Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia es una adaptación. Al final estará el nombre de la autora y de la historia.

Aclaración: Hinata tiene 18 años y Naruto 28. Acalaro por si acaso jeje. Muy bien! Vamos a por el capítulo!!

Kyubi

El día que arrojaron el ancla en las profundas aguas caribeñas que rodeaban la casa de Kurenai, Hinata descubrió que su esposo tenía más de dos títulos. No era sólo el marqués de St. Namikaze y el conde de Konofield.

También era Kyubi.

Estaba tan sorprendida por la novedad, que literalmente se desplomó sobre la cama. No había escuchado escondida deliberadamente, pero la puerta del techo de su camarote estaba abierta y los dos marineros estaban hablando en voz alta. Hinata comenzó a prestar atención sobre lo que estaban hablando sólo cuando sus voces se convirtieron en un susurro.

Se negó a creer lo que había escuchado hasta que Asuma entró en la conversación y habló sobre el botín que habían repartido de su última correría.

Entonces tuvo que sentarse.

En realidad, estaba más asustada que horrorizada por la revelación. Su temor era por Naruto, y cada vez que pensaba en los riesgos que había corrido cuando había abordado otros barcos, se sentía descompuesta del estómago. Tenía un pensamiento funesto tras otro. Se lo imaginó rumbo a la horca, pero se permitió imaginar esa posibilidad sólo una vez.

Cuando se dio cuenta de que iba a vomitar el desayuno alejó esos funestos pensamientos de su mente.

Hinata habría estado completamente desesperada si no hubiera sido por el último comentario que escuchó de Kiba. El marinero admitió que estaba muy feliz de que sus días de piraterías hubieran quedado atrás. La mayoría de los hombres, agregó, estaban listos para emprender una vida familiar, y sus ahorros ilegales les darían un buen comienzo.

Se sintió tan aliviada que comenzó a llorar. Después de todo, no tendría que salvar a Naruto de sí mismo. Al parecer ya había comprendido el error de sus métodos. Rezó porque lo hubiera hecho. No podía tolerar pensar en perderle. Le amaba desde hacía tanto tiempo, y era demasiado devastador pensar en una vida sin que él le gritara, gruñera... y la amara.

Hinata pasó la mayor parte de la mañana preocupándose por Naruto. Al parecer no podía liberarse de su miedo. ¿Y si uno de sus hombres traicionaba a su esposo? La recompensa por la cabeza de Kyubi era enorme. No, no, no pienses en eso, se dijo. Los hombres eran muy leales. Sí, ya lo había notado.

¿Por qué buscarse problemas? Sucedería lo que tuviera que suceder, sin importar cuánto se impacientara de antemano.

No importaba lo que sucediera, ella permanecería junto a su esposo y le defendería como pudiera.

¿Asuma le habría confiado su oscuro pasado a Kurenai? Y si así era, ¿le habría dicho que Naruto era Kyubi? Hinata decidió que nunca se enteraría. No le diría a nadie lo que sabía, ni siquiera a su querida tía. Se llevaría el secreto a la tumba.

Cuando Naruto regresó al camarote a buscar a su esposa, la encontró sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida. Adentro hacía mucho calor, pero Hinata estaba temblando. Pensó que no se sentía bien. Estaba pálida, sin embargo, el síntoma más notable era que apenas le dijo una palabra.

Su preocupación se intensificó cuando se sentó tranquilamente en el bote que los llevó hasta el muelle. Tenía las manos cruzadas sobre la falda, la mirada hacia abajo y no parecía interesada en lo que la rodeaba.

Kurenai se sentó junto a Hinata y mantuvo una conversación fluida. Se secó la frente con un pañuelo y se abanicó para refrescarse.

-Pasarán uno o dos días hasta que nos acostumbremos al calor -comentó-. A propósito, Naruto, a medio kilómetro de mi casa hay una hermosa catarata. El agua baja de la montaña. Es pura como la sonrisa de un bebé. En la parte inferior hay un estanque, y sólo tienes que buscar un poco de tiempo para llevar a Hinata a nadar allí.

Se volvió para mirar a su sobrina.

- Hinata, quizás ahora puedas aprender a nadar.

Hinata no le respondió. Kurenai le dio un golpecito con el codo para que la escuchara.

-Lo lamento -dijo Hinata- ¿Qué has dicho?

- Hinata, ¿en qué estás soñando despierta? -le preguntó Kurenai.

-No estaba soñando despierta -miró fijamente a Naruto cuando le contestó. También frunció el entrecejo.

Naruto no sabía qué pensar de eso.

-No se siente bien -le comentó a Kurenai.

-Me siento perfectamente bien -replicó Hinata.

A Kurenai se le notaba la preocupación en el rostro.

-Has estado terriblemente preocupada -le señaló-. ¿Te molesta el calor?

-No -contestó Hinata. Suspiró-. Sólo estaba pensando en algunas cosas.

-¿Alguna cosa en especial? -insistió Kurenai.

Hinata continuó mirando fijamente a Naruto. El levantó una ceja al ver que no le respondía a su tía.

Kurenai rompió la lucha de miradas cuando volvió a formular su pregunta.

-Estaba sugiriendo que ahora sería una excelente oportunidad para aprender a nadar.

-Yo te enseñaré.

Naruto se ofreció para esa tarea.

Hinata le sonrió.

-Gracias por tu ofrecimiento, pero creo que no quiero aprender. No hay necesidad.

-Por supuesto que sí -le respondió Naruto-. Aprenderás antes de que regresemos a Inglaterra.

-No quiero aprender -le volvió a decir. -No necesito saber.

-¿Qué quieres decir con que no necesitas? -le preguntó Naruto-. Por supuesto que lo necesitas.

-¿Por qué?

Ella estaba tan auténticamente perpleja que él perdió un poco de su irritación.

- Hinata, si sabes nadar no tendrás que preocuparte por ahogarte.

-Ahora no me preocupa -replicó.

-Maldición, te preocupará.

Ella no podía comprender por qué se irritaba

- Naruto, no me ahogaré.

Esa afirmación le dio una pausa.

-¿Por qué no?

