Perspectiva: Capítulo 1

El príncipe del mal.

Parte cuarta.

Vocaloid no me pertenece.

Notas: Capítulo con alto contenido explícito, se recomienda discreción al lector.


El primer día de la primavera.

El surgimiento de una nueva etapa de la naturaleza del reino, el final de las espesas capas de nieve que llegaban a cubrir todo el lugar, y el inicio de la nueva vida y de los animales que recién entraban en su época de apareamiento, eclipsaba en gran manera a las actividades humanas que se reiniciaban tras las pérdidas de los cultivos tras el invierno.

Pero lejos de las pacificas y verdes praderas que se encontraban alrededor de toda nación, el palacio espejo, magnifica construcción por su excelsa simetría, una pequeña riña se llevaba a cabo, en una de los comedores del mismo castillo.

En aquella enorme sala, de al menos treinta metros de largo y al menos quince de ancho, con un trío de largas mesas que recorrían de un extremo al otro el recinto, cubiertas con largos manteles blancos, y con aproximadamente un metro de separación de cada uno, un juego de utensilios y platos.

Aquel comedor, cubierto de paredes doradas con largos murales que relataban las historias de las batallas más significativas del reino, e iluminado por el brillo de doce candelabros, se veía ahora repleto de toda la servidumbre del castillo, incluyendo a algunos cuantos guardias que habían llegado al lugar tras el estruendoso sonido de una muchedumbre gritando en preocupación.

El día anterior, la princesa Rilliane había retornado de su hospedaje en uno de los palacios del príncipe Michaello, tras que hubiera habido una confrontación entre ambos, el mismo día en el que su hermano, habría anunciado su nuevo compromiso con la princesa de Verde, Miku.

Y ahora, era el momento en el que el rubio se enteraba de aquello, reaccionando no de otra manera que como la de un amante sumamente traicionado, llegando a golpear a su hermana en cuanto esta le hubiera informado de su paradero durante los anteriores dos días.

Los dos se habían encontrado cuando apenas e iban a desayunar, preparándose para salir a entrenar al campo, por lo que tenían ropas y armaduras de cuero, junto con un par de capas.

Debido a aquella agresión, un grupo de unas veinte personas, se reunía cerca de aquel comedor, manteniendo su distancia del par de chicos.

Rilliane se mantenía sosteniéndose de una le las largas mesas, palpando ligeramente su mejilla enrojecida, perdida entre un terrible sentimiento de horror, angustia, vergüenza, pero por sobre todo, odio, un odio inconmensurable por aquel tipo, a quien en algún momento llegó a reconocer como el amor de su vida, que no solo se atrevía a haberle restregado en la cara su nueva relación, y consecuentemente, su nuevo compromiso, sino que, además de todo, actuaba como si se encontrara sumamente indignado sólo por la mínima mención de que ella había estado la noche entera con otro hombre.

Solo se aproximó a él, llena de dolor en su corazón, y de arrepentimiento irremediable, en busca de un perdón de su hermano por hecho de haber estado con el príncipe de otro reino. Deseando que al confesar su pecado, Len reconsiderara su propia situación, la chica terminó usando las palabras de manera incorrecta, desatando la furia del chico, quien se movía errático conforme intentaba procesar lo que estaba ocurriendo con él.

Mirándola con desprecio, el chico parecía estar a punto de llorar, empuñando su mano una y otra vez, como si deseara descargar una furia que se disipaba en cada momento en el que un pensamiento claro llegaba a su mente.

—Y bien…— dijo de pronto, saliendo de su silencio sepulcral —Así que has pasado la noche entera en el recinto de Michaello— solo decir aquellas palabras lo incitaron más, como un animal salvaje que olfatea sangre —¡Fornicando toda la maldita noche con él!— levantó furiosamente la mano, a punto de propinarle otro golpe, pero deteniéndose en el aire.

En poco, se mantuvo quiero, mirándole con el mismo odio estático, mientras que ella ni siquiera se había atrevido a desviar la mirada, pues con sus ojos quería ver el momento en el que él la odiara de nuevo, en el que él le detestara tanto como para herirle físicamente, y así convencerse de una buena vez en que ya no quedaba nada del chico del que se había enamorado.

—Al fin y al cabo, resulta que no eres más que eso, una sucia y vulgar perra— sin siquiera medir sus palabras, soltó aquellos insultos despreciables, no escatimando en la fuerza con la que su voz resonaba el comedor.

Aquello, lejos de quitarle el enojo a Rin, solamente la incentivó aún más, y tomando una pesada garra de cerámica que de mala suerte para su gemelo, se encontraba al alcance de su mano, yendo a impactar contra el lado derecho de su cara, sin que nada le detuviera en su trayecto.

El golpe no dejó duda alguna entre aquellos cuya visión era poco clara, de que aquello iba por más que una simple riña o discusión de hermanos. Y la caída del príncipe al suelo sólo era un indicativo de lo que vendría.

— ¡No te atrevas a llamarme así!— gritó ella con ira mientras le pateaba en un lado del torso, cerca de las costillas — ¡Jamás hice nada de eso con Mikuo, e incluso si lo hubiera hecho, habría sido mejor que haber estado contigo otra noche!— volvió a gritar mientras lo pateaba con las pesadas botas que portaba.

Pero en lugar de poder continuar con su arranque de ira en su contra, y ya habiendo incluso provocado un sangrado del labio, Rilliane fue detenida en su acto de brutalidad por el general Salta, quien le sujetó del hombro y la alejó con fuerza del lugar en donde esta a apoyada, atacando al chico, en orden de nadie más y nada menos que de su propio padre.

— ¡¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?!— preguntó sin siquiera terminar de bajar las escaleras, observando desde su lugar, la enrojecida mejilla de su hija, así como a su derribado hijo en el suelo.

— ¡Padre!— gritaron ambos chicos al unísono.

—Al parecer, y por lo que supe— comenzó a decir Salta mientras que hacía que Allen se levantara, jaloneándolo del brazo para esto —La noticia de que Rilliane pasó la noche en el palacio del príncipe Michaello se ha hecho saber por los más infortunados de este castillo, y al parecer, no ha sido una agradable noticia del todo— con aquello claro, se refería también en que, para él, la noticia no resultaba tampoco agradable, pues solamente complicaba sus planes de poseer el poder del estado entero.

— ¡Entérate, padre mío, de cómo tu hija se ha vuelto una mujerzuela, andando con el primer sujeto quien le ha ofrecido de sus aposentos!— gritó Len como si quisiera burlarse de su propia gemela, caminando hacia su progenitor.

— ¡Padre, no creas en lo que esta escoria te dice, no cometí ningún acto de impureza con Michaello!— le exigió Rin mientras se adelantaba a su hermano.

— ¡¿Pasaste la noche en el castillo de ese malnacido, y dices que no realizaste actos de impureza?!— preguntó ahora sintiéndose engañado Len, sintiendo su interior en ardor por aquellas palabras que salían, no de la boca de su hermana, sino de su propia conciencia.

—¡¿Y porque de pronto comienzas a enterarte de lo que acontece en mi vida, cuando tú mismo me has ignorado por ya seis meses, y encima de todo, actúas como si fueras tu quien me debe de controlar?!— le exigió saber la chica, entre gritos y lo que parecía ser un llanto prominente de su muy adentro.

— ¡Porque yo no te he dado el derecho de darle tu cuerpo a quien tú quieras!— contestó como si él fuera quien tuviera un derecho divino sobre ella y sobre lo que hiciera con su lo que le pertenecía desde nacimiento.

Fue entonces cuando Rin se percató de quién era ese hijo de puta con quien trataba ahora. Tenía ahora su odio ganado, y no se sentía nada bien. Se sintió tentada de volver a golpearlo, pero en ese momento, una repulsión llenó por completo su sentir.

—¡Basta los dos!— gritó iracundo el rey, pero sin moverse hacia ellos de manera verdadera, sino quedándose en su lugar, como esperando a que ellos fueran quienes se dejaran de pelear sin que Salta tuviera que separarlos —Rilliane, no tienes una mínima idea del daño que le puede hacer tu actuación con el príncipe del país verde— comenzó a decir en voz lenta, para que la chica entendiera bien sus palabras.

—Padre… soy libre de hacer lo que yo desee…— comenzó a desafiarle, pero fue callada por la voz de su padre, que de nuevo se había elevado.

— ¡¿Tienes una idea de lo que pasaría si es que la gente se entera de que intimaste con el príncipe de verde?!— realizó aquella pregunta retórica, deteniendo sus posibles protestas con su voz fuerte de nuevo — ¡Inclusive su no llegaste a hacer nada serio con él, el mero rumor de que la princesa de nuestro reino huyó con el príncipe de la nación que acabamos de doblegar, destruiría no solo tu reputación, sino también la mía y la de todo noble del país!—

Pese a los constantes gritos que el rey continuamente arrojaba a la chica, esta seguía considerando injusto que sus acciones individuales se vieran sujetas por el prestigio que tenía el palacio y la importancia de su altura en comparación al resto. Mientras tanto, Len se regocijaba internamente ante la vista del insufrible destino de su gemela, sin saber que su padre le guardaba el mismo rencor a ambos.

—Y Allen…— le llamó su padre, provocando que el muchacho reaccionara al instante —La vergüenza me has provocado, es inconmensurable, en cualquiera de las contemplaciones que tenía en el pasado— comenzó a dirigirse a él.

—Pero padre… si yo le he pedido matrimonio a Michaella…— intentó justificarse de manera inútil, pretendiendo que aquello sería suficiente para redimirse.

— ¡¿Y acaso eso deshace el penoso espectáculo que diste en el castillo del país blanco?!— La furia que tenía se hacía notar de nuevo, con el rostro enrojecido, y los ojos a punto de salir de sus cuencas — ¡¿Irrumpir en el baño de una mujer para realizar tus actos impuros te parece el comportamiento del príncipe del país amarillo?!— nombró sólo para variar, de aquello de lo poco que él se había enterado —¡¿Acaso no tienes control alguno sobre tu cuerpo?! ¡¿Eres sólo un miserable perro que no piensa más que en sus bajos instintos?!— descargó su ira contra él, sintiéndose al fin aliviado de gritarle a su hijo como lo merecía durante años.

