Show time
Swan se despertó aquel día con sus nervios a flor de piel. Apenas había abierto los ojos y su corazón ya estaba acelerado y sus manos temblorosas ante tanta ansiedad, al fin y al cabo el tan esperado día había, finalmente, llegado.
Se levantó de la cama de un salto, miró por la ventana y vio que hacía un hermoso día, lo que estaba bien. Cogió su móvil y comprobó sus redes sociales, y en todas tenía recuerdos de que ese día era el día del espectáculo. El grupo de sus compañeras de ballet incluso está bloqueando el móvil de la rubia con tantos mensajes que las chicas se enviaban sin parar.
—¿Toc, toc?—August llamó a la puerta y la abrió un poco, haciendo a Emma sonreír.
—¡Has venido!— Emma sonrió y le hizo espacio para se sentara.
—Claro que sí. ¿Acaso pensaste que me iba a perder tu primera vez estrenando un espectáculo de tal calibre?— dijo dándole un beso en la mejilla —Va a haber mucha gente, Emma. Es probable que salgas en la televisión, porque, ¿sabes, no? Esa compañía de danza es conocida nacionalmente.
—Está bien, eso me deja más tranquila— la muchacha respiró hondo algunas veces, haciendo al hermano reír.
—Sabes que te saldrá bien, ¿o no? Y bueno, nosotros estaremos allí aplaudiendo y gritando hasta quedarnos afónicos cuando actúes tú— dijo
Emma sonrió y agarró la mano del hermano, mirándolo a los ojos.
—Estoy muy feliz de que estés aquí. Es genial saber que mi familia va a estar presente en algo importante para mí.
La sonrisa que August enarbolaba en su rostro desapareció y su mirada se desvió hacia la pared.
—En cuanto a eso, no estoy muy seguro
—¿Cómo? ¿De qué estás hablando? Si tú estás aquí, la familia está completa. Unida— había un cierto temblor en su voz
—Papá salió temprano y dijo que solo volvería tarde en la noche— aquellas palabras hicieron que Emma se entristeciera, borrándole la sonrisa de sus labios.
—No lo entiendo— dijo cabizbaja
—¿No me habías dicho que tu relación con él estaba pésima? ¡Entonces, Emma! Velo por el lado positivo. No va a haber nadie que te haga enfadar en este día tan importante para ti.
—Sí, Gus. Parte de mí está feliz porque él no va a ir, al final, últimamente no consigo mantener una conversación con él, pero, otra parte de mí está…no sé, con rabia. El ballet es lo único que papá me permite hacer, y es en lo único que sé que soy buena y cuando tengo la oportunidad de mostrárselo, ¿no va a estar?— lloriqueó —Sé que ve el ballet como solo un hobby que no me va a llevar a nada, a fin de cuentas, él cree que mi marido me va a sustentar, así que no importa. Pero el ballet, la danza…es mi vida, August. Cuando estoy bailando, yo…Me imagino en otra dimensión. Sé que esto me va a traer grandes oportunidades en la vida, y bueno, si no me las trae, lucharé por otra cosa en la que crea— algunas lágrimas se acumularon en los ojos esmeralda de la joven —Solo querría que él viera mi potencial, y viera que esto no es un juego para mí. Es mi vida.
—Emma, préstame atención— el hombre agarró las manos de la joven, llevándoselas a su corazón —No necesitas probarle nada a nadie. Solo a ti misma. Saca ese potencial para ti misma, y ve lo increíble que eres. Mucho más de lo que sabes que eres— Emma sonrió convencida —Si él no va a estar, bueno, allá él, quien sale perdiendo es él. Mamá, Mia, Rose, Killian y yo estaremos vibrando por ti.
—Gracias. Gracias por todo— Emma abrazó al hermano, saltando a su cuello.
La puerta fue abierta, dejando ver la pequeña figura de Amelia, que aún llevaba su pijama y tenía el cabello más revuelto del mundo.
