Capítulo 13: "Decidiendo con sabiduría"
Mientras juntaban los restos de los cuerpos de los youkais muertos, Kagome intentaba consolar a Nuriko.
-Ella trata de sobrevivir a este mundo Nuriko- pronunció Kagome despacio refiriéndose a la situación de Rin
-Pero… pero…- Nuriko no salía del asombro.
-Si no fuera por el idiota de Sesshoumaru; Rin sería diferente- se unió a la conversación Inuyasha. Nuriko lo miró con entendimiento. Si Sesshoumaru no la hubiera lastimado, Rin seguiría sonriendo junto a ellos. Tampoco podía culparse del todo el Lord. Él era un youkai frío y había crecido así. De ninguna manera sería diferente con aquella humana.
Eishi suspiró con tristeza. Así debían ser las cosas. La única heroína tierna y amorosa que él conocía era Kagome. Ella había sido la única mujer que había podido sobrevivir al desamor (en un tiempo) y a las luchas contra Naraku sin perder su hermosa personalidad. Ella no se había vuelto fría y distante. Pero sí su pequeña Rin. La niña con ojos dulces y sonrisa angelical se había transformado en una guerrera sanguinaria. Era admirable que después de todo fuera tan poderosa. Pero no cabía duda de que Rin no había podido soportar, ni mucho menos, superar el desamor.
Sesshoumaru continuaba mirando la maleza en la que Rin había desaparecido. Rin ¡Su Rin! ¡Cómo había cambiado! Ya no quedaba rastros de la inocente Rin. Ella se había vuelto fría, indiferente, insensible… " igual a él ". Sin saber por qué eso le oprimió el pecho. No le agradaba la idea de que Rin fuera como él. ¡No! No era agradable para nada.
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Takuma maldecía a Radamanthys en su castillo al momento en que destrozaba una mesa hermosamente tallada.
-¡Maldito seas, Radamanthys!- exclamó el Lord del Este al youkai.
-¡Ya! No es para tanto, Takuma- respondió Radamanthys.
-¿No es para tanto…no es para tanto? ¡¿Acaso te burlas de mí?! ¡¿Cómo pudiste ocultarme lo de la Diosa?!- hizo una pausa para calmarse. –Maldita sea- blasfemó. – ¿Por qué no me dijiste que era tan poderosa y tan… endemoniadamente hermosa?
-Yo jamás la había visto- explicó –Estaba al tanto de su existencia, pero no tenía idea de su potencial.
-Te das cuenta que eso lo cambia todo ¿verdad?- dijo Takuma. Radamanthys lo miró fijo un momento antes de añadir. –No me vengas a decir que quedaste prendado de esa humana.
-¿Y qué si fue así?- respondió malhumorado Takuma.
-¡Maldición, Takuma! Sabes perfectamente que no puedes darte el lujo de hacer lo que estás pensando. ¡Por Kami! Ella es la reencarnación de una diosa. Hay que destruirla.
-Estoy de acuerdo- añadió con una sonrisa. –Pero eso no me impide gozar de su delicioso cuerpo.
-¡De ninguna manera!- exclamó fuera de sí Radamanthys. –No podemos secuestrarla. Sería arriesgar demasiado por una insignificante humana.
-Si es tan insignificante no se correrá riesgo alguno- dijo tranquilo el de la coleta. Pero luego su semblante se volvió frío y peligroso. –No me importa lo que digas, Radamanthys. Ella será mía. Debe serlo. Moriré si no puedo tocarl…- suspiró tratando de serenarse. –… Tú consigue tus fines… y yo los míos- sin más, se dio media vuelta y salió de la sala.
Radamanthys se meció los cabellos con una mano ¡Maldición! Debía haber supuesto que Takuma querría poseer a la diosa. Era una belleza. Pero era su mayor peligro. ¡Demonios, demonios y más demonios! Takuma haría cualquier cosa para tenerla. No descansaría hasta ver retorcerse de dolor y placer a la diosa bajo su cuerpo. Esto definitivamente cambiaba las cosas. Tendría que formular otro plan. Takuma podría perder la cabeza por desear a la diosa. No conocían los poderes de esa niña. Lo poco que había visto de ella le bastó para saber que era un peligro inminente. Solo la vieron en acción unos minutos. No podían ni imaginar de lo que ella era capaz. Radamanthys suspiró con cansancio. Debía contener el deseo de Takuma a como diera lugar.