-Tú no lo permitirías - Hinata sonrió.

Naruto se tomó las rodillas y se inclinó hacia delante.

-Tienes razón -le respondió con un tono razonable-. No permitiría que te ahogaras.

Hinata asintió con la cabeza. Se volvió hacia Kurenai. -¿Ves, Kurenai? Realmente no hay necesidad de...- Naruto la interrumpió.

-Sin embargo -le anunció con un tono más alto-, ¿qué sucederá cuando no estés contigo?

Ella le miró exasperada.

-Entonces no querré ir al agua.

Él respiró profundamente.

-¿Y si te caes al agua por accidente?

- Naruto, esto se parece a la discusión que tuvimos sobre aprender a defenderme -le dijo con un tono de sospecha.

-Es exactamente la misma discusión -replicó Naruto-. ¡No quiero tener que preocuparme por ti! ¡Vas a aprender a nadar, y se terminó la discusión!

- Kurenai, ¿has visto cómo me grita todo el tiempo? -preguntó Hinata.

-No trates de inmiscuirme en esta discusión -respondió su tía-. No tomaré partido.

Esposo y esposa permanecieron en silencio. No intercambiaron otra palabra hasta que llegaron al muelle.

Finalmente, Hinata miró a su alrededor.

-Oh, Kurenai, todo está más verde y exuberante de lo que recordaba.

El paraíso tropical vibraba con cada color del arco iris. Hinata permaneció en el muelle mirando las colinas a la distancia. El sol atravesaba las palmeras, brillando sobre la multitud de delicadas flores rojas que salpicaban las montañas.

Las casas de madera pintadas con tonos rosa y verde pastel, y techos color cobre, contrastaban contra las montañas que miraban hacia el puerto. Hinata hubiera querido tener sus lápices y papeles a mano para capturar ese cuadro creado por DIOS. Casi de inmediato se dio cuenta de que no podía duplicar la obra maestra, y suspiró profundamente.

Naruto se acercó a ella. La expresión de inocencia de su rostro le quitó la respiración.

-¿Hinata? -le dijo al ver que se le estaban llenando los ojos de lágrimas-. ¿Te sucede algo?

No dejó de mirar las montañas cuando le respondió.

-Es magnífico, ¿verdad, Naruto?

-¿Qué es magnífico?

-El cuadro que Dios nos dio –susurró. -Mira las montañas. ¿Ves cómo el sol actúa como marco? Oh, Naruto, es realmente magnífico.

Él no desvió la mirada. Miró fijamente a su esposa durante lo que le pareció una eternidad. Un suave calor le penetró el corazón, el alma. No pudo evitar tocarla. Le acarició la mejilla con un dedo.

-Tú eres magnífica. Sólo ves la belleza de la vida.

Hinata estaba sorprendida por el esfuerzo emocional de su voz.

Se volvió y le sonrió.

-¿En serio?

El momento de no estar a la defensiva había desaparecido.

Antes de que Hinata pudiera pestañear, Naruto había cambiado de humor. Se puso enérgico cuando le dijo que dejara de perder tiempo y no se retrasara.

Hinata se preguntó si alguna vez lograría comprenderle.

Caminó junto a su tía por los tablones de madera que conducían a la calle mientras consideraba la confusa personalidad de su esposo.

- Hinata, querida, tienes el entrecejo fruncido. ¿Te molesta el calor?

-No -le respondió-. Sólo estaba pensando en qué hombre más confuso es mi esposo -le explicó-. Kurenai, él realmente quiere que me convierta en autosuficiente -le confesó-. Naruto me ha hecho notar lo dependiente que he tratado de ser. Creía que tenía que hacerlo- agregó encogiéndose de hombros-. Pensé que él tenía que cuidarme, pero quizás estaba equivocada. Creo que aún me apreciaría más si pudiera defenderme sola.

-Creo que estaría muy orgulloso de tus esfuerzos -le respondió Kurenai-. ¿Realmente quieres estar a merced de un hombre? Piensa en tu madre, Hinata. Ella no está casada con un hombre tan considerado como Naruto.

Su tía le había dado algo en qué pensar. Hinata no había considerado que Naruto podría convertirse en un hombre cruel. Pero ¿y si lo hacía?

-Debo pensar en lo que me has dicho -le contestó.

Kurenai le palmeó la mano.

-Lo resolverás todo en tu mente. No frunzas el entrecejo. Te dolerá la cabeza. ¿No es un día encantador?

Había varios hombres en la acera. Cuando Hinata pasó todos la miraron. Naruto observó con el entrecejo fruncido sus lujuriosas miradas, y cuando un hombre silbó, Naruto se enfureció. Cuando pasó junto al hombre le dio un puñetazo en el rostro.

El golpe tiró al hombre al agua. Hinata miró sobre su hombro cuando oyó ruido. Fue una acción abstraída, ya que ella también estaba tratando de concentrarse en lo que le estaba diciendo Kurenai. Vio a Naruto y él le sonrió. Ella también le sonrió antes de volverse.

Todos menos uno de los hombres salieron del camino cuando Naruto pasó. El individuo menos cauteloso tenía la nariz fina y estrabismo.

-Ella es atractiva, ¿verdad? -comentó.

-Ella es mía -le anunció Naruto con un gruñido. En lugar de golpear al insolente, simplemente le empujó fuera del muelle.

-Muchacho, te estás poniendo un poco protector, ¿no crees? - comentó Killer Bee. Sonrió cuando agregó-: Es sólo una esposa.

-La mujer no se da cuenta de su atractivo -respondió Naruto-. Si hubiera visto cómo la miraban esos malditos no hubiera caminado de esa manera.

-¿Cómo está caminando? -le preguntó Killer Bee.

-Sabes muy bien de qué estoy hablando. La forma en que mueve las caderas... -No continuó con la explicación sino que volvió a pensar en la última observación de Killer Bee-. Y ella no es sólo una esposa. Ella es Mi esposa.

Killer Bee decidió que ya había azuzado lo suficiente a Naruto. El muchacho se estaba poniendo furioso.

-Por el aspecto de este lugar veo que no podremos conseguir los materiales para arreglar el mástil.

