Amor entre radares
Capítulo 13
Los cuatro miembros de la Resistencia se quedaron paralizados ante Kylo.
—¡Hijo! —gritó Han, pero él no le miró siquiera. Estaba concentrado en Rey.
—Solo, no creo que ahora tenga ganas de hablar con usted —apuntó Finn.
—¿Hay forma de llegar de otro modo a la sala de escudos? —preguntó el experimentado piloto.
—No —respondió Rey—. Voy a intentar contenerlo y vosotros os encargáis de eso luego.
—¿Estás loca? —exclamó Finn—. ¡Y por qué dice que le has engañado!
—Ahora no es momento de explicaciones. ¡Reculad!
Han, Chewbacca y Finn corrieron en dirección contraria a la sala de escudos, al contrario que Rey, que caminó hacia Kylo, arma láser en mano.
Kylo levantó la mano, empujando a su oponente con la Fuerza, con tal ímpetu que la joven acabó de espaldas sobre el suelo, a varios metros y casi sin respiración. El arma láser se le escapó de las manos. En seguida se puso en pie, pero Kylo Ren ya estaba sobre ella. Esquivó a tiempo la estocada y atrajo hacia sí el mango de su arma, la cual encendió y detuvo la de su oponente, que la miró a los ojos con rabia.
—¡Kylo!
—¡Me engañaste! ¡Me utilizaste!
Rey, conteniendo aún su espada, lo miró con esfuerzo.
—¡Y tú a mí! ¡Pero yo no sabía que eras Kylo!
Rey tuvo que empujarlo de una patada, porque él la superaba en fuerza física y la estaba arrinconando.
El caballero trastabilló cayendo al suelo, por lo que Rey aprovechó para correr hacia delante por el pasillo. Se encontró con diversos soldados que dispararon sus bláster sobre ella. Con la espada pudo detener los rayos.
Kylo también corría por los pasillos, siguiéndola. Notó la Fuerza en su espalda, empujándola para que perdiera el equilibrio.
Al ver al caballero de Ren, los soldados le dejaron hacer, por lo que Rey no tuvo que preocuparse por ellos.
Han, Chewbacca y Finn los siguieron prudencialmente a cierta distancia, haciéndose cargo de esos soldados cuando se daba la ocasión.
La joven Jedi se dio la vuelta de nuevo para confrontarse con su enemigo.
—¡Vale, ya, Ben! —lo llamó por su nombre real.
—¡Ben está muerto!
—¡No es cierto! Sé que cuando te hacías pasar por Matt eras él.
Aquello hizo que Kylo se quedara confuso. Rey vio cómo se llevaba una enguantada mano a la sien, dolorido.
—¡Ben! —exclamó con preocupación.
Este la apuntó con su arma, para que no se le acercara.
Los otros tres llegaron justo en ese momento, quedando Kylo en medio, entre ellos y la joven.
—Hijo… —este pasó a apuntar a su padre con la espada, para alejarlo.
—¡No soy tu hijo! ¡Mi padre me abandonó cuando más lo necesité!
La cara de Han fue de pesadumbre.
—Yo… Lo lamento…
—Ben, mírame —Rey le habló.
El inestable láser rojo volvió a cambiar de objetivo.
—Deja de llamarme así, chatarrera que no es nadie.
Ella tragó saliva, dolida.
Kylo se recompuso y le atacó.
Chewbacca apuntó a Kylo con su ballesta, por mucho que le costará disparar a quien tantos años había cuidado.
La Jedi detuvo de nuevo el sable láser de su oponente.
—¡Matt! —le gritó para comprobar lo que sospechaba.
Ren volvió a contraerse, dolorido en la sien.
—¡Matt! —gritó más fuerte ante la mirada atónita de los demás, que no comprendieron nada.
Kylo cayó de rodillas y soltó su arma, cogiéndose la cabeza con ambas manos.
