¡Hola:D! Bueno, bueno… primero ¡Muchas gracias a todas por sus reviews, alertas, favoritos, etc.etc.etc.! Me alegran la vida nOn…
Pues, tengo que advertirles que este capítulo (si Andrea Solís, para ti xD) tiene contenido para mayores de 18 años (pero siempre lo pueden leer si no sufren de problemas del corazón o nerviosismo). Nah, espero que no sea tan pervertido. Es la primera vez que escribo lemon… así que veamos cómo me va O.oU
Desclaimer: Harry Potter no es mío y solo lo uso para divertirme a lo grande ¬¬U si fuera mío, seria rica y dominaría Canadá XDD
A leer se ha dicho n.n y ¡UN FIC SIN REVIEWS NO ES UN FIC FELIZ!
La noche parecía nunca acabar, y cada uno de los habitantes que la admiraban no se dejaba de extasiar. Aquella noche, era diferente. El color azul tan profundo nunca se destiñó, las estrellas nunca estuvieron tan brillantes y alejadas… la luna nunca pudo estar más blanca. Bastaba con solo mirarla fijamente, y uno perdía el aliento. Y no solamente el techo del Gran Comedor aparentaba aquello, sino que en las explanadas se podía ver lo mismo. Aún muchos –la gran mayoría– seguían en el Baile pasándola de lo mejor, experimentando nuevas sensaciones. Mientras que otros, por los vacíos pasillos cercanos. Pero nadie, absolutamente nadie sabía sobre la existencia de otras personas siete plantas más arriba, donde en un lugar no marcado, se amaban dos personas tan distintas, que nadie pensaría que pudieran estar en aquella situación.
Nadie pensaría en su aceptación…
Cierta castaña estaba atemorizada, como también extasiada y llena de amor. Cierto rubio platino estaba anhelante, como nunca enamorado y rebosando de pasión. No la soltó. Ni un segundo desde que entró a esa habitación. No le dio tiempo para revisar el lugar –Ya lo conocía bien– y no podía dejar de depender de esos labios, y de su esencia de Granger. Justo apenas cuando había cruzado el umbral, la cargó entre sus brazos hacia la cama, mientras que ella con los dedos temblando, le quitaba la túnica negra. La posó sobre el colchón dulcemente, y se alejó de ella. La Gryffindor lo miró con esos ojos todavía brillantes, esperándole. Draco fue para el balcón, y cerró las puertas y las cortinas de seda. Hermione sacó su varita y le quitó al Slytherin la suya, e hizo aparecer unas cortinas gruesas sobre las de seda. La habitación quedó totalmente a oscuras. A pesar de todo, a pesar de que hubiese estado esperando aquel momento, se sentía más segura a oscuras. Pero esa idea fue esfumada por la sonrisa de Draco entre la oscuridad, la cual le daba toda la confidencia que necesitaba. Al diablo con todo. Sentía como unas manos frías le quitaba las sandalias de taco alto con un poco de dificultad.
-Dios¿las mujeres tenían que ser tan complejas como para usar estas cosas? –preguntó en un susurro.
-No Señor Malfoy. Los hombres tenían que ser impacientes como para no soportar que esto les tome tiempo…
-Ja, impacientes¿eh? Veamos cómo va la cosa con las mujeres…
La castaña pudo sentir como, luego de liberarse de las condenadas sandalias, el rubio se quitaba parte de su camisa y zapatos. Se deslizaba con total quietud como serpiente, pero la cosa no le fue bien al tropezarse con uno de las sandalias de Hermione. La chica escuchó una caída y una maldición, y levantó la cabeza, buscándolo. Cuando lo encontró en el suelo, supo lo que había pasado. Se moría de risa, y no dejaba de soltar carcajadas incontrolables –no cabe resaltar que golpeaba con puños a la cama–. Draco, olvidándose de su plan, fue directo a ella, la levantó por las muñecas y le robó un beso, obstruyendo las salidas de esas risas. Hermione se separó de él con rebeldía. Supo que su querido R.M.S. quería provocarla. ¿Así que con planes de crear impaciencia, eh? Ahora era su turno. Dirigió su mano hacia su rubio cabello, bajándolo por su cara, haciéndole cerrar los ojos con sus caricias… atravesando su cuello blanco, y llegando a su perfecto y musculoso pecho. Su corazón latía incansablemente. En un descuido, su mano resbaló hasta sus pantalones, justo en el cinturón. Draco abrió inmediatamente los ojos, y apreció a una leona muy roja, con risas nerviosas. Se acercó peligrosamente a ella, con su típica media sonrisa.