Esa malhumorada profecía se convirtió en realidad. Después de enviar a Hinata con Kurenai y Asuma para que se instalara en la casa de Kurenai, Naruto fue con Killer Bee a explorar la diminuta villa.

Naruto no tardó en coincidir con que tendrían que viajar hasta un puerto más grande. De acuerdo con los mapas, el puerto más cercano para conseguir los materiales quedaba a dos días de viaje.

Naruto sabía que a su esposa no le agradaría oír hablar de su partida. Mientras subía por la colina decidió que se lo diría de inmediato para terminar de una vez con la inevitable escena.

Cuando llegó a. la casa de Kurenai se sorprendió un poco. Esperaba encontrar una pequeña cabaña, pero la residencia de Kurenai era tres veces más grande. Era una estructura grande, de dos pisos. El exterior era rosa pálido. La galería que rodeaba el frente y los costados estaba pintada de blanco.

Hinata estaba sentada en una mecedora cerca de la puerta.

Naruto subió por la escalera y le anunció:

-Mañana partiré con la mitad de la tripulación.

-Está bien.

Hinata trató de controlar su expresión. De pronto se sintió llena de pánico. ¿Se iría otra vez en alguna de sus correrías? Kurenai había mencionado que su casa de la isla estaba cerca de la guarida de los piratas, ubicada un poco más allá de la costa.

¿Naruto se encontraría con sus antiguos socios y correría una última aventura?

Hinata respiró profundamente. Sabía que estaba sacando conclusiones por adelantado, pero no podía evitarlo.

-Tenemos que navegar hasta un puerto más grande, Hinata, para conseguir los materiales que necesitamos para arreglar el Seahawk.

Ella no le creyó una palabra de la historia. Kurenai vivía en una villa de pescadores, y seguramente los marineros tendrían suficientes materiales a mano. Sin embargo, no dejaría que Naruto supiera lo que ella sospechaba. Cuando estuviera listo para decirle que él era Kyubi, se lo diría. Hasta ese momento fingiría que le creía.

-Comprendo -le contestó.

Naruto estaba sorprendido por su aceptación. Estaba acostumbrado a discutir con ella por todo. Su cambio de actitud realmente le preocupaba. Se había estado comportando de manera muy particular durante todo el día.

Se apoyó contra la barandilla y esperó que ella dijera algo más. Hinata se puso de pie y entró en la casa.

Naruto la alcanzó en el salón de entrada.

-No tardaré mucho.

Ella siguió caminando. Ya había llegado al primer piso cuando él la tomó de los hombros.

- Hinata, ¿qué te sucede?

- Kurenai nos dio la segunda habitación de la izquierda, Naruto. Sólo traje algunas cosas, quizá sería mejor que algunos de tus hombres trajeran mi baúl.

- Hinata, no te vas a quedar tanto tiempo aquí -replicó Naruto.

-Comprendo.

¿Y si te matan en el mar? quería gritarle. ¿Entonces qué, Naruto? ¿Alguien se molestaría en venir a avisarme? Era horrible pensar en eso.

Hinata se encogió de hombros y continuó su camino. Naruto la volvió a seguir.

La habitación que les habían asignado daba al mar. Las ventanas estaban abiertas, y el arrullador sonido de las olas golpeando contra las rocas retumbaba en la espaciosa habitación. Entre las dos ventanas había una cama grande, con una encantadora colcha multicolor. Cerca del armario que se encontraba junto a la puerta, había una gran silla de terciopelo verde. El color de las cortinas hacía juego con el de la silla.

Hinata fue hasta el armario y comenzó a colgar sus vestidos.

Naruto se apoyó en la puerta y observó durante un momento a su esposa.

-Está bien, Hinata. Algo sucede y quiero saber qué es.

-No sucede nada -le respondió con voz temblorosa. No se volvió.

Maldición, pensó, algo andaba mal, y no se iría de la habitación hasta averiguar qué era.

-Que tengas buen viaje, esposo. Adiós.

Naruto sintió ganas de gruñir.

-No me voy hasta mañana.

-Comprendo.

-¿Podrías dejar de decir comprendo? -rugió-. Maldición, Hinata, deja de actuar con tanta frialdad conmigo. No me gusta.

Ella se volvió para que viera su ceño.

- Naruto, te he pedido innumerables veces que dejes de decir blasfemias en mi presencia porque no me agrada, pero eso no te detiene, ¿verdad?

-Eso no es lo mismo -no estaba irritado porque casi le había gritado. En realidad, le complacía que estuviera reaccionando nuevamente. Estaba actuando con frialdad e indiferencia.

Hinata no podía comprender por qué le estaba sonriendo. Parecía aliviado. Era evidente que Naruto había pasado demasiados días al sol.

Se le ocurrió un plan.

-Ya que te gusta tanto usar blasfemias, debo suponer que obtienes una inmensa satisfacción cuando usas esas palabras ignorantes -se detuvo y le sonrió-. He decidido que yo también usaré palabras pecaminosas para probar esta teoría. También voy a averiguar si te gusta escuchar que tu esposa hable de manera tan vulgar.

Su risa no le molestó.

-Las únicas palabras que conoces son maldición y demonios, Hinata, porque ésas son las únicas blasfemias que he usado en tu presencia. He sido considerado -agregó asintiendo con la cabeza.

Ella negó con la cabeza.

-Te escuché decir otras palabras cuando no sabías que yo estaba en la cubierta. También escuché el colorido vocabulario de la tripulación.

Él comenzó a reírse otra vez. Le parecía muy divertido que su delicada esposa usara palabras obscenas. Era una dama tan femenina, tan suave y delicada que no podía imaginarla diciendo ni una palabra ruda.

Un grito de Asuma interrumpió la discusión

- Kurenai os está esperando en la sala -gritó hacia arriba.

-Baja tú -le ordenó Hinata-. Sólo me faltan dos vestidos para terminar. Dile que bajaré en seguida.

Naruto odió la interrupción. Se estaba divirtiendo mucho. Suspiró y se encaminó hacia la puerta.

