-Su iris… ¿cambió a violeta?-
Umi volvió a escuchar de nueva cuenta algo quebrajar, sus oídos descifraron de dónde provenía y era de Tsubasa. La loba apoyó su oreja buena al pecho de la castaña y claramente el sonido venía de su interior.
Algo se partía en ella.
Alzó la cabeza para ver el rostro de la vampira, sin expresión, como si no soñara nada y no sintiera ningún dolor porque no se presentaba ni una mueca en su cara.
-Tsubasa… Tienes que superarlo… por tu bien.-
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Umi se revolvió los cabellos con frustración, la espera se le hacía mucha. Nico por su parte hacía llamadas a Kotori, que no había regresado a la casa y no devolvía las llamadas, era el peor momento para que estuviera desaparecida.
-Tsubasa es el único vampiro de nuestro lado, ¿qué pasa si eso se acaba?- Mencionó Nico aun con el teléfono pegado a la oreja, esperando que Kotori contestara.
-No pienses en eso. Kotori pasará su alma a la nueva piedra y no se volverá loca, no se pondrá en nuestra contra e intentara matarnos. De ninguna manera. Ella se ha controlado muy bien y confío en que lograra superar lo que sea que le esté pasando.- Umi se mordía los dedos moviéndose de un lugar a otro, no podía mantenerse quita. –Ella es un vampiro con peso viejo, debe saber cómo manejarlo.-
-¿Y sí no? Su ojo tiene el mismo color como Eli, cuando Kotori la vio poseída o algo así… ¿Y si llega a perder la razón? Umi, ella es un vampiro que tiene una maldita piedra por corazón y encima tu veneno en su sistema y una enorme carga emocional que tiene que reprimir. Está echada a perder y hace lo posible para mantenerse adelante soportando todo lo malo que sucede. Sí ella está exhausta… lo más probable es que no lo resista…-
-¡Sé bien por todo lo que está pasando, estuve compartiendo el mismo sufrimiento que ella, a su lado!-
-¡No es lo mismo! ¡Ella es un vampiro!- Alzó la voz y colgó el teléfono. –Tú eres un licántropo, tú manejas diferentes las cosas y la manera de sentir; viene desde siglos, desde los primeros hombres lobos, ¿no es así? Tsubasa es un vampiro, por naturaleza son seres sanguinarios y arrogantes, ellos se ven obligados a destruir la poca humanidad que les quedó de cuando estuvieron en vida. Y si ese hechizo la hace sucumbir en la locura, nos daremos por muertas.-
-¿Entonces qué pasará con Honoka si está en el mismo estado? ¿Ella también se volverá más desquiciada de lo que ya es? ¿Aplica lo mismo para ella? Ya que te sientes muy sabelotodo deberías decirme.-
-Umi, por favor. Honoka ya de por sí es un monstruo, ¡no sé qué mierda pueda suceder con ella y no me interesa! ¡Es una asesina!- Nico se tomó un respiro, se estaba exaltando mucho con la actitud de Umi.
Estaban en pánico, pues había muchas posibilidades de que Tsubasa tuviera una recaída y temían de que ya no fuera la misma. Significaría un peligro más. El tiempo pasaba y el oído de Umi advertía el molesto ruido de la piedra quebrajarse; si se rompía antes de tiempo haciéndose añicos, el alma que resguardaba se perdería, las emociones y sentimientos que vivió Tsubasa no se recuperarían y tendrían que lidiar con un verdadero vampiro de antaño; muerte e incineración sería lo único que pensaría un cuerpo vacío. Una vasija sin alma.
Bien se los había dejado en claro la castaña cuando les dio esa conversación a las chicas, por eso debían tener cautela. La piedra en su interior desde que fue implantada ya tenía una pequeña grieta en su centro.
Cuando el dueño de la piedra y progenitor que la convirtió, Mattew; guardó en la dichosa piedra sus propios sentimientos y recuerdos de lo largo que fue su vida, se vio obligado ante la muerte de Tsubasa a dársela cuando ésta se involucró en una riña por estar detrás de Mattew. Le extirparon el corazón, y no podía regresarla a la vida si no tenía aquél órgano al alcance, tenía que hacerlo a la de, ¡ya! Fue suerte que muriera con la sangre del vampiro en su sistema pero la falta de un corazón regresaría como un vil monstruo hambriento, por lo que, la piedra que guardaba sentimientos cálidos y emociones alegres junto con recuerdos de lo que era ser un humano; depositó su esperanza en que la piedra hiciera su trabajo y tomara lugar como el nuevo corazón de Tsubasa.
Los primeros días fueron difíciles, su alma no quería resguardarse en la piedra, estaba en un estado de negación. El vampiro creyó que todo fue en vano y con ello, había perdido toda su increíble fuerza por hacer algo tan loco como para convertir a alguien de esa forma y hacerla vivir con una piedra en lugar de un órgano palpitante. Su antigüedad pasó a Tsubasa pero no parecía transmitirle nada, sólo quería destrozar todo lo que se moviera… Hasta que un día, Tsubasa regresaba a la normalidad, su personalidad, y su humanidad estaban de vuelta. Le tomó tiempo aceptar su destino y dejarse envolver por la nueva vida que le fue brindada.
Después de eso, tuvo que arreglárselas ella sola a causa de la muerte de Mattew que fue a manos de la bruja Anju, qué en ese entonces no sabía. Debió lidiar con todo el asunto vampírico y descubrir más cosas por su cuenta, someterse a la mayor disciplina para cuidarse y que la Tsubasa inhumana no despertara y la controlara como en sus inicios al revivir. Tuvo que alejarse de todos sus familiares y amigos distorsionando sus mentes de todo recuerdo de su existencia, para que no se preocuparan. Hasta que dos años en adelante se encontrara con el incidente de Honoka y la historia de lo que va hasta ahora.
Por eso mismo Umi y Nico debían estar en pánico, Tsubasa no iba a chistar en arrancarles la cabeza al primero que viera y si despertaba así del hechizo… ellas serían las primeras de probar su furia.
-"Los sentimientos se comparten… lo sentimientos se comparten…" ¡Sabes qué el que esté vinculada a Honoka lo hace pésimo! Honoka no le va a transmitir nada bueno, la va terminar jodiendo…!- Umi se dejó caer en el sillón cubriendo su rostro con las manos. Nico se sentó a su lado. –Y las piedras de repuesto quedaron en el auto de Kotori… y ella no aparece.-
-Umi, esto es muy repentino pero… también tengo preocupaciones y una de ellas es Nozomi. No la puedo dejar sola mucho tiempo, necesito estar con ella.- Dijo. Cuando Umi levanto la mirada, a Nico se le comprimió el pecho y se le formó un nudo en la garganta; pues mirarla tan desconsolada y con los ojos rojos… no sabía si dejarla así. –Regresaré una vez que me asegure de que Nozomi está bien.-
-Nozomi…- Umi asintió, y se limpió algunas lágrimas. –Sí, sí… deberías ir con ella, deberías echarle un ojo. Y yo esperaré a ver si Kotori regresa o si algo pasa… es mejor que estés fuera de aquí. No regreses si no te hablo.-
-Si en verdad confías en ella, transmíteselo. No le transmitas negatividad. Hazla sentir protegida en sus profundos miedos.- Dijo la pelinegra, dejándole una mano de apoyo en la cabeza a Umi y terminó por retirarse de la mansión.
-¿Y cómo le transmito yo eso…?- Umi se levantó de donde estaba para ir a recargarse al pie del sillón donde estaba recostada Tsubasa. –Kotori… rayos… Vuelve.-
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-Ah, esto sí que es un inconveniente…- Se expresó enfadada la bruja. –Preparé el hechizo de vinculación con la intención de asegurar la mente de Honoka pero… no anticipé que Tsubasa realmente llegaría a hacerlo… ¡Ahora mi cena se verá atrasada por tu despreocupación, idiota!- Erena le habló al cuerpo de la vampira recostada en la cama.
Erena caminó y se dirigió al chico que estaba de pie con el cuerpo rígido, y con un chasquido lo hizo despertar de su trance, el iris de sus ojos violetas regresaba a su color original, al color verde. Rápidamente el vampiro abrió su boca para cuestionarle a la mujer.
-¿Qué le ha hecho a la Señora esta vez? ¿A qué clase de estupidez la está sometiendo? ¡Deje de perjudicarla!-
-Sshh, cállate, Rod. Tú estás nada más de relleno para hacer los mandados. Eres fácil de controlar. Y para que te quede claro: Honoka sólo se perjudicara si no le hace frente a sus temores más profundos cuando esté compartiendo con Tsubasa. Si interfiero en el vínculo podría verme involucrada. Será mejor que se las arregle ella, y rápido… aunque…-
Erena se sentó en la orilla de la cama y acercó sus dedos para apartar los mechones de la frente de Honoka y así apreciar mejor la marca. Chasqueó la lengua. Estaba molesta, y regresó los ojos a dirección al muchacho y éste le miró con amargura.
-Inútil, vas a tener que conseguirme unas cosas.- Dijo con voz autoritaria.
-No recibo órdenes de usted.- Contestó.
-Bueno, entonces tendrás que esperar hasta que Honoka se le dé la gana despertar. Pueden seguir pasando horas, días, tal vez meses. Así que, vas a conseguir lo que voy a pedir.- Erena se levantó nuevamente y se acercó a un escritorio para hacerle una lista al chico. –Tráeme esto e intentaré despertarla por la fuerza.- Le entregó la nota al chico. Miró lo que tenía escrito la hoja y después de unos segundos de confrontar los ojos de Erena, salió de la habitación.
-En serio que no se puede lidiar con esas cosas, y encima se enojan porque uno los llega a detestar.-
Tomó de los brazos a Honoka y la colocó en el suelo y en ese momento llegaba el chico con las cosas en sus manos, mismas que se podían encontrar en casa.
-Rápido, con lo que trajiste dibuja el círculo de sal alrededor de ella y las velas enciéndelas colocándolas por separado fuera de la circunferencia.-
Rod hizo de inmediato lo que le pidió. A la bruja se le miraba apresurada e iba en serio. Si había alguna forma de que Honoka despertara y lo que sea que esté sufriendo podría desaparecer; entonces el muchacho no se opondría. Erena por su parte, de lo restante que trajo el vampiro, que era un cuenco grande con agua y una navaja de punta espada; procedió a limpiarla.
-¿En qué consiste lo que hará?- Preguntó el chico terminando de encender la última de las velas.
-Vamos a matarla.- Contestó la bruja sin vacilación, reflejando sus ojos en el cortante filo del arma.
Rod levantó de golpe la cabeza y estaba a punto de abrir la boca y protestar pero Erena lo detuvo cuando alzo una mano.
-Será por un instante. Si no funciona tendremos que dejar que ella lo haga por voluntad.- Tomó el cuenco y la navaja y se arrodilló al lado de la cabeza de Honoka. –Vas a atravesar su pecho, llegaras hasta su corazón e impedirás que sus latidos continúen.- Explicó –Cuando se detengan, me avisas antes de que vuelvan a latir, después de eso yo haré lo que sigue.-
Erena cortó una pequeña línea en el brazo de la líder para embarrar sus dedos de esa sangre. Con los dedos en rojo los llevó a su propia frente y a la del muchacho. Manchándolo.
-Es para que no nos afecte el hechizo por invasores. –Aclaró ante la cara de confusión del chico. –Así tenemos algo presente de ella.-
Después agarró con sus manos la cabeza de Honoka ladeándola un poco y apuntó la navaja a cierta parte, al sistema límbico; debía introducir el filo y darle unos cuantos pinchazos grotescos en su interior —prácticamente llegando a extremos de abrirle toda la cabeza— con la intención de atacar toda la formación de memorias y estado emocional, hiriendo muchas otras áreas cercanas. Eso podría estar bien teniendo en cuenta que es vampiro, pero Erena se la estaba jugando un poco porque sería la primera vez que lo practicara.
Respiró profundamente aguardando hasta que Rod hiciera su movimiento. Él asintió y dieron comienzo.
