Holaaa, ya llegué, no se preocupen.
No les quitaré tiempo, prefiero que empiecen a leer.
Volvió al gimnasio. No estaba desobedienciendo las órdenes de Laura mientras no subiera a boxear, de modo que, no debería haber problema. Se encontró de nuevo con personas a su alrededor que la miraban entusiasmados y supo que, de nuevo, no tendría más opción que firmar autógrafos.
Ash se encogió de hombros y le dio una sonrisa que parecía decir "ya sabes cómo son" para luego interpretar el papel de organizador tal como había hecho antes.
Marceline se vio envuelta entre gente desconocida que insistió en tomarse fotos y tener un autógrafo y estaba segura que algunos no sabían siquiera su nombre. Recordó enseguida las palabras de su entrenador, y entendió que tenía razón, a la mayoría no le importaba conocerte como persona, lo que de verdad querían era poder presumir que conocieron a un famoso.
Le gustaría cambiar de gimnasio, pero eso implicaría traicionar la buena amistad que había entablado con Ash, no quería dejarlo sólo porque las personas se enteraron que ella iba a entrenar ahí.
Suspiró. Le hubiera gustado quedarse en casa con Bonnibel, pero ella tenía que ir al trabajo temprano por lo que decidió distraerse mientras se acababa su turno. Aunque no era esto lo que tenía en mente. Casi no tenía tiempo de hacer ejercicio porque no la dejaban tranquila.
Comenzaba a fastidiarse. Se levantó de golpe de la mesa donde había estado y anunció que debía salir un segundo, sólo quería ir al baño para tener un momento de paz a solas.
Se revolvió el cabello fastidiada. Sabía que eran sus administradores, o algo así, pero no por ello dejaba de ser menos incómodo tratarlos.
Estaba a punto de entrar al baño, pero escuchó voces y decidió esperar a que salieran, ya no soportaba toparse con una sola persona más. Las chicas no se percataron de su presencia y continuaron con su conversación. Marceline no pudo evitar escucharlas al estar tan cerca.
—Yo digo que no debería costar tanto —se quejaba una.
Es verdad que el precio del gimnasio era algo elevado. En eso le daba la razón.
—Ya hablamos de esto —respondió una segunda voz—. Ash está cobrando lo justo. Es alguien famosa después de todo, ¿no?
Agudizó el oído ante eso último, ¿de qué rayos estaban hablando? ¿Se estarían refiriendo a ella? ¿Qué quisieron decir con eso de que Ash cobraba lo justo?
—Supongo que tienes razón, pero por favor, 100 dólares por una foto es una locura, ni que fuera Shawn Mendes.
La otra persona soltó una risa burlona ante eso.
—Si fuera Shawn Mendes el precio no bajaría de los 500 dólares, seguramente.
Ya no escuchó la respuesta de la otra chica porque salió de ahí furiosa tratando de encontrar a Ash. Esta vez no se detuvo ante la multitud y pasó entre ellos hasta que divisó unos mechones blancos junto a las mesas. Necesitaba encararlo y reclamarle por estar vendiendo su imagen sin su permiso. ¿Cómo no lo pensó antes? Era lógico que hiciera algo así. Evidentemente se había aprovechado de la amistad que tenían para aumentar el dinero de su negocio a como diera lugar.
Se sentía usada y traicionada, sin contar que tenía ganas de golpearlo, pero prefirió no hacer un escándalo sólo por consideración a su jefa. Ella no necesitaba más problemas hasta no estar de vuelta, lo cual sería pronto en realidad, tenía entendido que llegaba al día siguiente.
—Ash, necesito hablar contigo —le dijo en cuanto llegó hasta él.
El chico asintió, había estado platicando con otro entrenador, pero ahora la guiaba a su despacho para tener algo de privacidad. Marceline nunca había entrado ahí, pero no se molestó en admirarlo, tenía asuntos más importantes que tratar.
— ¿Qué pasa mi querida Marceline?
— ¿Por qué has estado vendiendo mi imagen sin mi consentimiento? —preguntó lo más tranquila que pudo.