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Rin se encontraba en un prado entrenando con sus espadas. La luz de mediodía iluminaba su rostro y silueta haciéndola parecer un ángel de guerra. Se movía con destreza en una danza bélica. Dando estocadas precisas, cortando el viento. Supo que él se acercaba antes de que lo hiciera. Suspirando cansinamente, dejó caer sus sables a ambos lados de su cuerpo sobre el césped; al tiempo que se volteaba hacia él.
-Me sorprendiste anoche, Rin- pronunció el hanyou cuando estuvo frente a ella.
-Hmp… -
-No te esperábamos en la batalla- sonrió. –Fuiste de gran ayuda.
-No fue nada- un silencio sepulcral reinó en el ambiente hasta que Inuyasha volvió hablar:
-¿No vas a preguntarme nada acerca de quiénes eran esos poderosos youkais? ¿Acerca de las hechiceras? ¿De cómo terminamos todos convertidos en humanos?
-Si quisieras decírmelo… simplemente lo dirías- se volteó dándole la espalda y cogiendo sus sables.
-¿No sientes curiosidad?
-Sí. Pero no creo que sea de mi incumbencia… después de todo no querían mi presencia allí- dijo tranquila.
-No es que no te quisiéramos ahí… es sólo que….-
-Nadie me informó de la batalla- lo interrumpió volviendo a quedar frente a él. –Todos estaban al tanto del conflicto pero no me lo transmitieron a mí- su voz sonaba muy seria, sin exaltarse. –Sesshoumaru debió de confiar en mí. Él me entrenó, sabe de lo que soy capaz. Además, ésta es mí guerra. Para esto he venido aquí. Yo debo luchar en lugar de ustedes. No tiene sentido que me esforzara entrenando si no me permiten utilizar mis habilidades- concluyó zanjando el tema.
-Rin, todo lo que dices es cierto. Pero por algo Sesshoumaru no quería que estuvieras allí.
-Si yo no hubiese llegado ¿Cómo demonios iban a salir del embrollo?- Inuyasha se sorprendió, Rin jamás maldecía. –Responde- exigió serenamente. –Me parece algo totalmente estúpido que sean tan orgullosos como para no pedir ayuda cuando la necesitan. Yo de buena gana hubiera ido a la batalla con ustedes- hizo una pausa para respirar. Continuó hablando con la misma calma y tranquilidad como si estuvieran hablando de trivialidades. –No importa lo que me… me haya hecho Sesshoumaru. Es mi culpa por ser una tonta inocente- sonrió con amargura. –O al menos lo era. Ya capté el mensaje. Ya entendí cómo son las cosas aquí. Así que Sesshoumaru no tiene de qué preocuparse… no volveré a cometer el mismo error. Nunca más volveré a dejarme llevar por mis sentimientos. Aprendí la lección.
-Rin no voy a decirte lo que tienes o no que hacer. Aunque me gustaría hacerlo- agregó sonriendo. –Pero quiero que sepas que yo siempre estoy pendiente de ti. Me sentí orgulloso de luchar a tu lado. Y no me molesta en lo más mínimo que nos hayas salvado. Eso demuestra cuánto has crecido en este tiempo. Sentía muchas ganas de decirte lo de la batalla, pero Sesshoumaru había dejado bien claro que no quería que estuvieras allí. Creo… creo que él no se puede concentrar en luchar cuando está cerca de ti- expresó Inuyasha. Pero Rin comprendió la información en sentido negativo.
-¿Que no puede luchar cuando estoy allí? ¿Acaso me cree una inválida? ¿Que no podré defenderme por mi cuenta? Anoche demostré que soy perfectamente capaz de cuidar mi pellejo, Inuyasha.
-No es eso lo que quise decir, Rin. Creo que Sessh… - no pudo terminar ya que Rin volvió a tomar la palabra:
-No me interesa saberlo. No me importa lo que crea Sesshoumaru o no. Ésta es mi guerra, y voy a luchar en ella sin el consentimiento de Sesshoumaru- dando media vuelta se alejó del prado dejando a Inuyasha con su réplica en la boca.
¡Kami! Su Rin tenía carácter. Y todo lo que decía era la pura realidad. Ésta era la guerra de Rin. Una guerra que pertenecía a los humanos. Ellos; los youkais y hanyous, podían ayudar pero las decisiones tenían que ser tomadas por Rin. Su medio hermano tendría que entender a la Diosa y respetar sus palabras. ¡JA! Eso sería digno de ver.
