La calle estaba totalmente desierta, todavía era muy de madrugada y la gente tardaría en levantarse para empezar el nuevo día. Castiel miró a su alrededor; le gustaba la soledad, no tener que preocuparse por los humanos que hubiera cerca, simplemente tener tiempo para pensar. Había sido tan repentino, su existencia se había convertido en una auténtica locura y ni siquiera lo había visto venir.

Tanto tiempo sin haberle visto y ahora se lo encontraba como un demonio. ¿Tanto podía cambiar la forma de pensar de alguien? Había sido su hermano, uno de tantos, pero alguien a quien había amado con todo su corazón y ahora tenía que encontrarlo y enfrentarse a él.

Para un ángel, el tiempo no corría igual que para los humanos, para un ángel diez años apenas eran una fracción de tiempo, un corto espacio que pasaba delante de sus ojos sin darse cuenta. Había pasado miles de años con sus hermanos, habían sido felices, todo lo felices que podían ser los ángeles; habían visto crecer al ser humano, ampliar su forma de vida y enriquecerse en conocimientos, mientras ellos esperaban el momento en que su padre apareciera ante ellos.

Nunca habían visto a Dios, igual que los demonios jamás habían visto a Lucifer, hasta que había comenzado el Apocalipsis, pero Dios jamás había aparecido y por más que Castiel lo había visto por todo el mundo, por todo el cielo, incluso había buscado por el mismísimo infierno, pero Dios no había aparecido.

Por eso, muchos ángeles habían comenzado a dudar de su verdadera existencia, incluso había oído opiniones que decían, que Dios había muerto. Aquel hermano, aquel ángel que ahora se había convertido en demonio por falta de fe, había sido uno de los últimos en cambiar de bando y Castiel ni siquiera lo sabía.

La noche anterior se habían vuelto a ver, sólo que se habían tenido que enfrentar. Por nada del mundo, Castiel querría hacer daño a su propio hermano, no después de todo lo que habían vivido juntos; pero por culpa de sus sentimientos, había puesto en peligro a sus amigos. Se había quedado paralizado al verlo, habría podido con él, siempre había sido más poderoso que él y no habría tenido problemas en derrotarle, pero no había podido hacerlo, no se había sentido con fuerzas.

Un gato echó a correr, cruzando la calle y eso le devolvió a la realidad, los recuerdos eran demasiado dolorosos, por lo que agitó ligeramente la cabeza y continuó caminando. Como ángel, podía encontrar a otro ángel, aunque ya no fuera un de ellos, como si de un rastro especial se tratara. Cuando sentía que estaba cerca, el corazón del humano al que estaba poseyendo se aceleraba como si fuera suyo y todo él se ponía nervioso.

Miró a su alrededor, estaba cerca, podía sentirlo, seguramente si decía algo en voz alta, su antiguo hermano le contestaría. Pero no lo hizo, se mantuvo en completo silencio, con la única compañía del viento, que poco a poco se estaba levantando.

"Veo que me has seguido. Sabía que no dejarías ir sin más." Castiel estaba en lo cierto, su hermano estaba allí.

"¿Cómo iba a dejarte después de ver en lo que te has convertido? Eras mi hermano, te quería, te amaba y no voy a permitir que caigas en el abismo de las mentiras, por culpa de que algunos ángeles y demonios nos hayan utilizado."

"No sabes de lo que hablas hermano." La voz del ángel caído retumbó en el silencio de la calle. Castiel volvió a mirar a su alrededor, buscando a su hermano, pero el antiguo ángel no se dejó ver por ningún lado. "Veo que no te han contado toda la historia y sigues creyendo las antiguas mentiras."

"¿De que estás hablando? Vamos sal aquí y al menos mírame, ten el valor de decirme porque nos vendiste y que es lo que te ofrecieron ellos."

Una risa terrible, llenó la calle.

"¿Qué me ofrecieron? Vamos Castiel, sabes muy lo que me ofrecieron y si no estuvieras tan ciego, aún hoy con la búsqueda de un padre que se marchó hace mucho, también lo verías."

"¿Qué fue?" Gritó Castiel fuera de si. Amaba a su hermano, pero allí no estaba reconociendo a su hermano, no podía verlo tras aquella máscara de maldad que se había creado.

"La verdad."

Una sombra cayó desde uno de los tejados y se colocó frente a Castiel. Siempre había sido más alto y grande que él, pero su gran tamaño, junto con su gabardina negra y aquel semblante entonces terrible le daban un aspecto completamente aterrador.

"Un ángel me ofreció la verdad, me habló de las mentiras que tu me has contado, pero me dijo que los verdaderos mentirosos eran esos que creían fervientemente en la regreso de nuestro padres. Porque, ¿Sabes una cosa hermano? Nuestro querido padre nunca tuvo intenciones de volver, nos dejó tirados para que limpiáramos lo que él mismo había ensuciado."

El ángel, ahora convertido en demonio, se sorprendió al ver que el semblante de Castiel no cambiaba al escuchar sus palabras, como si ya conociera aquellas noticias. Se acercó a él un poco al ángel para mirarlo a los ojos y descubrir que era lo que escondía, pues parecía que no sólo él había cambiado.

Entonces lo vio. Castiel también lo sabía, había descubierto la verdad sobre Dios mucho antes que él, pero aún así seguía en el mismo bando. No lo comprendía, no era posible. Pero ahora sólo le cabía una opción, una de la que algunos le habían hablado, pero que nunca había visto con sus propios ojos.

"Veo que es cierto." Dijo por fin el joven demonio.

