se negara a hacer lo mismo, porque él tenía nueve años, no era un «bebé cabeza hueca»—. ¡Tonto, tonto!

Inuyasha —Izayoi le reprendió suavemente, como siempre solía hacerlo. Ella estaba llena de paciencia y dulzura—. No le hables así a tu hermano.

Sesshoumaru iba adelante, caminado a paso veloz para evitar ser relacionado de alguna forma con el trío de inmaduros. Pero se detuvo y volteó a verles con una mueca de desagrado, tan marcado el gesto que la frente y nariz se arrugaron, dándole el aspecto de un pequeño anciano malhumorado. Al menos ya contaba con el cabello blanco.

—Él no es mi hermano —soltó, enojado.

—Su padre es el mismo —Irasue le recordó a su criatura hostil.

—Es el mismo —Inuyasha repitió, aunque no estaba del todo seguro.

Para él, su familia consistía a su madre, Irasue (la dueña de la casa donde vivían) y Sesshoumaru, aunque ese último siempre se la pasaba molestándolo y se negaba a jugar con él. Aún no era lo suficientemente mayor como para conocer cómo era que compartían padre, pero no madre. Sólo sabía que su papá, ese hombre alto de las fotos, debía estar en el cielo.

—No me importa —Sesshoumaru se cruzó de brazos y comenzó con su camino.

Irasue suspiró, luego negó con la cabeza.

—Qué triste, Izayoi —dijo, con ese tono de actuación falsa que usaba para molestarlo. De igual forma, buscó el consuelo dramatizado en los brazos de la mujer—. Este muchacho cada día es más complicado de tratar.

—Es normal, Sesshoumaru-kun está creciendo —Izayoi le siguió el juego, como siempre. Madres preocupadas por el cachorro descarriado.

—Locas.

—Ay, lastimas el corazón de tu madre —Irasue se limpió una lágrima imaginaria.

—Como si eso te importara —fue fácil saber que Sesshoumaru optaría por seguir ignorándolas el resto del camino, algo impensable para su madre que lo levantó en brazos—. ¡Suéltame!

—Claro que no. Extraño a mi bebé pequeño. Al menos era adorable —se aferró a él a pesar de sus movimientos frenéticos de manos y piernas.

—No seas tan mala con él —Izayoi se compadeció del niño que era arrullado en los brazos de su madre. Le sorprendió el que aún fuera capaz de hacerlo considerando cuánto había crecido.

—¡Seso es un bebé! —Inuyasha aprovechó la oportunidad para reírse de su hermano.

—¡Cállate, estúpido! —antes de que soltara algún otro improperio, Irasue le tapó la boca con la mano, lo que provocó que Inuyasha aplaudiera.

No se necesitaba ser un adivino para saber que Sesshoumaru dejaría de hablarle algunos días por haberlo avergonzado, aunque ella pensó que valdría la pena si con ello lograba deshacerse de esa careta de falsa madurez y de su enfado contenido. Prefería que se descargara en ella antes que en su medio hermano o en Izayoi, porque el niño era listo y ya podía hacerse de muchas ideas por sí solo y, antes que odiar a «los intrusos», podría vivir en un futuro donde su hijo sintiera cierto resentimiento hacia su molesta y excéntrica madre.

Sumergió sus dedos entre el cabello plateado, masajeando el cráneo de Sesshoumaru, y sintió cómo su cuerpo se soltaba. Su cabeza se acomodó en el hueco entre su cuello y su hombro.

Izayoi vio a través de su rostro indiferente, encontrándose con esas dudas que solían aparecer de vez en cuando —la gente jamás entendía sobre su familia, ¿por qué les parecía tan extraño el imaginarlo si se esforzaban como cualquiera?—. Con Inuyasha adormilado en sus brazos, se inclinó a un lado para provocar un pequeño choque entre ambas mujeres, un llamado de atención.

—Ey —le dijo, con esas sonrisas de muchacha entrometida—. Te ves más vieja haciendo esa cara.

Irasue soltó un resoplido.

—Querida, tus veintes no van a durar para siempre, disfrútalos —la supuesta envidia que destilaban esos ojos dorados fue más falsa que el jugueteo para Sesshoumaru. La estima infinita era evidente y, al parecer, contagiosa, pues la encontró igualmente en el color castaño.

Irasue dejó de buscar respuestas desde hacía mucho tiempo. No quería indagar con insistencia insana si existían razones ocultas en cada acción de Izayoi, en cada palabra dulce y tacto cariñoso que le otorgaba. No quería saber quién rondaba en su cabeza, a quién amaba más.

Estaba cansada de pensar demasiado. Hacerlo sólo le restaba oportunidades en la vida, y ella ya se había acostumbrado a sentirse plena.

«Fin


Y este fue el pequeño epílogo que se me ocurrió para este pequeño fic. Dejo a interpretación de cada uno el cómo terminaron las cosas entre Izayoi e Irasue, aunque, honestamente, yo imaginaré que algo pudo nacer además de una amistad *guiño, guiño*.

Con esto hemos terminado un deseo y también una especie de experimento —no puedo engañarme: ahora las shippeo—. Gracias a todos los que leyeron y dejaron un review, a pesar de la inestabilidad a la hora de actualizar, son unos amores y espero verlos en algún otro momento. También, si disfrutaron de la historia, pueden ir al link que está en mi perfil y votar por ella (o elegir alguna otra que les haya agradado. No es necesario pertenecer al foro).

¡Nos leemos pronto!