UTOPÍA DE AMOR

¡El final! Sé que quizás muchos están esperando otra cosa pero ésto es lo que salió de mis ideas.


Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.


PLANES Y MÁS PLANES

Severus miró a cada uno de los presentes con fijeza tras dar por finalizada su primera reunión entre personal del colegio siendo él el director. Minerva también estaba presente a pedido de él como colaboradora. Lo había presentado oficialmente delante de todo como nuevo director y, para su sorpresa, se lo habían tomado demasiado bien. Lo felicitaron educadamente y los más atrevidos le dieron una palmada en el hombro. Hermione sólo lo contempló desde una distancia prudente y le sonrió orgullosamente, haciéndolo sentir orgulloso de sí mismo por el simple hecho de saber que ella era feliz con eso. Una muestra de afecto recatada que él supo apreciar.

Hacía tiempo que todos sabían que ambos estaban en una relación, especialmente después de que los dos trogloditas que ella tenía por amigos fueron quejándose delante de todo el mundo que esas vacaciones su querida amiga había ido a pasar unas cuantas semanas en la casa del murciélago grasiento. Tan sólo rememorar esos días en que su mayor preocupación era descubrir tácticas de cómo mantener por más tiempo a Hermione en la cama, lograba que una mueca, algo muy parecido a una sonrisa, tirara de sus labios.

—Supongo que ahora estarás feliz—escuchó que alguien le decía detrás de él.

Severus se giró con lentitud, absteniéndose de lanzar algún insulto. Sin importar el trato que hubiese hecho el año anterior, no pensaba aguantar a Malfoy si se comportaba como un ridículo crío.

—¿Por qué supone eso?

El joven rubio se encogió de hombros.

—Simple deducción—dijo con burla mientras lanzaba una mirada a Hermione, quien en ese momento salía de la sala, seguramente a sus aposentos para disfrutar del último día en el que el castillo estaría vacío de alumnos.

La siguió con la mirada y pudo captar cómo ella le giñaba un ojo disimuladamente. Severus tragó saliva pero mantuvo su fría expresión para Malfoy.

—Deduzca lo que se le antoje. Ahora, si me disculpa, debo hacer algo importante…—se excusó para seguirla con prontitud.

Draco rodó los ojos. Snape era un maldito afortunado. Tantos años desprestigiando a esa chica por su inteligencia y ahora no sólo ella lo había perdonado sino que también le daba una buena ración de sexo.

Varios profesores también se fueron marchando lentamente, hablando entre ellos, hasta que sólo quedaron unos pocos.

—¿Ya se han marchado?—escuchó que preguntaba Minerva en voz baja.

Él asintió de mala gana.

—¡Bien! Realmente debemos felicitarnos, ¿No creen?—inquirió la anciana mujer—Hicimos un buen trabajo.

—Demasiado bueno—comentó madame Prince con los labios apretados en disgusto.

Draco tuvo que contener la risa. Claro, a la seria Irma no le gustó nada descubrir a ese par haciendo cosas "sucias" en su preciada biblioteca. Aunque él no la podía culpar, por su parte no le gustaría tener que ver a Severus con los pantalones en los tobillos.

—Pero aún no hemos terminado—dijo Minerva sin hacer caso al comentario de la bibliotecaria.

—¿Aun no?—preguntó Slughorn con sorpresa—Pero, ya están juntos y eso es lo que queríamos conseguir. Yo me convertí en un viejo libidinoso y coqueteé con Hermione para poner a Severus celoso, Sybill hizo una falsa predicción, Malfoy una apuesta ridícula y tú los obligaste a pasar más tiempo juntos en las rondas y reuniones… ¿No fue eso suficiente?

—Y mi relación con la señorita Granger no mejoró a pesar de que hice una predicción que finalmente resultó ser cierta—indicó Sybill como si lamentara ese hecho—Por el contrario, parece aún más enfadada.

—Sólo porque has puesto el dedo en la llaga—indicó Malfoy—Ella jamás creyó en eso y ahora resulta que lo que le dijiste que sucedería, sucedió.