—Mamá nos está llamando para desayunar
—Eh, ven acá— Emma llamó y la pequeña obedeció, sentándose entre los hermanos —¿Sabes que eres muy guapa?
—¿Qué quieres?— apretó los pequeños ojitos, alternando la mirada entre Emma y August —Ya me gasté todas las monedas que junté comprando un juego nuevo, Emma. No tengo más dinero.
—¡Eh! ¿Crees que te diría que eres guapa a cambio de dinero? ¡Qué absurdo! ¡Ven acá, pequeña!— la rubia atacó a su hermana pequeña, haciéndole cosquillas en su barriga, junto con August que reía sin parar. Solo se detuvieron cuando vieron que la pequeña ya no tenía más fuerza para reír.
Por la tarde, Emma estaba igual que una hormiga por la casa. La joven tenía que estar en el teatro donde se representaría el espectáculo dos horas antes del show. Sabiendo eso, corría por todos lados juntando las cosas que tenía que llevar, metiéndolas en su mochila.
Rose estaba allí para darle ánimos a su amiga, que casi necesitaba una bombona de oxígeno para respirar.
—¿Lo has cogido todo? Tienes que salir en media hora—gritó Rose desde el cuarto para que Emma, que estaba en el baño pudiera escucharla.
—Calma, vamos a comprobar— dijo entrando en la habitación y mirando sus cosas sobre la cama.
—Ok, comenzamos por lo más importante. ¿Traje?— Rose estaba con la lista en las manos, donde habían escrito todo lo que la joven necesitaba llevar.
—Comprobado
—¿Zapatillas?
—Comprobado
—¿Medias?
—Comprobado
—Hm…Vaya, ¿cuándo se volvió tu letra tan mala?— Emma reviró los ojos y rió —Ok. ¿Horquillas, diadema y maquillaje?
—Comprobado, comprobado y comprobado.
—¿Confianza y un Voy a arrasar?— Rose dejó la lista en cualquier lado y encaró a Emma, que tenía una expresión de miedo e inseguridad —¡Emma! ¡Comprobado!
—¡Estoy muy nerviosa, Ro!— respiró hondo —Pero está bien. Comprobado. Voy a arrasar.
—Esa es mi chica. Vamos, te ayudo a bajar todo a la sala— dijo cogiendo la mochila de la cama.
En la sala de estar, Ingrid estaba sentada viendo la tele junto a sus otros dos hijos.
—¿Estás segura de que no quieres que te lleve?— dijo August
—No es necesario. Quedaos vosotros el coche, por si lo necesitáis. Rose me llamará un Uber— con la salida de George, solo quedaba un coche en la casa, y para que el resto de la familia pudiera llegar al teatro necesitaban el coche de Emma, a fin de cuentas, dos adultos y un niño no podrían ir en la moto de August.
—Hija— Ingrid se levantó con algo de dificultad, lo que provocó que Emma frunciera el ceño y agarrara a la madre por la muñeca —Buena suerte, ¿hum? Te va a salir increíblemente bien. Recuerda lo que siempre te digo: eres una bailarina hermosa y con talento. La más hermosa del mundo entero.
—Gracias, mamá. ¿Estás bien?— preguntó analizando a la madre, dándose cuenta también de que estaba nítidamente más delgada.
—Solo un poco cansada— dijo estirándose —En fin…Te veo en el escenario, mi amor. Arrasando como siempre haces.
—Te quiero. ¡Os quiero a todos!— dijo sonriente
—Emma, el coche ya está en la puerta— avisó Rose
—¡Hasta más tarde!— dijo mientras se dirigía a la puerta dando saltitos, escuchando los gritos de buena suerte de su familia y amiga.
Al llegar al teatro, Emma vio una aglomeración de alumnas en la puerta de atrás, entonces pagó el trayecto y se encaminó rápidamente hasta allá, siguiendo el flujo de gente. Entró en el sitio y se deparó con un enorme pasillo y una infinidad de puertas.