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El sol comenzaba a emerger a lo lejos por el este. Sesshoumaru lo contemplaba de pie sobre una colina. Todo parecía tan pacífico, tan sereno. Le resultaba casi imposible el hecho de que hace poco una batalla brutal se hubiera desatado en esas tierras. Todo este asunto se iba de lo más raro.
-Una hermosa vista ¿verdad?- habló en tono bajo Eishi. Había seguido al Lord desde que saliera del castillo. Por supuesto, Sesshoumaru se había dado cuenta de ello.
-Siempre me ha gustado. Es la mejor de mis tierras- respondió Sesshoumaru.
-Tu padre siempre se levantaba antes del alba para contemplarla- continuó el General con un hombro apoyado contra el tronco de un árbol.
-Me traía aquí de niño.
-Sí… - Eishi sonrió. –En nuestros tiempos de juventud, Inutaisho y yo, la admirábamos juntos- hizo una pausa antes de cambiar el tema de conversación. –Sesshoumaru… no podremos vencer a Radamanthys si no nos aliamos con Shishio. Anoche fue un ejemplo de ello. Si Milady no hubiera llegado a salvarnos… no sé qué habría sido de nosotros.
-Lo sé.
-Sesshoumaru no podemos evitar a Rin. Ella debe estar presente en cada decisión que tomemos. Debe ser partícipe de ello. Además, Lord Shishio querrá conocerla.
-También he pensado en ello- respondió sereno. Hizo una pausa al meditar; luego continuó –Eishi. Ve y busca a Rin. Tráela lo antes posible. Cuanto antes mejor. Debemos partir de inmediato hacia el norte.
-Sí, Milord- Eishi se alejó con una enorme sonrisa en los labios. Protegerían a Rin a como diera lugar.
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Kouga se adentró en la aldea de Inuyasha con paso decidido. Estaba a cincuenta metros de la cabaña del híbrido cuando éste salió de ella.
-¿Qué diablos quieres aquí, perro?- pronunció Inuyasha al tiempo que le plantaba cara al youkai.
-No me fastidies, gato. No he venido a verte a ti.
-Por supuesto, seguro vienes a hostigar a mi esposa. Creo haberte dejado claro que no te quiero cerca de ella y… ¡Oye, lobo! ¿A dónde crees que vas?- Inuyasha lo siguió mientras Kouga se dirigía al encuentro con Kagome.
-Hola, Kouga- saludo la miko.
-¿Cómo estás, Kagome?- dijo al llegar a la entrada.
-De maravilla. Gracias. ¿Buscas a Rin?
-Siempre tan intuitiva, Kagome. Sí, efectivamente, busco a Rin. Pero, últimamente, me cuesta percibir su esencia.
-Debe de estar entrenando con Sango. Justamente, Rin está aprendiendo a ocultar su poder. La necesitará para las batallas.
-Excelente. Entonces buscaré el aroma de la exterminadora. Gracias, Kagome.
-No es nada.
El youkai se alejó en busca de la Diosa. La encontró en un claro. Sentada sobre su trasero, con las piernas flexionadas hacia sus costados sobre el césped, como una estatua de Buda; Rin meditaba con sus ojos cerrados. Antes de poner un pie en el descampado, el lobo tuvo que esquivar una daga que se dirigía hacia su yugular a una gran velocidad. La cual dejó una marca de por vida en un árbol.
-Maravilloso, Rin. Sentiste la presencia de Kouga a distancia aún estando concentrada en tu meditación. Y atacaste con una precisión magnífica- felicitó Sango a unos metros de ella.
-No es cierto- suspiró Rin. –Sentí a un youkai, no sabía que era Kouga. Si no puedo identificar sus poderes demoníacos… podría hacerle daño a un amigo en lugar de un enemigo- la diosa se puso de pie lentamente. –Buenos días, Kouga.
-Buenos días, Rin. Has mejorado tus ataques, pequeña.
-No has visto nada aún- puntualizó Sango. –Rin tiene más potencial del que muchos creen.
-No lo dudo, exterminadora.
-¿Qué te trae por aquí, Kouga? ¿Y dónde están Hichi y Ginta? – cuestionó Rin.
-Me alcanzarán pronto. Sabes que mi velocidad los supera- ambos sonrieron. –¿Cómo has estado, Rin?
