CAPÍTULO 12

Cuando la de Toledo cierra la puerta, Sai se despide de Tenten y Hinata y regresa a su habitación. Juraría que aquel alarido que ha escuchado era algo muy distinto a uno de esos vídeos de broma. Parecía más bien un grito de dolor, como si una persona se hubiese hecho daño. Pero ¿quién? ¿Y por qué les habría mentido Sakura?

Y si..

Tiene una intuición. Siente curiosidad por saber si sus sospechas son ciertas y decide investigar. El sevillano está a punto de salir de la 1152 cuando escucha como se abre la puerta de la 1151. Sigilosamente, se asoma y descubre a Itachi marchándose del cuarto de Sakura. Imaginaba algo así. ¿Qué hacía él allí y por qué ella lo ha ocultado?

No lo entiende o no quiere entenderlo. Pero lo que comprende aún menos es lo que ha sentido al presenciar la escena: un extraño escalofrío que le ha recorrido desde el cuello al estómago. ¿Se han liado el primer día?

Imposible. No puede ser. Sakura no parece esa clase de chicas y ha dicho una y otra vez que no quiere nada con nadie. Que está allí para estudiar y nada más. El malagueño es muy lanzado y seguro que se ha fijado en ella, pero no es posible que esos dos… ¿O sí? No. Definitivamente, debe haber una explicación. Sai sale otra vez de la habitación al escuchar que Itachi se ha metido ya en la suya. Está en frente a la puerta de Sakura y duda si llamar. ¿Qué le dice? Si ya se han despedido y deseado las buenas noches. Además, puede dar la impresión de que la está espiando o que está demasiado pendiente de ella. Solo es el primer día de residencia, aunque tiene la sensación de conocerla desde hace mucho más tiempo.

Finalmente, decide dar media vuelta y no llamar. Mañana seguirá conociendo a esa chica tan especial. Regresa a su habitación, pero, cuando va a entrar, se abre la puerta de la 1154. Sai observa a un joven no muy alto con la cabeza casi completamente rapada y con barba de unos días. Ese un tipo con un aspecto curioso.

—Hola—le saluda sorprendido aquel chico. Al parecer, no esperaba encontrarse con nadie a esas horas por el pasillo.

—Hola. Soy Sai.

—Yo, Kiba. Encantado.

Se dan la mano y se quedan en silencio por un momento.

—Voy a por un sándwich. No he cenado.

—¿A por un sándwich? ¿Dónde? ¿La cafetería no cierra a las diez y media?

—Sí. Pero hay una máquina en la habitación contigua a la sala de estudios. La vi antes.

—¿En serio? Ni idea —responde Sai, que no sabía de la existencia de ese cuarto. —Te acompaño.

Los dos chicos caminan juntos hasta la habitación en la que está la máquina de sándwiches. Al lado hay otra de refrescos y una máquina de café. Mientras Kiba decide que sándwich escoger, le cuenta a Sai que es valenciano y que estudiará Comunicación Audiovisual.

—Una de las chicas de nuestro pasillo también vive en Valencia, aunque es peruana —le comenta el sevillano.

—Ah. Bien. ¿Os habéis conocido hoy?

—Sí. De los nueve que somos en el pasillo 1B, solo me falta por conocer al de la 1159. Mañana te presentaré al resto. Son buena gente.

Kiba hace un gesto de aprobación y elige por fin un sándwich de pavo. Son tres euros justos. Luego echa otro euro en la máquina de refrescos y saca una Coca-Cola Zero. Le ofrece a Sai, que declina la invitación.

—¿Y tú que vas a estudiar?

—Publicidad —responde el sevillano acomodándose sobre la únicaa mesa que hay en aquel cuarto. El valenciano abre el sándwich y le da un mordisco. Después, bebe un trago de su refresco. Mientras el chico come, Sai le cuenta los motivos por los que ha elegido aquella carrera y lo que le parece la residencia. Hablan durante un buen rato y, rápidamente, se caen bien.

