Queridas lectoras,
Muchísimas gracias por su gran recepción con mi fic, en verdad me encanta saber qué opinan de la historia, es muy gratificante encontrarse con sus comentarios.
Y para quienes han preguntado qué días publico, la verdad no tengo fecha definida, porque todo depende del tiempo, ahora estoy saliendo del semestre así que puedo dedicar más, sino tengo que buscar la instancia para hacerlo.
Bueno, me despido y aprovecho de felicitar a las chicas de España por el gran triunfo de la Copa del Mundo!
Cariños,
Karen
Capítulo XIII
Amor encapsulado
Transcurrieron un par de meses y nuestra relación con Bella se enfrió por completo, bueno después de todo había sido su elección. Sólo nos veíamos en reuniones de trabajo y jamás solos, ella lo evitaba sobre manera, aunque era lo mejor.
Por mi parte volví a mi vida antes de conocerla, mis andanzas de soltero y sin compromiso de ningún tipo, en verdad nunca lo tuve, pero a pesar de eso, mi obsesión por ella había ido a tal límite que medio enloquecí. Con su rechazo puse los pies bien en la tierra, aunque en mi fuero más interno debo reconocer que me dolió, hirió mi ego y me hizo sentir un imbécil, no obstante y aunque parezca absurdo no la odio, es más de alguna forma u otra se enquistó en mi corazón fuertemente, pero por el momento, o quizás para siempre, iba a mantenerse encapsulada… lo terrible sería que esa membrana se reventara y contaminara mi raciocinio, como estuvo a punto de hacerlo hace dos meses.
Mi padre seguía manteniendo su noviazgo con Bella en secreto. Esme no tenía idea de lo que sucedía a sus espaldas, convirtiéndose aún más patética la relación entre ellos. A mi madre, irónicamente, le había dado por semi-adoptar a Isabella ¡Ja! Realmente gozaba ver la cara de mi padre cuando Esme se acercaba a Bella y la rodeaba cariñosamente con el brazo, y curiosamente, ella respondía, pareciendo sentir bastante aprecio por mi madre. Y cómo si fuera poco, últimamente se estaban haciendo bastante amigas con Alice.
La relación de mi madre con Aro se fortificaba cada día, provocando la ira de Carlisle, quien se pasaba la mitad del tiempo de muy mal humor a raíz de esta situación. Hace un par de días se apareció por mi oficina y cerró la puerta tras él.
–Edward ¿tienes cinco minutos? –tenía los ojos cristalizados.
–¿Qué pasa? –dejé de cotizar un viaje de placer, a Turquía, que tenía en mente.
–¿Sabías que tu madre quiere formalizar con "ese" petrolero? –nótese la inflexión de voz cuando se refirió a "ese".
–No, no tenía idea, pero me parece fabuloso. Al parecer la quiere y la respeta mucho. Da la impresión de que están enamorados –esto último lo hice sólo para irritarlo, porque los ojos se le desbordaron de las órbitas.
–¿Enamorados? ¡Qué dices! ¡Es absurdo! –bufó rojo de ira.
–Mm… eso parece… –musité para agobiarlo aún más. Con una sonrisa perversa cogí el laptop para salir, ya era hora de irse, pero Carlisle me detuvo.
–¡Edward! ¿Puedes hablar con tu madre? Creo que se está tomando las cosas con muy poca calma… después se arrepentirá –aseguró con los ojos cargados de impotencia.
–Parece que eres tú el arrepentido –reí burlescamente. No respondió– Es absurdo… tú estás con Isabella ¿Por qué te molestas en complicarle la vida a mi mamá? –lo increpé con rabia, no quería perder ni pan ni pedazo.
–Es diferente, Isabella es una buena chica, pero… –no concretó la frase.
–¿Pero qué? –lo increpé.
–No es lo mismo, son dos cosas que no se pueden comparar –boté aire, negando con la cabeza.
–Deberías contarle a mi madre lo de Bella –espeté irritado.
–¡Jamás! –decretó furioso.
–Entonces, ¿piensas tenerla siempre escondida? –¡Viejo egoísta!
–No lo sé, ni siquiera lo he pensado –farfulló sutilmente.
–¡Vaya! Decídete tu primero y luego, cuando dejes de parecer un adolescente, molesta a mi madre. Mientras ¡Déjala en paz! Ella está feliz –alcé la voz para dejarle mi punto de vista claro.