-Sobreviviendo- dijo simplemente.
-Me lo suponía. El hanyou está preocupado por ti. No le daría importancia, pero Kagome siente la misma preocupación- acotó Kouga.
-No te preocupes. Yo sé cuidarme sola- dijo amablemente a sus palabras.
-Eso ya lo sé. Pero no quiero que este mundo te haga cambiar.
-Ya he cambiado, Kouga. Lo único que deseo ahora es… es volver a casa- pronunció quedo.
-Aquí te cuidamos, Rin- se unió a la conversación Sango.
-Preferiría que no lo hicieran. Todos salen lastimados por ello. Esto no tiene nada que ver con ustedes- suspiró cansada. –Desearía que esto sólo fuera un mal sueño- hizo una pausa. –Por desgracia no lo es.
-Jamás dejaremos que nadie te haga daño, Rin. Tu vida es más importante que la nuestra. Esta guerra sólo la puedes terminar tú. Si a ti te pasara algo… habremos fallado en nuestra tarea de proteger a la humanidad- Sango acarició el brazo de Rin.
-Espero que esto termine pronto- tomó la mano de Sango sobre su cuerpo. La mirada de Rin se posó en el frondoso bosque.
-Alguien se acerca- dijo Kouga.
-Es Eishi- secundó Rin, pasiva. –Puedo reconocer su esencia en cualquier parte.
Efectivamente, Eishi emergió de los árboles segundos después.
-Milady- no espero a que Rin se acercara a él. Corrió ligero hasta llegar a ella y la abrazó efusivamente. –Mi pequeña. ¡Qué alegría verte!- Rin no respondió.
El general aflojó su abrazo para mirarla al rostro. Le acarició la mejilla derecha y besó su frente. Eishi se volvió un poco hacia el resto y los saludó con un gesto de cabeza. –Exterminadora Sango. Jefe Kouga.
-General Eishi- dijeron al unísono los aludidos a modo de saludo. Eishi volvió su atención a Rin.
-Mi niña. Te traigo excelentes noticias del Oeste. He dialogado con el Lord Sesshoumaru acerca de la guerra y… él ha decidido que tienes que regresar al palacio.
-¿Por qué la quiere allí?- preguntó Kouga fastidiado.
-Porque pronto partiremos hacia el Norte. Le haremos una visita a Lord Shishio. Necesitamos reunir fueras para la guerra, ya que Radamanthys ya lo ha hecho- explicó pacientemente el general.
-Esa es una magnífica noticia. Lord Shishio nos ayudará sin dudarlo- habló Sango. –Rin ¿tú que opinas?- deseó saber la exterminadora. Eishi miró fijo a Rin y contuvo el aliento esperando su respuesta. No estaba seguro de que Rin aceptara. De seguro, ver a Sesshoumaru, era lo último que quería hacer.
-Me parece la más sensata de las decisiones que el Lord del Oeste ha tomado hasta ahora- confesó Rin. –Si Lord Shishio nos da un 1 % más de victoria en la batalla… entonces, creo que deberíamos verlo de inmediato. Cuantos más aliados, mejor.
Los tres restantes la miraron sorprendidos. Todos se esperaban una negación rotunda por parte de ella. Y con razón. No esperaban esta faceta inteligente y objetiva por parte de Rin. No porque no la creyeran capaz, por supuesto. Pero esperaban a una Rin que se dejaba guiar más por los sentimientos que por la sensatez, tal y como era antes. Claro que ella había cambiado. Desde que Sesshoumaru la echara del castillo. Rin ya no seguía sus sentimientos, sino a su sentido común.
-Bien, me alegra que lo tomes así. Partiremos de inmediato, Milady. Luego, claro, de tener unas palabras con el príncipe Inuyasha. Él también debe ser informado, por supuesto- cortó el silencio Eishi.
-¿A Sesshoumaru le agrada que Inuyasha sea partícipe de ello?- indagó Sango, curiosa.
-Pues claro que no. Pero creo que él merece saber tanto como nosotros. Después de todo, Rin es su protegida- sonrió el general.
Luego de encontrar a Inuyasha y a Kagome, se pusieron en marcha hacia el castillo de Sesshoumaru. Encabezaban la marcha Inuyasha y el general, mientras que las últimas dos iban unos diez pasos más atrás.
-¿Rin, cómo te sientes con esta situación?- curioseó Kagome susurrando. Como si haciendo aquello los dos primero no pudieran escucharlas.