Los dos chicos permanecieron callados tras estos regaños, sólo con Salta entre los dos, preparándose para contestar lo que fuera que los iba a salvar de la situación —Lo lamento, padre— dijeron los dos al unísono, como cuando compartían las palabras el uno con el otro en su infancia temprana.

—Ya es suficientes con sus disculpas— habló más tranquilo, pero con la misma severidad que antes, volviendo a verlos como si fueran escorias, similar a como miraría a sus enemigos arrodillados frente a él —De ahora en adelante, ustedes dos, estarán por su cuenta— les advirtió —Mantendrán sus estatus de nobles como antes, pero debido a que han demostrado ser tan malagradecidos con lo que su madre, y con lo que yo les otorgamos, ninguno de los dos será nombrado heredero, hasta nuevo aviso— les dio a conocer a ambos, provocando que los dos tuvieran una expresión de horror en sus rostros.

—Hagan lo que quieran— y tras decir nada más que eso, salió del comedor, dejando atónitos a sus hijos, a la servidumbre, a los guardias de honor que se encontraban cercan, e inclusive a un par de escribas que lo seguían frecuentemente para tomar nota de lo que acontecía a sus alrededores.

— ¡¿Ves lo que has provocado con tus imprudencias, ramera?!— le acusó Allen a su hermana mientras volteaba a verla acusadoramente.

— ¿Mías? ¡Fuiste tú quien empezó a tener relaciones con otras personas!— le respondió de manera merecida, para después soltarle un puñetazo en el costado del hígado, dejándolo retorcido, tan solo para que este se desquitara de aquella agresión con una aún mayor, pareando la parte baja de su estómago.

—Ya basta los dos— dijo severamente el general, acercándose a ambos y empujándolos para que dejaran de golpearse, mientras que Len continuaba sosteniendo sus partes bajas —Tienen suerte que su padre únicamente les haya desheredado del trono, de haber sido por mí, ambos hubieran recibido un muy fuerte escarmiento, que les hubiera sacado su tremenda estupidez a la fuerza— y dicho esto, volvió a empujarlos un poco más, tan solo para intimidarlos, caminando a la salida.

—Sabes una cosa, Rilliane— le comentó Allen a su hermana gemela mientras aún la tenía cerca —En ningún momento debí de haberte acusado de un acto tan bajo como el que describí con anterioridad— dijo educadamente mientras sonreía, provocando un desconcierto en su hermana.

— ¿En serio?— preguntó la chica ligeramente sorprendida — ¿Es de verdad tu disculpa?— le seguía cuestionando mientras que le miraba con algo de temor en la mirada, de quizá saber que las cosas se iban a solucionar incluso cuando se habían llegado a lastimar de aquella manera.

—Déjame terminar…— le interrumpió el chico —Debí de haber sabido que no sería posible que tu llegaras a fornicar con un hombre cualquiera— continuó diciendo —Porque la verdad es, que no serías nunca capaz de lograr que un hombre intimara contigo— le dijo con seriedad.

Rin le miró como si ni siquiera estuviera hablando en serio. Intentó abrir la boca para intentar llamar a la lógica en el asunto, intentando callarlo, — ¿Eres estúpido? ¿Acaso ahora resulta que olvidas las cosas que deseas olvidar?— preguntó más ofendida que antes, esta vez, realmente lastimada.

—Créeme, que si alguna vez sucumbí a mis bajos instintos frente a ti, fue a causa de la mera lástima por tu cuerpo, y por tu situación— le respondió con desprecio —Sin atractivo alguno, siendo una niña odiosa, malcriada, insoportable y odiosa como un demonio salido del infierno— comenzó a describirla —Sólo lo hice porque sabía que tú eras incapaz de conseguir tu propia pareja, por lo que yo mismo decidí desvirgarte, sólo por los sentimientos que tenías por mi— y dicho esto, se volteó de su vista.

Rilliane se quedó estática durante unos segundos. Sin pensar siquiera en lo que acababa de pasar, su mano temblorosa se dirigió hacia su cinturón, debajo de su capa, tomando un filoso cuchillo que utilizaba para lanzar — ¡Me las pagarás!— gritó enojada mientras se disponía a apuñalarlo por la espalda, pero resultó en el último momento, que el chico se volteó, quizá tan solo para responder con más insultos, al sentirse alguien superior, pero en lugar de eso, fue fuertemente apuñalado en la parte baja de las costillas izquierdas.

Inmediatamente, el cuchillo logró penetrar a través de su armadura ligera de tela, provocando un sangrado instantáneo, debido a la gran fuera con la que Rilliane enterró el cuchillo, mientras que soltaba algo así como un grito de guerra.

—¡Mierda!— gritó salta en cuanto miró el mango de la cuchilla en la mano de la princesa, enterrando la hoja casi por completo en el cuerpo del príncipe, corriendo con velocidad para después colocar su brazo sobre su cuello y separándola bruscamente del chico, pero dejando el arma enterrada en él.

Tan pronto como todo esto ocurrió, Allen cayó al suelo, mientras que Salta lo miraba desde arriba. Rilliane simplemente decidió salir corriendo tras de esto, para no afrontar las consecuencias de su posible asesinato, mientras que las sirvientas se quedaban paralizadas al ver la sangre escurrir del cuerpo del rubio.

— ¡Rápido, llévenlo a la enfermería!— ordenó el general, levantando con una mano la cabeza del joven, intentando observar su la herida le había sido dada en un punto vital.

En poco tiempo, un grupo de tres doctores llegaron a toda prisa, colocando gazas de tela sobre la herida, tras haber retirado el arma pulso cortante del lugar del impacto. Mientras que el príncipe se retorcía del dolor sobre una pequeña camilla en la que lo colocaron como medio de transporte improvisado

— ¡Ustedes!— les llamó la atención el general a un cuarteto de guardias de élite que se encontraban parados cerca de las puertas de acceso, la supuesta defensa del lugar — ¿¡Porqué no impidieron nada de lo ocurrido!?— preguntó iracundo.

—No tenemos permitido lastimar a ningún miembro de la familia real, señor— dijo uno de ellos con voz clara, como si hubieran coordinado su apología para el momento en el que se denunciara su incompetencia.

El general se calló antes esto, sabiendo que era regla entre ellos, el no interferir en las riñas de los jóvenes, aunque en este caso, se hubiera ido más lejos que de costumbre —De acuerdo… la próxima vez, tendrán permitido lesionar a uno de los miembros de la familia real, de ser necesario, para salvar a otro, tal y como hacemos con los civiles ¡¿Entendido?!— les dio a entender mientras que se volvía dar la vuelta.

Tras decir esto, se retiró de comedor, en busca del rey, para informarle del último suceso.

Pese a que a cualquier ciudadano que se atreviera a agredir a los nobles, merecía la pena de muerte, Rilliane cumplía una excepción completa a la regla, siendo que solamente se le mantuvo en arresto domiciliario durante el mes que tardó Allen en volver a ser autosuficiente. Tras haber ocurrido esto, a ambos se les asignó un sirviente por separado.

Poco se dejó saber acerca de los detalles que condujeron este altercado, pues ni siquiera el mismo general había escuchado con toda claridad el asunto que trataban los gemelos, previo al ataque.

Después de ese día, fue en cuanto comenzó la fractura y posterior corte total en la comunicación de los hermanos Kagamine, solamente dirigiéndose palabras de odio ocasionalmente, aunque llegando a saludarse formalmente durante sus visitas a países lejanos, con el tiempo, si siquiera esto prevaleció, pues lentamente, se fueron alejando del seno familiar que tanto les había acogido.

Supuestamente, los dos decidieron olvidar el regaño que su padre les había propinado, suponiendo que llegaría el momento en el cual, eventualmente, tuvieran que contraer matrimonio con sus respectivas parejas, y esto les daría acceso total al trono del país amarillo.

Pero no esperaron en ningún momento que, a dos años de aquellos sucesos, su padre sufriera un deceso en los previos de una invasión al país purpura. Pues ahora, por actos del destino, se veían el uno junto al otro de nuevo, ya no como hermanos, sino que ahora como amantes, o al menos eso era lo que debían de ser.


El día de la boda se había celebrado muy temprano ese día, siendo lo más esperado por el pueblo durante días enteros, desde que la noticia de la muerte del rey les había golpeado estrepitosamente.

En esa misma noche, mientras que en las afueras se celebraba una fiesta educada, en donde los invitados eran cada vez más numerosos, pues la entrada era prácticamente libre a cualquiera que se presentara correctamente y se comportara de manera educada.

Mientras que en las afueras del castillo, se preparaba una presentación de fuegos artificiales, se había cedido día feriado a todos los trabajadores, por lo que inclusive los peones más afortunados de las ciudades del reino irían a disfrutar de una fiesta al aire libre.

Pero contrastante al júbilo que sentían los ciudadanos y los nobles en las afueras del palacio, dentro de este, un par de personas eran llevadas a la terrible a una noche que prometía ser una terrible agonía.

—¡Oiga, déjenos salir!— gritaba Allen con fuerza mientras golpeaba con ambos puños la pesada puerta dorada que le privaba de su libertad.

—¡¿De qué se trata esto?! ¡No puede retenernos aquí!— protestaba Rilliane de manera similar, degradando sus nuevos guantes del vestido de novia, conforme golpeaba la puerta con fuerza que incrementaba en cada momento.

—Lo lamento mucho, pero permanecerán encerrados allí hasta el día de mañana, como parte de su "noche de bodas"— se escuchó al general gritando tras la puerta que les separaba, golpeando cada vez a un ritmo más acelerado la puerta de metal dorado. Siendo que sin importar cuantos insultos y maldiciones comenzasen a lanzar al general por la retención de sus libertades, y a sus propios sirvientes por sus complicidades con este. La única respuesta que recibieron a cambio de tanta insistencia, fueron unas cuantas palabras de Salta —Y por cierto, más les vale que para cuando abra la puerta mañana, ya hayan hecho al próximo rey— que fueron aulladas en medio de su ebriedad sin que siquiera este dirigiera su rostro contra la puerta misma.

Allen parpadeó un par de veces, desconcertado por completo, mirando directamente a su gemela, que compartía una expresión sumamente similar, siendo que los dos se habían colocado sus orejas contra la puerta para escuchar mejor, terminando por encararse —¿Qué quiere decir con…?— intentó articular en pleno momento de su realización acerca de lo que quería decir aquello.

—¡Qué asco!— se adelantó Rilliane a concluir mientras se alejaba estrepitosamente de la cerradura, y por ende, de su tan demonizado hermano.

