SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO Y POR EL NOMBRE "THE SECRET".

En caso de que se lo pregunten, Christian si está en el libro, solo que no se lo esperarán.

El gerente del Hyatt llego a las 5:00 PM, lo pasé a la oficina del Sr. Chasting y llamé para que les trajeran unos cafés y algún aperitivo.

El aviso de un correo nuevo hizo que rápidamente mirara hacia la computadora con la esperanza de que fuera Christian.

Pero no, era de Kate.

De: Kate Kavanagh

Para: Anastasia Stelle

Fecha: Jueves, 22/10/2015 5:27 PM

Asunto: Planes.

No me esperes despierta, saldré con Elliot. Te cuento cuando regrese…si regreso.

Kate.

Creo que hoy iba a dormir sola en el apartamento.

De: Anastasia Stelle

Para: Kate Kavanagh

Fecha: Jueves, 22/10/2015 5:29 PM

Asunto: Diviértete.

Disfruta tu salida.

Ana.

El reloj marcaba las 6:30 PM. Aún no habían terminado la reunión así que me levanté y fui por un café y un aperitivo de la máquina que había en el pasillo. Cuando regresaba, el Sr. Williams salía de la oficina.

—Buenas noches Srta. Stelle.

—Buenas noches. — le contesté mientras el teléfono sonaba y él se perdía por el pasillo.

—Diga Sr. Chasting. —contesté al ver la pantalla.

—Venga a la oficina por favor. —dijo colgando el teléfono.

Abrí la puerta de su oficina y él me hizo una seña para que me sentara frente a él. Se había quitado la americana y se encontraba recostado a su escritorio.

—El Sr. Williams necesita una actualización de todo el sistema de seguridad de su hotel. Según me estuvo informando han tenido problemas con su sistema actual. — dijo mientras caminaba por la oficina y yo tomaba nota.

—Sí, tengo entendido que ya es obsoleto. —al menos lo es para él, no tenía ni dos años de instalado.

—Exacto. Me ha pedido que le envíe una selección de lo mejor en sistemas de seguridad para ver si le interesa.

— ¿Va a hacer una instalación general?

—Si, necesitaré esto lo antes posible.

—Si Sr. Chasting, me pondré en ello ahora mismo. —le contesté mientras me levantaba de la silla.

—Que tal a primera hora de la mañana. —dijo mientras miraba su reloj. — Es hora de marcharnos. —el Sr. Chasting fue hasta su silla. — Recoja sus cosas. — me dijo mientras se ponía su chaqueta y yo salía de la oficina.

Cogí mi bolso y guardé en él la caja con el vestido que no era muy grande pero sobresalía un poco en este.

— ¿Lista?— me preguntó mientras yo asentía con la cabeza. —Vamos entonces. — me dijo señalando para que fuera adelante.

Al llegar al ascensor presioné el botón y las puertas se abrieron de inmediato. Entramos y presioné PB mientras me recostaba a la pared. El Sr. Chasting se encontraba recostado a la pared opuesta. Mirándome. Y me quedé mirándolo fijamente preguntándome que estaría pensando.

— ¿Sabe porque estoy recostado en esta pared? —me preguntó mirándome fijamente.

Y no sé porque me dio la impresión de que no me iba a gustar la respuesta que me iba a dar.

—No lo sé. —le contesté insegura y nerviosa mientras sentía un nudo formándose en mi garganta y cientos de mariposas comenzar a revolotear en mi estomago.

—Porque sé que si me acerco a ti una vez más, no voy a ser capaz de controlarme.

— ¿Controlarse? —la pregunta salió de mis labios sin siquiera yo percatarme.

—Si Anastasia, controlarme. —creo que lo mejor sería que no abriera más mi boca.

La forma en que su lengua acarició mi nombre me había hecho temblar completamente. Las mariposas ahora revoloteaban más que antes y sentía que mis piernas no iban a aguantar mi peso. Me acomodé los espejuelos y metí un mechón de pelo detrás de mi oreja. Estaba nerviosa, muy nerviosa.

Sabía lo que haría a continuación. Lo había leído en muchas novelas y visto en cientos de películas. Me acorralaría contra la pared del ascensor y mientras colocaba una mano en mi cuello, acercaría sus labios a los míos y me besaría apasionadamente hasta dejarme sin sentido.

Pero en cambio, se acercó lentamente hasta donde yo estaba y se detuvo frente a mí.

Su estatura imponente eclipsando la mía. Tuve que levantar la vista para mirarlo a los ojos. Y fue un error hacerlo, porque al verme reflejada en el azul tan intenso de su mirada sentí que iba a desfallecer de un momento a otro y el tendría que levantarme del suelo entre sus brazos...una vez más.

