Mis queridos lectores, esta vez sí que he sido puntual como un reloj y aquí me encuentro con el nuevo capítulo que es bastante largo.

Agradecimientos especiales para: Sol Meyer M. G, barbiie, lolilla, Gibellu, luna-maga, NemesisAg, lizzy-black48, memoriesofkagome, mariapotter2002, Aglaia Callia, Caroome, Serena Princesita Hale y velveth blue. Adoro sus reviews.

Tambiéb mil gracias a aquellos que agregaron a alertas y favoritos y a los que leen entre las sombras.

Espero que os guste este capítulo porque de verdad que a mí me ha encantado escribirlo. ^^

No os entretengo más, que disfruten de la lectura.

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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.

Cuando abrió los ojos aquella mañana después del baile, ya era bastante tarde. Un sabor amargo le recorrió el paladar en cuanto recordó lo que había ocurrido la noche anterior con Granger en la sala común. La chica era una verdadera cabezota que siempre se creía en la posesión de la verdad más absoluta y, aunque sonara irreal, aquella vez se estaba equivocando de pleno.

Pero no pensaba decirle nada más, seguro que no le creería y lo mandaría al cuerno por decir tal blasfemia de Callahan.

Ilusa.

Ella sola debía darse cuenta por sí misma de cuál era la realidad de las cosas.

Se levantó con cierta pereza de la cama, tenía que buscar a Zabini para poder hablar sobre lo sucedido en aquella última citación. Se duchó para poder despejar su mente un poco y luego bajó a la sala común de la torre. Pero al momento que él iba a salir, una melena de pelo castaño de interpuso en su camino.

Al principio Hermione lo miró seria, calibrando como debía actuar. Después de todo, su despedida la noche anterior no había sido de lo más amigable.

—¿Qué tal te encuentras hoy?—le preguntó con tono de preocupación.

—No me duele nada—le respondió encogiéndose de hombros en un gesto indiferente. Después de todo fue la sabelotodo de Hogwarts la que curó mis heridas.

Una mueca de disgusto se dibujó en el rostro de la chica ante aquella última frase, podía ser realmente insoportable cuando quería. Hermione alzó el mentón en gesto ofendido y se dispuso a pasar junto a él pero su voz la frenó.

—¿Has hablado ya con Callahan?—le preguntó sin ni siquiera girarse a mirarla de frente, solo ladeó un poco el rostro, mostrando su perfil.

—No creo que eso sea de tu incumbencia—respondió ella altiva, sin dejarse amedrentar por ese tono autoritario que solía usar con ella.

—Respóndeme —insistió una vez más, esta vez sí que se volvió hacia ella quedando ambos frente a frente.

—Si lo que te preocupa es sí sabe algo de lo que está sucediendo entre…—la chica se vio frenada ante lo que iba a decir —de lo que está sucediendo, puedes estar tranquilo. Piensa que soy yo la que ando acosándote mientras tú me ignoras olímpicamente.

Draco la observó serio, viendo como sus ojos brillaban de indignación por haber tenido que mentir de esa manera para hacer caso a su petición. Si ella supiera el verdadero por qué de la petición, seguro que no se habría molestado tanto.

—¿Has visto a Zabini esta mañana? —le preguntó cambiando por completo el sentido de la conversación.

Hermione se sorprendió al ver que el chico no pensaba decirle nada más respecto al tema de Dan, ni siquiera le agradeció por haberle hecho caso provocando que ella quedara como una pobre idiota ante los ojos de Dan. Pero se recompuso enseguida, no estaba dispuesta a demostrarle que sus reacciones le importaban más de la cuenta.

—No, no lo he visto — le respondió con tono neutro— Si esperas a la hora de almuerzo probablemente lo encuentres en el Gran Comedor, después de todo queda poco para la hora de la comida.

Malfoy asintió imperceptiblemente y con un giro elegante, salió por el retrato dejando a una Hermione furiosa con él pero sobre todo consigo misma.

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Tal y como Hermione le dijo, esperó paciente hasta que llegó la hora del almuerzo para encontrarse con Blaise. Ambos hablaron con normalidad a ojos de todos, pero entre sus palabras había un sentido oculto que solo ambos eran capaces de entender. Tras la comida, ambos se dirigieron hacia la Sala de los Menesteres tal y como hacían muy a menudo.

Primero fue el turno de Draco de relatar lo sucedido la noche anterior bajo la atenta mirada de su amigo que no pudo dejar de recordarle la suerte que había tenido. Pero cuando el moreno comenzó a contar su experiencia, los hechos cambiaron drásticamente.

