Mabel despertó para encontrarse con la mirada de Bill sobre ella. Estaba haciéndolo con cierta intensidad, memorizando cada facción de su rostro.

-Buenos días, Estrella Fugaz.- dijo, depositando un beso sobre su frente.

-Buenos días, Bill. ¿Estabas observándome mientras dormía?- Preguntó con una sonrisa.

-Te ves bonita cuando estas dormida.- respondió

-Aww.- Complacida, acercó su rostro al de él, juntado sus labios en un suave beso. -Muy bien, Casanova. Siempre sabes qué decir.-

Bill dio una sonrisa ladeada. -Es parte de mi encanto. Bien, levántate, tenemos que irnos.-

-Oh, es cierto.-

Se levantó rápidamente a empacar sus cosas, sacando una pequeña risa de Bill, al verla con la maleta en mano tan pronto.

-Eres rápida, incluso para arreglarte al mismo tiempo.- comentó, al observarla con un vestido de día y el cabello peinado. -Keyhole está abajo, ve, ya los alcanzo.-

Mabel asintió y se dirigió a la puerta principal. Cuando la abrió, se llevó la sorpresa cuando vio a un hombre a punto de golpear la puerta, quien sonrió con alegría al verla.

-Mabel...mi malvavisco.-

Ella se quedó mirándolo por dos segundos, el momento en que acercó su mano para tocarla, cerró la puerta de un portazo. Se abrió un par de segundos después, pero esta vez, Bill se encontraba ahí en vez de ella.

-Vaya, vaya, Gideon. ¿Qué te trae por aquí?- Preguntó con su sonrisa confiada de siempre.

-Corta con tu charlatanería de mierda, Cipher, devuélveme a mi Mabel.- respondió con una expresión de irritación en el rostro.

El rubio tildó su cabeza en confusión. -¿Mabel? ¿Cuál Mabel?-

-Pues Mabel Pines, quién más. Fue ella la que me recibió primero, no tú.-

-Debió ser tu imaginación.-

-¡Di que está aquí, no te hagas!- Gritó, perdiendo la paciencia.

Bill comenzó a reír, sosteniendo su estómago -¡Estás demente niño!- Dijo entre risas.

Gideon gruñó, sacando un revólver de su bolsillo, y lo empujó adentro del departamento al par que le apuntaba con el arma.

-¡Basta de juegos, Cipher! Dime dónde está...- paró de hablar cuando su visión periférica captó la imagen de alguien más en la habitación.

Giró lentamente para encontrarse con una Mabel asustada, para en un rincón de la habitación.

-Mi dulce Mabel.- habló con felicidad. -Y decías que estaba demente.- dirigiéndose a Bill.

-Hablas de ella como si fuera tu posesión. No lo es.- dijo el rubio.

Gideon arqueó una ceja. -¿Oh? ¿Y por qué dices eso? La conozco prácticamente desde que éramos niños ¿Por qué perdería el derecho de reclamarla como mía?-

La expresión de Bill cambió a una presumida. -Porque yo ya la reclamé.-

La cara del albino se volvió totalmente roja de ira. -¿Qué. Acabas. De. Decir?-

La sonrisa del rubio creció, haciendo contacto visual con Mabel. -Oh sí. La tuve en mi cama. La sensación de estar dentro de ella al par que grite tu nombre con desesperación, era increíble.- miró a los ojos azules del albino. -Pero tú nunca lo sabrás, ya que ella jamás abriría sus piernas para ti.-

-Maldición ¡Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí!- Regañó la castaña, cubriéndose su rostro con sus manos.

Gideon la ignoró. Olvidando por completo podía usar su arma, levantó un puño para golpear al rubio, pero éste fue más rápido, proporcionándole un rodillazo en la entrepierna, haciendo que lo suelte y caiga de rodillas al piso.

Bill fue directo junto a Mabel, tomándola del brazo y llevándola hacia la ventana.

-¿Q- qué hombre golpea a otro en las pelotas?- Escuchó la queja del albino.

El rubio volteó sonriente. –Yo.- para luego saltar por la ventana con Mabel, quien dejo salir un grito por la acción inesperada.

Gideon, sorprendido y asustado al mismo tiempo, se apresuró en levantarse e ir directo hacia la ventana. Para su confusión, no había por ningún lado rastros de la pareja
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Dipper despertó con un dolor de cabeza y algo de sabor a alcohol en la boca. Se dio cuenta de que después de manejar el asunto con Gideon, su pequeño amigo mental se llevó las botellas de Stan a su cuarto.

-¿Por qué dejo que las cosas pasen?- Dijo llevándose una mano a su frente.

"Vamos chico, no seas duro contigo mismo." Escuchó la voz en su cabeza. "Tienes que relajarte más, la vida es corta; disfrútala"

-¿Es por eso que te has tomado cuatro botellas enteras de ron?-

"Ey, estoy en tu cuerpo; ¿Por dónde quieres que me relaje?"

-Yo no te invité a estar en mi cuerpo.- murmuró Dipper.