—o—
A hurtadillas se acercaba poco a poco a su objetivo: la colonia de las brujas. La castaña se metió detrás de los matorrales que hacían de su escondite mientras paseaba la mirada a los brujos del lugar, observando con atención sus movimientos; las mujeres practicaban su magia fortaleciéndola con sus hombres, así como algunos por otro lado cargaban las mesas de madera a alguna parte. Más allá de su vista, unos jóvenes cortaban leña, los más pequeños jugaban, y las jovencitas iban en fila llevando bandejas con comida preparada al mismo destino de las mesas.
¿Tendrían alguna especie de celebración o algo?
A la intrusa le restó importancia a eso y mejor decidió ir entre todas las chozas sin que nadie la detectara. De manera ágil esquivó a todo individuo que la pudiera atrapar y entró al lugar que tuvo fijo en mente desde que se adentró a terrenos peligrosos; a la habitación de cierta choza desvencijada de la colonia. A la de su chica.
Se escabulló entre la lúgubre iluminación de las velas del cuarto, y de manera silenciosa sin ser presenciada con el tacto de un felino; se aproximó despacio a la mujer que permanecía de espaldas semidesnuda probándose vestidos. Y entonces saltó:
-¡Te tengo!- Dijo el vampiro cuando abrazó a la mujer por detrás.
La mujer de cabellos jengibres sin espabilar del todo, giraba su cabeza para verle el rostro y reconocerle. Una vez logrado su cometido de verle, se encontró con los típicos esmeraldas llameantes a la luz del fuego.
-¡¿Cómo te atreviste a entrar aquí?! Sabía que era mala idea permitirte mi invitación.- Se expresó sorprendida con una mezcla de preocupación.
Se apartó de la intrusa, y sus cabellos se removieron por la sacudida del empuje. Advirtió sus vestimentas, Tsubasa tenía el pelaje de los lobos cayendo sobre sus hombros adjuntando con una capa para cubrirle el torso del frío, así como una cabeza del mismo animal haciendo de gorro, unos zapatos de cuero de una confección muy simple y a su costado una pequeña navaja en su funda. Era una vestimenta muy agresiva que portaba un vampiro en esa época, sin duda estaba desafiando a sus enemigos a gritos.
-¡Van a asesinarte, Tsubasa!- Honoka se cubrió su desnudez arropándose con el bulto de la seda.
-No, no lo harán.- Se acercó a tocar los lánguidos brazos de la chica. –Nadie se percató de mi presencia.-
-Ese no es el problema. ¡Tsubasa, viniste en un mal momento! Los licántropos están en camino para la reunión con la vieja bruja superior. Olerán tu peste. ¡No seas estúpida y vete!-
-¿Realmente quieres que me vaya?-
-¡Vete, Tsubasa! Te van a atrapar y cuando eso pase; me quemaran viva por encubrirte, por tener una relación con el enemigo. No podemos seguir con esto, estoy traicionando a mi aquelarre de una manera vulgar. Después de la unión de fuerzas y tratado de paz entre brujos y lobos… si nos miran… todo se volverá una guerra. Así que, vete de una buena vez.- Honoka la miró suplicante. La castaña se limitó a negar con la cabeza. –¡Tsubasa!-
-No he cruzado todo el río y el bosque para entrar a tu colonia por nada. No puedo estar un minuto más sin ti, ¡es realmente agobiante! Quiero tenerte cerca, que vivamos juntas sin presiones o temores. Voy a llevarte lejos de la guerra de estos seres. Tú no te mereces tener esta vida; estar en medio de ellos, y yo voy a encargarme de darte paz, cosa que nunca conseguirán los lobos, brujos y vampiros.- Honoka dejó caer la seda que cubría su torso, observó en silencio a Tsubasa. Advirtió que sus ojos bajaron y recorrieron su cuerpo apenado. Suspiró. –Y he decidido que… Voy a robarte. Así que, por favor, no te vistas para celebrar un tratado de unión cuando ambas sabemos que no durará por muchos años. Mejor cámbiate para mí y huyamos de ellos.- Le ayudó a levantar el vestido y se lo tendió para que lo agarrara.
Honoka se sumergió en sus pensamientos negativos. Había muchas maneras de cómo todo iba a acabar, y no le estaba gustando las imágenes terroríficas que pasaban por su imaginación. Tembló, y una lágrima salió de la comisura de su ojo. Agachó la cabeza y le hizo saber a Tsubasa que esa era una pésima idea. De igual forma, resultarían muertas, porque ya estaban marcadas por la muerte una vez que se dieron el primer beso. No importa a dónde escaparan o por cuánto tiempo lo hicieran; serían buscadas hasta por debajo de las piedras solo por no darles el gusto.
-¡¿Por qué no?! ¿Acaso ya no me amas? ¿Crees que no puedo protegerte?- Inquirió Tsubasa, haciendo que Honoka le mostrara el rostro pero se negaba a dárselo.
-Vete. No voy a volver a repetírtelo. Olvídate de mí. Yo haré lo mismo. El amor entre tú y yo nunca debió suceder… Es blasfemia.- Se expresó con voz dura y seca.
-¿Blas… blasfemia…?-
Tsubasa se vio perpleja por un momento, apretó los labios y después su mirada se oscureció en una expresión amarga llena de coraje. Jaló de la muñeca a Honoka encaminándola a la cama, la obligó a sentarse en su rodilla. Llevó sus manos a los senos y los movió con tosquedad, apretándolos sin respeto alguno. Honoka tuvo que detener esas manos agresivas que le lastimaban, que se detuvieran, no era comportamiento propio de Tsubasa. La desconoció. Así que, con un ligero sonrojo y tic en su ojo, le dio una mirada de desaprobación al vampiro y ejerció la misma fuerza para lastimarla a ella.
-Lárgate, no quiero volver a verte.- Dijo con todo su pesar, sin dejar de aplicar fuerza. –Búscate a alguien de tu clase, porque a mí me desagradas.-
-Mientes. No voy a caer en esas palabras disfrazadas, no voy a irme sin ti.-
-¡Qué te largues, monstruo!-
-¡No!- Gritó Tsubasa sin importarle ser descubierta por los habitantes de la colonia.
Con los ojos llenos de lágrimas, fue aflojando su agarre con Honoka y se llevó las manos para limpiar su rostro. Con desespero tomó las prendas de Honoka e intentaba vestirla por la fuerza. Los gritos de las chicas eran fuertes y sonoros como para que los brujos empezaran a acercarse a la morada para prestar atención a lo que parecía una agresión para ellos.
-Ya están aquí…- dijo de pronto Tsubasa mirando a la salida.
Por la entrada principal de la colonia entraban tres líderes de manada y pasos más atrás de ellos unos cuantos individuos les acompañaban.
-Hay algo extraño aquí.- Dijo el líder Sonoda nada más cruzar el portón de roble, intercambió miradas con los otros líderes. –Apesta a vampiro.- Emitió un rugido. –¡Despliéguense y busquen la abominación!-
Los brujos al escuchar al hombre, cayeron en cuenta de que uno de esos seres se escabulló entre sus familiares e inmediatamente por su pobre seguridad dieron comienzo a la búsqueda. En cuanto a los que estaban cerca de la choza de Honoka, decidieron entrar e irrumpir la privacidad.
Se encontraron con la escena de Tsubasa alimentándose de Honoka. El vampiro levantó la cabeza al verlos llegar y cargando a la mujer en sus brazos, echó a correr.
-¡Está aquí! ¡El vampiro está escapando!-
Aquel grito no pasó por alto ante los oídos de los lobos que corrieron hasta ver al vampiro que estaba siendo rodeado, se le miraba desesperado volteando a todos lados con una débil mujer en brazos.
Mientras Tsubasa se veía rodeada, los brujos empezaron a recitar que sabe qué cosas y los lobos se transformaban en las bestias humanoides. Se armó de valor y saltó sobre toda la multitud y emprendió huida hacia el interior del bosque.
Con un fuerte rugir, los tres líderes pedían que no la dejaran huir. Menos que se saliera con la suya con una de sus aliadas, pensaron. Corrieron siguiendo el rastro de su peste y el olor de la sangre de Honoka.
Correr entre la tierra resbaladiza y saltar las raíces de los enormes arboles era sumamente complicado para Tsubasa, y más si llevaba el peso de Honoka en brazos; si la cargara en la espalda otra cosa sería. Se sintió balanceante y que perdería el equilibrio y tropezaría.
-¿Por dónde? ¿Por dónde?-
No podía decidirse muy bien con todo el jaleo que venía detrás de ella, iban asechándola casa vez más de cerca. "El río", pensó. Esquivando todo tronco viejo de su camino se fue dándole órdenes a sus piernas de que dieran más fuerza, que no desistieran y lograran cruzar el río. Más allá de él podría desviar a los animales por un momento y escapar sin que le encontraran.
Se estaba acercando, podía escuchar la corriente de agua así como las pisadas de un lobo a su extremo, volteó a verle por un escaso instante y eso le costó su velocidad. El animal la embistió y cayó dándose revolcones por la tierra. Honoka cayó muy apartada de ella y cuando la quiso alcanzar, el animal la atrapó arañándola con las garras. Era inútil cubrirse, su ropa estaba siendo rasgada como su carne bajo ésta.
-Per mae magiae: ¡Phesmatos Motus!- Se escuchó y el licántropo fue lanzado lejos de Tsubasa.
La vampira ladeó su cabeza a donde estaba Honoka; con un brazo alzado en su dirección. La ayudó. Volvió a caer por su estado anémico. Tsubasa regresó a por ella y esta vez la llevó en su espalda, ahora era más fácil de correr con agilidad.
Pero los animales eran insistentes y volvían asecharle, los alfas a cada extremo y el de hace un momento estaba escoltando por detrás. Los animales restantes empezaban a acumularse a sus alrededores acelerando la carrera para rodearla. Viéndose envuelta en el círculo de licántropos que amenazaban con saltarle todos a la vez; cuando lograron hacer eso ella saltó, saltó aún más alto que otras veces para caer sobre el brazo de un árbol. Los lobos voltearon hacía arriba rabiosos, no se esperaron eso.
Mientras que unos comenzaban a escalar los troncos, otros seguían corriendo por tierra. Tsubasa ya estaba cansada y encima las heridas que traía eran otra carga para su cuerpo, se sentía que desplomaría en cualquier momento. Incluso, se desvió del cruce del río, la presión no le dejaba pensar qué hacer. Su instinto solo decía que corriera y que no vacilara. Volvió a llorar, por todo. Dolía, dolía y mucho. No soportaba más. Volvió a aterrizar en tierra y continuó pero, todo en ella estaba disminuyendo. Le frustraba.
Hasta que frenó de golpe a la orilla de un precipicio, no había más camino… Abajo había un lago, pero eran demasiados metros para Honoka y desde donde estaba no se sabía si el lago era profundo. Se giró en redondo a ver a toda la manada reunida y acercándose despacio.
Antes de que los líderes dieran otro paso al frente, Tsubasa decidió tomar el coraje y saltar al vacío…
Los lobos molestos regresaron para buscar otro camino para poder bajar.
Como lo había pensado Tsubasa, no había mucha profundidad y aterrizar le costó una de las piernas, fracturando sus huesos. Pero al menos Honoka estaba bien, empapada, pero bien. Al salir de la laguna se dejó caer en la tierra respirando con más tranquilidad. Después de haber descansado un par de minutos, volvió a caminar entre toda la vegetación y entrar a una cueva para resguardarse hasta que las cosas se calmaran.
Se sentó en la superficie plana y mordió su muñeca para darle de beber a Honoka, que aceptó de inmediato de aquel líquido caliente para curar su anemia.
-Tuve que morderte, Honoka. Me obligaste. No querías venir conmigo y esa parecía una buena forma de salir de la colonia haciéndolos creer que te rapté para generarles daños…- Dijo sollozando y escondiendo su rostro en sus rodillas. –Perdóname por el daño que te hice, no fue intencional. Yo sólo… quería tenerte a mi lado…-
Honoka quedó en silencio oyendo el llanto del vampiro mientras acomodaba sus ropas mal puestas y mojadas. Se acercó a ella y levantando su rostro, depositó un beso para apaciguarla. Era la única manera para tenerla en silencio o podrían ser escuchadas.
