Los personajes utilizados en esta historia no me pertenecen, todos ellos son obra y magia de Akira Toriyama y sus secuaces.
"(…) La ira puede llevar a destrozar incluso aquello que no quieres lastimar, ella ciega al ser más tenaz, pues la ira es uno de los instrumentos que nuestra mente usa para controlarnos, para guiarnos como máquinas de destrucción."
Capítulo trece: La sangre de tus manos.
Vegeta, con la mirada fría de anteaños saboreaba en sus labios el deseo inmerso de ira desprenderse sobre el terrícola. Su piel brotaba cubierta en llamas de irreprimible anhelo; desprolijo en su aspecto después de varios días sin descansar ni alimentarse, aquel estado físico deplorable no le impidió desencadenar toda la vehemencia reprimida en su pecho, como si el entrenamiento mortífero que ejecutó por días quisiera revelar sus frutos en un simple mortal.
Tomó entre sus manos con suma violencia el cuerpo del humano desprendiéndolo del suelo igual a un simple muñeco de trapo, el que intentaba defenderse de tal acto canalla, más no podía liberarse del agarre nefasto en que era sometido solo para ser torturado por una mente perversa; una sonrisa victoriosa se posó sin escrúpulos en el rostro del guerrero espacial, lanzando al humano varios metros de distancia, dejando el cuerpo malherido empapado en sangre a un lado del exorbitante lago de peces dorados. El demente de ceño fruncido disfrutaba el semblante de pavor dibujado en el rostro del terrícola, más no tardó en acompañarle para seguir humillándolo y alimentar su ego; era una verdadera crónica de muerte anunciada, el Saiyajin con un par de movimientos sencillos destrozaba con suma facilidad la piel y músculos circundantes del cuerpo tonificado. La peliazul al reaccionar de su inerte expectación, sin meditar en sus actos ni en la consecuencia que pudieran tener, saltó desde el segundo piso de Corporación Capsula y se precipitó hacia ambos guerreros.
— ¿Eso es todo? —decía entre escupitajos sanguinolentos. —Como príncipe de tu raza, déjame decirte que realmente no vales mucho
Cada vez que alguien aludía respecto de su sangre real, y denostaba su poder, parecía que Vegeta era impulsado por algo más fuerte que su propia voluntad, cegándole la razón por completo. —Cierra la boca gusano, si no quieres que acabe contigo de inmediato —increpaba al son de impactos criminales al cuerpo del beisbolista.
Yamcha obligaba a sus piernas resistir pero los golpes parecían haberle paralizado gran parte de su cuerpo en constante tambaleo descontrolado, sus ojos cerraban imprudentes al tacto lacerante de la sangre con sus cristales oculares. A pesar de las notorias diferencias de tamaño entre guerreros, el Saiyajin se las ingeniaba para manipular la situación lo suficiente y llevarle al colapso orgánico.
En el descuido obstinado que producía su airoso orgullo de poder, Yamcha incrustó su puño maltrecho en el rostro de Vegeta. La altanera sonrisa dejó de moldearse, la consternación no tuvo oportunidad de disimularse, si bien el ataque no le produjo malestar alguno, el hecho de que ese repugnante insecto pudiese percutir su faz con un golpe que había dejado rastro, lo malhumoró al grado de tenerlo fuera de sus cabales. Crujió sus dientes al son en que su mirada se tornó sombría, adosó en sus puños el brío suficiente para acabar con una buena parte de Corporación Capsula –sino de la misma tierra-, dispuesto a expulsar la energía sin escatimar en daños, su orgullo había sido ofendido, y quien en su vida había lastimado aquello, no salía indemne.
— ¡Vegeta, puedes detenerte de una vez! —gritó la científica deteniendo la pelea. Se posó con ímpetu entre ambos y clavó sus azules ojos en los del príncipe. Esa mirada fulminante, esos azulados cristales, grandes y expresivos hacían siempre que el guerrero sanguinario detuviera la sed de poder; los puños energizados comenzaron de apoco a distender, más no se marchaba del lugar.
— Muévete Bulma, o tendré que…
— ¿Golpearme? Pues hazlo, pero no dejaré que le hagas esto a Yamcha, no dejaré que lo mates
— ¿Matarlo? —interpeló con altanería. — No me rebajaría a matar a una basura como esa
— ¡Entonces ya basta!
El Saiyajin chistó entre dientes, se cruzó de brazos y contemplo triunfante el baño de sangre que se había formado ante sus ojos. Giró sobre los talones y emprendió vuelo, pero antes de perderse entre la neblina de la noche, atrajo la atención de ambos: — Que se largue de mi casa, y no vuelva. O no dudaré en matarlo, aun si debo pasar por ti, Bulma, lo haré —una ráfaga de viento cegó a ambos terrícolas, perdiendo su figura en el horizonte.
