LOS PERSONAJES NO SON MÍOS, PERTENECEN A J. K. ROWLING.

Ayilin Jane Weasley: Me alegro que te haya causado risa algunas de las situaciones, no hay mejor terapia para los problemas que ella. ¡No te atragantes con la almohada! jajaja :) Me alegra que hayas cambiado de opinión, ser lectora fantasma está bien, pero ser una lectora que expresa su opinión es mejor ;)

Sexy-Tomboy: Molly sabía algo que vosotros descubriréis al final de este capítulo, así que tenía una razón para comportarse así :(

Flavia: Molly no es una mujer lobo, pero por desgracia, tiene razones para tratar así a Pansy. Espero que te haya gustado la escena hot entre las chicas ;)

Tasiakrood: En el próximo capítulo explicaré las diferencias entre el comportamiento de Remus y de Ron como hombres lobo y lo entenderéis un poco mejor. Sólo puedo adelantar que Ginny despertará en el siguiente capítulo :)

GRACIAS POR LOS REVIEWS, A LOS FOLLOWERS, A LOS FAVORITOS Y A LOS LECTORES. ANÍMENSE Y DEJEN ALGÚN COMENTARIO. GRACIAS, COMO SIEMPRE POR LEER.

La canción del capítulo se titula "Porque te vas" compuesta por José Luis Perales e interpretada originalmente por Jeannete.


"Con lágrimas y sonrisas limpiabas mis heridas. Pusiste lunas a las noches sin fin. ¡Hace tanto frío! Me regalaste las ganas de luchar por aquello que nunca supe apreciar, el placer de estar vivo. Y ahora grito: ¡No me abandones! ¡No me abandones!"- Doctor Deseo.

Se sentía culpable al mirarse en el espejo pero no podía borrar esa estúpida sonrisa que tenía en la cara. Una sonrisa natural, sin preocupación que se extendía hasta sus ojos con un brillo especial.

Y justamente hoy, no es un día que deba celebrar. Pero la noche de ayer...

Se quitó el batín de seda, que le hizo cosquillas al deslizarse por su piel y se metió en la ducha sin poder evitar pensar en la suave piel de Pansy, en sus labios rojos perdiéndose más allá de su cintura, en sus tersos pechos y en sus estilizados dedos hundiéndose en ella.

Sus gemidos tan incitantes a arrancarle más, sus respiración entre corta escapándose de sus boca... Y su voz...tan ronca y sensual..."Otro más cariño"

Tuvo que poner el agua fría porque su cuerpo había ascendido de temperatura. No sabía qué ropa ponerse, toda la que tenía era de colores vivos, así que optó por vestir su uniforme con la túnica negra de Hogwarts. Curiosamente quién llamó a su puerta no era Pansy, si no la profesora Mcgonagall y Harry que le sonreían desde la puerta.

-Hemos venido a buscarla señorita Granger, les acompañaré hasta el valle de Godric por su seguridad. ¿Está en su habitación la señorita Parkinson?

-No profesora, ¿por qué tendría que estar aquí?.- preguntó nerviosa la castaña.

-Debida a su reciente amistad, supongo.

-Sí, es mi amiga pero nada más...- Hermione estaba roja de vergüenza.

-Si no nos damos prisa perderemos el trasladador, creo que deberíamos reunirnos con Pansy.

Pansy que a la mañana había despedido en la puerta a Hermione con un beso corto, se encontraba sentada disfrutando de la brisa golpeando su cara. Se había puesto una túnica de seda color verde oscuro, casi negro. Fumando la encontraron los demás cuando llegaron.

-Hoy en mi ventana brilla el sol y el corazón se pone triste contemplando la ciudad, porque te vas.- tarareó la morena pensando en su madre, antes de darse cuenta de la presencia del resto.

Agarraron el trasladador, un paraguas destartalado y aparecieron a la entrada del pueblo. Pasaron por varias casas, cuando Harry y Hermione se pararon en una de madera muy maltratada.

