Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de TSR o/y R.A Salvatore.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash)y este se da entre los personajes de Drizzt, Artemis y Jarlaxle si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.
Capítulo 13. Luskan
El viaje fue incómodo, tenso, cargado de silencio.
Drizzt procuraba evitar en todo momento a Entreri y Jarlaxle. Sentía una profunda herida dentro de él. Al acercarse a Entreri no solo le había alejado de él sino que había salido malparado.
Las cosas no podían haber salido peor.
Pasaba horas conversando con Deudermont y el mago de a bordo. Manteniéndose alejado de sus dos compañeros de viaje. Pero sabía que en cuando llegaran a tierra no podría seguir esquivandoles. Temía ese momento.
Jarlaxle sacó brillo a la joya de su sombrero y meditó acerca de que había hecho mal.
Había confiado en la atracción entre Artemis y Drizzt, que era palpable, la tensión que había entre ellos podía ser confundida con rivalidad pero estaba claro que ocultaba una clara tensión sexual. Sobre todo Drizzt, que era tan facil de leer como un libro abierto.
Y aquellos siempre habían salido ganando en sus enfrentamientos como enemigos, Drizzt reafirmándose en sus sentimientos, Entreri abriéndose a unos nuevos, casí había resultado evidente que un enfrentamiento afectivo sería muchísimo mas beneficioso.
Y contra todo pronóstico había ocurrido lo contrario. Drizzt les evitaba como la peste, escondiéndose de ambos. Y Entreri estaba perdido en su pequeño mundo particular, sentado en su barril favorito con gesto mohino y demostrando una gran habilidad en la talla de madera.
Jarlaxle se preguntó de donde sacaba la madera.
En cualquier caso aquello había resultado un fracaso, se había abierto una brecha en la precaria situación e incluso él estaba en mala situación pues cuando se acercaba a él, Entreri le miraba como si estuviese esperando que tuviese una transformación licantrópica en cualquier momento y tuviese que prepararse para salir corriendo.
Tenía que pensar en algo ya, y mejor que lo pensara mejor que su último plan.
Entreri terminó una aceptable cabeza de león y la dejó junto a otras dos pequeñas esculturas. En realidad no tenía interes alguno por el arte pero tenía que entretenerse en algo durante el tiempo que durase el viaje. Deseaba profundamente que les atacara algo.
Drizzt le evitaba, cosa que Entreri agradecía, pues no se sentía preparado para enfrentarse otra vez a aquellos dolidos ojos lavanda.
En cuanto a Jarlaxle... tampoco quería estar con él, le estaba costando digerir todo lo que Drizzt le había dicho, la revelación y la posterior acusación.
No le gustaba admitirlo, pero temía el momento en que el viaje por mar terminara.
El dolor sordo aninado en su pecho seguía allí, y no podía acallarlo.
Fausto saltó velozmente, rodando y agazapándose al segundo de caer en el barco atacante.
Su elección de un barco mercante, generalmente mas lentos, no había sido al azar.
Aquel barco era objetivo de la Hermandad Arcana de Luskan, pues el capitán ya se había negado en dos ocasiones a pagar un incentivo a la Hermandad a cambio de seguridad en sus puertos.
De modo que solo era cuestión de tiempo que la Hermandad tomara cartas en el asunto.
Fausto se movió entre la confusión como una sombra más, inadvertido a ojos de todos, silencioso y casi invisible, deslizándose hasta entrar en el interior del barco de Luskan.
En unos instantes la batalla terminó, y el barco se puso en movimiento.
Escondido en un hueco ridiculamente pequeño, Fausto sonrió al notar el movimiento del barco, veloz y decidido, rumbo a Luskan.
Llegaría pronto, muy pronto a su destino. Los barcos de la Hermandad contaban siempre con varios magos, y estos impulsarían magicamente al barco para conseguir llegar lo antes posible con el botín robado al barco atacado.
Ya voy, guerrero de ébano, ya voy.
Había gente en las tierras del norte que ansíaba conocer.
La llegada a Luskan era un alivio y una carga a la vez.