—¡Emma!— Chelsea surgió detrás de la joven y la abrazó
—Hola. ¿Estás nerviosa?— preguntó
—Ah, no mucho. Estaba más el año pasado cuando tenía el papel principal, pero este año, ya sabes, solo soy un patito más entre todos los demás— dijo apoyándose dramáticamente en una pared, haciendo reír a Emma.
—No sé si a los cisnes les gustaría ser llamados de simples patitos— una voz ronca y firme resonó detrás de las chicas, haciendo que ambas se estremecieran. Se giraron al mismo tiempo, divisando a la dueña de aquella voz: Regina Mills.
—¡Señorita Mills! Estaba bromeando. Sé que son cisnes— dijo Chelsea nerviosa. El miedo que sentía hacia la profesora era palpable.
Regina sonrió ligeramente.
—Bien, tengo que hablar un momento con la señorita Swan. ¿Por qué no va yendo al camerino? Es la quinta puerta a la izquierda— dijo
—Claro— Chelsea se marchó, dejando a las dos mujeres a solas
—Entonces, ¿qué tienes contra los patos?— preguntó Emma con una ligera sonrisa en el rostro, haciendo a la mujer reír y mover la cabeza de un lado a otro.
—Absolutamente nada. Son muy graciosos, pero…¿te gustaría que empezara a llamarte señorita Duck en lugar de señorita Swan?— preguntó
Emma rió y encaró a la mujer
—Bueno, definitivamente no
—¡Entonces estamos de acuerdo en que los patos son patos, y los cisnes, cisnes!— dijo convencida —¿Entonces? ¿Cómo te sientes?
—Un poco nerviosa, pero son nervios buenos. Sé que me va a ir bien.
—No tengo la menor duda de eso— alcanzó el hombro de la joven, acariciándolo. Emma giró su mirada hacia su mano y no consiguió evitar una sonrisa —¿Por qué no vamos a nuestro camerino a empezar a maquillarnos y todo lo demás?
—Uhm…¿Nuestro camerino? Pensé que tenías uno propio— dijo echando a caminar al lado de Regina
—Oh, no. Tú y yo tenemos uno para nosotras porque somos, bueno, las protagonistas— dijo —Podría haber puesto a David con nosotras, pero creo que no hubiera sido muy adecuado— sonrió tímida
—Oh, claro. Qué bien— por más increíble que pareciera la idea de estar a solas en un camerino con Regina, esa posibilidad hacía que el corazón de Emma palpitara más rápido —Hum…¿va a haber más gente en el camerino?
—La maquilladora y la peluquera solo. Pero estarán un rato y después se irán. ¿Por qué, Swan? ¿Tienes miedo de quedarte a solas conmigo?— puso una sonrisa maliciosa y pegó su cuerpo a la puerta, quedando cara a cara con la joven.
—Bueno, no. Es que…— Emma fijó sus ojos en la mirada marrón y brillante de la mujer, que ni siquiera parpadeaba —Quizás solo un poquito.
Regina arqueó la ceja y descendió la mirada hacia la clavícula expuesta de la rubia.
—Estate tranquila. No muerdo— dijo antes de abrir la puerta, dándole paso a la muchacha, que entró —A menos que lo pidas tú
Emma abrió de par en par los ojos al escuchar aquello.
—¿Qué?— preguntó con voz temblorosa
—Nada— rió —¡Emma, estás muy tensa! Relájate— Regina cerró la puerta y apretó los hombros de la rubia —Mira cómo de duros tienes los hombros. Estás tensa por dentro y por fuera.
—¡Estoy nerviosa!— dijo con voz firme
—Está bien. Quítate esa chaqueta y échate boca abajo en aquel sofá— pidió
—¿Qué?— Emma frunció el ceño y encaró a la profesora, que reviró los ojos
—Masaje, Emma. Venga. Haz lo que te he dicho.