Hinata tuvo la última palabra cuando le comentó con tono alegre:

- Naruto, es una maldita tarde de calor, ¿no es verdad?

-Así es -le respondió.

No permitiría que supiera que no le gustaba que hablara como una vulgar ramera. Lo que Hinata le decía en privado era una cosa, pero sabía muy bien que nunca usaría esas blasfemias en público.

Tuvo oportunidad de comprobarlo más pronto de lo que pensaba.

Había un visitante sentado junto a Kurenai en el sofá de brocado de la sala. Asuma estaba de pie frente a las ventanas.

Naruto asintió con la cabeza a su amigo, y luego se dirigió hacia Kurenai.

- Naruto, querido, quiero presentarte al reverendo Danzō Shimura-se volvió hacia su invitado y agregó-: Mi sobrino es el marqués de St. Namikaze.

Tuvo que esforzarse para no reírse.

-¿Usted es un hombre del clero? -le preguntó con una amplia sonrisa.

Kurenai nunca había visto a Naruto tan complaciente. Le estrechó la mano al vicario. Ella pensó que reaccionaría como Asuma. El pobre parecía que tenía un salpullido.

Hinata entró en la sala cuando Naruto se estaba sentando en una de las dos sillas que se encontraban frente al sofá.

Extendió las piernas y sonrió como un simplón.

- Danzō es el nuevo regente de la villa -le estaba diciendo Kurenai a Naruto.

-¿Hace mucho que conoce a Danzō? -preguntó Naruto antes de ver a Hinata en la puerta.

-No, acabamos de conocernos, pero he insistido en que su tía me llame por ni nombre de pila

Hinata se adelantó e hizo una reverencia ante e invitado. El nuevo funcionario del Gobierno era un hombre delgado, con gafas redondas. Llevaba una corbata almidonada blanca, pantalón y chaqueta negra, y sus modales eran austeros.

Parecía un poco condescendiente con Hinata, ya que tenía la cabeza inclinada hacia atrás y la miraba por encima de las gafas.

De vez en cuando miraba a Naruto. Tenía una notable expresión de desprecio en el rostro.

A Hinata no le agradaba el hombre para nada.

-Querida -comenzó Kurenai-, quiero presentarte...

Naruto la interrumpió.

-Su nombre es Danzō, Hinata, y es el nuevo regente de la villa.

No mencionó deliberadamente que el hombre también era vicario.

-Danzō, esta joven encantadora es mi sobrina y la esposa de Naruto. Lady Hinata.

-Encantado de conocerla, lady Hinata - Shimura asintió con la cabeza y le señaló la silla que estaba junto a Naruto.

Hinata sonrió respetuosamente.

-Tendría que haber enviado una nota pidiendo una audiencia -dijo Shimura-, pero estaba dando mi paseo diario y no pude evitar ver toda la conmoción que había por aquí. Mi curiosidad fue más fuerte. Hay varios hombres con aspecto desagradable sentados en su barandilla, lady Kurenai, y yo le diría a sus sirvientes que los alejen. No debe mezclarse con los inferiores. No está bien.

Shimura le frunció el entrecejo a Asuma cuando hizo ese último comentario. Hinata estaba sorprendida por la rudeza del hombre.

No era tan educado como pretendía hacerles creer, ya que no se había puesto de pie cuando ella entró en la habitación. El hombre era un fraude.

Hinata tomó un abanico de la mesa, lo abrió, y comenzó a agitarlo delante de su cara.

-Nadie va a echar de aquí a nadie -le anunció Naruto.

-Los hombres son parte de la tripulación del marqués -acotó Kurenai.

Hinata se colocó junto a Asuma. Era una prueba de lealtad por su parte, y el guiño de Asuma le indicó que sabía cuál era su juego. Ella le respondió con una sonrisa.

Luego Naruto le llamó la atención.

-Mi esposa estaba haciendo un comentario sobre el calor -le dijo, con una sonrisa perversa-. ¿Qué es lo que has dicho, esposa? -le preguntó inocentemente.

-No lo recuerdo -le contestó Hinata.

La mirada de satisfacción de su esposo la hizo cambiar de idea.

-Oh, sí, creo que ahora lo recuerdo. He dicho que hacía un maldito calor. ¿No le parece, señor Shimura?

Al regente se le cayeron las gafas a la punta de la nariz.

Asuma la miró sorprendido.

Naruto dejó de sonreír.

Hinata sonrió con más dulzura.

-El calor siempre me da un maldito dolor de cabeza -agregó.

Esto aumentó las reacciones.

Asuma la miró como si hubiera visto que tenía dos narices.

Su querido esposo la estaba mirando fijamente. Eso no era suficiente. Buscaba una derrota total y con ella la promesa de que nunca volvería a usar palabras obscenas.

Esperaba que Kurenai fuera comprensiva cuando le explicara su vergonzoso comportamiento. Luego suspiró y se apoyó en el borde de la ventana.

-Sí, hoy es un día asqueroso.

Naruto saltó de la silla. Como si hubiera oído una sugerencia obscena y que no podía creer, le pidió que lo repitiera.

-¿Qué has dicho? -gruñó.

Ella se sintió feliz de complacerle.

-He dicho que hoy es un día asqueroso.

-¡Suficiente! -gritó Naruto.

Asuma tuvo que sentarse.

Kurenai comenzó toser para ocultar su risa.

Shimura se levantó de su asiento y cruzó apurado la habitación. Llevaba un libro apretado en sus manos.

-¿Debe irse tan pronto, señor Shimura? -le preguntó Hinata.

Tenía el rostro oculto detrás de abanico, así que él no podía ver que estaba sonriendo.

-Realmente, debo irme -respondió el huésped

-Está muy apurado -le dijo Hinata. Bajó el abanico y le acompañó a la entrada-. Actúa como si alguien le hubiera dado una patada en el...

Nunca pronunció la última palabra, ya que Naruto le tapó la boca con la mano. Ella se la apartó.

-Sólo iba a decir trasero.

-Oh, no, no lo ibas a hacer -replicó Naruto.

- Hinata, en nombre del cielo, ¿qué es lo que te sucede? -exclamó Kurenai.