El mortífago que se enfrentó a él tampoco se anduvo con miramientos y desde el comienzo se produjo un intenso ataque por su parte. Zabini conseguía evitarlos todos pero apenas podía realizar un contraataque, ya que estaba más centrado en defenderse que en herir a su oponente. Durante unos minutos que al chico le parecieron eternos, los ataques de aquel individuo fueron disminuyendo en intensidad ya que el cansancio comenzó a hacer estragos en él.

Entonces Blaise supo que ese sería su momento.

Ahora que aquel mortífago empezaba a perder facultades tenía que aprovechar para lanzar algún hechizo que lo dejara fuera de combate. Tras un crucio que dejó a su oponente arrodillado en el suelo con la respiración entrecortada, la maldición asesina fue pronunciada por sus labios que una normalidad y seguridad que le sorprendió. El haz de luz verde salió despedido de su varita e impactó de lleno en el pecho de aquel pobre infeliz.

El ruido sordo del cuerpo cayendo al suelo, trajo de vuelta a la realidad a Zabini, quien hasta ese momento no fue completamente consciente de lo que había hecho.

Se había convertido en un asesino.

—Cuando Voldemort apareció me felicitó por mi eficaz trabajo —terminó de relatar el chico con furia contenida en su voz.

—No tuviste elección —afirmó Draco — La única diferencia entre tú y yo es que anoche la suerte estuvo de mi lado, nada más.

—Es aterradora la facilidad con la que esas jodidas dos palabras salen de tu boca —dijo Blaise —Es muy fácil dejarse llevar por ella.

—Eso no nos pasará a nosotros —negó el rubio con vehemencia — Debemos de mantener nuestra mente lo suficientemente fría para no caer en esa tentación. No somos asesinos, solo luchamos por sobrevivir.

Un silencio espeso se ciñó sobre ellos, solo se oía de fondo el crepitar de la chimenea frente a ellos.

—Bueno, ¿y qué fue lo que sucedió con Granger anoche? —preguntó con sorna el moreno.

—¿De qué coño hablas? — respondió exaltado el aludido, consiguiendo con esa actitud delatarse frente a su compañero.

—No me quieras tomar como estúpido Malfoy, cuando regresé encontré a Callahan solo en la sala común de Slytherin.

—¿Y qué mierda quieres que haga yo? Seguro que la sabelotodo se volvió temprano a la Torre, aburrida de estar con ese imbécil.

Zabini le dedicó una mirada que claramente indicaba que no creía ni una sola palabra de lo que su amigo le contaba.

—Puedes intentar engañarme, cosa que me da igual ya que no lo consigues, pero si intentas engañarte a ti mismo estarás cometiendo un grave error.

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—¿Dónde te metiste anoche? —exigió saber la pelirroja — Después de que salieras con Dan estuvimos buscándote pero no logramos dar contigo.

Antes de responder Hermione sintió la escrutadora mirada de Ron sobre ella queriendo saber también que había hecho en aquel tiempo.

—Regresé a la torre y me fui a la cama —respondió con simpleza.

—¿Así sin más? — insistió una vez más la chica mientras se llevaba a la boca un trozo de pastel de carne.

—Sí, Ginny — dijo Hermione con cansancio ante tanto interrogatorio— Así, sin más.

—Pues vaya noche más aburrida —replicó la menor de los Weasley.

—Ginny, deja ya a Hermione —acudió Harry en su ayuda.

—Está bien, solo quería saber qué tal le había ido, nada más.

—¿Cómo se lo pasaron ustedes? — se interesó ahora Hermione por sus amigos.

Ginny soltó una sonora carcajada y Harry se rió por lo bajo. La chica dirigió la mirada de uno a otro sin entender lo que sucedía hasta que el chico le dedicó una mirada de soslayo a Ron que estaba muy centrado en sus tostadas pero cuyo rostro se había teñido de un intenso rojo.

—Tuvimos que acompañar a Lav-Lav a la enfermería porque Ron le dio tal pisotón que le rompió un par de dedos del pie izquierdo — pudo decir la pelirroja entre risas.

—Yo no tuve la culpa — se quejó el aludido — Ya le advertí que no me sacara a bailar pero ella insistió.

—No te preocupes Ron — intentó animarlo Hermione — Míralo por el lado positivo, así nunca más te obligará a bailar.

Pero aquellas palabras no parecieron ayudar mucho al chico porque tanto Harry como su hermana estallaron en carcajadas aún más sonoras. Esta reacción consiguió que Ron se levantara de la mesa farfullando cosas ininteligibles.

—No os riáis así del pobre Ronald —los reprendió— Ya sabéis como odia bailar y lo pesada que resulta Lavender a veces.

—Pero si nos reímos de él —se defendió Harry — Tenías que haber visto la cara de Lavender de horror cuando sucedió.

—Se lo tenía bien merecido — añadió la pelirroja — Por no dejar a mi pobre hermano en paz.

