Disclaimer: Los siguientes personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama es mía.

Summary: Bella decide cambiar de vida e irse a vivir a casa de su amiga Alice a San Francisco. Al conocer a su hermano, cae rendida a sus pies. El problema es que está comprometido ¿Podrá darse cuenta Edward de que su prometida no es quien dice ser y fijarse en Bella?


Capítulo 12: Recibiendo buenas noticias, viviendo malas situaciones.

Lo peor ya ha pasado, se dijo cuando terminaron de comprar todo para la fiesta. Tras cenar en el restaurante, Tanya le propuso pasar la noche en su casa, para compensarla después de estar separados durante estos dos últimos meses. Él aceptó y, como se imaginaba, terminaron en la habitación de ella haciendo el amor. Pero él no lo llamaría así, pues no sentía nada. De acuerdo que Tanya era una mujer hermosa y muy experta a la hora de mantener relaciones íntimas; sabía exactamente cómo hacer para que Edward se volviera loco con ella, pero él sentía que era solo pasión y lujuria. En ningún momento había percibido una mínima corriente eléctrica recorrer su cuerpo como le pasó aquel día en el prado cuando se besó con Bella.

A la mañana siguiente se levantó para ir al juicio que tenía previsto. Quedó con Tanya en ir a comer cuando terminara. Y así hizo: su cara reflejaba una gran satisfacción cuando ganó ese juicio y quiso celebrarlo invitando a su prometida a su restaurante favorito.

Más tarde pasaron por el centro comercial, ya que ella tenía que comprar una cosa de última hora y mientras esperaba que saliera de una tienda, vio a Bella con sus hermanas. Ella estaba sonriendo aunque su cara reflejaba cierto cansancio. Estaba probándose un hermoso vestido azul que se ceñía a su cuerpo; entretanto, vio a sus hermanas aplaudir y supuso que iría con ese vestido a la fiesta. Fue a buscar a Tanya y ambos volvieron a la casa de ésta. Él encendió su ordenador y estuvo redactando unos documentos mientras ella se daba un largo baño de burbujas.

La mañana del sábado la pasaron prácticamente en la cama, hasta que Edward insistió en que ya debían arreglarse para no llegar tarde a la fiesta, pero de todas maneras lo hicieron. Cuando ellos llegaron, lo hicieron media hora tarde, por lo que se encontraban todos los invitados charlando. Al entrar a la sala, de la mano de Tanya, todo el mundo se giró para mirarle a él y sobre todo a Tanya. La cara de ella reflejaba una sonrisa de satisfacción, mientras él buscaba entre la gente a una persona. La encontró hablando distraídamente con Alice, pero al instante la mirada de ella hizo contacto con la suya.

Él sonrió y se dirigió con Tanya hacia allí. A medida que se fue acercando se fijó en el colgante que Bella lucía en el cuello. ¿Por qué tiene puesto ella el colgante?, se preguntó mentalmente. Siguió aproximándose, y cuando la tenía lo bastante cerca se deshizo del agarre de Tanya y le acarició el colgante, preguntándola por qué lo llevaba puesto. Ella se puso notablemente nerviosa, por lo que Edward miró a sus hermanas y vio como un hombre estaba al lado de Alice; más tarde averiguaría quién era.

- ¿Puedes venir un momento Isabella? -preguntó Edward.

- Edward… -le advirtió Esme.

Él hizo un gesto dando a entender que se despreocupase y salió de la sala un momento con Bella, dejando a Tanya en la mesa, sin que pudiera pronunciar una sola palabra debido a la sorpresa. Salieron de allí y Edward la detuvo en el pasillo mientras la contemplaba. Estaba realmente hermosa con ese vestido; iba sencilla, como era ella, pero no necesitaba mucho más para deslumbrar. Estaba nerviosa, mordiéndose el labio insistentemente y mirando al suelo sin saber muy bien qué decir. Edward le alzó con un dedo la barbilla y acto seguido se fijó en su cara y el colgante.

- ¿Por qué lo llevas puesto? -preguntó señalándolo.

- Yo… me lo dejó Alice para que me lo pusiera esta noche, dijo que es su colgante favorito. ¿Q… qué pasa? ¿Por qué lo miras así?

- Era de mi madre.

- ¿De tu madre? -se asombró Bella abriendo enormemente los ojos.

