Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Contiene texto explícito. Inspirada nuevamente en la canción Beso de Josean Log.

Capitulo final Sagitario.

(Erase una vez la autora Lu y Aioros que se querían mucho y una cosa llevo a la otra y …)

- ¡Lu! - (gritan todos los santos regañándola tras su celda.)

- ¡Muy bien, ya entendí, chin#$$!m...¡ya voy, ya voy!…A continuación este fic final del arquero, disfrútenlo lectores.

Aioros de Sagitario y Seika

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Aioros despertó aun en plena madrugada y parpadeo un par de veces ante el calor abrumador de su habitación, removiéndose las sabanas y notando aquella silueta fina a su lado que le daba la espalda, sonriendo ante ella y recordando momentáneamente lo bello que había sido tocar su piel aquella madrugada. Se puso de pie de la cama en busca de un vaso de agua en las penumbras dela noche, no sin antes remover los mechones castaños de la femenina silueta y besar su mejilla tiernamente antes de abandonarle.

Tomo su ropa interior del suelo y descalzo avanzo hasta el mueble donde reposaba una jarra de agua y desde aquel sitio, se dedicó a observar a la joven que le acompañaba esa noche y como un mismo vaso de agua como el que sostenía en su mano, le había llevado hasta ella y cambiado todo.

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Toda aquella historia comenzó una tarde sin que nadie se lo advirtiera mientras él acomodaba las provisiones recién traídas por sus doncellas en la cocina de su privado. La paz y calma reinaba en aquella tranquila tarde, hasta que algo sucedió.

Aioria junto a Marín y Seiya arribaron a su Templo improvisadamente con algunas bolsas que contenían un sinfín de botanas y alimentos. Aioros lo había olvidado como lo hacía últimamente con muchas cosas, aquel día era su cumpleaños.

El arquero al sentir la presencia de visitantes en su Templo, salió de la cocina a recibirles y se sorprendió al ver un enorme pastel de chocolate en manos de Marín, algunas bolsas de comida y regalos tapando la figura de su hermano, así como una enorme extraña mochila que portaba el caballero Pegaso, todos freneticos al verle.

De inmediato, invito al trio de visitantes a penetrar a su salón principal y dejar todos sus encargos en la pequeña mesa de centro en el, haciendo que los demás se sentaran alrededor de ella a ras de suelo mientras le ofertaba bebidas y alimentos que emergian de las bolsas. Sin duda Aioria no habia escatimado en gastos para celebrar a su hermano.

- ¡Felicidades Aioros! -pronuncio Marín hacia el santo mientras Aioria a su lado, le apretaba las manos en un gesto tierno y lleno de complicidad.

-Gracias Marín. -soltó el castaño observando momentáneamente las manos unidas de su hermano y amazona, sonriendo para sí ante lo peculiar que resultaba que su hermano menor tuviera una novia y que ambos se prodigaran un amor tan sincero y puro ya sin nada que esconder. Aioros entonces resolvio que Marín era una gran mujer pues para soportar la terquedad e impulsividad de su hermano, seguramente debía ser una santa.

Perdido en sus pensamientos reflexivos sobre su hermano, Seiya al instante poso con confianza una mano en su hombro y comento alegre.

-Aioros, ¿Por qué no bebemos algo para celebrar?, trajimos cerveza. -el castaño asintió ante la pregunta y de inmediato, el Pegaso saco de una bolsa a su frente un par de latas, ofertando cada una al pequeño grupo. El cuarteto abrió su lata de bebida y tras una frase de "felicidades", chocaron de ella, empinando un gran trago del refrescante líquido.

Tras una larga platica entre ellos mientras degustaban un poco de los alimentos en la mesa y reían a carcajadas ante anécdotas del pasado sobre la niñez de Aioria y Seiya, fue que Pegaso saco de la extraña mochila que portaba, una guitarra para sorpresa del castaño cumpleañero.

-Es bonita. -objeto Aioros mientras mordisqueaba una botana de queso al ver atento aquel instrumento en manos de Pegaso, quien comenzaba a mover las mancuernillas del final para afinarlo. -Me la ha regalado Saori. -tras nombrar a su diosa, un suspiro largo y pesado se hizo en Pegaso.

-Oh…-soltaron los dos hermanos haciendo que el rubor se le subiera a las mejillas al Pegaso ante la manera dulce de nombrar a la diosa, enfocando su mirada totalmente al instrumento. -Quise decir Atena, nuestra diosa.