-La casa de Bathilda Bagshot, ¿la conocían?.- preguntó la profesora.

-En la búsqueda de Horrocruxes vinimos pensando que alguno podría estar escondido aquí. Era el día de Navidad, y estábamos mirando la tumba de mis padres cuando apareció.- dijo el chico.

-Sí, nos hizo señas para que la siguiéramos. No hablaba. Cuando llegamos aquí, le convenció a Harry para subir diciéndole que tenía algo para él. Pero no quería que subiera yo. Nos dimos cuenta al mismo tiempo que era una trampa de Voldemort, encontré el cuerpo de la anciana en el sótano y Harry vió como la señora se transformara en Naginni. Por suerte pudimos escapar.

-No puedo decir lo mismo de mi varita. No sé que le hiciste pero no se podía arreglar, sólo con la varita de Saúco al final.

-¿Me lo recordarás toda la vida verdad?

-No lo dudes.- rió el ojiverde.

-Podemos continuar.- dijo la morena con tono de voz grave, se dió cuenta de que había sonado autoritario, asi que suavizó su voz.- Por favor.

Fueron a la iglesia y por las grandes vidrieras entraban rayos de luz, dando luminosidad a un día tan triste. Gente del valle de Godric también asistieron al funeral, y algunos se acercaron a darle el pésame a Pansy, que se lo agradeció a cada uno de ellos. Beso el ataúd de su madre, haciéndole una promesa silenciosa y depositó encima una rosa roja. Al principio mantuvo la serenidad, pero cuando sintió la mano de Hermione agarrar la suya se desmoronó. Los abrazos que Harry y Mcgonagall le dieron de verdadero pésame, de verdadero afecto, le encogió aún más el corazón.

La enterraron en el cementerio anexo a la iglesia, cerca de los Potter y Hermione dibujó dos coronas de flores blancas para colocarlas a los pies de cada lápida. La morena se emocionó con el mensaje que había en la de los padres de Harry: "El último enemigo que será derrotado es la muerte." La Slytherin agarró el hombro del chico y lo apretó, como él había hecho minutos antes.

-¿Podemos ir a ver la casa de mis padres?.- preguntó el ojiverde a ambas chicas.- Nunca he estado.

Notó como Hermione la miraba a ella fijamente antes de dar una respuesta.

-Claro Harry.- contestó escueta la morena.

Entraron en la casa en ruinas, aunque sólo era por fuera, para evitar que curioso merodeasen por allí. El interior estaba desordenado y con mucho polvo, pero parecía que estaba todo igual a aquella fatídica noche. Subieron a las habitaciones, encontrando varias fotos de ambos jóvenes, con su pequeño bebé.

-Cuando se recupere Ginny, si ella quiere podemos vivir aquí. Me encantaría la verdad.- sonrío el chico con pena.- ¿Se parecen verdad?

Len enseñó una foto de Lily, James, Sirius y Remus en el colegio, posiblemente en su séptimo año escolar. Y sí el parecido era asombroso. James y Harry compartían el mismo gusto por las mujeres y eso le hacía sentirse un poco más unido a su padre. Encontraron una carta amarillenta debajo de la cuna marrón del chico y éste empezó a leerla en voz alta:

"Querida Lily, no he podido dejar de pensar en ti. Se que cometí un error. Ella siempre fué la chica que me atrajo desde el primer día con su belleza única. Pero tú me enamoraste, con tu inteligencia, con tu valentía, con tu integridad, con tu bondad, con tus pequeños detalles. Casi puedo oír tu risa, oler tu perfume entre los pergaminos, vislumbrar ese volcán de fuego. No me dí cuenta de que te quería a ti y eso que estabas siempre a mi lado. Fui un tonto y me dejé llevar. Ella no es una mala chica, sólo que no es como tú. Tú eres mi ancla, mi todo. Perdóname, por favor. James."

-Vaya no sabía que mi padre había estado antes con otra chica, siempre pensé que la primera fue Lily.

