13
Sólo un paso más, un único paso más al frente y Cindi es mía. Sin embargo, se ha que quedado quieta, dejándome un blanco dudoso, parece que se hubiese olido que corría peligro, ya que tiene el ceño fruncido y no para de revisar la zona una y otra vez, arqueando la ceja izquierda. Yo tengo el dedo posado delicadamente sobre el gatillo de la ballesta, preparada para cuándo se acerque y disparar por sorpresa, estoy lista para lo que pueda ocurrir. Daniel se muestra algo más nervioso, y eso que era él quién quería ir a por los profesionales, y ahora que le veo…, no parece el mismo chico decidido a acabar con esos cinco asesinos a sangre fría, está sudoroso y tiende a cerrar continuamente el ojo derecho, pero agarra su arma con firmeza. Los profesionales dirigen la vista a la fogata y entienden que se trata de una trampa, así que sacan sus armas y se agrupan en un círculo, tienen visión de todos los ángulos, de ninguna manera podríamos atacarlos por sorpresa, no si no se acercan más.
─Sean quienes sean, no tienen nada que hacer contra nosotros.─Dice Slade en tono burlón, seguro de que sería capaz de vencer a cualquiera que se pusiese en su contra.─Cualquiera que salga al frente, estará muerto, ¿entendido?
El séquito de Slade asiente de manera obediente, cómo si fuesen sus esclavos. Ni si quiera tienen personalidad para combatir por su cuenta, dan mucha pena.
De pronto, veo la atlética figura de Rebecca acercándose por detrás, sigilosa y discreta. Los profesionales no se han dado cuenta de que ella está justo detrás. ¿Pero qué hace ahí? ¿Por qué ha venido? Ella sola contra los cinco no tiene la más mínima oportunidad, y aunque yo la ayudase, no podríamos con todos, mi único objetivo es Cindi.
Rebecca se encuentra lo suficientemente cerca de ellos cómo para que la descubran, está en un sitio bastante descubierto, lo único que la oculta es un pequeño grupo de ramitas débiles a punto de caerse, pero no hace el más mínimo ruido, no se la oye en absoluto, y eso que el lugar está en completo silencio, se puede oír hasta el paso de los insectos en el asfalto.
Daniel y yo retrocedemos unos pasos atrás, al interior del quemado árbol que nos sirve de refugio y consideramos las diferentes opciones, ya que al aparecer Rebecca nos ha fastidiado el plan de atacar escondidos. Veo que Annie se da cuenta de la presencia de Rebecca, ya que señala a su dirección y ha sacado su látigo de espinas metálicas.
─¡Está ahí! ─ruge ella, corriendo en dirección a Rebecca, la cual sale corriendo, pero no en dirección opuesta, sino hacia Annie, con todas las intenciones de atacarla. Alza un cuchillo que anteriormente se había sacado del interior de su bota izquierda y se acerca cada vez más a Annie Espinosa. Ambas están a punto de colisionar la una contra la otra. Los otros cuatro siguen a Annie desde atrás y automáticamente disparo la flecha al centro de la palma de la mano de Cindi, que ha caído al suelo, provocando que sus tres compañeros choquen con ella y caigan también al suelo. La observo retorciéndose de dolor y buscando a la vez la culpable de provocar dicha dolencia. Daniel sin pensárselo dos veces, sale del escondrijo en el que estamos y corre hacia los profesionales, dispuesto a ayudar a Rebecca, que está enzarzada en una batalla con Annie. Yo aún medito sobre lo qué hacer, ya que mis posibilidades de seguir viva tras este enfrentamiento son mínimas, y mi hermano confía en volver a verme, no puedo permitirme morir ante la vista de mis seres queridos..., pero tampoco puedo dejar que se enfrenten ellos solos a los profesionales. Aúno valor para volver a cargar la ballesta y salir del escondrijo del árbol, corro, no tan velozmente cómo de costumbre, pero corro. Según voy acelerando, veo sus rostros más cercanos, por ello vuelvo a apuntar con la ballesta cargada, esta vez hacia Annie que está peligrosamente cerca de Rebecca. No me atrevo a dispararla en una zona mortal, por ello dirijo mi flecha a su hombro.