Su sonrisa se ensanchó y levantó las cejas, sorprendido. No daba muestras de que le importara haber sido descubierto, se limitó a sentarse sobre su escritorio sin dejar de mirarla.
— ¿No es obvio? Atrae más clientes.
— ¡Eres un…!
—Ten cuidado con lo que dices —le advirtió—. No es tan malo, tú obtienes más fama y yo gano recomendaciones y dinero. Todos ganamos.
—Yo no quiero fama.
— ¿Ah no? —dijo sirviéndose un vaso de whisky—. ¿Entonces porque eres modelo?
Marceline no supo que responder y tampoco quiso hacerlo. Ash resultó ser un idiota y ya no planeaba seguir ayudando con su negocio clandestino a costa suya.
—Me largo, y no esperes que vuelva.
—Vamos, Marceline, ayuda a un amigo. —Le sonrió tomando un trago.
—Tú y yo no somos amigos.
Salió dando un portazo y atravesó el gimnasio todavía enojada sin detenerse con nadie. Las personas parecían enojarse por su actitud, pero no le importó. No volvería a poner un pie en ese lugar.
Bonnibel no estaba teniendo una mañana muy diferente a la de Marceline. Su compañero de trabajo no dejaba de fastidiarla, y en esta ocasión más que de costumbre puesto que sacaba a colación la noticia cada vez que podía. Lamentaba que no tuvieran mucho trabajo para así al menos ocuparse en algo y poder ignorarlo.
Justo ahora se encontraban en el recibidor pasando el rato. Bonnie conversaba con Laura por mensajes y Marshall se entretenía jugando solitario en la computadora.
— ¿Entonces están saliendo eh?
La pelirrosa rodó los ojos.
—Te he dicho ya mil veces que eso no es así.
— ¿A quién quieres engañar, Bonnibel? Yo las vi el otro día —dijo girando la silla para poder verla de frente—. Estaban abrazadas muy cariñosamente.
Bonnibel enrojeció recordando el momento. La sensación del cabello de Marceline entre sus dedos, era muy agradable y pasar el tiempo juntas se convirtió en su mejor pasatiempo.
Lo cierto es que venía notándolo desde hace días, ese cosquilleo en el estómago, esa felicidad cada vez que algo tenía que ver con ella... Seguramente a ella…
—Eso no significa nada —alegó en defensa—. Era su cumpleaños, sabes. La estaba felicitando.
—Claro, que gran felicitación. Eres muy tierna y amable y todo eso, ¿verdad?
—A ti qué te importa, de todos modos. —Resopló—. Es mi vida al fin y al cabo.
Él sonrió sin apartar la mirada. Era como si supiera aquello que tan bien se había estado guardando, incluso de ella misma.
—No sólo es tu vida. Se trata de Marceline y ella es una persona conocida, Bonnie, así que no esperes que su relación pase desapercibida.
— ¡No tenemos ninguna relación!
—Está bien, pero cuando empiecen a tenerla, ¿me puedes dar su autógrafo?
—Maldita sea, Marshall, una palabra más sobre esto y…
La puerta se abrió dejando ver a una Marceline abatida y molesta. Bonnie se olvidó rápido de su compañero con tal de saber el porqué de su expresión.
—Marcy. ¿Qué pasó?
Marshall no dijo nada y ella ignoró su presencia yendo directo a Bonnibel donde dejó caer su peso en su hombro.
El muchacho soltó una risa ganándose una mirada de advertencia de Bonnibel. Decidió dejarlas solas y se fue sin quitar la sonrisa del rostro.
— ¿Estás bien? —preguntó dándole palmaditas en la espalda para consolarla.
—Sí. —Le pasó los brazos por el cuello—. Sólo necesitaba relajarme y estar contigo logra que lo haga.
Bonnie no dijo nada, pero sonrió dejando que permaneciera en su hombro todo el tiempo que necesitara. Al parecer a ninguna le apetecía separarse ya que permanecieron así un buen rato antes de que finalmente decidieran romper el abrazo.
