CAPÍTULO 13. Calma y Tempestad.
El pequeño Shippou se quedó con la anciana Kaede esa noche porque Miroku y Sango pensaron que era lo más prudente para que sus amigos pudieran pasar unos momentos a solas. Al principio el zorrito se negó a apartarse del lado de la joven, pues él también la había extrañado mucho y no quería que el mitad demonio la hiciera enojar cuando apenas llevaba dos días junto a ellos, pero los demás lo convencieron y terminó aceptando a regañadientes.
Después de aquel beso que se dieron y de disfrutar unos momentos a solas ambos regresaron a la aldea, Kagome tenía su brazo entrelazado con el de Inuyasha. En el camino de regreso al no saber cómo actuar después de ese íntimo momento que tuvieron juntos, ella aprovecho para platicarle al mitad demonio lo que estuvo haciendo esos tres años lejos de él y como se encontraba su familia.
Una vez que llegaron a su destino vieron a Miroku en el camino.
– Bueno, Shippou decidió pasar la noche con la anciana Kaede, quiere dejarles un poco de espacio a ambos para que puedan platicar – dijo Miroku mientras le daba un golpecito a Inuyasha con el codo.
El ojidorado hizo una mueca de molestia y la joven pelinegra sintió un escalofrío que le recorrió la espalda.
– No era necesario – dijo Kagome muy apenada – pero bueno supongo que está bien, buenas noches Miroku – terminó de decir ella con una sonrisa nerviosa mientas se dirigía rumbo a la cabaña.
– ¡Tonto! – le dijo el ojidorado a su amigo mientras se alejaba.
– ¡Buena suerte! – contestó el monje mientras le guiñaba el ojo a su amigo.
Las mejillas de Inuyasha se encendieron.
Cuando llegaron a la cabaña, Kagome preparó la cena y tuvieron un rato agradable, aunque ambos actuaban con cautela pues aún estaban algo apenados por aquel beso. Continuaron poniéndose al tanto de lo que fue de sus vidas durante esos tres años mientras observaban el cielo desde la entrada de su cabaña.
– Fue mucho tiempo el que pasamos separados Inuyasha… pero eso ya no importa más porque desde ahora estaremos juntos… ¿cierto? – dijo ella con ternura mientras colocaba la cabeza en el hombro de él.
El ojidorado sintió que el corazón se le aceleró, más aún cuando se movió para rodearla en un abrazo. – Sí…– contestó él – Kagome nunca dejaré que alguien te aparte de mi lado otra vez – concluyó como en un susurro.
Al escuchar esas palabras ella volteó para mirarlo a los ojos. Ambos contuvieron la respiración y con pena, pero decididos se acercaron para unirse nuevamente en un tierno beso. Continuaron abrazados por un rato con la seguridad de que ya nunca estarían lejos el uno del otro. Después de un rato de estar abrazados Kagome comenzó a pestañear, el sueño la estaba venciendo.
– Será mejor que entremos a dormir ya – dijo el medio demonio.
La pelinegra lo miró con ternura y después de bostezar le contestó: – Está bien –.
Ambos se levantaron de la entrada y ella se metió al futón para acomodarse a dormir, mientras Inuyasha se acomodaba sentándose en un rincón de la cabaña en donde pudiera vigilar a su amada. La joven lo observó un tanto extrañada.
– ¿Qué estás haciendo? – le preguntó a su amado con tono curioso y a punto de acostarse.
– … ¿A qué te refieres?... Pues ya dormiré – contestó él recalcando lo que le parecía evidente.
– ¿Pero por qué ahí? – dijo la joven con su típico tono ligero de exasperación.
– ¿De qué hablas? yo siempre he dormido así cuando te estoy cuidando – recalcó el ojidorado con un poco de nerviosismo.
Kagome ya se estaba exasperando.
– Eso no es verdad cuando desperté por la mañana estabas junto a mí – le contestó ella con superioridad haciéndole notar que era obvio su deseo por estar junto a ella.
Inuyasha se puso rojo como un tomate y comenzó a temblar ligeramente.
– ¡Tonta!... eso no es verdad yo solo… yo – era obvio que él no sabía que decir – quería vigilarte de cerca y me quedé dormido eso es todo… – el mitad demonio pensó que con eso ya se había evitado la vergüenza.