-Perfectamente. Ya era hora de que Sesshoumaru se dejara de perder el tiempo. En mi opinión, mientras más pronto comience la guerra… antes terminará.
-Esa es una conclusión muy sabia- finalizó la miko sabiendo que Rin se molestaba cada vez que le hacían esa pregunta. Como si ella no fuera lo suficientemente objetiva.
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El Lord miraba fuera de la ventana. ¡Por Kami! Ya podía sentir su aroma. Ese delicioso aroma que tanto la caracterizaba. Estaban cerca. Eishi había cumplido su trabajo de traer a Rin lo antes posible al castillo. Bueno, lo había hecho casi perfecto. Sólo que el hanyou y la miko los acompañaban. Cosa que él jamás autorizó. Pero teniendo en cuenta su cooperación, en la batalla anterior, ese detalle se podía dejar pasar. "¡Por todos los cielos! Desde cuándo eres tan blando, Sesshoumaru" se dijo a sí mismo. "Pues desde que conocimos a Rin, idiota" "Habías dejado de fastidiarme, maldito. ¿Por qué has vuelto?" "Pues por la misma razón que aparecí la primera vez. Por la diosa" "Creo que tu meta sigue siendo molestarme" "No, sólo trato de hacer que entres en razón. Espero que no seas un maldito monstruo con ella. Hace mucho que no la vemos" "No importa qué haga. Dudo que ella esté feliz de verme" "Pues es tu culpa. Siempre tomas las peores decisiones. Es un milagro que haya venido hasta aquí" "Estoy de acuerdo. Pero eso no cambiará mi manera de actuar" "¿Quieres apostar?".
Se adentraron en el castillo con paso ligero. Todos los saldados y sirvientes saludaban a Rin con una reverencia al pasar por su lado, hasta algunas criadas se inclinaban y pronunciaban la palabra "Milady" con respeto. Eso le produjo nostalgia a la chica. Una cadena de recuerdos inundó su mente entristeciéndola. Sacudió su cabeza para alejar aquellos pensamientos. Ya nada era como antes. Jamás volvería a serlo.
Sesshoumaru bajó por las extensas escaleras hacia la sala principal, donde lo esperaba el grupo. Se adentró en el salón a paso decidido y se detuvo frente a Eishi que lo esperaba de pie.
-Creo haberte dicho que sólo a Rin debías traer- habló el Lord.
-Nunca me dijiste que Inuyasha no debía saberlo- contestó Eishi aguantando la risa.
-Estamos aquí con un objetivo en común, Sesshoumaru- dijo Inuyasha antes de que el Lord volviera hablar.
-El príncipe está en lo cierto, ese objetivo es el que nos unirá y nos hará victoriosos. Además, Milady habla con sabiduría. Mientras más pronto comience la guerra, más pronto terminará- finalizó Eishi haciendo énfasis en sus palabras para hacerle saber a Rin que la había escuchado cuando viajaban hacia el castillo.
Sesshoumaru dirigió su mirada a Rin. ¡Kami! ¡Qué hermosa estaba! Y su semblante, aparentemente tranquilo, la hacía parecer aún más bella. Rin lo miraba como debía de mirarlo cualquier ser humano. Lo miraba como el Lord que era. Con respeto y dignidad, pero sin una pizca de temor y mucho menos…amor. Sus miradas quedaron atrapadas por unos cuantos segundos. Él pudo percibir el autocontrol de la humana. Rin había levantado un muro invisible entre ellos y se había puesto una dura máscara de serenidad. Era extraordinaria. Recorrió su cuerpo con la mirada una vez más antes de volver la vista hacia Eishi.
-¿Les informaste del plan?- dijo el Lord.
-Sí. Partiremos hacia el Norte cuanto antes. Rin está de acuerdo con ello- aclaró el General. Sesshoumaru volvió a mirarla.
-Debemos actuar deprisa. De seguro el Lord del Norte será informado de nuestra anterior batalla. Y necesitamos reunir fuerzas- pronunció Rin haciendo énfasis en la palabra nuestra. –Si contamos con más guerreros y estrategas serán más complicadas para Radamanthys las batallas.
-Rin tiene razón, Sesshoumaru. Debemos obtener la mayor cantidad de aliados posibles- dijo Kagome convencida.