-Y sí que lo es...ahora esta guitarra es mi bella amante. -comento el Pegaso contestando a la pregunta de Aioros.

Seiya se colgo la guitarra al cuerpo atrapando al instante la atención del grupo al escucharlo tocar un par de acordes para afinar la guitarra, pues sin duda el Pegaso tenia gran habilidad con el instrumento y les sonrio correspondiendo sus ánimos.

-Seiya ha preparado algo para ti, Aioros. -objeto Marín amable hacia el castaño mayor.

-Creo que va a declararse…-bromeó Aioria haciendo que Marín le negara con la cabeza y Seiya le chasqueara la lengua mientras Aioros sonreía divertido ante la broma.

-Te tocaré una canción Aioros por tu cumpleaños.

-Me agrada la idea, se ve que tienes talento. -objeto el arquero mientras veía al santo comenzar a rasgar con destreza su guitarra, logrando que el resto guardara silencio y le regalara su completa atención.

Seiya toco una sencilla canción y ante la sorpresa de ellos, comenzó a cantar a buena voz para acompañar su instrumento asombrando al grupo ante sus habilidades musicales mientras amenizaba el ambiente.

Al término de su canción, el trio aplaudió ante el apenado santo, quien en un gesto de broma se puso de pie y se reverencio ante ellos como todo un artista. Luego entonces, aquella tarde el cuarteto continuo con su bella tardeada, bromeando y conviviendo como en pocas ocasiones, logrando que el Pegaso de vez en cuando se animara a cantar y animara el ambiente.

Cuando aquel pequeño festejo termino al filo de la noche y llego la hora de despedirse, Aioros se interesó por aquel instrumento tocado esa tarde por Seiya y sin mucho que hacer en sus ratos libres, el Pegaso se ofreció a darle algunas lecciones de guitarra en su casa a cambio de la suyas respecto a sus técnicas de defensa y armadura.

Y con aquel acuerdo de por medio, Aioros visito dos días después la casa en Rodorio de Seiya sin imaginarse como aquel evento le cambiaría su vida.

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Aioros toco la puerta de Pegaso con aquella promesa de las lecciones de guitarra y sin advertirlo una bella jovencita castaña le abrió la puerta. Sus ojos chocolate se enfrentaron a los esmeralda del santo, quien extrañamente nervioso al verla en la puerta y no reconocerla, agacho su cabeza y se giró a observar el número de la puerta para corroborar si no se había equivocado en la dirección que el Pegaso le había anotado en un papel.

-Hola, ¿buscas a Seiya? -pregunto la castaña hacia el bello y distraído hombre a su frente.

-Si. -afirmo el griego mientras la castaña le sonreía amable.

-Pasa, está en su habitación, en un momento le llamaré. - soltó la bella jovencita mientras le invitaba a pasar y le ofertaba el sillón continuo a la puerta de su pequeña sala para sentarse.

- ¿Cuál es tu nombre? -pregunto ella al cerrar la puerta.

-Aioros…

-Mi nombre es Seika…-objeto ella estirándole su mano hacia él como saludo. Él accedió y percibió un extraño escalofrío que el erizo la piel cuando sus manos y ojos hicieron contacto. -Voy a buscarlo.

Aioros le asintió y vio a la jovencita perderse en uno de los pasillos de aquella vivienda mientras él, curioso como era, oteaba por los alrededores analizando el interior. Aquella era una casa pequeña pero cálida, con algunas enormes flores blancas animando el interior de la sala y cocina que compartían habitación mientras que las habitaciones personales se perdían al fondo, sin embargo, eso no fue lo que llamo su atención si no aquella jovencita que le había enormes ojos chocolate, su fina y femenina figura asi como sonrisa tímida le habian inundado la pupila.

Y mientras esperaba en la soledad de aquel sillón, se preguntó mentalmente, ¿acaso esa era la novia de Pegaso, acaso él ya no amaba a su diosa o que había pasado con esa tan cantada relación "no oficial" entre ambos?

Seika volvió hacia la sala de estar donde estaba Aioros y se quedó quieta apoyada en una pared, observándolo mientras Seiya salia. Y es que desde que aquel hombre había cruzado la puerta, la bella dama había hecho fuerza de su voluntad para que sus piernas no temblaran de nervios pues aquel era un hombre sumamente guapo, ojos felinos enmarcando sus largas pestañas rizadas, cabellos rizados castaños atados con una cintilla roja y silueta fornida a pesar de estar oculta en sus sencillas ropas le habían revuelto los nervios del estómago con solo su presencia.