-¿Apresurando las cosas, mi querida Leona?
-Eso deberás descubrirlo…
-Un placer… -la tomó de la cintura y la besó profundamente, mientras que con una mano iba bajando el cierre de su vestido. Podría haberlo hecho más rápido, pero el plan era evitar precipitaciones. No quería que resulte algo más, como con otras. No. Esta vez tenía que ser especial. Porque era ella. Ella, que era única. Además, la impaciencia la tenía que sufrir ahora Hermione Granger. Le quitó el vestido con delicadeza, y de vergüenza, no se separó de su cuerpo. Sentir su roce de piel morena, hizo su tarea más imposible. Al mismo tiempo, Hermione trataba de no dejarse vencer. Divertida y lentamente, jugueteó con su cuello –mordisqueándolo, besándolo y muchas otras cosas más por decir–, mientras que le quitaba su correa y le abría su pantalón negro elegante. Poco a poco, lo dejó caer al suelo. Aprovechó el momento para subir a sus labios y darle pequeños besos sobre su sonrisa seductora. La tomó en sus brazos y con mucho cuidado, como si se tratara de una frágil muñeca de porcelana, la posó sobre el colchón nuevamente. Vio que aún mantenía las varitas en su mano izquierda.
-Oh, vamos. ¡Vota esas malditas varitas! –le reprochó, quitándoselas de la mano.
-Cuidado –le interrumpió, justo cuando estaba por lanzarlas lejos –puede que terminemos como la última vez, unidos por mi reloj y tu cadena…
-Bueno –alzó una ceja, y las tiró igualmente. –A mi no me importaría, de todas maneras… -le comentó con su media sonrisa que resaltaba en la oscuridad.
Draco se dirigió hacia ella lentamente, mientras que ella se ponía nerviosa por su mirada, que demostraba con su brillo lujuria intensa y pasión. Para lo que a la Gryffindor le pareció una eternidad, él por fin ya estaba sobre ella, haciéndole caricias inexistentes hasta ese momento. La besaba apasionadamente, para redimir todos sus nervios por el momento. Sus lenguas seguían entrelazándose y probándose hasta la última parte existente de sus bocas. Draco puso debajo de su cintura su brazo, mientras la alzaba con delicadeza, aún unidos por sus bocas, y con la otra se enfrentaba a su sujetador –prenda lujuriosa que no le ayudaba a seguir ganando por más que lo intentase-. Logró desabrocharlo, y suavemente, con una lentitud que mataba a la castaña, bajó por sus finos brazos, hasta quedar perdido en el piso. A medida que pasaban los minutos, ese piso se volvía un mar de prendas abandonadas. El rubio sentía los pechos de la castaña bajo su torso, y cada vez sentía que no podría aguantar mucho. Aunque le costase una penuria, la esperaría.
Ahora, ella sabía que estaba en su prenda más íntima –lencería que le costaría al rubio sacársela, claro, no sin antes jugar con él un poco-. Éste ya estaba por bajar su mirada y ocuparse sobre su nueva adquisición, pero Hermione se lo impidió de nuevo con besos, jugando con su cabello y mordisqueando su lóbulo y mojándolo con su lengua. Al rubio se le escapó un gemido que ahogó en el cuello de la castaña, y ésta rió con ganas. Este juego iba a ser pan comido. Una sonrisa malévola apareció en la cara de la serpiente, con la intención de no dejarse ganar. Aunque, Hermione se le adelantó, con sus manos bajando por su espalda hacia la última prenda de Draco. Hacía ademanes de sacarlo, pero –sabiendo que lo mataba- no terminaba haciéndolo. Poco a poco, lo bajaba, dejando ver un pedazo de blanca piel. Harto de estar al borde de explotar, por fin él se pudo dar pase a continuarle el juego. Se apoderó de sus pechos, primero de uno… y luego del otro, la castaña cubriendo al abandonado con las manos de él. Mas, siendo leona, no sabía cómo reaccionar, pero iba arqueando su espalda hacia él y acariciando su rubia cabellera, mientras él, le mostraba su media sonrisa sexy.
