XIII.
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Irlanda.
Ese era el destino de aquellos que alguna vez habitaron la mansión de los adinerados, misteriosos y jóvenes hermanos Hatake, a las afueras de alguna ciudad de Inglaterra. Y parecían demasiado lejanos esos días en que una extraña humana había llegado con una petición del banco y una determinación inquebrantable… difícil de creer que sucedió apenas hacía dos meses y medio.
¿Cuántas cosas pueden suceder en un par de meses?
¿Cuántas no le habían sucedido ya a aquélla joven que pensó que su vida terminaría a una edad avanzada y descansando en su cama, después de haber trabajado la mayor parte de su vida como una criada? De hecho, su vida había terminado, terminó hace unos días atrás; Sin embargo, había discrepancias: No murió a una edad avanzada, ni por poco, y tampoco pasó al reino de los cielos en el que le enseñaron a creer. Había vuelto a vivir, con su antiguo cuerpo congelado y con una condena eterna que tenía que ser calmada con sangre humana cada tanto tiempo.
¿Qué cosas pueden suceder en un par de meses?
¿Cuántas cosas no había descubierto ya aquélla señorita que intentó demostrar el poder de una mujer ante sus empleadores fanfarrones? Y que desafortunadamente terminó entre las garras de un apuesto vampiro… Todo podría haber acabado ahí, pero los recuerdos borrosos de su pasado resultaron ser su peor pesadilla, junto con la desaparición y la verdadera identidad de las mujeres que la criaron. Conmoción por doquier.
Y ahora, debían cruzar el mar en algún barco. No sería fácil, claro. Tal vez les tomara menos tiempo que lo que le lleva a algún viajero humano, pero aquéllas criaturas no eran humanas, y uno de sus peores enemigos era el brillante sol.
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–¿Quién es usted? –Preguntó el marinero a la persona que le exigía abordar su barco a la mitad de la noche.
–Solo un buen amigo. –Respondió el hombre de ojos azules. Y no venía solo, una pequeña dama lo acompañaba unos pasos atrás, sin hablar y casi sin moverse.
–No subirá a mi barco diciendo que es un "buen amigo". Apuesto a que quiere fugarse con su amante a media noche, ¿no?... mejor váyase.
–Escucha colega… –Dijo Naruto, sacando de su saco una pequeña y pesada bolsita de cuero. Se la arrojó al marinero y éste la abrió sorprendido por la cantidad de oro en ella. –Te recomiendo que partamos enseguida.
–¡Sí, mi Señor! –Afirmó el navegante con una nueva actitud.
Eso había ocurrido hace unos cuantos días, justo antes de que Sakura y Sasuke también partieran de un puerto cercano, en un barco de mercancías. Era increíble el alcance de las influencias, el nombre o las supuestas amistades que puede tener un hombre con dinero. Y fue que, con tan solo llegar al anochecer al muelle, al entrar a un barco en específico, Sasuke salió unos minutos después anunciándole a Sakura que podía subir sin problemas y que partirían en ese instante. Tal vez también uso su influencia monetaria, claro, pero aún así pareciera como si conociera al joven hombre encargado del navío.
Irlanda no se encontraba tan lejos, llegaron en tiempo promedio a los muelles de la nueva tierra y Sakura agradeció a todos los cielos poder pisar tierra de nuevo. Aunque fueron sólo unos días, igual seguía siendo incómodo y nauseabundo viajar en barco.
Por su lado, los vampiros no mostraron seña alguna de mareo o desequilibrio, sólo un pequeño arranque de ansiedad que tomó por sorpresa a Hinata por la noche, pero tuvo que conformarse con un par de gatos que vagueaban buscando por ratas.
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La pareja de vampiros arribó en la costa justo a medio día, cuando la fluidez de los barcos y la gente era la máxima. Llamaron la atención, si, por sus trajes oscuros y su caminar totalmente elegante, pero aún así decidieron salir de esa concurrida ciudad y adentrarse en los bosques y pastizales con menos poblados y menos vías comerciales.
