Cuando toda la gente hubo guardado silencio, el hombre levantó el hacha por encima de su cabeza, preparándose para dar un golpe seco y definitivo. La princesa, que estaba allí con la pequeña, no pudo evitar volver la mirada para no presenciar esa terrible situación.
Sonic miró al mar, se relajó y cerró los ojos, convenciéndose de que no los volvería a abrir nunca más... Pero los volvió a abrir... cuando escuchó, a lo lejos, el rugido de una bestia. Todo el pueblo se quedó mirando al cielo hasta que... ¡Gawain! ¡Iba montado en su dragón! ¡Qué oportuno! La gente corría y gritaba de pánico.
Sonic sabía que no iba a tener otro momento como ese para escapar, así que decidió aprovecharlo: Se levantó y, rápido como el rayo, le soltó un golpe al encapuchado de negro en plena boca, que estaba distraído contemplando el vuelo del enorme dragón. Entonces, cuando la criatura voladora hubo descendido lo suficiente, dio un salto y, ágilmente, consiguió situarse al lado de Gawain.
- ¡Espera! ¡Para! - gritó Sonic al ver que Gawain dirigía su dragón hacia el sentido opuesto del reino.
Al ver que no le oía con tanto barullo, el erizo agarró las riendas e hizo que el animal volara hacia Elise. La princesa, que había comprendido sus intenciones, estiró los brazos y... le entregó al bebé. Toda la gente miraba el vuelo de Sonic y Gawain hasta que se convirtieron en un punto en el horizonte.
"Suerte... Sonic" pensó la princesa con la mirada puesta en el infinito.
Sonic y Gawain se pararon a descansar en el interior de un bosquecillo. Se mantenían calientes gracias al calor corporal que producía el dragón.
La niña dormía en los brazos de Sonic, y Gawain la observaba.
- Precioso bebé - comentó el equidna.
- ¿Cómo pudiste ser tan oportuno? ¿Cómo sabías lo que iba a pasar? - preguntó Sonic de repente.
- Veréis, me documenté de las consecuencias que tendría juntar un erizo con un humano y, al conocer los resultados, supe que os traería graves problemas. Cogí mi dragón y vine lo más rápido que pude. Y parece que llegué a tiempo.
- Sí que lo hiciste, amigo. Te recompensaré de esto cuando pueda. Te lo prometo. Por cierto, ¿quién está vigilando Camelot?
- Pues... ahora mismo... nadie.
- ¿¡Qué has dicho!
- ¡No os enfadéis, mi señor! Estoy seguro de que a vuestras gentes no les ha pasado nada.
Sonic se quedó pensativo un momento.
- Deberíamos ir a comprobarlo - dijo levantándose - En Camelot estaremos refugiados. Además, creo que Elise tiene hambre.
* * *
En la habitación de la princesa, Elise y su padrastro discutían:
- ¿¡Por qué, Elise! - rugió el rey Etüs, que estaba más enfadado que nunca - ¿¡Por qué tuviste que elegir a un ser tan despreciable como ese erizo!
- ¡Él no es como tú piensas! No es justo que no lo aceptes sólo porque sea diferente.
- ¡No ha traído más que problemas desde que llegó! ¡Soy tu padre y te digo que te casarás con el príncipe Marcus!
- ¡No puedes separarnos! ¡Yo amo a Sonic y tú no eres mi padre!
El rey le pegó una bofetada con la intención de que midiera sus palabras.
- No volveremos a hablar más de esto - prosiguió el rey - Te casarás con Marcus y olvidarás a ese erizo. Y no se hable más.
"Sonic... ¿dónde estás?" pensó la princesa cuando el rey hubo abandonado la habitación.
* * *
Había caído la noche y, en Camelot, Sonic y Gawain dialogaban dentro del castillo.
- Y... ¿vais a volver a Etsilium?- preguntó Gawain.
- No sé qué hacer. Si me quedo aquí, es seguro que moriré: el rey Etüs ya le habrá puesto precio a mi cabeza y sus hombres me estarán buscando. Además, ahora mismo estoy desarmado: antes de que me encerraran en las mazmorras, me quitaron el caballo, la armadura y la espada.
- Estoy seguro de que Caliburn estará bien. Es la única espada que conozco que puede defenderse sola.
- Yo también estoy seguro de eso, Gawain... ¿Tú crees... que debería volver a Etsilium?
- Bueno... yo pienso que es peligroso. Ahora sois un fugitivo. Y aunque consiguierais llegar, el rey nunca os dejaría desposaros con la princesa.
- Eso lo sé... pero yo la quiero.
- Lo sé, mi señor. Pero vos sois el rey de Camelot y ahora sois padre. No podéis ser también príncipe de Etsilium.
Después de pensarlo un poco, Sonic dijo:
- ¿Ah, no? ¿No había una ley que decía que si se casaban dos reinos distintos, éstos se unían?
- Sí, pero eso sólo vale con una princesa y un príncipe, no con una princesa y un rey. Aunque, si vos os pudierais casar con la princesa Elise, Camelot no tendría más problemas. ¡Nuestro pueblo no derramaría más sangre! ¡Estaría más protegido!
- Haz las maletas, Gawain. Partiremos al amanecer. Voy a reinventar las reglas...