—No hay manera de que yo la toque— respondió Len a la manera tan repentina a la que su hermana había reaccionado frente a lo que podría no haber simbolizado una mala noticia para ambos en el pasado.

—Yo tampoco quiero que me ponga una mano encima— se quejó Rilliane mientras que medía cualquiera de los movimientos de su hermano, temiendo a cualquier clase de abuso físico por parte de este, a lo que de manera simultánea, comenzaba a cuestionarse acerca de su decisión de convertirse en una buena esposa, bajo cualquier costo que fuera necesario.

Y bajo en manifiesto de estas quejas, ambos continuaron clamando por su liberación, independientemente de si su captor les haría caso o no, más estaban seguros de que, eventualmente, alguien les escucharía a causa de los fuertes golpes y gritos que resonaban por las afueras, sin percatarse siquiera de que el ruido exterior era inclusive mayor, al menos desde aquella perspectiva.

Los golpes y las quejas, sumadas a las voces de sus sirvientes que se agrupaban de manera paralela a ambos lados de los oídos del general, lo hicieron sucumbir a su enojo.

—¡Ya basta!— se escuchó aquel grito fuerte y claro, como si se encontrara frente a ellos dos —No se preocupen por eso— ya gracias al primer grito, fie fácil escucharle de nuevo, pues habían cesado sus golpes y sus gritos—Coloqué un fuerte afrodisiaco en todo ese cuarto, y está cerrado para evitar que salgan y sea percibido por los invitados— Al decir aquello, ambos gemelos quedaron sorprendidos, con los ojos a punto de salir de sus cuencas, mirándose aterrados el uno al otro —Así que creo que no les queda de otra más que rebajarse a sus instintos y deseos carnales— y tras decir esto, lo único que se volvió a escuchar de él, fue su risa sarcástica, mientras que se alejaba lentamente por el pasillo, siendo seguida por pasos pequeños y ligeros, que de seguro eran de sus sirvientes, dejándolos a ambos con las miradas perplejas de antes.

Si lo habían captado bien, aquel cuarto tenía un fuerte olor a lavanda, típico de algunos de los afrodisiacos que habían usado juntos, y por fortuna, con nadie más hasta el momento.

Un destino sumamente forzado y obligado, por no agregar placentero, les esperaría a ambos de manera inminente. Pero claro está, que eso sería algo que se negarían por completo a aceptar.

—Así que…— comenzó a decir Rilliane, siendo ella la primera en sentarse en una de las orillas de la lujosa cama de sabanas y cobertores blancos, jugueteando inocentemente con sus zapatos de novia —Nos ha puesto drogas… supongo que de esta manera, será más fácil para ambos, más para mí— concluyó sin mucha emoción en su mirada, dejando algo cohibido a su gemelo por la mera forma en la que había expresado el desaliento ante la situación.

De nuevo, al verla de esa manera, volvió a sentir lo mismo que sintió en el momento en el que la besó como muestra de su compromiso frente al resto de los miembros de la realeza de su país. De nuevo, esa sensación que le provocaba dolor a su corazón, pero ahora con la distinción de que era su mera apariencia la que le provocaba adicción. Siendo que se miraba tan pura y tan tranquila, el deseo de continuar lastimándola, de escapar de nuevo con Michaella, y de regresar a su vaga y mundana vida de Casanova, se deshacía por completo.

Negó con la cabeza repetidas veces, para sí mismo, sabiendo que le volver a juntarse con su hermana, tal y como antes, sería completamente imposible. La miró ahora con lástima, mientras que ella sólo volteaba al suelo. Poco sabían el uno del otro, que estaban a punto de romperse, por culpa de todas las emociones que habían ocurrido en las últimas semanas.

Se comenzó a acerca a ella de manera sumamente lenta.

De alguna manera, había decidido que quería realizar su plan acerca de concebir un hijo con ella, tan solo para después dejarlo a su suerte al lado de su madre, y lograr huir a la libertad con Michaella, ya fuera teniendo que serle infiel, o simplemente, separándose de ella. Pero conforme el aroma a lavanda continuaba internándose en su nariz, excitando a su olfato de aquella manera, aquellas ideas no sólo se hacían ver más difusas, sino más crueles para lo que pensaba el joven Allen.

—Hagamos esto como se debe de hacer— dijo él mientras que se aproximaba a la chica, sujetándola de la mandíbula para elevar su mirada y besarla en los labios. Fue un beso simple, sin especial contacto por parte de ninguno de los dos, aunque fue Rin quien en poco lo profundizo, con el pensamiento dentro de sí misma de "Al mal tiempo, buena cara".

Los besos fueron de manera lenta en un inicio, solamente presionando los labios el uno con el otro. De pronto, y durante un momento de mera distracción, Rin abrió un poco la boca, y siguiendo con el movimiento de estos, Len abrió la propia.

Aquello parecía mantenerse inerte para la chica, quien en todo momento, mantenía sus brazos frente a su pecho, en todo caso de que fuera necesario apartar al chico de su persona, pero lo mismo no ocurría con el Len.

Al contrario, el se comenzaba a perder de nuevo dentro de ese mundo que tanto había ansiado durante los últimos dos años en los que se había separado de Rilliane, ese mundo en el cual podía amar a la mujer de su vida, en lugar de perder el tiempo con una cualquiera.

Tan solo pasaron unos cuantos segundos más, antes de que los dos se separaran, aún con el aliento sostenido hasta que estuvieron lo suficientemente lejos como para exhalar sin problema. Los ojos de Len permanecieron cerrados, incluso después de que su lengua repasara por sobre sus labios un par de veces más.

Rin se mantuvo de manera similar, pero tan solo cerrando los ojos al no desear encarar al chico que se supone, debería de impregnarla esa noche. Tan pronto como intentó abrir los ojos para poder cerciorarse de que ese chico se encontraba lo suficientemente lejos de él para volver a moverse con facilidad, cuando su hermano volvió a impactar sus labios contra los suyos, de una manera sumamente imprevista, tanto así que la princesa abrió los ojos en asombro y confusión.

Ahora el beso no se centraba solamente en los labios, ahora parecía ser que Allen gozaba del contacto y del calor que se transmitía con ese beso, tan así, que en plena emoción y alucinación, el chico terminó empujándola hasta colocarse sobre ella, dejándola recostada bocarriba.

Podría no haber sido una sensación tan desagradable para Rin, de no haber sido por la situación exacta en la que se encontraban, ella habría disfrutado aquel contacto labial con perfecto entendimiento de la situación y en plena voluntad, pero en su lugar, el momento solo la mantenía reducida en su espacio personal, sin poder hacer más que esperar a que el tan dichoso afrodisiaco hiciera de las suyas en su organismo.

Y entonces entraba el disfrute que tanto Len tenía sobre el momento, sintiéndose sumamente realizado en cada instante en el que su lengua su sumergía más y más dentro de la boca de su gemela. Por un solo instante, mientras continuaba apastando su rostro contra el de ella para conseguir mayor cantidad de sabor de su boca, en su mente se comenzaba a transmitir lo que serían los últimos pensamientos acerca de regresar con Michaella.

Quizá fuera a causa del afrodisiaco, pero lo cierto era, que Allen estaba comenzando de nuevo, a sentir aquel enamoramiento que tanto le había hecho disfrutar durante su pre— pubertad.

Para cuando finalmente se separaron, un ligero pero tangible hilo de saliva se derramó por la comisura de los labios de Rilliane, marcándolos de un color un tanto más rojizo que antes.

Allen se logró separar de ella a tiempo para verla abrir los ojos en el momento adecuado, pero la mirada que recibió, fue una llena de vergüenza, desaprobación, y odio. Pero más importante, la que él había entregado, había sido una mirada llena de esos puros sentimientos que habían quedado enterrados en su interior, y que por medio de aquel contacto, se había encargado de desenterrar.

No fue una sorpresa, que la realidad, esa en done él había sido demasiado débil para mantener la promesa con su gemelo, y en donde sus corazones se habían apartado hasta el punto de no reconocerse sino cual los de extraños, le golpeara con suficiente fuerza como para borrar la sonrisa y el rubor en sus mejillas.

La miró por unos instantes más, esperando a que aquella gélida mirada cambiara y le dijera que todo estaba bien, que sólo jugaba con su expresión para él, pero luego de que se vieran por más de dos minutos seguidos, ella simplemente dijo.

— ¿Vas a continuar, si o no?— preguntó como si estuviera incluso decepcionada de que el chico no hubiera consumado su abuso.

No hubo una respuesta clara por parte del chico, quien ahora intentaba lubricar su garganta con la poca saliva que le quedaba en la boca. Sus ojos comenzaron a descontrolarse y a dilatarse, y sus manos y sus hombros comenzaron a temblar mientras que el chico seguía manteniéndola debajo de sí mismo. Apretó su mandíbula, en señal de extrema ira, mientras que reducía su mirada y cerraba los ojos.

De pronto, se levantó sin previo aviso, la sujetó con fuerza de la mandíbula, apretando sus dedos con fuerza contra su pie, hundiéndolos en la carne tan ligera que cubría por sobre su hueso. La soltó casi al instante, al percatarse del daño que le hacía a su querida gemela, y más que nada, el daño que le había hecho antes.

Se levantó gritando con fuerza una maldición, mientras parecía estar sufriendo de una posesión demoniaca por la cantidad de zarpazos y de patadas que tiraba a los infortunados muebles cercanos a la pared, llegando a hundir una de las puertas de uno de los roperos tan solo por la ira que guardaba en su interior.

Rilliane permaneció estática ante sus movimientos tan erráticos y descontrolados, observando cómo después de esto se recargaba en la pared sin producir sonido alguno, manteniendo la mueca de infinito desprecio por sí mismo. Apretaba los dientes, y dejaba que las lágrimas cayeran desapercibidas por el arco de su nariz, únicamente provocando mayor cantidad de sospechas en la mente de su gemela.

En poco tiempo, Rin se hartó finalmente del tiempo en el que reaccionaba el muchacho, levantando la pierna y tirándole una patada al chico, que provocó que cayera al suelo con un sonoro golpe en su costado.

—Escúchame— le exigió atención la princesa mientras lo tenía debajo de sí misma —El hecho de que sea tu esposa no quiere decir que aguantaré todas tus estupideces— le comentó con advirtió con bastante enojo, viendo como su enrojecido puño sacaba algo de sangre por los nudillos.