–Tomaremos la vía larga, pero así estaremos más seguros y daremos tiempo a Sasuke y Sakura para llegar junto a nosotros. –Explicó Naruto.
–No te preocupes, recuerda que tardo más tiempo en agotarme. –Le sonrió Hinata.
Y caminaron sin parar. Pasando un par de aldeas sin llamar la atención y procurando no ser notados. La tarde se acercó y el sol se fue poniendo en el oeste lentamente, marcando la noche que se acercaba.
–Es hermoso... –Susurró en algún momento Hinata, estando ellos rodeados de bosque. Naruto se giró y la miró con duda.
–¿El qué?
–Todo esto. Nunca pensé que pudiera mirar, escuchar y sentir tantas cosas al mismo tiempo.
Una pequeña punzada de tristeza cruzó el pecho de la mujer, pero dicho sentimiento no provenía de ella. Se giró y conectó su mirada con el angustiado Naruto que tenía de frente, preguntándose qué le ocurría. Él la miró en silencio por unos minutos, y Hinata adivinó exactamente a qué se debía.
–No te disculpes, no de nuevo. –Le dijo ella con calma.
–Si no quieres que lo haga, no lo haré. –Se contuvo él. –Pero no puedo dejar de recordármelo.
–Hiciste lo que debías. Además, no es tan malo…
–Aún no, Hinata. Pero lo será, créeme. –Su mirada se endureció en cierto modo. –No tienes idea de lo que te he arrebatado.
–No me has arrebatado nada, porque antes yo no tenía nada. Nada además de ti.
–Claro que sí. –Rechistó él. –Tenías sangre que corría en tus venas, un corazón que latía… un par de pulmones que aspiraban aire. Tenías la oportunidad de un futuro, de poder vivir sin esconderte, sin temer.
Eso la llenó de ternura. La chica se aproximó a él y con la delicadeza que la caracterizaba llevó sus manos a ambos lados de su rostro, sonriendo.
–Eso nunca me importó, y lo sabes.
–No lo entiendes. Una mujer tiene más metas que cumplir en su vida que un hombre. Nosotros sólo conseguimos un empleo y una esposa. –Iba a proseguir, pero sus palabras no salieron. Bajó la mirada, posandola por un segundo en el vientre de Hinata. Cuando levantó la vista, sus ojos emitían una pena casi empalagosa. –…Te he quitado el derecho a ser madre.
La pequeña sonrisa en el rostro de Hinata se desvaneció. Aquéllas palabras eran algo que no esperaba escuchar, o por lo menos no había pensado que aquél factor fuera cierto. Se quedó así unos segundos, digiriendo la información. Naruto interrumpió el hilo de sus pensamientos.
–Los vampiros no pueden reproducirse de ninguna manera, las vampiresas no pueden albergar cuerpos dentro de ellas ni darlos a luz. –Explicó de manera demasiado objetiva. –Y ese era uno de tus sueños, el tener hijos algún día… te escuché hablando sobre eso con Sakura hace tiempo.
Y lo había hecho. Le había dicho a Sakura que tal vez, en algún día no muy lejano, le gustaría tener un hijo. Pero ella misma desechaba la idea casi instantáneamente al saber que su trabajo como criada para los Hatake jamás terminaría. De todos modos, nunca había borrado esa esperanza por completo de su corazón.
Y su amado le decía que aquello ya no sería posible.
–Eso… no importa ya. –Dijo con un hilo de voz, intentando fingir una sonrisa. –Empezaremos una vida nueva. Y no tiene sentido ya porque… esos son deseos humanos. Ya no soy una humana…
–Lo lamento tanto. –Naruto se atrevió a disculparse.
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Sakura miraba por la ventana de la posada en la que se encontraban. Su acompañante vampiro estaba en algún lugar del edificio intercambiando monedas de oro por comida para que ella se alimentara. No debía tardar, ya que justo al ponerse el sol deberían continuar, y él le había dicho que no faltaba mucho para que llegaran al nuevo lugar donde la ocultarían.