-Ya estamos en esta situación, no hay nada más que hacer… Tsubasa, déjame ver tus heridas para ver qué puedo hacer.-
-Estoy bien…-
-¿Alguno de ellos te mordió? Sabes que una mordida…-
-Sólo fueron rasguños. No me mordieron. No tienes que preocuparte, mis heridas sanaran en su momento… Vas a resfriarte por mi culpa, para que nuestra ropa se seque iré a traer leña para hacer una fogata.-
-No, yo iré a buscarla. Tú debes quedarte y reposar.- Honoka la detuvo interponiéndose en su camino.
-Ellos siguen allá fuera, yo iré.-
-Estaré bien. No tardaré, lo prometo.-
Tsubasa se dejó vencer y le permitió a Honoka ir en busca de la leña. Cuando volvió y la acomodó haciendo una montaña, hizo el hechizo de fuego.
-Per mae magiae: Incendia.-
Se acercaron al fuego para que sus cuerpos entraran en calor, y Honoka dejó descansar a Tsubasa sobre su regazo, masajeando su cabeza y jugando con sus cabellos húmedos. A final de cuentas, Tsubasa se relajó y cerró los ojos para rendirse en sueño.
-… no, ¿… me está…? Tsu… agh, nggh, ayú… da…-
La castaña dio un profundo respiro antes de abrir sus ojos completamente, aquella voz invadió en sus sueños. Se incorporó tallándose los parpados y al ver con claridad, miró a Honoka retorciéndose y apretándose su pecho.
-¡Honoka! ¿Qué tienes? ¡¿Qué te duele?!- Inquirió subiéndole los nervios.
-El… pecho me… me duele mucho…-
Tsubasa advirtió una pequeña mancha roja formarse en la tela, justo del lado del corazón. La mancha incrementaba ensuciándola.
-¿Con qué te heriste? Déjame ayudarte.- Tsubasa rompió la tela del vestido y pudo ver como en su piel se abría una línea muy amplia.
-Me duele… Tsubasa, deten… lo…-
Cuando Tsubasa se hirió a sí misma para que su sangre fluyera, ésta no salía y la herida volvía a sanar al instante que era cortada. Algo le impedía ayudar a Honoka. Era como si su propio cuerpo no le permitiera compartir la sangre en ese momento.
-¡¿Pero qué es esto?!- Se dijo a sí misma entrando en pánico, pues Honoka literalmente se le estaba saliendo el corazón del pecho, estaba siendo extraído con fuerzas sobrenaturales. No pudo sanarla pero sí colocó sus manos en el pecho presionándolo para que ese órgano no saliera. –Honoka, resiste, encontraré algo…-
En sus manos se acumulaba la sangre a borbotones, no paraba de salir. Poco a poco el brillo en los ojos azules se extinguió y el cuerpo dejó de moverse. El olor de la sangre era tan fuerte y tentador que los ojos de Tsubasa se volvieron oscuros acompañados con ese siniestro semblante. Se mordió los labios para resistir a sus instintos. En ese preciso momento, su oído escuchó pisadas, pisadas grandes que parecían estar cerca de la cueva.
-No en un momento como este, por favor… ¿Honoka… podrías responderme? ¿Honoka…?-
Extrañamente Tsubasa se mostró descolocada, aturdida, pues el cuerpo de Honoka se estaba transparentando al punto de desaparecer. No daba crédito a eso. La desconcertó demasiado.
-No, no… ¡Honoka, no me dejes! ¡No me dejes así! ¡Honoka!-
¿A qué le gritaba? Si la mujer de cabellos jengibres ya había muerto por la hemorragia y encima había desaparecido frente a sus ojos, dejándola completamente atónita con las manos ensangrentadas.
Las paredes rocosas y todo lo que conformaba la cueva también desaparecía como si se tratara de una horrible pesadilla. Tsubasa estaba más que alterada con lo que estaba pasando. ¿Qué tipo de magia habían usado en ella para hacerle aquello? Todo a su alrededor desapareció y se vio descubierta por los licántropos que estaban rodeándola, no esperaron; se lanzaron contra ella sin darle oportunidad de siquiera procesar la situación en la que estaba.
-¡Honoka! ¡HONOKAAA!-
Gritó entre todos los rugidos y gruñidos ansiosos de los lobos mientras las garras cortaba su carne y la desmembraban en pedazos.
Los lobos cegados por la rabia interna y el hambre de venganza contra ese abominable ser, la devoraron viva…
—o—
-¡Avísame cuando vuelva a latir!- Habló la bruja.
Enterró con fuerzas la navaja al cráneo en el punto donde deseaba, llegando a tocar con el filo el cerebro y mientras hacía sus movimientos con el arma rasgándola, recitó:
-¡Per le sentiments dol tempus has quo la magiae saqoe estem ser do su inférnum!-
-¡Está regresando a latir!- Dio aviso Rod, retirando su mano del pecho de Honoka. Y Erena sacó la navaja.
El latente órgano hacía presente su sonido de nuevo y las heridas causadas en su pecho y cráneo cerraban, acto seguido, Honoka se irguió de su lugar mirando a todos lados y muy exaltada, con ojos llorosos, aturdidos, y tiritaba como si tuviera frío.
-Honoka, estás de vuelta. ¿Cómo te sientes?- La bruja le habló con suavidad para no asustarla.
-¿Esto… qué es?- Preguntó Honoka mirando a ambos. –¿Tsubasa? ¿Dónde… dónde está ella?-
El chico ladeó su cabeza mientras seguía estructurándola con la mirada, no comprendía lo que decía su líder. Y Erena simplemente se daba ideas pero necesitaba escucharlo de la boca de ella para confirmarlo. Saber si lo que pensaba y se imaginaba coincidía con lo que le pudiera contar.
-¿Qué viste? ¿En qué clase de recuerdos te envolvió?- Inquirió la bruja.
-¿Recuerdos? Yo… no lo sé. ¿Nada era real? Todo lo que vi, yo nunca viví esas épocas…-
-¿Qué épocas, Honoka? Descríbeme lo que sea.-
-Parecía que estaba en el Renacimiento italiano, en una celebración en un palacio… y…- Se agarró la cabeza pensativa. –Antes de todo… Navegación en barco, ¿ancestros, sería? Los años no estaban en orden, y los lobos… todo era…-
Aunque ni Honoka misma se entendía y no sabía cómo explicar, a Erena se le iluminó el rostro. Reconoció perfectamente las situaciones y le llegaron a su cabeza todas aquellas imágenes. Esos recuerdos eran algunas de las partes que ella había vivido con él y parecía ser que estaban guardados caprichosamente en la piedra de Tsubasa, el hechizo sacó a flote esas situaciones y colocó a las chicas como si fueran pertenecientes de esos momentos; adaptándolo en base a sus sentimientos. Eran escenarios prestados para las dos.
Erena sonrió, le fascinaba esos recuerdos como también los aborrecía. Le han refrescado la memoria.
Levantó a Honoka del suelo y la zarandeó para espabilarla por completo.
-Debes tranquilizarte.- Le dijo sin ocultar la sonrisa maliciosa de sus labios. –Sólo no te dejes llevar por lo que hayas visto o sentido. No es real. Y si compartiste algo más con Tsubasa allí dentro, olvídalo; no existe. Todo lo que pasaste fue un engaño del hechizo para hacer caer al más débil ante el fuerte, y tú, Honoka; eres más fuerte que Tsubasa. No debes flaquear y agradece que te saqué de eso.- Guiñó un ojo y le revolvió los cabellos.
-Teníamos diferentes facetas pero… Tsubasa en todas me atacaba…- Logró decir con más tranquilidad, reponiéndose poco a poco.
-Eso es porque ella es la débil. No dudes de eso.- Erena le respondió antes de retirarse de la habitación.
Honoka se volvió al chico que se había quedado callado todo el rato, éste ocultó su mano manchada de sangre detrás de él, apenado.
-Rod…- Miró los ojos verdes, y le dijo en aire melancólico: –¿No estoy haciendo las cosas bien, verdad?-
.
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Umi volvía de la cocina con un vaso de agua y de repente al regresar a la sala, Tsubasa estaba levantada del sillón con la mirada perdida. Dejó caer el vaso y se aproximó despacio a ella.
-Tsubasa, volviste. ¿Cómo te encuentras?- Preguntó, ya no tenía marca en la frente y sólo quedó la sangre seca en su piel. –¿Tsubasa?-
De pronto, la castaña se levantó de su lugar y observaba con atención las cosas, inspeccionaba el lugar en donde estaba, parecía serle nuevo todo allí. Ignoró a Umi.
-¡Tsubasa!- La volvió a llamar con más fuerza y la nombrada se giró, su ojo se oscureció involuntariamente porque su expresión mostraba confusión; no hostilidad, de momento. –Esta es tu casa, y yo soy Umi… Somos amigas, aliadas…- Dio pasos lentamente hacia ella para no perturbarla, no parecía estar en sus cinco sentidos.
Cuando llegó a envolver la mano de la vampira para hacerle sentir la calidez y gentileza, Tsubasa le observó curiosa como si a primeras no la conociera. Umi sintió el tacto de los dedos subir por sus brazos, recorriéndole un escalofrío a causa del roce en su piel.
-Lo… bo…- Musitó. –Eres un lobo…- Y entonces el ojo verde se abrió con sorpresa y en la expresión se formaba el horror.
-¡Un lobo bueno! ¡Un cachorro! No voy a hacerte daño, no lo haré.- Se apresuró en decir, y sin pensarlo, Umi la estrechó en un abrazo para tranquilizarla. –Soy Sonoda, vamos, tienes que saberlo…-
-¿Sonoda?-
Tsubasa la apartó sin brusquedad e inconscientemente colocó la mano sobre la cicatriz de la mordida en su hombro, después, esa misma mano la llevó hasta su pecho y se volvió a perder en sí misma.
-Honoka… ¿Dónde estás, Honoka?- Volvió a darle la espalda a Umi y con pasos torpes se encaminaba a la salida.
-¡Tsubasa, espera un momento!-
Cuando Umi tiró de la muñeca de Tsubasa, no contó en que Tsubasa reaccionaría con agresividad y le doblegara el brazo para retenerla bocabajo en el piso del vestíbulo.
-¡Ustedes me la quitaron! ¡Lo único que deseaba era estar con ella y ustedes la mataron! Malditos animales, yo sólo quería ser feliz alejada de su maldita guerra sin sentido. ¡No tenían por qué hacernos eso!-
-¿De qué estás hablando? ¡Soy yo! ¡Basta!-
-Los mismos ojos… Desciendes de ellos, eres igual. ¡Vas a impedirme muchas cosas también! Lo mejor será matarte… será matarte… matarte… ¿matar?-
Por un momento Tsubasa soltó el agarre y Umi lo aprovechó para darse media vuelta. La castaña volvía a tener la misma mirada perdida que anteriormente había puesto, pasados los segundos se reflejó en ella una desorbitante furia y dejó de lado por segunda vez a la loba. Se fue de nuevo a la sala de estar a destrozar sus cosas.
Las cortinas las quitó de un jalón, las estanterías y repisas de libros los tiraba, los sillones los rasgaba y los levantaba con fuerza para dejarlos volcados apartados de ella, las botellas de los licores los lanzaba por toda la habitación haciendo que los vidrios se esparcieran por los suelos y la bebida quedara en las paredes. Gritaba desconsolada cosas que no pronunciaba bien y se hería a sí misma, como si estuviera enojada de su propia actitud, como si le irritara lo que fuera ella…
Después del desastre producido todo se colmó en silencio, resonó una incoherente risa que terminó en un largo suspiro.
-Creo que estoy… mejor…- Dijo Tsubasa con una serenidad en su tono que no era de fiar. –He hecho un desorden… debo limpiar antes de que las chicas lo vean.-
Umi no daba crédito a su comportamiento tan aleatorio. Se quedó observándola desde el vestíbulo cómo levantaba los sillones y los ponía en su lugar e iba por bolsas para echar los pedazos de vidrío y algodón de los cojines. Y todo lo hacía con tranquilidad.
