Naruto
Abotoné mi camisa celeste y enrollé las mangas hasta mi antebrazo. Suspiré, mirándome en el espejo, viendo en mis ojos ese singular brillo que hace tanto no sentía. El mismo que me hacía suspirar cuando a escondidas le tomaba fotos a la hermana de mi mejor amigo mientras se bronceaba en un minúsculo bikini blanco, recostada en las tumbonas de la piscina de su casa, o cuando entraba a hurtadillas al cuarto de lavabo y robaba un par de sus bragas usadas.
Jodido hijo de puta, realmente estoy enfermo.
Solo que hoy los síntomas eran diferentes, hoy era consciente de mis verdaderos sentimientos.
La amaba.
Dios, cuanto la amaba.
Había pasado varios años de mi vida saltando de mierda en mierda, de mujer en mujer, probando el SM, sintiéndome incómodo porque la quería a ella de rodillas, atada, amordazada y vendada, no las tipas que siempre frecuentaban esos clubs. Había sentido un vacío tan grande las veces que busqué placer allí, que me había recluido en mi propio mundo de fantasía; las transmisiones por internet a cambio de dinero.
Hoy las cosas iban a cambiar, hoy yo iba a cambiar.
Desde que admití que amaba a Hinata, cada día había sido sumamente doloroso para mí... aunque para ella fue muchísimo peor, todavía recordaba la humillación en su cara, sus labios mordisqueados por sus dientes y el dolor que sus ojos derramaba como una cascada que provenía directamente de su corazón.
Mi corazón se sentía pesado cada vez que pensaba como fue para ella lidiar con todo luego de que abandonó mi apartamento, era obvio que no quisiera mirar mi maldita cara después de eso.
Por eso empecé a frecuentar los puntos que ella frecuentaba en la universidad; los jardines, la cafetería, la biblioteca... poder mirar su rostro, aunque fuese a la distancia era tranquilizador, bello, llenaba un poco ese vacío que no abandona mi interior.
También era incómodo que ella fuese consciente de mi presencia cerca de ella; me estaba comportando como un maldito acosador, pero lo peor de todo era estar al tanto de eso y, aun así, verla apartar la cara y fingir que yo no existía cada vez que nuestras miradas se encontraban.
¿Qué estarás pensando?
Tragué saliva mientras veía sus enormes esfuerzos por ignorar mi persistente mirada, aquí, en la cafetería de la universidad. Sakura, Sasuke, Toneri, Amaru y Shikamaru parloteaban a mi alrededor, sin embargo, yo solo tenía ojos para ella. Dolía verla así, tan cerca, pero tan lejos, fingiendo que ya no me amaba y luchando por no mirar en nuestra dirección, allí sola, comiendo un sándwich y un café cuando podría estar aquí con nosotros... todo por el hijo de puta que está sentado a mi lado.
De repente, como si no lo soportase más, se puso de pie y se alejó. Solté un suspiro de impotencia, sintiéndome estúpido por haber herido a la chica más asombrosa que he conocido en mi vida.
―Deberías invitarla a la fiesta, Sasuke ―dijo Sakura.
― ¿Para que tome alcohol como si fuese agua? No, gracias.
Sakura resopló.
―Me duele verla allí sola cuando la castaña no la acompaña ¿a ti no?
―Es su vida, Sakura ―refunfuñó Sasuke―. No me interesa.
―Invítala ―interrumpí―. Es tu cumpleaños, Sakura, no dejes que este idiota decida quien va y quién no.
―Oye, imbécil...
―Dios, cállate Sasuke ―gruñó ella, silenciando las conversaciones sobre la mesa―. Hinata me agrada, así que la invitaré. Estoy harta de que seas agradable con nosotros y a ella la excluyas.
―Como quieran ―Sasuke se puso de pie, tomó su mochila, se la aventó al hombro y se alejó.
A veces me preguntaba por qué este idiota es así.