-Disculpa…-comento Aioros hacia Seika sacándola de sus divagaciones.

-Sí, si…-contesto ella nerviosa. -Dime.

- ¿Podrías regalarme un vaso con agua? -la joven al instante, se ruborizo ante aquella descortesía suya y con los nervios coléricos, corrió hasta su cocina mientras era perseguida por la mirada divertida de Aioros ante su reacción. Aquella actitud nerviosa de ella le había parecido adorable al sagitariano.

Tras ello, Seiya salió de su habitación con los cabellos mojados tras bañarse y cambiarse, posando una toalla en su cuello mientras con gran sonrisa se aproximaba a saludar al recién llegado.

-Lo siento Aioros…debí levantarme más temprano para recibirte a tiempo.

-No importa, está bien.

Tras ello, Seiya giro su vista hacia la silueta a espaldas de Seika que servía el agua y le comento al animado arquero.

-Veo que ya conociste a mi hermana Seika.

- ¿Tu hermana? -cuestiono el arquero al otro disipando sus divagaciones anteriores en su espera.

Seika se aproximó hacia el arquero y le oferto con sus manos temblorosas el vaso de agua. - Así es, supongo que Aioria ya te conto la historia de mi pasado, ahora vivo con ella aquí.

-Gracias. -objetó el santo al tener al recibir el vaso de agua e intentando beberlo con calma ante la mirada insistente de la bella joven.

-Mucho gusto señorita Seika, es muy gentil. -soltó el santo al terminar su bebida.

Seiya vio a su hermana y santo quedarse mirando unos segundos fijamente con aquel vaso de agua en manos de ambos y alzo su ceja con dudas pues de pronto se había percibido "intruso" entre ellos dos.

-Bueno, iré por mi guitarra a mi cuarto, no tardo. -objeto Seiya mientras Seika se apilaba en la cocina nerviosa cortando algunos frutos mientras Aioros esperaba el regreso de Seiya sentándo en el sillón.

Tras la espera, Seiya y Aioros comenzaron aquellas lecciones de guitarra y pronto ambos santos comenzaron a entenderse en aquel aspecto musical a pesar de la forma apresurada de hablar del castaño para sus doctrinas, pues él a diferencia de Marin era muy mal maestro.

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Semana a semana, Aioros comenzó a frecuentar en las tardes a Seiya para recibir aquellas lecciones de guitarra mientras en las mañanas, ambos compartían entrenamiento juntos en el Coliseo logrando un vínculo cercano entre ambos y así mismo, de Seika quien tenía la oportunidad de mantenerse cercana al arquero y fincar entre ambos una tierna amistad.

Aioros consecuentemente procuraba cada que iba a la casa de Seiya llevar algún detalle para la joven castaña en agradecimiento por recibirle en su casa, desde una manzana hasta un sencillo chocolate mientras ella al llegar a sus lecciones, le ofertaba galletitas que ella misma había preparado o algún bocadillo, afianzando la confianza entre ellos y del mismo Seiya que se sentía extremadamente cómodo con su compañía.

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Pero con el tiempo todo cambio, y Aioros comprendió que en largos momentos del día extrañaba a Seika involuntariamente y que solo el pensar que detalle podría darle horas antes de visitarle, le ocupaba gran parte del día, haciéndole soñar despierto con su sonrisa. Seika por su parte, había comenzado a querer ser más femenina cada que Aioros aparecía en su casa. Se acicalaba el pelo y ropa con sumo cuidado, sonreía al viento de tan solo pensar en el sagitariano y contaba las horas del día para su nueva lección y encuentro. Cada uno por su lado, latiendo sus corazones al mismo tiempo incluso sin saberlo.

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Fue entonces que en un día de esos en los que Aioros arribo a casa de Seiya un poco antes de lo habitual, una propuesta lo cambio todo. Seika al ver llegar al santo lo invito a adentrarse a la casa para su lección de guitarra, aunque ambos debían esperar aún el regreso de Seiya quien había ido a comprar alimentos en una tienda cercana, dejándoles gran tiempo para conversar.

Aioros tomo asiento en el sillón que normalmente lo hacía y ella le imito, ofertandole panecillos con miel y café en su espera.

- ¿Iras al festival de Parthaneas en la plaza principal, mañana Seika?-cuestiono el arquero.