"¿De que estás hablando?"

Castiel dio un paso atrás, pues no le pasó desapercibida la mano que ocultaba su antiguo hermano en la gabardina; tal vez quería matarle después de todo, pero Castiel no se lo pondría nada fácil.

"Los humanos, has pasado tanto tiempo con ellos, que casi te has convertido en uno más. Compartes sentimientos humanos, eres vulnerable y te importan, ¿No me digas que los ves como si fueran tu familia?"

Castiel no supo que responder a la primera, podía decir que si, que Dean era como un hermano pequeño para él, un hermano al que debía proteger de los grandes peligros que siempre había a su alrededor y que sus hijos… llevaba años velando por ellos, aunque el cazador no lo hubiera visto.

Habían pasado muchas cosas juntos y Castiel no era el mismo desde que había estado cazando junto con Sam y Dean diez años antes. Todo era diferente ahora, pero su hermano no lo iba a comprender, pues para eso tendría que haber aprendido a aceptarlos como seres iguales y no inferiores.

"Has cambiado Castiel, tu tampoco eres un ángel, como esos a los que llamas hermanos. No creo que tu les caigas muy bien tampoco ahora que te has vuelto tan… humano." Dio un paso más adelante y cogió con fuerza el cuchillo que guardaba en el bolsillo.

Había matado a muchos ángeles con él, todos aquellos que se había encontrado por el camino y habían tratado detenerle, había caído sin poder llegar a decir nada. Era bueno, uno de los mejores en su trabajo. Pero aquel día, quería ser perfecto, pues Castiel no era tonto y le conocía demasiado bien, podía verlo en sus ojos, estaba preparado para defenderse, por eso, tenía que ser rápido y no dudar a la hora de matarlo.

"Lo siento hermano, pero podríamos haber sido muy grandes juntos y podríamos haber dominado a todos esos estúpidos ángeles que todavía esperan que su dios aparezca. Pero supongo que ahora es demasiado tarde para ofrecértelo supongo."

"Ahora eres un demonio. Toda nuestra vida nos hemos enfrentado a demonios, no puedes pedirme que me una a ti."

"Lo suponía, pero al menos tenía que intentarlo, antes de matarte."

El demonio extrajo la mano de su bolsillo con mucha rápido, casi tanta que apenas le dio tiempo a Castiel a reaccionar. El ángel se echó hacia atrás, justo cuando el demonio lanzaba el cuchillo contra él. La hoja del cuchillo rasgó ligeramente su gabardina, pero no le hizo nada a Castiel.

"Veo que no has perdido facultades hermano. Lo malo es que yo, he mejorado mucho más que tu."

El golpe que le dio con la mano izquierda que tenía libre, lanzó a Castiel unos metros. El ángel cayó al suelo y protestó, pero volvió a ponerse en pie.

"No comprendo porque has venido tras de mi si sabías que te mataría."

"No me matarás, soy tu hermano, lo veo en tu rostro, no me quieres hacer daño, sólo te han hecho creer que así lo deseas cuando en realidad no es cierto."

Castiel se puso en pie mientras observaba al demonio; se había quedado parado, mientras el escuchaba, como si estuviera considerando sus palabras.

"Te equivocas." El demonio volvió a moverse con rapidez y de un salto llegó hasta Castiel, lo volvió a empujar contra el suelo, sin que el ángel hiciera nada para evitarlo. "Voy a matarte, porque fuiste tu quien más me inculcó todas esas mentiras sobre nuestro padre y resulta que ahora sabes la verdad. Eres un hipócrita Castiel y como tal vas a morir."

El demonio levantó el cuchillo con ambas manos, como si de un ritual lo empuñó con fuerza, sin dejar de mirar a los ojos de su antiguo hermano, que para su sorpresa no hizo nada para evitarlo, se iba a dejar matar y el demonio pudo ver en su mirada perfectamente el motivo.

"Que sacrifiques ahora tu propia vida por sentirte culpable, no va a cambiar el odio que siento hacia ti." Iba a dejar caer el cuchillo, deseaba hacerlo con todas sus fuerzas y ahora por fin tenía su oportunidad.

"En eso te doy la razón." Dijo una voz, al mismo tiempo que el cuchillo caía de sus manos y sentía el dolor por la bala que le había impactado en la mano. "No merece la pena que des tu vida por alguien tan desagradecido como él.

Tanto Castiel como el demonio miraron en la dirección de la voz, donde se encontraban Dean, Sam y Lindsay.

"¿Veo que te has traído a tus perros? Supongo que tendré que esperar un mejor momento para terminar nuestra pequeña charla hermano." El demonio se apretó con fuerza la mano herida y desapareció.

Dean se acercó a Castiel y le dio la mano para ayudarle a ponerse en pie. El ángel se había quedado en silencio, mirando hacia donde había estado un momento antes su hermano. Su mirada estaba triste y respiró con fuerza.

"¿Qué tal si hablamos ahora?" Dean puso su mano sobre le hombro de su amigo. Aunque no fuera decírselo, sabía perfectamente como se sentía el ángel. "Se está haciendo de día y podríamos tomar un café, yo tengo hambre."

"Ya sabes que no como."

"Vamos Cass, es una excusa para hablar, pensaba que después de tanto tiempo, habrías pillado el doble sentido de los humanos."

El ángel se dio la vuelta y observó que Lindsay y los dos cazadores le miraban en silencio. Quizá su hermano tuviera razón después de todo y se estuviera convirtiendo, de alguna forma en un ser humano. Pero a Castiel no le importaba hacerlo.

"Un café estaría bien."