- Si, lo llevaba puesto siempre. La tradición dice que un hombre de nuestra familia se lo tiene que entregar a su esposa el día que se casan, como símbolo de su entrada a la familia Cullen y de su unión eterna.

- Yo... yo no sabía nada. Alice me dijo que era suyo. Lo siento.

Iba a quitarse el colgante pero Edward la detuvo.

- Puedo imaginarme eso de Alice -sonrió él. -Pero no te lo quites.

- Pero no es mío, le pertenece a… tu futura esposa -señaló con la cabeza la sala donde todos los demás se encontraban, entre ellos Tanya.

- Alice te lo dejó por esta noche, ¿no? Llévalo hasta entonces; además, te queda muy bonito -acarició de nuevo el colgante.

Al hacerlo no pudo evitar acariciar también parte de su cuello. Era tan delicado, tenía una piel tan fina… Se acercó lentamente a ella; podía sentir su respiración entrecortada. Con un dedo recorrió lentamente su barbilla y se inclinó aún más, pero antes de que pudiera hacer algo fue interrumpido.

- Ejem -dijo Esme aclarándose la garganta. -¿Todo bien?

- Perfectamente -dijo Edward separándose de Bella pero sin dejar de mirarla a los ojos.

- Bella cariño, ¿nos puedes disculpar un momento?

- Si, Esme -se fue de nuevo a la fiesta.

- Sigue con el colgante puesto -comentó Esme a su sobrino.

- Así es… Alice se lo dejó para esta noche.

- ¿Qué pretendes? -dijo por fin Esme.

- ¿Qué pretendo con qué?

- Bella no ha tenido buenas experiencias con los hombres; ella es como una hija para mí y lo último que quiero es que sufra.

- ¿Y por qué me dices a mí todo esto? -preguntó Edward.

- Sabes para lo que es el colgante, ¿verdad? ¿Por qué tu hermana se lo dio a Bella?

- Ya sabes lo mal que le cae Tanya…

- Ella ni siquiera sabe el significado que tiene -dijo Esme. -¿Qué estabais a punto de hacer cuando yo he llegado?

- Nada tía. No quiero seguir con esta conversación. ¿Podemos regresar a tu fiesta?

- No, Edward. Mira, si ella te gusta, adelante. Dios sabe lo mucho que me gustaría la idea, pero no la hagas sufrir estando con Tanya y besándola al mismo tiempo.

- Amo a Tanya -afirmó él. -No sé por qué dices eso.

- No lo parece -rebatió su tía -¿Te has fijado como te brillaban los ojos cuando la has visto con el colgante?

- Odias tanto a Tanya que ves cosas donde no las hay.

- Muy bien, engáñate a ti mismo si quieres, pero conmigo no funciona. Ella no va a estar sola toda su vida. Tarde o temprano encontrará a un buen hombre que la haga feliz y se casará con él.

- Estupendo -concluyó Edward.

Se dirigió junto a Esme hacia el salón cerrando las manos en puños involuntariamente por el comentario de su tía. Le puso colérico imaginarse a Bella casada… con otro hombre que no fuera él. Ella era todo lo que podía buscar en una mujer, pero él ya tenía su vida prácticamente arreglada con Tanya. Volvió a la mesa donde todos cenaban y charlaban amenamente, ignorando la conversación que había tenido lugar momentos antes.

Incluso Tanya estaba inusualmente callada; aunque eso sí, no retiraba la mirada de odio que tenía puesta sobre Bella. Cuando se sentó a su lado para comer, su prometida prácticamente le ignoró durante toda la cena. Él, por su parte, mantuvo la mirada sobre el hombre que estaba sentado al lado de su hermana pequeña. A la hora del baile Tanya se excusó diciendo que no podía bailar porque se había hecho daño en una rodilla al tropezar con uno de sus tacones. Alice y Rose rieron por lo bajo, pero la mirada de Carlisle hizo que dejaran de hacerlo.

- Edward, baila con Bella, ella tampoco tiene con quien bailar -sugirió Alice.

- Bueno, eso será porque ella no quiere -dijo Emmet ganándose una mirada interrogante por su parte.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó Bella finalmente.

- Ese chico de ahí, no ha parado de mirarte en toda la noche -señaló a un tipo que estaba a unas mesas de ellos.

- Oh -fue todo lo que dijo ella.