Algo desconcertada, Emma asintió y se quitó la fina chaqueta que vestía, para echarse a continuación en el sofá del camerino. Algunos minutos después, sintió a Regina sentándose a su lado y apartando su cabello de los hombros y espalda, zona que se estremeció ante aquel toque.
—Solo relaja, ¿todo ok?— dijo comenzando a masajear la espalda y los hombros de la joven. Claro que la blusa y el sujetador molestaban, pero la profesora nunca le pediría a Swan que se los quitase —Mi madre siempre me hacía un masaje la víspera de alguna representación.
—Esto está bien— dijo Emma casi en un gemido. Sus ojos se estaban cerrando
—No soy una masajista, pero tengo mis trucos especiales, mis aceites, piedras…Alguna que otra vez le hago masajes a Zelena. Ella los adora— comentó
—Wow, si así está siendo genial, imagino con aceites y piedras— dijo Emma con una sonrisa, que Regina admiró —Un días de estos te cobro un masaje de verdad con derecho a todo eso.
A Regina se le hinchó el corazón al escuchar aquellas palabras dichas con tanta inocencia.
—Por supuesto— dijo suavemente deteniendo los movimientos sobre Emma, llevando su mano hasta la cabeza de la joven, donde acarició los mechones dorados con delicadeza. Emma sonrió y sus mejillas se sonrojaron inmediatamente, cosa que Regina percibió.
Swan se sentó aún con los ojos cerrados y respiró profundamente. La profesora observaba atentamente cada uno de sus movimientos, y con admiración en la mirada.
—Gracias. Estuvo genial— abrió los ojos, encontrándose a una Regina sonriente y con los ojos brillantes.
—No hay de qué— dijo suavemente
"Señorita Mills, maquillaje y cabello acaba de llegar", una voz femenina dijo al otro lado de la puerta.
—Bien, ¿empezamos?—preguntó entusiasmada antes de dirigirse a la puerta y abrir.
Mientras Regina se maquillaba, Emma se peinaba, y después se invirtieron. Sus tocadores estaban uno frente al otro, imposibilitando que las mujeres se vieran. Swan había puesto música en su móvil, creando un agradable ambiente.
Cuando las dos terminaron maquillaje y peluquería, se levantaron, quedando una frente a la otra.
El maquillaje de Emma era claro, destacando apenas un lápiz negro alrededor de los ojos, que representaba los ojos rasgados de un cisne. La sombra blanca y gris de sus párpados contrastaban extremadamente con el labial color carne en sus finos labios. El cabello estaba recogido en un moño alto con algunos mechones caídos a los lados del rostro. La joven estaba increíblemente hermosa.
Por otro lado, Regina tenía toda la zona de los ojos marcada con mucho negro. El rostro estaba pintado de blanco, contrastando con el negro de los ojos y el intenso rojo de los carnosos labios de la morena, que la hacía mantener una pose imponente. Su cabello estaba recogido en un sencillo moño detrás de la cabeza. Regina estaba sexy y linda, y eso hizo temblar un poco a Swan.
—Wow— dijo la joven al ver a la profesora —Está…Asustadora. Asustadoramente…sexy— dijo, arrepintiéndose inmediatamente
Regina sonrió de oreja a oreja y lentamente movió la cabeza de un lado a otro.
—Ya pueden marcharse. Gracias por el servicio. Ha quedado genial— les dijo a la maquilladora y a la peluquera que salieron enseguida del camerino.
La morena se acercó a Emma mirándola fijamente a los ojos esmeraldas.
—Tú estás hermosa
—Gracias. Tú también— sonrió tímidamente
—¿Estás segura de que no estoy sexy?— bromeó, provocando que la muchacha revirara los ojos
—Me salió sin querer. Disculpa— dijo
—No te preocupes— Regina se puso frente al espejo y se admiró —Incluso yo también lo creo.
Emma arqueó una ceja de forma divertida, haciendo a la morena reír.