Drizzt sintió al instante el peso de la preocupación al llegar a un lugar donde había estado con sus seres queridos. Wulfgar, Bruenor, Regis, Catti-brie... y sus familias, Delly, la joven esposa de Wulfgar y la hija adoptiva de ambos, Mikal, el valeroso explorador, y el hijo de este y Catti-Brie.
Demasiada gente corría peligro por la obsesión de un demente psicopata.
Tenían que darse prisa, no había forma de saber que medio de transporte habría elegido Fausto y dónde estaría en ese momento.
Le angustiaba ese desconocimiento.
Adquirieron unos buenos caballos y provisiones para el viaje que les quedaba hasta Mithrill Hall, debían perder el menor tiempo posible ahora que el viaje dependía de ellos mismos y no del mar o los vientos.
Pasarían la noche en Luskan y partirían al alba.
Ella esta muerta.
Artemis toma una de sus manos y la sostiene notándo la frialdad de esta, antes cálida, rebosante de vida. Pero ya no hay vida, ni luz, solo oscuridad.
Apenas si puede creer lo que ve. Era tan fuerte, tan decidida, tan hermosa... y ahora solo es un cadaver tirado en el barro. Sus ojos verdes refulgían como esmeraldas cuando se enfadaba, su melena negra siempre desordenada por el viento, su gesto arrogante cuando trataba de disimular lo feliz que la hacían los momentos que pasaban juntos.
Ayer aquella mujer era una guerrera, una dama orgullosa y feroz, un espíritu libre que no rendía cuentas a nadie... ayer aquella era la única mujer que Artemis había amado nunca.
Hoy es un cadaver, un montón de carne muerta.
Artemis no necesita hacer averiguaciones.
Solo una persona puede haber hecho esto, reconoce las heridas, reconoce el arma. Y puede ver al asesino por el rabillo del ojo, a su espalda.
Fausto. Su maestro. Su mentor. Su enemigo. Lo odia como se odia aquello que no puedes soportar pero de lo que no te puedes librar.
- Es lo mejor, pequeño dragón.
¿Lo mejor? En cierto modo lo és. Tarde o temprano todo cuando cuanto amas te hace daño, o te abandona, o muerte.
Pero eso no cambia el hecho de que Fausto le ha arrebatado algo amado. Pero lo ha hecho por última vez.
Ella era una buena luchadora, casi tan buena como Artemis, y este puede ver que Fausto está herido, y seguramente también cansado.
Perfecto.
Sangre. Sudor. Acero.
La daga de Fausto. Se la ha arrebatado durante la pelea. La toma, la gira, la clava, se hunde en la carne... le devora.
Y mientras Fausto se arrodilla y un silbido escapa de sus labios. Entreri observa algo escalofriante, Fausto está sonriendo.
¿Qué te hace tanta gracia¡Te estoy matando!
- No, me estas resucitando.
Entreri se mira las manos, se están transformando en garras de uñas afiladas, su cuerpo duele, su mandíbula cruje y nota como sus dientes se mueven y transforman.
Al tomar la vida de Fausto se está transformando en él.
- No... ¡NO NO NO NO!
Entreri se despertó con un grito ahogado, tardó unos instantes en darse cuenta de que estaba de regreso desde el horrible mundo de las pesadillas al dormitorio. Aspiró varias veces, lentamente. Poco a poco el eco de la pesadilla se extinguió y se incorporó para mirara su alrededor.
A su lado oye el rumor de la respiración acompasada de Jarlaxle y Drizzt, durmiendo.
Se tendió en el lecho y se cubrió con las mantas en un vano intento de volver a cerrar los ojos y adormecerse, regresar al sueño con una leve de esperanza de escapar a las negras nubes de pesadilla que acudían ahora a sus breves periodos de sueño.
Era inutil, esa noche no dormiría más.
Tampoco se sentía con fuerzas como para pasar la noche mirando el techo, o a sus compañeros de cuarto. Observar a los drows solo le haría pensar en todo lo que estaba ocurriendo entre ellos, Jarlaxle le amaba, Drizzt le deseaba... no quería pensar en lo que sentía él.
Pronto temas mas urgentes le permitieron apartar la mente de aquellos problematicos pensamientos. Allí estaba aquel maldito gatocielago.