Cuando la castaña iba a sacar la basura se topó con Umi en su salida.
-¿Sonoda, tienes rato que llegaste? Yo… hice algo que no debía… Puse patas arriba nuestra sala. Lo siento.- Se disculpaba con honestidad.
-¿Estás… bien? ¿Realmente lo estás? ¿Qué fue lo que te pasó?-
-¿Pasar qué? Todos está bien ahora… Umi.- Sonrió y salió fuera con la bolsa en manos.
Cuando Tsubasa volvió a entrar a casa, Umi seguía parada en el vestíbulo obstruyendo el paso. Tomó de la mano a la loba y la guió hasta la cocina para sentarla frente a la mesa.
-Te ves confundida, asustada y triste. Tu corazón está muy acelerado también, dime, ¿quieres que endulce tus waffles? Quiero decir, para que le pongas un poco de azúcar a tu estómago para ver si así te levanta los ánimos.- Dijo la vampira.
Tsubasa empezaba a sacar los waffles congelados de su caja correspondiente y a calentarlos, y también a sacar la miel de la lacena. ¿Waffles otra vez? ¿Era lo mismo de esa mañana? Umi era ahora quien estaba perdida en ese instante. ¿Por qué se comportaba como si nada? Pero todo fue tan raro desde que despertó, no parecía ser ella y ahora volvía a la normalidad. ¿En verdad era la misma Tsubasa de siempre? Sí es así, quiere decir que luchó, que se superó y realmente no se dejó consumir por la oscuridad.
Ella… estaba bien.
-A veces no sé qué pensar sobre mí, ¿sabes? Soy muy rara y te debo, no… siempre te deberé una disculpa, por todo…-
-Tú has hecho un buen trabajo. Saliste adelante.- Se expresó con honestidad Umi, refiriéndose a lo de la piedra. Tsubasa se giró a verla y sonrió. –Pensé que… no lo lograrías y todas nosotras nos veríamos en problemas.-
-¿Te precipitaste, no es así?- Dijo la castaña tendiéndole los waffles y miel a Umi, que se disponía ya a comer. –Estoy bien. Lo estaré y mucho mejor que antes.-
-Avisaré después a Nico, ella también estaba muy preocupada. Habíamos entrado en pánico y si las cosas salían mal no tendríamos con qué detenerte.-
-¿Ah, sí?-
-Sí. Pero aun debemos buscar a Kotori, ella…- Umi tragó pesado, recordó el peso del auto sobre ella. –Está ahí fuera en alguna parte, ya tiene las piedras para ayudarte y que estés mejor, de manera más segura, me refiero.-
-¿Hablaste con ella? ¿Hicieron las pases?- Umi negó con la cabeza y dejó de masticar. –¿De casualidad, ella no te ha mencionado sobre algo que hizo?- Tsubasa entrecerró su ojo.
Umi frunció un poco el ceño. Eso le pareció repentino. ¿Algo que hizo Kotori? ¿Qué exactamente?
-¿Sobre qué cosa? ¿Ella me está ocultando algo?-
-No, olvídalo. No es nada. Todo es a su debido tiempo.-
-¿Tú sabes qué es eso?- Umi se levantó y dejó los platos en el fregadero y se acercó a Tsubasa.
-No.-
Mintió. Sabía perfectamente que era eso pero no le correspondía decírselo. Ni aunque a estas alturas un pequeño demonio en su cabeza le estuviera gritando y martillándole que le dijera la verdad a Umi sobre lo que Kotori le mantiene oculto. Ni aunque tuviera esos inquisidores ojos ámbar se sentiría intimidada.
La estaba acorralando para que no huyera.
-¿En serio no me dirás?-
Sujetó la barbilla de Tsubasa para tener a corta distancia los labios, para tener a su disposición sus respiros golpeando con los suyos. No lo había notado antes pero, ese ojo esmeralda había perdido un poco de brillo, no era tan destellante como otras veces se había mostrado en su personalidad. Tal vez era por el cansancio.
Y sin darle tantas vueltas al asunto para no perder el tiempo, besó a Tsubasa. Ésta sintió el sabor de la miel en los labios de la loba y los saboreó con ganas.
"¿Sí me está correspondiendo?", pensó Umi. No hubo recelo en los movimientos corporales ni palabras que la detuvieran. Y la manera en cómo la lengua de ella quería hacerse paso con la suya, eso habló por sí solo. Umi le dio paso de inmediato y sin chistar para también disfrutar de un beso que para ella parecía realmente apasionado. Llevó sus manos a las caderas de Tsubasa y la atrajo más a su cuerpo.
Cuando separaron los labios para tomar aire, Umi no observó alguna expresión emocional que se reflejara en Tsubasa por lo del beso. Se sintió triste. ¿Es acaso qué no era bueno?
-¿Es suficiente?- Inquirió casi con desdén. Su ojo ya no era el mismo, se apagó la poca luz que quedaba en él y no transmitía nada. Un impulso hizo que la loba le restara importancia a eso.
-No, no es suficiente…- Respondió Umi, se volvió ansiosa. –Quiero más, ¡quiero más de ti! Esto me está volviendo loca…-
-Controla tu lado animal. Comprende la situación. Deberíamos estar buscando a Minami.-
-¡Qué le den a Kotori! ¡Ella quiere monopolizarme! A mí me gusta tu compañía… Yo… yo quiero… hacerlo contigo.-
Tsubasa llevó las manos a las mejillas de Umi; estaba tan acalorada la chica que se estaba empezando a desvestir sola con sus manos temblorosas.
-Aquí no…- Dijo secamente. –Arriba, en la habitación.-
Umi asintió con torpeza complacida por la respuesta y subieron al segundo piso.
.
Honoka estaba recostada en su habitación, con el antebrazo cubriendo sus ojos y pensando en miles de cosas. En realidad, pensando en todo lo que le hizo vivir el inoportuno hechizo de Erena con una de las personas que menos quería experimentar aquello… Tsubasa. Ahora sentía una opresión en el pecho, ¿era dolor acaso? ¿O será cierta pizca de arrepentimiento? No quería darle vueltas a eso pero era cosa imposible de hacer, aún seguía con la extraña y fascinante idea de estar envuelta en extrañas actuaciones que efectuaba sin estar consciente de ello. Le dio miedo ser tan débil mentalmente. Significaba mucho; que podría volver a caer con facilidad en otra cosa de la bruja le hiciera.
Si tan sólo dejara de pensar en las demás… tal vez… sólo tal vez si dejara de tener "apagada" su humanidad y tomara el coraje para destruir sus emociones en definitiva para deshacerse de todo...
-Ya no tendría… que importarme… Yo apagué lo poco humano que me quedaba, ¿entonces por qué? ¡¿Por qué me estoy torturando así?!-
Agarró su almohada y enterró el rostro en ella para después ahogar su grito.
Afuera de la habitación estaba la pequeña niña dispuesta a tocar a la puerta de la líder, pero su hermano la detuvo a tiempo.
-Lexi, la Señora está inestable ahora. No es conveniente que la interrumpas.- Dijo el muchacho por lo bajo, poniéndose en cuclillas para estar a la altura de la menor.
-Pero la señorita se escucha triste. Debe sentirse sola…- jugó con sus dedos y con semblante cabizbajo apretó sus labios. –¿Y si le llamas a su amiga? A la que suele visitar. Tal vez su presencia podría hacerla sentir mejor.-
-Eso… tampoco es una buena idea.-
-Está llorando…- La niña volvió a ver la puerta frente a ella.
El joven agudizó su oído para poner atención: se estaba lamentando sola y su voz estaba tan quebrada que su tono era irreconocible. No parecía ella.
-Dejémosla sola, ¿sí?-
-¿A quién dejaremos sola? Honoka tiene que dejar de estar de simplona.- Se acercaba Erena por el extremo del pasillo. –No puede estar encerrada en la habitación, tiene cosas que hacer.- Golpeó la puerta. –Vamos, ya no seas inútil. Tengo un encargo que debes hacer. Sal ahora.-
Por un momento los sollozos se detuvieron en seco. Un minuto después, Honoka abrió la puerta mostrando un rostro indiferente pero sus ojos estaban rojos como su nariz. La delataban fatal.
-Baja a la sala, ahí te explicaré.- Dijo Erena y se fue primero.
-¿Está mejor, señorita?- La menor se atrevió a hablar.
-Mejor.- Contestó acariciando el cabello de la niña, después se volvió al chico. –Rod, ¿qué supiste de lo de Erena?- Inquirió repentinamente.
-Uhm, las reuniones de la bruja que hace a sus espaldas no es algo malo precisamente… al menos, no son con intenciones contra usted. Debería hablarlo con ella ahora mismo.-
-Eso haré.-
Bajó hasta la primera planta para reunirse con Erena que estaba esperándola con un pequeño recipiente en las manos. Jugaba con él. Le indicó que tomara asiento.
-¿Estás mejor?- Dijo.
-No finjas que te importo. Rápido, ¿qué es lo que quieres?-
-¿Ves esto?- Le mostró el recipiente que era más que obvio. –Te voy a decir que es la cura para el veneno de licántropo. Quiero que vayas hasta la puerta de Tsubasa y se lo entregues en las manos como ofrenda de paz, y por supuesto, le hagas llegar la invitación para nuestra cena.-
-Estás… ¡Estás loca! Dijiste que ella era débil y una parte de que lo sea es porque precisamente sigue teniendo el veneno en su sistema. ¡Si voy y le entrego eso recuperará las fuerzas perdidas!-
-Te tiemblan las piernas, Honoka. ¿No me digas que ahora tienes miedo de que se te eche encima?-
-¡No! Pero detesto todo lo que estás haciendo sin mi consentimiento. Tienes que hacerme saber antes las cosas para saber si son favorables. Además, ¿qué es eso de hacer reuniones con mis Nocturnos?-
Erena rodó los ojos y suspiró.
-No estés tan paranoica. Las reuniones con tus perros son para que me ayudaran en la preparación de mi cena con Tsubasa. ¡Duh! Si pensabas que tramaba algo contra ti, estás muy equivocada; para eso ya tienes a tus amigas para que se ensucien las manos ellas.- Rió con aires de soberbia y le lanzó el recipiente para que lo atrapara. –Ahora, como te estaba diciendo, vas a entregarle eso de manera amable. Dile que los resultados surtirán efecto en diez minutos aproximados, y no olvides la invitación.- Le entregó una carta. Además de una fotografía de la casa con su respectiva dirección.
Honoka observó por un momento los datos que Erena le entregó como también las demás cosas en sus manos, después levantó la mirada para encontrarse con los turquesas que le miraban divertidos. Erena sí que disfrutaba con aquello.
-¿Por qué te empeñas tanto en ella?-
-¿Tienes celos?
-Erena…
-Pues quiero verle, ¿qué más? La última vez sólo fue de paso.- La bruja atrajo un mechón de su cabello lacio y lo enredó en su dedo. –Ya lo había dicho. Quiero conversar.-
-Pues está oscuro afuera. Se lo entregaré mañana.- Dijo Honoka levantándose de su asiento.
-¿Ahora le temes a la oscuridad?-
-¡Quiero descansar!-
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-Me he pasado. Me he pasado… No puedo volver a verle a la cara. No podría.-
Se decía una y otra vez Kotori recostada sobre el volante. Se había metido en un aparcamiento de un edificio y se quedó ahí lamentando su actitud tan posesivamente enferma. Repasando una y otra vez la sensación del brinco que dio el auto sobre el cuerpo de Umi; aunque estuviera con el auto apagado. Ese pequeño cosquilleo en la parte baja del abdomen le molestaba.