La pareja comenzó a relatarle a Hermione como sucedieron los hechos pero durante unos instantes su mente se desconectó cuando observó a Draco abandonar el Gran Comedor junto a Zabini.

Aunque se mantuviera entera ante aquella frialdad de él, lo cierto era que aquello le dolía aunque fuese un poco. Tenían que hablar sobre como pensaban sobre llevar las cosas. Si no ponían remedio a la situación, tarde o temprano Malfoy llegaría a convertirse en un mortífago y una vez que tuviera la marca tatuada en su brazo no habría nada más que se pudiera hacer. Intentaría convencerlo de hablar con el profesor Dumbledore, seguro que el anciano director podría aportar más luz a todo aquel turbio asunto.

Pero sabía que aquello sería muy difícil, había sido una tarea muy complicada convencerlo de confiar en ella y dejar que lo ayudara por lo que persuadirlo de que hablaran con el director sería aún más complicado.

No sabía de qué se sorprendía.

Con él todo era complicado.

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Hermione pasó el resto de la tarde con sus amigos en la sala común de Gryffindor, disfrutando de los regalos navideños que habían recibido. Pasaron una tarde realmente agradable como hacía mucho tiempo que no pasaban. La chica agradecía enormemente tener aquel remanso de paz al que siempre podría acudir. Su vida se había convertido en un auténtico caos en el que siempre debía estar alerta a cada una de las cosas que pasaban a su alrededor. Pero cuando esta con sus amigos era diferente. Con ellos podía hablar de cualquier trivialidad sentados frente al fuego y comiendo ranas de chocolate. Se sentí culpable por no poder contarles toda la verdad, pero realmente creía que de momento era mejor dejar las cosas tal y como estaban.

Durante la cena, ni Draco ni Blaise se sentaron en la mesa de las serpientes, lo cual le extrañó pero no quiso darle la mayor importancia. Ellos dos carecían de escrúpulos así que no les importaría ir a las cocinas para que algún pobre elfo les preparara la cena.

Cuando ella dio por finalizada la suya, se despidió de sus amigos y se dirigió a su torre esperando poder encontrar un poco de paz leyendo algún buen libro frente a la cálida chimenea. Al llegar a su habitación, se dirigió hacia la pequeña estantería para elegir el tomo que leería aquella noche y entonces se topó con aquella antigua edición de Hogwarts, una historia, que Dan le había regalado en aquella primera visita a Hogsmeade. Las palabras de Draco llegaron a su mente. ¿Estaría el chico diciendo la verdad? ¿O era otro de sus juegos sucios? Una parte de ella quería creer que era la segunda, puesto que le había entregado gran parte de su confianza a Dan, pero su parte más racional le decía todo lo contrario, que Malfoy estaba diciendo la verdad y que lo único que hacía era advertirle ante algo que ella se daría cuenta tarde o temprano.

Negó con la cabeza para espantar aquellos pensamientos. De ahora en adelante observaría con más detenimiento a Dan y se andaría con pies de plomo, sólo por si acaso. Bajó a la sala común y se acomodó en uno de los cálidos sillones que adornaban la sala común.

Llevaba cerca de una hora leyendo cuando sintió que el retrato se hacía a un lado para dejar pasar a Malfoy. Aquella situaciones silenciosas que se daban entre los dos eran verdaderamente tensas para ambos puesto que ninguno de ellos sabía muy bien cómo romper aquel silencio reinante.

Entonces Hermione recordó aquella resolución que había tomado de hablar con él para ver cómo iban a afrontar lo que se venía.

La chica se irguió en su asiento y con resolución habló.

—Malfoy, debemos hablar — dijo con seguridad y aplomo.

Él la miró durante uno instantes, debatiendo entre aceptar su propuesta o ignorarla por completo. Al final optó por la primera opción y se sentó en el otro sillón frente a la chimenea, con la cabeza ladeada hacia atrás en una pose de total relajación.

—¿Qué gusano te pica ahora, Granger?— la cuestionó con cierta ironía.

—Tenemos que empezar a estudiar las distintas posibilidades que tenemos para evitar que te conviertas en un mortífago — le respondió con preocupación — Las pruebas no se alargarán eternamente y llegará un momento en el que no podamos hacer nada.

Draco cambio de postura y se inclinó hacia adelante con sus ojos plateados clavados en ella.

—Ya es tarde para todo eso, Granger. Te lo dije hace tiempo, no hay nada que podamos hacer.

—Estoy segura de que sí que podemos, Malfoy— insistió con cabezonería — Sólo es cuestión de pensar un poco, seguro que encontramos solución a todo esto. Si hablásemos con Dumbledore…

—No pienso hablar con ese viejo chocho —la cortó de inmediato — Y tú tampoco, no hay nada que él pueda hacer y no estoy dispuesto a arriesgar la vida de mis padres por ello.