- ¡Venga, vamos! -dijo Alice levantándose y cogiendo a Jasper de la mano.

- Luego tú y yo hablaremos -miró Edward a Alice y después a su acompañante.

- Hermanito, no seas aguafiestas y baila un rato.

Todos salieron a bailar excepto él, Tanya y Bella. Notaba que Bella estaba un poco incómoda y preguntó a Tanya:

- ¿Te importa si…?

- Como quieras -respondió ella escuetamente.

- Bella, ¿bailas conmigo?

- Eh… no sé… yo… no sé bailar.

- Todo depende de quién te lleve.

- Bueno, -aceptó ella -pero si luego acabas cojeando de un pie, que sepas que te lo advertí -bromeó.

- Lo tendré en cuenta -sonrió Edward.

Se levantaron y se unieron a las demás parejas. Bella puso sus manos tímidamente en los hombros de Edward, mientras éste ponía las suyas en su pequeña cintura. Bailaron lentamente, moviéndose al compás de la música. Él no dejaba de observar el colgante que Bella llevaba; y ella, al percatarse de eso, se separó un poco y le dijo:

- ¿Te molesta que lo lleve?

- Claro que no, te queda muy bien -sonrió Edward.

- ¿Y Tanya… no dice nada porque lo tenga puesto?

- Ella no sabe el significado; o al menos eso creía porque no ha parado de mirarte en toda la cena.

- Si -le dio la razón sonrojándose. -¿Y qué tal te cae Jasper? Es buen chico, ¿verdad?

- ¿Jasper? -preguntó interrogante.

- El novio de Alice. Dice que llevan unos meses saliendo.

- ¿Y no lo sabías tú que eres su mejor amiga?

- No, debe ir muy en serio porque para que Alice no lo haya dicho hasta ahora…

- Luego hablaré con él -sentenció Edward.

- Edward, ella le quiere y él a ella también -aseguró Bella.

Siguieron bailando durante unos minutos más hasta que Edward se percató de que Tanya no estaba. Se disculpó con Bella, dejándola en la mesa junto con Emmet y Rose que habían dejado de bailar y salió a buscarla; pero no la encontraba por ninguna parte. Al llamarla por teléfono, le colgó la primera vez, y cuando lo intentó una segunda, el teléfono aparecía como apagado o fuera de cobertura, por lo que supuso que seguía enfadada. En esos instantes vio a Emmet corriendo por el pasillo.

- ¿Qué pasa?

- Es Rose…

- ¿Le ha pasado algo a mi hermana? -preguntó Edward preocupado.

- Se ha desmayado. Voy a buscar a Carlisle al baño.

Edward se fue al salón y se la encontró tendida en el suelo semiinconsciente y con varias personas a su alrededor. Al llegar Carlisle hizo que todas las personas se apartasen y llamó para pedir una ambulancia. Se dirigieron al hospital y, mientras Rose era conducida dentro de los pasillos para realizarla algunas pruebas, Emmet deambulaba por la sala de espera preguntando a cada enfermera que veía por si sabía algo.

Carlisle apareció finalmente y les dijo que era un desmayo sin importancia y que la habían realizado unas pruebas para cerciorarse de que no era nada más grave. Decidió que se quedara esa noche en observación, y con ella se quedó Emmet mientras Esme se iba a regañadientes con Carlisle, seguidos por los demás. Una vez en su casa, estaban preocupados, y aunque intentaron dormir, apenas pudieron hacerlo un par de horas.

A primera hora de la mañana sonó el timbre y Esme fue a abrir preocupada. Eran Rose, que tenía una enorme sonrisa, junto a Emmet. Se abrazó a sus tíos llorando, y Esme les preguntó:

- ¿Qué es lo que tienes? No me preocupes más…

- ¡Estoy embarazada! -dijo rose sonriendo.

Alice gritó muy alto y corrió a abrazar a su hermana, al igual que hizo Bella y más tarde Edward.

- Voy a ser tío, no me lo creo -dijo Edward felicitando también a Emmet.

- Pues empieza a prepararte porque te veo cambiando muchos pañales -bromeó Alice.

- Creo que ese trabajo lo tengo reservado para mi osito.

- Emm… bueno, Rose, podemos negociar, ¿no? -preguntó Emmet.