"Mentiroso" pensó la pelinegra y evitando que la risa se le escapara le dijo:
– Entonces acércate para que puedas vigilarme mejor –.
Una mueca de confusión y pena enmarcó la cara de Inuyasha.
– ¡No digas tonterías! estoy bien aquí ya duérmete – dijo él con un obvio nerviosismo y miró hacia otra dirección evitando la cara de su amada.
– ¡Inuyasha!... no me hagas obligarte porque estoy dispuesta a hacerlo si no quieres entender – gritó Kagome con rudeza para llamar la atención de él.
El mitad demonio sabía a qué se refería, ella ya había estado con él dos días y le pareció un milagro causado por la emoción que todavía no le hubiera gritado un terrible ¡abajo!, pero aun así no quiso hacer evidente que de verdad quería estar más cerca de ella.
– ¡¿Kagome ya empezaste con tus amenazas?! ¡Jha! Ya sabía que no podías ser amable conmigo por mucho tiempo…– dijo tratando de defenderse como siempre lo hacía.
La joven pelinegra le dirigió una mirada asesina, pensó en cómo era posible que fuera tan insensible y no admitiera que era obvio su deseo por estar lo más cerca posible de ella, pero trató de tranquilizarse, se contuvo ante las palabras hostiles de él y contestó:
– De acuerdo si te rehúsas a hacer algo tan simple no me dejas opción… – lo miró de manera retadora – tendré que hacerlo así que… – él la observó con miedo – ¡AAAAAAAA… – estuvo a punto de terminar la palabra, pero Inuyasha la interrumpió.
Al escuchar esa primera sílaba un escalofrío recorrió su cuerpo y actuó de inmediato.
– ¡Está bien espera! – gritó desesperado – ¡No tienes por qué ponerte así, tonta! Me acercaré, pero solo porque tú lo pides – terminó de decir a regañadientes.
Ella esbozó una ligera sonrisa de satisfacción, sabía que ante esa amenaza su amado no se resistiría y si tenía que recurrir a eso para que él afrontara la realidad estaba segura de no arrepentirse. El medio demonio se acercó hasta estar al lado izquierdo de ella fuera del futón. Kagome lo observó nuevamente un tato exasperada.
– Me parece una tontería que te duermas sentado vigilándome cuando ya no hay ningún peligro latente…– ella alzó la tela que la cubría y continuó – ven junto a mí – terminó de decirlo con una sonrisa.
A la joven le parecía de lo más normal que ahora durmieran juntos pues que las cosas ya estaban más claras que el agua y al fin estaban juntos, aunque también, más que nada ella quería estar lo más cerca posible de él y sentirse protegida en sus brazos todo el tiempo posible.
El mitad demonio sintió como una corriente de aire fría le recorrió la espalda de nuevo, no se atrevía a hacer un movimiento más para dormir así de cerca. Se sintió nervioso y con trabajo salieron de su boca algunas palabras.
– ¿D-de qué hablas?... a-aquí estoy bien – aseguró él con la cara tapizada de color rojo.
– ¡Inuyasha!... – gritó ella – ¡no me hagas repetirlo! Ven aquí a mi lado – sentenció la joven con brusquedad en sus palabras.
La observó con temor y su cara seguía completamente roja, pero estaba seguro de no querer terminar enterrado en el piso así que comenzó a acercarse poco a poco aun titubeando hasta que quedó por completo a un lado de ella en el futón. Kagome lo miraba divertida y complacida con una tierna sonrisa en la cara la cual solo logró que Inuyasha sintiera más nervios. Una vez que estuvo por completo a su lado ella lo cubrió con la sábana y lo miró tiernamente.
– ¿No fue tan difícil cierto? – le dijo a su amado.
– E-espero que ya estés contenta – contestó él como si fuera una molestia y aun con la cara roja.
– Si lo estoy… ahora abrázame – le pidió con la cara roja igual que él.
– ¿Q-qué? – dijo él como con un grito ahogado.
– ¡Y-ya escuchaste! – le reprochó mientras sentía sus mejillas arder.
El ojidorado la miró asustado.
– Y-yo… K-Kagome…– él apenas podía balbucear en susurros.