-Bueno, es normal que la gente tenga varias novias Harry.- dijo Pansy amablemente.

-¿Cómo cuántas es lo normal?.- preguntó Hermione celosa.

-Pues no sé, cariño. ¿Unas tres?.- dijo dudosa.

-¿Has tenido tres novias? ¿tres?.- preguntó incrédula Hermione.

-Bueno si mi relación con Malfoy en contra de mi voluntad cuenta, entonces sí.

-¿Y las otras dos?

-Os espero abajo chicas.- dijo Harry pasando entre ambas.- No os matéis.

-Bueno tampoco fué una relación en sí, sólo salimos un par de veces.

-¿Y era...?

-Cho Chang.

-¿¡Chang!? ¡Me estás tomando el pelo! No te creo. ¿En serio? ¿Esa mujer con cuántas personas ha estado? ¿Y la tercera?

- Pues tú Hermione.

-¿Yo?

-¿Te llamas Hemione Jane Granger?.- la castaña asintió.- Entonces sí, eres mi tercera novia.

-Pero no me lo has pedido...No sabía que pensabas que éramos novias.

-Bueno a pesar de a ver estado con Draco y Cho, con él nunca sentí lo de ayer y con Cho no llegó a pasar nada más que unos besos tontos. Eres la primera persona a la que me entrego así de esta manera, siendo yo verdaderamente. Siento tanto por tí y anhelo que seas mi novia, y en un futuro mi esposa. Qué confundí una vez más la realidad con mis sueños. Asi que ¿quieres ser mi novia?

-Pansy Parkinson ¿en serio me lo estás preguntando? Pues claro que quiero idiota.- rió Hermione.

-No es el día que estaba pensando para pedírtelo oficialmente, es un día sin luz, un día corriente...pero cualquier día es bueno para empezar a vivir con mi amor.

-Que cursi eres cuando te lo propones.- la besó en los labios saboreándola.

Y allí estaban las dos comiéndose a besos, apretando el cuerpo de la otra contra el suyo cuando la puerta de la habitación se abrió abruptamente.

-¡Oh por Merlín, no quería interrumpirlas!.- la profesora Mcgonagall las miraba espantada, con las mejillas sonrojadas. Harry asomaba la cabeza por encima del hombro de la anciana, intentando aguantarse las carcajadas.

-Profesora verá...- empezó explicando la Gryffindor.

-No pasa nada señorita Granger, sólo quería informales que ante la insistencia del joven Potter, tienen permiso para quedarse aquí la tarde, pero a la hora de la cena quiero verles a los tres puntuales.- la profesora bajó los escalones murmurando algo que sonaba como "Menos mal que eran amigas y nada más, esta juventud."

Los dos morenos rieron en cuanto oyeron la puerta de entrada cerrarse y Hermione les miro diciendo "A mi no me hace ninguna gracia", a lo que los dos ojiverdes rieron aún más fuerte. Pasaron la tarde en esa casa, sentados en un sofá bebiendo vino de elfo, viendo antiguos álbumes de fotos y recordando anécdotas del pasado.

Estaban cenando los tres en el gran salon comedor cuando el nuevo futuro ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, hacia aparición con otros dos aurores más. Sus pasos resonaban en el suelo de mármol que firmes se dirigían hacia la mesa de los profesores, entregando una carta a la profesora Mcgonagall. La anciana se llevó una mano hasta el pecho mientras que buscaba con sus ojos azules a tres estudiantes que permanecían juntos, dos de Gryffindor y uno de Slytherin. Se acercó a ellos con los aurores detrás, podía ver la incertidumbre de su alumno predilecto, de su alumna más brillante y a su alumna más astuta.

-Señorita Parkinson debo pedirle que me entregue la varita, por favor.- dijo la profesora estirando la mano hacia ella.

-¿Pero qué es esto? ¿Po qué tiene que entregar su varita? ¿Por qué han venido?.- dijo Hermione alterada.