―No te preocupes por él ―terció Shikamaru―. Naruto tiene razón, ve e invítala. Hinata es genial y Sasuke un capullo.
―Si quieren yo puedo decirle...
―No ―gruñí cuando Toneri pronunció esas palabras. Disimuló una sonrisa arrogante y Amaru hizo una mueca, no obstante, igual le tiré dagas con los ojos a ese imbécil―. Yo se lo diré.
―Gracias, Naruto ―susurró Sakura a mi lado.
Gracias a ti por darme una excusa para acercarme a ella.
―Ve y arregla las cosas con tu ogro, sinceramente no sé cómo lo soportas.
―Es difícil, te diré.
Vi a los demás salir rumbo a clases antes de que me armara de valor y fuera a buscarla. Solo eso me ponía inquieto, con millones de escenarios posibles y palabras que no sabía decir. Así como quería disculparme, pedirle que me diera una oportunidad y exponer mis verdaderos sentimientos, también quería saber qué es lo que ocultaba Sasuke, por qué era así con su propia sangre.
Me levanté, tomé mis cosas y me acerqué a la mesa que recién ocupó. Un par de chicas miraban curiosas algo allí.
― ¿De quién será? Se nota qué es caro ―comentó una.
― ¿Lo llevamos a la sala de profesores?
Asomé mi cabeza y vi un iPhone rosa sobre la superficie plástica de la mesa. Negué con la cabeza ¿tanta era la incomodidad que le provocaba mi simple presencia que incluso olvidaba su propio teléfono?
―Hola ―Las chicas voltearon hacia mí―. Conozco a la persona que le pertenece el celular, yo puedo devolvérselo, iba a buscarla ahora mismo.
―Oh ¿en serio? ―exclamó una, retorciéndose un mechón rubio con evidente coquetería.
―Sí, yo lo haré.
―Gracias ―Las vi alejarse para luego sentarme ahí mismo donde ella estuvo.
Sostuve el celular entre mis dedos, analizándolo, comprobando que estaba bloqueado y que de fondo de pantalla tenía la imagen de un tal capitán Levi, de ese manga que se ha hecho muy famoso; Shingeki no Kyojin creo que se llama.
―Ni siquiera sabía eso sobre ella, hijo de puta... ―Me recriminé a mí mismo.
Escuché pasos aproximándose apresuradamente hacia mí. Miré sobre mi hombro a Hinata, que se detuvo abruptamente cuando me vio allí, en el mismo lugar donde estuvo hace unos minutos. La palidez de sus mejillas y el sudor sobre sus labios eran la prueba clara de que regresó por su teléfono olvidado.
Y, aun así, se veía hermosa.
Llevaba vaqueros ajustados y rasgados, botas color miel y un jersey de lana color gris. Su precioso cabello se ondulaba sobre sus hombros, desparramado atractivamente.
―Este es tu teléfono ¿verdad? ―Extendí el brazo―. Estaba esperándote para devolvértelo.
Su expresión contrita no me sorprendió en absoluto, pero sí que prácticamente me arrebatara el celular de las manos, girara sobre su eje y se alejara a paso rápido; todo sin pronunciar una palabra.
Joder; eso dolió.
―Hinata ―La alcancé antes de que desapareciera. Se detuvo, sin embargo, no me miró―. Sakura quería invitarte a su fiesta de cumpleaños, será en el apartamento de Sasuke y ella el sábado.
Asintió en silencio y luego simplemente siguió su camino.
Resoplé de frustración. Si de algo estaba seguro, es que éramos productos de nuestras propias decisiones, que esta cosa del destino tal vez no era del todo cierta, que nosotros mismos labrábamos nuestro camino a base de las decisiones que tomábamos y la forma en que enfrentábamos las consecuencias de dicho acto.
―Sí, puede que sea demasiado tarde ―murmuré en voz baja mientras veía el movimiento coqueto de sus caderas al poner más distancia entre nosotros―, pero la quiero a mi lado otra vez... solo necesito saber acercarme.