-¿Por qué estoy actuando de esta manera? Soy una maldita lunática. Cómo puedo pensar en quererle si me atreví a arrollarla. Soy un monstruo. ¡¿Por qué mierda existen los celos?!-
Después de dar un profundo respiro y tranquilizarse, abrió la guantera y sacó la caja que contenía las dos piedras. Las botó a los asientos traseros sin importarle dónde cayera. Se echó atrás para alcanzar el celular olvidado de Umi y revisó las llamadas. Sí que Nico le había hecho muchas llamadas. ¿Acaso sí sería algo importante? Creo que ya no importaba hasta estas horas de la noche.
-No puedo volver a su casa…-
Echó el asiento del conductor hacía atrás y cerró los ojos para dormir. Pasaría la noche fuera.
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Al día siguiente, se informó que tuvieran precauciones debido a un mal tiempo que se presentaría. Se podía apreciar claramente las nubes oscuras en el cielo grisáceo y el aire frío, la humedad estaba presente en el ambiente. Las ventanas estaban empañadas en los hogares cálidos y las pequeñas gotas de agua caían sobre la ciudad en vez en cuando, llovía tranquilamente por zonas.
Ahí estaba Honoka preparándose para salir. Llevándose consigo la invitación que Erena le dio y la cura. Y también a quien sería su compañía ese día, la pequeña Lexi; que se preparaba con un paraguas de su tamaño y hacía el trabajo de sonreírle ampliamente a la líder. Honoka por más que estuvo en contra de llevarla, Erena insistió mucho, demasiado, y era de los más raro, pues parecía según ella que saldrían mejor las cosas teniendo una imagen inocentemente tierna entre ellas.
-¿Nos vamos?- Dijo Honoka tendiéndole la mano para que la cogiera. Lexi asintió y tomó su mano.
-¡Esperen!- El joven castaño apareció, fue el principal que se negó a la petición de la bruja. –Llévate otra chaqueta encima, se está poniendo muy frío y en cualquier momento podría arreciar la lluvia.- La ayudó a colocarse la chaqueta, parecía estar rechoncha de tantos trapos cubriéndola.
-Rod, los vampiros no se enferman.-
-Aun así es bueno tener precauciones.- Contestó. Después la miró con una seriedad preocupante, con esos ojos verdes que le suplicaban. –Mi Señora, por favor… Se la encargo mucho. Cuídela.- Se expresó con un poco de angustia que no le importó ocultar. Fue su intención. Su hermana era todo lo que le quedaba y Honoka estaba consciente de eso.
-Estará bien a mi lado.- Respondió con seguridad en sus palabras y después salieron de casa.
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-¿Su amiga vive muy lejos porque es antisocial?- Inquirió la pequeña.
Las gotas ya caían del cielo de manera estable, pequeñas gotas ligeras; se escucharon caer sobre el plástico del paraguas que la menor llevaba, mientras caminaron desde la parada de autobuses para llegar a la mansión de Tsubasa que aún faltaba gran caminata por recorrer.
-Uhm, sigo dudando de eso, no lo sé en realidad. Es rara.-
-Tiene muchas amigas, señorita. Creí que mi hermano, la señorita Toudo y quién vive cerca de casa eran los únicos. Debe ser también agradable persona.-
-Eh, sí…- Respondió sin saber que más decir.
-Seguro que se pondrá feliz de verla, le lleva un regalo después de todo.-
-Sí, es probable que le guste… Escucha, Lexi, cuando estemos frente a ella. ¿Podrías guardar silencio para que ella le llegue el mensaje?-
-Sí, mi hermano me ha dicho que no debo meterme en conversaciones de adultos. Sé que pregunto muchas cosas…-
-Es normal. Es normal, pequeña.-
Entraron a un amplio espacio con forma de 'c' que conformaba lo que era el terreno principal con dos árboles altos en su centro. Honoka miró la fotografía de referencia para consultar si se trataba de la mansión correcta. En su vida se había parado en ese lugar y los únicos que fueron capaces de invadir fueron Erena y Rod, ellos sabían la dirección.
Entonces, decidida infló su pecho y con pasos firmes se acercó hasta el porche de la entrada del hogar. Tocó y espero a que alguien abriera.
-Es una casa muy grande y muy rustica.- Susurró la niña.
-Demasiado para una persona…- Mencionó mientras se limpiaba el lodo en la alfombra de bienvenida. Peinó unos cuantos mechones mojados que quedaron pegados a fu frente, y aguardó.
-¿Y si su amiga sigue dormida? ¿Venimos temprano?-
-O no se encuentra…- Volvió a hacer el intento de tocar la puerta nuevamente con más fuerza.
En el interior resonaron pisadas apresuradas que se aproximaron a la entrada. Después de los ruidos de seguridad, la puerta se abrió. Y deslumbró a una Umi adormilada, bostezando y tallándose los ojos ante la luz exterior. Llevaba puesta un camisón dos tallas más grandes que ella. Después de parpadear unos cuantos segundos y ver con claridad lo que tenía en frente, abrió en par los ojos y abrió su boca perpleja. Se quedó petrificada sin emitir ningún sonido por la sorpresa.
-Uh, hola...- Fue lo único que atinó a decir Honoka. –He venido sin malas intenciones. Lo prometo.-
-¡Sonoda! ¿Es Minami?- Apareció Tsubasa en el vestíbulo a pasos atrás de Umi, se detuvo a ver la figura bajo el pórtico de la puerta. La reacción fue diferente, verla fue como si algo desactivara toda expresión disponible. La miró con desdén. –¿Tú qué haces aquí? ¿Se te hace fácil descuartizar a las personas en sus residencias?- Dijo tajante.
La niña la reconoció y se ocultó detrás de Honoka. Advirtió como el pequeño cuerpo temblaba de miedo.
-Tsubasa, yo arreglaré las cosas.- Logró por fin decir Umi, poniéndose frente a ella pero la castaña hizo caso omiso y se acercó amenazante bajo el marco.
-Umi, me gustaría hablar más que nada con ella. No tomará mucho. Uhm, ¿podemos pasar? El aire se vuelve más gélido.- Se invitó sola y quiso dar un paso más allá del marco de la puerta, pero la barrera se lo impidió. –¿La casa no es tuya, Tsubasa?- Preguntó.
-La puse bajo el nombre de Minami. Así ningún vampiro sin invitación invadirá a mis huéspedes.-
-Ya veo… Entonces, seré breve desde aquí. Tengo esto…- Cuando Honoka iba a sacar algo de su chaqueta, Umi y Tsubasa se pusieron alertas. –Tranquilas, solo es un recipiente. Esto te lo manda Erena como ofrenda de paz. Es la cura que eliminará el veneno de Umi de tu interior.-
-¿Cura para el veneno de licántropo?- La misma Umi sonó incrédula. –Kotori ha estado buscando la manera de hacerla en meses. ¿Y tú llegas con eso en manos para ofrecérselo así sin más a Tsubasa? Es un truco.-
-No lo es. En verdad, si la bebes los efectos comenzaran a surtir transcurridos los diez minutos. Volverías a tener tu ojo de vuelta, Tsubasa.-
-Aahh, ¿en serio?- Tsubasa se mostró sarcástica. Avanzó hasta Honoka sin miedo mientras ésta retrocedía sus pasos por el agarre de la niña que tenía pegada como chinche en la pierna. Rodeó a Honoka para verle más de cerca la cara a la menor. –Me recuerdas muy bien, ¿no es así?- La niña emitió un ligero gruñido sin dejar de aferrarse a Honoka.
-Solo tómala, Tsubasa. Como dije, es la cura, es lo que Erena quiere para que vayas también a su cena.- Honoka le extendió el recipiente junto con la carta para que lo tomara.
Tsubasa la agarró y empezó a leer el escrito. Sonrió. No se creía que aquellas fueran palabras escritas por Erena, porque aparte de venir citada la dirección y fecha; también le dejó una sugerente dedicatoria. Inadecuado para la personalidad de esa bruja, pensó.
Tsubasa despegó la vista de la invitación, trozó la carta en pedazos pequeños y se los lanzó a Honoka.
-Digamos que, sí llego a beber esto, ¿quién me asegura que estaré bien?-
-Lo presiento, Tsubasa. El hechizo te afectó como a mí. Pero a ti te hizo algo más, no eres la misma.-
-A ver, a ver…- El brazo de Tsubasa se colgó del cuello de Honoka de manera "amigable" y con tranquilidad la sacó del porche para alejarla de Umi. –Dices, ¿Qué estoy corrompida y que estoy fingiendo impresionantemente ese lado oscuro de mí? ¿Soy una doble cara?- Sonrió de medio labio.
-Yo no dije eso…-
Dijo casi sin aliento. Honoka estaba desconcertada, sentía muy en su interior que no estaba tratando con la misma persona. O eso es lo que creía, a no ser que haya cambiado con el tiempo transcurrido. Tenía una pizca de hostilidad amigable, rara, ¿no es así?
Tsubasa se desprendió de ella, advirtió que la lluvia caía con más fuerza golpeando su cabeza. Observó el cielo un par de segundos dando un profundo respiro y abrió el recipiente bebiendo su contenido.
Umi desde la puerta estaba expectante para cualquier cosa, como igual se reflejaba Honoka. No sabía realmente lo que eso le provocaría y conociendo a la pesada de la bruja, cualquier cosa podía tramar.
-Los efectos surtirán en diez minutos.- Fue todo lo que dijo cuándo Tsubasa tiró el recipiente.
Mientras Tsubasa esperaba el tiempo, Umi ya se había vestido con ropa normal pero permanecía vigilante desde el porche de la casa por indicaciones de la castaña. Honoka por otra parte se estaba impacientando, moviendo las hojas en los charcos que se formaban. La lluvia ya estaba recia y sus ropas estaban completamente mojadas, salvo la niña que tenía su paraguas.
-No veo resultados. Se acaba el tiempo, Honoka. Si es un timo…-
-Yo solo vine a cumplir mi parte para que me dejara en paz.-
-Pues bueno, si no mejoro voy a…-
Las palabras de Tsubasa quedaron en el aire. De pronto se aferró a sí misma porque sintió un dolor inundarle desde el interior que tuvo que inclinarse, acto seguido comenzó a vomitar dificultosamente la sangre negra. Entre más expulsaba ese líquido de su boca, el color volvía a la normalidad. Rojo. Rojo como debía de ser y sin coágulos. Después se llevó la mano presionando el ojo parchado, y esta vez, gritó con desgarro. La regeneración estaba surtiendo efecto y el ocular debía estarse formando: todo su humor vítreo, retina, nervio óptico, músculo oculomotor; y eso implicaba un infierno. La creación de las partes desde cero. Sumándole que no se regeneraba de esa manera desde hace mucho tiempo, ahora volvía a sentir el dolor que implicaba pasar.
Calmando su respiración, se quitó el parche y abrió lentamente los parpados dormidos. Veía nublado pero volvía a ver con su ojo izquierdo, lo único que no se borró fue la cicatriz que la marcaba. Se giró en dirección a Umi diciéndole que había funcionado. Mientras que su ojo se acostumbrada a la luz, comenzaba a regresar la estabilidad de energía y fuerza en su cuerpo. Decidió moverse rápido por todo el patio, más veloz incluso para el alcance visual de Honoka y Umi. Sólo miraban las hojas tiradas arremolinarse cuando pasaba sobre ellas o el charco chapotear.
"Esto es malo. No puedo seguirla… ¿Sus verdaderas habilidades estaban reprimidas por el veneno? ¡¿Tanto así?!", pensó Honoka. Dio un traspié cuando Tsubasa paró en seco frente a ella, con una sonrisa reluciente que se limpió con la lengua y ojos desbordantes de superioridad.
-Ahora sí voy a poder enseñarte lo que es un verdadero vampiro.- Dijo con frialdad letal.
Le ajustó una repentina patada a Honoka que la estrelló con uno de los robles viejos del lugar, éste tronó por el impacto de la fuerza.
-Antes me desharé de ésta rata.-
Los feroces ojos verdes se posaron en el cuerpo pequeño que quedó congelado en su sitio. Antes de siquiera pensar en un movimiento la niña, la castaña enterró sus dedos en la frágil garganta y la alzó e impactó contra el suelo.
-¡Tsubasa!- Como si estuvieran coordinadas, Umi y Honoka gritaron al mismo tiempo. Esta última fue a por la niña y la primera a por la castaña.
