La desaparición de "H".
Limpió todo. Sacó los restos de comida putrefacta del armario y lo lavó con cloro. Acomodó todos los libros en las repisas, levantó cada papelito, envase vacío y prenda de ropa que pudiera encontrarse por el piso. Tendió la cama, abrió las cortinas. Poco a poco, el lugar se comenzó a ver cada vez más como una habitación. Cambió las cobijas y puso los muñecos en orden de tamaños. El polvo volaba en nubes gigantes y Miriam sacaba una bolsa negra de basura gigante para dejarla junto a la puerta.
Pero, demonios, cómo necesitaba un café. La bolsa de la basura podía esperar.
La chica rubia subía los escalones meditando las palabras de su ahora ya no tan enemigo y se cruzó con su madre, quien arrastraba en un bostezo la escoba y la franela con las que limpió. Estaba hecho, que no la molestaran de nuevo en toda la semana.
Entró en su fresca habitación y se sintió mejor, sentándose sobre la cama, pensativa.
Ya no tenía por qué temer a ese armario ni a lo que hubiera dentro. Era libre del recuerdo de esa vieja Helga que la perseguía sin cesar. Las piezas comenzaban a calzar en su cabeza y todo comenzaba a tomar una sazón misteriosa.
Se tiró de golpe sobre la almohada. ¿Qué estaba sucediendo? Su teoría más real, fuera de caer en coma, ser secuestrada o estar dormida, era entonces, estar en otra dimensión. Pero es que eso era impensable, y tonto. Era una chica soñadora, pero no lo era lo suficiente como para creerse dentro de un mundo paralelo… ¿O lo era? Al final, lo que Gerald le contó del domingo no fue otra cosa que el recuerdo que ella tenía, pero alterado.
Ella recordaba estar con Gerald, yendo por hielo para su labio roto, producto de la discusión con el Shortman cuando este soltó la bomba:
-Vamos, Hel- se sinceró el moreno- que si Arnold desapareciera de la faz de la Tierra tú serías la más feliz al respecto.
-Oh, cállate. Eso no es verdad.
-Helga…
-Vale, mira- se acercó-, no quisiera que desapareciera o algo así ¿Entiendes? Pero… Si fuera un poco más dócil, más agradable, más pacífico… No me quejaría ¿Sabes?- sonrió. Pero un ruido fuera de la ventana llamó su atención de repente. Una sombra se escabulló en la lejanía; poca importancia le tomó, quizá había sido solo el viento.
Y es que ¿Si no había sido el viento? ¿Cómo deshilar un misterio como ese? Había tan pocas pistas y tantas preguntas. Si en efecto, tenía razón y esa era otra dimensión, donde Arnold era el chico amable y ella la mala del cuento entonces ¿Dónde estaba su alter ego? ¿Dónde estaba la chica mala-mala? ¿En su propio universo? Poco más importante, ¿Cómo es que algo como eso se pudo suscitar?
Y… ¿Por qué?
Vale, se estaba tirando demasiado lejos. Quizá sí estaba enloqueciendo, porque cualquiera que escuchara sus pensamientos no dudaría en llamar al manicomio ni un segundo. Quizá Gerald tenía razón. Pero sentía esa corazonada que le decía que en efecto, ella se había perdido en algún lugar fuera de donde pertenecía. La gente era una total extraña.
Como fuera que fuese, llegaría al fondo de todo eso. Quizá tenía que ver el lado positivo y tratar de divertirse. Al final esa no era su vida y ella tenía que encontrar el modo de regresar a donde tenía que estar. Las ideas del coma y el secuestro seguían en pie pero tenía que irse a lo único que podía hacer en esos momentos: investigar.
Sacó un cuaderno de su mochila y, sentándose en el escritorio, comenzó a desenlazar todo mientras encendía la radio sobre la mesa.
-… así que nos informan que habrá lluvias persistentes en la semana, poco comunes en esta época del año. De cualquier manera, vayamos con más música, radio escuchas. Les habla su conductor Alex Tocado desde esta lluviosa y bella ciudad suya, Hillwood. Los dejamos con esta hermosa clásica de Nina Simone, Feeling Good, que la disfruten.
¿Había escuchado lo que había escuchado? ¿Hillwood? O estaba sorda o estaba loca. Su ciudad natal se llamaba Hillwook. Su cabeza se encendió de pronto. Sin más, intentó recordar todos los programas policiacos que había visto en su vida y empezó a escribir con los ánimos un poco más alentados.
Bitácora #1
Caso: La desaparición de H.
Sábado 08 de Noviembre.
Esta es Helga Geraldine Pataki, reportándose desde un lugar desconocido.
Siguiendo la teoría de que estoy en una dimensión alterna, teoría que siento cada vez más real (porque seguro estoy entrando en la esquizofrenia) tenemos la siguiente cuestión:
Existen dos mundos conocidos. El mundo en el que estoy (donde al parecer la ciudad se llama Hillwood) y mi mundo natal, mi viejo Hillwook. Ambos mundos son especialmente iguales, de hecho, no habría diferencia alguna de no ser por un pequeño inconveniente. Yo.
Según los que me rodean pareciera que soy una violenta excéntrica, recelosa, vengativa; capaz de golpear a alguien solo porque algo no me parece. A esta chica (QUE QUIERO ACLARAR, NO SOY YO) he decidido llamarle "H" para poder diferenciarla de mí misma.
De cualquier manera, creo que si estoy aquí es por alguna razón y por lo tanto tengo que descubrir el por qué y el cómo es que así fue. Sé que parezco haber perdido la razón pero necesito que alguien me crea y sé que un cuaderno no cuestionará mi lógica.
Entonces, todo lo que recuerdo desde el domingo, que al parecer fue el último día normal que tuve, es yo, despidiendo a Gerald en la puerta y despidiéndome de mis padres para acostarme a dormir…
Eso no tiene nada de especial.
Pero Newton diría que toda acción tiene una reacción y si esta es la reacción, debió existir una acción que la detonara ¿Pero cuál? Se me ocurre entonces que H fue una tonta e hizo alguna estupidez que nos pusiera a ambas en esta situación. Si así fue, juro que, aunque odie la violencia, no me detendré las ganas de asesinarla allí mismo.
Tronó su cuello, esa sería una larga búsqueda, sin su acompañante de aventuras, tendría que adentrarse en las profundidades de lo desconocido sola y eso le ponía los nervios un poco, iba a necesitar apoyo moral.
