Just deal with your fate


Notas de la Autora: Bueno he aquí el segundo capítulo de los 4 que os voy a meter en plan paquete... Ale... Voy a arreglar el 14 v.v...

Por cierto... No hay reviews v.v


CAPÍTULO XIII: PROMESAS ROTAS.

Ino miró hacia delante y encontró otro hombre de pie junto a ella, de cara a la pared y con las manos ocultas frente a su entrepierna. Ino sabía perfectamente lo que estaba haciendo, lo mismo que ella había ido a hacer allí, pero no lo hizo. Se dirigió al lavabo y se entretuvo frente al espejo hasta que aquel chico salió de la habitación.

Entonces la joven se dirigió al pequeño saliente de la pared y miró hacia abajo. Uno de los dilemas morales más grandes frente a los que ella se había encontrado jamás. Mirar hacia abajo significaría violar la intimidad del joven. Tocar sin mirar sería igualmente violar su intimidad, pero no del mismo modo, y siendo la primera vez que tanía que orinar de pié estaba segura de que sería un desastre sin saber hacia donde estaba apuntando.

La joven tragó con dificultad y después bajó su cremallera hasta el fondo. Tras la cremallera abrió el único botón de su uniforme y con una mano tiró del elástico de los bóxers de Zell bajándolos un poco.

Su vista estaba fija en la pared frente a ella, no se atrevía a mirar abajo. Tímidamente metió una de sus manos bajo la tela y se encontró con algo que jamás antes hubiese encontrado bajo sus pantalones. Sintió el tacto suave de su piel y lo agarró con una de sus manos temblorosas, lo sacó y se concentró en hacer lo que había ido a hacer.

Después de casi un minuto y medio meando no pudo evitar asombrarse ante la capacidad de aguante de la vejiga masculina, después volvió a colocarla en el interior de su ropa interior y se acercó al lavabo con la intención de lavarse las manos. Se miró en el espejo y sus mejillas se encendieron al pensar que acababa de tener sus manos bajo los pantalones del hombre que veía frente a ella. El chico la miraba con las mejillas sonrojadas y con una expresión de timidez y algo de arrepentimiento.

Era cierto, se sentía culpable por haber tocado a Zell sin que él lo supiese, tanto como cuando se había tocado a ella misma usando las manos de Zell. Recordó aquel momento mientras se lavaba las manos y sintió de nuevo la misma incomodidad, no era algo abstracto, la incomodidad provenía de sus pantalones que ahora apretaban bastante más de lo normal a la altura de sus caderas.

Ino miró hacia abajo para observar que era cierto lo que decían y había leído sobre el miembro masculino: tiene vida propia. De nuevo uno de los mayores dilemas morales con los que se había encontrado. Conseguir que aquello volviese a ser normal.


Selphie miró a su alrededor buscando al cowboy que debía ser su acompañante durante el siguiente baile y lo encontró sentado en una mesa junto con Edea y con Cid. La chica se acercó y tendió su mano frente a su cara.

Irvine la miró a los ojos y al ver su sonrisa agarró la mano que ella le ofrecía y dejó que lo acompañase hacia la pista de baile. Ella lo guiaba entre la gente mientras él la observaba desde atrás. Estaba hipnotizado por el movimiento de sus caderas al andar, el color negro tiene esa capacidad, cada movimiento de Selphie era dibujado con agilidad y sensualidad bajo la fina tela de aquel vestido.

Una vez que alcanzaron la pista de baile y se situaron en el centro la chica puso sus manos tras su nuca y él algo nervioso colocó las suyas en la cintura de su compañera. Ambos se movieron lentamente siguiendo la música, serena y romántica.

Irvine miró hacia delante y se fijó en otra pareja conocida. Squall y Rinoa bailaban en aquella misma pista, con los ojos cerrados ella descansaba su frente contra el hombro del Comandante mientras él la abrazaba contra su pecho.

Irvine: Son perfectos...

Selphie levantó la vista del suelo y dirigió la mirada hacia donde él miraba.

Selphie: No es que sean perfectos... Es que están perfectos cuando están juntos...