Me enfado conmigo misma, ya que estaba segura de que podría matarlos, pero me equivocaba, aún no estoy preparada, y si creo estarlo, algo me impide hacerlo.
Annie se arranca la flecha incrustada de su hombro y, cuándo estoy lo suficientemente cerca de ella, me derriba de un guantazo, haciendo caer mi cuerpo contra las rocas del suelo. Observo desde mi posición en el suelo la batalla cuero a cuerpo entre Rebecca y Annie, ambas ansiosas por usar su arma contra la otra. Me incorporo lentamente y poco a poco consigo levantarme, acto seguido me abalanzo sobre la espalda de Annie y consigo debilitarla obligándola a caer. Le proporciono un último golpe en el estómago con el frente de mi bota y agarro a Rebecca de la mano tirando de ella para alejarnos del lugar, no sin antes llamar a Daniel, que ha dejado noqueado a Slade.
─¡Déjame! ¡Tengo que acabar con ella! ─Me chilla en la cara antes de soltarse de mí con facilidad.
─¡No seas insensata! No durarías ni medio segundo contra todos ellos. Vámonos ahora que están débiles. Lo más seguro será buscar un nuevo refugio dónde escondernos. ─Le digo tratando de calmarla, lo cual resulta imposible, en este momento, esta chica sería capaz de desquiciar incluso al más sabio de entre todos los sabios.
─O podemos matarlos ahora y ni si quiera se darían cuenta.
─No podríamos con todos, ¡ahora vámonos! ─Le suplico una última vez, esperando que atienda a razones y se venga conmigo y Daniel, pero no, en vez de ello se vuelve a deshacer de mí y se arremete contra Annie, la cual se encuentra ya totalmente recuperada del débil golpe que le proporcioné. Tras levantarse, coge a Rebecca del cuello justo cuándo esta la iba a apuñalar, la desarma y se apodera del cuchillo, a su vez, la empuja contra las duras y afiladas rocas del suelo, que terminan por penetrar en su columna al choque. Ella se retuerce de dolor y lo expresa gritando una y otra vez. Annie parece disfrutar del momento. Esta roza el las piernas de Rebecca con su cuchillo, provocando algunos pequeños arañazos en los pantalones de cuero negro. Una vez que la piel se encuentra al descubierto, Annie hace un preciso corte en la piel de Rebecca, que intenta apartar a Annie, pero le resulta imposible, el dolor se lo impide. Podría acabar con Annie ahora mismo, tengo la ballesta en mano y cargada con una afilada flecha, pero me quedo paralizada observando la escena, contemplando lo que me puede ocurrir a mí dentro de poco si no actúo deprisa. Para cuando he decidido quitar a Annie de encima de Rebecca, ya es tarde. El próximo movimiento que la profesional del Distrito 10 es el de clavar el cuchillo de Rebecca en ella. He movido sólo la pierna derecha para empezar a correr y ahí me quedo, viendo el ágil y veloz brazo de Annie clavar el cuchillo en el costado de Rebecca, que poco a poco, deja de gritar y comienza a cerrar los ojos para sumarse al sueño eterno.
Lo podría haber evitado si hubiese matado a Annie en vez de dispararle únicamente al hombro, podría haber evitado la muerte de Rebecca. Lo peor de todo no es eso, sino que no siento nada, ahora mismo observo su cuerpo inmóvil y no siento nada, es cómo si no fuera humana. Ella me ha enseñado muchas cosas y, en parte, gracias a ella, soy un poco la guerrera que se encuentra en la arena de los Septuagésimo Séptimos Juegos del Hambre.
Annie me observa, aún con el cuchillo en mano, y comienza a levantarse. Me sigue vacilante, convencida de que la siguiente en morir seré yo, pero se equivoca. Daniel se ha tirado encima de ella, aplastándola contra el suelo con todo el peso de su cuerpo, dirijo la vista tras de él y veo a Slade aún inconsciente, o eso parece, en el suelo, y Cindi mal herida, aun intentando sacarse mi flecha de la palma de su mano. "Buen tiro, Samantha" pienso.