-Me gustaría…-soltó con evidente emoción en sus palabras la castaña. -Este año parece que será mejor que el anterior, escuche que habrá un festival de luces y realmente gustaría ir, pero creo que Seiya estará escoltando a Athena ese día en el pueblo y creo que no podré hacerlo esta vez, a él no le gusta que este de madrugada sola por Rodorio.

Aquellas palabras encendieron la alerta emocional del corazón del santo, pues había pensado encontrarse con ella en aquel festival y caminar con ella entre los alrededores de la ciudad. Entonces una idea traviesa cruzo en mente del arquero.

-Pues yo también quiero ir. -objeto el santo con evidente ánimo. - ¿Me acompañarías?, hablare con Seiya si aceptas, yo te cuidare.

- ¿En serio? - el santo afirmo con su cabeza.

-Si,¿porque no?, ademas me aburro mucho yendo solo.

La joven sonrió ante la propuesta y animosa, le asintió.

Justo en aquel momento arribo Seiya con enormes bolsas de alimentos y ambos le invitaron a sentarse, para hablarles de aquella propuesta.

Seiya no se negó al tratarse de Aioros y con su consentimiento, acordaron verse la noche siguiente.

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La noche del festival llego y cuando Aioros llego a casa de Seika, se miró un par de veces más en la ventana de su casa antes de tocar la puerta, asegurándose que lucía bien con aquella ropa que le había aconsejado Aioria usar ante "su cita". Unos pantalones café sencillos y una preciosa camisa casual azul marino que acentuaban sus ojos fue el atiendo elegido por su hermano y que extrañamente el hacian sentir inseguro pues estaba acostumbrado a su ropa de entrenamiento. Se apretó la cintilla en su cabeza una vez mas para darse valor y toco la puerta con nerviosismo a pesar de haberlo hecho un sinfín de veces más anteriormente.

Y Seika como si estuviera esperandole, le recibió con gran sonrisa, con un precioso vestido blanco griego que le hacía lucir como una diosa y su cabello suelto siendo únicamente adornado por una preciosa y enorme flor blanca sobre su oreja.

Aioros sonrió al verla y le extendió su mano nervioso, invitándole a sujetarla con la suya para comenzar juntos a andar. Y desde ahí todo cambio.

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Seika y Aioros vagaron por las calles empedradas de Rodorio sujetos del brazo mientras conversaban de los adornos multicolor colocados en lo alto de las casas rústicas y las personas aproximándose con atuendos griegos hacia la plaza principal donde cientos de puestos de comida, souvenirs y ruidos alegres de música se hacían notar.

Al llegar a la plaza principal, observaron a Seiya y algunos santos dorados de sencillas ropas custodiar a la bella diosa Atenea frente a un vasto escenario mientras ella sujetaba una lámpara china siendo apoyada por el rejuvenecido Dohko y comenzaban a encenderla para verle flotar por los cielos, siendo imitada por algunos niños y pobladores del lugar.

Entonces el cielo oscuro se ilumino con centellantes lámparas que se elevaban al cielo con el fuego en su interior,haciendoles parecer luciérnagas flotantes y estrellas de gas a metros de si, provocando el júbilo de los asistentes y aplausos a su alrededor.

Aquel día, Seika y Aioros recorrieron de la mano los puestos de comida, comiendo un sin fin de brochetas de carne, dulces con miel, delicias griegas y hasta licor tradicional. Los dos se sentían tan confortables con su compañía que parecía estar hechos a sintonía sin importar lo demás.

Y ante confortable situación la madrugada los alcanzo, haciendo que, el santo quien tenía una idea en mente, invitara a su Templo a su bella acompañante, alejándola del bullicio y esperando tenerla tan solo un momento solo para sí ante lo bella que lucía aquella noche.

Ella le accedio y se dejo guiar hacia el interior del Santuario a lo que parecia, seria una velada espectacular.

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Seika y Aioros bajo el reflejo de la bella y oscura noche, se apilaron de pie en las escalinatas de Sagitario y fue ahí que el santo le pidió esperar ahí mientras él iba al interior de su Templo a buscar "un regalo" para ella.

Seika emocionada por el detalle, le espero en el exterior de Sagitario y ahí mientras veía el cielo oscuro iluminado por aquellas luces antes encendidas en el festival, fue sorprendida por el santo, quien al volver traía consigo una guitarra, similar a la de Pegaso.