—Eres un imbécil —increpó la muchacha. — No debiste… —suspiró agotada. , levántate, te curaré las heridas
Yamcha intentó valerse por sí mismo, pero sus piernas malheridas lo hacían caer otra vez; la científica al verse atestada, llamó a varios de sus robots y en una camilla médica dirigió al beisbolista hasta la sala de curaciones que había construido luego de aquella explosión hacía ya varios años en que Vegeta casi murió aplastado por la cámara de gravedad. Lo recostó en una cama aún más cómoda e inició con técnicas de primeros auxilios.
— Gracias Bulma, no fue mi intención, no tenía malas intenciones, lo juro
La muchacha se mantuvo en silencio.
— Yo solo… ¡hey!, duele —exclamó al sentir la aguja fría dentro de su piel.
— No me desconcentres, debo suturar las heridas —fue lo último que comentó. Vendó algunas heridas, suturó otras, desinfectó las más pequeñas, y terminando su labor, le entrego la tarjeta de una de las habitaciones de huéspedes. —Ten, quédate por esta noche, pero mañana cuando el sol salga, quiero que te vayas
— Yo…
— Basta, Yamcha, solo vete cuando estés mejor, ¿Si? —friccionó sus ojos cansados, se despidió y se perdió en la oscuridad de los pasillos.
En las escaleras que daban a las habitaciones principales, se encontró con Vegeta, empapado por la reciente ducha con una toalla atada a su cintura y otra entre sus manos para quitar la humedad del cabello.
— Espero que estés satisfecho —dijo molesta.
El guerrero la ignoró. Pasaron el uno con el otro sin tocarse ni mirar a un lado, no hubo más que el aroma de sus cuerpos impregnándose en el olfato contrario, recriminando a sus mentes dejar de desearse pues el orgullo y el disgusto que se tenían entre si era más desmesurado que cualquier atisbo de necesidad.
— Por cierto —comentó el de cabellos negros. — ¿Por qué continua aquí esa basura?
— ¡Casi lo matas! —chilló al borde de la histeria.
— Como puedes ir por ahí dándole la mano a esa sabandija, después de lo que intentó hacer… ¡bah!, pero a mí que me importa, solo eres una pérdida de tiempo
Ella quiso continuar la discusión pero el guerrero parecía haber sellado sus oídos a los alaridos de la humana; desistió de continuar. En su habitación se tendió entre las sábanas y durmió como hacía tiempo no lo hacía. En cierta forma, su descanso fue más trascendente, ya sabía que Vegeta se encontraba bien.
A la mañana siguiente, la adorable mamá de Bulma, quien parecía nunca enterarse de nada y vivir en un mundo completamente diferente cantaba melodías alegres y llenas de dulzura al rociar las plantas de su enorme jardín en compañía de su pequeño nieto.
— Oh, vaya, que desastre hay cerca del tanque de pececitos dorados —se decía meditando. —Ay!, Trunks, mira, que bella es esta flor
El niño quien también observaba curioso el daño causado en el césped cerca del tanque no podía estar más sorprendido por la manera en que su abuela se comportaba, tan despreocupada por todo, tan… distinta a los demás.
— Pero, abuela, ¿Qué pasó ahí?
— ¿Eh?
— En el tanque, pareciera que algo…
Ella interrumpió las palabras de su nieto, ofreciéndole unos dulces pasteles. — No lo sé, pero tu madre lo arreglará, siempre lo hace —término por decir continuando con su tarareo de canciones jubilosas.
Vegeta había desbalijado casi por completo la nevera de la cocina comiendo más de lo que acostumbraba, llenando mesas y mesas con platos sucios y desperdicios varios. Tenía una insólita actitud de armonía, se sentía la tranquilidad extraña que irradiaba.
Por otro lado, en una cómoda habitación para huéspedes Yamcha aún dormía. El cuerpo sudoroso revelaba que el humano luego de la pelea en que fue molido a golpes, enfermara a causa de las diversas heridas, su respiración era jadeante, evidenciaba cansancio, una fiebre alta le atormentaba en pesadillas que le calarían los huesos a cualquiera pues parecían sacadas de una película de horror que se repetía una y otra vez sin poder dejar de estar ahí, de aquellas en que la columna pareciera temblar y la piel se enfrasca en impasible temor.
Bulma por su parte caminaba por los pasillos de Corporación Capsula probando un dispositivo nuevo de comunicación, entre pasos apresurados llegó a estar frente a la habitación que había cedido a Yamcha, notando que aún estaba con su interruptor en rojo; solo significaba que aún era ocupada.
— ¿Por qué sigues aquí? —decía a través de un monitor. — ¿Estas bien? —al no tener respuesta, la peliazul accedió sin preocuparse de la escena que pudiera encontrar. La imagen del guerrero terrícola al borde del colapso la atemorizó. Arrimó a su lado, y le tomo la temperatura. El termómetro marcaba los 41°, palideció entre sus nervios pero no permitió desesperarse, encendió su nuevo dispositivo y llamo al doctor de la familia
— ¿Yamcha, puedes escucharme? —le decía situándolo en una posición más cómoda. Este parecía oírla pero los jadeos involuntarios no le permitían hablar.