Marceline parecía más tranquila, incluso más feliz y le dio una sonrisa. Ahora que había pasado su momento de rabia volvía a sentirse tímida ante Bonnibel por culpa de esa mirada azúl que lograba desarmarla.
Se quedaron calladas un momento hasta que el silencio fue más de lo que pudieron soportar.
— ¿Quieres ir a comer cuando acabes tu turno, Bonnie?
—Sí, me encantaría.
Marshall apareció de nuevo cargando un cachorro que parecía muy a gusto dormido entre sus brazos.
— ¿Me van a invitar a la boda? —preguntó.
La pelirrosa le reprochó con la mirada y Marceline sólo sonrió algo nerviosa.
— ¿Te vas a callar?
—Pero vamos, Bonnie, yo sólo quiero pastel.
—Te juro que si no te callas ahora, te golpearé —le advirtió.
—Que ruda, ¿y así te gusta? —preguntó a Marceline.
Ella le dio una sonrisa, en realidad había tenido un día horrible y lo único que quería era hablar con Bonnie al respecto, pero si Marshall no se iba nunca podría hacerlo.
—Sí.
Eso los sorprendió a ambos. Bonnibel no pudo evitar que sus mejillas se encendieran sin poder creer todavía la respuesta de la chica.
—Oh. —Fue todo lo que pudo decir antes de esbozar una sonrisa burlona.
—Si me permites, quisiera hablar con ella en privado.
—Por supuesto, no voy a interrumpir a la feliz pareja.
Una vez que se hubo ido Marcy soltó un suspiro y entonces entendió que lo había dicho sólo para deshacerse de él sintiéndose un poco tonta por haber creído que era en serio. En lugar de pensar en eso, decidió enfocarse en porque su amiga lucía tan desanimada.
— ¿Pasó algo? —preguntó.
—Ya no quiero esto, Bonnie —dijo apesadumbrada.
— ¿De qué hablas?
—Estos días en los que se han dado a conocer asuntos de mi vida privada, me he dado cuenta de que detesto ser conocida. Quiero volver a mi vieja vida.
Bonnibel alzó ambas cejas.
— ¿Planeas renunciar?
— ¿Sería tan malo?
—No es que lo sea, pero hiciste un contrato y dudo que a Laura le guste que te des por vencida tan rápido.
— ¿Entonces crees que debería continuar en todo esto? —preguntó dejándose caer en uno de los sillones.
—No. No creo que debas hacer nada que no quieras —respondió sentándose a su lado.
Le dedicó una sonrisa conciliadora que Marceline devolvió. Si ella la apoyaba no tenía nada que temer en cuanto a su jefa, no podía ser tan mala, ¿no?
—Esperaré a que salgas para que podamos ir a casa.
—Aún falta mucho, deberías adelantarte.
—Pero…
—De verdad, voy a estar bien.
Suspiró.
—Muy bien, te veré allá entonces.
Bonnie asintió y, no sin antes cerciorarse de que Marshall no estuviera merodeando por ahí, la despidió con un beso en la mejilla que levantó a tope el ánimo de Marceline. Sus latidos estaban descontrolados y prefirió irse antes de que ella pudiera notarlo.
—Ah, cierto. —Se había detenido en la puerta—. Toma.
Le entregó su chaqueta y, aunque Bonnie la miró extrañada, no se rehusó a tomarla.
—Hace frío afuera —explicó.
Y era verdad, con el invierno acercándose a pasos agigantados el aire era cada vez más helado. No quería verla enfermarse, aunque eso podría implicar que la enferma terminara siendo ella.
La pelirrosa la vio salir y también escuchó entrar a su compañero, pero no le prestó atención, estaba demasiado ocupada notando la calidez en la chaqueta que ahora tenía aferrada al pecho.
—Sí, muy lindo, ¿podemos volver a trabajar ahora?
Ni siquiera ese tono en Marshall logró hacerla enojar. Se dio vuelta dándole una sonrisa antes de responder.
—Por supuesto.
