Disclaimer: Qué va, yo solo me sigo aprovechando de la historia de Bruno Heller, para no dejar morir a los personajes en el tiempo.

A/N: vaya que le di vueltas a este episodio, lo tenía casi listo desde hace varias semanas, pero por una u otra cosa no encontraba inspiración para darle un cierre medianamente decente.

En este capítulo quise reflejar la forma en cómo la relación entre Jane y Lisbon cede ante las tensiones y desacuerdos de los primeros años, y pasa a convertirse más en aquella interacción que conocimos en la primera temporada, bueno, esa fue mi intensión al escribir esto. Por otro lado, quise retomar un flashback que había escrito por allá del 2013 (vaya que este fic tiene historia xD ), en un proyecto compartido que realicé junto a mi amiga "Era Lei" y que al final no vio la luz (una lástima). En fin, espero les guste, agradezco la fidelidad de los que aún continúan la lectura, y doblemente gracias para aquellos que comentan.


13. Percepciones

Los Olivers eran una pareja admirable; vivían en una hermosa residencia en uno de los sitios más exclusivos de Oakland; él un maestro de universidad, ella socia en un importante bufete de abogados. Lisa de 36 años. Richard 38, hasta el momento de su muerte; su cadáver fue encontrado en la habitación principal de su casa.

-¿Cuándo fue la última vez que vio a su esposo Sra. Olivers? -Preguntó Lisbon-.

-Nos despedimos ayer en la mañana. Yo salgo a trabajar muy temprano, llevaba prisa, ni siquiera me dio tiempo de desayunar con él -dijo Lisa con el corazón deshecho-.

Jane y Lisbon conversaban con la Sra. Olivers, en el amplio salón principal de la residencia. La agente se encontraba sentada en uno de los sofás, Jane caminaba tranquilamente, mientras observaba cada detalle del lugar.

-Fue usted quien encontró el cuerpo ¿cierto? -Continuó Lisbon-.

-Si; bueno, ambas -comentó Lisa refiriéndose a Denisse, una de sus mejores amigas que en ese momento se encontraba junto a ella brindando su apoyo-, llegamos de comer, subimos a la habitación porque iba a mostrarle unos vestidos, cuando abrí la puerta, lo vimos allí tirado en la cama, con los ojos abiertos… -hizo una pausa para secar sus lágrimas. Denisse abrazó efusivamente a la viuda-.

-Este es un lugar muy bonito -de repente dijo el consultor-, de muy buen gusto, bastante elegante; ¿usted lo decoró?

Asintió en silencio la Sra. Olivers.

-También imagino que usted lo costeó, digo, un maestro universitario no gana tanto, supongo que tan solo ese cuadro vale un poco más de dos meses de sueldo de su marido.

-Bueno, si; me está yendo muy bien en mi trabajo, en algo se tiene uno que gastar el dinero. A Richard nunca le afectó; me refiero a que yo ganara mucho más que él, lo llevábamos bien -respondió la viuda, extrañada por la clase de preguntas del rubio-.

-Entiendo -contestó él, mientras le regalaba una sonrisa-.

-¿Dónde estuvo ayer entre las 6 y las 9 de la noche? -Lisbon decidió intervenir, 'alguien tenía que hacer las preguntas lógicas', pensaba ella-.

-En casa de mi madre; está muy enferma, le había dicho a Richard que me quedaría a dormir esa noche con ella.

-Alguien además de su madre, puede confirmar eso.

-Su enfermera, estuvo todo el tiempo en casa con nosotras.

-Perdón, ¿puedo usar su baño? -interrumpió nuevamente Jane-.

-Claro, por ese pasillo, la primera puerta de la derecha.

-A-

-Creo que la viuda es la culpable -dijo de repente el consultor-.

Iban en la camioneta, conduciendo de regreso a Sacramento.

-Tiene coartada -rebatió Lisbon-.

-No sería la primera en tenerla y aún así ser la culpable.