Miro como el muchacho permanecía en la misma posición que antes, sin advertencia alguna de que se movería en cualquier momento. De pronto, contestó a la agresión con un par de palabras simples.

—Lo siento—

Fue todo lo que logró decir, tras lo cual terminó levantándose un poco y sentándose con las piernas medio extendidas, volteando aún su mirada al suelo.

Aquello trajo consigo aún más silencio del que él se imaginaba que llegaría. Sin que ella misma supiera que contestar, pronto comenzó a dar un paso tras otro hacia atrás, como si quisiera huir del chico y de su presencia.

—No… no puedes simplemente decir eso— contestó ella, sonando más dolida de lo que imaginaba que sonaría su voz, casi estando a punto de llorar, tras haber escuchado las palabras que tanto había deseado oír por años, una simple disculpa.

—No, de verdad lo siento— la miró directamente a los ojos, haciendo contacto sincero por primera vez en años, pronunció con su voz a punto de romperse, tragando con dificultad —De verdad lo siento mucho—

En cada palabra que el muchacho lograba hacer que saliera de su boca, se convertía en una fuerte daga que se clavaba en el corazón de la rubia, haciéndole sentir como si existiera una esperanza de que aquello fuera verdad, pero su raciocinio le contaba que no era cierto, que nada de lo que su hermano le dijo, le decía, ni le diría, podía ser verdad.

— ¿Lo sientes?— preguntó la princesa de manera sarcástica ¿Qué es lo que sientes? ¿El haberme lastimado hasta el hartazgo? ¿El haber servido tu cuerpo y tus pasiones en bandeja de plata a cualquier mujer que lo tomara? ¿O simplemente por haberme cambiado por Michaella?— aquellas palabras comenzaban a lastimar al rubio cada vez más, taladrando su mente en la capa de recuerdos que bloqueaba aquello que le lastimaba más.

—Si… así es, siento haber jodido todo…— respondió entrecortado, como si se percatara de lo ridículas que sonaban sus palabras.

—No puedes simplemente decir eso…— contestó ella con todo el derecho de sentirse ofendida —No después de los dos años que he pasado sufriendo por la culpa de nadie más que tu… no después de que ye hayas acostado con Michaella, innumerables veces en el pasado, y con quien sabe cuánta mujer más…— deseaba mantener su compostura, pero el momento era el apropiado para reclamar con toda su ira lo que ella consideraba una injusticia —¡No puedes pedir disculpas después de que yo te di mi corazón y tu simplemente lo destrozaste de esa manera!— gritó con todas sus fuerzas esto último.

Pero Allen se comportó como un niño pequeño, comenzando a llorar más y más al percatarse de su error tan terrible, del cual ya nada podía cambiar. Escuchó en poco tiempo como ella también comenzaba a sollozar, para después, al elevar la vista, verla arrodillándose frente a él, arruinando su precioso vestido amarillo.

—Eres un maldito…— le habló con el corazón en la mano —No tienes idea del daño que me hiciste… lo mucho que te necesitaba todo este tiempo…— comenzó a lamentarse poco a poco.

—Yo también te necesité todo este tiempo…— contestó Len —No importa con quien estuviera… siempre me sentía sólo—

Con aquello, atrajo un poco la atención de su hermana, lo suficiente para que tomara su palabra como verídica.

—Sabes una cosa… no te pido demasiado para aceptar tu disculpa…— comenzó a decir, sin siquiera creerse a sí misma en sus palabras —Pero no creo que hubiera sufrido tanto… si es que me hubieras dicho el porqué me traicionaste— le pidió saber solo aquello.

Allen no quiso pensarlo más de un segundo, pero sabía que ni él mismo tenía explicación para aquello. ¿Qué decirle? ¿Qué Michaella era más hermosa? Ni en un millón de años ocurriría decir aquello. Pero aparte de aquello, sólo tenía una justificación.

—Creo que… fui débil— fue toda su respuesta, sin complicaciones extras, sin movimientos argumentales, sin nada más que eso.

— ¿Débil? ¿Débil en qué?— peguntó ella de vuelta.

—Débil en todo…— admitió el chico avergonzado —Cuando ocurrió por primera vez con Hatsune, nunca miré hacia atrás, no me sentía como si fuera algo que importara, y no sentí verdadero dolor sino hasta que te vi a ti en aquella puerta— venía a su mente el recuerdo de cómo había llorado y desesperado tras haberle perdido el rastro por culpa de la peli verde —Y entonces comencé en decadencia…— se miró a sí mismo en el pasado, sintiendo asco de cómo dejó todo lo que para él significaba algo —Sentía que si lograba fornicar con alguien nuevo, o si lograba sentir más placer que antes, algo pasaría, que me sentiría mejor conmigo mismo, pero me di cuenta de que cada vez que terminaba con una mujer, me sentía absolutamente solo, con un vacío infinito en mi corazón—

Recordaba con dolor aquellas veces en las cuales su depresión era tal, que incluso atentaba en suicidarse, siendo únicamente detenido por Piko, quien más de una vez le evitó que se apuñalara a sí mismo, o que consumiera algún veneno peligroso. Solamente la presencia de la peli verde le ayudaba a sobrepasar estos acontecimientos, aunque en cada momento cayera más bajo, al de nuevo buscar a una nueva mujer en intervalos cada vez más cortos de tiempo.

—Lo ignoraba todo— continuó hablando —Quería pensar en que eso era algo normal que haría cualquier hombre… pero no evitaba comparar a cada una de ellas con la única figura de perfección que existía para mi, y eso me destrozaba aún más por dentro— observó como la chica comenzaba a ennegrecer su mirada —Y esa perfección eras tú— le confesó —Pero no quería sentir que había jodido las cosas, que por mi culpa se había perdido todo, simplemente no quería admitirlo, y es por eso que te seguía lastimando cuando me enteraba de lo que ocurría contigo y con Michaello— volvió a mirar al suelo —Lo siento mucho… en serio— repitió una vez más, como si aquello fuera a justificar lo que hacía.

—Pues quieras o no creerlo— comenzó a responder su hermana —De verdad jodiste las cosas, y de verdad nos jodiste a mí y a Mikuo— comenzó a reponerse un poco mientras que se levantaba —Ahora que ya sé todo aquello, supongo que ya nada puede reparar las cosas— dijo para el horror del príncipe, quien deseaba escuchar justamente lo contrario, que todo estaría bien una vez se disculpara y admitiera sus errores —Sólo me queda ser tu obediente esposa— finalizó para luego volver a sentarse en la cama, como esperando a que el prosiguiera.

Pero aquellas palabras lastimaron más que antes al chico rubio, pues ahora se daba cuenta de lo realmente lastimada que ella había resultado, tanto que ni siquiera su disculpa más sincera le habría causado efecto alguno.

Se levantó pesadamente, mirándola directamente a los ojos, y en una arranque de acciones, la abrazó con fuerza, pegándola a su cuerpo, y poniendo su boca cerca de su oído —¡No!— gritó con dolor mientras que la sostenía cerca de sí mismo.

La chica permaneció paralizada en su lugar, sin saber cómo alejar al chico que ahora se le aproximaba con tanto furor, como si de verdad estuviera evitando que de alguna manera huyera —¿Qué es lo que haces?—

—No pienso permitir que las cosas se queden así— continuó con ella a su lado, manteniéndola sumamente apegada a sí mismo, sin darle oportunidad de que se moviera —Cometí un terrible error, y tuve miedo de regresar contigo…— continuó describiendo su debilidad —Pero no quiero que las cosas sigan así— luego de esto, se separó un poco de ella, mirándola directamente a los ojos —Quiero que tu y yo nos amemos de nuevo— le propuso de la nada, saliendo de cualquier clase de normalidad que antes hubiera tenido su comportamiento.

En esos momentos, Rin estaba destrozada por dentro. Había construido un muro emocional que le permitiera ignorar por completo al chico que tanto se había adueñado de sus sueños, y ahora ella se encontraba contra la espada y esa misma pared. Por un lado, aún tenía su sueño de la infancia de casarse con su hermano y formar un reino juntos, un sueño que existía, de una manera translucida en su mente, pero que continuaba existiendo, y del otro lado, todo aquello que había sucedido desde la traición del chico con la princesa Miku.

Eran catorce años contra sólo dos, pero esos dos años le habían hecho sufrir de manera inimaginable en su corazón.

—Ya te he dicho que no puedes decir eso— contestó de nuevo la chica colocándose a la defensiva —Has hecho muchas cosas terribles contra mí, y esas cosas no pueden ser borradas tan solo porque lo sientas— le dijo mientras alejaba un poco su rostro al sentir tanta cercanía entre ambos.

—Por favor… no te alejes de mi— le pidió de manera lastimosa —Haré incluso lo imposible para que me perdones— le pidió mientras que intentaba que regresara a con ella —Seré solamente tuya… no volveré a separarme de tu lado— viendo que ninguna de sus palabras parecían cambiar lo que ella seguía sintiendo, dijo finalmente —Mataré a Michaella, si es que su sangre logra perdonar mi pecado— terminó por proponer aquello, sin preocuparse de antemano por su supuesta y antigua prometida.

Aquellas palabras, el chico jurándole de nuevo fidelidad, e incluso ofreciéndole la sangre de aquella a quien consideraba el ser más ruin y despreciable de la existencia, eran todo lo que la princesa Rilliane había deseado escuchar durante años, y ahora, todo eso ocurría frente a ella.

Podría ser dura y ruin en ocasiones, e incluso, ser recordada por sus enemigos como la hija del mismo mal, pero ella seguía teniendo un corazón, que hacía dos años ya no latía al mismo ritmo que el de su gemelo.

— ¿Por qué me haces esto?— le exigió saber mientras que ella comenzaba a romperse por dentro, sintiéndose débil ante las palabras del chico, dándose cuenta de que comenzaba a creerlas, o que al menos, quería creerlas —¿Por qué me traicionas, me engañas y me desprecias, pero después regresas pidiendo mi perdón y mi cariño de nuevo?— requería preguntarle aquello de manera honesta y sincera.