Marcy se quedó acostada en la cama sin saber qué más hacer, quería sacarse de la cabeza cómo se había sentido al enterarse de que Ash la estuvo engañando, pero concentrarse en el inocente beso de Bonnibel tampoco ayudaba a su sano juicio, de modo que terminó tratando de dormir un rato.
Se cobijó y de alguna manera sus pensamientos se enfocaron en algo nuevo, algo que no recordaba haber vivido por lo que le prestó mayor atención. Se vio a ella misma de niña, iba de la mano de una mujer de cabello castaño que le sonreía y la alzaba en el aire mientras ella reía.
No era un recuerdo muy largo, pero fue lo suficientemente real como para darle un sentimiento de vacío y añoranza. Estaba segura de que esa mujer era su madre y también tenía el presentimiento de que algo malo pasó después de aquello, aunque su mente no quiso mostrárselo. De algún modo lo supo, su madre había muerto, no sabía cómo, pero le inspiraba profunda tristeza pensar en ello.
Tal vez esa fuera toda la realidad. Era una huerfana que de alguna manera terminó en la calle, quizá estuvo en un orfanato y cuando la dejaron ir no supo qué hacer con su vida, pero de ser así no tendría dos carreras universitarias. Eso ni siquiera sabe cómo lo consiguió.
Después de un rato de hundirse en sus pensamientos se quedó dormida y no supo cuánto tiempo pasó, pero debió ser bastante porque cuando volvió a abrir los ojos, Bonnie estaba sentada en la cama con ella, en pijama y viendo una película con el volumen tan bajo que seguramente se estaba enfocando más en los subtítulos que en el audio.
Cuando notó que se había despertado le sonrió.
Marcy le devolvió el gesto y se acomodó a su lado tayando uno de sus ojos con el dorso de la mano. Ahora tenía hambre y su estómago se lo hizo saber de la forma más ruidosa que encontró logrando que se avergonzara por haber sucedido justo al lado de la muchacha que le gusta.
—Prepararé algo de comer.
—No tienes que hacer eso, Bonnie, tú acabas de llegar de trabajar y…
—No importa. —Ya se estaba poniendo en pie—. Tú siempre haces muchas cosas lindas por mí, deja que te devuelva al menos un poco.
No pudo impedir que saliera de la habitación, pero al menos fue tras ella para ayudarla en cualquier cosa que pudiera necesitar. Al final terminaron cocinando juntas, cosa que no podría haberla hecho más feliz. Tal vez este era un buen momento para hablarle de sus sentimientos, podía ser valiente por una vez en su vida y arriesgarse, después de todo, ¿qué tan mal le podía ir?
—Bonnie, yo…
Su teléfono comenzó a sonar haciéndola soltar un gruñido y vio en la pantalla el nombre de Fionna por lo que no tuvo más remedio que contestar. Quizá fuera una especie de señal y debería entender la indirecta de que Bonnibel y ella nunca serían nada.
Suspiró.
—Hey, ¿qué pasa, Fionna?
—Mamá quiere saber si no tienes nada qué hacer mañana para que vengas a comer con nosotros.
¿Realmente había interrumpido su acto de sinceridad por eso?
—Claro, yo voy mañana. ¿Qué celebran?
—En realidad nada, sólo quería invitarte como buenas amigas que somos.
—Dijiste que lo había pedido tu mamá —le recordó.
Mientras tanto Bonnibel había tomado los platos con comida y le hizo un gesto a Marcy de que la esperaba en la habitación. Ella asintió como respuesta.
—Mi mamá, yo, ¿cuál es la diferencia?
— ¿Hay algo más que quieras decirme?
—Bueno, últimamente casi no nos vemos, sólo extraño tu compañía.
—Eres tan tierna.
—Sí, sí, ¿vas a venir o no?
Marceline rio.
—Claro que iré.
—Bien, te veo mañana.
—Chao.
Cuando entró a la recámara la pelirrosa se encontraba ya deborando su comida y se veía concentrada en la película que estaba en esos momentos. Ella se acercó a ver de cuál se trataba tomando su plato también y notó que era set it up. La conocía, trataba sobre unos asistentes que logran juntar a sus jefes para hacer sus vidas más fáciles. La había encontrado en otra ocasión haciendo zapping.