—Piensa un poco —replicó la chica, ya se imaginaba que aquello iba a resultar difícil — Dumbledore es un gran mago y tiene a toda la Orden a su disposición, seguro que encuentra una manera de sacar a tus padres de la mansión y ponerlos a salvo. Y tú ya no tendrías que continuar con todo esto.

El rubio volvió a negar la cabeza con una sonrisa irónica en el rostro.

—No lo comprendes, ¿verdad? Ni toda la Orden sería capaz de luchar contra tantos mortífagos.

—Con esa actitud no conseguiremos nada — refutó Hermione sin dejarse convencer por sus argumentos — No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que te tatúen esa marca.

Draco tenía sus ojos fijados de manera intimidante sobre Hermione, la oferta que la chica le ofrecía era más que tentativa pero era consciente de que el riesgo que correrían sus padres ante aquel posible rescate era demasiado alto y no sabía si estaba dispuesto a aceptarlo.

—Esa idea me agrada tan poco como a ti, Granger. Pero ponte en mi lugar durante unos instantes, ¿pondrías en riesgo la vida de tus padres de esa manera?

Los ojos de Hermione se apagaron al oír aquellas palabras.

—¿Crees que no sé lo que es tomar riesgos? Tengo a mis padres desmemorizados en algún maldito lugar y no sé absolutamente nada de ellos. ¿Sabes lo que es eso? Al menos tus padres te recuerdan y te reconocen cuando te ven, los míos ni eso.

En el instante en el que a Hermione se le nubló la vista, Malfoy supo que había metido la pata. Su lado más egoísta había salido a la luz, normalmente le daba igual tener esa clase de comportamiento con cualquiera de su alrededor pero un malestar se instaló en él al ver la mueca de dolor que cruzó fugazmente el rostro de la chica.

Mierda.

Se estaba volviendo un auténtico sensiblero.

—Granger…

—Déjalo Malfoy — le cortó al instante mientras se levantaba de su sitio — Yo ya te he hecho saber mi opinión, ahora te toca a ti decidir qué hacer.

Draco intentó frenar su partida hacia su habitación pero se contuvo. Una cosa era que aceptara fuera lo que fuese lo que estaba sucediendo entre los dos y otra muy distinta era que se convirtiera en su perro faldero.

Había metido la pata pero su orgullo le impedía hacer nada más.

Lo que él no sabía es que más adelante tendría que comerse sus palabras.

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A lo largo del día siguiente Hermione evitó deliberadamente a Malfoy. Después de la conversación del día anterior lo que menos le apetecía era encontrarse con él. Estaba siendo un poco irracional ya que él no sabía nada de la situación de sus padres, pero a pesar de ello no podía evitar sentirse mal ante sus palabras.

Ya sabía a lo que se exponía cuando comenzó toda aquella historia con él, pero por muy mentalizada que estuviese de todo, sus actitudes continuaban molestándola en el mismo grado o incluso más que antes. Inevitablemente había nacido en ella la esperanza de que el chico dejara de lado su orgullo y despotismo después de todo lo que ella estaba haciendo por él, pero se había equivocado de pleno. Las cosas no iban a ser tan fáciles como ella pensaba en un inicio.

—Hermione, no mires hacia atrás pero Malfoy no te quita la mirada de encima desde hace un rato —le dijo Ginny sentada frente a ella mientras terminaban de comer.

Harry y Ron habían terminado antes que ellas porque iban a practicar un poco de quidditch. Le ofrecieron a la pelirroja ir con ellos, pero la chica se había negado argumentando que era perjudicial a la salud no reposar un poco la comida antes de prácticas cualquier deporte, aunque la realidad era que no quería dejar sola a Hermione tan pronto. Desde que había tenido aquella charla con ella aquel día en Hogsmeade, su amiga siempre buscaba algún hueco para pasar tiempo con ellos tres ya que desde que no compartían torre se veían bastante menos. Puede que Harry y su hermano fuesen poco observadores y no se diesen cuenta de lo que sucedía, pero ella sí que lo hacía y quería demostrarle su apoyo a Hermione.

—Serán imaginaciones tuyas — se apresuró a desechar la idea como si no le importara aunque en realidad sí que lo hacía y mucho.

—Hermione, no estoy loca —insistió una vez más la chica.

Con todo el disimulo que le fue posible, la chica giró su cuerpo hacia atrás como si no buscara nada en particular y echó un vistazo a todo el Gran Comedor hasta toparse con la mirada plateada de Malfoy clavada en ella como dos estacas de hielo.

—¿Te ha pasado algo con él últimamente que no nos hayas contado?