—Porque…— Allen permaneció unos, segundos pensándolo, sabiendo a la perfección lo que había ocurrido, y considerando si eso sería suficiente —Porque sólo me bastaron unos cuantos segundos de volver a sentirte como si fueras mía, para percatarme de todo lo que había perdido…— confesó —Y ahora me doy cuenta de que nada más en este mundo que no fueras tu, valía la pena— y tras decir esto, volvió a besarle, esta vez, de una manera más tierna, menos ansiosa, con mayor emoción que antes.

El beso comenzó de manera lenta, y no se precipitó de manera veloz, sino que continuó con la mínima acción por parte de ambas. Allen colocaba sus brazos por la espalda de la chica, esperando poder compartir parte de su esencia con ella, intentando continuar en su convencimiento de que ella era su preciado tesoro.

Sentía la tensión de su gemela conforme movía sus labios, por lo que decidió no realizar ni un solo movimiento que pudiera provocarle alguna alerta, o incluso asustarla. Finalmente se separaron, mientras que mantenían los ojos cerrados. En esta ocasión, Rin había podido sentir el mismo sentimiento que su hermano presumía tanto, y ahora era su muro lo que se caía en pedazos, pues se comenzaba a percatar del dolor que le había preocupado la ausencia de su hermano.

Mientras que el chico comenzaba a verla con un intento de transmitirle todo su cariño, Rilliane comenzaba a rebajar la mirada, comenzando a llorar, finalmente cediendo ante lo que le ocurría ahora. Comenzó a sollozar de manera quieta y tranquila, sin levantar la mirada ni un poco.

—Eres un gran idiota…— dijo mientras le comenzaba a golpear con algo de fuerza a en la espalda, provocándole algo de verdadero daño al chico —Cómo puedes decir que lo dejas todo de lado… habiéndome lastimado así— le comenzó a reclamar mientras lloraba desconsoladamente, comenzando a ser ligeramente consolada por su gemelo —No puedes hacer esto… no puedes ser un canalla, y luego regresar a conmigo de esa manera… nada se ha deshecho— continuó golpeándolo mientras que sus lágrimas manchaban su vestido.

—Vamos…— suspiró el chico tras sentir un par más de golpes con los puños sobre su espalda y su nuca —Ya no llores más— limpió un poco sus lágrimas mientras que ella cesaba los golpes —Esta noche cambiaré por ti…— le comentó al oído —Te juro que cambiaré— enfatizó mientras la pegaba contra su cuerpo, volviendo a abrazarla de lleno.

—¿Y cómo se que no cambiarás una tercera vez?— le preguntó mientras levantaba la mirada —¿Cómo se que no abriría mi corazón sólo a una promesa vacía que terminaría lastimándome aún más que antes?— le preguntó con verdadero animo de recibir una contestación verdadera, algo más que un simple discurso que sólo satisficiera sus deseos, sin darle nada verdadero.

—Entonces…— contestó él mientras le volvía a besar, sosteniendo sus dos manos —Te doy todo el permiso que se necesite, para que me asesines— aquello fue su aval a su fidelidad —Puedes matarme tan pronto como te traicione de nuevo, pues no quiero vivir de nuevo alejado de ti, sabiendo que he sido yo de nuevo quien te lastimó— le hizo aquel juramente mientras sostenía sus dos manos al mismo tiempo, volviendo a mirarla directamente a los ojos.

"De verdad deseo volver a confiar en ti" pensaba Rilliane mientras su hermano volvía a besarla tiernamente "De verdad quiero volver a amarte" lentamente, los besos comenzaron a mostrar un poco más de pasión, aceptada por supuesto por la joven princesa, recibiendo la lengua de su hermano cuando esta se internó en su propia boca "Pero tengo más que nada, un miedo y un temor infinitos a que tu nunca me vuelvas a amara como yo lo hiciste antes", Lentamente, la chica comenzó a corresponder el beso de mejor manera, una forma más expresiva y prominente "Pero si es que tu sangre me puede servir como promesa de que jamás me dejarás de nuevo, entonces tomaré tu vida como tal y como haré con la mía, en el momento en el que falles de nuevo a tu promesa" y con este pensamiento en mente, la chica volvió a besar a su hermano, sabiendo que sería imposible que lo mismo volviese a ocurrir de la misma manera.

Ahora era un compromiso que se hacían por sus vidas, y ninguno de los dos lo faltaría.

"Mi Rin…" pensaba Len de manera paralela "No sé ni siquiera lo que hay en mi mente, y a veces ni siquiera me puedo controlar… pero te prometo que daré hasta lo último de mi vida por volver a ser el único hombre de tu vida" Pudo notar como la tensión en el cuerpo de ambos aumentaba, un símbolo de que el afrodisiaco estaba haciendo efectos, y quizá ya los había hecho antes. "Por ahora, sé que no confiarás en mí, pero si puedo volver a contentarte, aunque sea sólo con mi cuerpo por ahora, eso es lo que haré" y tras salir de este pensamiento, comenzó a abalanzarse sobre la chica.

Lentamente sus manos comenzaron a moverse a su cadera, para después comenzar a acariciar toda parte que estaba a su alcance. Decidió quitarse los guantes, permitiéndole sentir en carne propia la piel de su hermosa gemela.

Rin se separó un poco de él, sintiendo sus labios humedecerse de nuevo por la saliva derramada con ligereza tras aquellos besos.

Los dos se miraron por unos instantes, y Len pudo distinguir el sonrojo tan particular del rostro del la chica, que le indicaba que ella había disfrutado de aquello, aunque sin siquiera mostrar una mínima sonrisa.

—No te preocupes…— le dijo Len mientras que le besaba en la frente —Te haré sentir muy bien ahora— le prometió mientras le abrazaba melosamente, llegando incluso a hacer que ella se sintiera ligeramente incomoda —Y sabes que ahora, sólo será a ti— le prometió con una sonrisa antes de comenzar a besar su cuello de manera pasional, como si intentara transmitir todo su amor con esos simples besos.

La chica apenas supo cómo reaccionar ante aquellos toques tan repentinos. Siendo sus dedos algo que podía soportar, al ser únicamente un contacto menor, pero los labios ciertamente no podían ser ignorados, ni lo que estos provocaban, retenido.

—Len…— susurró con tranquilidad la chica, siendo la primera vez que decía su nombre en años, al menos combinado con un susurro tan sumamente sensual como el que ella había exhalado.

—Sí, mi Rinny— le llamó con cariño el chico mientras sonreía al percatarse de que algo que ambos disfrutarían, podría comenzar pronto.

—Creo que… ese afrodisiaco está haciendo efecto— dijo ella mientras se volteaba un poco, intentando no mirarlo a los ojos, sintiendo en parte algo de desconfianza pro admitir el cómo se comenzaba a sentir por dentro, tan sólo por estar sentado junto a él, abrazándolo, mientras que él se acercaba a ella un poco más. Recargándose sobre la cama e inclinándose hacia ella.

— ¿Quieres saber que tanto deseo volverte a amar?— le susurró el chico mientras mantenía sus labios a escasos centímetros de los suyos — ¿Quieres disfrutar de esta noche, de este afrodisiaco, como si fuera nuestra primera vez?— continuó proponiéndole, provocando que sus frentes se tocaran una contra la otra.

—Esto lo hago, sólo porque el afrodisiaco ha hecho efecto en mi… no creas que es porque de verdad te he perdonado— le dijo al sentir sus manos deslizarse por sus pechos, pero aún sin querer admitir lo mucho que deseaba estar de nuevo con él de esa manera, pero claro, borrando todo lo que había pasado en los dos años anteriores.

Y en ese momento, ambos intentarían olvidarlo por completo, sumiéndose en la lujuria que ahora les traía ese supuesto afrodisiaco…

—De acuerdo…— le dijo Len mientras le volvía besar cariñosamente —siempre que lo disfrutes, estaré bien con eso— comentó antes de profundizar el beso, esta vez procurando en hacer contacto con ambas lenguas tan pronto como la chica abrió un poco sus labios.

Conforme él se seguía inclinando sobre ella, la chica colocó sus brazos tras su cuello, evitando que cayera sobre la cama libremente, y atrayéndolo más, profundizando más aquel contacto.

Poco a poco, los dos se volvieron a sumir en el mundo de cariños y besuqueos que tanto habían olvidado. Tan pronto como Rilliane cerró sus ojos, para poder disfrutar más de aquello, Len aprovechó para comenzar a buscar los amarres del vestido que estaban en su espalda, llegando a tocar los pequeños lazos que tenía allí, jalándolos con lentitud, y provocando que su vestido se soltara un poco, ni siquiera algo notable para la chica.

Len continuó deslizando el vestido hacia abajo, volviendo a sujetar sus pechos con cuidado de no presionar demasiado, colocó sus dedos sobre el encaje de este, y comenzó a retirarlo, notando al instante que la chica no tenía nada más que su corsé debajo de este, blanco y poco apretado a su cuerpo, y cubriendo apenas sobre la marca rozada del pezón.

El príncipe no dudó un solo momento en lo que tenía que hacer por fuerza en ese momento, y su hermana notó como sus ojos se dirigían a su semidesnudo pecho en ese momento mismo, pero no le importó cubrirse en ese momento, pues consideraba que el corsé era más que suficiente.

—Permíteme retirarte eso— dijo amablemente el chico mientras que buscaba un segundo lazo más pequeño en la espalda de la chica, encontrándolo con rapidez, y desatándolo con facilidad, aunque no estaba muy ajustado.

La chica se sorprendió un poco al sentir la prenda desprendiéndose de su cuerpo, deslizándose solo hacia abajo, intentando sostenerlo con las manos, pero al instante, el chico que tanto se esforzaba en complacerle, comenzó a besar su cuello, bajando lentamente por la línea de su hombro, y continuando su aproximación hacia sus pechos, moviendo el corsé conforme sus besos bajaban más y más.

—Espera…— insistió la chica intentando mover la trayectoria lenta de los besos que bajan por su piel, pero no logró impedir que el chico dejara al desnudo sus pechos tras algunos cuantos besos más. No le costó trabajo al príncipe el poder comenzar a lamer los rosados pezones de la chica, comprobando que su sensibilidad era tan alta como antes.

Allen continuó deleitándose con el dulce sabor de la piel de su gemela, bajando más allá de la zona de sus pechos, mientras que con las manos seguía retirando el corsé, dejando al descubierto la piel de su estómago, si pequeño ombligo que remembraba aquel lazo físico que alguna vez compartieron, para terminar acabando en la zona de su vientre, besando con mayor intensidad mientras daba caricias a los lados de los muslos.