–¿Por qué te esmeras tanto en mí? –Pensó en voz alta. La manija de la puerta se abrió y se escuchó un chirrido. Sakura se giró. –Sasuke.
Se congeló al ver la silueta de un hombre que no era aquél apuesto vampiro. El hombre era joven, y se notaba a simple vista que se había pasado de copas. Sakura ahogó un grito y fue cuando el joven reaccionó y se dio cuenta que ésa no era la habitación que buscaba.
–Tu no eres la mujer a la que le pagaré. –balbuceó el hombre. Sakura sólo sacudió la cabeza. –Aunque pensándolo bien no estás nada mal… pero veo alguien te pagó por adelantado.
Apuntó con la cabeza a unas prendas que se hallaban sobre la cama, dichas que Sasuke había traído desde la casa, con el fin de cubrirse del sol.
–Sí, ya me han pagado. –Le siguió ella el juego. –Así que si no le molesta, lárguese. Mi señor no tarda en volver.
El hombre asintió un par de veces antes de darse la media vuelta para salir. Y en el último segundo tropezó con un intimidante Sasuke en el umbral. Sakura sólo pudo llevarse una mano a los labios.
–Si… eh… no te preocupes amigo, ya me iba. –El ebrio intentó sacarle la vuelta y la delgada y fuerte mano del joven monstruo aprisionó su cuello en un parpadeo.
–¡Sasuke! –gritó Sakura.
Sin pronunciar palabra, Sasuke dejó caer al suelo una pequeña canasta que traía pan dentro y se dedicó a cerrar la puerta y empujar al hombre dentro de la habitación. Sakura sintió un miedo repentino dentro de sí, con sólo ver esos ojos color carbón que no parpadeaban y sus cejas tan fruncidas, le pareció que aquélla persona no era la que ella creía conocer.
–Sakura, ¿Hablaste con él? –Preguntó Sasuke de forma fría.
–No le he dicho nada, suéltalo.
–¿Hablaste con él? –Repitió, enfatizando su reclamo por respuesta.
–Le hice saber que esta no era la habitación que buscaba, eso fue todo.
La voz temblorosa de la chica causó que el agarre de los dedos de Sasuke fuera más fuerte. ¿Qué sucedía con él? El hombre no intentó nada en absoluto y se había vuelto loco. Es como si aquél no fuera Sasuke Hatake.
Aquél era Sasuke el vampiro.
El joven ahorcado se quedaba sin aire, estaba cayendo en la inconsciencia. El pulso de Sakura se aceleró al 100 porciento y sabía que si no hacía algo en ese momento, probablemente lo mataría. Recordó que llevaba un pequeño frasco de agua bendita en el bolsillo de su falda. Urgó en la tela y sacó el frasquito, con los dientes arrancó el corcho y se preparó para lanzarlo.
–¡Sueltalo! –Gritó. –¡Déjalo ir o te juro que te quemo la cara!
El vampiro volvió la mirada hacia ella, tan lentamente que le causó un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Definitivamente aquél no era Sasuke.
–¿Me estás amenazando? –Susurró él. Y vino acompañado de una punzada de miedo.
–Déjalo ir ahora. –No debía hacerle ver que temía, sólo quería salvar la vida del hombre inocente. –No ha intentado nada, no tienes porqué hacerlo.
Aquellos ojos negros destellaron por un segundo en rojo brillante. Instantes después, el hombre ebrio cayó al suelo tosiendo y jadeando por aire. Sasuke lo tomó por su chaleco y lo arrojó fuera de la habitación, azotando la puerta. Sakura bajó el frasco y buscó por el suelo el corcho que se había caído. Su pulso seguía acelerado y la silueta del vampiro no se movía ni un centímetro desde la puerta.
–Estás demente. –Espetó ella en hilo de voz. Y Sasuke habló sin mirarla.
–Pudo habernos puesto en peligro. No sabes si era alguien enviado por Konan a matarte.