-Entonces está decidido. Hoy mismo recogeremos lo que necesiten y mañana al alba partiremos hacia el norte- concluyó Eishi con una sonrisa. Todo había salido de maravilla.
Sesshoumaru miró a Rin una vez más. Ella le sostuvo la mirada, pero no demostró ni una sola emoción. La chica se giró hacia el General y haciendo una inclinación de cabeza pronunció. –Debemos regresar, entonces. Yo sólo llevaré lo indispensable. Creo también que deberíamos de comunicarle a Kouga y a los otros el siguiente movimiento.
-No veo ningún motivo razonable para hacer semejante acción- aclaró Sesshoumaru recordando de pronto la atracción que el lobo sentía por Rin.
-Todo lo contrario, Milord. Mientras más youkais nos ayuden será mejor. Y Kouga tiene todo un clan que le servirá sin dudarlo un segundo. Si Kouga nos apoya significa que tendremos otro pequeño ejército con el que contar- acotó Rin.
-Youkais sin habilidades para la batalla- atacó Sesshoumaru.
-De ninguna manera, ellos son excelentes en el campo de batalla. Además de sus ágiles movimientos. Y si en el caso de que no fueran lo suficientemente fuertes; siempre está la posibilidad de que retengan tan sólo un poco los ejércitos de Radamanthys- dijo la diosa sin dar su brazo a torcer.
-Milady tiene razón, Sesshoumaru. Mientras más…mejor- intentó convencer Eishi.
Sesshoumaru lo meditó un momento sabiendo que no tenía razones convincentes para que Kouga no ayudara. Si tan sólo decía que él no podía ir, estaría afirmando a voz viva que se moría de celos. Optó, mejor, por asentir. –De acuerdo.
-¿Tú qué opinas, Príncipe Inuyasha?- el General dirigió su atención al hanyou.
-Me parece una estupidez enorme esta guerra, y no me gusta para nada que el lobo venga con nosotros- hizo una pausa. –Sin embargo, Rin está en lo correcto. Mientras más aliados tengamos, mejor- miró a su esposa, la cual asintió. –Debemos regresar a la aldea. Recogeremos nuestras cosas y volveremos.
-Un carruaje pasará por ustedes, Príncipe. No es necesario que vengan andando hasta aquí- sonrió Eishi.
-Bien.
-Partimos entonces- Inuyasha, Kagome y Rin regresaron a la aldea.
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El trayecto hacia el norte resultaba ser bastante tranquilo, sin ningún contratiempo. Sesshoumaru e Inuyasha encabezaban la marcha a paso rápido; mientras que Rin, Kagome, Eishi y Kouga los seguían a unos cuantos metros.
-Kouga, me alegra mucho que hayas decidido ayudarnos- rompió el silencio Kagome mirando al aludido.
-No es nada. Rin me lo pidió, jamás podría negarme- le sonrió a la diosa, pero ésta no tenía la vista dirigida a él. Sino que la tenía fija hacia su derecha, observaba el bosque que los rodeaba.
-No estamos solos, chicos. Nos vigilan de cerca- pronunció Rin.
-¿De verdad? ¿Cómo es que no siento su presencia?- cuestionó Kouga aturdido.
-Los seguidores de Shishio aprenden esa habilidad rápidamente. Son entrenados arduamente para dominar esa maestría. Así les es mucho más fácil derrotar a sus enemigos- se unió a la conversación Eishi. –Rin es muy poderosa. Por ello pudo advertir la presencia de los espías de Shishio.
-Esta acción, por parte de Shishio, nos deja muy en claro que no confía en nosotros- acotó Rin.
-Por supuesto que no lo hará, Rin. Shishio debe proteger a su gente. Y aunque venimos para pedir su ayuda, no es nada alentador para él que tres youkais, un hanyou, una miko y la reencarnación de una diosa se presenten en sus tierras armados hasta los dientes- dijo Kagome.
-Supongo que tienes razón. Pero él no sabe que yo soy la diosa.
-No, pero lo sospecha. Ya desde esta distancia, Shishio puede sentir tu aroma. Y sabes que no hueles como un humano común- respondió la miko.
-Pues le daré una pequeña sorpresa al Lord del Norte- sonrió la diosa al momento de pronunciar estas palabras. Momentos después, se concentró, y ocultó por completo su poder. Su aroma se desvaneció en el aire y su presencia dejó de existir... logrando así imitar a los guardianes de Shishio. Requería de mucha meditación hacerlo, pero no era tan difícil como la primera vez. Eishi soltó una pequeña carcajada. Travesuras como esa, le confirmaba que la pequeña Rin dormía en un rincón de su alma.