—Espero adaptarme pronto a todo esto —indica Kiba cuando termina la Coca-Cola.

—Por qué no te ibas a adaptar? ¿Has dejado a alguien en Valencia?

—A mi familia.

—Ya, pero ¿tienes novia?

El chico reflexiona un instante antes de contestarle. ¿Tiene novia? No puede explicarle exactamente qué es lo que tiene, por que ni él mismo lo sabe. Lo de Karin continúa siendo un misterio una historia complicada. ¡Si no le ha contado ni de dónde es!

—Sí, tengo —responde sin dar más detalles. —Vamos ya para la habitación?

El sevillano nota que su preguntado ha puesto un poco nervioso. No sospecha motivos, ni tampoco va a insistir más. Asiente con la cabeza y los dos regresan al pasillo. En el camino se cruzan con un par de estudiantes; se nota que no son de primer año. Observan a Sai y a Kiba con cierto desagrado y, comentan algo entre ellos. Ambos son altos, fornidos y tienen cara de pocos amigos. Los chicos pasan de largo lo más deprisa posible, aunque se dan cuenta de que esos dos los han mirado mal.

—¿Los conoces? —pregunta el valenciano.

—No, no sé quiénes son. Aunque parecen veteranos.

—Por la mirada que nos han echado, lo que parece es que no les hemos gustado mucho.

—Igual es una manera de marcar territorio. De enseñarnos a los nuevos quién manda aquí —insinúa Sai algo procurado.

—¿Como en el salvaje Oeste? ¿Tú crees?

—Puede ser. Pero no pienso enfrentarme con nadie. Y menos con dos tíos como esos.

—Tu todavía podrías hacerles frente, pero yo…

Sai sonríe y abre la pesada puerta del pasillo. El chico le resulta simpático. Y lleva razón en que si esos dos veteranos la tomaran con él, tendría poco que hacer.

—A lo mejor si nos unimos todos los del pasillo, podríamos derrotarlos. Itachi y Gaara están fuertes.

—Prefiero no correr riesgos. Nunca me he peleado con nadie.

—Yo tampoco, soy bastante pacífico.

Los dos jóvenes se dan las buenas noches y se despiden hasta el día siguiente. Sai entra en su cuarto algo cansado. Ha sido un día repleto de nuevas sensaciones y emociones. Se quita el pantalón y la camiseta, que coloca bien doblados en la silla, y se tumba en la cama con el portátil delante. Echa un vistazo a su cuenta de Twitter y ve que le ha empezado a seguir Konansexy15. Es la hermana de Sakura. Mira su apartado de vídeos y fotos, que justifica plenamente el "sexy" del nick. La jovencita posa sugerentemente en varias de las imágenes. Es relamen guapa, como su hermana. Sin embargo, tiene ese punto de picardía que le falta a la universitaria. Le da al botón de "seguir" y curiosea en su lista de followers. Son más de quinientos, y uno de ellos es el que buscaba.

La imagen que Sakura tiene como foto de perfil en Twitter no tiene nada que ver con la de Konan. está seria, sin mirar a la cámara, con un jersey que le tapa hasta el cuello. El último tuit que ha escrito hace referencia a su primer día en la residencia, con una foto adjunta de su habitación. Es de esa tarde.

" Comienza una nueva etapa. Aquí pasaré los próximos meses. Ilusionada".

Sai también le da a la pestaña de seguir a Sakura y se dedica durante unos minutos a mirar sus fotos. En muy pocas sale sonriendo. La expresión de su cara es la misma en casi todas: firme, seria, inteligente, segura… Parece una chica sin fisuras. Sin embargo, él ya ha descubierto su punto débil: su imperfecta perfección.

¿Qué estaría haciendo Itachi en su cuarto y cuál fue el motivo de aquel grito? Resopla y continúa revisando las imágenes de su perfil. Cuando llega a la última, una foto de las dos hermanas juntas de hacer tres veranos, Konan en bikini y ella embutida en un albornoz azul oscuro, se da cuenta de que tiene un mensaje privado.