–El sólo iba a pagarse una prostituta. –Le dijo Sakura con incredulidad.
Casi un minuto pasó en pleno silencio.
–Cómete ese pan rápido, ya es hora de irnos. –Pronunció dichas palabras y desapareció del otro lado del umbral.
Sakura dejó caer su espalda sobre el marco de la ventana y se permitió respirar con normalidad. Momentos como este le hacían recordar que el hombre al que amaba en realidad no era del todo un hombre…
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Casi llegaban a su destino, no faltaba mucho, pero aún así no se apresuraron demasiado. Sólo faltaba rodear un pequeño pueblo de unas cuantas casas que se encontraba en el camino y después desviar hacia el este para encontrar la ciudad que buscaban.
–El olor humano es demasiado fuerte. –Dijo Hinata restregando la punta de su naríz con la mano.
–Es porque hay un pueblo cerca. Es normal cuando eres un Reciente. –Le susurró Naruto.
–No es eso… este olor. –Se detuvo la chica en seco, dirigiendo su mirada hacia una columna de árboles que escondían el sendero hacia dicho poblado. –Huele a sangre humana… que se quema.
Apretó los puños y en un abrir y cerrar de ojos Naruto la vio salir disparada hacia el lugar donde se encontraba el pueblo. La llamó por su nombre pero la mujer lo ignoró.
Era la primera vez que corría con aquellas piernas, pero no tuvo tiempo de admirar su nuevo poder ya que la imagen de las pequeñas casas ardiendo era lo que captaba su total atención; Además de aquél desagradable olor a sangre que burbujeaba en el fuego. Se detuvo entre las chozas envueltas en llamas y con sus ojos plata pudo ver los cuerpos de los aldeanos que aún se encontraban dentro de sus hogares, sólo que estos ya no se movían. A donde sea que volteara, sus ojos captaban piel hecha cenizas y muerte.
El remolino de sensaciones la estaba abrumando demasiado. Sus oídos aún podían escuchar los últimos gemidos de algunas personas cercanas y el reventar de las pústulas secas en la piel, su nariz estaba empapada en olor a sangre hirviendo, sus manos sentían el calor abrasador de la madera y sus ojos le mostraban un infierno en miniatura.
–No… No puede ser… –Decía en voz baja.
A la lejanía, se escuchó un gemido de auxilio, casi amortiguado, que sólo sus nuevos oídos pudieron haber captado. Y su atención se centró en eso, en esa vocecita que seguía con vida. Emprendió de nuevo la carrera hacia la pequeña casita que se encontraba a medio demoler, pero que aún así no estaba quemándose. Había alguien debajo de aquél montón de tablas astilladas, había dejado de emitir sonidos pero Hinata podía sentirlo ahí. Se puso en cuclillas sobre la madera, rasgando el borde de su falda y de un tirón descubrió el pequeño cuerpo de un niño a punto de perder la conciencia.
Una de sus piernitas había sido destrozada casi por completo por el peso de la casa y había perdido mucha sangre. Hinata se arrodilló junto a él y con un movimiento instintivo lo tomó en sus brazos, apoyándolo en su regazo.
–Oye. –Le decía ella, con la esperanza de que le respondiera. –Resiste, pequeño, resiste… Dime algo, lo que sea.
El pequeño dio señal de vida: Sus ojos se abrieron un centímetro y le dedicó una mirada perdida.
–Ma…¿Mamá?
El cuerpo de Hinata se tensó, aquéllos ojitos casi sin vida le mostraron la imagen de una dama joven y hermosa. Desvió sus ojos hacia el fondo de las demás tablas esparcidas alrededor, y la blanca y delicada mano de la que solía ser la madre salía por debajo de una de ellas, manchada de sangre. El niño llamó de nuevo a su madre.
–Aquí estoy, amor mío. No te preocupes, todo estará bien. Sólo resiste un poco más. Mamá esta aquí y no te dejará, ¿De acuerdo? Todo está bien. –Le decía Hinata al momento que pasaba sus manos por el pelo del pequeño, y sentía dentro de sí una gran amargura.