El sagitariano apoyo su espalda en una de las columnas de la entrada su Templo y ahí invito a la dama a posarse a su lado a ras de suelo con un ademán estirándole la mano, completamente nervioso.

-Aioros, ¿Dónde la conseguiste? - cuestiono la dama sentándose junto al santo y apegándose a la columna mientras sus hombros quedaban junto a los del arquero.

-Aioria me la regalo cuando supo que estaba entusiasmado con las lecciones de Seiya, y me ha ayudado a practicar en mi tiempo libre.

- ¡Vaya, es bonita! -soltó la castaña, animándolo a tocarla.

El santo sonrió y comenzó a sentirse nervioso al tener la atención de la dama deteniendo sus manos inquietas con el instrumento y mirándole a su lado. -Seika, te he pedido que viniéramos aquí porque…-suspiro el santo. -Quiero tocarte una canción.

- ¿Enserio? -soltó Seika totalmente sorprendida.

-Si…-el santo se ruborizo. -Bueno, no soy muy bueno aun como tu hermano, pero he estado practicando un poco y creo que al menos no hare el ridículo frente a ti.

-Eso no importa, no voy a reírme aun si fuera así. -la castaña le esbozo una preciosa sonrisa que hizo ganar confianza al santo.

-Bien, confiare en ti…-objeto el santo apoyándose nervioso la guitarra en su pecho justo como le había indicado Seiya tiempo atrás y lentamente comenzó a rasgar la guitarra. -La canción se llama "Beso", ojalá te guste.

La dama asintió y ladeo su vista ligeramente al cielo para no poner aun más nervioso al enrojecido santo quien comenzaba a tocar la melodía en la guitarra mientras tosía buscando aclarar su voz.

- "Beso tan simple como eso, tan simple como un beso todo puede cambia, beso tan simple como eso, tan simple como un beso todo puede arreglar…" -cantó el santo mientras tocaba los acordes en la guitarra tratando de contener su nerviosismo. - "Beso fragmento de universo, ritual frente lo adverso, capricho natural, beso lenguaje tan diverso, camino sin regreso, elixir inmortal.-pauso al ritmo de la canción.- Bésame, junta tus labios con los míos otra vez, que quiero amarte y decirte lo que sé, pero no encuentro las palabras, bésame". -entonó en un murmullo el arquero. - "Bésame, junta tus labios con los míos otra vez, que para enamorarte como lo hice ayer, hay que empezar por acercarse, bésame"

Seika suspiro asombrada por aquel detalle y sintió un escalofrío recorrer su piel cuando Aioros calló las cuerdas de la guitarra y la observo en lo que era una clara insinuación de sus profundos sentimientos tan ocultos y desiertos por ella. Inquieta y al no saber cómo reaccionar exactamente, Seika apoyo su cabeza en el amplio hombro del santo y echo su mirada hacia las escalinatas bajo sí.

-Gracias.

El santo confundido por la repentina acción de ella, echó su guitarra a un lado y le cuestiono- ¿Te gusto?

-Fue hermoso Aioros…-un largo silencio se hizo entre ambos. Y tímida, Seika respondió. -Justo como tú, gracias Aioros.

El santo se tensó ante la confesión y ansioso ante sus emociones, impulso a que la joven a escasos centímetros de si, le confrontara.

-Te quiero Aioros, no se desde cuándo, pero… lo hago.

-Seika…-la confesión tomo desprevenido al santo, quien sonrió suavemente y se conmovió ante la tímida confesión del corazón. No quiso ser cobarde y entregado, murmuro.

-Yo también lo hago.

Él ya no dudo y guiado por su instinto sujeto la mejilla de la castaña y la acerco a su boca, cerrando sus ojos para inundarse en la fin sus almas se encontraron en luz.

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Aquella noche llena de emoción y misticismo, Seika una vez de pie, se fundió en las sombras de la entrada de Sagitario y echo sus brazos sobre el grueso cuello del arquero, quien suave la apresaba con su brazo hacia su cintura y respiraba suave al sentir la frágil silueta sobre si provocándole emociones totalmente nuevas para sí.

Era extraño, pero desde aquel momento Aioros ya no quiso alejarse del calor que Seika emanaba a cada poro de su piel y su dulzura migrante desvaneciéndose en sus brazos, llenándolo de una ternura indescriptible y calmándole la ansiedad. Aioros jamás se había sentido tan feliz y tranquilo como aquel momento en que los labios de Seika y los suyos se fundieron en uno solo bajo las sombras de Sagitario, volviéndolos radiantes con su propia luz. La sola presencia de Seika le habia hecho olvidarse de todo.