"¿Qué haces todavía despierto? ¡Duerme ya, que mañana vas a tener ojeras! Por cierto, gracias por seguirme. También te sigo"

La autora del mensaje directo es Sakura. El joven se sorprende al leerlo, ya que no esperaba que le escribiera a esas horas. con una sonrisa en los labios, contesta:

"¿Y tú? ¿Por que no estás dormida ya? Como llegues tarde el primer día, te volverás loca, chica perfeccionista"

Borra lo de "chica perfeccionista" y le envía el mensaje. No pretende enfadarla con el tema de su obsesión. A los pocos segundos, recibe respuesta.

"No puedo dormir. Estoy nerviosa. No sé qué me pasa. Tenía muy claro lo que iba a ponerme mañana, pero ya no estoy tan segura."

Y un nuevo mensaje a continuación, un minuto más tarde.

"Quizá ir con una chaqueta y un pantalón negro sea demasiado elegante. ¿No te parece? ¿Y una falsa? No sé"

Sai recibe tres nuevos mensajes privados de Sakura hablándole de lo que debe o no debe ponerse al día siguiente. Parece muy tensa. Para la chica es algo de una importancia capital. Sin embargo, esa misma cuestión es para él algo insignificante. El sevillano también valora su imagen , pero ni siquiera se ha parado a pensar en cómo irá vestido a la primera clase.

Decide no responderle. Prefiere ir a su habitación e intentar tranquilizarla. Se pone de pie otra vez,se vuelve a vestir y se peina frente al espejo del cuarto de baño. Listo. Abre la puerta y… delante se encuentra Sakura. Lleva un pijama de verano que muestra más de lo que hasta ahora había visto de ella. El pantalón corto rosa le queda perfecto y deja a la vista unas piernas largas y bronceadas. La parte de arriba es muy ajustada e incluso tiene desabrochado el último botón.

—Iba a ir a ir a verte yo ahora — dice el chico, aún asombrado por la aparición de Sakura. Ahora es él quien se ha puesto nervioso.

—Ah. Qué casualidad.

—Sí. Me has leído el pensamiento.

La chica sonríe y se coloca el pelo por detrás de las orejas. Se da cuenta de que Sai se ha fijado en el detalle del botón y disimuladamente lo abrocha.

—¿Puedo pasar?—termina preguntando después de unos instantes en silencio.

—Claro. Perdona, entra.

La joven toledana agacha la cabeza y atraviesa el marco de la puerta de la habitación de Sai, que cierra cuando ella está dentro. La tiene delante, y sus ojos se desvían un segundo en su pantalón de pijama, aunque, rápidamente, se siente culpable y aparta la vista. La invita a que se siente en su cama y él lo hace en la silla.

—¿Tienes café? —pregunta Sakura muy seria. Enseguida sonríe. —Era una broma. Los manchegos no tenemos vuestra gracia andaluza.

—El humor toledano tampoco está mal. Mira a José Mota.

—José Mota es de Montiel, un pueblo de Ciudad Real.

Sai castiga su fallo dándose una palmada en la frente, aunque lo hace de modo cómico.

—¿Qué problema tienes con la ropa de mañana? —le pregunta el joven cambiando de tema.

—Me queda todo mal. No podía dormir, he empezado a probarme cosas y no me siento bien con ninguna.

—¿Estás hablando en serio?

—Totalmente.

—Pues… puedes ir con ese pijama —indica Sai sonriendo con picardía .— Te aseguro que parece que te lo hayan hecho a medida.

—No seas tonto.

—Tonta tú, que dices que te queda mal todo —replica el chico molesto.

—Es mi primer día en la universidad. Mis compañeros y profesores tendrán una primera impresión de mí. Todo tiene que ser perfecto. Especialmente la ropa con la que vaya.

Sai suspira y cabecea desesperado. Esa chica no tiene solución, aunque le gustaría convencerla de que no siempre tiene que ser o ir perfecta. Algo que trataría de hacer durante aquella noche. Una noche que acabó tarde, entre confesiones de madrugada.