Ante aquella pregunta, un enorme peso invisible cayó sobre los hombros de Hermione. Ahí estaba su amiga con sincera preocupación mientras que ella se dedicaba a esconderle muchas de las cosas que venía haciendo últimamente.

Ojalá las cosas fuesen más fáciles y pudiera contarle lo que realmente sucedía.

—No ha pasado nada — respondió con toda la seguridad que le fue posible — Él continúa ignorándome como si fuese una molesta mota de polvo.

—Entonces será que planea algo —elucubró la pelirroja — Y seguro que nada bueno.

—No digas tonterías, Ginny. Eres una paranoica.

—Deberíamos de contárselo a Harry y Ron para que así estén más pendiente y puedan vigilarte con el mapa…

—Ni se te ocurra decirles nada a ninguno de los dos — la cortó de inmediato — Y sabes cómo son ellos de protectores e incluso son más paranoicos que tú. Así que ni se te ocurra abrir la boca.

—Pero Hermione…

—Ginny, no — le dijo usando ese tono tan parecido a la profesora McGonagall cuando quería que se le hiciese caso.

—Está bien — rezongó la chica — Pero si pasa algo cuéntanoslo, sabes que los chicos siempre estarán dispuestos a pegarle una buena patada en el culo al hurón.

—Lo sé, pero no te preocupes, sé cuidarme muy bien sola.

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A pesar de ser las vacaciones navideñas, las rondas de prefectos no fueron anuladas temporalmente. Por lo que aquella noche Hermione tuvo que salir de la calidez de su habitación a patrullar por el castillo.

Cuando bajó a la sala común, ésta se encontraba vacía. No es que tuviera especiales ganas de encontrarse con Malfoy después de llevarse todo el día evitando coincidir con él. Pero le intrigaba de sobre manera aquella mirada clavada en ella durante el almuerzo. ¿Acaso estaba molesto por como ella había abandonado la sala común la noche anterior? Porque si era así, no era un motivo de peso. Él solito se lo había buscado al tratar el tema de sus padres con tanta ligereza, como si él fuese el único que sufría las consecuencias de aquella guerra.

Suspiró.

No tenía caso seguir dándole vueltas a ese asunto.

Se abrigó todo lo que pudo, y se encaminó hacia su ronda nocturna sin sospechar lo que estaba por presenciar.

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El retumbar de sus pasos se oía a lo largo de todo el pasillo, durante el trayecto se concentró en buscar una escusa lo suficientemente creíble para que él pudiera darle un poco más de tiempo, aunque las posibilidades de que eso sucediera eran mínimas. Llevaba demasiado tiempo alargando lo inevitable.

La realidad era que le era imposible llevar a cabo aquella misión que le fue impuesta antes de entrar en Hogwarts. ¿Cuándo había sucedido aquello? Recordaba cómo había llegado al castillo seguro de cuáles eran sus funciones allí, cuál era su objetivo y estaba dispuesto a llevarlo a cabo costara lo que costara.

Pero las cosas había cambiado y ya no había forma de volver atrás.

—Pase — se pudo oír una voz viperina tras la enorme puerta de roble cuando él llegó a ella, no fue necesario ni siquiera llamar.

—¿Mi señor me ha mandado a llamar? — preguntó con una pequeña reverencia.

—Sí, señor Callahan — dijo aquella figura que aún se mantenía oculto en la penumbra de aquella habitación — Y me imagino que sabrá para que lo he hecho venir.

—Sí, señor.

—Explíquese, entonces. Estoy deseando oír lo que tenga que decirme.

El chico tragó saliva antes de responder.

—Mi señor, últimamente hemos tenido algunos roces la chica y yo, no creo que confíe en mí lo suficiente como para que el plan se lleve a cabo.

—Verá, señor Callahan —dijo aquel ser mientras se movía de su posición y se acercaba con parsimonia al chico frente a él — Llevo demasiado tiempo oyendo nada más que escusas, lo único que espero, por su bien, es que realmente no esté alargando el momento porque no esté dispuesto a cumplir con tu cometido.

—En absoluto es eso señor.

—Eso espero, mi orden es clara. Me da igual como lo haga ni que haga, pero antes de que acaben las festividades quiero que me venga con buenas noticias, y ya sabe a lo que me refiero.

—Perfectamente, señor.

—Bien, ya puede marcharse.

Con una pequeña reverencia, Dan salió de la habitación con el corazón latiéndole velozmente en el pecho.

Cuando el chico se perdió de vista por el pasillo, un nuevo mortífago hizo acto de presencia en el lugar.

—El chico no parece dispuesto a cumplir su misión — dijo Voldemort con algo de hastío — Vamos a tener que hacerlo nosotros. Anderson, quiero a la sangresucia muerta lo antes posible. Haz lo que tengas que hacer, me da igual, pero hazlo.