Antes de poder reaccionar, Hermione había volteado a Draco y ella ahora estaba arriba. Bajaba desde sus labios hasta su ombligo, y por fin se deshizo de la condenada prenda. El rubio la atrajo hacia sus labios y fue su turno de deshacerse de su íntima lencería. Todas ellas quedaron al olvido regadas en el suelo. Hermione no quería ser observada, y aún tenía algo de nervios. Ahora peor, y vergüenza le iba creciendo… o eso pensaba que era la sensación que sentía en su parte baja. Se pegó al cuerpo de la serpiente, pero él no la dejó y la admiró, grabándola en su memoria…
Por recuerdos que llegarían a él intencionalmente…
Las mejillas de la leona eran rojas, así como se expandían por toda su cara ese color. Draco rió y ella lo miró con cara de pocos amigos. Mas, al recordarle el significado por el que estaban ahí aquella noche, mediante un lenguaje no-verbal, le sonrió sobre sus labios dulcemente. Le amaba, y ambos lo sabían.
Sabían que por alguna razón ellos se habían juntado.
Sabían que no era cosa del destino haberse conocido por otra forma distinta.
Sabían que no era pura casualidad haberse hablado.
Sabían que se estaban amando…
La miró intensamente a los ojos. Esos brillos se fundieron en uno, preguntándose una misma cosa. Draco, se lo preguntó en un susurro, casi un suspiro, si debía. Le asintió, y le susurró antes de besarla nuevamente:
-Perdóname… -cuando la abrazó.
Soltó un gemido de dolor al tiempo que clavaba sus uñas en su espalda, y él la estrechó más entre sus brazos, sintiéndose como una verdadera basura. Se sentía desgraciado por causarle dolor. Cerró los ojos intensamente, reprimiendo el impulso de golpearse a sí mismo. Recostó su cabeza en el cuello de Hermione, y sentía que su corazón latía a mil por hora. Subía y bajaba su pecho, y él seguía repitiéndole lo que le había dicho. Pero a la castaña le iba remplazando poco a poco el dolor por placer. Le acarició su cabeza, y le alzó la mirada, encontrándose en los ojos. Lo besó profundamente, sin tenerlo que perdonar. No tenía por qué, y trato de dejárselo bien en claro.
-¿Estás… bien? –preguntó en un murmuro ronco Draco, mirándole fijamente.
-Sí, claro –respondió ésta a su vez, cerrando los ojos.
-¿De... debería parar? –le preguntó en un susurro.
-Draco Lucius Serpiente Malfoy… si paras ahora… te arrepentirás por el resto de tu vida, y yo personalmente me encargaré de ello –le amenazó con una vaga sonrisa.
-¡Muy bien entonces! –le hizo reír, y la besó con ternura.
No pudo negar que los siguientes momentos le fueron inolvidables. Poco a poco, a cada embestida, se acostumbró al ritmo y le siguió el juego al rubio. Sí, se amaron como nunca hubiesen pensado, y como nunca hubiesen sentido en su vida. Porque no era una cosa cotidiana, ordinaria, normal. Era algo especial, singular, sin comparación alguna. Porque eran ambos los que por primera vez amaban a alguien tan fuerte y puramente. Algo que no tuvieron tiempo de pensarlo dos veces, porque lo que habían descubierto entre ellos no tenía explicación alguna.
Draco, exhausto y cansado, cayó pesadamente sobre su Leona, y ambos se dieron un último beso, antes de quedar conjuntamente arropados entre sábanas. Él la abrazó con las últimas fuerzas que le quedaban, a modo de cerciorarse de que estuviese bien, y para darle las gracias. Ella le respondió con una mirada dulce, que le respondía muchas cosas. Una de ellas, era que no quería irse de ahí nunca, para volver a ser Granger y Malfoy, unos completos desconocidos y enemigos mortales. Querían ambos quedarse ahí hasta que les alcanzase la vida. Al parecer, la mañana iba aclarándose, y rehusaron a regresar. Cayeron finalmente dormidos, olvidándose de todo.
Menos de lo que pasaron.
Menos de lo que habían hecho y dicho…
Menos de aquella noche…
… En la que guardaron un secreto íntimo.
Continuará…
Bueno ¿Y qué tal? Personalmente, tuve problemas para escribirlo, porque hay que mantener un equilibrio a la hora de escribir lemon (para mí) entre lo pervertido, y lo romántico. Hay una diferencia mínima n-nU. Además que no me venía inspiración para escribir este tipo de escritura :S
Si les ha parecido un poco subido, me avisan ¿eh?
¡¡Gracias a todas y abrazos!!,
Unnurmal