Bonnie se recargó en su hombro por todo el tiempo que duró la película y para cuando terminó casi había caído dormida, aunque el ruido de los créditos la despertó. Estiró sus brazos y soltó un bostezo que le terminó contagiando.
— ¿Por qué no leemos más de tus cartas, Marcy? Tal vez así veas que no todo es malo cuando eres conocida.
—La verdad no se me antoja.
—Vamos, no seas aguafiestas.
Ella rodó los ojos, pero terminó sonriendo y se encogió de hombros. Bonnie interpretó eso como una señal de que estaba de acuerdo y se levantó para traer la bolsa. La dejó en su regazo y comenzó a leer unas cuantas, sólo las repetía en voz alta cuando consideraba que valían la pena ya que no quería desanimarla más con respecto a su empleo.
Marceline escuchaba atentamente, aunque era más por escuchar su dulce voz que por verdadero interés de lo que pudieran decir esos papeles. Notaba como fruncía el ceño cuando algo no le gustaba y como sonreía cuando encontraba algo bueno, así como la forma que tenía de morderse el labio de vez en cuando mientras leía mentalmente.
Esa chica le gustaba mucho, tanto que… Se acercó un poco más sin que se diera cuenta y comenzó a levantar su mano, quería acariciar su mejilla ahora que la veía tan distraída, incluso podría decir que estaba confundida.
—Oye Marcy.
Se detuvo y dejó caer el brazo. Bonnibel no lo había notado, pero la miraba sin dejar de fruncir el ceño.
— ¿Qué pasa?
—Esta carta… Es un tanto extraña.
Marceline tomó el papel que le estaba dando y leyó.
"Marceline, te hemos escrito ya muchas veces, seguimos esperando en el mismo lugar. Por favor, ven rápido, Keila no está muy feliz ahora mismo, pero nosotros confiamos en ti".
Y adjuntaban una dirección.
¿Esperando por ella? ¿Quiénes? ¿Quién era Keila? No podía dejar de mirar las letras una y otra vez, pero seguían sin decirle nada. ¿Podría ser que se tratara sobre algo de su pasado? ¿Sería posible? Tenía tantas preguntas que la cabeza comenzó a dolerle, pero no podía dejar que Bonnibel notara aquello, después de todo, no estaba enterada de su amnesia. Y definitivamente no estaba en sus planes hacérselo saber ahora.
—Sí… —dijo después de un rato—. Está raro.
—Viene firmada con los nombres de Guy y Bongo, ¿los conoces?
—No.
Marceline volvió a echar la carta con las demás y le sonrió a Bonnie quien seguía escrutándola con la mirada, como sí creyera que le estaba ocultando algo, y por un momento pensó que lo descubriría, pero ella pareció perder el interés unos segundos después y se acurrucó entre las sabanas para ir a dormir pidiéndole con la mirada que hiciera lo mismo.
Sonrió. Le gustaba dormir con ella.
Respuestas a los reviews.
Lucyloquilla: Oww, espero no haberme tardado tanto otra vez. Lo lamento. Y otra vez casi le suelta la sopa, pero el destino no la deja (?) Sí, ya hasta Marcy se hartó de todo eso, veremos si no termina renunciando.
alecita122: Ya sé que me tardé mucho en la actualización, pero, ¿cómo vas tú eh? jajaj ¿Crees que no se han dado cuenta de su presente? Yo creo que más bien es Marcy quien no ha sabido ver sus señales ;3 Pero muy pronto estarán ahí, me pregunto si serán antagonistas o amigos... Nos leemos pronto OWO
Tú: Y a mí me alegra mucho que pienses así de mi fanfic, aunque concuerdo contigo en que ya casi no hay fanfics bubbline. Ni buenos ni malos diría yo, pero bueno, yo seguiré escribiendo de la pareja que más amo :3 Gracias por tomarte el tiempo de dejar comentario.