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Sinceramente, aquella ronda era una completa y total pérdida de tiempo. ¿Quién iba a salir de su torre con el frío que hacía por aquellos pasillos? Además de que el número de alumnos del colegio se había visto disminuido en más de la mitad ya que la mayoría había regresado a sus hogares.

Pero lo que más la irritaba era pensar que los demás prefectos seguro que pasaban por alto la orden por parte de los profesores de continuar con la vigilancia. Cuando viera a Ron a la mañana siguiente ya se encargaría de saber si el chico pensaba cumplir con sus deberes y en caso negativo, le esperaba una buena reprimenda.

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando oyó un murmullo al final del pasillo que daba a las escaleras que subían a la torre de astronomía. Apagó la luz de su varita y con paso sigiloso se dirigió al punto del que provenían las voces. Al principio le fue difícil reconocer quienes eran los infractores, pero cuando sus ojos se acostumbraron a la casi penumbra del lugar, su corazón dejó de latir durante unos instantes.

Una chica rubia y esbelta, se encontraba apoyada en el quicio de la entrada a la torre de espaldas a Hermione y sus manos se perdían en el cuello de su acompañante que no era otro que Draco Malfoy.

El chico se encontraba inclinado hacia la rubia de una forma sugerente y seductora con una de sus manos apoyadas sobre la cabeza de la chica y la otra resguardad en el bolsillo de su pantalón. No se besaban pero Hermione podía jurar que se encontraban muy cerca de hacerlo.

Estuvo a punto de girarse para regresar a la protección de su sala común y liberar aquella decepción y aquel dolor en forma de las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Pero unos instantes antes de hacerlo, el chico pareció notar una presencia observándolos porque alzó la vista de su acompañante y sus ojos contactaron con los de Hermione.

Los sentimientos que aquellos ojos castaños le transmitieron al rubio no fueron nada agradables porque justo en el momento en el que la miró se sintió como un verdadero miserable. Había recurrido a aquella chica hueca de Rawenclaw buscando desahogar aquella incómoda sensación que le producía la ignorancia de la chica. Había hecho verdaderos esfuerzos por ignorar aquella mala conciencia que le causaba saber que la estaba cagando de sobremanera. Pero su orgullo herido podía mucho más, aunque ahora que la tenía frente a él mirándolo tan descorazonadamente, todos aquellos esfuerzos habían resultado inservibles.

El contacto visual duró poco, porque como si se tratase de un resorte, Hermione giró sobre sus talones y echó a correr por los oscuros corredores.

¿Era normal que se sintiera tan traicionada? ¿De dónde surgía aquel dolor? ¿En qué momento los sentimientos por él se había hecho tan fuertes? Muchas preguntas cruzaban por su mente pero ninguna tenía respuesta, o al menos ninguna que ella quisiera escuchar, y mucho menos en aquel momento.

No es que se sorprendiera de haberlo encontrado en aquella situación con una chica, por todos era sabido que tenía una vida amorosa bastante activa. Lo que le retorcía las entrañas era el saber que ella misma había sido solo una más en todo aquel embrollo. La había besado y en cuanto le había apetecido, la había cambiado por otra. Tanta inteligencia, para ahora haber quedado como la mayor idiota del mundo.

Su vista se fue nublando poco a poco a medida que aquellos pensamientos ganaban intensidad en su interior y el dolor aumentaba.

Fue entonces que al doblar una de las esquinas que la acercaba aún más a su torre, una mano fría la sujetó por la muñeca y la hizo girarse. Pero no se encontró con unos ojos grises si no con unos de color verde que la miraban con auténtica preocupación.

—Hermione, ¿qué te ha pasado?— le preguntó con cierta angustia reflejada en su voz — ¿Te encuentras bien?

—Dan, por favor, déjame — le dijo queriendo soltarse de su agarre pero el chico no se lo permitía — Por favor, solo quiero estar sola — insistió una vez más sin reparar en el detalle de que el moreno se encontraba paseando por los pasillos a deshoras.

Al principio el chico continuó reticente a soltar el agarre que mantenía a Hermione junto a él. Podía hacerse una idea de por qué la chica se encontraba en ese estado pero no quiso insistir en el tema. El tono de súplica que había usado era más que suficiente, ya tendría tiempo de hablar con ella cuando se encontrase más calmada.

Con cuidado la soltó y con una desagradable sensación observó como la chica volvía a perderse en la oscuridad de los pasillos. Y a los pocos segundos de que Hermione se perdiera de vista un tercer individuo apareció en escena.

Draco Malfoy apareció con paso acelerado por el mismo lugar por dónde había llegado la alterada Hermione. Cuando vio que Dan se encontraba allí, su paso se ralentizó aunque no llegó a pararse del todo, tenía que alcanzar a la chica.