Hinata corrió hasta donde estaba su tía.

-Perdóname. Espero no haberte disgustado mucho, Kurenai, pero a Naruto le gusta usar palabras rudas, y pensé que debía probarle. De cualquier manera, este nuevo oficial del Gobierno no me importa -le confesó-. Pero si quieres le seguiré y me disculparé.

Kurenai negó con la cabeza.

-A mí tampoco me ha gustado -admitió Kurenai.

Ambas mujeres conversaban como si Naruto no hubiera estado frente a ellas. Hinata se acercó un poco más a Kurenai.

Sintió que en cualquier momento se abalanzaría sobre ella.

Ese sentimiento no le importó para nada. Siguió sonriendo valientemente y dijo:

-¿Qué era ese libro que llevaba Shimura? ¿Le has prestado una de tus novelas, tía? Creo que no te la devolverá. No parece muy fiable.

-Lo que llevaba no era una novela -respondió Kurenai, con una sonrisa gentil-. Era la Biblia. Oh, cielo santo, tendría que habértelo explicado antes.

-¿Explicar qué? -preguntó Hinata- ¿Te refieres a decirme que ese hombre condescendiente anda con una Biblia? Si eso no es hipócrita, no sé que es.

- Hinata, la mayoría de los clérigos llevan Biblias.

Ella tardó un poco en comprender.

-¿Clérigo? Kurenai, tú me dijiste que era el nuevo regente.

-Sí, querida, es un funcionario del Gobierno, pero también es el pastor de la única iglesia de la villa. Vino a invitamos para la misa del domingo.

-Oh, Dios mío -después de lamentarse, Hinata cerró los ojos.

Nadie dijo una palabra durante un momento Naruto continuó mirando fijamente a su esposa. Hinata continuó sonrojada y Kurenai continuó esforzándose para no reírse.

Entonces, la voz profunda de Asuma rompió el silencio.

-Lady Hinata, realmente es asqueroso.

-Cuida tu boca, Asuma -le ordenó Naruto. Tomó a Hinata de la mano y la levantó del sofá.

-Me imagino cuál será el tema de su sermón del domingo -comentó Kurenai. Comenzó a reírse, y en seguida tuvo que secarse las lágrimas de las mejillas- Oh Señor, creí que me moriría cuando dijiste...

-Esto no es divertido -Intervino Naruto.

-¿Lo sabías? -preguntó Hinata al mismo tiempo.

-¿Saber qué? - Naruto fingió ignorarlo.

-Que Shimura era clérigo.

Él asintió lentamente con la cabeza.

-¡Todo es culpa tuya! -exclamó Hinata-. Nunca lo hubiera hecho si no me hubieras provocado. ¿Ahora entiendes mi posición? ¿Dejarás de decir blasfemias?

Naruto tomó de los hombros a su esposa y la colocó junto a él.

- Kurenai, me disculpo por la boca de mi esposa. Ahora, dígame dónde queda la catarata -miró a Hinata-. Vas a recibir tu primera lección de natación, Hinata, y si usas una sola palabra más obscena, te juro que dejaré que te ahogues.

Kurenai los condujo hasta la parte trasera de la casa y les indicó qué debían hacer para llegar a la catarata. Cuando les sugirió que le pediría a la cocinera que les preparara un almuerzo para que se lo llevaran, Naruto no aceptó el ofrecimiento.

Tomó dos manzanas, le dio una a Hinata, y la llevó entusiasmado hacia fuera.

-Hace mucho calor para nadar -se quejó Hinata.

Naruto no dijo nada.

-No tengo la ropa adecuada para el agua -continuó.

-Qué lastima.

-Me mojaré el cabello.

-Así será.

Ella desistió. Su mente ya estaba decidida, pensó Hinata, y era inútil tratar de razonar con él.

El sendero era angosto. Ella se aferró a la parte de atrás de la camisa de Naruto cuando la subida ya era más empinada. Ya estaba comenzando a cansarse cuando oyó el ruido de la catarata.

Ansiosa por ver una parte del paraíso, como Kurenai había comentado, pasó a su esposo y tomó la delantera.

El follaje era denso y el aroma dulce de las flores silvestres llenaba el aire. Hinata sintió como SI hubiera estado en medio de un calidoscopio de colores. El verde de las hojas era el color más vívido que jamás había visto, y las flores rosa, naranja y rojas que la madre naturaleza había esparcido parecía que iban a estallar ante sus ojos.

Realmente era un paraíso. Esto la hizo pensar en una serpiente.

Naruto levantó una rama gruesa del sendero y le indicó que pasara.

-¿Debo preocuparme por las víboras? -preguntó con un susurro.

-No.

-¿Por qué no? -le preguntó, con la esperanza de que no hubiera ninguno de esos horribles reptiles en la isla.

-Yo me preocuparé por ti -le contestó.

Su temor aumentó.

-¿Qué harás si te muerde una víbora? -preguntó mientras pasaba junto a él.

-Morderla -gruño Naruto.

Ese comentario la hizo reír.

-Lo harías, ¿verdad?

Hinata se detuvo abruptamente y emitió un sonido do entrecortado de placer.

-Oh, Naruto, esto es maravilloso.

Él asintió con ella en silencio. La catarata caía sobre las rocas y luego en la olla había abajo.

Naruto le volvió a tomar la mano a Hinata y la llevó hasta el borde que había atrás de la catarata. La zona era como una caverna oculta, y cuando llegaron al centro, el agua se convirtió en una cortina que los ocultaba del mundo.

-Quítate la ropa, Hinata, mientras veo qué profundidad hay aquí.

No le dio tiempo para que discutiera esa orden y se apoyó contras las rocas para quitarse las botas.

Hinata tomó su manzana y la de Naruto y las colocó en la roca que estaba detrás de ella. Extendió la mano y tocó el agua, y se sorprendió al advertir que no estaba demasiado fría.

-Me sentaré aquí y me mojaré los pies en el agua -le anunció.

-Quítate la ropa, Hinata.

Se volvió para discutir con su esposo, y vio que se había quitado toda la ropa. Antes de que pudiera sonrojarse, él desapareció a través de la cortina de agua y se dirigió hacia la olla que estaba abajo.