Caminaron a paso seguro hasta llegar a una colina. Desde allí se podía ver el imponente castillo de Shishio.
-Miren cuántos humanos hay aquí- habló Kouga algo sorprendido observando los cientos de individuos moviéndose de un lugar a otro.
-Pues tenemos que movernos deprisa. Si nos ven caminando como si nada nos atacarán…o peor aún, comenzarán a gritar aterrados- dijo un fastidiado Inuyasha.
-No crea que son tan débiles, Príncipe. Los habitantes de las tierras del norte saben perfectamente cómo matar a un youkai. Son excelentes exterminadores- articuló el General.
-Entonces con más razón debemos movernos sin que lo noten- diciendo esto Inuyasha cargó a su esposa sobre sus brazos y utilizó su rapidez hanyou para deslizarse de árbol en árbol. Kouga trató de imitarlo. Se dirigió hacia Rin y le ofreció su mano. Ésta sonrió al momento de negar con la cabeza.
-Yo puedo hacerlo sola, pero gracias igualmente Kouga- saltó con extrema agilidad hacia los árboles para alcanzar a Inuyasha. Kouga quedó sorprendido por la destreza de Rin. Ella era tan sólo una humana.
-No se quede atónito, Jefe Kouga. Rin es sumamente capaz de esgrimirse a sí misma- tranquilizó Eishi. Luego siguió a la diosa. Con Kouga detrás. Sesshoumaru volaba en su esfera de luz a un lado del grupo.
Los seis integrantes descendieron en la entrada del castillo. Unos cuantos guardias, tanto humanos como youkais, los esperaban para ingresar.
-Lord Sesshoumaru- dos guardias se inclinaron en forma respetuosa hacia Sesshoumaru. –Adelante, Lord Shishio lo espera- dicho esto, los guardias se adentraron en los jardines por los grandes portones de hierro. El grupo los siguió sin dudarlo.
Al pasar por el sendero hacia el ingreso, muchos youkais inclinaban sus cabezas en reverencia hacia Sesshoumaru. Después de todo era un Lord muy respetado y temido.
Una vez dentro, los guardias los dirigieron hacia un extenso salón. Las paredes del mismo estaban decoradas con lujosos tapices; los muebles eran costosos, al igual que las arañas colgadas del cielo raso. Una vez en el centro del salón un sirviente humano anunció. –En un minuto se reunirá con ustedes Lord Shishio- y se retiró. Unos momentos después apareció por el umbral de la puerta un youkai alto, de cabellos cortos y castaños; poseía unos penetrantes ojos grises, y era un youkai hermoso… muy hermoso. Rin contuvo su respiración. Ese youkai debía ser descendiente de dioses. Era el demonio más bello que había visto en su vida… y había visto muchos en las últimas semanas. A su lado lo acompañaba un humano. Pero no por serlo era menos imponente. El humano tenía una contextura física muy superior a muchos. Tenía ojos fríos de color azul y su largo y negro cabello lo tenía recogido en una prolija trenza. Sus ropajes eran refinados y en su mano derecha sostenía una pesada lanza tallada en oro. Ambos eran elegantes y hermosos. Se percibía también gran poder emanar de ellos. Rin los observó hipnotizada. ¡¿De dónde habían salido?! Sesshoumaru notó el cambio en el semblante de Rin. No era la primera vez que él presenciaba esa reacción de parte de las féminas hacia el youkai. Pero era realmente irritante observar a su Rin babeando por otro Lord.
-Lord Shishio…- habló Sesshoumaru para captar la atención de los presentes. Más en concreto de Rin. –General Yang- los saludó inclinando sólo un centímetro su cabeza.
-Lord Sesshoumaru… General Eishi… - correspondió el aludido al saludo caminando hasta estar frente a ellos con el humano a su lado. –Príncipe Inuyasha, Miko Kagome, Jefe Kouga… - hizo una pausa para mirar a Rin luego de hacer una reverencia. –Señorita…
-Milady Rin. Diosa y defensora de los humanos- interrumpió Sesshoumaru señalándola con su mano derecha. Al instante el General Yang se postró a sus pies, su cabeza rozaba el suelo. –Milady. Es un honor que nos visite. Mis más sinceras gracias- pronunció Yang hablando con voz fuerte, grave y clara sin levantar su cabeza.