Cuando vio a Umi más próxima a ella, le descolocó la mandíbula de un potente puñetazo y la lanzó con fuerza bruta sacándola disparada al interior de la mansión; al segundo piso para ser precisos, destrozando la estructura.
Honoka la embistió aferrándose a la cintura y Tsubasa la agarró de los cabellos tirando de ellos.
-No voy a contenerme. ¡Voy a hacerte sufrir esta vez!-
Volvió a lanzar a Honoka pero esta vez sólo resbaló en el lodo ensuciándose; frenó con sus dedos y dio un salto para llegar a Tsubasa de nuevo. Con una mano en forma de cuchilla al aire se atrevería a cortar a la castaña. Y en un movimiento fugaz y letal sintió cómo cortó la carne.
Cuando decidió girarse en redondo con brusquedad para mirar su trabajo, abrió los ojos de par en par impactada.
-Te precipitaste y no viste a quién atacaste.- Dijo Tsubasa cargando el cuerpo de la niña mostrándoselo, con la mitad de la cabeza rebanada y la sangre chorreando con trozos del cerebro esparcido.
-No… Oh, no… mierda.- Se acercó al cadáver cuando Tsubasa lo arrojó. –Qué voy a decirle…-
-Qué asco das. Te preocupas por alguien que conociste en tan poco tiempo y no haces lo mismo por tus amigas. Eso no es nada. ¿Quién es más cruel aquí?-
La furia recorrió cada rincón del cuerpo de Honoka y echó los labios tensados hacía atrás para mostrarle los crecientes colmillos. Las lágrimas intentaron abrirse paso fuera de sus ojos. Resistió. En aquellos momentos, toda la inhumanidad regresó de golpe opacando todo; ocultando toda emoción que pudiera afectarle como antes le jugaron mala treta. Todo ello, todo a la vez, era una vorágine de violencia tremenda. El corazón le martillaba enloquecido; los oídos le silbaban. Sentía que nada importaba, excepto lastimar a la persona que tenía ante ella, darle una demostración de que esa mujer no sería la única en desatar su verdadero monstruo.
Se lanzaron las dos entre puñetazos y patadas agitando sus cuerpos con tosquedad tras cada impacto recibido. Tsubasa la agarró del torso y la arrojó al suelo y con los dientes le pinchó el antebrazo con el que se protegía Honoka. El cálido sabor a cobre la reavivó, le dio calor, fluyó en ella como fuego. Hizo que quisiera más. Poder. Vida. Honoka tenía parte de ella en su sistema; lo quería todo de vuelta, la necesitaba. Con el glorioso torrente de energía que le llegó con lo que había bebido, la dejó fácilmente sin sentido por un momento.
Levantó a Honoka para que se sostuviera de pie, tambaleante como un borracho. La castaña la miró con la boca chorreante inclinando ligeramente la cabeza de lado.
-No había probado tu sangre desde que te rompiste la nariz aquella vez, ¿lo recuerdas? Cuando te planté un tímido beso en los labios. Qué ilusas éramos…- Miró de vuelta el cielo, como si buscara más recuerdos en la espesa capa de nubes grises sobre ellas, el aire era electrificado. El chubasco continuaba y retumbó un relámpago agresivo entre las nubes. –Es un día amenazador y sobrenatural…- Extendió los brazos a sus costados dejándose empapar por la lluvia como si de algún modo le purificara.
Honoka rió. Fue una risa terriblemente atractiva, con un dejo amargo que le gustó a Tsubasa. Los esmeraldas se volvieron a posar en ella.
-Eres fascinante… Mis respetos. Pero siento que no es todo lo que puedes dar. Esto no es nada, te sigues conteniendo…- Dijo estabilizándose.
-No, no es nada. Te sorprendería lo demás que puedo hacer. Como ya habrás advertido el clima se volvió tropical, puedo interferir con los elementos, así estará nublado y me dará mejor resistencia porque no hay luz solar que me ralentice. Hace falta un poder enorme para esto.-
-Ah, no me digas… ¿Ahora controlas el clima como Erena, dices? Vaya…-
-No, no puedo jugar con la madre naturaleza a ese grado tan descarado. A mi antojo tampoco funciona. Sólo aceleré el proceso, no sé si tu hueca cabeza lo entienda.-
-Ajá, ¿puedes sorprenderme con algo más?- Honoka lanzó una patada que iba directo a la cabeza de Tsubasa, ésta la detuvo con su mano sujetándola para arrastrarla por todo el lodo.
Por suerte, Honoka logró tumbarla y con forcejeos ponerse sobre ella. Propinándole puñetazo tras puñetazo a su rostro que giraba con brutalidad de un lado a otro. Tsubasa no presentó intenciones de quitársela de encima, en cambio se reía burlándose de su fuerza. Eso irritó proporcionalmente a Honoka.
-¿Desde cuándo pasaste tú a ser la débil?- Dijo con una sonrisa que centelló de escarlata cuando el relámpago iluminó el cielo alumbrando también sus figuras.
Honoka se detuvo en seco. ¿Débil? ¿Se estaba volviendo débil? No, no era así, ella era fuerte y lo sabía; pero Tsubasa no había expuesto sus verdaderos Poderes como vampiro con peso de antigüedad de esta manera. "Ya nada la limitaba, ni el veneno ni su 'corazón', ahora podía usar todo lo que se guardaba bajo la manga", pensó.
Un fuerte empujón la sacó de sus pensamientos. Se incorporó de inmediato.
Umi fue quien la embistió y ahora estaba sobre Tsubasa protegiéndola con el cuerpo de lobo, rugiendo con la saliva escurriendo de su mandíbula chueca.
-No te pedí ayuda.- Le refunfuñó al animal, y éste la encaró gruñéndole más fuerte. Tsubasa gesticuló irritada, enterró los dedos al costado del animal. –¡Qué no te metas!-
La bestia con su gran garra cubrió la cabeza de la castaña y la presionó contra el suelo. Honoka cruzó mirada con esos salvajes orbes dorados, era como si intentara decirle algo pero sólo oía el emitir de los gruñidos. ¿Acaso era un "huye"?
De improviso, un rayo impactó cerca de ellas, lo suficiente para afectarles. La electrizante onda de corriente viajó por sus cuerpos mojados paralizándolas a todas, no obstante, Tsubasa fue quién logró amortiguar el entumecimiento. Se quitó de encima el brazo del animal y nada más pararse se dejó caer de nuevo. Se levantó y se volvió a Honoka. La miró fijo, la otra pudo sentir el poder que ejercía su mente cuando tocó la de ella; fue como el roce de sus dedos en las mejillas. Ahora podía expandir la manera de violar las mentes de las personas sin siquiera tocarles físicamente.
-No mires dentro.- Refunfuñó. Ya no había hechizo que protegiera su mente. Así que por fuerzas propias impedía que Tsubasa indagara en ella.
Los labios de la castaña se separaron soltando aire con rapidez, y desvió la mirada.
-Si Erena te tenía protegida, es por algo. ¿Qué tan grave pueden llegar a ser tus pecado, ya?- Dijo en tono más íntimo. –¿Tienes algo con ella? ¿No quieres que vea 'eso', cierto?-
-¡Cállate! ¡Así no son las cosas!-
Fue tan sólo un parpadeo que le costó a Honoka para ver de pronto la figura de Tsubasa a corto espacio ante ella, ésta aprovechó la perplejidad con la que se mostró la líder y en ese preciso momento se abalanzó sobre la carne desnuda de su cuello. Honoka lanzó el brazo para detenerla, para apartarla, pero luego volvieron a caer al suelo.
Los dientes se cerraron sobre su garganta y mordió con profundidad. Tsubasa advirtió al momento que no lo hacía como era debido. No había alcanzado una artería o una vena. Atacó la garganta, furiosa ante la propia inexperiencia, había olvidado como se hacía después de mucho tiempo. Resultaba satisfactorio morder a Honoka, pero no salía demasiada sangre. Contrariada, alzó la cabeza y volvió a morder, sintiendo que el cuerpo de Honoka se sacudía de dolor.
Mucho mejor. Había encontrado una vena esta vez, pero no la había desgarrado lo suficiente. Un pequeño arañazo como aquel no serviría de nada. Lo que necesitaba era desgarrarla por completo, para que la suculenta sangre caliente saliera a borbotones.
Su víctima se estremeció mientras ella trabajaba, los dientes arañando y royendo. Tsubasa empezaba a sentir como la carne cedía cuando unas manos tiraron de ella, alzándola desde atrás. Tsubasa gruñó sin soltar la garganta. Las manos eran insistentes, no obstante. Un brazo rodeó su cintura y unos dedos se enroscaron en sus cabellos castaños. Forcejeo, aferrándose con dientes y uñas a su presa.
Un fuerte aullido timbró en los tímpanos de los dos vampiros. Cuando Umi apartó a Tsubasa, ésta quedó incrédula con lo que veía; la bestia ahora protegía a Honoka.
-¡¿Qué diablos haces?!- La voz era seca y autoritaria, como una ráfaga de viento frío.
Honoka torpemente se presionaba la herida, temblando nerviosa. Miró con ojos cansinos al peludo animal que tenía el pelaje lizo por el agua. No paraba de aullar. ¿Qué significaba?
-Umi…-
-¡Sonoda, apártate! O voy a hacerte daño.- En respuesta le dio otro aullido más agudo. –De acuerdo. Después no te quejes.-
Tsubasa saltó para alcanzar los ojos del animal, hundió los pulgares hasta el fondo y Umi chilló, el dolor la hizo regresar a su forma humana en un mal momento. Se revolcó en el fango gritando y tapándose el rostro con sus manos.
La castaña se distrajo un momento por los gritos de la chica, sintió un picoteo en el vientre que le molestaba. No debió hacer eso…
Y en ese preciso momento, Honoka volvía abalanzarse sobre ella golpeándola con las pocas fuerzas que le quedaban, con una mirada amarga. Aplicar sus propios puñetazos le dolía, sentía que se desplomaría pero continuó forzando su cuerpo que no diera marcha atrás. Pero Tsubasa era más fuerte que ella. Con una violenta sacudida de los hombros se liberó y retorció entre sus manos, arrojándola al suelo. Y entonces fue la castaña quién estaba encima de la líder con el rostro contorsionado con una furia animal.
-Voy a matarte. ¡Tengo que acabar contigo! Pero si lo hago rápido será sólo un alivio para ti, así que; voy a hacerlo de la manera más lenta para que cada rincón de tu cuerpo se estremezca de dolor y miedo. Qué me supliques que pare. Qué grites y llores por clemencia cuando ni siquiera a alguien como tú se le deba permitir eso. Voy a alimentarme de tu carne y tus órganos. Voy a abrirte, voy a partirte una y otra vez… ¡Voy a ser como tú…!- Habló con una voz distorsionada en rabia, ajena de todo lo que representaba Tsubasa.
¿Quién era ella?
Honoka le siseó y fue a por sus ojos con sus uñas, pero ella apartó la mano de un golpe. Iba a matarla, estaba hablando en serio. Incluso herida, Tsubasa era por mucho más fuerte. Sus labios se volvieron a echar para atrás mostrando sus dientes manchados ya de carmesí. Como una cobra, estaba lista para atacar.
Entonces se detuvo, cerniéndose sobre Honoka, mientras su expresión cambiaba. Oyó el lamentoso y destruido llanto que se escapaba por el agujero de la garganta. No podía ver sus lágrimas por la lluvia pero esos ojos azules estaban puestos en los ojos verdes con aires de tormento, rendición y un profundo dolor emocional.
¿Trataba de engañarla produciéndole lastima?
Tsubasa abría los ojos de par en par. Las pupilas que habían estado contraídas en forma de fieros puntitos se ampliaron de golpe. Miraba a Honoka fijamente, como si realmente la viera por primera vez. ¿Por qué la miraba de aquel modo? ¿Por qué no se limitaba a acabar? Sus manos que estuvieron férreas se estaban soltando ya. El gruñido animal había desaparecido, remplazado por una expresión de perplejidad y asombro. Tsubasa se sentó hacía atrás, sin dejar de mirar el rostro de Honoka ni un instante.