–Esto es todo un desastre. –La voz de Naruto se acercó a ella rápidamente. –¿Encontraste a alguien vivo?
–Parece ser el único con vida. –Susurró ella, dejandole ver al niño entre sus brazos. –Debemos llevarlo con un médico ahora, se está desangrando.
–No creo que lo logre, querida. –Escuchó decir al joven y su pecho se comenzó a hundir. –No llegaríamos a tiempo al siguiente pueblo.
–¿Qué ha pasado? ¿Quién haría algo así? –Dijo ella entre dientes, frustrada.
–Pudo haber sido un simple incendio, suele pasar en los poblados pequeños. – Naruto se giró hacia las casas que aún ardían y se puso pensativo. –Aunque la separación entre todas ellas es bastante como para esparcirse el fuego por sí solo…
–¿Na-Naruto…? –Tartamudeó Hinata con horror.
–¿Qué es? –Dijo exaltado el hombre rubio.
Las manos de Hinata habían bajado hasta la cara del niño que se había desmayado, y lentamente había movido su cabecita hacia un lado para descubrir unas marcas recientes a la mitad de su cuello: un par de colmillos.
Hinata sintió como aquél agujero en su interior se llenaba de rabia y preocupación "No lo entiendes. No tienes idea de lo que te he arrebatado" Ahora las palabras de Naruto tenían más sentido. Se inclinó suavemente sobre él y continuó acariciando su cabello largo. Mientras tanto, los ojos de Naruto se abrieron de par en par. Miraron fijamente los puntos en la piel del pequeño, como queriendo confirmar si eran reales, después observaron su torso para revisar si seguía respirando. El irregular y algo pausado subir y bajar de su pecho confirmaba que el chico seguía vivo.
–Hinata, aléjate de él. –Musitó el joven en tono muy serio. Y la incredulidad en los ojos de la mujer no se hizo esperar. –Este niño tiene que morir.
Naruto se acercó a los cuerpos, alzó su mano con sus afiladas uñas de fuera y la arrojó en dirección al niño, sin esperar respuesta alguna. Otras garras, las de su amada, sujetaron su muñeca deteniéndolo en el acto y causando un espasmo de asombro en él.
–No… no dejaré que lo toques. –Dijo la Vampiresa en un susurro gélido, temible.
Los ojos de ambos se encontraron, los de él: azul zafiro resplandeciente, los de ella: plateados incandescente con sus respectivas marcas en la piel. Fue tan rápido, tan efímero, que aquellos ojos plata urgaron en los recuerdos del hombre-vampiro:
Era kakashi el que se mostraba, tranquilo, con una taza de té frío frente a él, sobre la mesa. Un Naruto Reciente lo escuchaba y preguntaba cada vez más cosas de las que el hombre tendría las ganas de responder.
–Entonces el tabú son los niños. Si eso es cierto, ¿Por qué no veo vampiros en cuerpos de niños entre los de la hermandad? –balbuceaba el chico rubio.
La explicación de Kakashi fue concisa: No hay vampiros infantes simplemente porque ninguno debe llegar a convertirse en uno. Los "niños" suelen ser imprudentes, impulsivos, y ponen en riesgo la identidad de todos los demás. Se les elimina, y punto.
La vampiresa no quiso saber más, era suficiente. Sus ojos volvieron donde sus desafiantes zafiros se encontraban, y sus garras habían hecho que la muñeca de Naruto comenzara a sangrar. Parpadeó dos veces, volviendo a la conciencia, y soltó rápidamente aquélla mano gélida que tanto amaba. La vergüenza la embargó en un instante y bajó su mirada al suelo.
–Hinata, tú…
–No lo harás. No dejaré que lo asesines. –Susurró con determinación.
–Amor mío, ya los has visto… tiene que hacerse antes de que algo más suceda. –Comenzó a susurrar él con ternura.