Hinata dobló la ropa de su esposo y la puso contra la pared de rocas. Luego se quitó el vestido, los zapatos, las medias y la enagua. Se dejó puesta la camisa.

Luego se sentó cerca del borde y dejó que el agua le cayera sobre los pies. Estaba a punto de relajarse cuando Naruto le tomó los pies y la arrojó al agua.

Fue realmente maravilloso como para protestar. El sol brillaba y las gotas de agua parecían destellos sobre los hombros bronceados de Naruto.

El agua le llegaba a la mitad del pecho. Era tan clara que Hinata podía ver hasta el fondo. De inmediato le llamaron la atención los muslos musculosos de Naruto. Era un hombre tan atractivo, pensó. Fue muy gentil con ella y la tomó entre sus brazos.

Ella se abrazó a él y apoyó el rostro sobre su hombro.

-Eres muy confiada -le susurró-. Ponte de pie. Veamos si el agua te cubre la cabeza.

Ella hizo lo que le pidió. El agua le llegaba hasta la boca, pero sí inclinaba la cabeza hacia atrás podía respirar sin dificultad.

-Esto es hermoso, ¿verdad? -le preguntó Hinata.

Naruto estaba tratando de concentrarse en la lección de natación que le iba a dar, pero el suave y delicado cuerpo de Hinata se interponía en su camino. La fina camisa que tenía puesta se le adhería a los senos, y todo lo que Naruto quería era hacerle el amor

Cuando ella estaba cerca tenía la disciplina de un mosquito, pensó.

-¡Muy bien! lo primero que vas a aprender es a flotar.

Hinata se preguntó por qué Naruto tenía el entrecejo tan fruncido, y pensó que actuaba con tanta energía para que no discutiera con él.

-Si tú lo dices, Naruto.

-Tendrás que soltarme, Hinata.

Ella hizo lo que le ordenó de inmediato. Se deslizó bajo el agua cuando perdió el ancla y el equilibrio, y subió rápidamente. Naruto la tomó de la cintura, y luego le ordenó que se pusiera de espalda.

En muy poco tiempo, Hinata estaba flotando sin su ayuda. El estaba más complacido por lo que había logrado que ella.

-Ya es suficiente lección por un día -le dijo Hinata.

Se sostuvo de su brazo para mantener el equilibrio y luego trató de que la llevara hasta el borde.

Naruto la abrazó. Le apartó gentilmente el cabello del rostro.

Sus senos rozaron contra su pecho. Naruto se tomó su tiempo para bajarle los tirantes. Hinata no advirtió las intenciones de su esposo hasta que tuvo la camisa en la cintura.

Abrió la boca para protestar. El la hizo callar con un beso prolongado. El sonido de la catarata ahogó su gemido de deseo. A ella se le aflojaron las rodillas, cuando su lengua se movió dentro de su boca. El derrotó completamente su resistencia. Ella le abrazó con fuerza.

Naruto le bajó la camisa hasta las piernas, y luego la levantó hasta presionarse contra Sus muslos. Besarla ya no era suficiente. Se inclinó hacia atrás y la miró a los ojos.

-Te deseo.

-Yo siempre te deseo, Naruto.

-Te deseo ahora, Hinata.

Ella abrió grandes los ojos.

-¿Aquí?

Él asintió con la cabeza.

-Aquí y ahora, Hinata. No quiero esperar.

Mientras le decía cuál era su intención le colocaba las piernas alrededor de su cintura. La besaba con vehemencia, esperando su respuesta.

Hinata pensó en lo fácilmente que podía lograr que le deseara. Estaba temblando cuando él le preguntó si estaba lista para él. Ella no podía ni hablar. Le arañó los hombros y suspiró complacida cuando él comenzó a penetrarla.

Naruto le dio un beso prolongado, y cuando le tocó la lengua, él la penetró más profundamente. Ella se apretó a su cuerpo.

Casi se ahogan ambos. No les importó. Acabaron y compartieron una inmensa felicidad.

Hinata no tenía fuerzas para caminar hasta el borde. Naruto la llevó hasta allí y la colocó en una roca cercana a la catarata. El sol castigaba su cuerpo, pero a Hinata no le importó el calor.

Aún se sentía feliz y en letargo.

Naruto se sentó junto a Hinata. No podía dejar de tocarla. Le besó la cabeza y la parte de atrás de la oreja. Ella se recostó sobre la piedra y cerró los ojos.

-Es extraordinario lo que sucede cuando hacemos el amor, ¿verdad, Naruto? -le susurró.

Él se puso de costado, se apoyó sobre un codo y la miró fijamente. Le acarició lentamente los senos con los dedos, sonriendo al ver cómo se endurecían sus pezones.

Hinata nunca se había sentido tan maravillosamente bien. El calor de la roca contra su espalda la calentaba, y al mismo tiempo las caricias de su esposo la hacían temblar. No pensó que pudiera desearle tan rápidamente, pero cuando él comenzó afrotarle la nariz en medio de los senos, el deseo se volvió a encender.

No podía evitar arquearse contra él. La estaba enloqueciendo con sus suaves y tiernas caricias. Le mojó cada seno con su boca y su lengua, y cuando la volvió a mirar vio la pasión y el deseo en sus ojos. Le acarició el abdomen con los dedos. Le tocó el ombligo. Bajó más la mano y cuando sus dedos la penetraron ella gimió.

-Estás mojada por mí, ¿verdad, Hinata?

Ella se sentía demasiado incómoda como para responderle. Trató de alejarle la mano. Él no la dejó. Y luego se inclinó y comenzó a hacerle el amor con la boca. Su lengua le hizo perder el control. Se retorció debajo de él. No deseaba que terminara esa dulce tortura.

Sus movimientos le hicieron erectar otra vez el pene. Cuando sintió que le apretaba con fuerza se colocó entre sus piernas y la penetró. Entonces Hinata acabó. El momento fue tan excitante, tan apasionado, que pensó que se había muerto e ido al cielo. Naruto estaba allí con ella. Él gimió y acabó.