Quedó mudo, degustando la amargura de sentirse ignorado e impotente. Salí de la oficina rápidamente, la verdad recién me había llegado un mensaje de Tanya y me estaba esperando, aún debía llegar a casa, cambiarme y salir. Sin quererlo me encontré con Isabella en el pasillo del ascensor y la pasé a llevar sutilmente.
–¡Disculpa! –dije cortésmente.
–No te preocupes –murmuró tímidamente. Ambos subimos al ascensor y su aroma invadió el lugar, removiéndome las hormonas. Yo estaba apoyado en la esquina del fondo y ella, estaba casi pegada a la puerta, de espaldas a mí. Sin embargo noté que en más de una ocasión miró por el rabillo del ojo. Reí, me gustaba que notara mi presencia, pero si pensó que le diría o haría algo, disfrutó de la decepción y yo, de verle la expresión de intriga dibujada en el rostro.
Llegamos al subterráneo y ella caminó hacia su Mazda 3 que estaba ubicado casi en la subida al primer nivel, en cambio yo me tenía que desviar hacia la derecha, pero aún así la alcancé. Salimos a la calle cuando ya estaba atardeciendo, así que abrí la ventana para coger aire limpio. Mi auto iba pegado al suyo hasta que en un semáforo en rojo me detuve a su lado. Miré hacia su lado sólo para fastidiarla, hace tiempo que no lo hacía. Ella negó con la cabeza y partió. La seguí muy de cerca, casi tanto como esa vez que nos estrellamos, Bella me miraba por el espejo retrovisor, confundida. Era parte del juego.
Detuvo el auto para atajarme y probablemente para dejar de sentirse perseguida, pero cuando se bajo del carro, metí marcha atrás y me fui. Una gran sonrisa de victoria se me proyectó en la cara cuando noté como quedaba parada sola en medio del tráfico. Jamás podría decirme nada, porque técnicamente no hice nada ¡Esto se había sentido bien!
Con el cuerpo un poco más distendido llegué a la casa, me duché, cambié de ropa y me fui al departamento de mi amiga con privilegios. Lo bueno de la relación con Tanya era que nunca pedía nada a cambio, bueno nada más allá de sexo puro y placentero, donde yo era un experto...
La mañana siguiente llegué un poco tarde a la oficina, por razones obvias, no había pegado un ojo en toda la noche… Tanya era mmmm… ¿Cómo decirlo de un modo elegante? ¿fogosa? Sí, era muy apasionada y tenía un estado físico envidiable.
No alcancé a pasar por mi café, así que le pedí uno a Ange, pero tras insistir varias veces a su teléfono, contestó Alice.
–Pidió el día, Edward –contestó mi hermana un poco irritada.
–¡Ah, genial! –reclamé– necesitamos otra secretaria, Alice –sugerí.
–Es verdad, pero ¿Qué quieres con tanta urgencia? –espetó irónica.
–Un café –susurré.
–¡Un café! –podía ver como se le había erizado aún más el cabello– ¿insistes de ese modo por un café? –me regañó por el teléfono– ¡Anda tu mismo! En la cocina hay máquina libre con variedad de cafés –me cortó molesta ¡Ups! Parece que mi hermanita se había molestado. De repente se abrió mi puerta, Alice asomó la cabeza– ¡Flojo! –musitó con su perfecta voz de canario melódico y me sacó la lengua antes de volver a cerrarla.
Caminé hacia la cocina con el cuerpo entre cortado. Efectivamente había una máquina con Mokaccino, chocolate caliente, café express a la vena y otros. Sin embargo, cuando me acerqué a la máquina noté que Bella estaba vaciando café en una taza mediana.
–Hola –musité incómodo, pero intentando que no lo notara.
–Hola –bajó la vista, pero se puso tan nerviosa que la taza se le resbaló de las manos y al tratar de cogerla, el líquido se volteó y le quemó la mano– ¡Auch! –exclamó y yo reí. Cogí papel toalla y le pasé un poco para que se limpiara– Gracias –dejó la taza a un lado y se secó, pero no se movió. Debo reconocer que me aproveché de la oportunidad y el escaso espacio que había entre la pared y la máquina de café.
–Permiso –musité mientras estiraba la mano para coger un vaso desechable, pero para ello tenía que cruzarme por Bella, de tal modo que me cargué sobre su cuerpo levemente. Mi corazón comenzó a bombear con fuerza, pero ella no lo oiría, no obstante, me miró con sus ojos chocolates redonditos y confundidos– gracias –susurré muy cerca de su rostro, ella palideció.
–¡Ejem! –Alice se aclaró la garganta y Bella se libró de mí, pasando por debajo de mi brazo– quería saber si habías encontrado el "café" –espetó irónica, con los ojos tostados cargados de malicia, mientras sostenía una sonrisa cómplice.