Irvine: Pero a veces no les funciona... Es lo que pasa cuando sales con una chica tan en serio como ellos dos... Hay demasiadas discusiones...

Selphie lo miró a los ojos mientras él desviaba su mirada esquivando la de ella.

Selphie: No tiene porqué ser así... Si flirteas con todas y no vas a por ninguna en serio... Entonces es cuando la cosa no funciona...

Irvine la miró entendiendo lo que le estaba queriendo decir.

Irvine¡Yo no flirteo con todas!... Es sólo que estoy buscando...

Selphie¿Buscando qué?

Irvine: La chica perfecta...

Entonces ella dejó escapar una risa burlona y lo miró de manera incrédula.

Selphie: Irvy... Eso no existe...

Irvine: Claro que sí... Una chica que sea perfecta en cuerpo y alma... Una chica que hable perfectamente, que mire perfectamente, que bese perfectamente...

La joven no dejó que siguiese hablando, se levantó ayudándose de las puntas de sus zapatos y selló los labios del joven con los suyos. Irvine estaba estupefacto. Nunca había pensado en probar los labios de Selphie y esta era la primera vez. Desde luego que el chico no era capaz de saber a cuantos había besado la joven antes que a él, pero sin duda era un beso que rozaba peligrosamente la perfección.

Selphie buscó las manos del joven que estaban posadas sobre sus caderas y entrelezando sus dedos con los del cowboy las arrastró hasta sus nalgas. El joven no podía sino dejarse llevar y acariciar su trasero suave y firme. Irvine podía notar perfectamente que no llevaba ropa interior y sentía que empezaba a perder el control de las cosas.

Se apartó de la joven de un salto y la miró cuestionando sus actos.

Selphie: Esto puede hacértelo cualquiera... ¿Pero aun así piensas parate y buscar a alguien perfecto?

El chico no sabía qué responder, ella estaba evidentemente interesada en él pero él era el último con los pensamientos en orden y claros. Las cosas parecían pasar demasiado rápido y el chico no era capaz de aguantar aquel ritmo.


La fiesta había llegado casi a su fin, y como número final, los chicos de Eleone habían sido perfectamente situados sobre el escenario. Ante ellos Eleone levantó los brazos y los bajó suavemente mientras el sonido de las flautas comenzaba a sonar con más o menos concordancia. Tras una semana de ensayos había conseguido, con la ayuda de Selphie, que se pusiesen de acuerdo y con mayor o menor resultado habían hecho que los chicos aprendiesen a leer aquellas partituras.

Ahora intentaban llevar el ritmo que ella les marcaba y lo conseguían aunque con algo de nervios. Eran muchos los jóvenes SEED's e instructores que formaban aquel público al que los chicos debían contentar con su música.

No muy lejos de allí en uno de los solitarios y fríos balcones una pareja buscaba una estrella fugaz en el cielo. Rinoa estaba apoyada sobre el muro con los brazos cruzados frente a ella mientras sus codos tocaban el frío mármol. Tras ella Squall se había desabrochado la chaqueta del uniforme y la había colocado alrededor de los hombros de la joven mientras la abrazaba con sus fuertes brazos y, apoyando su barbilla sobre su hombro, acariciaba la oreja de su novia con sus labios.

Squall: Rinny...

Rinoa: Tranquilo chico... No te has apartado de mí en toda la noche... No es el fin del mundo ni nada ¿Eh?

Squall levantó la cabeza y la obligó a girar para que le diese la cara.

Squall: Déjame estar en tu habitación, esta noche... Toda la noche...

Rinoa: Sabes que no podemos, aquí hay normas y una de ellas es que ningún hombre puede estar en los dormitorios femeninos pasadas las doce

Squall: No me importa, quiero abrazarte y besarte, amarte durante toda la noche, y quedarme dormido a tu lado cuando el sol comience a despuntar en el horizonte.

La chica lo apartó de ella lo suficiente como para ver su mirada.

Rinoa¿Te pasa algo?

Squall: Lo único que me pasa es que estoy enamorado, y últimamente no hemos tenido nada de tiempo para nosotros mismos. Déjame estar contigo sólo esta noche...

Rinoa levantó una ceja mientras lo miraba de manera desconfiada.