Pronto su masculino cuerpo empezando a elevar sus instintos de fuego y bravío, la acorralo suavemente contra una pared de aquel largo pasillo hacia su privado y fue ahí que con dulzura lamio los labios tímidos de la dama, quien entregada le sujetó los cabellos de la nuca y acaricio en su abrazo.

Un golpe de razón llego hasta el santo, quien con los ojos apagados se separó un instante de la castaña y parpadeo candoroso para ella, dedicándole sus felinas pupilas y ardientes para sí.

-Te quiero Seika.

Seika sonrió ligeramente excitada por aquel beso y le acaricio momentáneamente los flequillos en el rostro. -Y yo a ti, Aioros.

Aioros no resistió aquella mirada brillante de Seika y volvió a besarla, aunque esta vez continuo aquel descubrimiento de su cuerpo y lentamente se hizo espacio entre los tímidos labios, acariciando afable la punta de la lengua de la dama contra la suya, percibiendo, así como la piel en su cintura, se encendía a placer, reclamante de pasión.

Asustado, Aioros se alejó momentáneamente de Seika y bajo su mirada ligeramente avergonzado por su reacción natural.

- ¿Qué sucede? -pregunto la dama ante el silencio que había logrado el santo, deteniendo sus caricias.

-No es nada, es que yo…-el santo evito contacto con la dama apenado, apoyando con sus brazos hacia la pared acorralándola, forjando que ella con sus manos le buscara el rostro y le hiciera alzar su barbilla oculta al suelo para enfrentarle.

-Aioros…hazme el amor.

Aquellas palabras dejaron en completo desconcierto al santo, quien centello el brillo de sus ojos ante aquella proposición y aspiro aire con ansiedad.

-Seika.

-Nos amamos, ¿no es cierto? -ella rebatió segura. -Y te deseo tanto como tú, así que… nada está mal.

-Te quiero.

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Tras aquellas palabras, Seika fue alzada en los fornidos brazos del arquero dejando que aquella flor sostenida en la oreja de la castaña cayera al suelo en su paso y lentamente, ambos se adentraron a la habitación del privado de Sagitario. Aioros delicadamente la dejo caer en su amplia cama, la acorralo con su peso y así suspirante, observo a su amada bajo si, regalándole la más bella mirada brillante.

- ¿Estas segura, Seika? -volvió a preguntar el santo con los mechones castaños cayendo por la gravedad en sus oídos.

La joven le tomo las bronceadas mejillas y las acaricio, asintiendo ante su cuestión. Y como negarse, pues estaba ante aquel hombre que le revolvía los sentidos y sentimientos a placer. Seika lo sabía, no amaría a nadie como lo haría con Aioros pues aquel hombre de noble corazón lo había eclipsado todo.

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Aioros descendió en su apoyo en brazos hasta los rosados labios de Seika y bailo en ellos apasionadamente mientras ella desvivía sus manos a través de su fornida espalda, sintiéndole los huesos de las costillas removerse en cada respiración.

Seika paso sus piernas descubiertas por su travieso vestido por aquellos huesos de la cintura del santo y lo abrazo con ellas percibiendo el contacto de su avivada virilidad atrapada entre su ropa y deseosa de poseerla.

El santo ante el elevado sentir de temperatura corporal, se abrió aquella camisa suya y dejo a descubierto aquel bronceado torso, donde algunas cicatrices se hacía presentes de sus hechos pasados.

Seika analizo con su mirada aquel bello abdomen y con la yema de sus dedos, se arrastró por cada línea muscular, logrando que el santo se erizara ante su fino tacto.

Pronto, el santo deslizo sus labios por la curvatura del cuello de la dama, repujando su nariz contra la nívea piel de ella, inundándose de su preciosa fragancia de naranjo mientras ella, aun lucida gemía tímida ante tanto deleite. Con tan solo un beso junto a su oído por parte del arquero, Seika había alcanzado el cielo provocando la humedad y fuego en su intimidad.

Las amplias manos de Aioros al escucharla esgrimir su nombre entre murmullos apagados, deslizaron aquel vestido de sus delgados hombros y removieron cada una de sus prendas, descubriéndole la piel lentamente.