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Un trago a mi cerveza. Mi vista en el reloj.
Llevaba así casi cuarenta minutos desde que la pequeña fiesta en casa de Sasuke y Sakura inició. Amaru, a pesar de mi evidente desinterés, continuaba parloteando a mi alrededor. No sé si notaba que esperaba impaciente la llegada de alguien o simplemente no le importaba.
Me encogí de hombros; la verdad es que me daba igual.
Cinco minutos después la vi entrar. Llevaba un vestidito negro de mangas largas y largo por encima de la rodilla, bastante discreto, pero a la vez elegante, a pesar de las chucks blancas que le daban ese toque casual que siempre la caracterizaba.
Venía sola y no se veía muy cómoda que digamos.
La vi saludar a Sakura, darle una bolsa de regalo y luego abrazarla, después le dio un saludo escueto a su hermano y apartó la cara cuando notó mi presencia. La fiesta de Sakura era en plan tranquilo; una cena, música suave, bebidas ligeras y conversaciones entretenidas, no obstante, a ella se le notaba fuera de lugar. Los chicos, obviamente, no dejaban de mirarla y vi a varios guiñarle un ojo, lo que me hacía gruñir, sin embargo, no se le acercaban.
Por primera vez agradecí los celos de Sasuke.
Las chicas en cambio; no se le acercaban, casi que la excluían, mirando con envidia lo guapa y sensual que es sin casi esforzarse por lucir así.
Joder, eso me afectó considerablemente al recordar las palabras de Sakura: Sasuke no solo ahuyentaba a sus pretendientes de ella, prácticamente a todo su círculo social.
Pasamos a la cena y afortunadamente me tocó sentarme frente a ella, sonriendo por ver sus intensos esfuerzos por ignorarme y conversar con Shikamaru, ya que su queridito amigo Toneri; quien supe que se había rendido con ella al saber que me quería, no estaba presente. Las bebidas empezaron a servirse y ella se acurrucó en un rincón, bebiendo vino mientras miraba a todos los demás.
Mierda, solo mirar su cara, sus labios, sus ojos... mi bruja.
Di un par de pasos en su dirección, hipnotizado, cuando un tipo se acercó a ella y la abrazó.
Paré de golpe.
¿Quién demonios es ese bastardo?
Hinata correspondió su abrazo, toda sonrisas para él. Apreté los puños, me oculté tras una pared y presté atención a su conversación.
― ¿Cómo has estado, Sai?
―Perfectamente bien, Hina ¿y tú?
¿Hina? ¿Con qué puto derecho la llamas Hina?
―En lo que cabe ―Sonrió ella―. No sabía que andabas por aquí.
―Estoy estudiando fotografía, como ya sabes, solo que decidí venir a Boston una vez me aceptaron ―Los ojos oscuros del chico miraron alrededor―. Esta fiesta está bastante aburrida ¿te gustaría ir por una cerveza al pub de la esquina?
―Claro, vamos...
Observé estupefacto como ese maldito bastardo rodeaba sus hombros y la llevaba al ascensor. Antes de darme cuenta, había echado a correr tras ellos.
Jodidamente patético.
Los seguí hasta el pub y tomé asiento tras ellos, utilizando un maldito periódico para ocultarme.
Demonios, ¿qué estoy haciendo, escondiéndome como una puta rata?
Pero necesitaba saber quién es ese chico; es apuesto, alto y fornido y lleva una jodida cámara guindando en su cuello. Su cabello negro, algo largo se rizaba en sus orejas y no dejaba de sonreírle y mirarla con ese maldito brillo en sus ojos, además de que es la primera vez que veo a Hinata ser tan risueña y divertida con alguien que no sea esa chica castaña que trabaja en la cafetería. ¿Quién demonios es? ¿Cuál es su relación?
Quien quiera que sea ¡no me agrada, joder!