–¡Aquí está! –le mostré el vaso y le devolví la sonrisa. Caminé por su lado, dejando a mi hermana y Bella solas en la cocina, pero antes de salir le guiñé un ojo a Alice, sin que Bella se diera cuenta, claro.
–¡Debes venir más seguido por tu café! –me gritó Alice, sutilmente por el pasillo.
–¡Por supuesto! –respondí camino a mi oficina– ¡Es un lugar de lo más agradable!.
El viernes temprano hubo directorio. Bella y yo presentamos las inversiones y las cifras, y después el resto opinó, sugirió o simplemente calló. Pero antes de salir de la sala de reuniones Esme hizo un anuncio.
–Esta noche Aro los quiere conocer oficialmente así que espero verlos en casa –se dirigió hacia Carlisle, mientras a él le volvía el color al rostro y le dijo– tú también Carlisle– luego se giró hacia Bella– pequeña cuento contigo –le guiñó un ojo. Bella tragó saliva incómoda.
Emmett y Alice cuchilleaban en un rincón, sólo alcancé a oír a mi hermana que decía.
–¿Has visto algo más rarito que esto? El ex marido y su novia actual, casi nuera, y su prometido ¡Cueck! –ambos rieron. Les dirigí una sonrisa cómplice, negando con la cabeza.
–¡Hijo! –Esme se dirigió a mí. Levanté la vista– necesito verte un segundo.
–¡Voy! –respondí.
Mi madre parecía muy contenta y satisfecha. Entramos en mi oficina y me dijo.
–Invité a Jess –me anunció con cara de "quizás la embarré".
–¡Uy! ¿En serio? Y ¿Qué te dijo? –pregunté con esperanzas de que se hubiese negado.
–¡Estaba feliz! Bueno ya sabes… ella siempre ha querido pertenecer a la familia –me guiñó un ojo y sonrió.
–Pues a menos que la adoptes no sé de qué modo podría hacerlo –le devolví una sonrisa irónica.
–No seas cruel, Edward, esa chica te quiere –hizo un mohín y me acarició el cabello.
–Yo también, pero no del modo que ella pretende –decreté.
–Lo sé –los ojos miel de mi madre se transformaron en líquidos desbordados de ternura.
–¿Algún "otro" invitado freaky? –puse los ojos en blanco.
–¿Por quién lo dices? –como ya se iba se devolvió.
–Carlisle, Jess, Bella… –enarqué ambas cejas.
–A Jess le tengo aprecio, Carlisle es el padre de mis hijos y bueno, Isabella es una niña muy sola, que me encantaría incorporar a la familia –me dieron ganas de decirle "y ya lo está ¡Con tu marido!". Callé.
–Ni siquiera la conoces… –le rebatí.
–Hay mucho dolor en sus ojos, hijo y bueno, perder a tu prometido poco antes de casarte, sin padres ni nadie que cuide de ella –dulcificaba su voz cuando se refería a Bella.
–¿Qué dices? ¿Perdió a su novio? –pregunté ansioso. Mi madre asintió.
–En un trágico accidente automovilístico. Cuando tu padre la trajo a Los Ángeles, la tuvo que sacar de una clínica psiquiátrica… ¡Intentó suicidarse! ¿Lo puedes creer? –continuó mi madre– ¿sabías que tu padre conocía al suyo?
–Sí –contesté, intentando absorber toda esta información ¿Ella había estado a punto de casarse? ¿Y qué iba toda esa historia del banco en New York?
–No seas malo con ella, Edward. Esa chica necesita mucho cariño y comprensión. Además…
–¿Qué? –insistí.
–Cuando la vi en tu oficina la primera vez, no asocié quién era ella. Tú me dijiste que era una "amiga", pero yo noté de inmediato que había algo más entre ustedes… –espetó.
–¡No hay nada entre nosotros! –reclamé.
–Pero lo habrá –dijo muy convencida, mientras me enviaba un beso desde la puerta.
–No lo creo –susurré para mi mismo. Mi madre ya se había ido.
Era todo tan extraño con Bella, era tan diferente al resto de las mujeres que había conocido, demasiado enigmática. Ahora si que no entendía nada. Generalmente me llevaba bien con el género opuesto, quizás demasiado, pero ella era distinta, y era justamente ese misterio permanente y un montón de cosas más lo que me tenían absolutamente enganchado de ella, sin embargo, desconfiaba de sus reacciones, omisiones y ¿mentiras?