—Tengo que controlarme de acariciar tu cabello... — dijo mientras me colocaba otro mechón detrás de la oreja. —...tu rostro... — su mano se deslizó por mi mejilla lentamente. Era suave y cálida. Mi corazón latía desenfrenado en mi pecho mientras yo trataba de controlar mi errática respiración. —...tus labios... — continuaba mientras sus dedos recorrían el contorno de mi boca.

Cerré mis ojos mientras su toque enviaba cientos de descargas por toda mi piel y el calor se acumulaba mucho más intenso entre mis piernas, excitándome cada vez más con sus caricias, deseando que me besara, me desnudara y me poseyera allí mismo, y de una vez por todas terminara con aquella dulce tortura.

Pero no sucedía nada, abrí mis ojos y el Sr. Chasting me miraba fijamente.

— ¿No vas a besarme? —le pregunté atrevidamente entrecerrando lo ojos.

El me sonrió lascivamente. El muy cabrón sabía lo que acababa de hacerme con su toque experto.

—Quiero advertirte primero.

— ¿Advertirme?—inquirí con curiosidad.

—Voy a ser honesto contigo Anastasia, si te beso, voy a querer acostarme contigo. Pero no me acuesto con la misma mujer más de una vez. No me interesa el romance, o una relación. —yo no podía creer lo que él me estaba diciendo. ¿De qué planeta era una persona que no le interesaba una relación? —Entonces te pregunto. ¿Quieres acostarte conmigo?

¿Quiero acostarme con él? Eso no tenía ni que preguntarlo, quien no querría hacerlo. Pero no con esas condiciones. No quería volver a ser el juguete de alguien. Además sabía que si me acostaba con él una vez, lo iba a querer hacer nuevamente. Por no decir que rompería mí juramento de no salir con nadie que trabaje conmigo. Aunque si él quisiera una relación estaría dispuesta a romper mi juramento.

Dios, que enredo.

Lo deseo...lo deseo...lo deseo...

Cada poro de mi cuerpo me lo grita.

A quien voy a engañar, si estoy necesitada, necesito un hombre de verdad que caliente mi cama, no como el que tengo en el final de la segunda gaveta de mi mesita de noches, y que es a baterías.

Sí, estamos en el siglo XXI, tengo un consolador, quien no, cualquier mujer que se respete debería tener uno.

Pero no pienso sucumbir a su oferta. Al menos no por el momento.

—Lo siento Sr. Chasting, pero creo que usted se ha equivocado conmigo. A mí sí me interesa el romance. No puedo acostarme con usted por mucho que me atraiga a menos que esté interesado en tener una relación conmigo. —le dije mientras sentía que mi corazón se salía de mi pecho.

En ese momento recordé a Christian, a él si le interesaba el romance. Me lo había demostrado con la rosa y el vestido. Una relación con él era más real que la que el Sr. Chasting me ofrecía. Quizás si no existiera Christian, no me lo pensaría dos veces y me acostaría con mi ardiente y sexy jefe aunque fuera solo una noche.

No, creo que ni de esa forma pondría en juego mis sentimientos y mi corazón solo por un revolcón de una noche.

— ¿Te atraigo? — inquirió levantando una ceja.

Yo y mi bocota. Nunca aprendo a quedarme callada.

—Olvide lo que dije. —en ese momento las puertas del ascensor se abrieron y salí rápidamente de allí.

Podía sentir sus pasos firmes y seguros sobre el mármol mientras me seguía afuera. Llegué a mi auto y el tiró de mi mano para girarme.

—Sabes, tengo un fuerte poder de convencimiento. —me dijo mientras sonreía levemente dando un paso hacia delante y haciéndome retroceder hasta quedar pegada a mi auto.

Puso sus manos a ambos lados de mi auto acorralándome con su cuerpo imponente y su intensa mirada. En ese momento me sentí indefensa. Y por un momento volví a pensar en su oferta.

No, creo que no sería lo mejor.

—No lo dudo. No quiero ni pensar cuantas mujeres han pasado por su cama. Ahora si me disculpa, debo marcharme. Buenas noches. —le dije mientras quitaba uno de sus brazos y salía de allí dando la vuelta para subirme al auto.

—No me conoces Anastasia, pero en poco más de una semana voy a tenerte en mi cama. —me dijo muy seguro de sí mismo.

Dios que insistente era.

—Buenas noches Sr. Chasting. —le dije mientras entraba en mi auto dejándolo parado en la acera.

Tenía que ser fuerte, no podía dejarme llevar. Tendría que concentrarme en el trabajo y olvidarme de él. No iba a caer en su estúpido juego. Sabía que iba a hacer hasta lo imposible para que me acostara con él. Pero por mucho que yo quisiera, aún no estaba preparada para que me desilusionaran y me rompieran el corazón una vez más.