—Apártate de ella, Malfoy —le advirtió mientras el chico pasaba junto a él — No te mereces a nadie como Hermione.

—Que te jodan, Callahan — le respondió con dureza en la voz parándose frente a él — No metas tus narices dónde nadie te llama o saldrás muy mal parado.

—No voy a dejar que trates a Hermione como a las demás, porque no es como ellas — le replicó el chico con frialdad sin dejarse amedrentar.

—Eso es algo que no te incumbe, deja de tocarme los cojones y apártate de ella.

—Eso es algo que Hermione debe decidir por sí misma.

Una risotada sarcástica surgió de la garganta del rubio retumbando en el oscuro pasillo.

—Eso no es algo que me preocupe demasiado, Callahan. Sé que tarde o temprano lo hará.

Y bajo la dura mirada del moreno, Draco retomó el camino de nuevo hacia su torre, dispuesto a aclarar de una vez por todas las cosas con la chica.

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Con pasos temblorosos, Hermione consiguió llegar a su torre, aunque aún no sabía como lo había conseguido entre tanta confusión y lágrimas. Sin siquiera dudarlo, subió las escaleras hacia su habitación y entró en ella. Sentía su corazón desbocado contra su pecho con tanta intensidad que le daba miedo que le rompiera las costillas. Evitando caer al suelo, no le quedó más remedio que sentarse en su cama.

A penas llevaba unos minutos en aquella posición intentando regular su respiración cuando un fuerte golpe proveniente del otro lado de la puerta la obligó a salir de su trance. Bajo el dintel de la puerta, Draco Malfoy la observaba con algo en su mirada que no lograba descifrar del todo pero que la hacía brillar de una manera diferente.

Al principio la sorpresa dominó a Hermione durante unos segundos, pero después el enojo se fue abriendo paso en ella.

—¿Qué crees que haces entrando así en mi habitación? — le espetó con todo el enfado que sentía —Largo de aquí.

—A mí nadie me ordena nada — le respondió de vuelta el chico con pasividad.

Aquello era el colmo.

Después de haberla utilizado se creía en el derecho de invadir su intimidad de aquella manera sin respetar su decisión de estar sola.

—¡Me da igual que nadie te ordene nada, yo sí! — le gritó dejándose llevar por esa vorágine de sentimientos que sentía — Jamás nadie me ha faltado el respeto de la manera en la que tú lo has hecho — añadió con dolor en la voz, un dolor que a Draco no le pareció desapercibido — ¿Y ahora te permites el lujo de entrar así en mi habitación? ¡Fuera de mi vista!

—¡No me sale de los cojones hacer caso a tu maldita orden, Granger! — explotó el rubio siendo consciente de que cada una de las palabras pronunciadas por la chica eran ciertas.

—Pues si no te vas tú, me iré yo —replicó.

Y con paso firme y decidido intentó pasar junto a él, pero lo único que consiguió es que el chico cerrara la puerta en sus narices.

—¿Qué crees que haces? — preguntó frustrada e impotente girándose hacia él, lo único que quería era perderlo de vista al igual que todo aquel día.

—Vamos a hablar — respondió con un tono de orden que no hizo más que enervar aún más a la chica.

Sus ojos marrones se fijaron en los de él, brillando de puro desafío.

—Si tú no acatas mis órdenes yo no pienso acatar las tuyas.

—Eres una jodida cabezota, ¿qué puto trabajo te cuesta hacerme caso?

La mueca de incredulidad que cruzó el rostro de la chica fue de lo más obvio.

—¿Qué qué trabajo me cuesta? — una risa fría e irónica salió de su garganta, pero al final pareció pensárselo mejor —Quieres hablar, ¿no? Pues hablaremos. Dejaremos todo este asunto bien zanjado porque no quiero volver a cruzar una palabra contigo en mi vida.

Aquellas palabras provocaron un sabor amargo en el paladar del chico pero su orgullo habló por él.

—Pues hace un par de días parecías muy dispuesta a cruzar más de una palabra conmigo — respondió con burla.

—Hace un par de días no me sentía como me siento ahora, Malfoy. Hace un par de días no me sentía tan utilizada y ultrajada como en este maldito instante.

—¿De qué coño hablas?

—¿Qué de qué hablo? — respiró hondo evitando por todos los medios no maldecir de nuevo — Hablo de que he arriesgado muchas cosas por ti, por ayudarte. Nos hemos besado — ante aquellas palabras su rostro se coloreó levemente —Y ahora te encuentro con esa chica en aquel pasillo en medio de la noche. ¿Cómo se supone que debo sentirme? Ingenuamente pensé que de verdad estabas dispuesto a cambiar las cosas con mi ayuda y ahora me doy cuenta de que solo era una pobre más del montón, de la que te has reído hasta que ya te cansaste del jueguecito — soltó todo lo que llevaba dentro con dolor y cansancio por todo lo que estaba sucediendo.