El santo entonces reconoció la fina piel de Seika, encontrándose con sus delgada silueta y femeninas formas, viajando su mirada ardiente y curiosa en cada curvatura mientras ella, con los mechones castaños esparcidos por la cama, suspiraba nerviosa ante tal examinación.

El santo le sonrió y tímido descendió hasta ella, volviéndole a cobijar su desnudez con la suya, mientras lentamente se removía los pantalones, quedando a si a completa exposición, piel a piel.

Aioros tomo pasional los labios de Seika y deslizo sus manos desde su cuello hasta las montañas de su cuerpo, frotando entre sus dedos aquella piel durazno y percibiendo la delicadeza de aquella femenina piel, contrastante a sus ásperas manos debido a los entrenamientos.

Como felino adiestrado, el arquero comenzó a descender con sus cálidos besos desde su barbilla hasta el corazón de la dama y ahí poso su aliento, deslizando la humedad de su lengua por el pecho de ella mientras la castaña, suspiraba enloquecida de candor. Aioros necesitaba conocer el sabor de su piel e inundase de él pues nunca un contacto de piel le había resultado tan exultante e inquisitivo.

Su virilidad encendida perdió el control de sus deseos y le exigió descargar su ansiedad haciendo que el santo bravío se acomodara los muslos desnudos de la joven sobre su cintura mientras le buscara la cara.

El arquero se dio un tiempo para examinarla una vez mas, y conmovido por aquella entrega, le acaricio los flequillos a su amada mientras sonreía ante sus mejillas avivadas.

-Te quiero Seika.

Tras su dulce confesión, Aioros beso una vez sus deliciosos labios y cerro sus ojos, acomodando su cuerpo en aquel umbral húmedo de Seika. Era el momento de consumar su deseo y envolverse en locura y amor.

Aioros lentamente fue venciendo la estrechez en la intimidad de la castaña con el impulso de su virilidad, mientras Seika se arqueaba a voluntad percibiendo el ardor y presión en su piel ante la intrusión del arquero, atrapando las sabanas bajo si entre sus puños, rendida al placer. Seika cerro sus ojos cuando Aioros penetro su temblorosa figura sin miramientos y la obligo a concentrarse en aquella mágica sensación de ser tomada por primera vez por el hombre que tanto anhelaba.

Seika dejó escapar un jadeo alterado al percibir completamente fusionada su piel con la del santo, percibiendo la calidez y electricidad que aquel miembro dentro de sí le causaba y suspiro tratando de contener aquel sentimiento de ternura y conmoción que le provocaban las ganas de llorar ante su felicidad.

Aioros gruño al estar completamente fundido a ella, experimentando el placer que percibía por primera vez ante una piel femenina. Aioros cerro sus ojos y se eclipso en el momento, percibiendo como verano, la humedad y calor del interior del vientre de ella, así como los espasmos apresando su virilidad.

La amplia mano de Aioros busco sujetar fuertemente el níveo muslo de Seika hacia su cuerpo para poder controlar mejor su peso y ante su proclamo de amor, lentamente comenzó a mecer su virilidad en el interior de la dama, envolviéndolo en placer y ansiedad.

La piel tostada del santo centello para ella al verle sobre si, con el torso desnudo y ante la presión de su sostén contra la cama, enmarcándole los músculos del pecho y abdomen trabajado con los años mientras sus largos rizos caían precisos por su cuello y sus ojos felinos se aplisaban disfrutando el momento de su contacto.

Seika nublo su razón ante aquel cálido acople y dejo que su garganta libertina prodigara entre jadeos el nombre del santo, mientras él mordía sus labios tratando de contener sus aullidos de pasión.

Aioros en su unión, se dio un instante a analizarla y ahí dejo que sus ojos felinos le miraran cazadores a ella mientras bailaba lentamente sobre su cuerpo. El santo comprendió que no solo él se estaba volviendo loco en aquel acople, si no que Seika también disfrutaba de su caricia y con ella en mente, decidió regalarle su mejor brío.

El impulso del cuerpo anhelante del arquero le hizo apresurar sus contoneos de cintura sobre Seika y progresivamente provoco más violentas sus embestidas descubriendo cosquillas aún más electrizantes envolviéndole de pies a cabeza, llenas de locura.

El tiempo se eclipso para los dos envolviéndolos en una burbuja de calor que aperlo sus cuerpos con sudor y marco sus alientos al ritmo de los latidos agitados de su corazón. Ya nada importaba mas, los dos eran flechas al infinito, rumbo a un mismo sentido y dirección.