—¡Detente!— gritó Rin de manera autoritaria, provocando que su hermano se alejara un poco de ella, entendiendo que aún su confianza no había sido del todo recuperada —Quítate algo de ropa, si es que quieres que continuemos— le pidió aquel favor, aún sin siquiera voltear a verlo directamente, dejando al chico algo intrigado —¿Que no te das cuenta de que tienes más prendas que yo? Hazlo ahora— volvió a imperarle.

—¡Si, mi princesa!— dijo alegremente el príncipe mientras recorría las mangas de su saco y lo retiraba con cuidado, sacando con rapidez su chaleco y su camisa, para luego comenzar a bajar sus pantalones, con mirada expectante a la atención de Rilliane al momento en el que su miembro ligeramente erecto fuera a liberarse. Pero al verla, sólo la observó retirando su largo y estorbos vestido, que llegaba hasta su cintura para ese momento, con suma delicadeza, para tan solo quedar con sus guantes largos y sus medias finas, de los cuales sólo alcanzó a retirar los primeros, pues fue detenida por su hermano cuando sus dedos apenas tocaron sus pies.

—Espera…— dijo Len mientras que ambos permanecían en una simple ropa interior —Permíteme hacerlo a mi— le exigió con atención, acercándose a su persona, y arrodillándose frente a ella.

Lentamente, levantó el pequeño pie de su hermana, y con delicadeza, mordió la media que sobresalía por sobre su uña, jalando la prenda para retirarla con facilidad. Para cuando retiró la segunda media, la respiración de Rilliane había aumentado lo suficiente, sintiendo ahora el chico la parte baja de su torso emocionándose lentamente.

Sin esperar una segunda invitación, él chico volvió a sellar sus labios sobre los de la princesa, disfrutando de nuevo del dulce sentir que aquel mero toque le traía.

En esta ocasión, Allen terminó subiendo al lado de su hermana a la cama, sujetándola con ambas manos del rostro, besándola con más profundidad, pero fue esta vez ella quien terminó abalanzando su movimiento sobre él, recargando su cuerpo sobre él, y manteniéndolo algo inmovilizado con su peso.

Le abrazó con fuerza del torso mientras besaba su mejilla, escapando rápidamente de los besos sumamente posesivos del chico, pero no porque le no le agradaran, sino porque deseaba poder probar algo más de su cuerpo, a lo que el chico reaccionó de manera pacífica, dejando que la chica moviera su lengua por la extensión de su cuello, para continuar en su clavícula, y bajar directamente a su pecho, aún abrazándole mientras hacía todo este recorrido con la lengua.

La chica no perdió tiempo alguno, y se dirigió rápidamente a los pezones masculinos del chico, que pesa a su carencia de funcionalidad, continuaban siendo un punto sensible del cuerpo del chico rubio, disfrutando este de manera calmada y pasiva el pase de la lengua de su hermano alrededor y por encima de estos.

Pronto el chico rubio comenzó a sucumbir ante aquellos sutiles y no tan sutiles toques que la chica realizaba, ahora que se ocupaba de lamer su pezón derecho, provocando que Len comenzara a aumentar su respiración lentamente, al llegar a sentir la húmeda saliva de su hermana mojando su pecho por completo, terminando su excitación un ligero gemido.

—Rin…— susurró mientras comenzaba a soltar una respiración más rápida, dejando notar como su pecho subía y bajaba con más y más rapidez, hasta el punto en el que no pudo retener un intenso gemido con bastante profundidad.

—¡Ahhhhh!— sonó con fuerza en la habitación, con un tono tal que, de no ser a que nadie podía escuchar lo que se suscitaba en esa habitación, cualquiera habría pensado que se trataba de Rilliane de la persona quien había hecho eso.

Rin volteó de nuevo su mirada hacia arriba, al percatarse de lo extraño que aquello había sonado, sin darse cuenta de que su hermano se sentía sumamente avergonzado por aquella involuntaria acción.

—Len… — dijo ella mientras le miraba de manera anonadada, — ¿Tu… gemiste así tan sólo por eso?— le confrontó mientras que continuaba tocando ligeramente su pezón izquierdo, pero en lugar de que el chico le respondiera de manera amable, él simplemente la tomó de las caderas y la quitó de encima de sí mismo, dejándola recostada sobre la cama de nuevo.

Si dudarlo un solo momento, sujetó de nuevo su pie, al igual que como lo había hecho antes, pero esta vez con un agarre un poco más fuerte, procurando que ella no se soltara, y comenzando a lamer su pulgar del pie.

Aquel que empezó como un simple mordisqueo, continuó como un beso sumamente erótico, jugueteando con el miembro de la chica, para después comenzar a lamer desde la parte inferior, justamente en la planta del pie, para después avanzar con sus lamidas por toda la extensión, hasta llegar al tobillo de ella.

—Espera un momento…— le exigió ella con seriedad — ¿Qué quieres hacer ahora?— le preguntó mientras que lo miraba besando la parte interna de sus piernas, continuando con besos cada vez más fuertes e intensos, llegando hasta un punto muy cercano de su intimidad — ¡Espera!— fue lo último que alcanzó a gritar la chica antes de sentir a su hermano hacer contacto con sus labios sobre su parte intima.

Rilliane no pudo evitar arquear la espalda al sentir aquellos labios cerrarse sobre su entrada, para después percibir como el movimiento no solo actuaba desde estos, sino que de hecho, la lengua de su hermano también se movía energéticamente contra ella, presionando con fuerza en su clítoris.

Comenzando a introducir lentamente su lengua por aquella estrecha cavidad, girándola en círculos con delicadeza, abriendo con cada movimiento un poco más de aquel espacio tan prohibido. Por lo que decidió que sería una mejor idea el simplemente apoyarse con sus dedos.

—Allen… no… sigas— susurró la chica con un sonrojo total en su rostro, sosteniendo las sábanas con fuerza para liberar algo de tensión, mientras que su gemelo comenzaba a masajear su interior con un par de dedos que introducía con facilidad.

Ahora con lentitud, masajeaba el punto de mayor placer en el interior de la chica, un punto que se encontraba en la parte frontal de la vagina, del otro lado de la pared que cubría su vientre, siendo después su dedo pulgar en que se encargó de presionar justamente sobre su clítoris.

—¡Es demasiado!— exclamó ella con voz que revelaba su excitación, sin dejar de respirar aceleradamente, mientras que su gemelos separaba el rostro de entre sus piernas y se ocupaba de masajearla con fuerza en aquel punto que le provocaba que temblara su cuerpo entero conforme tocaba.

Len observó como la chica se llenaba de éxtasis, y cómo todo su cuerpo se tensaba, a la vez que sus dedos se deslizaban con facilidad, permitiéndole frotar plenamente el interior, dejando que su dedo índice y sus dedo corazón llegaran a introducirse por completo. Una segunda ola de placer llegó al cuerpo de la princesa mientras que se volvía a arquear con mayor fuerza, corriéndose sobre la mano de su hermana, llenándola de sus fluidos de la pasión.

—¡Ahhhh…!— gritó la chica mientras volteaba la cabeza, llena de placer por completo, y su cuerpo sintiéndose como en las nubes.

—Válgame, ese sí que ha sido un precioso orgasmo—Dijo Allen con emoción mientras se montaba sobre la cama, mirándola con ojos de ternura, para después inclinarse sobre ella y besar su frente aun cubierta por el sudor, tan sólo para después, bajar sutilmente y besar sus labios con pasión.

La chica no se abstuvo de regresar aquel beso de lleno, sintiendo de nuevo su cuerpo arder un poco en el interior, liberando el restante de éxtasis que había en su cuerpo. Realmente se sentía muy excitada en ese momento, y seguramente lo estaría más en poco tiempo gracias al afrodisiaco.

Tan pronto como se separaron, Rilliane se mantuvo durante unos momentos con la mirada perdida en el techo cubierto de tela blanca, tan solo dejando caer un poco de saliva de su boca, a la vez que de entre sus piernas continuaba saliendo el ligero fluido transparente y espeso que lubricaba su interior.

Tras haberse separado, Len la miró intrigado durante unos instantes, justamente antes de que, a causa del tiempo pasado, las dos miradas terminaran cruzándose y encontrándose en el mismo punto.

Y de manera insospechada, los dos se pusieron a reír de manera leve, siendo ella la primera en haber roto el silencio, y seguida por él tras unos instantes. Para cuando los dos terminaron de reír, el cuerpo de la chica ya se sentía mucho más relajado que antes, a diferencia del príncipe amarillo, quien ahora podía sentir como su erección incomodaba su postura al mantenerse con la espada recta.

—Me encanta que tu cuerpo siga reaccionando con el mínimo toque de un pétalo— dijo él mientras tomaba su mano y besaba la palma de manera cariñosa, para después pasar su otra mano por su cabello, deshaciendo el moño que tenía mal atado y desacomodado sobre su cabeza, y provocando que callera de lado.

—Bueno, aquello fue más que el simple roce de un pétalo— replicó ella mientras se levantaba un poco, quedando ambos sentados el uno enfrente del otro, ella aún con un sentimiento de pena en su interior por haber reaccionado de manera tan sensible ante aquellos toques tan básicos, sintiendo la necesidad de defender su feminidad, y de alguna maneara, cobrándoselo.

Así fue como en poco, en un simple instante de ocurrencia, Rin recogió el pequeño lazo que se había caído de su cabeza, extendiéndolo a la vez que tomaba la mano de su hermano, para después dejar que este mismo moviera la otra de manera voluntaria, tan solo para observar lo que se le ocurriría ahora a su gemela.

—¿Qué haces?— preguntó intrigado mientras que la chica ataba sus muñecas con un fuerte nudo, y luego lo tumbaba sobre su propia espalda.

—No te preocupes, deja que me ocupe de ti— le pidió con una muy notoria amabilidad, algo que ciertamente él no esperaba ver aquella noche, para después sentir como las manos de la rubia se movían ágilmente hasta alcanzar la punta de su miembro, y comenzando a acariciarlo y presionarlo.

—¡No toques eso!— le pidió asustado mientras que abría los ojos hasta el punto en el que casi salían de sus cuencas, pidiendo aquello de manera necesaria, debido a que no deseaba que su semilla se liberara de pronto, antes del momento más deseado.