–No. No puedo hacerlo. –Decía ella sacudiendo la cabeza. –Debe de haber otro modo, otra manera de poder arreglarlo.
–No la hay. Ha sido mordido y no ha muerto, y no sabemos con qué intención lo han mordido; Además, si vivie no tendría a nadie, su madre está sepultada.
Hinata mostraba una imagen de dolor, y aún así no dejaba de pasar sus dedos por la cabeza del niño. Así pasó unos minutos, sin hablar, acompañada del crepitar de las brazas.
–…Me tendría a mí. –susurró finalmente. –Yo podría darle de mi sangre, así tendría un vínculo conmigo. Podría cuidar de él y… no estaría solo.
–¿Qué dices? No podemos quedárnoslo. Hinata, piénsalo, si le das tu sangre pensarán que tu lo has creado y que has roto las reglas. –Le explicaba Naruto.
–Sinceramente, no me importa. Y lo sabes. –repitió esas palabras que le había dicho en medio del bosque.
Naruto resopló. Esa mujer era tan hermosa, tan amable, tan valiente, pero al mismo tiempo era tan solidaria. Anteponía las necesidades de otros a las suyas, eso incluía a veces personas extrañas o moribundas. Y los miró, justo ahí ambos uno con el otro: un pequeño niño que había entrado en el proceso de transformación y una vampiresa Reciente que quería salvarlo, era como tener la imagen perfecta de una madre y… su hijo.
"me gustaría algún día… poder tener un niño, ¿Sabes?" Le había escuchado decir a la mujer de manera confidencial a Sakura, mientras tomaban el té en uno de sus muchos tiempos libres en la casa. Y después la imagen de ella en el momento crítico al transformarse en la casa de Kurenai… era como si el destino intentara mandarle algo del castigo que se merecía. Y los ojos de ella, en ese momento, llenos de pena y algo de impotencia, intentando aceptar lo que Naruto le había dicho que era inevitable.
Una imagen más cruzó la mente del hombre: El rostro de su madre que le sonreía cuando él aún era humano.
–Sería un gran problema… –comenzó a decir él. –El tener que explicar cada una de las veces lo que en realidad pasó, y muchos de ellos no la creerían.
–Sería la única cosa que te pediría que hicieras por mí. –Le suplicó Hinata, mirándolo a los ojos, quebrando su voluntad.
El rubio cerró los ojos, llevándose el pulgar y el índice al puente de la nariz. Resopló de nuevo y se dio la media vuelta, para retomar el camino que antes cursaban. En tanto, Hinata no supo cómo reaccionar, se estaba alejando de ella.
–Recuerda que puede morir al terminar la transición. Y que a Gaara no le agradan los niños. –Dijo tranquilamente el hombre que le daba la espalda.
Los ojos grises de Hinata se abrieron de par en par, conteniendo un grito ahogado. Se giró a ver de nuevo el rostro del pequeño, lleno de raspaduras y astillas, y aún así se le escapó una sonrisa. Se apresuró a levantarlo y a acomodarlo en su espalda. Su amado le había dado la oportunidad de salvarlo, y ahora la esperaba al otro lado del sendero, para seguir su camino.
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Después de mil años regreso con el capítulo. Y a disculparme nuevamente por la tardanza. Me da mucha pena el subir el capítulo hasta ahora, pero la escuela me ha absorbido hasta el alma u.u Y para los que pensaron que el fic quedaría a medias tengo buenas noticias: ¡aquí nadie se queda a medias! No me gusta que las autoras hagan eso así que yo no lo haré, daré lo mejor de mí para acabarlo. Y no es porque quiera dejarlo o porque ya me he aburrido, el hecho es que esta historia me gusta demasiado aunque yo sea la escritora. ASí que no se preocupen, este fic tendrá un final, así que no se desconecten.
*Tal vez tarde algo de tiempo en subir capítulos, pero ya casi vienen las vacaciones y es probable que actualice más pronto ;)
En fin, espero que hayas disfrutado el capítulo, y nos vemos luego en la otra entrega ;)