-Levántese General Yang. No hay necesidad de tal reverencia. Soy su igual- le dijo dulcemente Rin ayudándolo a ponerse de pie.
-Lord Sesshoumaru, me contenta que estés aquí. No es muy común verle por los alrededores- dijo Shishio sabiendo que Sesshoumaru sólo pisaba sus tierras si se requería de su presencia con urgencia. –¿Pero a qué se debe tu visita?
-Sabes perfectamente a qué hemos venido- se limitó a responder. Hubo un silencio sepulcral unos minutos hasta que Shishio volvió a tomar la palabra. –Deben de estar exhaustos por el viaje. Tomen asiento, por favor.
Una vez acomodados en los sillones forrados en piel, Lord Shishio volvió a hablar. –Milady, no es necesario que siga escondiendo su poder y su esencia. Ya sé que está aquí.
-Lo siento. Me he olvidado de disminuir el escudo- contestó de prisa
-Debo suponer que esta habilidad fue empleada para hacerme saber de lo que eres capaz- habló con voz afable el hermoso youkai.
-No lo he hecho con intención de faltarle el respeto, Milord.
-Yo sé que no. Pero me alegra que lo hayas utilizado. No sabía que una humana podía dominar esa habilidad. Por lo menos no una humana fuera de mis tierras.
-Es la reencarnación de una diosa. Podría hacer muchas cosas que ni siquiera ella misma sabe aún- habló Kouga.
-Ahora me doy cuenta. No había pensado realmente en ello.
-Lord Shishio. Necesitamos sus tropas- dijo el General del Oeste yendo al punto. Hizo una pausa para después proseguir. –Necesitamos de sus fuerzas, de sus estrategas y, sobre todo, necesitamos aliados. Necesitamos más guerreros. Personas que puedan luchar y sean fieles a sus líderes…. –
-Necesitan de personas para sacrificar. Personas que puedan retener y distraer a las tropas de Radamanthys- interrumpió Shishio. Él no era ningún tonto.
-Yo no lo diría con esas palabras- contestó Eishi.
-Pero esa es la verdadera razón- habló Yang.
-Si sus tropas son tan eficaces, como dicen serlo, no hará falta sacrificar a nadie- dijo Sesshoumaru. Shishio sonrió.
-En eso también tienes razón Sesshoumaru- tuteó el Lord del Norte.
-Lo quiera o no, Lord Shishio. La guerra ya comenzó, y se extenderá hasta éstas, sus tierras. Si nos da la espalda, Radamanthys no tardará mucho en venir a fastidiarlos. Y si se rehúsan a ayudarnos, Radamanthys sabrá que tiene más posibilidades de victoria- intervino Rin.
-¿Me está amenazando, Milady?- respondió Shishio.
-En lo más mínimo, usted sabe que eso ocurrirá- concluyó ella.
-Es raro ver que permites esta clase de insolencia por parte de tus compañeros, Sesshoumaru- opinó el lord del Norte.
-Ella es la reencarnación de la diosa; y la única salvación para tu pueblo. Radamanthys sabe que tus tierras están plegadas de humanos. Pronto se le ocurrirá venir hacia aquí. Además, Takuma Fudou está aliado a él. Sabes lo que eso significa, Shishio. Muerte, degradación, depravación y mucha sangre y brutalidad- aclaró Sesshoumaru.
-Además vinimos aquí para pedir tu ayuda, para aliarnos y formar un frente unido. Nosotros te necesitamos tanto como tú nos necesitas a nosotros- recalcó Inuyasha.
-Piense Lord Shishio. Nos necesitamos los unos a otros para vencer- dijo Kagome.
-¿Qué piensas, Yang?- habló nuevamente Shishio.
-Si la diosa necesita de mis servicios para preservar a los de mi especie, entonces con gusto quiero ayudar- confesó el aludido.
-Bien. Creo que no me dejan muchas opciones para elegir- sonrió Shishio. –Iba a ayudarlos de todas formas. Claramente no quiero ver perecer a mi pueblo.
-Unidos seremos indestructibles- dijo Eishi.
-Bien. Entonces no hay tiempo que perder…. ¿Cuál es el plan?-
Continuará…..
N/A: Perdón! Lo siento! Por tardar taaaaanto en actualizar! Pero…. Mejor tarde que nunca! Espero sus reviews!