-Ilumíname Jane -agregó ella girando los ojos-.

-Fue por un ataque de celos, descubrió que el marido la engañaba con su mejor amiga Denisse.

-¡Qué! ¿De dónde sacas eso?

-En su casa tiene muchas fotos, con amigos, familia, su marido, claro. Tendrías que haber visto su estudio, fotos por doquier, y en ninguna sale su mejor amiga, ¿no es extraño?

-¿En el estudio?, nunca entramos al estudio.

-Mehh, tomé un pequeño desvío cuando dije que fui al baño.

Lisbon meneó la cabeza en señal de desaprobación.

-No puedes decir esas cosas solo por unas fotos. Quizá Denisse no le gusta que la retraten, quizá sea pura casualidad.

-No lo creo, las casualidades no existen. Además el lenguaje corporal de Denisse, demuestra que está sufriendo. No por su amiga, sino por su amante. La tristeza entre ambas mujeres era muy distinta, olían diferente.

-"Olían diferente" -Repitió Lisbon con sarcasmo- ¡No me digas!

-¿No lo percibiste? Estaba claro.

-¡Jane! En serio -Lisbon conducía, pero tuvo que mirarlo en ese momento para mostrarle su cara de desaprobación—, estamos investigando un crimen, no es un show psíquico ni nada por el estilo.

Él sonrió.

-Eso es un golpe bajo Lisbon.

-Es lo que provocas, cuando dices esas tonterías.

-Debes tener un poco más de fe Lisbon. No es magia, ni poderes sobrenaturales, es sólo observación. Los pequeños detalles revelan grandes verdades.

-Mjm -agregó ella pasando de él-.

-Por ejemplo, tú. La necesidad de controlar todo y apegarte a las reglas te hace sentir segura, cómoda; es lógico, fue la única forma de actuar que encontraste para poder hacerte cargo de tus hermanos a tan corta edad, fue la que te funcionó. Tuviste que ser responsable desde muy joven, por eso te cuesta actuar de otro modo.

Lisbon se sintió un poco incómoda, nunca había hablado de su familia con Jane, de hecho, no acostumbraba a tocar esos temas en el trabajo.

-Tienes un sentido de justicia muy marcado; lo aprendiste de tus padres -hizo una breve pausa para mirar sus reacciones detalladamente-, lo aprendiste de tu madre, claro está.

Lisbon no respondió, aquellas palabras la llevaron de inmediato a otro lugar, a otra época…

Las puntas de su cabello sedoso y brillante, bailoteaban alegremente justo por debajo de sus orejas, su carcajada se distinguía entre el bullicio de la gente en el parque, y aquellas mejillas que se inundaban de rosa, le hacían saber lo feliz que era su hija. La ve corriendo de un lado a otro, con una energía inagotable propia de una niña de 6 años, abriéndose paso entre el grupo de palomas que posaban en la plazoleta; Teresa intentaba atraparlas, en su imposibilidad de hacerse con alguna, simplemente disfrutaba ver aleteo de los animales, o quizá por ser la causante de arruinarles la paz.

- No las asustes Teresa –alzó la voz para hacerse escuchar. La niña giró hacia ella y le sonrió con picardía-. No te aproveches de ser más grande, es injusto.

- Es divertido.

- Ven acá –la pequeña Lisbon se acercó corriendo; ambas tomaron asiento en la banca más cercana-; ellas quieren disfrutar del parque tanto como tú.

- Sólo estoy jugando.

- Quizás no lo entiendan así, tal vez sólo ven a una enorme pecosa acercarse peligrosamente a atacarlas.

Teresa soltó una carcajada.

- ¡No es cierto!

- Mejor démosle de comer, ¿te parece? –La niña asintió alegremente-.

Y entonces los granos de arroz, salpicaron el piso de aquella plazoleta, y como si fuese un llamado, las aves respondieron a éste, corrían atropellándose una con la otra, intentando ganarse el bocado de comida. Media vida después, Teresa aún recordaría esa imagen; la de su madre alimentando a las palomas; pero sobre todo, recordaría la enseñanza sencilla de esa tarde de verano: ser justo.