-Honoka…- Murmuró, la voz quebrándose. –Tú… tú me haces hacer esto…-
-Tsubasa…-
La líder sintió cómo la conmoción reverberaba por todo el cuerpo de la castaña, vio que su mirada se quebraba. El rostro adquirió la misma palidez que si alguien le hubiera golpeado el estómago. Tsubasa sacudió la cabeza ligeramente sobre el suelo fangoso.
-No.- Susurró. –Oh, no… no… Yo, yo me niego a ser tú.- Parecía estárselo diciendo a sí misma, como si no esperara que Honoka la oyese.
Honoka alargó una mano hacía su mejilla y Tsubasa intentó morderle para que no le tocara.
-Ah, Tsubasa…- Murmuró.
Aunque no lo pareciera, los últimos restos de furia, de deseo animal de matar, habían desaparecido de sus rostros. Y más en Tsubasa, que tenía los ojos aturdidos, afligidos y entristecidos. Y era vulnerable. Su cuerpo se volvió frío tan de pronto por la lluvia, que había estado ardiente por la confrontación todo este tiempo. Ahora temblaba. Llevó sus manos a su cabeza presionándola, como si le doliera.
-Tú… y yo… no podemos redimirnos… no más.-
Se levantó para ir a ayudar a Umi que seguía sin poder ver nada, y la llevó bajo del porche de la casa.
-Dile a Erena que lo pensaré, es probable… que aparezca ahí como ella desea. Ahora, lárgate de mí vista y saca los desperdicios que trajiste. Ya tuve demasiado calentamiento por hoy.-
Entró a la mansión no sin antes hacer resonar la puerta con fuerza al cerrarla.
-Sólo… calentamiento, ¿eh?-
Honoka se dirigió hasta donde estaba el cadáver de la menor. Lo cargó y se llevó también la parte rebanada de la cabeza y emprendió camino de regreso…
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Honoka llegó empapando todo el vestíbulo de su casa con charcos de agua sucia, llenándolo todo de lodo. El muchacho y Erena, que estaba un paso más atrás de él; recibieron a la líder.
-Eres un desastre, Honoka.- Dijo la bruja sin expresar mucha importancia a su estado, jugando con un mechón de su cabello enredado en su dedo.
-Mi Señora… ¿Dónde… dónde está Lexi? ¿Dónde está mi hermana?-
La líder se movió a un lado y señaló el cuerpo tendido en la entrada.
-Santo cielo, no… ¡¿Quién hizo esto?!- El chico se arrodilló chillando para encunar en sus brazos a su familiar. Le acarició las mejillas grises por la desecación, claro que ya no había reparo, ni aunque fuera vampiro. Su dolor le estaba haciendo añicos la compostura. –¡¿Quién es el responsable?! ¿Quién podría hacerle algo a una niña…?-
-Yo lo hice.- Confesó Honoka.
-Usted… ¿qué?-
-¿Tienes los oídos tapados? Dije que yo lo hice. Ahora lárgate, ya no me sirves: tú y todos los vampiros pueden irse al carajo, ya no tengo que acarrearlos conmigo. ¡Por mí pueden morirse todos! ¡Incluida tú, zorra malparida!- Señaló con el índice a Erena. –Eres una hija de puta que no se molesta en ocultarlo, te satisface serlo, de hecho. Por tu maldita culpa estuve a punto de morir, Tsubasa está más que desatada gracias a que le diste la forma de explotar mejor sus habilidades. ¡Esa es una enorme traición en mi contra!-
Honoka se abalanzó sobre la bruja y comenzó a estrangularle, pero antes de que pudiera intentar algo más, Rod la tomó de los brazos para apartarla de Erena. De este modo, él comenzaría a darle una paliza a la líder.
Mientras Erena recuperaba el aire perdido, miró a los vampiros amenazándose con los colmillos en uno al otro sin dejar de golpearse. El vampiro estaba sometiendo la fuerza de Honoka para dejarla inmóvil con el rostro al suelo y las manos doblegadas a su espalda.
La cara del chico estaba contorsionada en ira pero mantuvo control por un momento, con lágrimas en los ojos y voz vulnerable, habló:
-¿Usted de verdad lo hizo? Sabía que podría hacer cualquier cosa pero… hacerle eso a una niña que apenas crecía… ¡Era mi única familia!-
-No me importa.- Dijo Honoka entre dientes. –No es como si hubiera aportado mucho…-
-Usted…-
-¡Rod! Muchacho, ya déjala.- Habló esta vez Erena. –Vete y llévate a tu hermana de aquí.-
El vampiro soltó a Honoka, y cuando pasó al lado de Erena, ésta le susurró algo al oído. El joven asintió lentamente y se llevó el cadáver para desaparecer de la casa.
Honoka se incorporó despacio, escupía sangre. Tsubasa le había dejado sumamente débil y no se había recuperado tan rápido como para tener que recibir más golpes por otro vampiro enfurecido.
Jaló aire por la boca y exhaló exhausta apoyándose en la pared.
-Te mereces eso y mucho más, sin fin. Ahora eres inmortal; siempre y cuando te cuides de tus enemigos, por supuesto. Pero lo que quiero decir es que por mucho que llegues a vivir, vivirás un infierno donde el único castigo que recibas será soportarte a ti misma.-
-Fuera de mi vista… ¡Lárgate! ¡Quiero que dejes de estar utilizándome! No quiero tener que aguantar a nadie más que no me importe. ¡Vete!-
-¿Eh? ¿Hay alguien que te importe, Honoka?-
-Lárgate… ¡Lárgate! ¡Lárgate! ¡¿Es mucho pedir?!-
-Te vas a quedar sola, y nadie te querrá.-
Habló con una frialdad letal la bruja antes de marcharse. La casa volvió a estar completamente silenciosa salvo el ruido de la respiración agitada de Honoka y las gotas de agua cayendo afuera.
Se encaminó para ir por el pasillo que llevaba a la puerta trasera para salir al patio y a medio camino se encontró con contenedores de plástico que contenían los corazones en ellos, mismos que sus Nocturnos llenaron el en almacén; Rod se había encargado de traerlo a casa.
Honoka quitó la tapa y agarró uno de esos órganos en una mano. La sangre coagulada entre sus dedos, tan viscoso que parecía tener días el corazón de ser extraído de quién haya sido su usuario. Tenía montones; de humanos y de vampiros. Acercó sus dientes para morderlo, arrancar un pedazo y saborearlo; mientras masticaba dio la sensación de morder una roca, pero eso era estúpido, así que la sensación más cercana era algo chicloso. No era lo que esperaba pero comenzó a tragar más y más, necesitaba recuperarse y saciar la repentina hambre animal.
Cuando acabó, toda la zona de la boca estaba a borbotones manchada de sangre. Así que, con la puerta misma que tenía frente a ella decidió salir al patio y dirigirse a la puertilla que se ocultaba en el pasto; bajó y se fue a por Maki.
-Oye, Maki, ¿estás despierta?- Habló cuando encendió las luces.
La pelirroja estaba suspendida de las cadenas del techo, no hizo ningún movimiento y permaneció con los ojos cerrados.
-Tú tampoco me importas, nunca me importaste. Eres una debilucha obsesionada con mi asquerosa sangre…- Refunfuñó mientras la bajaba y le quitaba las cadenas de las muñecas. –No quiero tener que ver contigo. ¿No te lo dije? Me encontré con tu primer amor, ella nunca sintió lo mismo que tú, ni siquiera se le pasó por la cabeza tener el mismo sentimiento que tú tenías hacia ella; pero ahora se preocupa por ti… ¿Sorprendente, no? Así que deja de estar fingiendo que no me escuchas y levántate para que vayas a correr a sus brazos.-
Maki abrió lentamente los ojos. ¿Ahora de que iba Honoka? Cada que vez entraba con Maki estaba peor, era difícil saber que pensaba esa mujer. Lo más desconcertante fue verla que le indicaba la salida, parada allí con toda la puerta abierta a su lado mostrando ese largo pasillo que era su liberación del lugar de la tortura.
Otra vez estaba jugando con sus emociones, como esa vez que la arrastró de vuelta.
-Puedes irte, Maki. Pero esta vez veremos cuanto tardas en quererme de vuelta. Veremos quién de verdad te quiere allá fuera, y te ayude.- Una sonrisa socarronamente débil embozó, sin ganas. –Te daré cinco minutos para que busques ropa cuando salgas porque está frío afuera. ¿Qué tan lejos llegarás? Porque después saldré e intentaré atraparte, ¿qué pasará cuando lo haga? Eso lo dejaré a tu imaginación.-
Honoka se movió de la puerta dándole todo el paso libre, pero al no ver reacción coherente en la pelirroja tuvo que endurecer su expresión y arrastrar el cuerpo de Maki hasta bajo del marco de la puerta. Estaba temblando del miedo.
-Corre, Maki. ¡Corre y esta vez muy lejos! ¡Ve con ella!-
Entonces escuchar nada más ese grito, Maki se levantó y corrió por el largo pasillo, llegó al final y subió la escalera horizontal lo más rápido posible que su cuerpo le permitiera y salió al patio.
La fría lluvia recibió el cuerpo desnudo de la joven, era un baño que le agradó y necesitó para despertar sus sentidos y movilizarse. Se metió a la casa y entró a las habitaciones hurgando algo con que cubrirse antes de que el tiempo estimado se acabara. Después escapó del recinto como si no hubiera un mañana. Repetidas miradas echó a sus espaldas para asegurarse de que su tirana no la estuviera persiguiendo. Corrió con los pies descalzos sin importarle que se encajara piedras o vidrios rotos en la planta de sus pies, no dolía. Ya había tenido suficiente de peores dolores, y esos cuantos pinchazos se quedaban cortos.
-Necesito… ayuda… Espero poder recibirla, por favor…-
Se dijo entre sus jadeos con los ojos llenos de lágrimas. Con un fuerte dolor en el pecho por la incertidumbre de lo que sea que le esperaba y el acompañamiento de la emoción de su libertad.
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-No estaba en mis cabales. No te voy a pedir una disculpa porque te dije claramente que mantuvieras la distancia y no te metieras. Estuve así, de poder acabar con ella. ¡Maldición!-
Tsubasa se mostró más que irritada, tiró la bolsa vacía de sangre de la que estuvo bebiendo hasta hace nada. Agarró otra que tenía preparada a su lado y continuó bebiendo más.
-Pero no lo hiciste, te detuviste, ¿no es así? ¿Por qué? ¡¿Si estabas tan dispuesta por qué te detuviste?! ¿Cuál fue tu razón? ¡Vamos, habla!-
Umi parecía estar bien físicamente, al menos sus ojos ya habían sanado gracias a la regeneración lobuna, sólo tenía unos cuantos dolores musculares. Pero estaba contrariada y molesta en su interior. El vampiro que tenía enfrente no paraba de beberse todas las reservas de sangre de una manera tan compulsiva, como si nunca hubiese bebido antes. La castaña para nada había relajado su expresión, se mantuvo con recelo, con el entrecejo fruncido y sus ojos constantemente se oscurecían siniestros por falta de atender la ansiedad de destrozar algo. Umi no se lo permitía, ¿pero cuánto resistiría?
Ella nunca estuvo bien desde que despertó. No nos podíamos dejar engañar…
-No hay razón alguna, simplemente lo sentí. Mi cuerpo me impulso a hacerlo, después de todo, ya nada me detiene; puedo hacerle lo que quiera. Quiero volver a verla entrar en pánico, quiero verla llorar.- Contestó.
-Tsubasa… Estás sonando sádica, precisamente como ella. Deberías sentir con tu corazón que…-
-Idiota, ¿qué dices? ¡No tengo corazón!- Alzó la mano al aire y después la llevó directo a su pecho; enterró sus dedos para atravesarlo.
-¡¿Qué haces?! ¡Detente!- Umi jaló el brazo para que dejara de hacerse daño, pero cuando lo retiró se llevó la sorpresa desagradable.