No lograba escuchar muy bien, pero los oía contarse cosas, cuchichear y luego reírse a carcajadas, pero lo que más me molestó y me hizo gruñir de la rabia fue verlos tomados de las manos por encima de la mesa. Podía sentir la efervescencia de la bilis subir y bajar por mi esófago.
―No tienes idea lo agradecido que estoy de que estudies aquí también, Hina. Así podremos hacernos compañía en la universidad ¡no conozco a nadie!
―No te preocupes, estamos en las mismas. Ya sabes, siempre me ha costado socializar.
―Entonces perfecto, gracias a ti conoceré mejor el campus y no me sentiré tan solo. ―De repente, el tipo fijó sus ojos en mí y sus cejas se arquearon. Se sacó la cámara de su cuello y apuntó a Hinata―. No te muevas, Hina.
El flash me cegó por un segundo antes de que pudiera cubrirme con el maldito periódico. Hinata chilló, cubriéndose con las manos y riñéndole por no haberle avisado que le tomaría fotografías.
Mierda, por un momento creí que logró captarme.
―Ah, Hina. Solo la primera quedó bien, si no te hubieras movido... todo estaba perfecto, la luz, las sombras...
―A ver ―Por encima del periódico la vi manipular la cámara, soltó un grito ahogado y giró sobre su eje. Me golpeé la rodilla en el suelo, cuando patéticamente me tiré bajo la mesa para que ella no me viera.
Joder, sentía pena de mí mismo.
― ¿Pasa algo?
Largos segundos pasaron.
―No... nada... ¿nos vamos?
―Claro ―Los escuché pagar la cuenta, recoger sus abrigos y luego alejarse a la salida.
Después de ese día, empecé a seguirlos a donde sea que fueran. La curiosidad ganó sobre mí y no pude evitar seguirlos a todos lados, la universidad, la cafetería, pubs, bares, discotecas, maldita sea... nunca se separaban y cada vez que los veía juntos, sentía que mi poco autocontrol se iba a la mierda.
Estaba haciendo la mierda más jodida que he hecho en mi vida por Hinata.
Todavía se me hacía increíble que no se dieran cuenta que los seguía, pero al menos, nunca los vi besarse o pasar la noche juntos ―Sí, los seguía hasta que se despedían en la puerta del edificio donde Hinata vivía―, hasta que un día escuché al bastardo ese decirle que se encontrarían en el Boston Common para una sesión de fotos.
Una. Maldita. Sesión de fotos.
Al parecer y según entendí, el tal Sai, como sabía que se llamaba, tenía un proyecto de fotografía para una de sus clases y Hinata era su modelo. Ese día me puse una gorra, lentes de sol y abrigo con capucha. Al llegar, vislumbré al imbécil ese esperándola, preparando su cámara.
Pero fue cuando ella llegó que se me olvidó como respirar.
Dios, lucía tan hermosa como un ángel en ese vestido blanco, y verla posando de esa forma, tan inocente y angelical, sentada en una banca despreocupadamente, mirando el cielo, su cabello moviéndose gracias a la brisa... mi corazón palpitó como un loco.
―Vamos, Hina. ¡Sonríe un poco!
Sus labios se estiraron y por fin pude ver en su rostro esa hermosa sonrisa sincera que tanto extrañé. Dolía enormemente ver esa sonrisa y saber que nunca la vería sonreír así para mí.
Suspiré como venía haciendo repetidamente en los últimos días.
―Qué demonios he hecho... en serio ―Me lamenté desde donde estaba.
A pesar de que Hinata me rechazó, seguía aquí, aferrándome. No había nada que pudiera hacer, ni siquiera tenía derecho a decirle cómo me siento, no quería ser rechazado otra vez.
Me puse de pie, la vi una última vez y después me alejé. Ya no soportaba viendo como es feliz con otra persona.
Ella... definitivamente estaba mejor sin mí.
Sé fuerte, estúpida, sé fuerte.jpg
Jajajaja ok, ok, primero que todo disculpas por la tardanza. Ojalá les guste este nuevo capítulo.
Nos leemos la próxima vez