- ¿Perdón? ¿Piensas dejarme hacer a mí todo? -preguntó histérica -Te recuerdo que una no se embarazada si no es con ayuda -concluyó llorando.

- Las hormonas… -dijo Carlisle.

Rose le fulminó con la mirada y Emmet dijo:

- No te pongas nerviosa cielito, claro que te ayudaré en todo.

- Permíteme mi incredulidad, pero hasta que no lo vea con mis propios ojos, no lo creó -dijo Bella bromeando.

- Tú también puedes ayudarme Heidi -contraatacó él -así te sirve de práctica para cuando tengas los tuyos propios -dijo pasando su mirada de ella a Edward descaradamente.

Tras una mañana de risas, Rose y Emmet se quedaron a comer como hacían casi todos los domingos. Alice estaba planeando cómo decorar la habitación del niño y las cosas que le iban a ir a comprar. Edward aprovechó ese momento y se fue a casa de Tanya. Al llegar, vio como un hombre salía de su casa y se marchaba en un coche. Edward frunció el ceño, pues no le conocía de nada. Llamó al timbre y a los pocos segundos apareció Tanya con una camiseta y unas diminutas bragas.

- ¿Se te ha olvidado…? E…Edward, ¿qué haces aquí? -preguntó nerviosa.

- ¿Quién era ese tipo que salía de tu casa? ¿Me estás engañando? -fue directo al grano.

- ¿Cómo se te ocurre pensar eso, Eddie?

- ¿Qué quieres que piense si vengo y me encuentro con esta escena? -dijo enfadado.

- ¡No sé por qué haces esto! Ayer me ignoraste toda la noche para estar con tu secretaria y…

- Se llama Bella -la interrumpió Edward.

- Como se llame. Ni siquiera te preocupaste por mí un segundo, y ahora vienes a reclamarme no sé qué cosa.

- No le des la vuelta a todo, Tanya, y dímelo.

- ¿Qué te diga el qué?

- Deja de hacerte la inocente -la sujetó de los hombros -¿Me estás engañando o no?

- ¡Sí! -contestó finalmente ella -¡Si, lo estoy haciendo! ¿Satisfecho? Es lo que querías oír, ¿no? ¡Pues sí!

- No me lo puedo creer -contestó él retirando sus manos de los hombros de ella -Estábamos a punto de casarnos.

- ¿Casarnos? ¿Cuándo? Si ni siquiera tienes tiempo para mí. Todo viene antes que yo: tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu… secretaria -pronunció ésta última palabra con desprecio. -¿Sabes cómo me sentí cuando Alice me dijo el significado del colgante y luego vi que después de que hablaras con ella seguía sin quitárselo?

- No metas a Bella en todo esto porque ella no tiene la culpa de nada. No quieras salvarte ahogándola a ella. Esto viene de hace tiempo atrás.

Ella no dijo nada, por lo que fue la confirmación que Edward necesitaba.

- Supongo que no tengo nada más que hacer aquí -Edward se quitó el anillo de compromiso y lo depositó en la mano de Tanya.

- Tu familia estará contenta, ¿no? Al fin han logrado lo que querían -dijo llorando. -Todo este tiempo haciéndome la vida imposible hasta que…

- Te repito, no metas a nadie más en todo esto; ellos no tienen la culpa de que me hayas engañado quien sabe con cuantos. Espero que alguna vez encuentres a alguien que sepa tratarte como tú quieras. Adiós, Tanya.

Edward se dirigió a su coche, mientras Tanya gritaba su nombre, pidiéndole que la perdonara y la diera otra oportunidad. Él esta vez no cedió y se montó en su volvo sin saber a ciencia cierta dónde ir. Sentía como si toda su vida no tuviera sentido. Tantos años de estar con ella para terminar así; desde que estaba en la universidad se imaginaba que siempre estaría junto a ella…

No quería ir a su casa y escuchar el típico "te lo dije" de sus hermanas, sobre todo. Tenía que haberse dado cuenta antes. Todos le decían cómo era ella, pero él estaba tan ciego que solo veía lo que realmente quería ver. Finalmente, decidió irse a la oficina; allí estaría solo y podría pensar en todo lo que acababa de pasar. De camino a allí, paró y compró comida china y un par de botellas de whisky. Subió a su despacho, desconectó su teléfono y tras tirar la comida intacta a la papelera, abrió la primera botella dispuesto a olvidar todo.