"Pues aguántate"

Dipper dejó salir un sonido de frustración. -Eres peor que el tío Stan. Si eres parte de Bill, entonces no sé cómo le está haciendo Mabel para convivir con él.- dijo mientras se paraba frente al espejo para ver el reflejo de Bipper en él, sonriéndole burlonamente.

"Es obvio que le gusta mi asombrosa personalidad" se aduló a sí mismo, llevando una mano a la cabeza peinándose el cabello para atrás "Pero eso es solo parte de mi atractivo"

Dipper suspiró con exasperación dándole la espalda al espejo. -Me gustaría saber qué está haciendo, de hecho.-

"Creo que lo harás muy pronto"
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Al darse cuenta de que ya no estaba cayendo, Mabel miró a su alrededor, aún aferrada a Bill. Era un gran salón que parecía ser el lugar donde se reciben a las visitas en una mansión.

-Bienvenida a la mansión Cipher.- murmuró el rubio, separando sus manos de su cuerpo para ir a lanzarse a uno de los sofás.

-Así que este es tu hogar.- comentó.

-Solía serlo.- replicó.

Fue ahí cuando ella se dio cuenta de la expresión de decepción en su rostro.

-¿Qué ocurre?-

Bill suspiró. -Te dije que te ocultaras, Estrella Fugaz. Si lo hubieras hecho, no tendría que recurrir a una tele transportación.-

-Lo dices como si tus poderes fueran una condena.- respondió la chica, ganado una mirada de molestia por parte del rubio. -Lo siento ¿de acuerdo? Tuve curiosidad.-

-Sabes que la curiosidad mató al gato ¿no es así?- Comentó.

Mabel se volvió impasiva -¿Ah sí? Pues no eres el único que está molesto, Bill. Cuál fue la necesidad de decirle todas esas cosas a Gideon ¿Eh?- dijo cruzándose de brazos. -Sabes que soy nueva en ese tema, y me avergüenza hablar de ello.- admitió. -Pero no aprecio el hecho de que me hallas tratado como una premio que al has ganado.- murmuró.

-Tuve que hacer que se distraiga y lo sabes.- replicó Bill, levantándose y acercándose a ella.

Mabel se quedó callada por unos segundos.

-No quiero que vuelvas a hacerlo...- dijo con voz baja.

Él la rodeó con sus brazos, depositando su barbilla en su cabeza. -No lo haré.-

Estuvieron en esa situación por unos momentos hasta que el rubio habló.

-Escuché que hoy habrá una feria en el pueblo...me gustaría llevarte como compensación.-

Ella emitió un sonido como si lo pensara para luego sonreírle. -De acuerdo. Pero ahora... ¿no vas a mostrarme el lugar?- Dijo para volver a mirar a su alrededor. -No tiene ni una sola pizca de polvo para un lugar que ha estado deshabitado en años.-

Él entrelazó su brazo con el de ella, escoltándola fuera de la habitación. -Aún hay sirvientes viviendo aquí.-

Llegaron en medio del corredor principal, frente a las escaleras. Bill tomó una bocanada de aire y gritó: -¡He vuelto!-

Instantáneamente una docena de personas salieron corriendo como gallinas sin cabeza, formando una línea frente a la pareja.

-Bienvenido, señor Cipher.- dijeron en unísono, logrando hacer sonreír al rubio con satisfacción.

-Ella es la señorita Mabel Pines. Nos quedaremos aquí por un tiempo.-

Todos hicieron una reverencia. -Estamos a su servicio, señorita Pines.-

Mabel se impresionó por el respeto que ya le tenían y el nivel de autoridad que imponía Bill, que no supo que decir.

-Uno de ustedes, lleven su maleta al dormitorio principal. El resto: sigan con sus labores.-

Todos se dispersaron, dejando atrás a una mujer de cabello castaño claro, quien seguía en su mismo puesto. El rubio arqueó una ceja.

-¿Si?- Habló.

"¿No desea algún servicio de la cocina, señor Cipher?" Preguntó tímida.

Bill estaba a punto de responder hasta que escuchó el sonido viniendo del estómago de la castaña, quien se avergonzó un poco, inflando las mejillas. Ahí recordó que ninguno de los dos había desayunado.

-Sí. El desayuno estaría bien.- contestó.

La mujer asintió y se fue, dejándolos solos.

-Vaya que te tienen respeto.- comentó Mabel.

-Creo que más bien les infundo miedo.- replicó el rubio.

Ella rio sin vergüenza ganando una sonrisa del rubio. -Tienes razón, eres atemorizante. O al menos lo eras cuando te conocí.-

-¿Te daba miedo?- Preguntó divertido.

-Un poco, sí. Ahora eres todo lo contrario.- envolvió sus brazos alrededor de su cuello.

-¿A qué te refieres?- Dijo, siguiéndole el juego al reposar sus manos en su cintura.

-Eres adorable.- le dio un piquete en la nariz, haciéndolo fruncir el ceño.

-No lo soy.-

Ella rio, soltándolo y caminando hacia una puerta que llevaba al jardín del medio. -Ahí está mi punto de hecho.-

-¡No lo soy!- Repitió siguiéndola hacia el jardín.