—Silencio— le ordenó ella mientras bajaba a la altura de su entrepierna, sintiendo como sus dedos comenzaban a llenarse del fluido pre—seminal, comenzando a deslizarse con facilidad —Debes de soportar tu merecido— le dijo con voz valerosa mientras que comenzaba a acariciar de igual manera la base del pene.

Len no pudo evitar sentirse igual que hacía unos momentos atrás, con un calor intenso recorriéndolo por completo, desde sus caderas hasta el último punto de sus extremidades, cada parte de él levaba la temperatura.

Para el siguiente instante, y apenas dando un parpadeo, su hermana comenzó a lamer su miembro con la lengua, acariciándolo con delicadeza por la parte inferior, para después introducirlo con cuidado dentro de su boca, protegiéndolo de sus propios dientes.

Lentamente, pasaba su lengua por debajo del pequeño pellejo del prepucio, ocupándose de abarcar todo el glande con su lengua, procurando cubrirlo todo con saliva, facilitándole así la fácil masturbación que hacía con sus dedos en la parte inferior.

—¡No…!— replicó Len al sentir su temperatura elevarse con facilidad, llegando al orgasmo a una velocidad mayor a la que podría haber deseado, lanzando una pequeña línea espesa y larga de semen sobre la mandíbula y las manos de su gemela, mientras que ella volvía a sacarlo un poco de su boca para poder complacerlo más con la parte frontal de la lengua.

El príncipe se mantuvo recostado, volteando su cabeza de lado, esperando a que su gemela se burlara de él debido a su escasa duración sexual. ¿Qué habían sido, unos treinta segundos, máximo noventa? Quién sabe, pero a diferencia de la humillación que esperaba, recibió una cálida mirada de su hermana, una mirada que demostraba lo preparada que se sentía.

Al parecer le había agradado, pero ninguna palabra salía de su boca mientras que ella solamente lamía el resto de los fluidos de su mano, con intensión de verse provocativa ante él.

—¿Ya hemos terminado?— le preguntó como si esperara a que hubiera algo más por venir por parte del chico, y a la vez, se sentía como una pregunta bastante sólida.

De alguna manera, ya no recordaba siquiera que ella fuera su misma hermana con la que había peleado hacía dos años, o inclusive esa misma noche, aunque tenía el temor de que todo fuera a causa de aquel afrodisiaco que al parecer era tan fuerte. Lo que sabía, era que ella estaba disfrutando aquel comportamiento que se desarrollaba, y que él la haría disfrutar de mejor manera, quizá logrando así una mayor confianza cuando la noche de bodas finalizara.

—Bien…— dijo piel mientras se le acercaba y le ponía las manos en la espalda, aún atadas con el moño, llevándola con ambas manos, y provocando que terminara justamente sobre sus piernas, con su miembro haciendo contacto directo con la húmeda intimidad de su gemela —Esto va a ser más que el roce de un pétalo— le advirtió mientras que acomodaba las piernas de ambos para que ella se sentara justamente sobre él, siendo ella guiada sin ninguna queja, pero con una ligera inseguridad, hasta quedar en aquella posición que propiciaba el instantáneo acto sexual.

El chico le besó con cariño en el cuello, a la vez que acariciaba su espalda baja, sintiendo al instante la inseguridad que recorría la mente de la chica, a la vez que su cuerpo se lo expresaba con nervios y tensión, sin siquiera querer levantarse.

—Vamos, hermanita, con esto te quiero demostrar lo mucho que te amo…— le susurró el príncipe al oído de su gemela, presionándola más en contra de ella, quedando completamente sentada sobre él, y siendo sólo su rojizo y erecto miembro lo único que sobresalía de entre los dos.

—Creo que me dolerá— dijo ella preocupada y a punto de llorar, como si de verdad temiera porque aquello pudiera pasar —Y no sólo me refiero a lo físico— le confesó mientras que le miraba avergonzada, a lo que su gemelo lo entendió a la perfección al instante.

—Se que temes a que nada vuelva a ser igual…— le dijo mientras continuaba besándola —Pero ya te lo he dicho…. De ahora en adelante tú serás la única, y yo seré tu único— le dijo con cariño —Ya te lo he jurado con mi vida…— le recordó mientras la levantaba un poco, sentándose a la orilla de la cama de sábanas desacomodadas.

—Sólo prométeme que esto lo cambiará todo…— dijo con voz corta mientras que comenzaba a aceptar su miembro dentro de ella.

—Lo prometo…— respondió a aquel último llamado de excitación, aquello último que dentro de ella le evitaba que cediera su cuerpo ante semejante cantidad de pasión. Su miembro de deslizó con facilidad dentro de ella, una vez que se sentó sobre él, abarcando casi toda su longitud, y provocando que la chica soltara un fuerte grito al aire.

Al momento en el que logró permanecer en calma con su hermana, notó que un poco de líquido se deslizaba por entre sus piernas, dando una pequeña mirada, pudo comprender que era algo de sangre, lo cual le alarmó un poco, pero luego de eso recordó haber escuchado, que el interior de la mujer podía volver a cerrarse al permanecer inerte por un tiempo, una teoría errónea del médico, quien insistía en que la virginidad se podía recuperar, aunque esto no fuera del todo falso en el caso de la princesa.

—¿Lo disfrutas?— preguntó el chico mientras la pegaba a su cuerpo un poco más, intentando usar una voz clara y sensual.

—No… no recordaba cómo se sentía— decía mientras que sentía el miembro entrando un poco más dentro de ella, provocándole otro pequeño gritillo de placer. Tan solo después de esto, Len comenzó a mover sus caderas lentamente de arriba hacia abajo, apoyando sus pies descalzos sobre la alfombra de la habitación.

Rilliane comenzó a corresponder aquellas ligeras estocadas, colocando sus rodillas alrededor de las caderas de su hermano para recargarse y comenzar el movimiento. Se podía observar cómo, con dificultad, Rin seguía levantándose a sí misma para permanecer sentada sobre las piernas de su hermano, permitiendo que el miembro se introdujera con más facilidad.

—Vamos a hacer esto bien— comentó Allen mientras soltaba las ataduras de sus muñecas, separando sus manos y sujetándola a ella por debajo del brazo y por la cintura, centrando este último agarre en sostener una de sus posaderas.

— ¿Qué quieres hacer?— preguntó ella algo alarmada mientras Len abría un poco sus piernas, permitiéndole penetrarle mejor, a la vez que facilitaba su posición y permitía que ella se sentara por completo sobre él.

— ¿Te gusta?— le cuestionó mientras la abrazaba por debajo de los brazos, sintiendo como su miembro entraba en su totalidad en su intimidad —No es mucho lo que puedo hacer, más que decir que eres asombrosa en todo sentido— le susurró mientras la sostenía mejor y la comenzaba a mover de nuevo de arriba abajo, sintiendo como la fricción en el interior comenzaba a lubricarse con los fluidos corporales de ambos.

Los movimientos constantes se aceleraban en cada momento, siendo ella quien más placer sentía al comenzar a brincar sobre sus piernas, respondiendo a sus instintos más adentros para poder centrarse en el placer que todos su cuerpo recibía con aquello.

En poco tiempo, los gemidos de la chica comenzaban a subir de volumen de manera exponencial, comenzando como meras respiraciones fuertes que hacían resonancia los golpes que la cabecera de la cama daba contra la otra pared, debido al fuerte movimiento de ambos sobre esta.

Len comenzaba a levantar de más la cadera mientras que la sostenía de la cintura para poder sostenerla lo suficiente para fortalecer cada una de las estocadas que con gusto realizaba en la intimidad de su hermana, comenzando a sentir su miembro calentarse de más.

Mientras que su hermana colocaba los brazos sobre los hombros del chico, llenos ambos de sudor y mojándose de los fluidos compartidos, los dos disfrutaban de aquello más de lo que podrían, ella intentaba que él le pudiera dar más placer en cada momento, llegando a sentir como si su intimidad fuera a fundirse realmente sobre el falo de su gemelo tras aquel fuerte calor que se distribuía de sus partes bajas a todo el cuerpo, hasta el punto en el que su mente le regresaba a los momentos en los cuales seguían siendo menores adolecentes.

—Te amo…— susurró Len mientras comenzaba a lamer su cuello, abrazándola contra su cuerpo, provocando que los pechos de ambos se tocaran el uno contra el otro, acercándole lentamente su rostro por debajo de su cuello.

—Yo también te amo…— respondió Rin de manera poco atenta a lo que siquiera ocurría a su alrededor, y correspondiendo aquella cercanía tan repentina para besar al chico en los labios de manera pasional.

Ambos continuaron besándose durante minutos enteros, jugueteando con sus lenguas, mientras que sus pechos, sus estómagos, sus vientres y sus intimidades se rozaban con inicial dificultad, pero perfeccionando el movimiento a un ritmo romántico y pasional, con el cual sus cuerpos se deslizaban perfectamente entre ambos, gracias también al sudor del sexo.

No tardaron en comenzar a sentir sus sexos volviéndose más y más calientes, dejando de sentir con tanta sensibilidad como antes, justamente antes de que una gran tensión en sus caderas comenzaba a forzarlos a bajar el ritmo, como una especie de dolor agudo que bajaba de sus interiores, pero que continuaba hasta los puntos de placer de sus partes nobles.

—Un poco más— susurró Len mientras le abrazaba con más fuerza, comenzando a besar su mandíbula para luego bajar lentamente a su cuello, gozando del dulce sudor pasional de su hermana.

Los dos comenzaron a mover sus cuerpos con más rectitud, siendo Rin la cual se inclinó más hacia adelante para que Len pudiera frotar directamente contra su mayor punto de placer, mientras que este comenzó a sujetarla más de la parte baja, para de esta manera poder ayudarla a acelerar el rápido movimiento requerido para poder alcanzar el tan preciado orgasmo.

— ¡Len… Len!— comentó a gritar desesperadamente mientras que sus piernas comenzaban a cerrarse un poco más, a la vez que su interior comenzaba a contraerse, provocando fuertes espasmos que comenzaban a presionar sobre el miembro de su gemelo.

—¡Rin, Rin!— comenzó a gritar él de vuelta mientras que la abrazaba con fuerza, sintiendo como ella apretaba con fuerza sus brazos alrededor de su cuello, pero a la vez, demasiado centrado en el dulce placer tan agotador que estaba llegando.