– ¿Es que no me quieres abrazar? – dijo la joven sonando triste.
– ¡No! ¡No es eso tonta! – dijo sobresaltado antes de que ella fuera a reaccionar llorando o peor aun diciéndole un abajo.
La verdad era que Inuyasha quería abrazarla, pero tenía miedo de él mismo al estar tan cerca de su amada. No era que lo estuviera pensando mucho pero el efecto que ella tenía sobre él era en verdad difícil de controlar. Aun así, sabía que ella era demasiado necia y para no terminar en un pleito decidió pasar su brazo debajo del cuerpo de la joven.
Kagome se sintió feliz de tenerlo tan cerca, era la primera vez que se acurrucaban de esa manera y al momento de sentir el brazo del ojidorado se acercó más a su cuerpo, quedando sobre su pecho.
– Buenas noches Inuyasha – dijo ella de la manera más dulce que él había escuchado.
El ojidorado aún estaba sonrojado por tenerla de esa forma, tan cerca de él como siempre quiso que estuviera.
– B-buenas noches Kagome – contestó el mitad demonio.
Ella quedó rendida al sueño unos momentos después y él trató de calmar sus nervios lo más que pudo hasta que el sueño lo venció
Ya había pasado poco más de un mes de la llegada de Kagome a la época feudal y la vida era muy tranquila hasta ese momento. La joven pelinegra pasaba sus días aprendiendo e incrementando sus dones de sacerdotisa junto a la anciana Kaede, aprendiendo de hierbas medicinales de Jinenji y también aprendiendo tácticas de ataque con su amiga Sango. Kaede pudo notar que los poderes de su aprendiz habían aumentado, siendo algo que la hizo reflexionar pues no estaba segura si eso había pasado debido a su edad o por otra cosa ya que la joven no había entrenado para nada durante los tres años que regresó a su época.
Su relación con Inuyasha avanzaba lento, pero eso no le molestaba pues ahora tenían todo el tiempo del mundo para estar juntos, vivían con el pequeño Shippou y se quedaban solos cuando él se iba a entrenar. Después de aquel beso que se dieron en su segundo día de haber regresado, ambos se comportaban más cariñosos cuando estaban a solas pues aún les costaba trabajo a los dos expresar sus sentimientos de pareja frente a los demás. También tenían sus pleitos habituales como siempre e Inuyasha terminaba tragando tierra de vez en cuando aunque ya con mucho menos frecuencia pues Kagome se había prometido no usar tanto la palabra mágica mas que en ocasiones necesarias ya fuera porque Inuyasha le mal contestara a algún anciano, por ser insensible con ella o por ser muy brusco con el pequeño Shippou aunque esto último ya casi no sucedia.
Unos aldeanos llegaron a la aldea gritando que habían visto un demonio cerca de ahí, enseguida Kikyo estuvo dispuesta a salir en busca de aquel demonio para evitar que se acercara a la aldea. Tomó un caballo, su arco y sus flechas y se fue sola en la dirección que le indicaron los aldeanos.
Mientras se iba a cercando pudo escuchar los sonidos de una batalla y entonces sintió dos presencias demoniacas. Trató de ir con cuidado y sigilosamente así que se bajó del caballo y se acercó poco a poco a lugar de donde provenían las dos presencias. Al parecer la batalla ya había finalizado pues una de las presencias ya había desaparecido, entonces tomó una flecha y la colocó en el arco en posición de defensa.
– Bien, ahora debería ser más fácil – pensó para sus adentros pues una de las presencias ya no estaba y la otra parecía haber quedado débil.
Tal fue su sorpresa al notar algo conocido. Casi se cae de la impresión, pudo ver los mechones de una cabellera plateada a lo lejos. Se puso nerviosa y por un momento pensó en no acercarse, pero la ansiedad la venció y ya estando cerca de aquel demonio notó como éste ladeaba la cabeza hacia donde ella estaba.
– Es mejor que dejes de apuntarme con esa flecha, no vine a perder mi tiempo atacando a un humano insignificante – dijo aquel demonio que al parecer estaba herido pues se encontraba sentado en el suelo recargado en un árbol.
Kikyo bajó su arco, sabía que no tendría necesidad de defenderse ante él.