Hinata estaba demasiado débil como para moverse. Naruto pensó que su peso la estaba aplastando. Hizo un esfuerzo extremo y se apoyó sobre los codos.

Cuando vio su expresión confundida le sonrió.

-Si nos caemos al agua ahora, nos ahogaremos.

Ella le sonrió a través de sus lágrimas. Le tocó la boca.

-Nunca permitirías que algo malo me sucediera. ¿Tienes que irte mañana?

Él había comenzado a levantarse, pero su pregunta le detuvo.

-Sí -le respondió.

-Comprendo.

Parecía desamparada.

-¿Qué es exactamente lo que comprendes? -le preguntó. Le levantó el mentón cuando ella trató de girar el rostro-. ¿Hinata?

Como no podía preguntarle si iba a piratear, decidió no decir nada.

-¿Me vas a extrañar, esposa? -le preguntó.

Se conmovió por la ternura de su mirada.

-Sí, Naruto, te voy a extrañar.

-Entonces ven conmigo.

Ella abrió grandes los ojos.

-¿Me dejarías ir contigo? Pero eso significa que no vas a... pensé... Olvídalo.

- Hinata, ¿de qué estás hablando?

Le bajó la cabeza para besarle.

-Estoy feliz porque me dejarías ir contigo. Eso es todo -le explicó. Se sentó y se apoyó contra él-. Ahora no necesito ir contigo. Basta saber que me dejarías.

-Deja de hablar con rodeos -le ordenó Naruto-. Y ahora que lo pienso, quiero que me expliques qué pensabas hoy por la mañana. Estabas disgustada por algo. Dime qué era.

-Temía que no volvieras por mí -le contestó Hinata.

Era una mentira, por supuesto, pero su arrogante esposo no lo sabía. En realidad, estaba complacido por su afirmación.

-Nunca olvidaría regresar por ti -replicó Naruto-. Pero hablo de antes, Hinata.

-¿Antes de qué?

-Antes de que supieras que me iría a buscar materiales. Actuabas de manera extraña.

-Sentía pena porque pronto tendré que dejar a Kurenai. La voy a extrañar, Naruto.

La miró fijamente mientras trataba de decidir si le estaba diciendo la verdad o no. Entonces ella le sonrió y le dijo que estaba lista para regresar al agua.

-Aún no sé muy bien cómo flotar.

Esposo y esposa permanecieron en la olla durante casi toda la tarde. Comieron sus manzanas mientras bajaban por la montaña. La delicada piel de Hinata estaba comenzando a enrojecerse. Su rostro estaba tan rojo como la puesta de sol.

Cuando Naruto la tomó de los hombros, Hinata gritó. Él se arrepintió de inmediato.

Kurenai los estaba esperando en la puerta de la cocina.

- Asuna, Killer Bee y yo os estábamos esperando para cenar, así que... ¡Dios mío, Hinata! estás roja como una remolacha. Oh, niña, esta noche vas a sufrir. ¿En qué estabas pensando?

-No pensé en el sol -respondió Hinata-. Me estaba divirtiendo tanto.

-¿Qué estabais haciendo? ¿Nadasteis durante todo el tiempo? -les preguntó Kurenai.

-No -contestó Naruto cuando su esposa le miró. Le sonrió y luego le dijo a Kurenai-: En realidad, estuvimos...

-Flotando -interrumpió Hinata-. Sólo tardaré un minuto en cambiarme de ropa y cepillarme el cabello, tía. Realmente no tendríais que habernos esperado -agregó mientras corría hacia la escalera.

Naruto la alcanzó en el primer escalón. La volvió hacia él, le levantó el mentón y la besó. Fue un beso tan prolongado que sintió que se iba a desmayar. Naruto no acostumbraba a besarla delante de otras personas, y nunca la besaba a menos que quisiera hacerle el amor.. o hacerla callar. Como parecía demasiado agotado para volver a hacer el amor y ella no estaba discutiendo con él, sólo podía llegar a una conclusión.

Naruto estaba siendo cariñoso porque quería serlo.

Hinata se sintió más confundida cuando se inclinó y le susurró al oído:

-Pensé que lo que habíamos hecho toda la tarde se llamaba hacer el amor, esposa, pero si tú prefieres llamarlo flotar, está bien para mí.

Tenía el rostro tan quemado por el sol que nadie podía saber si estaba sonrojada o no. Le sonrió mientras sacudía la cabeza. Él le estaba gastando una broma. Dios santo, Naruto también tenía sentido del humor. Era demasiado para ella.

Luego le guiñó el ojo lentamente. Entonces supo que moriría y se iría al cielo. Las quemaduras de sol ya no importaban ni la presencia de Asuma, Killer Bee y Kurenai. Hinata se arrojó a los brazos de Naruto y le besó profundamente

-¡Oh, te quiero tanto! -exclamó.

No se sintió decepcionada cuando le gruñó y no gritó su amor por ella. Decidió que era demasiado pronto para que él le dijera lo que tenía en su corazón. Los sentimientos eran demasiado nuevos, y Naruto era muy obstinado. Podría tardar otros seis meses en pronunciar las palabras que ella quería escuchar. Ella podía esperar, se dijo a sí misma.

Después de todo, era paciente y comprensiva. Además, en su corazón, ya sabía que la amaba, y el hecho de que no estuviera listo para saberlo no le molestaba para nada.

Hinata no bajó a cenar. Cuando Naruto la ayudó a quitarse la ropa se sintió hinchada, y pensar en ponerse algo sobre la piel ardiente le provocaba ganas de gritar.

Kurenai le dio una botella de pasta verde. Hinata dijo algunas palabras violentas mientras Naruto le aplicaba la loción pegajosa en la espalda y los hombros. Afortunadamente, no se había quemado la parte delantera del cuerpo. Durmió boca abajo, y cuando ya no pudo soportar los temblores durmió sobre Naruto.

Al día siguiente, Naruto no hizo ningún comentario rudo cuando le dio un beso a Hinata para despedirse. Fingió que no le importaba la máscara de pasta verde que le cubría el rostro.