─¡Tenemos que irnos de…─ El empujón que Slade le propina a Daniel, enviándolo al menos a cinco metros de distancia me interrumpe a la vez que me asusta. Luego, cuando voy a ver cómo ha podido recorrer tanta distancia en tan poco tiempo, diviso a Cindi cogiendo el arco que me debería pertenecer y comienza a tensar la cuerda, llevando hasta atrás la flecha y apuntándome. Reacciono de inmediato, doy un salto hacia mi lado izquierdo, esquivando la flecha que ha sido disparada y tras caer al suelo, vuelvo a levantar rápidamente y comienzo a correr alejándome lo máximo posible de Cindi, a la vez que dejo solo a Daniel que aún se bate en duelo con Slade.
Las piernas están a punto de fallarme, no puedo correr más. Busco desesperada algún lugar dónde pueda hacer un alto y esconderme, pero todo ha quedado al descubierto al convertirse en cantera. Dirijo la vista hacia atrás y veo que Cindi está demasiado lejos y le llevará lo suyo llegar hasta mí, así que comienzo a correr más despacio y diviso a lo lejos una especie de pared echa de roca, cómo un saliente lo bastante largo y grueso para ocultarme, bueno, para ocultarme a mí y diez personas más. En cuánto llego, me escondo tras la gruesa roca, cierro los ojos y centro toda mí atención en escuchar los pasos de Cindi acercándose, por la intensidad y fuerza con que suenan, debe de estar a cinco segundos de mí, por ello preparo mi ballesta y comienzo a contar mentalmente; cinco, cuatro, tres, dos uno, ¡ahora! Utilizo mi ballesta para golpearla en la cara, haciéndola caerse bruscamente. Cindi se lleva las manos a la cara muy dolorida, pero aparta los quejidos dejándolos para otro momento y se levanta llorosa.
─Debías haber sabido que no te lo iba a poner fácil.─Digo vacilante a la vez que la apunto con la ballesta.
─Maldita hija de… ─dice llevándose la mano herida de antes a la nariz, que le ha comenzado a sangrar.
─Vaya, no parece que te encuentres en tu mejor momento.
─En cuánto acabe contigo estaré mejor que nunca, eso te lo aseguro.
─¿Qué habré hecho yo para caerte tan mal? Incluso recuerdo haberme intentado llevar bien contigo ─añado sarcástica.─Veo que habría cometido el mayor error de mi vida.
En ese preciso instante, Cindi corre hacia mí usando el arco cómo escudo, poniéndolo enfrente de su cara. Extiendo los brazos y agarro del arco, cogiéndolo con todas mis fuerzas y a la vez empujando a Cindi contra el suelo, haciendo que suelte el arco. Cuando se va a levantar la golpeo con el arma y aprovecho para coger el carcaj. Luego, me cuelgo el arco el hombro junto con el carcaj de flechas y continúo apuntándola con la ballesta. Pero, cuándo aparto un momento la vista para fijarme en cuantas flechas quedan en el carcaj, ella se levanta y huye hacia una colina. Yo opto por perseguirla. Alzo el brazo con la ballesta y la apunto, pero no puedo disparar, ya que no tengo un blanco fijo. La mayoría de ramas chamuscadas se hacen polvo al chocarse con mi rostro, me molesta bastante sentir esos pinchazos en la cara, eso me hace enfurecerme más y correr más deprisa para alcanzar a Cindi, que ya se encuentra en lo alto de la colina y, veo cuándo se apartan los arbustos, una especie de mansión roñosa y corroída, Cindi se adentra en ella. Cuándo yo he corrido lo suficiente y estoy frente a la mansión, me planteo dos veces el entrar. Me acerco un poco a la puerta, rozando con la mano el pomo oxidado gris, lo giro y abro la puerta, la cual hace el chirrido típico de las casas desgastadas. La puerta de mi casa solía sonar así.
Lo primero que veo al entrar es un amplio espacio, en el que se divisa una escalera, lo que querrá decir que habrá dos o más pisos, un gran salón, numerosas puertas y muchos ventanales.
Camino tratando de hacer el menor ruido posible, ya que los tablones de madera del suelo tienden a sonar continuamente. Observo las cortinas caídas de las ventanas de la entrada, parecen estar en muy mal estado. ¿De dónde habrán sacado esta casa? No comprendo qué sentido tiene haberla colocado en la arena.