—Voy al baño a ponerme la ropa. Tú puedes vestirte aquí, ¿ok?— dijo la profesora recogiendo su vestido, sin darle posibilidades a la rubia a replicar.
Faltaban menos de quince minutos para que comenzara el show. La clase de jazz de Zelena abría el espectáculo con una danza coreografiada por ella misma. Ya se podían escuchar los aplausos y los gritos desde detrás de las cortinas, poniendo a la joven y a todas las demás aún más nerviosas.
Cuando los alumnos de Zelena salieron, Emma abrió un poco las cortinas, con la intención de espiar, entonces vio a su familia y a sus amigos sentados en primera fila, donde también estaban Henry y Cora.
—¡Dios mío, Dios mío!—exclamó Emma al escuchar a Regina gritando que comenzarían en cinco minutos
—¡Calma! ¡Todo va a salir bien!—Chelsea agarró a la amiga por los brazos y la tranquilizó
David pasó al lado de Emma, la saludó y elogió las plumas de su cabello, y la joven sonrió agradecida. Él también estaba muy guapo aquella noche.
—¡Chicas, atención!— dijo Regina con una sonrisa en el rostro —Me gustaría daros las gracias a todas ahora, porque sé que después es tanta la euforia, que Dios mío…— rió —Aquí estamos, en un espectáculo más. Es evidente que yo muevo algunos hilos para que esto acontezca, pero nada sería lo que veis sin vosotras, que dedicáis todos los días para que esto suceda. Haya sol, ocurra una tempestad que rompa la puerta de la academia— bromeó —Hoy espero que todas triunféis. Espero que todas sintáis la ligereza de siempre en vuestros pies al ejecutar vuestros pasos. Recordad, sois buenas, y conseguiréis exaltar a ese público. ¡Es es todo!— las alumnas aplaudieran —Así que, que comience el show.
Emma subió al escenario con sus compañeras, sintiendo que el corazón se le saldría por la boca. Miró rápidamente a su madre, que le sonrió de una forma reconfortante.
Durante todo el desarrollo de la danza, Emma se sintió bien. La ligereza en los pies, citada por Regina antes de empezar, estaba ahí. La joven se sentía libre y sentía una sensación de adrenalina recorrer todo su cuerpo cuando realizaba algún delicado paso, que hacía vibrar a la platea. Las expresiones faciales de la joven combinaban con cada uno de sus pasos, a fin de cuentas, no basta ser bailarina, también había que tener mucho de actriz.
Cuando llegó su momento de dejar el escenario por unos instantes, Regina entró, asumiendo la danza con David, que hacia el papel del príncipe. Al contrario que Emma, las expresiones faciales de la morena eran rígidas y daban miedo.
Los juegos de luces del escenario ayudaban en todo. Regina bailaba con tanta facilidad que, a veces, parecía que hubiera nacido con las zapatillas puestas.
La música sonaba, el público vibraba y Regina realizaba todos aquellos pasos con la mayor dedicación del mundo.
En cierto momento, el escenario se apagó, indicando entonces la hora del duelo más esperado de la noche. El cisne blanco y el cisne negro.
Nunca, en años de vida de ese espectáculo, Regina había bailado con una alumna.
Emma volvió al escenario con delicadeza, un foco centrado en ella, el otro en Regina. Cuando el sonido de la música se hizo presente, las expresiones faciales volvieron a ponerse en marcha. El odio y el rencor con que Regina miraba a Emma, entrando completamente en el personaje, asustaba verdaderamente a la rubia, cosa que era hasta bueno, pues contribuía a sus expresiones.
Danzaron en sincronía y, en cierto momento, tuvieron que acercar sus rostros, sintiendo la respiración de la otra.
Emma sentía su corazón acelerar al encarar los ojos tan expresivos de la morena, que, en el fondo, muy en el fondo, querían decir algo.
En el último acto de la pieza, donde el príncipe cortaba las alas del hechicero Rothbart, haciendo que este perdiera sus poderes, renovando sus votos de amor con Odette, tenía lugar la boda de esta con el príncipe.