Rinoa: La última noche que te escapaste para dormir en mi habitación desapareciste antes de que amaneciese...

Squall: Bueno... Tuve que huir, si me hubiesen visto...

Rinoa: Excusas Squall...

El joven se acercó a ella un poco más y la besó. Rinoa tumbó un poco la cabeza hacia atrás mientras se abandonaba a los labios de su caballero, debía reconocer que no había oferta más tentadora que la que él le estaba proponiendo. Era completamente imposible que pudiese negarse a algo así.

Mientras ellos dos se besaban bajo aquel manto de estrellas las últimas notas de aquella pieza ponían fin a aquella fiesta de graduación.


A la mañana siguiente Rinoa fue la primera en salir corriendo hacia la oficina de su Comandante, abrió la puerta de par en par dispuesta a echarle una buena bronca por lo que había hecho aquella misma mañana, pero se paró en seco nada más entrar. La habitación estaba completamente vacía. Nadie la esperaba dentro, enterrado en papeles como el resto de mañanas en que ella había acudido a su puesto de trabajo.

Aquella noche fue memorable. Rinoa recordaba casi a la perfección todas y cada una de las veces que Squall la había hecho suya y ninguna tenía comparación con lo que ocurrió en su habitación la noche pasada. Unas dos horas atrás él la había abrazado y como le había prometido, se habían quedado dormidos el uno junto al otro justo cuando el sol comenzaba a asomar por el este. Sin embargo a las ocho su despertador la había arrancado de aquel sueño y de nuevo la promesa había sido rota. A su lado no había nadie.

Squall había huido de nuevo.

Rinoa entró en la habitación y la recorrió de arriba a abajo buscando algún signo del chico, algo que le dijese que el vacío que sentía en su interior era sólo una ilusión. Pero lo único que la saludó al entrar en aquella habitación fue un trozo de papel algo arrugado que habían dejado sobre la mesa. Un trozo de papel sobre el que no podían leerse más que unas líneas:

'Lo siento.

Tienes todo el derecho del mundo a culparme por todo lo que te he hecho y por lo que ahora mismo te estoy haciendo, pero no intentes buscarme ni seguirme pues no podrás encontrarme.

Olvídalo todo y sigue adelante sin mí. Te quiero.

Squall.'

Rinoa apretó la nota con fuerza mientras sentía que todo a su alrededor subía de temperatura. Estaba nerviosa y asustada, enfadada y confusa. Quería oir a Squall explicarle lo que había sucedido y sobre todo, quería creer que todo era un sueño y que terminaría pronto.

Se sentó en la butaca del comandante y miró al fondo de la habitación buscando las respuestas a las mil preguntas que corrían enfurezidas en el interior de su cabeza. Quería pensar que no era más que una broma pesada, que Squall saldría de debajo de la mesa o de detrás de un armario riéndose de ella, por ser tan ingénua y creerse algo tan inverosímil.

Le vino a la cabeza el recuerdo de la noche anterior; sus caricias, sus palabras, su mirada, él. Era imposible que algo tan sincero y puro se diluyese con tanta facilidad de la noche a la mañana. Rinoa bajó la mirada y vio algo brillante en el interior de un cajón algo abierto del escritorio, lo abrió completamente y notó cómo sus manos temblaban al ver una pequeña caja de metal en la cual podía ver una pequeña alianza lisa. La alianza de Julia, la madre de Rinoa. Ella se la había regalado a él al volver de la lucha contra Artemisa y desde entonces aquel anillo había acompañado al Comandante Leonhart allí a donde iba.

Ahora que la observaba abandonada en el interior de aquel cajón, solitario y vacío, se daba cuenta de que no podía despertar de aquella pesadilla. Era demasiado real. Era completamente real.


Irvine se levantó aquella mañana algo mareado y con la garganta completamente seca. Nada más levantarse y vestirse se dirigió a la cafetería para tomar una buena dosis de cafeína y quitarse aquella persistente jaqueca de encima.

Durante toda la noche había soñado con el sabor de los labios de Selphie. Era una tortura tan persistente y real... Había besado a cientos de chicas y aun así aquella era la primera vez que soñaba con un beso. En el sueño él permanecía de pié entre un montón de parejas que bailaban en aquella pista de baile. Buscaba a alguien. Y entre toda aquella gente vio una pareja.