Doy un par de pasos más al frente algo temblorosos, todo está muy silencioso y tranquilo, sin embargo, Cindi está aquí dentro, acechando para acabar conmigo en cualquier momento.
Recorro la entrada, pasando al enorme salón que está lleno de muebles antiguos, destrozados a más no poder. Los asientos están deshilachados y apenas se mantienen en pie, los gabinetes pegados a la pared están llenos de astillas y las vitrinas que hay junto a ellos, tienen los cristales a punto de estallar, completamente quebrados.
Me acerco a la barandilla de madera que me lleva hasta las escaleras que conducen al segundo piso, subo el primer escalón y alzo la vista para cerciorarme de que Cindi no está ahí. El segundo escalón que piso desprende un chirrido ahogado, aprieto los dientes y cierro los ojos con la esperanza de que no me haya oído, y parece ser que no lo ha hecho, así que subo medianamente tranquila, con el arco y la ballesta preparados.
En el segundo piso todas las puertas están abiertas, desde fuera se puede observar la claridad de cada habitación, incluso se divisan partes de la arena por lo ventanales y ventanas que hay. Dejo las escaleras atrás y observo que esta planta es algo menos espaciosa que la primera. De pronto, cuando me quedo observando el lugar, siento el peso de Cindi cayendo encima de mí, lo que provoca que me de muy bruscamente contra la madera del suelo. Al levantarme, se me traba el arco junto con el carcaj y me veo obligada a librarme de él, al menos por ahora. Completamente angustiada, cojo la ballesta y la pongo en dirección a Cindi, pero antes de poder disparar, ella ya me la ha tirado al suelo golpeándola fuertemente con la pierna, luego deja su cuerpo caer nuevamente contra el mío, ambas caemos escaleras abajo, ya que no he podido sostener a Cindi en peso. Me llevo varios golpes que en el momento me duelen una barbaridad, pero son soportables. A medida que caemos, trato de frenarme cogiéndome de la barandilla. Cuando logro mi objetivo, me levanto arduamente y antes de que lo haga Cindi, la empujo de una patada, obligándola a darse contra la pared. En eso, le intento acertar un codazo frontal, el cual ella detiene, acto seguido, la dejo sin aire de un rodillazo en el estómago, luego la empujo con fuerza hacia el salón, ella cae encima de una mesa de madera, la cual queda destrozada tras el impacto. Cindi consigue levantarse y golpearme haciéndome chocar con la baranda de madera. Me incorporo rápidamente y vuelvo a por ella, ambas caemos nuevamente al suelo, chocándonos contra todo lo que se encuentre en la casa y destrozándolo. Cindi consigue inmovilizarme sujetándome desde atrás, dejándome los brazos inutilizados, los cuales ella sujeta cómo puede, ya que trato de resistir su ataque, pero me es imposible, me ha sujetado bien.
─Despídete.
─Aún no has acabado conmigo ─comienzo diciendo, a la vez que trato de conseguir algo de tiempo para soltarme.
─Sólo eres una cría, no tienes nada que hacer contra mí. Ahora, es cuándo mueres…
─No…─añado, justo después, consigo liberar mi brazo derecho y dirijo mi codo con rapidez y fuerza a la cara de Cindi. El golpe le ha hecho el daño suficiente para que me suelte y se eche atrás. Subo corriendo por las escaleras y en cuánto veo el arco, salto hacia él, luego saco una flecha del carcaj y lo cargo. Apunto a Cindi, pero, nuevamente ha conseguido evitar que dispare, esta vez me ha empujado contra el ventanal de la planta de arriba y ambas lo atravesamos. Los cristales me hacen varios estropicios en la cara, ya que veo gotas de sangre en el aire. Cuándo caemos en el suelo, son más los vidrios que se me clavan en el cuerpo, pero aún así, me levanto y apunto a Cindi.
─Ahora, es cuándo mueres…─añado poco antes de disparar mi flecha en su cuerpo. El impacto es tal, que Cindi sale disparada, cayéndose del ventanal del balcón al suelo de la arena. Asomo la cabeza y ya puede apreciarse el charco de sangre rodeando su cuerpo.
He matado a alguien, para poder seguir viva he tenido que matar a otra persona. Dios, en qué me estoy convirtiendo.