El vampiro sostenía la piedra escarlata en su puño, parecía estar intacta, pero cuando abrió la mano los trozos de la gema cayeron uno tras otro al piso.
Umi advirtió el agujero en ella, era sorprendentemente increíble que el pecho de Tsubasa se siguiera inflando para inhalar aire; que se mantuviera aún viva sin un órgano palpitante, o en este caso, la piedra.
-Se supone que eso guarda mi alma.- Dijo quedamente. –Pero hay algo que no me cuadra y es que, ¿por qué sigo teniendo cordura? Bueno, al menos la tengo en este momento, en realidad… ni siquiera puedo estar segura de eso. Tal vez, mi lado inhumano nos está engañando muy bien, ¡es un gran actor! ¿Pero sigo siendo Tsubasa o qué?-
-Eres… eres tú. Puedo sentirlo…- Umi se acercó despacio, llevó las manos a las mejillas e hizo que la mirara fijamente. –Mi instinto me dice mucho de ti, después de tenerte entre mis brazos, después de tenerte sobre mí cuerpo sé bien que eres tú.-
Bajo las manos por el cuello de Tsubasa para que inclinara la cabeza un poco, así podía empezar a darle suaves besos sobre la yugular.
-Sonoda, tus ancestros deben de estarse revolcando en sus tumbas. Eres tan ingenua y te falta por aprender a controlar tu lado lobuno…-
La lengua húmeda de Umi subió para llegar a los labios del vampiro que con mucho desespero comenzó a besar. Era un mal momento para estar actuando de esa manera tan egoísta pero quería tranquilizar a Tsubasa, o más bien… así misma.
-Tan… tonta…-
Dijo la castaña entre los atareados labios de la otra, seguido de eso, a Umi se le vino un repentino ardor por la garganta y con ello vomitó sangre misma con la que ensució a Tsubasa. Bajó lentamente la mirada y se encontró con un de las manos atravesándole el torso, el dolor se intensificó en su interior además de ahogarse con su propia sangre se le dificultaba la respiración.
Tsubasa le atravesó con la intención de romper sus costillas y perforar uno de sus pulmones. Adentró la misma mano para alcanzar el otro mientras Umi lloraba y se sacudía del dolor, sus dientes se habían afilado defensivos por un momento, pero segundos después sus gestos se tranquilizaron y dejó de moverse. El vampiro sacó la mano de ella y la recostó.
-Eso te mantendrá quieta por un rato.- Dijo saboreando la sangre que estaba hirviendo para su sensibilidad.
Se tumbó en el otro sillón y siguió bebiendo de las bolsas de sangre con toda la comodidad y serenidad del mundo.
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"Los meteorólogos dicen que la lluvia continuará en todo el transcurso de la semana pero aseguran que la fuerza irá descendiendo. Manténganse alertas por el tropical clima y resguardados dentro de sus hogares"
Kotori estaba viendo las noticias en el televisor de un Dinner. Se refugió por el mal tiempo ¿y porque no? También necesitaba llenar su estómago para saciar sus rugientes tripas.
Cortó el último pedazo de su filete y llevó el trozo a su boca.
-¿Por cuánto tiempo seguiré así? Podría estar ahora mismo cerca de la chimenea de la mansión… pero Umi-chan estará ahí. Tal vez debería pedirle perdón… podría funcionar, si considero que su enojo haya bajado, además, traté de propasarme con ella… Fui indecorosa porque ella hacía lo mismo con Tsubasa, creí que si hacía lo mismo la atraparía así. Qué estúpida soy.- Habló sola.
En su cabeza no traía otra cosa más que eso dándole vueltas. Lo mismo. Era el problema más "grande" que tenía en ese momento la chica. Ni siquiera estaba enterada de todo lo sucedido con sus amigas por su inexplicable ausencia. Si tan solo supiera que sus angustias se quedarían cortos con lo que se avecina…
Unas risas la sacaron de sus pensamientos, reparó que una mesa más al fondo estaban unos muchachos cuchicheando que volteaban a verla. Parecían divertidos. Sin tomarles mucha importancia a los jóvenes, terminó con su platillo, se limpió los labios y fue a pagar la cuenta para salir del lugar y dirigirse a donde había dejado estacionado el auto.
El aire era tan fuerte que le costaba caminar; la empujaba haciéndola retroceder y las gotas le golpearon con agresividad el rostro. Las ramas de los árboles se movían locas, susurrantes y bruscas. Kotori quería meterse dentro del coche en cuanto antes.
Introdujo las llaves a la puerta pero con el empujón del aire se le cayeron por no tomarlas con firmeza.
De pronto, divisó por el reflejo de la ventana unos ojos brillantes que estaban justo detrás de ella. Volteó y el agresor fue más veloz en reaccionar a lo que, Kotori al verse sometida sólo atinó a apartarlo con su hechizo:
-Per mae magiae: ¡Phesmatos Motus!-
El vampiro salió disparado a cierta distancia de ella pero unos de sus acompañantes aparecieron y le ayudaron. Eran los jóvenes que vio en la mesa del Dinner. Era más que obvio, sí los vampiros a estas alturas estaban mezclados entre las personas pero ésta bruja no podía identificarlos como solía hacerlo el olfato de Umi.
Kotori intentó abrir la puerta del coche pero uno de los vampiros la tomó de los cabellos por detrás y estrelló la cabeza de la bruja contra el cristal, y con el segundo golpe aplicado rompió la ventana y Kotori cayó al suelo. El olor de la sangre que salió de su frente por el daño aceleró el comportamiento de los jóvenes e intentaron levantarla para hincarle los dientes, pero otra cosa los detuvo. Algo se puso frente a ellos, igual de rápido y agresivo.
Kotori con lo adolorida que estaba no podía poner mucha atención a lo que estaba ocurriendo, sin embargo, escuchaba como los cuellos de esos vampiros se retorcían con brutalidad por culpa de un distorsionado movimiento que se movía a por ellos en turnos.
Otro vampiro estaba reclamando comida y parece que estaba más que dispuesto a quitárselo a esos ilusos…
Cuando los cuerpos yacían el en asfalto, el vampiro se giró en redondo para ir a por Kotori.
Miró la figura borrosa aproximarse a ella y cuando estuvo lo suficientemente cerca su rostro fue enfocado con claridad.
-Por Dios… eres… tú…-
Logró decir antes de que el golpe la noqueara por completo.
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-¿Te han entrado muchas llamadas desconocidas desde hace rato, no es así?- Le Dijo Nozomi a Nico que revisaba el celular. –¿Por qué no contestas para saber quién es?-
-No. Es el número de un teléfono público. A saber quién sea el insistente, no voy a coger la llamada.-
-Bueno, ¿y tampoco piensas volver con Umi-chan? Dijiste que ayer tuvo un problema con Tsubasa-san.- Echó andar las ruedas de la silla para llegar a la mesa donde estaba Nico.
–No… no voy a poder regresar. Además hace mal tiempo. Ella… estará bien, lo sé. Es Umi después de todo. Por ahora, sólo necesito ayudarte a ti.-
-Nicocchi… ¿Por qué sigues sin querer dejarme sola? No es como si fuera a hacer algo malo.-
Nico observó la sonrisa en Nozomi, pero no llegaba de oreja a oreja como solía mostrarlas. No era jovial. Era una tristeza que no podía ocultar y una incertidumbre incomoda.
La pelinegra exhaló con fuerza.
-No quiero dejarte y no pienso hacerlo.- Contestó con la misma respuesta que suele darle cuando la mayor preguntaba constantemente el mismo cuestionamiento.
-¿Es porque soy invalida? ¿Crees que no puedo hacer las cosas por mi cuenta?-
-Nozomi, por favor, no digas más. Sabes que no es por eso, sé perfectamente que tú puedes… Uhm, bueno, no estás en condiciones ni físicas ni psicológicamente.- Nico se llevó las manos cubriendo su boca para callar sus palabras, pero ya lo había escupido. No fue su intención decirlo tan a la ligera.
-¿Qué estoy inestable, quieres decir?- Enarcó una ceja y mantuvo ojos inquisidores. –Si estoy así es porque no puedo dejar de pensar en Elicchi.-
-Ella fue quien te hizo eso después de todo…-
-¡La estaban controlando! ¡Como también lo hacían con Maki-chan! Ni una ni otra es culpable. Tú sigues aferrada a todo lo que sucedió esa noche.-
-¿Cómo quieres que deje de pensar en ello? Tú no puedes defenderte si algo llegara a pasar. Eres blanco fácil, ¡estás en sillas de ruedas! Eli es un animal enjaulado y la única de las menores que queda está en algún lugar destrozada.- Se hizo a un lado el fleco azabache con frustración. –No puedes estar pensando en otra cosa que no sea Eli, Eli, Eli… Hay más cosas importantes que solucionar y hacer, por ejemplo tú; siempre batallo para que te alimentes adecuadamente, no quieres tomar tus vitaminas y sueles intentar irte durante las noches.-
-¿Qué? ¡Yo no intento escapar!-
-¡Por favor, haces demasiado ruido con tu silla! ¿Cómo no me daría cuenta?-
Nozomi desvió la cara de ella con una mueca disgustada.
Las demás chicas no sabían que Nico y Nozomi solían tener esas discusiones, era cosa que se mantenía entre ellas. La mayor se había vuelto muy rebelde a pesar de encontrarse en esa condición, eso no le impediría hacer lo que ella quiera; pero la pelinegra sí, desde que decidió cuidarla.
-Que te quede claro que no estoy enferma mentalmente. Tengo en claro lo que sucede.-
-Seguro. Hago esto por tu bienestar.-
-Elicchi, reprobaría tu actitud y tu trato.-
-Más bien sería la tuya. Pero ella no está aquí para eso. Ella querría que no te hicieras daño o te preocuparas por su causa.-
-¡Entonces que me lo diga con sus propias palabras cuando salga de esa maldita cripta!- Finalizó con molestia, haciendo marchar su silla para ir a su dormitorio.
Al atravesar la puerta, una de las ruedas quedó atascada en el marco de la puerta impidiéndole cruzar completamente.
-Déjame ayudarte.- Dijo Nico parándose de su lugar para ir a mover la silla.
-¡No!- Rezongó. Sin embargo fue ignorada.
-Ya puedes entrar.-
-Esto es vergonzoso…- Cerró la puerta con fuerza frente a la narices de Nico.
Nico pasó su mano por todo su rostro y se echó en el sillón dejando salir aire de su boca. Transcurridos los minutos, su celular vibró. Allí estaba de nuevo ese número desconocido que no dejaba de insistir.
Decidió ponerle fin y contestó la llamada.
-¿Qué diablos quieres, idiota? Déjame tranquila. ¿Es que no tienes algo más interesante que hacer que necesitas molestar?-
En la línea sólo se escuchó la respiración agitada de alguien.
-¡Maldito pervertido de mierda!-
Nico colgó y apagó su celular, lanzándolo a otro sillón. Cerró sus ojos por un rato pero no contó que se quedaría dormida.
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Unos golpecitos muy despacio se escucharon, sin embargo fue suficiente para despertar a Nico, eso la alarmó y abrió los ojos rápidamente. Pasó la mirada a la puerta de la habitación de Nozomi. Estaba cerrada. Se incorporó y puso más atención a lo que haya sido eso.
Ahí estaba de nueva cuenta, eran leves golpes que procedían de la puerta de la entrada. Era intencionalmente despacio como para no perturbar con el ruido.
Nico se encaminó a la puerta y la abrió lentamente dejando un pequeño espacio por el cual asomarse.
-Estaba a punto de rendirme.- Murmuró la persona que estaba afuera. –Estuve llamando…-
Nico abrió más la puerta y en su rostro lentamente se iba formando la sorpresa y la perplejidad de lo inesperado del encuentro, su corazón le dio un vuelco al ver los orbes amatistas que transmitieron nada más que sufrimiento.
Entreabrió sus labios y articuló su nombre:
-Maki…
"Esperemos que a partir de aquí las cosas se vuelvan a descontrolar. ¡Gracias por leer!"
Stay tuned for the next chapter! Ciao~