– Sesshomaru ¿no es verdad? – preguntó.
El demonio levantó la vista y aunque lo disimuló muy bien se sorprendió al ver la cara de esa mujer.
– La sacerdotisa que selló a Inuyasha… esto es repetitivo, pensé que ya no formabas parte de este mundo – dijo un poco agitado, pero sin perder su toque desdeñoso.
Ella no contestó, pero se inquietó al observar el pecho del ojidorado, estaba lastimado, tenía una herida profunda y llena de veneno debido a la lucha que había tenido con otro demonio. Sesshomaru había peleado con un demonio que lo había estado persiguiendo y retándolo, por eso había llegado cerca de donde Kikyo se encontraba. Ese demonio quería hacerse de renombre robándole su espada y quitándole la vida, era un ser no tan poderoso, pero había preparado ciertas artimañas para lograr su cometido, entre ellas algunas pociones con un fuerte veneno capaz de matar a cualquier demonio, incluso uno tan poderoso como Sesshomaru.
– Fuiste descuidado, es veneno de un demonio escorpión mezclado con algunas otras cosas, incluso para ti es algo peligroso – dijo mientras asentaba su arco en el suelo, colocaba la flecha en el carcaj y luego buscaba en una pequeña bolsa que traía consigo en la cintura. Sacó unas hierbas y se acercó al ojidorado, pero antes de llegar a él, éste la interrumpió.
– No necesito de tu ayuda, mi sirviente Jaken ya fue a buscar lo necesario para curarme… – dijo un tanto altanero.
– Eso puede matarte en cualquier momento, solo acéptalas – insistió la sacerdotisa.
– Dije que no – contestó él muy convencido.
Kikyo lo observó con el ceño fruncido.
– En verdad Inuyasha y tu son muy parecidos – dijo ella y luego tiró las hierbas junto a él.
Sesshomaru volteó la cabeza del otro lado cuando ella tiró las hierbas, pero la verdad era que Jaken ya se había tardado así que recapacitó y las tomó.
– Hablando de Inuyasha ¿no te parece que estás algo lejos de él? – dijo él con tono sarcástico.
Kikyo ya se disponía a alejarse de ahí cuando tomaba de nuevo su arco y escuchó las palabras de ese demonio, le pareció raro que aún le continuara dirigiendo la palabra sobre todo cuando en alguna ocasión ni siquiera le dio las gracias por salvar la vida de la pequeña que lo acompañaba. Después de las palabras del ojidorado ella se sintió tentada a preguntar por Inuyasha pero rápidamente desechó esa idea de la cabeza pues sabía que preguntarle a su hermano por él no era la mejor de las ideas.
– Eso es algo sin importancia – dijo ella mientras regresaba por donde había venido – espero que te mejores – dio unos pasos, pero recapacitó ¿qué pasaría si Sesshomaru le decía a su hermano que la había visto? Aunque estaba segura de que ellos no hablaban mucho le surgió la duda y se sintió insegura, esperó un poco, ladeó la cabeza hacia aquel demonio y dijo – Te pido de favor que por ningún motivo le digas a Inuyasha que estoy viva – esperó una respuesta.
– No suelo tener pláticas agradables con ese estúpido… – Sesshomaru recordó la última vez que había visto a su medio hermano, hace unos cuatro días cuando fue a visitar a Rin. También pasó por su mente la osadía de Kagome al llamarlo "cuñado" y frunció el ceño de solo recordarlo – además si se lo dijera no le tomaría importancia ahora que esa humana volvió… – dijo aun con el ceño fruncido.
Ella se congeló con esas últimas palabras, tuvo una sensación extraña, la garganta se le secó y la vista se le nubló. ¿Kikyo había escuchado bien? ¿Acaso Sesshomaru dijo que Kagome había regresado?...
CONTINUARÁ…
COMENTARIO: ¿Se pone perro el asunto verdad? Jajaja ya verán vienen cosas interesantes ¿Qué creen que haga Kikyo? ¿Será que le molestó el saber que Kagome volvió? ¿Inuyasha se está volviendo como Miroku? Déjenme sus comentarios que me encanta leerlos :3 3 y como siempre ¡GRACIAS POR LEER MI HISTORIA!
ATT. Tamina Bennet Stark