Finalmente, ambos pudieron sentir como sus cuerpos enteros se calentaban, a la vez que un hormigueo creciente y adormecedor se originaba en las partes bajas de sus cuerpos, provocando que ambos se corrieran al mismo tiempo, con un fuerte grito de placer.

Sus cuerpos se paralizaron durante un momento, mientras que él derramaba su semilla por completo dentro de ella, liberando más de lo que sospechaba que terminaría, siendo ella quien más extendió su placer conforme continuaba moviéndose enérgicamente, tras haber sentido la cúspide del placer dentro de ella.

—Te amo tanto, mi hermanita— susurró el chico agotado mientras que colocaba su cabeza entre el cuello y el hombro de su gemela —No quiero dejarte nunca…— le dijo con sinceridad.

—Yo también te quiero, Len…— susurró de nuevo mientras movía un poco sus piernas, sintiendo como aquel fluido espeso y blanquecino continuaba derramándose en su interior, escapando por el pequeño espacio del coito de ambos.

De pronto, y sin previo aviso, la puerta pesada se abrió, quizá levando ya un par de minutos en aquella previa acción, pero ahora revelándose lo que había detrás de la puerta, siendo un trió de sujetos las personas quienes le observaban.

Mientras los movimientos entre ambos aún continuaban, y aunque el orgasmo de los dos aún prevalecía en sus últimas instancias, el príncipe miró con recelo a quienes les miraban desde la entrada.

Piko, Miki, y el general Salta, siendo sólo los dos sirvientes los que se mostraban más impresionados en el momento, con los ojos abiertos por completo y una muy obvia vergüenza por el haber encontrado a sus amos en aquella situación tan personal.

—Nos disculpan— rompió el delicado silencio el príncipe mientras que agregaba algo de fuerza a su agarre, sin permitir que su gemela se retirara ni un poco de la unión corporal que tenían, lamiéndole un poco el hombro —Estamos haciendo al próximo rey— dijo con algo de gracia interna, tan solo para después volverse al pecho de su gemela, y comenzar a lamer con delicadeza sus pequeños y rosados pezones.

Era obvio que la chica rubia estaba consciente de la presencia de aquellos intrusos en su hogar, y aunque en un momento sentía algo de vergüenza, finalmente, el estar al lado de su querido hermano, abrazándolo de aquella manera, le hizo sentirse protegida.

Luego de que dijera eso, la puerta se cerró, siendo jalada por la mano del general.

—Idiota— dijo débilmente Rin mientras que le abrazaba un poco, todo en referencia a su anterior broma, pero siendo simplemente ignorada por el chico, quien sin advertencia alguna, se recostó en la cama, aún con su gemela sobre ella, presionando su cara contra sus pequeños pechos.

Sin decir otra cosa, se arrastró un poco estando bocarriba, llevando a su hermana con él, con algo de dificultad, hasta el momento en el que sus cabezas llegaron hasta la almohada, en donde finalmente pudo girar su cuerpo a la izquierda, y colocar a su gemela a reposar sobre su lugar para dormir.

—Te amo…— le volvió a decir, como si se tratase de su propio mantra para atraer la fortuna en su futura relación.

—Yo también te amo— contestó la chica, aún sintiéndose insegura de si volvería a amarlo de la misma manera que antes, pero sin temer en equivocarse al momento de expresarse de esa manera, simplemente, y de nuevo, temiendo a que sus sentimientos no fueran correspondidos como antes.

—Lo haremos así todos los días de ahora en adelante, te complaceré y tú serás feliz sólo por mi— le dijo el príncipe, expresando su ligero deseo posesivo sobre ella —te lo prometo— dijo por último antes de subir a la altura de su cabeza y besarle en los labios, para luego quedar dormido con una mejilla en contacto con la de ella.

Pero Rilliane no durmió por completo en absoluto, sólo permaneció recostada con su hermano abrazándola frente a frente, ambos recostados de lado y volteándose a ver el uno al otro, considerando lo que había pasado en las últimas horas, y de alguna manera, arrepintiéndose.

Sentía que era una gran idiota por el hecho de haber aceptado las palabras y las patéticas disculpas del sujeto que ahora se podría volver a hacer llamar su amante, sin percatarse de lo que esto implicaba.

Decir que se sentía alegre, no sería una mentira, pero de nuevo, todo el dolor y la humillación que había percibido al haber sido traicionada, prevalecían y se agravaban conforme el joven seguía respirando en su pecho.

Pensó más y más cosas con resentimiento, en especial al recordar los momentos en los que habían compartido en el pasado, y percatándose de cómo alguna de las cosas que había hecho en su cuerpo, jamás habían sido intentadas por los dos.

Y eso le dolía, porque le recordaba que había pasado un largo y muy activo periodo sexual con la Hatsune.

Respiró con fuerza mientras sentía un dolor intenso en su pecho y su garganta le dolía a causa del ligero sollozo que comenzaba a salir de su garganta, a la vez que algunas lágrimas salían de sus ojos.

Dejó de pensar en aquello al instante, regresó a la realidad, lejos de ese aterrador vacío en donde se había encerrado a sí misma. Ese mismo vacío que le destrozaba por dentro, y que al encontrarse dentro de él, no podía evitar preferir inclusive la muerte. Pues había sido arrojada desconsideradamente por aquel quien tanto había amado, de una manera tan despectiva, que aún en esos momentos, prefería no musitar todas las atrocidades que había jurado hacerle. Y sobre todo, un vacío del cual se le había privado a todo ser humano, aunque no se mentiría que quizá, fue Mikuo quien le ayudó a salir de este por un rato.

Si lo que había ocurrido ahora, era verdadero, entonces podría volver a confiar, y eso intentaría hacer, aunque su orgullo se lo impidiera un poco.

Volvió a besar la frente de su gemelo, para luego besar su mejilla, y finalmente el labio inferior, en una especie de ritual de cariño y gratitud a su gemelo, que ahora comenzaría a retomar.

Esa noche, todo estaba bien, ella estaba con Allen, él era de ella, y su semilla se había derramado en su fértil interior, y ya sólo el destino diría que es lo que el futuro les depararía en el mañana.

De alguna manera, por ese momento, todo estaba bien.

Por ese momento…


Fin del capítulo 13.


Notas finales:

Muy bien, espero que les haya gustado este capítulo por el que tanto habían estado esperando, es decir, desde hace como unos ocho capítulos, y eso es como un año, debido al mucho tiempo que me toma escribir esta clase de fanfics.

Si, lo se, no parece mucho esfuerzo, pero créanme que entre las tareas del instituto y las horas extras de estudio, básicamente sólo me quedan los fines de semana y otros momentos para poder continuar con el escrito.

Pero he aprendido a relajarme un poco, después de todo, casi me diagnostican una úlcera, debido al estrés que tomaba de manera innecesaria, a lo que también me provocaba más estrés y dificultades de todo tipo. Pero después de pasar por esos momentos de dolor intenso, aprendí a relajarme un poco más, y a centrar un poco más mi mente en lo importante, lo que significa que de ahora en adelante, no haré lo mismo de antes, de escribir mientras me distraía con otras cosas, ahora lo que haré, será designar un momento a escribir, y ya, así espero sobrevivir el tiempo que me falta para acabar mis estudios sin que me de un cáncer de estómago :3

En fin, basta de hablar de mi vida, si no les interesa, debieron de haber saltado el párrafo anterior, pero bueno xD

Ahora como lo ven, de alguna manera, ambos gemelos se sintieron motivados gracias a la gran cantidad de "Afrodisiaco" que Salta colocó dentro de su cuarto, aunque creo que es más que obvio que se trata de algo más que un simple afrodisiaco, incluso dejé pistas para que esto fuera obvio.

Pero en fin, como lo verán, Rilliane fue más sumisa que otras veces, y Allen se percató de sus terribles pecados del pasado, aunque he de aclarar que se mostrará mejor su sistema reflexivo que le llevó hasta ese punto en el futuro.

Por ahora, espero que hayan comprendido que ninguno de los dos estaba precisamente en sus cabales, Len sintiendo una culpa y un arrepentimiento tremendos, y Rin con una actitud sumamente sumisa, creo que Michaella no es la única que juega con las actitudes de los príncipes, aunque eso lo deciden ustedes :P. lo que puedo asegurar, es que esos fueron sus verdaderos sentimientos, digamos que, los ayudaron a expresarlos, a diferencia de las drogas de Miku.

En fin, creo que eso es todo, ya me tengo que ir a dormir, nada más déjenme decirles que este capítulo está dedicado a mi buena amiga Liliam, por su cumpleaños el pasado domingo :3

Si, se que me retrasé en eso… pero espero que te haya gustado este capítulo, que lo adelanté un par de meses para que fuera para ti :3 aunque tenía planeado hacerlo de todos modos, pensé que ya que lo esperabas más por ser la manera en la que Len y Rin se vuelven a unir en la historia, lo disfrutarías más :P

En fin, gracias por dejarme comentarios en el capítulo pasado a:

RinkuPanda: Si, bueno, aquí está la continuación, espero que te haya gustado y continúes leyendo :3

cristal12997: No te preocupes, recuerda "Todo cerdo tiene su San Martín"

Gabriela Kagamine: Y ahora sabes que jamás pensó en nadie más.

Lilliam: Espero que este te haya gustado ;_;, y feliz cumpleaños, atrasado n—n

MASCARAMENTAL357: No vi la insinuación yaoi… pero bueno.

Airam Kagamine: Ya veremos lo que pasará en el futuro, pues si este capítulo ha hecho algo, no ha sido más que levantar las cenizas de un amor acabado.

Shioo: Gracias, aprecio mucho tu comentario :3

Magus: Y Ahora que piensas de Salta? Tus opiniones me agradan mucho :P

LoreSxS4ever: Espero que hayas disfrutado este.

Angy: Muchas gracias :D

Richy Escorpy: Me resulta raro que digan que mis historias son tan buenas, pero gracias :)

En fin, he revelado más datos en las respuestas que en el mismo fanfic xD

Espero que les haya gustado, déjenme su opinión de lo ocurrido y por favor, si es que pueden, recomiéndenselo a algún amigo o familiar suyo :D

Me despido, pues mañana tengo exámenes —3—

_.—Bye—._


P.D.: Ohhhh (Grito de Un show Más), cien reviews :DDDDD muchas gracias por eso :3 espero llegar a los 200.