-Señorita Granger cálmese, el señor Shacklebolt ha venido a hacer una comprobación.- dijo mientras le daba la varita negra y plateada de Pansy a los aurores.

-¡Priori Incatatem!.- de la varita de la morena empezó a salir humo, escribiendo en el aire el último hechizo utilizado, y uno de los aurores iba borrando con su mano, hasta llegar al hechizo que querían.

Pasaron un montón, hasta que uno, tomó forma de la marca tenebrosa con la fecha de la batalla de Hogwarts.

-¡Revelio!.- el conjuro golpeó en la calavera de humo verde, que estalló revelando la figura de Fred Weasley.

-Pansy Parkinson queda usted arrestada, bajo espera de juicio, por el asesinato de Fred Weasley durante la guerra. Si no puede permitirse un abogado, se le proporcionará uno de oficio.- decía Kingsley mientras la esposaba con un hechizo.

-¿Pansy?.- preguntó Hermione.

-Hermione...yo...- dijo entre lágrimas e iba a volver a hablar cuando sintió una fuerte bofetada en la mejilla, obra de la castaña. La miraba con sus ojos color miel llenos de desprecio, de dolor, de odio. Temblaba de pies a cabeza, con Harry detrás sujetándola. Oyó de lejos como el resto de los alumnos y la familia Weasley la llamaban asesina, mientras tiraban de ella para sacarla de ahí. Ni siquiera se resistió. Lo último que pudo ver entre todo el caos fue a Hermione llorar en el hombro de su amigo. Se dejo llevar por los pasillos de piedra hacia el trasladador, sintiéndose ya condenada.

Hermione estaba rota, sentía un cúmulo de sentimientos tan potentes y todos querían tomar el control de ella, que se estaba mareando entre los brazos del ojiverde. Sentía a Molly que la agarraba del hombro intentando girarla para que diese la cara. Pero no podía, no por falta de valentía a reconocer su error al confiar en aquella serpiente, si no que se sentía tan humillada. Ahi estaba la bruja más lista de la Historia de Hogwarts, en el pasillo central del comedor, habiéndose dejado engañar por las patrañas de una asquerosa mortífaga. Y no sólo eso, se había entregado en cuerpo y alma a ella, permitiéndole manejar a su antojo su corazón y piel. Un plan brillante, atacarla por su lado humano, por el anhelo de un amor. Su equivocación fue quererla y de ese modo encadenarse a sus juegos. Su dignidad, su orgullo, su bondad, su amor estaban arrastrándose por el suelo.

-Harry, sácame de aquí, por favor.- el chico realizó un Protego, para quitar a las personas que impedían su paso, entre ellas la señora Weasley. Giró sobre si mismo, andando hacia atrás, resguardando a su amiga en su pecho con su mano, mientras mantenía la varita en alto con la otra.

Estaban en la habitación de la chica, Harry sentado en el borde de la cama y Hermione de pié delante de él, andando de una punta a otra mientras lloraba y re repetía una y otra vez que no podía estar pasando esto. A cada paso que daba su espalda se arqueaba un poco más, hasta al final terminar doblándose, con las manos en las rodillas intentando recuperar el oxígeno que se le escapaba en cada suspiro. Le ardían los pulmones, que sentía cada vez más pequeños y respiraba con dificultad. Tenía tanta angustia oprimiéndole el pecho.

-Hermione tranquila, te está dando un ataque de ansiedad. Intenta respirar con normalidad.- dijo Harry agachándose junto a ella.

-Lánzame un Desmaius por favor, no puedo parar de pensar en...Sólo lánzalo, libérame de esta angustia por favor, Harry, por favor. No puedo soportarlo...Dios...Harry...duele tanto...- pero Harry no se lo lanzó a pesar de romperle el corazón al ver a su amiga así.