Rey hizo un gesto con la cabeza a sus tres compañeros, que pasaron corriendo a su lado, desapareciendo por otro pasillo camino a la sala de escudos.
—Matt…
—No, él no existe… Lo maté —gimió Kylo—. Lo maté…
Rey apagó su láser y se inclinó sobre él, hincando la rodilla en el suelo. Cogió a Kylo por sus poderosos brazos e intentó que la mirara.
—Escúchame, él no está muerto, él es Ben. Ben eres tú…
Kylo miró a la chica tras una cortina de cabellos negros. Su demacrado rostro denotaba que había sido torturado de alguna forma, probablemente por Snoke.
—Me engañaste… —susurró.
—Y tú a mí, de la peor forma… Pero aquí estoy, he vuelto.
Intentó dialogar con él.
Kylo no pareció escucharla. Fue como si él estuviera atendiendo a otra voz.
Rey tomó la decisión de levantarse y echar a correr, aprovechando que Kylo seguía como ido.
Lo hizo con lágrimas en los ojos, frustrada. Lo primero era la misión encomendada por Leia, y después sus motivos personales, por mucho que le doliera.
Ya les había fallado una vez, y nunca más lo volvería a hacer, aunque tuviera que renunciar a sus sentimientos por aquel hombre.
Al llegar a la sala de control de escudos, Rey se encontró con Rey, Han y Finn apuntando a la Capitana Pashma que, bajo triple coacción, estaba desactivando los escudos.
—Sois unos estúpidos si creéis que será tan sencillo —la escuchó decir—. Mis tropas os matarán a todos.
—Siento discrepar —dijo Finn, que odiaba a aquella mujer, bien lo sabía Rey.
—¿Hay algún compactador o vertedero cerca? —preguntó Han, con su típica y pilla sonrisa.
—Sí que lo hay.
—Perfecto, sé cómo va… Por experiencia.
Tras quitarse a Pashma de encima, aunque fuera de forma temporal, Rey corrió junto a los demás.
—¿Y mi hijo? —le preguntó Solo, con evidente preocupación.
—Lo he dejado atrás.
—¿Por qué le has llamado Matt? —indagó Finn.
—Ahora no es el momento de dar explicaciones —contestó, ruborizada—. ¿Cuál es el siguiente paso?
—Tenemos que llegar al oscilador y dejar las cargas de explosivos allí.
Se deslizaron sigilosamente, pero fue imposible no ser detectados. Soldados de asalto les dispararon sin compasión. Rey repelió los disparos con su arma láser, mientras sus tres compañeros apuntaban con los bláster, llevándose por delante a más de un soldado.
Llegaron, no sin dificultad, al recinto.
—Tenemos que colocar las cargas en las columnas de soporte —dijo Han. Chewie discrepó con un gutural sonido.
—Es verdad, mejor en una. Ve abajo, yo la colocaré arriba.
—Vamos con vosotros —comentó Rey, dispuesta.
—¡No! Quedaos aquí, por si vienen las tropas. Al menos para contenerlas lo suficiente.
La joven observó a los dos míticos compañeros llevar a cabo su misión, con el corazón en un puño.
El Wookiee terminó su trabajo y fue a ayudar a su amigo, pero este le dijo algo y lo dejó solo colocando las cargas que faltaban, volviendo con Finn y la joven.
Ella lo perdió de vista en la oscuridad, nerviosa.
Escuchó diversos pasos por la pasarela que había y a Han gritar el nombre de su hijo, que resonó por el efecto de vacío.
La joven gritó con fuerza el nombre del viejo contrabandista.
Aparecieron entonces una tropa de soldados de asalto, a la espera de recibir instrucciones por parte del caballero de Ren, que estaba frente a su padre, en la pasarela.
Pero Rey solo podía observar el rostro de Kylo, el mismo que vio cuando se lo encontraron de camino a la sala de escudos.
Y no le gustó nada en absoluto.