-A-

-Los veo en ti -continuó hablando Jane, al ver la pausa en la que estaba sumida la agente. Al escucharlo, Lisbon volvió en si, entonces aprovechó el semáforo en rojo para mirar al consultor a los ojos-, tú eres reflejo de tus padres. Es bien sabido que somos una consecuencia clara de nuestra crianza; nuestros valores se forjan en el seno familiar, y esos valores dictan gran parte de la conducta humana; así que puedo decir que sé la calidad de personas que fueron ellos viéndote a ti. No es cuestión de mentalismo, es solo percepción.

-Deja de meterte en mi mente -Jane sonrió con su respuesta-. Todo eso suena muy bien, pero en este trabajo no nos sirven las percepciones, necesitamos evidencias.

-Las encontraremos, la percepción nos indicará por donde buscar -finalizó él mientras le sonreía con picardía-.

-A-

Patrick Jane se dirigía a su oficina con una sonrisa entre los labios, "debí haber apostado" se decía, había acertado nuevamente con el culpable del caso en turno, así que tenía la total intensión de hacerla enojar, se veía encantadora frunciendo el ceño, poniendo los ojos en blanco y musitando pequeñas maldiciones, podría cabrearla durante todo el día… sin embargo, se vio obligado a parar en seco a unos cuantos pasos antes de llegar a su lugar. Estaban bajo el marco de la puerta de su oficina que daba hacia el ascensor, por lo que pudo ver claramente el termino de un efusivo abrazo, y el breve coche de labios, a manera de despedida. El acicalado caballero abandonó el lugar sin percibir la presencia del consultor, mientras que Lisbon, al girar para volver a entrar en su despacho, intercambió brevemente miradas con él; sin prestarle mucha importancia, se sentó frente a su escritorio y comenzó a teclear en su computadora.

Jane terminó de llegar a la oficina, se recargó en el marco de la puerta que daba hacia el bullpen, y la miró fijamente mientras le daba un largo sorbo a su te.

-Lo recuerdo -dijo él mientras señalaba hacia el ascensor-, fue el médico que te atendió hará unos tres meses, cuando te lastimaste el brazo en aquel forcejeo del caso Tedson- ella le miró con una media sonrisa, pero no le respondió-. Por supuesto, el Dr. Sullivan, es un buen partido, no lo vi venir.

Lisbon dejó de mover sus dedos sobre el teclado, recargó su espalda a la silla y le miró.

-Pensé que esas habilidades tuyas estarían más afinadas, se me está cayendo el mito del mentalista -se burló un poco-.

-Solo puedo intuir sobre lo poco que me compartes; en realidad eres una pequeña caja de misterios.

Ella le sonrió. Apagó la computadora, tomó su bolsa y cuando estaba a punto de abandonar el lugar, se giró hacia él para despedirse con unas breves palabras.

-Si cualquiera me preguntara una cualidad de ella, lo primero que diría es que "fue una mujer justa", es así como la recuerdo. Buenas noches Jane.

-Buenas noches Lisbon.


Próximo: …entonces él puso aquel animal sobre el escritorio -¿Una rana y ya está todo arreglado verdad? (…) "¿Cree que así va a solucionar las cosas? ¡Qué descaro de hombre!" De repente sus pensamientos se esfumaron de tajón cuando vio aquella figura de papel brincar hacia su rostro, y como si nada, allí estaba su espontánea sonrisa, por mucho que se esforzó en no perder la compostura, fue imposible no ceder ante el encantador detalle.

A/N: Y es así como en el próximo capítulo Alfa deja de ser la "precuela" de The Mentalist, para encontrarse con el primer episodio de la serie; esto significa que ya le queda poco a esta historia, sin embargo, será fantástico escribir sobre hechos y emociones ya conocidas ;)