Selphie bailaba con alguien, un chico alto y sin cara, no es que no tuviese ojos ni nariz ni boca, pero era una cara desconocida y borrosa que no estaba por completo iluminada y no era capaz de distinguir de otras caras conocidas. El chico agarraba a Selphie contra su cuerpo y mientras la besaba veía sus manos recorriendo el cuerpo de la joven con lujuria, sus dedos se colaban bajo su vestido y su lengua entre sus dientes. Sus labios y sus manos tomaban posesión de ella como la tinta que tiñe y cubre de color oscuro el agua más clara.

Irvine estaba inmvilizado y no podía hacer nada. Gritaba el nombre de su amiga intentando atraer su atención, pero su voz no llegaba nunca a sus oídos. Aquel desconocido le subió el vestido hasta tenerlo en la cintura de la chica. Todo el mundo podía ver que estaba desnuda bajo aquella fina tela, el muchacho sin expresión alguna deslizaba sus dedos deliberadamente entre las piernas de Selphie al mismo tiempo que su otra mano deshacía el lazo que ataba el vestido a su cuello y su lengua afilada y escurridiza recorría con descaro los pechos de la muchacha.

Irvine recordaba haber cerrado los ojos muy fuerte y entonces oyó a aquel hombre reir en su interior. Aquel hombre reía con su misma voz. Era él quien tomaba de aquella manera el cuerpo de Selphie, frente a toda aquella gente, sin el menor reparo ni remordimiento.

Ino (Zell)¡Eh!

Irvine miró hacia delante al oir el quejido de la persona que acababa de empujar al entrar en la cafetería. La chica lo miró enfadada y se giró para revelar su blusa contra la que se había estrellado el perrito caliente que minutos atrás estaba en el interior de su bandeja.

Irvine: Perdona.

El muchacho se giró y siguió caminando hacia la cola para conseguir su pedido.

Ino (Zell)¿Como que perdona?... Ahora tendré que ir a buscar a Ino para que me diga dónde demonios tiene otro uniforme limpio.

Al oir esas palabras Irvine volvió a girarse y se fijó más detenidamente en aquella chica de la trenza que tan familiar le resultaba.

Irvine: Perdona... Zell...

Zell suspiró mientras intentaba retirar las manchas de ketchup lo mejor posible sin tocar los pechos de Ino.

Ino (Zell)¿Sabes cuando vendrá Rinoa? Me gustaría que esto terminase lo antes posible... Ser una chica es una pesadilla...

Irvine: No sé por qué te quejas... Tampoco será para tanto... Deberías estar contento, ahora te pertenece el cuerpo de tu querida bibliotecaria...

Ino (Zell)¡No es eso tío! Es que toda su ropa interior son tangas... Me siento como si tuviese algo metido en el culo y...

Zell (Ino)¡Ejem...!

Zell dejó de hablar en el mismo momento en que reconoció su propia voz a sus espaldas. Cuando se giró vio a Ino completamente roja tras él mientras un grupo de los cadetes más jóvenes escuchaban atentos los comentarios de la bibliotecaria sobre su ropa interior.

Ino (Zell): Em... ¿Buenos... Días...?

En ese momento el suelo tembló levemente y una explosión resonó desde el piso más superior. Todos los jóvenes SEED's y cadetes de la cafetería salieron corriendo hacia el exterior del Jardín mientras Irvine y Zell se apresuraban hacia las escaleras de emergencia para llegar hasta el lugar en el que había pasado el accidente. El despacho de Squall.


Hoy no hay comentarios -.-... Estoy de mal humor...

En el capítulo siguiente...

Después de la desaparición de Squall nuestros héroes tienen que enfrentarse a un grave problema por parte de Rinoa, y las cosas empeoran aún más cuando ésta se da a la fuga... Mientras tanto Seifer decide que sin su sueño la razón por la que volvió al Jardín se ha esfumado... Y siendo así... ¿Para qué quedarse? Del resto no doy detalles porque no tienen mucho protagonismo v.v... Creo...