Entreri se levantó y salió de la habitación. Solo le había oido aletear, pero suponía que el pequeño espía rondaría la zona.
Allí estaba. Agazapado en la azotea, Entreri adelantó el brazo como un látigo y agarró al molesto minino por la cola. El gatocielago maulló de dolor y bufó y arañó como todo un gato. Finalmente Entreri masculló una maldición y logró apresar al gatocielago por el cuello. Sabía que la criatura tenía inteligencia.
- Detesto a los fisgones, así que dime donde está tu amo y esto será rápido.
EL gatocielago no dio indicación alguna pero no hizo falta.
El resplandor de la espada de Fausto le dio todas las respuestas que deseaba.
- Y, una vez más, la rueda vuelve a girar.
- Fausto.
- Tú situación no es nada cómoda, pequeño dragón. Nada cómoda.
Drizzt vió salir a Entreri con los ojos entrecerrados, pero no le preguntó a donde iba. Estaba claro que había tenido otra pesadilla y tenía que sacudirse la sensación.
No debía levantarse tras él. Sin duda se enfadaría.
Se volvió en su cama y vió que Jarlaxle estaba despierto.
- Ha tenido una pesadilla.- Comentó el mercenario con gesto neutro.
- Ajá.
- ... ¿Qué ocurrió?
- Me enfadé, él se enfadó, discutimos.- Resumió Drizzt escuetamente.
¿Por qué empezó la discusión, si no es mucho pedir?
- ... Ibamos a... bueno... y me sentí utilizado, no me gustó.
Jarlaxle murmuró algo y se enrolló en sus mantas, volviendo a dormirse.
- Jarlaxle.
¿Mmmh?
¿Qué querías decir con lo de... que todos seríamos muy felices?
La pícara sonrisa del mercenario se lo dijo todo.
¿Es esto lo que planeaste, pequeño dragón?
Entreri no apartó la vista del yelmo de Fausto, adivinando su mirada furiosa.
¿Es esta la muerte de guerrero para la que te entrenaste bajo mis alas? De rodillas, con mi hoja en tu garganta... ¿qué te ha hecho ese hombre?
Drizzt. Jarlaxle. Los dos me han cambiado. Pensó Entreri. Alzó la barbilla, ofreciendo su garganta, sabiendo que Fausto no le mataría, no tan pronto al menos.
- Do'Urden me ha enseñado la llave de mi libertad.- Replicó.
- Yo te dí libertad.
- Me diste una prisión, la construiste a mi alrededor y me cegué a su existencia. Do'Urden me ha enseñado lo que hay mas allá de ella.
Fausto apretó los dientes, haciendolos rechinar, Asesino del Alba refulgió iluminando el rostro de Artemis, y Fausto sintió su mirada desafiante, se inclinó y Entreri sintió su aliento, que olía a algo extraño, casi desagradable sin llegar a serlo, como flores muertas.
- Artemis, la tormenta se cierne sobre nosotros, y aunque en ocasiones ya te refugiaste en puertos extraños... te perdono y te acepto. ¿Volverás conmigo a completar tu entrenamiento?
Entreri no pudo ocultar su sorpresa, desde luego que no pensaba aceptar la oferta de aquel monstruo, pero le sorprendía que Fausto aun le considerara su pupilo.
Fausto siseó levemente y apartó su espada.
- Quedate al margen, pequeño dragón, y espero que, para cuando haya matado al guerrero de ébano... hayas tomado una decisión.
Fausto dio media vuelta y saltó del tejado. Entreri no se molestó en seguirle, sabiendo de la increible agilidad de su antiguo mentor. Además no iba en dirección de la posada.
Se levantó y gimió levemente, tenía algunas contusiones y algún corte menor, pero nada grave. Podría volver a la posada sin problemas.
Mientras caminaba de regreso comenzó a llover y maldijo entredientes, había sido un mal día.
Nota de la autora: Fanfiction me esta fallando, como podeis ver hay partes de dialogo que no salen con su correspondiente guión que lo indique. Espero que no os de muchos problemas al leer y el problema se corrija.