Hinata pasó los dos días siguientes con su tía. El reverendo Shimura las visitó por segunda vez. Hinata le explicó la razón por la cual había utilizado ese lenguaje tan soez en su presencia. Shimura sonrió. Parecía aliviado por la confesión de Hinata, y su modo de tratar a Kurenai fue mucho más cálido.

Durante su visita, el reverendo mencionó que había un barco que partía para Inglaterra a la mañana siguiente. Hinata fue inmediatamente hasta el escritorio de su tía y le escribió una carta a su madre. Le contó todo sobre su aventura, lo feliz que era y se jactó de que Naruto había resultado ser un esposo amable, considerado y amoroso. El reverendo Shimura se llevó la carta para entregársela al capitán del barco.

Cuando Naruto regresó a la mañana siguiente, Hinata estaba tan feliz de verle que se puso a llorar. Pasaron un pacífico día juntos y se durmieron abrazados.

Hinata no podía creer que fuera posible ser tan feliz. Estar casada con Naruto era como vivir en el paraíso. Nada podría destruir su amor.

Nada.

Deseaba que todos pudieran ser tan felices, y una noche se lo comentó a Kurenai y a Asuma. Los tres estaban sentados en sillas de mimbre esperando que Naruto regresara de una diligencia.

-Creo que Asuma y yo sabemos exactamente de lo que hablas -le respondió Kurenai-. Uno no tiene que ser joven para sentir amor, querida. Asuma, ¿quieres un brandy?

-Yo lo traeré -ofreció Hinata.

-Tú quédate quieta.- Kurenai se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. -Tu piel aún está delicada. Hazle compañía a Asuma. Volveré en seguida.

Tan pronto como Kurenai cerró la puerta, Asuma le susurró a Hinata:

-Ella es demasiado para mí, Hinata, pero no dejaré que eso se interponga en mi camino. Tan pronto como ponga en orden mis cosas, volveré para terminar mis días con su tía. ¿Qué me dice de eso?

Hinata aplaudió.

-Oh, Asuna, creo que es una maravillosa noticia. Debemos celebrar la ceremonia de casamiento antes de regresar a Inglaterra. No quiero perderme la celebración.

Asuma parecía incómodo.

-Bueno, Hinata, yo no mencioné casamiento, ¿verdad?

Ella saltó de la silla.

-Será mejor que lo mencione ahora o nunca regresará aquí. Una noche de pasión es una cosa, señor, pero un plan para vivir el resto de sus días en pecado es otra. ¡Piense en la reputación de Kurenai!

-Estoy pensando en la reputación de Kurenai -se defendió Asuma-. Ella no podría casarse conmigo. No estaría bien. No valgo lo suficiente.

El marinero se puso de pie y miró hacia el mar. Hinata se le acercó y le tocó el abdomen con un dedo.

-Sí vale lo suficiente. No se atreva a insultarse delante de mí, señor.

- Hinata, yo llevé una vida... licenciosa -le explicó Asuma.

-¿Y? -le preguntó Hinata.

-Y no sólo soy marinero -le respondió él.

Hinata se encogió de hombros.

-El primer esposo de Kurenai era mozo de cuadra. Probablemente era tan licencioso como usted cree que es. Kurenai era muy feliz con su Johnny. Le deben gustar los hombres licenciosos. Kurenai me confesó que usted era un hombre tierno, Asuma Sé que la ama. Ella también debe de amarle, si le dejó acostarse con ella. Como le dije a Naruto no hace mucho, esto resolvería muchos problemas. El tío Hizashi no enviaría a nadie a buscar a Kurenai si supiera que ella tiene alguien fuerte que la proteja. Usted cuidaría de sus intereses. Y me sentiría muy orgullosa de llamarle tío.

Asuma se sintió humillado por la confianza de Hinata en él.

Suspiró feliz.

-Está bien. Le preguntaré a Kurenai. Pero tiene que prometerme que lo aceptará si Kurenai dice que no. ¿Está bien?

Hinata abrazó con fuerza a Asuma.

-Ella no dirá que no -susurró.

-Esposa, ¿qué estás haciendo? Asuma, suéltala.

Hinata y Asuma ignoraron la orden de Naruto, y ella sólo se alejó después de darle un púdíco beso en la mejilla. Se acercó a Naruto y le hizo un descarado mohín.

-Tenemos que ir arriba ahora, esposo. Asuma quiere estar a solas con Kurenai.

Tuvo que arrastrarle dentro de la casa y luego por la escalera. Él quería que le explicara por qué la había encontrado abrazada a su marinero.

-Te lo explicaré todo cuando lleguemos a nuestro dormitorio.

Se cruzaron con Kurenai en el salón de entrada.

Hinata le deseó buenas noches a su tía, y luego subió por la escalera. Se paseó por la habitación mientras esperaba para averiguar si Asuma había formulado su pregunta y si Kurenai le había dado su respuesta. Cuando Naruto se cansó de ver cómo gastaba la alfombra, la arrojó sobre la cama y le hizo el amor apasionadamente. Se durmieron abrazados.

El anuncio se realizó a la mañana siguiente. Kurenai había aceptado ser la esposa de Asuma. Hinata lo adivinó tan pronto como vio la radiante sonrisa de su tía.

Asuma explicó que tendría que regresar a Inglaterra para arreglar sus asuntos y vender su cabaña. No llevaría a Kurenai con él, pues su vida correría peligro si los Hyūga olfateaban su presencia en Inglaterra. El marinero quiso casarse antes de partir, y como Naruto había decidido hacerlo una semana después, el casamiento se fijó para el sábado siguiente.

Fue una ceremonia simple. Hinata lloró durante toda la celebración, y Naruto se pasó todo el tiempo secándole las lágrimas.

Naruto pensó que era la mujer más exasperante.

Observó cómo su pequeña esposa murmuraba y se reía con su tía, y advirtió la alegría que les brindaba a los demás.

Oyó que le decía a Asuma que su deseo más ferviente era que su matrimonio fuera tan perfecto como el de ella.

Entonces se rió. Realmente, Hinata era una romántica incurable.

Era ridículamente tierna.

Era extremadamente inocente.

Era... perfecta.

Continuará...