Durante el tiempo que habló, la chica lo miró a los ojos dejándole muy en claro que aquellas palabras eran totalmente sinceras, que verdaderamente pensaba todo aquello.

—No tienes ni idea de cómo te estás equivocando, Granger— dijo intentando contener su maldito enfado consigo mismo por haber provocado todo aquello.

—¿Encima vas a tener el descaro de decirme que me equivoco? ¿Me dirás también que no he visto lo que acabo de ver?

—No soy tan imbécil como para negar lo evidente, pero te equivocas en todas esas conclusiones precipitadas que has sacado. Para ser la bruja más brillante de tu promoción me estás decepcionando.

—¿Y cuáles son las conclusiones correctas? Vamos — lo animó — Estoy deseando oír tus patéticas explicaciones.

Nervioso, el rubio se pasó la mano por el pelo desordenándolo. No podía creer lo que estaba a punto de hacer.

—¿Crees que todo esto es algo normal para mí? ¿De verdad no te has parado a pensar que todo lo que está sucediendo está poniendo patas arriba aquello en lo que he creído toda mi jodida vida? — Hermione lo miraba fijamente dispuesta a no perderse ninguna de las palabras —Para mí no es fácil que una hija de muggles sea la única capaz de preocuparse de manera sincera por mí. Nunca, y tú lo sabes mejor que nadie, he dejado que nadie con esos orígenes establezca ninguna relación conmigo más allá de los insultos y los desprecios. Has conseguido lo que nadie así que entenderás que me siento vulnerable ante esta situación completamente nueva para mí — tenía las manos apretadas en dos sendos puños, haciendo todo lo posible por controlar la voz para que ella continuara escuchando sus palabas con tanta atención porque no estaba dispuesto a volver a repetir aquello —Anoche fui un puto egoísta tratando así el tema de tus padres sin tener ni idea de la situación por la que pasabas. Pero lo que más me lleva jodiendo todo el día era que te hayas dedicado a ignorarme. Me he sentido como el mayor gilipollas que ha pisado Hogwarts en los últimos años y todo por tu culpa, Granger.

Durante unos instantes dejó de hablar para respirar hondo y que sus palabras calaran hondo en la chica, para que supiera lo difícil que todo aquello resultaba para él. Hermione no daba crédito a lo que oía. Era la primera vez que veía a Malfoy hablar sobre lo que él sentía ante la nueva situación que ambos vivían. Para aquel momento, su enfado había disminuido progresivamente hasta casi desaparecer.

—Encontrarme con aquella chica solo era una vía de escape a sentirme como un mierda durante todo el día. Yo no te he utilizado de ninguna manera — terminó de decir y cuando lo hizo, giró dándole la espalda a la chica apoyando uno de sus brazos contra la pared, sorprendido de que las palabras hubiesen fluido de su garganta de esa forma.

Un espeso silencio se posó sobre ellos. Él avergonzado, y ella sin saber muy bien como tomarse todo aquello.

—Todo esto es nuevo para los dos, Draco —dijo en tono suave y al chico no le pasó desapercibido que había usado su nombre para dirigirse a él. Uno a uno, los músculos de su cuerpo comenzaron a relajarse — ¿Acaso crees que no tengo miedo de cómo puede desembocar esto? Pero si los dos no ponemos un poco de nuestra parte no habrá nada que hacer. Yo… yo no sería capaz de soportar otra situación como la de esta noche.

Con lentitud el chico se giró para encontrarse con Hermione con la vista fija en el suelo completamente colorada por las palabras que estaba diciendo en aquel momento. Una cálida sensación lo recorrió de pies a cabeza al saber que todo aquello solo significaba una cosa, él le importaba de verdad a aquella sabelotodo.

Se acercó a ella y cuando estuvo a su altura, posó su mano izquierda sobre su cintura atrayéndola hacia él mientras que con la mano derecha alzaba la cabeza de la chica sujetándola por el mentón.

—Yo controlo mis impulsos si tú te encargas de mantener las distancias con cualquier imbécil que pretenda algo contigo — dijo con voz pausada, recuperando el aplomo.

—Si te refieres a Dan, él sabe que solo es un amigo para mí.

—Mucho mejor así — susurró sobre la boca de la chica para luego lanzarse con voracidad sobre sus labios.

oOo

¿Qué les pareció? Este capítulo es larguito para recompensar la tardanza de la última actualización.

¿Qué os ha parecido? Nos hemos enterado de muchas cositas ya ¿eh?

Me muero de ganas por conocer sus opiniones.

Mil besos para todos.