-Hermione mírame, respira conmigo.- pero la chica alterada y asustada, no le hizo caso. Poco después se desmayó de hiperventilar. Tumbó a la castaña en la cama y se sentó a su lado, apoyando la espalda en el cabecero.

Él también lloró contemplando las desdichas que se cernían sobre todo su entorno: Ron convertido en un despiadado hombre-lobo, Hermione rota y Ginny aún inconsciente, podría haberse olvidado de su amor. Se sintió un hombre desgraciado, y su último pensamiento antes de caer dormido, fue simplemente que preferiría mil veces volver a la guerra y tener a sus amigos, a su familia al fin y al cabo, que no haber conseguido la paz y con ella todo este sufrimiento.

Hermione se despertó de madrugada con su amigo al lado, con los ojos hinchados detrás de sus gafas redondas, signo inequívoco de que se habían escapado lágrimas. Cogió su despertador de la mesilla y se quedó contemplándolo.

-Como cada noche desperté pensando en ti, y en mi reloj vi todas las horas pasar...porque te vas.- cantó en un susurro aquella vieja canción.

Necesitaba descargarse toda aquella pena del cuerpo, dejar de ser la comprensiva Hermione que entendía y perdonaba todo. Pero aquello no podía perdonarlo, no podía sentir compasión hacia ELLA. Y antes de que se instalara en su cuerpo sed de venganza, y cometer un acto del que luego se arrepentiría, se aventuró entre los atajos del castillo hasta llegar a la sala de los menesteres.

Pansy estaba en su celda de Azkaban, tumbada sobre la húmeda piedra, intentando dormir al pesar del frío que sentía. Por la ventana de barrotes, de vez en cuando entraba agua de alguna fuerte ola. Estaba todo bajo una absoluta penumbra, sólo la luz de la luna hacía brillar tenuemente el reloj de pared. Otra tortura más, ver como pasa el tiempo lentamente, como la condena no acaba nunca. Por encima del tic-tac se oían gritos de otros presos. No podía dejar de pensar en la imagen de Hermione llorando por su culpa, y lágrimas traicioneras se mezclaban con la del mar.

-Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Me olvidarás, me olvidarás.- canturreó la morena a una imaginaria castaña.

La sala se transformó como en quinto curso, en la reunión del E.D. aunque en este caso los mortífagos no llevaban máscara, si no tenían una cara de facciones finas y ojos color esmeralda. En conjunto con la túnica negra hacia que se realzase el verde, dándoles un aspecto aterrador. Había bastantes lámparas de araña, aunque la luz era suave, como si en vez de una batalla, se fuese a realizar algo más íntimo por una pareja. Los maniquíes empezaron a acercarse a ella primero de uno en uno, aunque progresivamente iban aumentando en número. En la roda final, Hermione tenía a diez mortífagos acercándose por delante y otros tantos por detrás. Cuando se giró y lanzó un Bombarda Máxima estaban ya muy cerca y debido al impacto, salió despedida hacia atrás golpeándose con el filo del escalón en el pie de una de las columnas, en su costado herido. Se retorció de dolor en el suelo y lloró en silencio.

-Bajo la penumbra de un farol se dormirán todas las cosas que quedaron por decir, se dormirán.- entonó compadeciéndose de si misma.

El carcelero fue golpeando las rejas con una vara metálica creando un ruido muy desagradable, parecía ser que esa era la señal para despertarse. Poco después le pasaron un cuenco con un grumo de color verde, pero Pansy aún no tenía suficiente hambre como para intentar comerse eso. Se asomó a la ventana desde donde podía ver algo de sol, intentando encontrar alguna esperanza. Pero el incesante tic-tac no hacía más que devolverle a la realidad.

-Junto a las manillas de un reloj esperarán todas las horas que quedaron por vivir, esperarán.- le cantó al mar.

Y sin saberlo ambas, cada una en su jaula particular, terminaron de cantar la última estrofa juntas.

-Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Me olvidarás, me olvidarás. Junto a la estación yo lloraré igual que un niño porque te vas, porque te vas.