La cumbre del placer llego para ambos encumbrándolos hasta las estrellas y provocando una ligera tensión en la columna del arquero que derramo su esencia como ola en el vientre de la castaña mientras ella se aferraba a su espalda, provocándole marcas rojas de sus dedos ante tanta pasión.

Exhausto, el santo se echó a un lado de Seika, y en un último esfuerzo, busco cubrirle la desnudez con las sabanas bajo si, mientras la cobijaba entre su pecho con sus fornidos brazos, posicionándola bajo su mentón, lo suficientemente cerca para besarle la frente.

-Seika…-objetó el santo con aquella bella sonrisa que había provocado aquel descubrir de piel. Ella tímida y refugiada entre sus brazos, le gimió como respuesta antes de perderse en su mundo de sueños.

-Quédate así siempre…-ella sonrió al escucharle. -Entre mis brazos siempre, pequeña, quiero cuidarte.

-Lo hare…-suspiro ella reconfortándose en su amplio pecho. -Aioros…te amo.

Fin…por fin.

(Alde ve la celda abierta y una nota en ella, leyéndola)- ¡Muchachos, vengan!

(Todos se acercan curiosos). -La autora ha escapado, pero dejo una nota, la leeré:

- "Queridos santos y lectores, fue un gusto haber escrito este fic y el de Huracán para ustedes, me he divertido como no se imaginan y agradezco desde el fondo de mi corazón el tiempo y cariño conmigo. Me despido esperando verlos en algún proyecto tras un largo descanso personal y bueno, les devolveré a Aioros pronto, solo me lo llevaré de vacaciones un tiempo hasta embarazarlo…cof, cof, perdón hasta enamorarlo, eso iba a escribir. ¡Nos vemos, besitos para ustedes, sean infinitamente felices y hagan todo a full limón!

(Todos los santos murmuran desconcertados ante la nota hasta que llega Aioria y los interrumpe)

-Chicos, llego la hora de cerrar esta oficina y celda por órdenes del Patriarca y la misma Athena. -(suspira). - Aunque las extrañaremos y a nuestros fans. - (dice Aioria melancólico y se aproxima a la puerta). -Hora de decir adiós a todos, despídanse de los lectores.

(Mu, Shaka y Alde se aproximan a la puerta y sonríen). - ¡Adiós lectores, pórtense bien como Kiki, alineen sus chackras en sesiones espiritistas y coman mucho!

(Tras su salida DeathMask, Dite y Shura los siguen). - ¡Adiós malditos, no olviden mandarnos regalos, unas flores para Dite y un vino para Shura!

(Milo, Kanon y Saga se aproximan también a la puerta). - ¡Y a nosotros nudes, fotos perversillas y chocolates!

- ¡Milo! - (gritan los demás haciéndolo alzar las manos en son de paz)-Era una sugerencia, cuídense bellezas, besos del alacrán sexy, el atún marino y el Neurótico mayor.

- ¡Adiós preciosas! - (dicen los gemelos al unísono y se miran feo tras ello). - ¡Yo lo dije primero!

- ¡No, yo me despedí primero Kanon!

- ¡Saga!

- ¡Basta! - (Shion llega y los agarra de las orejas haciéndolos salir de la oficina mientras los gemelos piden clemencia.)

(Dohko, Camus sonríen y se despiden). -Maestro, ¿nos tomamos unas cervezas ahora que concluyo todo? - (Dohko sonríe y le golpea con fuerza el hombro a Camus como si fuera a sacarle un pulmón). - ¡Claro hijo, no siempre se es joven, adiós a todos, gracias por la compañía!

(Aioria tras verlos salir, sonríe al ver una vez más la nota de la autora y su hermano y toma el pomo de la puerta). -Y en nombre de mi hermano y el mío, les digo adiós lectores, luchen por sus sueños y lleguen más lejos que nosotros, hasta la próxima!

(Se cierra la puerta, y se apagan las luces de la celda y monitor)

Fin.

(Milo entonces vuelve a abrir la puerta fastidiando a Aioria quien ya había cerrado y murmura)- ¡Por cierto, para más noticias de nosotros y diversión visiten en Facebook Humor Saint Seiya link en el perfil de la autora, ahí seguimos en contacto o por reviews, mensajes privados y demas, adiós y no se olviden de nosotros! - (Milo cierra de nuevo tras ello). - ¡Adiós!