La muchacha atemorizada se comunicó con algunos robots y emprendió hacia la cocina. Ahí, Vegeta comía despreocupado por el mundo; sin siquiera mirarlo sacó de la nevera una cubeta de hielo, paños limpios y volvió apresurada hasta donde el beisbolista yacía enfermo.
— No, no tienes heridas infectadas —decía revisándolo. —¿Yamcha?
— Duele —era todo lo que esgrimía entre quejidos.
Bulma llamó a su padre y alertó a todos en casa de que Yamcha estaba enfermo, y que una vez que el doctor llegara lo derivaran hacia donde ambos se encontraban. Aquella noticia también llegó a oídos de Vegeta, quien sonrió algo severo acabando con su ultimo bocadillo.
— ¡Papá ya estás en casa! —comentó dichoso el pequeño Saiyajin. — ¿Por qué no me habías avisado?
— Lo hice —fue todo lo que contesto. El niño de cabello lila se quedó meditando, tratando de recordar la situación pues para el parecía que había sido un sueño lo de esa noche, en que su padre le había saludado afectuosamente.
— ¡Ah! si ya recuerdo, pensé que estaba soñando —sonrió. Sacó una jarra de jugo de la nevera, y se sentó junto a su progenitor. — ¿Tu sabes que sucedió cerca del lago de peces dorados? ¿Por qué Yamcha está enfermo? ¿Mamá te ha dicho algo? ¿Qué es esa herida que tienes ahí? ¿Por qué te fuiste tanto tiempo, donde estuviste, entrenaste mucho, estas más fuerte?
— Una pregunta a la vez Trunks —reprimió severo. — No sé qué sucedió, no sé qué le pasó a ese tipo, no he hablado con tu madre, ni me interesa responder lo que preguntaste
— Lo siento, papá —el niño termino su bebida en silencio, configuró el sistema para que limpiaran, regresando con su abuela. Vegeta quedo estupefacto al notar la gran habilidad e inteligencia de aquel 'enano' quien a su corta edad parecía actuar totalmente distinto, esa actitud doblegaba a lo que la línea temporal de la edad le limitaba.
— No debería esperar menos —se dijo.
El Dr. Briefs encaminó al médico que Bulma había contactado hasta la habitación, para luego dejarlos a solas.
— ¿Qué le ha sucedido? Parece estar muy mal herido —preguntó impresionado.
— Él… busca muchos problemas, lo han golpeado
— Se ha cruzado con un batallón, vaya chico, es un milagro que estés vivo —decía mientras le examinaba. —¿Esta segura que nada más eso? Su esposo parece estar muy herido, como si algo desmedido le hubiera atacado… señora Bulma, debe decirme la verdad
— No es mi esposo, y no soy señora. —replicó algo molesta. — Es un amigo, y le digo lo que sé, se ha trenzado a golpes, por la noche curé sus heridas, no se veían de gravedad y él no me comentó de ninguna otra dolencia. Doctor, ¿debo llevarlo al hospital?
— Sí, pero antes le prescribiré algunos medicamentos, deberá quedarse en observación por un tiempo
— ¿Pero a qué se debe? Creí que estaría bien, no parecían golpes de mayor gravedad
— He notado hematomas que pudieran incluso ser internos, debe producir algún tipo de inflamación severa, la fiebre es un mecanismo de defensa contra estos procesos, también por algunas heridas que aunque no estén infectadas deben cuidarse adecuadamente, es arriesgado tratarlo sin un cuidado medico necesario. Este chico no solo recibió golpes limpios, pareciera que también recibió golpes de energía. ¿Ve esto? —Comentó alzando las sábanas, permitiendo observar el rastro de quemaduras en la piel — quizás utilizaron máquinas de energía o algo por el estilo, es un chico muy resistente, sobrehumano… tenga, esta es la receta, intente darle los medicamentos lo más rápido posible, y de llevarlo al hospital para tenerlo en observación.
La muchacha de cabello azul junto a su padre llevaron al malherido guerrero al hospital para dejarlo en cuidados intensivos, sin embargo en su mente algo le acongojaba.
— Es cierto —se dijo en un destello de idealismo. —están las semillas del ermitaño... pero, ¿Cómo podría obtenerlas? … ¡Vegeta!. —Tomó su nave y viajó de regreso a casa. Si Vegeta había lastimado a Yamcha, él debía ayudarla a que se recuperara.
Continuara…
Gracias a quienes dejan review, los que han agregado la historia a favoritos y todo eso! Mil disculpas por la tardanzas, la universidad me tiene sin tiempo para nada, espero continuar pronto.! Nos leemos!