Emma sonreía en los brazos de David, que la guiaba delicadamente. Y cuando finalmente todo acabó, el elenco salió al completo al escenario, frente a la platea, que aplaudía en pie.
Swan podía ver a su madre llorando de emoción, a Mia y Henry a su lado todos entusiasmados, August gritando y sus amigos saltando de alegría. La sonrisa en los rostros de todos era enorme.
Dieron las gracias y regresaron al camerino pletóricos.
La rubia entró el camerino con Regina, saltando sin parar
—Ha sido increíble. ¡Mejor de lo que pensé que sería y, vaya, me he sentido tan bien!— se tiró al sofá
—Has estado maravillosamente bien— la elogió —Hice una buena elección al darte esta oportunidad, Emma
—Y yo solo puedo agradecértelo— sonrió
Tocaron a la puerta, que fue abierta segundos después
—¿Quiénes son las bailarinas más hermosas del mundo entero?— Zelena entró en el camerino acompañada de Henry, Cora y la familia y amigos de Emma.
—¿Quiénes?— preguntó Regina burlonamente. Henry saltó a su cuello y la abrazó
—¡Has triunfado de lo lindo! Las dos en realidad— Rose abrazó a la amiga, que se sonrojó
—Felicidades— dijo Killian
—Todo el mundo ha estado muy bien, pero vosotras habéis destacado— elogió Cora
—Bueno, arrasaron— dijo August con una enorme sonrisa en el rostro
—Aún no sé cómo hacer para dejar de llorar— dijo Ingrid secándose las lágrimas, haciendo que todo el mundo riera —Habéis estado genial. ¡Lindas, lindas!
—Ah, mamá—Emma rió y abrazó a la mujer
Tras recibir innumerables elogios, Regina se quitó la gran corona que llevaba puesta, dejándola sobre el tocador.
—Bien, será mejor que nos quitemos estas ropas y…
Antes de seguir hablando, Ingrid comenzó a toser y respirar con dificultad, llamando la atención de todos. August la sentó en una silla, y Rose la abanicaba con una carpeta.
—Mamá, ¿falta de aire de nuevo?— preguntó Emma agachándose al lado de la mujer.
—Le dio un ataque en casa antes de venir para acá— dijo August, recibiendo una palmada de la madre —Me pidió que no te lo contara, pero ya es demasiado tarde.
—No es nada. Creo que es el ambiente. Hay mucha gente y aún estoy llorando y…
—Entonces vamos para casa. Allí descansas— dijo Emma con firmeza en la voz
—¡Emma, te iba a invitar a una noche de pizza!— exclamó Henry
—¿Noche de pizza, hum?— la joven se acercó al pequeño
—Es lo que mamá, tía Zelena, la abuela y yo hacemos después de todo espectáculo. Estaría genial si pudieras venir con nosotros.
Emma y Regina se miraron. La rubia respiró hondo y se agachó, mirando al pequeño a los ojos.
—Sería muy divertido, pero tengo que ir a casa para quedarme con mi madre, ¿sabes? No se encuentra muy bien, pero no lo admite.
—Hija, puedes ir— dijo Ingrid —Yo estoy bien y August se va a quedar en casa esta noche. No estaré sola. Ve a divertirte.
—Oh— dijo Emma. Aquello no se lo esperaba —Pero no veo bien meterme en medio de vuestra familia, ¿no? Es como una tradición para vosotros.
—Por mí está bien— dijo Regina con una sonrisa en los labios —Y estoy segura de que para Cora y Zelena también. Después te dejo en casa.
—Parece que no tengo otra elección— dijo —Está bien. Pero llévala a casa rápido, ¿ok? Y llámame si pasa algo— Emma le pidió al hermano.
—No te preocupes, rubia— bromeó
—Gracias por haber venido. Los quiero mucho— la joven les dio un abrazo y se despidió de cada uno antes de que su familia y sus amigos dejaran el camerino —Entonces…¿Noche de pizzas?— dijo entusiasmada.