—El señor Malfoy tiene razón Sybill, pero no debes preocuparte, Hermione no tiene nada en contra de tu persona—la tranquilizó Minerva.

Pero la profesora de Adivinación no quedó conforme con lo que acababa de oír.

—Es igual. Ella no cree en la Adivinación. Su ojo interior ha sido cerrado herméticamente, lo que la imposibilita para comprender completamente los misterios del universo.

—Tal vez con una nueva predicción de tu parte logres convencerla—comentó Minerva con suavidad.

Todos estaban atentos a las palabras de la directora más por curiosidad que por verdadero interés en participar en un nuevo y loco plan.

—¿Qué clase de predicción?—quiso saber la profesora.

—Una que le dé a entender lo hermoso que sería realizar una boda en este castillo, con el sol cayendo, frente al lago negro…

—¡¿Y después de eso qué seguirá?!—preguntó un anonadado y algo turbado Draco Malfoy—¿Pequeños con ojos negros y arbustos en la cabeza? ¡No, eso sí que no! ¡Ya nos metimos lo suficiente en eso como para hacerlo aún más!

Slughorn se aclaró la garganta suavemente para llamar la atención de los presentes después de aquel arrebato del joven Malfoy.

—Si me permite, creo que una situación así sería maravillosa. ¡¿Imaginan lo inteligente de esos niños?! Sería un placer ser algún día su profesor…

Claro, pensó Draco con molestia, a Slughorn sólo le interesaba colocar unas cuantas fotografías más en su preciada repisa.

—Y una boda no estaría mal… ¿Yo podría auspiciarla?—preguntó esperanzada Sybill.

Minerva dudó pero siempre mantuvo una sonrisa, aunque forzada, en su boca.

—Podremos hablarlo con ambos cuando él le haya propuesto matrimonio.

—¡Entonces cuente conmigo!—exclamó.

—¡Y conmigo!—añadió el Slughorn.

Madame Prince no comentó nada.

—¿Querida Irma?—preguntó Minerva, contemplando suplicante—Recuerda que ambos fueron muy cuidadosos cuando sacaron libros de la biblioteca del colegio… Por favor…

—No haré nada para ayudarlos, como la vez anterior, pero prometo no decirles nada al respecto a ese par.

—Gracias—le dijo la antigua directora sabiendo que eso sería suficiente.

Ahora fue el turno de mirar al nuevo practicante de Severus.

—No—dijo rotundamente Malfoy—Si alguno de los dos se llega a enterar en lo que estuve involucrado me asesinarán… ¡Esta vez no me involucrarán!

—¿Y si te prometo que te dejaré restar todo los puntos que quieras desde el primer día de clases?—inquirió Minerva.

Draco lo pensó unos momentos porque la idea le resultaba muy tentadora. Nada mejor para un Malfoy que presumir de su poder.

—No lo haré—dijo finalmente, negando con la cabeza—¡Moriré si se enteran y… me quedaré sin trabajo!

—¡Nadie se los dirá, querido!—exclamó Minerva—Por favor, Malfoy… Sólo quiero que le sugieras algunas ideas a Severus, nada más… Y si tanto temes perder tu trabajo, recuerda que yo aún tengo influencia sobre las decisiones de Snape…

Draco apretó los labios con disgusto.

—¡Bien!—gruñó—¡Pero no me involucrarán en nada más!

Todos lo vieron salir con las manos apretadas en puño y lo oyeron maldecir por lo bajo. Minerva suspiró con resignación.

—Estos Slytherin… A veces olvidan que llevo años trabajando en este colegio y que sé muy bien cómo manipularlos...—comentó antes de volver a ver a todos los presentes—Por cierto, ¿Alguno de ustedes sabe qué fue de la señorita Lovegood? Estoy seguro que a Draco le gustaría volver a verla.

Y así, por unos momentos más, aquella reunión "secreta" continuó con Minerva poniendo en marcha ya no sólo un plan de boda sino también uno nuevo para unir a dos persona que ni en los sueños más remotos de los demás podrían estar presentes.