—¡Eso, eso!— Henry saltaba de alegría —¡Ve ya a quitarte esa ropa! ¡Estoy hambriento!
—Esa palabra es tan fea, Henry— Regina le llamó la atención —En fin, voy a cambiarme y a quitarme el maquillaje, y Emma, haz lo mismo, ¿ok?
—Ok— respondió
En la pizzería, llegó un momento en que Emma tuvo que decidir si reír o comer. La presencia de Zelena hacía que todos se echasen a reír. La pelirroja era espontánea, graciosa y atrevida, y era justamente lo que todos amaban en ella: su sentido del humor.
—¡Eres ridícula! ¿Por qué siempre acabas contando eso a los demás?— Regina cuestionó cuando Zelena terminó de contar sobre una vez en que la morena vio en un libro de magia cómo hacerse invisible, y cuando creyó que lo había conseguido, caminó desnuda por toda la casa repleta de visitas.
Emma reía tanto que su barriga parecía que iba a estallar.
—¡Ah, para! Tenías seis años. Es aceptable—dijo Cora también entre risas, recordando lo sucedido.
—Después de eso tiré aquel libro de magia a la basura. Me quedé traumatizada— dijo Regina
—Me hago a la idea— dijo la rubia. Cuando las carcajadas cesaron, Emma se acercó al oído de Regina, que se inclinó un poco —¿Cuánto será la mío?
—¿Cómo dices, Swan?— preguntó, confusa
—Ah, la pizza. ¿Cuánto tengo que dar?— preguntó
—No seas boba— Regina le dio una palmadita en la cabeza a la joven —Eres nuestra invitada
—Ah, eso no es justo. ¡Déjame pagar! Traje dinero
—De ninguna manera, Emma. Todo corre a mi cuenta. Y sin peros— dijo con firmeza, haciendo que la joven pusiera los ojos en blanco y aceptara callada.
Cuando todos se cansaron de comer, Regina se dirigió a la caja para pagar la gran comida y todos salieron del establecimiento.
La pizzería quedaba frente a un restaurante muy lujoso, que incluso podía ser el más caro de la zona. El local era muy bonito. Repleto de árboles con luces de Navidad, creando un clima confortable y familiar.
—Creo que el sueño de mi madre ha sido siempre visitar ese restaurante—dijo Emma parad frente a la pizzería —Siempre le pedía a mi padre que la trajera en los aniversarios de boda, pero nunca la trajo, así que ella desistió.
—Yo vine algunas veces con Ro…Con mi ex marido. Prefiero la pizzería— dijo la morena, arrancando una carcajada de Emma.
—Eh, nosotros vamos entrando en el coche, ¿ok?— Zelena lanzó una sonrisa maliciosa a las dos mujeres, que asintieron.
Regina respiró hondo y se acercó un poco más a Emma.
—¿Sabes? No hay nada del otro mundo allí. En realidad, hay menos. Las porciones son minúsculas.
Emma rió
—Los restaurantes de ricos son así. Pero la sensación de ir debe ser buena, por ejemplo, ¡mira aquella familia entrando!— Emma señaló —La madre con su pareja de hijos super bien vestidos y el padre…— en aquel momento, direccionando su mirada hacia el hombre que entraba en el restaurante, Emma se congeló en el sitio.
El hombre agarraba la cintura de una mujer alta, con cabellos castaños largos y mucho más joven que él, y también sonreía a los dos niños que más parecían gemelos.
—No me lo puedo creer— Emma temblaba de los pies a la cabeza, y sentía sus mejillas ardiendo.
—¿Emma? ¿Qué ocurre?— Regina agarró la mano de la rubia, que ni siquiera parpadeaba.
La joven dejó que las lágrimas resbalaran por su rostro y alzó la mirada hacia Regina, que la miraba preocupada.
—Aquel hombre es mi padre.
